El Papa anuncia dos sesiones del Sínodo sobre la sinodalidad

Francisco anunció, el pasado 16 de octubre, que los frutos del camino sinodal son muchos y, por tanto, deben madurar. De ahí la decisión de celebrar dos sesiones del Sínodo en octubre de 2023 y octubre de 2024.

El comunicado de la Secretaría General del Sínodo expresa: “Esta decisión nace del deseo de que el tema de la Iglesia sinodal, por su amplitud e importancia, sea objeto de un prolongado discernimiento no sólo por parte de los miembros de la Asamblea Sinodal, sino de toda la Iglesia”.

“El Sínodo – continúa el comunicado – no es un acontecimiento, sino un proceso, en el que todo el Pueblo de Dios está llamado a caminar juntos hacia lo que el Espíritu Santo le ayuda a discernir como voluntad del Señor para su Iglesia”. Por ello, la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos asumirá también una dimensión procesal, configurándose como «un viaje dentro de un viaje», para favorecer una reflexión más madura para el mayor bien de la Iglesia.

La Secretaría General del Sínodo anuncia que en las próximas semanas se definirá mejor la celebración de las dos sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y el tiempo intermedio.

La tentación de acelerar

Reflexión

No sé si te ha pasado, pero a mí sí. Hay momentos en la vida en que quisieras tocar y presionar el botón de avance rápido ‘FF’ (fast forward button), hay tiempos en los que cuesta más la vida; esos instantes en que la lentitud de lo ordinario se parece a una pesada losa que inevitablemente hay que cargar. Esta tentación de presionar el botón de avance rápido puede sucedernos, generalmente, cuando la incertidumbre del porvenir carcome nuestras entrañas, cuando nuestros deseos de saber se imponen ante cualquier resabio de desconocimiento.

Queremos que toda la vida nos quepa en un plan estratégico, acotado, medido y bien estructurado. El Descartes que llevamos dentro parece exigirnos a toda costa claridad y distinción, entendimiento y comprensión. Pero cuando esto no sucede, porque la vida misma tiene sus grandes dosis de sorpresas, nos invade una sensación de inseguridad, de miedos, de fantasmas, de titubeos y, a veces, de una completa parálisis que nos impide seguir adelante o, al contrario, un impulso que acelera nuestro ritmo y entonces pasamos atropellando a otros.

Caminando con los pueblos indígenas, como jesuita, he aprendido a base de grandes esfuerzos y duras frustraciones, que el tiempo no necesariamente tiene que ser lineal, sino que también puede ser circular. No somos del tiempo, el tiempo es nuestro. Decir que «no tenemos tiempo» es una mentira, porque el tiempo, cuando de veras hay interés, lo hacemos nosotros. No todo tiene que ser pragmático o utilitario, también existen la donación y la gratuidad. No solo es importante lo individual, sino también, y con mayor énfasis, lo comunitario.

La tentación de acelerar la vida me invade por el miedo que tengo a sentir mi existencia en todas sus formas, estados de ánimo, colores, matices, texturas, sonidos, silencios, presencias y ausencias; pero nadie nos puede ahorrar caminos, hay que andar todas las sendas y sentir los vientos de cada momento: la frescura de la mañana, el fatigoso calor del mediodía, la suave brisa del atardecer, la callada oscuridad de la noche y todos los tiempos muertos donde nada brilla, donde nada sucede, donde la lentitud de la vida nos abruma y donde la calmada espera nos desespera.

Una expresión popular dice que «el que espera, desespera» pero esa desesperación nace de la falta de una auténtica esperanza. Como cristianos, sabemos de sobra que «la esperanza no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones» (Rom 5, 5). Cuando perdemos de vista que la esperanza cristiana es un don que nos hace capaces de superar con paciencia toda resistencia, toda adversidad y toda impaciencia, es cuando quedamos atrapados en nuestro propio laberinto de frustración y turbación. Ya lo diría santa Teresa de Jesús quien, por cierto, no era muy paciente que digamos: «la paciencia todo lo alcanza». Pero ¿cuándo lo alcanza? No lo sabremos antes, sino después de esperar y trabajar. Ante mi impaciencia, un buen amigo jesuita me daba un consejo que quizá te pueda ayudar a ti: «Tranquilo, esperar es muy educativo porque va ayudando a que los grandes ideales se asienten y encuentren un lugar sereno desde donde puedan vivirse para que podamos mantener nuestros propósitos y no caer derrumbados al primer tropezón». Recuerda, no desesperes, porque es cierto que «la esperanza no defrauda».

Genaro Ávila-Valencia, sj

Fuente: pastoralsj.org

Sospecha y amenaza

Reflexión

Es curioso cómo, hoy por hoy, las mascarillas provocan muchas veces una sensación de sospecha y, en ocasiones de amenaza. Al ver a alguien con ella por la calle, o en un espacio público, la gente tiende a pensar o bien que se trata de una persona que ha sufrido mucho a causa del covid y ha quedado de algún modo marcada por ello, o que se trata de una persona con cierta debilidad, y que por tanto debe tratar de protegerse por todos los medios, o, también, que pudiera ser un contagiado de covid que, en este tiempo en el que ya no hay bajas laborales, se aísla de los demás por medio de una mascarilla.

Este ejercicio también podría hacerse desde el lado contrario, intentando ver cómo, para aquellas personas que llevan mascarilla para protegerse del covid por una causa o por otra, los otros son también objeto de sospecha y amenaza. Y no quiero decir nada si, de pronto, se topan con que las personas que están a su alrededor y no llevan mascarilla, tosen y estornudan. Entonces la sospecha y la amenaza se transforman en nerviosismo y pánico.

Lejos de lo anecdótico, creo que este sencillo ejemplo de la mascarilla nos ayuda a comprender uno de los males de nuestra sociedad, como es el de la falta de empatía y de misericordia con aquel que piensa o actúa diferente que nosotros. Y es que, si lo pensamos un poco, no deja de ser paradójico cómo un objeto como la mascarilla, ideado para proteger a las personas, puede convertirse en algo que provoque sospecha y amenaza. Pero, como digo, la mascarilla no es lo único, puesto que esto puede ocurrir con tantas otras realidades como la manera de vestir, el modo de mirar, la música que se escucha, los lugares que se visita, aquello que se escucha fuera de contexto, etc. Fruto de todo ello, nos movemos tantas veces por este mundo con la escopeta cargada, preparada para defendernos de todo aquel que para nosotros se convierte en motivo de sospecha y amenaza, aunque ni tan siquiera lo conozcamos.

Sin embargo, y volviendo al ejemplo de la mascarilla, creo que la cosa cambia cuando conocemos las razones por las que las personas deciden llevarla (o no llevarla). Entonces, lejos de ver en el otro una sospecha o una amenaza, descubrimos una persona que, precisamente por su debilidad (sea del tipo que sea), despierta en nosotros la misericordia, la comprensión y la fraternidad. Pues eso, que, como decía antes, la mascarilla es solo un ejemplo que nos ayuda a ver otra realidad más profunda como es la de la falta de misericordia con la que nos movemos por el mundo. Ojalá que cada vez sean menos las ocasiones en las que veamos en el otro una sospecha o una amenaza, y más las que encontremos en aquel que es distinto a nosotros, un hermano necesitado de nuestra empatía y comprensión.

Dani Cuesta, sj

Fuente: pastoralsj.org

Uruguay: Encuentro Nacional de las Familias 2022

El sábado 22 de octubre se realizó, en el Colegio Seminario, el Encuentro Nacional de las Familias, que reunió a familias de todas las diócesis de Uruguay, movimientos y grupos.

La actividad contó con la participación de sacerdotes, religiosos y laicos pertenecientes a parroquias, colegios, movimientos y asociaciones católicas que trabajan por la familia.

En el transcurso de la jornada hubo testimonios, encuentros temáticos y charlas a cargo de varios expositores, como María José Soler con “Características de la familia resiliente”, el P. Ricardo Facci con “La Pastoral Familiar como
catecumenado permanente”
y Fernando Vidal con “Aprender a discernir en familia”, entre otros.

Al mediodía tuvo lugar en el templo del Sagrado Corazón la santa misa, que fue presidida por Mons. Fabián Antúnez, obispo de la diócesis de San José de Mayo y presidente de la Comisión Nacional de Pastoral de Familia y Vida, de la Conferencia Episcopal del Uruguay.

«En la familia vamos descubriendo la experiencia vital de amar y ser amados, que configura a las personas y da anclaje y raíces, que permite proyectarse. Que permite que cada uno de sus miembros pueda soñar, experimentar los talentos y cualidades, y preguntarse por la propia vocación.»
Fuente: icm.org.uy

¿Cómo situarse en la vida como laicos de carisma Ignaciano?

Cómo situarse en la vida como laicos de carisma ignaciano

“Nuestra casa es el mundo”

Jerónimo Nadal

Isabel Muruzábal1 es miembro de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) en España, a comienzos de este año, brindó una conferencia2 virtual para el portal espiritualidadignaciana.org, sitio web impulsado desde 2012 por jesuitas, religiosas y laicos, con el objetivo de hacer presente la espiritualidad ignaciana en internet. Siguiendo esta línea, Isabel planteó una pregunta que marcó el eje de la ponencia: ¿Cómo situarse en la vida como laicos ignacianos? A continuación, comentamos la conferencia abocada a responder este gran interrogante. 

Como punto de partida, conceptualizó brevemente lo que entendemos por espiritualidad ignaciana, así lo explicó: “La espiritualidad no es fácil de encasillar, viene de Espíritu que originariamente significa viento y aliento e indica libertad y brisa. La espiritualidad ignaciana es una espiritualidad para el mundo, donde Dios nos habla y al mismo tiempo nos llama a responderle.”

Para la expositora, asumir como laicos ignacianos la tarea de responder a este mundo con toda su complejidad, es un gran desafío. Para ello necesitamos, entre tantas otras cosas, conocer la historia, conocer las herramientas disponibles para acercarnos con claridad y lucidez a lugares muchas veces oscuros, necesitamos del diálogo con Dios. “Los laicos de hoy, necesitamos ayudas para construir y reconstruir nuevos caminos de humanización.” 

En su relato, Isabel propone recuperar la historia de San Ignacio, hacer el ejercicio de mirar hacia atrás para comprender muchas dinámicas que se repiten y muchos desafíos con los que también nos encontramos hoy. “Tiempos convulsos en la época de san Ignacio y también ahora. (…) Ignacio aportó cauces, aspectos y herramientas que en su momento ayudaron a vivir de otro modo las dificultades que se presentaban y que en la actualidad también nos ayudan.” Algunas de esas herramientas son los Ejercicios Espirituales, entendidos como un momento dedicado al conocimiento interno del Señor, en el que descubrimos cómo más amarlo y seguirlo en medio del mundo que habitamos. Otra de las herramientas es la Pausa Ignaciana, que generalmente se realiza al final del día, y nos ayuda a reconocer el paso de Dios en nuestro día a día. La expositora también mencionó algunos aspectos de la espiritualidad ignaciana como ayudas para la vida, por ejemplo: la invitación a ser contemplativos en la acción, la unión de ánimos y la indiferencia ignaciana.

Ante lo dicho, recupera la pregunta:¿Qué nos compete al laicado en el mundo de hoy, en la sociedad y en la iglesia? ¿Qué rasgos básicos deben caracterizar al laico ignaciano de hoy?” 

Isabel explica que, como personas inmersas en este mundo complejo, recibimos una llamada constante al discernimiento, es decir, necesitamos incorporar en nuestra vida una actitud constante en la búsqueda de la voluntad de Dios para no dejarnos inundar por todo lo que nos llega de la sociedad actual.

 “La espiritualidad que hemos recibido es de discernimiento, el gran descubrimiento de Ignacio como laico fue que dentro de sí mismo existían y experimentaba fuerzas contrarias, unas lo encaminaban a las cosas de Dios y otras lo alejaban.”

La espiritualidad ignaciana, lejos de proponer el encierro o el alejamiento de la realidad, tiene una gran fuerza activa e inmersa en el mundo, así lo explica Isabel: “Ignacio deseaba entrar en diálogo con el mundo, porque el mundo está habitado por Dios. Los lugares de encuentro para él eran los caminos que recorría, los hospitales, las plazas de las ciudades, la universidad, siempre estaba dispuesta, quería estar en el mundo.” Una de las grandes invitaciones que nos deja Ignacio es a caminar el mundo, encontrar allí a Dios, al Dios presente en todas las cosas, en todas las personas, en la Creación. “En las relaciones con el otro se nos ofrece una oportunidad única para encontrarnos a nosotros mismos y en la relación con el Otro, podemos llenarnos de ese amor que se nos ofrece de forma gratuita, en esta dirección aparece la opción por los pobres, los marginados y los más vulnerables. “

Claro que en medio del ajetreo de la vida cotidiana se dificulta la oración, el servicio, el estar disponibles. Son reales los problemas que todas las personas afrontamos día a día, pero la invitación de la espiritualidad ignaciana es a no quedarnos en el lado oscuro y negativo de la vida, sino buscar salir siempre mejores de las realidades que se nos presentan, y al mismo tiempo salir de nosotros mismos para mirar lo que hay más allá, y aprender de otros, y llenarnos de otros. Estamos invitados a “vivir en respuesta agradecida a Aquel que nos amó primero.”

Vivir como laicos ignacianos es un modo de ser y de estar en la Iglesia y de construir juntos el Reino de Dios, tarea a la que todos – como cristianos – somos llamados. Isabel Muruzábal nos dice “somos pecadores perdonados y salvados, si, pero también llamados a colaborar en la construcción del Reino de Dios, con especial entrega a los marginados y excluidos.”

 

1 Dña. Isabel Muruzábal es miembro de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX). Ha colaborado en diferentes cargos de servicio en CVX-E. Actualmente, es Coordinadora del Equipo Misión Espiritualidad en CVX-E. Pedagoga y profesora de Primaria. Apasionada por la espiritualidad ignaciana. Formada para acompañar Ejercicios desde 1986 en el CIS en Roma. Ha impartido talleres de Interioridad y de Oración Profunda. Acompaña EE en todas sus modalidades.

2 https://www.youtube.com/watch?v=gkQ1fR1hihs

¿Qué es la sinodalidad?

El papa Francisco ha dicho que la sinodalidad es el estilo de la Iglesia para el siglo XXI. Pero, ¿qué es la sinodalidad? La palabra sinodalidad deriva de la palabra sínodo, pero tampoco es claro qué significa sínodo.

«Sínodo» proviene del griego y significa camino conjunto, es decir, reúne dos dimensiones, una comunitaria (conjunto, comunidad) y otra dinámica (camino, en marcha).

Cuando Francisco lo aplica a la Iglesia, quiere decir que la Iglesia es una comunidad que peregrina conjuntamente hacia el Reino de Dios.

Esta idea no ha sido invención de Francisco, sino que recupera la tradición de la Iglesia primitiva que vivía como comunidad de cristianos unidos en comunión por el Espíritu y que seguían el camino de Jesús hacia del Reino de Dios (ver, por ejemplo, Hechos de los Apóstoles 15). Por esto decían que sínodo era una definición de la Iglesia.

Esta idea de Iglesia como sínodo, vigente al comienzo de la Iglesia, la recuperó el Concilio Vaticano II que definió la Iglesia como el «Pueblo de Dios» formado por los bautizados que han recibido el don del Espíritu y peregrinan hacia el Reino de Dios.

Esto significa que lo que poseemos en común todos los cristianos (el don de Espíritu recibido en el bautismo), es más importante que las diferentes vocaciones de los pastores, los seglares y la vida religiosa: diferencias que no se eliminan, sino que se ponen en diálogo y comunión. Todos tenemos el derecho a hablar y escucharnos para discernir lo mejor para la Iglesia, desde nuestra propia experiencia y vocación.

La Iglesia no es una pirámide, sino una comunidad, donde cada cristiano cumple su misión, como pastor, seglar o vida religiosa. No ha de haber una elite cultural, espiritual o clerical que domine desde arriba, sino que todos participamos de la misma fe y del don del Espíritu. Así pues, aquello que nos afecta a todos, está llamado a ser dialogado por todos.

Y todo ello de formar abierta y dinámica, pues la Iglesia sinodal es un Pueblo en marcha que ha de anunciar el evangelio de Jesús a todas las naciones, y responder a los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de la humanidad de hoy. Esta es la sinodalidad que el papa Francisco propone para la Iglesia del siglo XXI.

Víctor Codina, sj

Palabra de la CPAL: frutos del Encuentro internacional de Hermanos

La Palabra que la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) comparte a jesuitas y colaboradores en el mes de Octubre de 2022.

Por Hno. Davidson Braga, S.J.

Entre la temporalidad y la conversación espiritual

Acercándonos de nuevo a la fiesta del Santo Alonso Rodríguez, el hermano consejero y portero me detengo un momento a pensar qué significa eso: “de la temporalidad a la conversación espiritual”; es precisamente en esta encrucijada que yo respondí al llamado a ser Hermano jesuita en estos días.

Al comienzo de la vocación, todo parecía muy simple y sencillo: hacer servicios simples y humildes que requieren poco estudio, pero muchos conocimientos prácticos, además de una inmensa humildad. Pero este romanticismo es efímero. Pronto me encontré desafiado a establecer conversaciones íntimas sobre Cristo y su acción salvadora en nuestras vidas. Muy temprano tuve que probar lo que es ser como Jesús, lo que es ser su compañero. Fui formado
en los Ejercicios Espirituales y en psicología, pero la principal formación / probación que recibí a lo largo de mis años como jesuita fue precisamente: ayudar a las almas.

Hay muchos caminos para realizar esta vocación, que pertenece a todo jesuita. Pero para aquellos a quienes Cristo eligió para ser Hermanos en la Compañía, la dimensión temporal de la ayuda estuvo siempre presente. Esa realidad es más clara después de la profundización que algunos Hermanos hicimos el pasado mes de julio, en Roma.

Entre tantas cosas hermosas que el Año Ignaciano nos permitió vivir y celebrar, el Encuentro Internacional de Hermanos Jesuitas profundizó diálogos sobre la formación, la vocación y la identidad del Hermano jesuita. Los treinta y cinco compañeros de diferentes partes del mundo que, según el Padre General, «llenaron de gran alegría y jovialidad a la comunidad de la Curia», nos hicimos una pregunta que todavía resuena en nosotros: con
tantos cambios en la sociedad, en la Iglesia y en la Compañía, ¿hay todavía lugar para el Hermano “trabajador”?

Nuestra respuesta inquebrantable es sí; porque un jesuita encuentra su identidad no por lo que hace (por su trabajo) sino por lo que es (Hermano). Como ha insistido el padre Arturo, en la vocación del Hermano hay un profetismo que interpela a todos.

En el Encuentro Internacional tomamos consciencia de que, últimamente, se están practicando más las conversaciones espirituales que Alonso mantuvo con tantas personas en la entrada, en los pasillos y en las salas del Colegio de Mallorca. Pero nunca hizo falta más que su famoso "¡Ya voy, Señor!" para comprender la profundidad espiritual y el profetismo de ese hombre.

De mi parte, he estado lejos de las primeras imágenes que me pinté como jesuita: un hermano cocinero en África. Los años de acompañamiento espiritual a los jóvenes y de trabajo clínico en psicología me han hecho parecer mucho más al Alonso consejero que al Alonso portero. Con todo, para mí una cosa está clara: en la vocación del hermano que hemos elegido promover no hay duda sobre su identidad.

El Hermano transparenta más la vida religiosa del jesuita porque, a diferencia del sacerdote, no existe en la mente de las personas una imagen muy clara de lo que significa ser Hermano. La mayoría de la gente se queda con la imagen que tiene de lo que es ser sacerdote y, entonces, no profundiza lo suficiente en la identidad religiosa de del jesuita, sea sacerdote o hermano. Esta conclusión es posible después de meditar en la afirmación del Papa Francisco al
final del encuentro: el Hermano revela la vida religiosa en la Compañía de Jesús por lo que él es.

Las reflexiones surgidas en el Encuentro Internacional están dando frutos diversos; hemos identificado una gran variedad en las formas como se trata la vocación del Hermano en diferentes partes del mundo. La tarea ahora es hacer llegar las reflexiones a todo el Cuerpo de la Compañía. Pero no será todo a la vez; eso irá poco a poco. Para empezar, se está produciendo un material que ayudará a quienes trabajan en la formación de los jesuitas.

Además, algunas de estas reflexiones estarán seguramente presentes en la próxima Congregación de Procuradores; el mismo Padre General nos pidió que contribuyéramos en este sentido. Por ahora, estamos seguros de que, entre la temporalidad y la espiritualidad, el hermano jesuita es ‘quien ayuda`.

Uruguay: el Colegio San Ignacio es finalista para el “Premio Nacional a la Innovación Pedagógica”

La propuesta curricular del Colegio San Ignacio de Montevideo (Uruguay) fue seleccionada como una de los 10 finalistas entre 145 postulaciones al «Premio Nacional a la Innovación Pedagógica» que organiza ANEP (Administración Nacional de Educación Pública), Plan Ceibal y el MEC (Ministerio de Educación y Cultura), junto a la Red Global de Aprendizaje.

«Lo sentimos como un verdadero reconocimiento al esfuerzo sostenido de toda la comunidad: el trabajo cotidiano y la disponibilidad frente a los desafíos de cada equipo docente; la motivación de los y las estudiantes ante cada proyecto; el apoyo y la confianza de todas las familias en este camino, que ya lleva seis años de implementación», mencionan desde el colegio.

Se otorgarán tres premios: a la innovación pedagógica, a la innovación pedagógica con foco en el trabajo por competencias y un premio al reconocimiento del público, que se podrá votar en la web a partir del 29 de octubre.

Te invitamos a ver el video y a leer el texto de la postulación, a continuación:

Catequesis del Papa: El deseo, la brújula que nos guía hacia la plenitud

Continuando con su ciclo de catequesis sobre el discernimiento, el miércoles 12 de Octubre el Papa Francisco reflexionó sobre “el deseo” como elemento constitutivo del proceso de discernimiento.

«El discernimiento es una forma de búsqueda, y la búsqueda nace siempre de algo que nos falta pero que de alguna manera conocemos. El deseo – señaló el Pontífice – no son las ganas del momento. La palabra italiana viene de un término latín muy hermoso, de-sidus, literalmente “la falta de la estrella”, la falta del punto de referencia que orienta el camino de la vida; esta evoca un sufrimiento, una carencia, y al mismo tiempo una tensión para alcanzar el bien que falta”.

Es necesario estar atentos, ya que, “un deseo sincero sabe tocar en profundidad las cuerdas de nuestro ser, por eso no se apaga frente a las dificultades o a los contratiempos”. Es como cuando tenemos sed: si no encontramos algo para beber, esto no significa que renunciemos, es más, la búsqueda ocupa cada vez más nuestros pensamientos y nuestras acciones. Obstáculos y fracasos no sofocan el deseo, al contrario, lo hacen todavía más vivo en nosotros.

Llama la atención el hecho de que Jesús, antes de realizar un milagro, a menudo pregunta a la persona sobre su deseo: ¿quieres ser sanado? Y a veces esta pregunta parece estar fuera de lugar. Por ejemplo, cuando encuentra al paralítico en la piscina de Betesda, que estaba allí desde hacía muchos años y nunca encontraba el momento adecuado para entrar en el agua. Jesús le pregunta: «¿Quieres curarte» (Jn 5,6). ¿Por qué? En realidad, la respuesta del paralítico revela una serie de resistencias extrañas a la sanación, que no tienen que ver solo con él. La pregunta de Jesús era una invitación a aclarar su corazón, para acoger un posible salto de calidad: no pensar más en sí mismo y en la propia vida “de paralítico”, transportado por otros.

Si el Señor nos dirigiera, hoy, la pregunta que hizo al ciego de Jericó: «¿Qué quieres que te haga?» (Mc 10,51), ¿qué responderíamos? Quizá, podríamos finalmente pedirle que nos ayude a conocer el deseo profundo de Él, que Dios mismo ha puesto en nuestro corazón. Y darnos la fuerza de concretizarlo. Es una gracia inmensa, en la base de todas las demás: consentir al Señor, como en el Evangelio, de hacer milagros por nosotros.

Fuente: vaticannews.va

Miedo a tener miedo

Reflexión por Javier Prieto para pastoralsj.org

Hace algunos días, Jorge Bustos escribía que «somos el miedo que negamos tener. Y solo cuando lo reconocemos nos ponemos en disposición de superarlo». Ciertamente el miedo nos genera tanto miedo que incluso nos negamos a asumir que lo tenemos, también en lo vocacional. El miedo al miedo es algo peligrosamente expandido. Aunque no son pocas las cosas a las que tenemos miedo, la peor de todas es negarse a aceptar que lo tenemos.

Un buen amigo seminarista cada vez que cantamos a viva voz eso de «no tenemos miedo, no» me dice que por muy fuerte que cantemos eso es mentira. Y es verdad, claro que tenemos miedo. Tenemos miedo a no haber discernido bien nuestra vocación, a que nos fallen las fuerzas, a que nuestra fe no resista las tempestades. Tenemos miedo, y no pasa nada, el miedo es humano. Es más, necesitamos tener miedo. El miedo nos ayuda a combatir la temeridad de la emoción desbordante. El miedo nos impulsa a buscar seguridad. El miedo nos mueve a objetivar nuestras intuiciones. El miedo nos impulsa a vencer el miedo.

Sin embargo, ¿pueden los vocacionados tener miedos? ¿No es eso dudar de Dios y su llamada? En no pocas ocasiones hemos convertido el relato vocacional en un mito bucólico de héroes que logran asaltar el castillo de la felicidad venciendo al dragón del mundo. Esto se nos cuela más de lo que pensamos y nos hace mucho daño, pues nos convierte en guerreros con pies de barro. Otro buen amigo me lo comentaba al hilo del título del artículo sobre David Gistau. Ciertamente, hablar de héroes para referirnos a la vocación, más allá del recurso literario, es notablemente peligroso. Falseamos una realidad hermosa pero frágil, como es el camino vocacional.

Un héroe es valiente, aguerrido, no duda, y por supuesto no tiene miedo. ¿Por qué no nos permitimos tener miedo? ¿No nos estaremos exigiendo una perfección poco evangélica? Desde el comienzo de su proceso, muchos vocacionados se convierten en modelo de su vocación, la cara visible de una realidad que todavía no está afianzada en su vida. Se escribe entonces un relato de felicidad de AliExpress, en la que no tienen sitios las noches de dudas, los fantasmas de un futuro inseguro, los temores a las carencias.

Sin embargo, estamos llamados a la Libertad, libertad también frente a los relatos buenistas. Todos tenemos miedo, eso no nos puede asustar. Cada uno tenemos nuestros miedos concretos. Nadie nos dijo que no podamos tener miedo. Si no tuviésemos miedo, la vocación sería algo puramente humano. Tendremos miedos, pero sabemos que Dios no nos abandonará. Miremos con valentía nuestro miedo, así podremos superarlo.

Fuente: pastoralsj.org