Jóvenes Ignacianos Peregrinando hacia la Virgen de los 33

Este fin de semana dos grupos de jóvenes “ignacianos” estuvieron, de modos diferentes, peregrinando a la Virgen de los 33 para celebrar allí la Fiesta de la Patrona del Uruguay: por un lado, jóvenes de JMI (Juventud Misionera Ignaciana) del Colegio Monseñor Isasa de Montevideo, con sus coordinadores, asesores y referentes de la Pastoral. Por otro, algunos jóvenes pertenecientes a la Pastoral de la Universidad Católica del Uruguay.

Para los jóvenes de JMI del Colegio Isasa, que están concluyendo su 6to año de liceo, fue primera vez que vivieron esta experiencia de Iglesia. La misma, no estuvo únicamente constituida por la actividad propia de la peregrinación, sino que también estuvieron de Misión en el pueblo de 25 de Mayo (en Florida, Uruguay) viernes por la tarde y sábado. El tiempo de misión culminó con una misa a la que se sumaron los niños y adultos del pueblo que habían compartido los talleres ese día, el grupo de peregrinos de la Pastoral de la Católica que llegaron hasta allí en bicicleta, y los sacerdotes jesuitas Ignacio Rey Nores y Eduardo Casarotti. Desde allí emprendieron la caminata hasta el Santuario de la Virgen de los 33, que se extendió a lo largo de unos 20 km.

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 Con esta experiencia, la gran mayoría de estos jóvenes han cerrado así tres años en el Movimiento, a los que se suman los tres años en el Movimiento Magis en Ciclo Básico (etapa anterior dentro de los grupos de pastoral del secundario en el Colegio Isasa). Todos ellos agradecieron especialmente el esfuerzo y la dedicación de sus asesores de movimiento, Renzo Biazzi y Florencia Artola, de la Hna. Nanci Yoris, Directora de Pastoral, y de todos sus coordinadores que los han acompañado a lo largo de estos seis años.

Como cristianos “jóvenes” han sabido compartir toda su vitalidad y energía, sus ganas de cantar, de jugar, de aprender de los otros, de la gente del lugar, pero también de cada uno de sus compañeros del movimiento en los distintos espacios para rezar y reflexionar juntos.

Como miembros de una juventud “misionera” han hecho realidad la invitación del Papa Francisco a ser una “Iglesia en salida”, una Iglesia que sale al encuentro de la gente, de sus realidades, de sus “tristezas y alegrías”; y allí estuvieron golpeando las puertas de las casas y también conversando en las veredas o en las mismas plazas, invitando a sumarse a las actividades en la capilla.

Como jóvenes misioneros también han profundizado en nuestro carisma “ignaciano”, poniéndose en camino, saliendo de sí mismos (“del propio querer, sentir e interés” en palabras de San Ignacio), y sobre todo haciendo la experiencia de Ignacio de andar y vivir “nunca solo/s”.

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Y, a la par de los chicos de JMI, un grupo de jóvenes de la Pastoral de la Universidad, más religiosas y jesuitas, se pusieron en camino para llegar a Florida. A diferencia de otros años, esta vez el primer día (el sábado) lo hicieron en bicicleta: desde Santa Lucía hasta Berrondo; y el segundo día (domingo de mañana), -como en años anteriores- caminando desde para llegar a la Santa Misa (Ver video) junto con nuestros obispos y toda la gente que, año a año, se sigue sumando a esta fiesta de nuestra Iglesia que peregrina en el Uruguay.

Agradecemos a Dios por esta experiencia tan “ignaciana” de ser peregrinos, recorriendo estos bellísimos caminos del interior de nuestro país, y por la gracia de “sentir con la Iglesia” que era tan vital para San Ignacio.

Testimonio de uno de estos peregrinos – Francisco Garcé

Lo que le pasó a Francisco Garcé tiene que ver con la experiencia de “perderse”. En el primer tramo de la bicicleteada, desde Santa Lucía hasta 25 de Agosto, en un momento Fran y la Hna. Mili Freire se distanciaron de los que iban más adelante y también de los que venían más atrás. Cuando se dio la indicación de desviarse por un camino de tierra para llegar directamente al camping donde se encontrarían con el otro grupo, estos dos peregrinos se perdieron del grupo, por lo que el P. Rey Nores fue a re-recorrer el camino hasta encontrarlos.

La importancia de la meta

Para mí la peregrinación fue de verdad una imagen de la vida, y cuando con la Hna. Mili nos perdimos, sentí lo que siento cuando me pierdo en un sentido más general: el dolor de no poder controlarlo todo ni acertar siempre. De esa experiencia me llevo varias cosas:

En primer lugar, que solo no puedo. Si el P. Nacho no hubiera aparecido para mostrarnos el camino correcto, probablemente Mili y yo seguiríamos pedaleando. Es muy importante dejarse confrontar, y para eso hay que bajar el ego y disponerse a escuchar (cosa que para mí no es nada fácil). No está mal que te peguen un bocinazo de vez en cuando.

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Después, como le comenté a Joaquín y a la Hna. Daniela, no tiene sentido pedalear si no sé hacia dónde voy. Por eso sentí tan fuerte la pregunta «¿en dónde tengo mi corazón?». De última, lo que me estaba preguntando es «¿hacia dónde estoy yendo?».

En la llegada de Nacho también identifiqué algunos gestos lindos. Pude sentir al Dios que sale al encuentro; que cuando me pierdo me sale a buscar para llevarme devuelta al grupo; que no me deja solo, y aunque no lo pueda ver, me acompaña.

Por último, experimenté la libertad de dejarme conducir por Él. La única manera que tenía de volver a «casa» o al grupo era si seguía al auto. Ese auto simboliza a Jesús. Él es el único que conoce el camino, que tiene el «google maps» de la vida. Yo lo quiero seguir en bicicleta, caminando y como pueda, confiando que hacia donde me dirige voy a ser feliz. Y lo fui durante toda la peregrinación.

Todas estas reflexiones tienen un denominador común: no importa cuán fuerte pedalees si no tenés claro hacia dónde vas.

 

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