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Visitando las Antiguas Misiones Jesuíticas del Paraguay

Relato de una visita a las Misiones del Paraguay y algo de todo lo que pueden seguir diciendo a nuestros tiempos.

Por Ismael Bárcenas Orozco SJ

Hace pocas semanas tuve oportunidad de ir Paraguay. Cerca de Asunción nos reunimos varios jesuitas procedentes de distintas latitudes de América Latina y el Caribe. El encuentro consistió en exponer y compartir diferentes experiencias que hemos estado trabajando en lo que concierte a pastoral juvenil y vocacional en cada provincia. Al terminar este encuentro, tuvimos oportunidad de visitar las antiguas misiones de San Ignacio Guazú (grande) y Santa Rosa. Al otro día conocimos la antigua misión de Santísima Trinidad (Itapúa)

Las Misiones

(…) Actualmente, en lo que fue la misión de San Ignacio Guazú está el noviciado de los jesuitas de Paraguay. Ahí mismo hay un museo que recolecta diferentes piezas que datan de la época de las reducciones. Hay una hermosa imagen de la Virgen María tallada por manos guaraníes. En la sala en donde están las efigies de San Ignacio de Loyola, San Francisco Xavier y San Francisco de Borja, que igualmente provienen de aquella época e igualmente fueron elaboradas por indígenas, escuchamos música barroca compuesta por Domenico Zipoli (1688 – 1726).

Parte de la obra de este jesuita italiano se recuperó gracias a un descubrimiento que se dio en antigua misión de Chiquitos , Bolivia. En este concierto, dos jóvenes, uno con arpa y otro con violín, impregnaron aquel salón con melodías destinadas a aquellas misiones. En esta misma línea, también fue impactante que, después de conocer el museo que hay en otra misión, la de Santa Rosa, al visitar el templo, nos encontráramos con otro grupo de músicos y coristas que grababan un disco sobre la antigua música de las reducciones. Si bien el deterioro de los años menguó aquellas grandes edificaciones arquitectónicas, sigue la música intacta. Y dicha música, con su encanto y delicadeza, así como tocó aquellos almas guaraníes, sigue tocando el corazón de quien la escucha.

Al momento de la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles (en el siglo XVIII), la misión que expresaba el mayor auge y esplendor de las más de 20 reducciones de ese rumbo, fue la reducción de la Santísima Trinidad (Itapúa). A la fecha siguen en pie algunos de los grandes muros del templo y los arcos que rodeaban la plaza principal. De la visita a esta misión, me quedo con dos detalles. Primero, la pila bautismal, que conserva el año en que se hizo, 1728. También, me quedo con los ángeles esculpidos que aparecen en los muros. Unos tocan instrumentos de cuerdas, otros tocan instrumentos de vientos. Hay ahí un ángel tocando el arpa, que es el instrumento musical representativo del Paraguay. El arpa fue introducida en estas geografías por el jesuita tirolés, Antonio Sepp, a finales del siglo XVII.

Características de las Misiones Jesuíticas

Después de este periplo turístico voy a lo que quiero de decir. Reflexionando sobre el modo en que la Compañía de Jesús misionó en esta zona que comprende partes de Brasil, Bolivia, Perú, Argentina y Paraguay, resalto algunos aspectos.

Todo jesuita que era destinado a las misiones tenía que aprender a hablar el guaraní. Hubo especial empeño en enviar jesuitas que fueran hábiles músicos y expertos en la elaboración de instrumentos, como Zípoli y Seep. También eran enviados jesuitas que destacaran como buenos lingüistas (para elaborar gramáticas y diccionarios), o que fueran expertos en botánica, para entender el proceso de cultivo de la yerba mate, por poner algunos ejemplos. Así mismo, fueron enviados, por más de siglo y medio, grandes arquitectos y administradores pertenecientes a la orden. Es decir, la Compañía de Jesús envió a una selección de jesuitas diestros para tal misión. Y la encomienda, claro, era evangelizar, y, a su vez, generar bienestar a los guaraníes.

Junto con el trabajo catequético, se procuraba la salud, el techo, la comida y diferentes mínimos para que la gente sobreviviera y subsistiera bien. Lo mismo sucedió en el norte de México con otro jesuita, el Padre Kino, a quien sus detractores acusaban de bautizar pocos indios, a lo que respondía que esto formaba parte de un proceso que tardaba años, y que, para evangelizar, antes había que tener indígenas, por lo que era importante cuidar que sobrevivieran a las epidemias y a las hambrunas, por tal motivo, junto con los rezos, introdujo el ganado y el cultivo en el norte del país, para que tuvieran qué comer.

Las reducciones jesuíticas se propusieron como espacios seguros en donde los indígenas no fueran cazados por los paulistas (o bandeirantes, grupos de portugueses criollos que hacían expediciones para capturar indígenas y ponerlos a trabajar como esclavos). Para defenderse, y con permiso del Rey de España, las misiones contaron con ejércitos propios. Pasada la amenaza paulista, las reducciones consiguieron consolidarse. Eran autosuficientes en cuestiones laborales. Incluso se tenían excedentes en cuestiones de sembradíos, ganado y en la construcción de arte, ya que eran muy apreciados los instrumentos musicales e imágenes sacras que ahí se elaboraban.

De los conciertos que escuché en la misión de San Ignacio Guazú y en Santa Rosa, me llamó la atención que quienes tocaban los instrumentos y cantaban, eran jóvenes. Incluso la noche que pasamos en el noviciado, uno de los novicios sacó el arpa y se armó gran tertulia. Y con esto cierro este texto: el esfuerzo y dedicación de aquellos misioneros sigue dando frutos. Esos ángeles tallados en los muros de la misión de la Santísima Trinidad, siglos después de su hechura, siguen contemplándonos y, parece que nos dicen: Dios quiere vernos alegres y quiere vernos cantando y bailando.

Fuente: Entre Paréntesis