Celebramos y Promovemos una Relación

1° de Mayo: día Internacional de los Trabajadores

El 1° de Mayo en todo el mundo recordamos y celebramos el día internacional de los trabajadores. De aquel fatídico mes de mayo de 1886 que dio origen a esta celebración han pasado muchos años. Una de las reivindicaciones básicas de aquellos trabajadores, era la jornada de 8 horas. Uno de los objetivos prioritarios era hacer valer la máxima de: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa».

Hoy quisiéramos reflexionar sobre una pregunta: ¿Qué es el trabajo?

El trabajo puede ser remunerado o gratuito, puede ser normado o libre, puede ser en relación de dependencia o autónomo. Le puede agradar a quien lo ejerce o generar mucho fastidio, puede ser el medio para el sostenimiento personal o puede ser hecho sólo un hobby; puede ser humanizante o esclavizador …

Entonces la pregunta vuelve: ¿Qué es el trabajo? Porque lo económico no lo define, ni tampoco la relación de dependencia, ni aun el lugar donde se desarrolla. Porque en definitiva, el trabajo supera lo meramente laboral.

El trabajo es aquello que relaciona al trabajador con la cosa sobre la que trabaja. El trabajo es una relación donde ambos componentes, el trabajador y la cosa sobre la que se trabaja, cuando se relacionan cambian.

Si el trabajo es una relación, para que este sea digno, la relación tiene que ser digna. Y la relación es digna cuando es a medida humana. Los trabajadores de 1886 lo expresaban así: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa»

Hoy somos testigos de muchas relaciones con el trabajo. Y así el trabajo termina siendo esclavizante cuando se prioriza las cosas sobre las personas, o termina termina siendo fastidioso cuando pierde su dimensión creativa y gratificante en función de la producción, o más aun es desvalorizado cuando la medida del trabajo no es la persona sino sólo el dinero que produce…

El trabajo debería ser aquella relación que nos recuerda que somos colaboradores en la obra creadora de Dios transformando con creatividad la realidad de la cual somos custodios.

El trabajo debería ser aquella relación que nos recuerda que somos más personas cuando somos más humanos.

El trabajo debería ser aquella relación que nos recuerda que somos todos miembros de una misma familia, que vivimos en un mismo mundo, al que tenemos que cuidad para nosotros y para los que vendrán.

El trabajo en definitiva nos debería recordar nuestra vocación más profunda, hombres y mujeres creado y llamados a colaborar en la obra creadora y redentora de Dios Nuestro Señor.

Raúl González Sj

 

Respuesta frente al terremoto en Nepal

El pasado sábado 25 de abril un terremoto de 7,8 grados en la escala Richter devastó el distrito de Lamjun y el noreste de Katmandú, la capital del Nepal, causando al menos 4.300 muertos y miles de heridos. Según las últimas declaraciones del primer ministro del país, Sushil Koirala, la cifra de víctimas podría alcanzar los 10.000 muertos y según la ONU más de 8 millones de personas se han visto afectadas por el desastre.

El terremoto ha dejado imágenes demoledoras, tanto en Katamandú como en los pequeños pueblos y en las laderas del monte Everest. Los hospitales están desbordados, no pueden atender a todas las personas heridas, miles de personas han perdido sus casas y otras miles están durmiendo a la intemperie por miedo a los nuevos temblores o a que sus casas dañadas se desplomen. El Gobierno de Nepal ha declarado el estado de emergencia y ha solicitado ayuda internacional.

Una gran preocupación ahora es el suministro de agua y alimentos. Los suministros de alimentos están disminuyendo y las carreteras están destruidas y no permiten el acceso de estos a las zonas afectadas. El sistema de suministro de agua está dañado e incrementa el posible brote de enfermedades, especialmente el cólera. La ONU asegura que más de 8 millones de personas se han visto afectadas y 1,4 millones necesitan ayuda alimentaria

Respuesta inmediata: cobijo a los supervivientes y suministro de lonas y alimento

Los jesuitas de Nepal viven y trabajan en muchas de las comunidades que se han visto gravemente afectadas por el terremoto. Han dado una respuesta inmediata a esta terrible tragedia abriendo las puertas del Colegio St Xavier’s y del Colegio St Mary’s para acoger a las personas afectadas por el terremoto. De igual modo, están llegando a los pueblos remotos del distrito de Dhading donde están suministrando primeros auxilios a la población como lonas y comida.

Desde la Compañía de Jesús la Red Xavier se está coordinando para la recogida de ayuda en sus países.

 

El Momento de la Gracia

El momento de la gracia es el de “caer en cuenta de”. Es un instante de fronteras movedizas que uno no puede atrapar, sino que siente “es atrapado en la propia interioridad”. Es tomado desde lo profundo.

Cuando caemos en la cuenta de la gracia que nos habita percibimos un plus de nosotros mismos, algo no inventado por nuestra mente, no generado por lo que pudimos hacer ni ser, sino donado, dado desde adentro como un borbotón de agua fresca que nos nace.

El momento de la gracia es el asalto de la conciencia que nos avisa de la bendición de Dios que con su Espíritu está obrando incesante en nuestra vida.

¿Y qué hace el Espíritu en nuestro interior más íntimo?

Nos regenera, nos repara, nos justifica, nos salva, nos vivifica y desata, nos dota, nos consuela, nos eleva, nos ahonda, nos abre a más…

Por eso quien se abre al Espíritu que lo habita, comienza a mirar con amor al otro e intenta repararle sus grietas.

Pretende justificarlo desde su dignidad de hijo porque vio su dignidad.

Busca salvarlo a pesar de sus errores, como hace el Padre con él.

Quiere que sea vivificado e insuflado en la plenitud de la vida que siente surgir en sí mismo con libertad.

Lo ayuda a que descubra su inagotable ser lleno de posibilidades.

Intenta por varios medios consolarlo de sus sufrimientos.

Desde donde ha sido puesto por la acción de Dios, busca atraerlo hacia la cima del amor.

Quien se abre al Espíritu mira con “ojos de Reino” las honduras de la realidad y lo desea para el otro, por eso comunica.

Quien se abre al Espíritu indaga con cariño y firmeza por esa fisura interior que todos tenemos, en busca del manantial donde brota el agua y la sangre de la vida albergada en cada corazón…

 Emmanuel Sicre SJ

Encuentro de Referentes 2015

El pasado fin de semana del 25 y 26 de Abril, referentes de diferentes grupos ignacianos de todo Argentina y Uruguay  se reunieron en Centro Manresa, en  la Ciudad de Córdoba, Argentina. El objetivo del encuentro fue por un lado, continuar fortaleciendo los lazos que unen los distintos núcleos de la RJI (Red Juvenil Ignaciana) y, por otro, dejar sentadas las bases para empezar a organizar el EJI (Encuentro Juvenil Ignaciano) que este año será en San Miguel (Buenos Aires), los días 12 y 13 de septiembre.

Este año la temática del ENRE giró en torno a la frase “La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey Eterno”, a partir de la cual los jóvenes reflexionaron en sobre los desafíos, preguntas y gracias que trae a su vida el “Ser amigos de los pobres” y cuál es su rol como jóvenes ignacianos frente a la pobreza.

Durante el sábado la mayor parte del tiempo se dedicó al trabajo en grupos y puesta en común en las que se compartían lo reflexionado sobre la temática. Estas reflexiones sirvieron de disparadores para el trabajo del domingo, que estuvo enfocado en organizar y dividir las tareas para la preparación del EJI.

Los casi 60 jóvenes que participaron provienen de Montevideo, Uruguay, y de las provincias argentinas de Mendoza, Santa Fe, Corrientes, Chaco, Santiago del Estero, Córdoba, Buenos Aires (San Miguel) y Capital Federal. Los mismos estuvieron acompañados por jesuitas y religiosas residentes en los diferentes lugares.

El Encuentro cerró con una gran alegría y deseos de reencuentro por parte de sus participantes. Les dejamos aquí la carta que los jóvenes ignacianos redactaron para invitar a todos los jóvenes que forman parte de la Red a participar del EJI en septiembre.

“Cristo, pobre y humilde, nos llama a amar y servir.”

Queridos jóvenes ignacianos:

“La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey eterno” nos dice San Ignacio en la carta de la pobreza dirigida a los hermanos de Padua; estas palabras hoy hacen eco en nuestro corazón. Ser amigos del necesitado nos hermana, nos acerca a un Cristo pobre y humilde. La Buena Noticia del Reino se nos hace cercana en el rostro sencillo y sabio de los más pequeños. Con ellos, compartimos la alegría de encontrarnos, de sabernos pueblo e Iglesia, de descubrir la ternura de un Dios que se hace uno de tantos para entrar en el corazón de muchos.

Esta amistad en Cristo, no sólo nos consuela, sino que nos desafía a salir de nosotros mismos para comprometernos con la realidad que nos interpela. Como jóvenes ignacianos, somos testigos de un mundo herido que sufre hambre, soledad, exclusión e indiferencia. Un mundo que espera de nosotros una Iglesia que acompañe y se entregue. Es allí donde nos sentimos llamados a amar y servir.

A la luz de estas reflexiones y en un clima de discernimiento comunitario, los referentes jóvenes de la Red Juvenil Ignaciana (RJI), reunidos en Córdoba, definimos el lema que nos convoca al próximo Encuentro Juvenil Ignaciano (EJI): “Cristo, pobre y humilde, nos llama a amar y servir.” Dicho encuentro tendrá lugar el 12 y 13 de septiembre en San Miguel, Buenos Aires. Allí, los miembros de cada núcleo de nuestra Red viviremos en comunidad la experiencia de ofrecernos para llevar la Buena Nueva a nuestros hermanos.

Contamos desde ya con la oración y el trabajo de todos, de manera que podamos como Red Juvenil Ignaciana gustar y sentir la gracia que nos confirma en nuestra vida y misión.

Referentes Jóvenes (RJI)

 

 

Sabiduría del Pobre

Cuando hablamos del pobre nos incluimos. No es el que está debajo, ni fuera, sino que es “el que en la dificultad sigue creyendo, sigue apostando, sigue confiando”. Es el sufre alguna dificultad: económica, de salud, de necesidad afectiva. Es el que sabe lo que significa haber perdido, no haber podido hacer nada. Es el que otros dejan como sobrante. El que sabe que su dignidad no la pierde jamás. Se pierden algunos de no reconocerla.

Sólo pesca, atisba, la sabiduría del pobre aquel que se acerca y se queda a compartir parte del camino con él. No pasa de largo, sino que permanece en el tiempo con él. Con la disposición de aprehender. Hacer propio aquellas riquezas que el pobre tiene para darme. De esas riquezas, de esa sabiduría es de la que hablamos:

– Solo tengo el hoy. El pobre sabe que sólo tiene el hoy para entregarse totalmente a él. No tiene con qué acumular seguridades para mañana.

– Solidaridad es su modo de relacionarse. Se ayudan incomodándose unos con otros. Cada uno aportando desde lo que puede. Cada uno acogiendo al otro como visita esperada. No hay excusas de cosas por hacer, de lugares por evitar o cosas por esconder.

– Aceptación de lo que no está en sus manos. No es conformismo, sino que es realismo de lo que sí se puede y de lo que no. Aceptación de lo que Dios permite, o la naturaleza marca.

– Transparencia para mostrarse tal cual es, sin tener que disimular nada. Ni lo bueno ni, ni lo no tanto. No tiene con qué aparentar. Ni necesita hacerlo, ya que está acostumbrado a ser tenido en cuenta, a ser querido por él mismo y no por lo que posee o por lo que tiene que lograr.

– Fortaleza, manos encallecidas y corazón tierno que se deja afectar por lo que sucede, pero que no se derrumba frente a las dificultades, ni los dolores, ni los problemas.

– Encomendarse es piedad de los sencillos. Es gestos reales de pedir a Dios ayuda, a los santos. Es de callar mucho, y decirle a Dios lo importante.

– Respeto por el que ha transitado más. Quizá justamente por la situación de indigencia sabe que aprende del que ha estado más en su situación. En las enfermedades, en las edades, en la carencias económicas, en las pobrezas personales, etc. Y por ello es que se dispone a aprender de que ha recorrido más camino en su situación.

Todo esto lo encarna Cristo que fue y habló desde lo que su pueblo había vivido. Y al haberse puesto a aprender con su pueblo, es que cuando se manifestó fue comprendido especialmente por los más pobres, por los más sencillos.

Desde Él nos dejamos incomodar por los que sufren algún tipo de pobreza real y concreta.

Cristo pobre y humilde, nos llama a amar y servir

Encuentro de Referentes 2015

 

La difícil conversión a la alegría

“Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer” Lc 24,41 

Cuando uno ha pasado mucho tiempo tocándose la herida; cuando no ha dejado que siga su natural proceso de curación: DUELE, y lo peor de todo no deja de doler, con el agravante que ese dolor nos remite siempre al hecho traumático que lo ha generado; encerrándonos en un imperceptible círculo vicioso: el dolor genera reproche, el reproche genera recuerdo del hecho traumático y el hecho traumático nos actualiza el dolor.

Los discípulos todavía seguían con el dolor de la muerte de Jesús; seguían atormentándose con distintos reproches.

Cuando Jesús aparece trayéndoles la paz no le creen, piensan que es un fantasma.

Es sorprendente como los discípulos, de su miedo, de su incredulidad se convierten en creyentes de la resurrección.

Jesús no les hace ningún discurso, ni tampoco les cita las escrituras, sino que les hace mirar aquello que les esta produciendo dolor para que desde allí se dejen resucitar.

La conversión de los discípulos es de la tristeza a la alegría.

Esa alegría que trae Jesús, que se hace comida y organiza la fiesta de la vida.

Cuando pasamos mucho tiempo quejándonos de nuestras desgracias, cuando no paramos de auto-compadecernos, cuando somos las victimas y los incomprendidos de la historia, se nos hace difícil reconocer la alegría y la paz que irrumpe en medio de nuestras vidas.

Y cuando la alegría del resucitado entra en la vida, ella se hace misión.

Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él; entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros. Evangelii Gaudium 121

Raúl González

Pascua Joven – Corrientes

La Iglesia Jesús Nazareno organizó una experiencia de Pascua Joven para que sus jóvenes puedan vivir los últimos días de la Semana Santa bien cerquita de Jesús. Les dejamos aquí dos testimonios. 

Un antes y un después…

Creo que cada encuentro que se prepara con amor, lo irradia. Tuve la hermosa experiencia de poder ir a las dos Pascua Joven que se han hecho y, si bien cada momento fue único, esa dedicación y ese amor se irradiaron en cada uno de ellos. A la Pascua Joven del año pasado fui casi obligada.

Quién sabe por qué, terminé yendo y haber tomado esa decisión marcó en mí un antes y un después. Nunca siquiera habría imaginado que fuera posible acompañar a Jesús, de una forma tan profunda, tan cercana. Realmente pude sentirme en cada momento a su lado.

Este año fue diferente, fui la primera en la lista y tuve el bolso preparado una semana antes, era algo que necesitaba hacer y lo esperaba con ansias. Me encontré rodeada de muchas caras nuevas que se animaban a vivir la experiencia, el encuentro se extendió un poco más y me parece una hermosa oportunidad para que aquellas personas que buscan a Cristo, lo encuentren y se sientan amados por él.

En lo personal, me sentí muy cómoda tanto física como emocionalmente. En cada dinámica me sentí libre y tuve mi tiempo necesario de silencio y oración personal para escuchar qué quería decirme Jesús a través de la palabra, de una canción, de una oración o de mis propios sentimientos. Sentí mucho la presencia del señor en cada momento, me sentí inmensamente amada, con un amor que me es tan difícil entender, un amor tan misericordioso de Padre. Pude confesarme: me sentí realmente liberada y con más fuerzas ese amor que está por sobre todos mis pecados.

En cada momento sentí que caminaba junto a Jesús, que lo acompañaba en su pasión, en su entrega por nosotros. Al acompañarlo pude sentir la cantidad de circunstancias en las que yo no caminaba sola, en las que él hizo notar su presencia en mi vida, caminó a mi lado o me llevó a cuestas.

No sólo me sentí acompañándolo a Jesús sino que pude ponerme en el lugar de María, admirar sus virtudes y su entrega total a la voluntad de Dios sin preguntar por qué. Estar cerca de su corazón tierno, humilde y anónimo; y sentirla como nuestra Madre.

Durante toda la Pascua Joven, pude sentirlo a Jesús como un amigo, ese buen amigo que está de una manera incondicional y a quién puedo hablar con mis palabras como compartiendo un mate. Así, realmente pude sentir que un amigo resucitaba y me invitaba a nacer de nuevo junto a él, a que no quede solo en la iglesia o en un retiro; a llevarlo a mi día a día, a mi rutina e ir irradiando la alegría de Jesús por donde vaya.

Mica Gerard

Caminar los pasos de Jesús

Quiero comenzar diciendo ¡¡¡Gracias!!!, gracias a los jóvenes de Nazareno por haber abierto sus puertas y hacer esta entrega tan grande desinteresadamente. Gracias a Jesús por dejarme vivir esta experiencia única, por vivir y sentir la Semana Santa de manera diferente. Justamente “sentir” lo que Jesús de saber esa entrega de salvación de Jesús.

En lo particular para mí era todo un reto pero al final mi deseo de estar ahí era fue más fuerte.

Quizás fui a buscar algo diferente de lo que al final encontré

Tuve muchos encuentros: con Dios, conmigo mismo, y por sobre todo, con personas maravillosas.

Es difícil explicar lo sentido, que viene desde lo más profundo del corazón. Son sentimientos que afloraron segundo a segundo en cada actividad, en cada canción, en cada acción. Es como decía Mati (nuestro coordinador) al finalizar cada dinámica: ¡qué fuerte!

Y sí, era fuerte poder sentir en la propia carne lo que vivió Jesús. En esos momentos de meditación, de conexión, de vibración, sentía como un escalofrío que me corría por todo el cuerpo, una paz interior aun mas difícil de explicar. Me llena de alegría este saberme compañero de Jesús en los momentos más difíciles de su vida. Porque yo sentí que ahí sanó mi alma. Que Jesús –ese Dios amigo- nos perdonó, llevó todos nuestros males, y que ahora estoy preparado para vivir la vida con mucha plenitud.

Como decía la carta de Francisco: “hemos resucitado, ¡La vida eterna comienza ya en este momento!, comienza durante toda la vida, hacia el momento de la resurrección final”. Y como hemos resucitado me espera una larga vida llena de felicidad.

Volví a casa contento, con alegría, con bendiciones, y me pone aun más contento saber que no estoy solo, que tengo a alguien muy importante que me cuida y me acompaña.

Ojalá el próximo año pueda volver a vivir esto que me pasó, y ojalá todos puedan alguna vez en su vida, reencontrarse con Jesús, porque seguro que no se van arrepentir.

Una y mil veces más gracias

 Pedro

 

¿Cómo Perder la Fe sin darse Cuenta?

Puntos para crecer. Preguntas para ahondar.

Es muy común escuchar a gente que ya no tiene fe, que la perdió en el camino, que se enfrió en su relación con Dios. O que ya ni sabe bien qué le pasa con la dimensión espiritual de su vida y siente como poco «vuelo» al percibir la realidad que vive o vive sin alegría. Si bien es cierto que la fe es una experiencia muy personal de cada ser humano donada por Dios, también es cierto que puede escurrirse de entre los dedos de nuestra historia hasta desaparecer.

¿Cuáles podrían ser algunos de los elementos que pueden llevarnos a comprender el proceso de unas posibles pérdida y recuperación de la fe en el Dios de Jesús (no otro)?

PERDER LA FE…

1. POR SATURACIÓN RELIGIOSA. Algunas personas recibieron en su infancia y juventud una catequesis demasiado pesada, llena de conceptos, de reglas y de prácticas obligatorias que por exceso terminaron hastiando. Muchas veces los padres, catequistas o maestros piensan que transmitir la fe es que conozcan solo las cosas del Catecismo y vayan a misa. Con lo cual se produce una saturación religiosa donde la persona ya no quiere oír hablar de todo este tema. De hecho, con más frecuencia de la que uno espera, se olvida que la fe de una persona crece junto con su proceso de desarrollo espiritual, corporal y psicoafectivo. Entonces encontramos el fenómeno de gente adulta con una fe infantil, o mayores con fe adolescente donde quedó trabado el crecimiento y se desfasó.

2. POR FALTA DE PREGUNTAS FUNDAMENTALES. Sucede que por diversas causas como la superficialidad y la evasión consumista, que almidonamos nuestras preocupaciones de tal manera que no nos afecten. Tanto padres «sobreprotectores» como «por de más flexibles», provocan confusión en los hijos porque no los dejan entrar en contacto con la realidad, que es la que trae las preguntas que ayudan a caminar. Les pasa mucho a las personas que viven en ambientes satisfechos. Sin preguntas existenciales por la vida, el amor, la muerte, los otros, no hay posibilidad de entrar en contacto con la dimensión espiritual donde se da la fe. Lo cierto es que cuando llegan los sufrimientos de la vida no se sabe a dónde recurrir.

3. POR MIEDO A LA DUDA. En temas de fe tenemos el mito de que no se puede dudar. Entonces se ha creado una especie de «condena» a quien duda o cuestiona los fundamentos de la fe que le han transmitido. ¿Es de sentido común no experimentar dudas de fe? ¿Acaso no es procesual la incorporación de las cosas importantes de la vida? ¿De dónde hemos sacado que la fe es un bloque entero que se traga asintiendo doctrinas de un catecismo? La fe es un misterio y convivir con el misterio a nivel existencial es convivir con la duda. No podremos saberlo todo.

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4. POR MORALISMOS RELIGIOSOS. La mayoría de las personas en muchos momentos de su vida, percibe la religión como un conjunto de reglas en el fondo de su experiencia religiosa. Es el reflejo que hacen aquellos que no quieren pertenecer a ninguna confesión religiosa cuando critican a la Iglesia, por ejemplo. ¿Qué hicimos los que ayudamos en el camino de la fe para que la gente crea que una experiencia y pertenencia de fe es cumplir con reglas? En algunos, para sostener la pertenencia a la religión, se produce una «esquizofrenia» donde por un lado vivo mi vida moral y por otro mi vida religiosa. Se divorcia la fe con la vida y entonces se pierde el sentido. (Ni hablar del tema de moral sexual que daría para otro texto). Quienes no están dispuestos a esta dualidad finalmente dejan la religión de las reglas para ser honestos con su experiencia de fe individual.

5. POR FALTA DE SOLIDARIDAD CON EL OTRO. Cuando nos quedamos encerrados en nosotros mismos el egoísmo nos consume la dimensión espiritual, la trascendencia de las cosas, y termina secando todo. El egoísmo es un fumigador de cualquier brote de vida real. Cuando somos insolidarios perdemos el contacto con lo esencial a toda persona que es su vincularidad a los otros. La solidaridad con los demás es el camino más claro por el cual podemos comprender si se tiene fe en el Dios de Jesús o no. Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré por las obras mi fe, decía el apóstol Santiago (Cf. Sant 2, 14-26).

6. POR FALTA DE VIDA EN COMÚN CON OTROS CREYENTES. La fe cristiana nació comunitariamente y así se ha sostenido por más de dos milenios. Quien no comparte su fe la pierde, porque se le convierte en un adefesio individualista donde yo «creo a mi manera». Todos creemos a nuestro modo ¿quién puede negarlo? pero todos compartimos el hecho de ser engañados por el Mal Espíritu. Entonces, cuando no hay una comunicación de la experiencia de fe o se queda sólo aferrada a un par de normas para autojustificarse, o me invento un dios solo para mí, apartado del modo en que el Dios verdadero quiere comunicar el Espíritu del Reino entre nosotros.

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DARLE ESPACIO AL DON DE LA FE

1. AMIGARSE CON EL SILENCIO Y DEJAR BROTAR. Quien no puede darse unos minutos en el día para estar en silencio no podrá nunca albergar aquello que viene de su interior. La tradición nos dice que la fe entra por el oído. En la medida en que aquietamos el cuerpo y la mente aunque sea con dificultad, podremos dejar brotar las múltiples manifestaciones de la vida y de la fe. Dios habla en lo más intimo de nuestro corazón, ¿cómo podremos acoger su voz si no callamos los ruidos internos?

2. CONVIVIR CON EL MISTERIO. La vida de fe es la vida de quien se anima a dejar de controlar todo con su mente y se abre a vivir en conexión con aquello que le da sentido a su ser pero sin saber mucho cómo se llama. Abrirse al misterio de la vida es aventurarse a descubrir los insondables dones que nos habitan, y que están esperando ser fecundos en un mundo que los necesita. Convivir con el misterio de un Dios que se hizo hombre para solidarizarse con nuestros sufrimientos y llevarnos a la vida plena de la Resurrección.

3. DEJARSE ROMPER LOS ESQUEMAS PRECONCEBIDOS Y SUPERAR LA PRUEBA. Para poder crecer en la vida de fe tenemos que aprender que la fe evoluciona junto con las crisis propias de nuestro desarrollo. No podemos seguir creyendo en los reyes magos a los 30 años. Dios no cabe en nuestra mente por lo que es siempre nuevo. Si nos quedamos con aquello que aprendimos en la catequesis cuando éramos niños, o si nos estancamos en la rebeldía contra Dios de nuestra adolescencia, no podremos recibir la fe de un adulto, y más todavía, la preciosa experiencia de una fe madura. El crecimiento en la fe se da con el acompañamiento de otros que caminan en esta búsqueda y que nos ayudan a aprender y desaprender toda la vida.

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4. COMPADECERSE DEL OTRO. Las primeras comunidades cristianas comprendieron que la gran novedad de Jesucristo había sido la compasión. A ningún judío de su época se le hubiese ocurrido ser solidario con un no judío, y menos aún compartirle su Dios. Por eso el escándalo de Jesús. Si hay una experiencia que logra consumar toda la experiencia cristiana para dejarnos vibrantes del Espíritu es la compasión. Con los demás y con nosotros mismos. Cuando somos capaces de hacerle lugar en el propio corazón y bolsillo a los «samaritanos» con los que nos encontramos a diario estamos comenzando a entrar en el misterio de Jesús.

5. DIALOGAR CON EL DIOS DE JESÚS (no otro). Es posible que muchos crean que rezar es recitar de memoria oraciones solamente. Pero no, quien quiera tener una experiencia religiosa del Dios de Jesús tendrá que dirigirse a él con sus propias palabras. Con aquellas que brotan de su vida cotidiana, de sus preguntas más inquietantes, de sus miedos, de sus sentimientos y emociones, de sus relaciones más profundas con los demás. Y hablar con el Padre de Jesús, o con Jesús mismo, o con el Espíritu que ora en nosotros.

6. FORMAR PARTE DE UNA COMUNIDAD. Tal como decíamos la forma de sostener una fe verdadera es siendo parte del Pueblo de Dios en alguna comunidad concreta donde pueda vivir, compartir y celebrar la fe. Es importante porque ayuda a sostenernos en los momentos de crisis espiritual. El Espíritu no tiene otro modo de comunicar su energía si no es en el vínculo que se establece entre las personas de la comunidad. No resulta común una especie de «ciencia infusa» dada a unos pocos místicos que ilustran al resto. Y si esto se da, la comunidad es la que en definitiva constata su veracidad.

Si bien podríamos ampliar toda esta realidad, creo que con estos puntos es posible entrar en diálogo en nuestro monasterio interior para que, al conversarlo con quien pueda ayudarnos, crezcamos en la experiencia de fe y no dejemos que se nos escurra de entre los dedos un don tan lindo como este. ¿Qué podremos perder?

Emmanuel Sicre Sj

 

Programa de Liderazgo y Análisis Político

El Programa en Liderazgo y Análisis Político del CIAS ( Centro de Investigación y Acción Social– Jesuitas Argentina ) ya tiene sus primeros 30 alumnos.

Luego de un arduo proceso de selección, del que participaron más de 260 candidatos, el Comité de Selección eligió a un grupo de 30 participantes para la primera edición del Programa, que comenzó el siete de abril.

El Programa en Liderazgo y Análisis Político busca formar y movilizar una nueva generación de líderes políticos al servicio de la sociedad. Para ello, creamos una red dinámica de personas unidas por una profunda amistad cívica, más allá de toda ideología política, una vocación compartida por la política como herramienta de cambio y justicia social.

El Programa es una propuesta inédita que combina cursos teóricos para el dominio de capacidades analíticas y de diseño de políticas públicas, con talleres prácticos, estudio de casos, debates y simulaciones de escenario para que los estudiantes maximicen sus habilidades de liderazgo, negociación y generación de capital político.

Con el fin de brindar a los mejores estudiantes la oportunidad de realizar prácticas en el Poder Ejecutivo o en el Poder Legislativo; el CIAS ha firmado Convenios y colabora con las principales agrupaciones políticas. Además, El CIAS organiza un viaje de integración a Georgetown University, Washington D.C. para los alumnos más destacados del Programa. Mediante esta experiencia nuestros egresados podrán interactuar con políticos, funcionarios y académicos de reconocimiento internacional. El CIAS ha diseñado un sistema de Becas para ayudar a los estudiantes en forma proporcional a sus necesidades y méritos académicos. Todos los estudiantes recibieron becas desde el 50% al 100% del coto total del Programa. Con vocación universal el CIAS trabaja y dialoga, más allá de orientaciones personales, cultura y fe propia, con todas aquellas personas que entienden la política como servicio a los demás y especialmente a los más pobres.