Se inicia el Noviciado Interprovincial «San Ignacio de Loyola» en Montevideo

Un signo de esperanza y de comunión para la misión de la Iglesia y la Compañía de Jesús en el Cono Sur.

 

Con una emotiva celebración eucarística, se dio inicio oficial al Noviciado Interprovincial «San Ignacio de Loyola», ubicado en la ciudad de Montevideo, unificando la etapa inicial de formación de los jóvenes jesuitas provenientes de las provincias de Argentina-Uruguay, Chile y Paraguay.

Así se confirma y consolida un esfuerzo de colaboración apostólica, cuyas raíces espirituales e históricas se remontan a los inicios de la presencia de la Compañía de Jesús en la región, durante la primera mitad del siglo XVII, en la época de la antigua Provincia Paraqvaria.

 

Nuevos guías para la formación

Durante la ceremonia, asumieron formalmente su nueva misión los encargados de guiar espiritualmente a las nuevas generaciones de religiosos.

También se agradeció profundamente el invaluable servicio del Padre Juan Carlos Juárez SJ (Argentina-Uruguay), quien culminó su misión como Maestro de Novicios después de más de una década.

El encuentro contó con la presencia de los tres superiores provinciales de la región, quienes coincidieron en que este proyecto responde a la necesidad de mirar la misión eclesial desde una óptica continental y global.

Fronteras porosas y mirada universal

La integración de los novicios en una sola comunidad representa un retorno a las raíces de la orden fundada por San Ignacio de Loyola y el grupo de los primeros compañeros, donde la disponibilidad universal es clave desde el primer día de discernimiento.

 

«Un noviciado en donde novicios de cuatro países hermanos pueden compartir su formación inicial es una riqueza muy grande, porque de alguna manera significa esa tradición de la Compañía de Jesús en la que el jesuita entra por un territorio determinado pero desde los comienzos ya se abre a una dimensión universal.»

— P. Álvaro Pacheco SJ, Provincial de Argentina-Uruguay

 

Por su parte, el P. Juan Cristóbal Beytía SJ enfatizó que los fenómenos sociales contemporáneos exigen que las fronteras de la orden se vuelvan «porosas», no solo en términos geográficos, sino también espirituales y mentales.

«Hoy nuestro continente desafía nuestra misión con fenómenos que trascienden las fronteras. Eso implica estar preparados para enfrentarlos desde una lógica continental y no meramente provincial. Los jesuitas del futuro esperamos que tengan perspectivas más amplias para mirar, corazones más grandes para que quepan no solo los necesitados de sus territorios, y espíritus capaces de discernir llamados que vengan de más lejos.»

— P. Juan Cristóbal Beytía SJ, Provincial de Chile

 

«El Noviciado Interprovincial representa, ante todo, un signo de esperanza y de comunión para la misión de la Compañía de Jesús en el Cono Sur. En un tiempo marcado por grandes desafíos sociales, culturales y eclesiales, el hecho de que varias Provincias compartamos la formación inicial de nuestros jóvenes jesuitas manifiesta que la misión es más grande que nuestras fronteras provinciales y que estamos llamados a caminar juntos, discerniendo juntos y sirviendo juntos.»

— P. Máximo Mendoza SJ, Provincial de Paraguay

 

El P. Mendoza remarcó que el noviciado es el terreno donde se asientan las bases de la vocación a través de los Ejercicios Espirituales y el servicio a los vulnerables, un proceso que ahora se verá enriquecido por la diversidad de historias y acentos.

«Para la región del Cono Sur, este noviciado también es una escuela de colaboración apostólica. Formar jesuitas juntos nos ayuda a mirar estos desafíos con una perspectiva regional y no solamente local. Nos recuerda que la Compañía de Jesús nace para la misión universal y que, en un mundo fragmentado, estamos llamados a ser hombres capaces de tender puentes, reconciliar y generar fraternidad.»

— P. Máximo Mendoza SJ, Provincial de Paraguay

 

Con información de jesuitas.org.py, jesuitas.cl, jesuitasaru.org

Papa Francisco in memoriam

El primer Papa jesuita – un hombre formado por los Ejercicios Espirituales, marcado por el discernimiento, la libertad interior y el deseo de encontrar a Dios en todas las cosas. Esta página es un memorial vivo del Papa Francisco, un espacio para reunirse, recordar y reflexionar sobre un pontificado que cambió la Iglesia.

 

El 13 de marzo de 2013, el cónclave eligió a un hijo de Ignacio de Loyola para la Sede de San Pedro – un pontificado definido no solo por sus primeros históricos, sino por el carisma ignaciano que lo formó: el discernimiento, la libertad interior y el deseo de encontrar a Dios en todas las cosas.

 

A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco invitó al mundo a mirar hacia las periferias. Modeló una Iglesia no como una fortaleza sino como un hospital de campaña, donde las heridas de la humanidad son acogidas con misericordia. Esa visión está enraizada en el llamado ignaciano a ir donde la necesidad es mayor.

 

Testimonios y reflexiones

Aquí encontrará testimonios personales y reflexiones de quienes lo conocieron – jesuitas, religiosos y colaboradores laicos que caminaron con él, trabajaron a su lado en la Curia y compartieron su misión. Los invitamos a ir más allá de los titulares y a encontrar al hermano, al pastor, al amigo que nos pedía, con humildad característica, que rezáramos por él. Porque para él, la memoria nunca fue mero recuerdo. Era el fundamento de todo.

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Noviciado Interprovincial ARU-CHL-PAR en Montevideo

Comunicado conjunto de las Provincias Argentino-Uruguaya, de Chile y de Paraguay

En el marco del discernimiento que todos los Provinciales de América latina venimos haciendo desde hace unos años en la CPAL, respecto de las distintas etapas de formación, los Provinciales de Argentina-Uruguay, Chile y Paraguay hemos solicitado al P. General que el Noviciado San Ignacio de Loyola, con sede en Montevideo, tenga en adelante el estatuto de “Noviciado interprovincial” llevado por las tres Provincias según un estatuto que lo regirá.

El P. General ha aprobado esta solicitud, y en el día de ayer ha nombrado al P. Gabriel Roblero (CHL) como nuevo Maestro de Novicios, y superior de la comunidad, agradeciendo al P. Juan Carlos Juárez (ARU) su “fiel y generoso servicio” de tantos años al frente del Noviciado.
Ambos tendrán un tiempo de transición en los próximos meses.
Los encomendamos especialmente y nos alegramos por esta buena noticia que nos llega en la Octava de Pascua.

P. Juan Cristóbal Beytía SJ (CHL)
P. Máximo Mendoza SJ (PAR)
P. Alvaro Pacheco SJ (ARU)

Los 400 años de la proeza jesuítica-guaraní

 

El Camino de los Jesuitas celebra 400 años de una hazaña común a la Argentina, Brasil y Paraguay. Incluye además a Bolivia y Uruguay como un corredor turístico que los conecta, con sus características propias a la epopeya jesuítico guaraní.

 

Es necesario distinguir que son 30 los pueblos que llevan la impronta de la fusión jesuítico guaraní. En 1626, Argentina y Brasil compartieron las fundaciones de Santa María la Mayor (vecina a Concepción de la Sierra y San Javier) y, en Rio Grande do Sul.

 

Los primeros misioneros jesuitas llegaron a tierra gaúcha, el 3 de mayo de 1626 para fundar la misión jesuítico guaraní en Brasil. En total, crearon allí los “Siete Pueblos Misiones) con sello de la Orden de San Ignacio de Loyola y de los jesuitas.

 

El pueblo jesuítico-guaraní se llamó San Nicolás de Piratiní, “a siete leguas de Concepción”, en el actual territorio gaúcho. Fue el 3 de mayo de 1626, según María Angélica Amable, Karina Dohmann y Liliana Rojas.

 

En 1609 se había creado la primera de las misiones en San Ignacio Guazú (Paraguay), a partir de la que se van construyendo un conjunto de treinta pueblos misioneros: 15 misiones en las actuales provincias de Misiones y Corrientes (Argentina), 8 en el Paraguay y 7 en las denominadas Misiones Orientales (Rio Grande do Sul, Brasil).

 

En Brasil, actual Rio Grande, erigieron los pueblos de São Francisco de Borja, São Nicolau, São Luiz Gonzaga, São Lourenço Mártir, São João Batista e Santo Ângelo Custódio (7). Son los llamados pueblos orientales, por hallarse al este del río Uruguay.

 

El escenario brasileño es lo que ahora es Rio Grande do Sul. A Misiones corresponden 4 de las 7 reducciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Para la Argentina son también Monumento Histórico Nacional.

 

Si hablamos de cuatro siglos, Misiones los pasó largamente con la fundación jesuítico-guaraní de San Ignacio Miní, Loreto, Santa Ana, Corpus, Candelaria, San José, Apóstoles. Concepción, Santa María la Mayor, Mártires y San Javier (11). Suman 11 pueblos, y en 1627 Concepción de la Sierra cumplirá sus 400 años. En la actual provincia de Corrientes se erigieron San Carlos, Santo Tomé, La Cruz y Yapeyú (4).

 

En la actual Paraguay (citando al padre verbita José Marx) fueron establecidas San Ignacio Guazú, Santa Rosa, Santa María de la Fe, Santiago, San Cosme y Damián, Nuestra Señora de la Encarnación de Itapúa, Trinidad y Jesús (8). Suman así 30 los pueblos jesuítico-guaraníes, que hoy conforman el Camino Jesuítico Guaraní.

 

El Camino de los Jesuitas es un corredor turístico multidestino que conecta a Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay a través de una identidad común. Sin minimizar su valor espiritual, la ruta que une a estos pueblos constituye un atractivo turístico internacional.

 

El gobierno de Misiones declaró al 2026 como “Año de la Conmemoración del Legado Guaraní Jesuítico”, según lo establece el decreto publicado hoy en el Boletín Oficial de la provincia. En Brasil, también se estableció que 2026 sea el año oficial de las Misiones Jesuíticas Guaraníes, por el gobierno gaúcho.

 

En esta primera aproximación al tema, Misiones ostenta un protagonismo central. No solo por la suma de experiencias y testimonios de este “camino”, sino por las posibilidades de acceso turístico. A ello se agrega el Turismo de Fe, en el cual el viajero encuentra la oportunidad única de unir su oración y su esperanza, al sacrificio sobrehumano de los jesuitas encabezados por San Roque González de Santa Cruz y otros mártires.

 

Sin ser tildada de pagana, vale la reflexión de la columnista de Zero Hora, Juliana Bublitz: “las celebraciones de los 400 años de las Misiones Jesuíticas Guaraníes representan un marco de valorización y promoción de la región misionera como destino turístico internacional”.

 

Resta mucha tela por cortar si el foco apunta al protagonismo único de los guaraníes del actual suelo argentino-paraguayo. Sólo basta con observar sus fechas de fundación.

 

San Ignacio Guazú (1610), Itapúa (primero en la actual Posadas y luego en la vecina orilla en 1615), San Cosme y Damián (1632), Santa María (1647), Santiago (1651), Jesús (1685), Santa Rosa de Lima (1698), y Trinidad (1706), todas (8) en Paraguay.

 

Y, sin mencionar los siete pueblos orientales de la actual tierra gaúcha, se agregan en el análisis, los once pueblos misioneros Loreto (1610), San Ignacio Miní (1610), Concepción (1619), Corpus Christi (1622), Santa María la Mayor (1626), Candelaria (1627), San Javier (1629), Santa Ana (1633), San José (1633), Apóstoles Pedro y Pablo (1631), Santos Mártires del Japón (1633), según el jesuita Selim Abou en “La República Jesuítica”. Los cuatro restantes corresponden a suelo correntino: San Carlos, Santo Tomé, La Cruz y Yapeyú.

 

Por Patricio Downes | @misionesonline | t.ly/jbR_g

“Mirar el cielo y las estrellas”: La huella jesuita en la exploración del cosmos

Jesuitas México rememora, a propósito de la misión ARTEMIS II, la participación de la Compañía de Jesús en las investigaciones del cosmos y su aporte al estudio, mapeo y comprensión del cielo astronómico.

En estos momentos, la humanidad tiene los ojos puestos en el cielo mientras la misión Artemis II navega alrededor de la Luna, marcando el histórico regreso de un vuelo tripulado a la órbita de nuestro satélite después de más de medio siglo. Este hito no solo representa un avance tecnológico, sino también un signo de mayor inclusión en la exploración espacial: por primera vez, una mujer y un hombre afroamericano forman parte de una misión que orbita la Luna, pero ¿sabías qué el mapa que guía a los exploradores de hoy comenzó a trazarse hace cientos de años en las cúpulas y bibliotecas de la Compañía de Jesús?

Un legado que llega hasta la Luna

A lo largo de los siglos, los jesuitas no solo contemplaron el cielo: lo estudiaron, lo mapearon y ayudaron a comprenderlo.

Entre ellos destacan el astrónomo Giovanni Battista Riccioli, S.J., y el matemático y físico Francesco Maria Grimaldi, S.J., quienes en el siglo XVII realizaron un estudio sistemático de la Luna que marcaría un antes y un después en la historia de la astronomía. Grimaldi elaboró detallados mapas selenográficos, integrados en el Almagestum Novum, apoyándose en trabajos previos de Johannes Hevelius y Michael van Langren.

A partir de estas observaciones, Riccioli desarrolló un sistema de nomenclatura para los accidentes geográficos lunares que, con pocas modificaciones, sigue vigente hasta nuestros días. Gracias a ello, regiones como el Mar de la Tranquilidad, donde alunizó la misión Apolo 11 en 1969 (Mare Tranquillitatis) conservan los nombres que él propuso hace más de tres siglos.

Mapa de la Luna del Almagestum Novum, trazado por el astrónomo Giovanni Battista Riccioli, S.J., y el matemático y físico Francesco Maria Grimaldi, S.J.,

En la actualidad, 33 cráteres lunares llevan el nombre de jesuitas[1], testimonio de su aportación científica.

La vocación científica jesuita emana directamente de su núcleo espiritual, fundamentado en la máxima de «encontrar a Dios en todas las cosas». El interés de la orden por el firmamento se remonta a su propio fundador, San Ignacio de Loyola. En su Autobiografía (n.12) él mismo relata:

«Parte del tiempo gastaba en escribir, parte en oración. Y la mayor consolación que recibía era mirar el cielo y las estrellas, lo cual hacía muchas veces y por mucho espacio, porque con aquello sentía en sí un muy grande esfuerzo para servir a nuestro Señor.»

Esta profunda contemplación original estableció un precedente que llevó a la orden a construir la infraestructura científica más extensa del mundo premoderno.

Ciencia con identidad jesuita

La espiritualidad ignaciana no generó una “ciencia distinta”, sino una forma particular de habitarla: con disciplina, apertura y sentido de servicio.

Desde el siglo XVI, la Compañía de Jesús desarrolló redes globales de observación y promovió la formación matemática de sus miembros, haciendo de la ciencia un espacio de encuentro y diálogo con otras culturas y saberes.

Este impulso también llegó a México. A finales del siglo XIX, jesuitas como Pedro Spina, S.J., y Enrique Cappelletti, S.J., llevaron al país el rigor científico y las metodologías astronómicas desarrolladas en Roma. [2] Spina fundó en 1877 el primer Observatorio Meteorológico en el Colegio del Sagrado Corazón en Puebla (hoy, Instituto Oriente), equipado con instrumentos de vanguardia para su tiempo, mientras que Cappelletti impulsó la enseñanza experimental de las ciencias y la creación de gabinetes científicos en Puebla y Saltillo.

La figura de Cappelletti resulta especialmente significativa, pues se formó en el Colegio Romano bajo la guía del P. Angelo Secchi, S.J., uno de los padres de la astrofísica moderna. Secchi no solo estableció el primer sistema de clasificación estelar ,que permitió conocer, por primera vez, la composición química de las estrellas, sino que también estudió la superficie de Marte y descubrió la relación entre las manchas solares y el magnetismo terrestre.

De este modo, los colegios jesuitas en Puebla y el Colegio de San Juan Nepomuceno en Saltillo no fueron espacios aislados, sino parte de una red científica global que conectaba a México con los avances más importantes de la astronomía moderna.

Hoy, las instituciones del Sistema Universitario Jesuita continúan esta misión, acercando a nuevas generaciones al conocimiento del universo, no solo como dato científico, sino como experiencia de asombro y búsqueda de sentido.

Del telescopio a Artemis II

Este puente entre el pasado y las fronteras del mañana se vuelve especialmente visible con la misión Artemis II.

La participación jesuita en la ciencia no pertenece únicamente a la historia. A través de la Specola Vaticana, en sus dos sedes —Castel Gandolfo y Monte Graham, en Arizona, Estados Unidos—, astrónomos jesuitas colaboran actualmente con proyectos internacionales, desde el estudio de asteroides hasta el análisis de datos de telescopios espaciales.

Así, la exploración del cosmos sigue siendo un espacio donde la fe y la ciencia dialogan, se enriquecen mutuamente y abren nuevas preguntas.

Una mirada ética hacia el futuro

Sin embargo, el avance tecnológico nunca es neutral. Más allá del asombro que despiertan estas misiones, la exploración espacial plantea desafíos éticos profundos.

El padre Richard D’Souza, S.J., actual director del Observatorio Vaticano, ha celebrado Artemis II como un “gran desarrollo”[3] que permitirá comprender mejor los orígenes de nuestro Sistema Solar. Sin embargo, siguiendo la idea del Cardenal Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico y Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, este progreso no debe convertirse en un factor que agrave las desigualdades de la Tierra. La exploración del cosmos debe regirse por la justicia, por acuerdos internacionales sólidos y por una visión que garantice que sus beneficios alcancen a toda la humanidad, sin dejar a nadie atrás. [4]

Mientras observamos las estrellas y atestiguamos los hitos de misiones como Artemis II, recordamos el legado de aquellos primeros astrónomos jesuitas.

Ellos nos enseñan que la ciencia y la fe no son fuerzas en conflicto, sino caminos complementarios. Que contemplar el universo no nos aleja del mundo, sino que nos compromete más profundamente con él.

Porque, al final, mirar el cielo, como lo hacía San Ignacio de Loyola, no es solo un acto de admiración, sino una llamada a dejarse tocar por el Creador, a comprender más y servir mejor, cuidando con mayor amor la casa común que habitamos.

@jesuitasmexico

t.ly/JkCxj


[1] Jesuits and the Moon – Vatican Observatory, https://www.vaticanobservatory.org/sacred-space-astronomy/jesuits-and-the-moon/

[2] Integración de redes científicas entre Italia y México: el caso de la astronomía física y la meteorología de los jesuitas, Ángel Secchi, Pedro Spina y Enrique Cappelletti | Historia y Espacio, https://historiayespacio.univalle.edu.co/index.php/historia_y_espacio/article/view/13427/16858

[3] Artemis II Moon Mission ‘a Great Development,’ Vatican Observatory Director Says | National Catholic Register, https://www.ncregister.com/cna/artemis-ii-moon-mission-a-great-development

[4] Space and humanity at a crossroads: A new frontier of the common good, https://www.thecatholictelegraph.com/space-and-humanity-at-a-crossroads-a-new-frontier-of-the-common-good/106294

LEÓN XIV: ‘La resurrección del Señor es nuestra resurrección.’

León XIV enfatizó la resurrección de Cristo como fundamento de la esperanza cristiana. Recordó al papa Francisco quien falleció el Lunes de Pascua del año pasado.

«Así como el Resucitado -siempre vivo y presente- libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro», este fue el centro de la reflexión del papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Coeli de este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua.

Ante unas 8.000 personas que se congregaron en la Plaza de San Pedro, que aún lucía las decoraciones florales enviadas desde los Países Bajos del Domingo de Pascua, en alusión a la vida y resurrección de Cristo, León XIV presentó dos interpretaciones contrastantes del sepulcro vacío. Las mujeres proclamaron el encuentro con Cristo resucitado, mientras que los guardias propagaron una versión diferente. «Para un mismo hecho, el sepulcro vacío, existen dos interpretaciones», dijo el Papa. «Una lleva a la vida, la otra a la muerte».

A partir de ahí, el pontífice amplió su perspectiva para incluir el presente. El contraste entre las narrativas plantea interrogantes sobre la verdad y su comunicación.

«A menudo, la verdad se ve oscurecida por las noticias falsas, como decimos hoy en día; es decir, por mentiras, insinuaciones y sospechas infundadas». Sin embargo, la verdad no permanece oculta: «Sale a nuestro encuentro, vibrante y radiante, e ilumina la oscuridad más profunda».

La resurrección del Señor es nuestra resurrección
El Papa retomó el mandato de Jesús y citó el Evangelio: «Como Jesús les dijo a las mujeres que fueron al sepulcro, hoy nos dice: ¡No tengan miedo! Vayan y cuéntenles a mis hermanos». De ahí extrajo la esencia del mensaje: «La resurrección del Señor es nuestra resurrección, la Pascua de la humanidad».

Cristo, «el Hijo de Dios», entregó su vida. El mensaje de la Pascua libera al futuro «de la muerte».

El Santo Padre centró entonces su atención en las personas necesitadas. La Buena Nueva debe llegar especialmente a aquellos «oprimidos por el mal». Mencionó a los que viven en guerra, a los cristianos perseguidos y a los niños privados del acceso a la educación.

«Proclamar la Resurrección de Cristo con palabras y obras significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo queda sofocada por la violencia», explicó.

«Cuando, por el contrario, la Buena Nueva se proclama en el mundo, disipa toda sombra, en cualquier momento».

Homenaje al papa Francisco
Para concluir, el Papa León rindió homenaje a su predecesor: «A la luz del Resucitado, hoy pensamos con especial afecto en el papa Francisco«, dijo. Francisco «entregó su vida a Dios el Lunes de Pascua del año pasado». León exhortó a los fieles a orar para que puedan «convertirse en proclamadores cada vez más brillantes de la verdad».+

@aica

t.ly/kIRVF

ACOMPAÑAMIENTO EN TIEMPOS DE CRISIS: MANTENER VIVA LA ESPERANZA

A medida que se acerca la Navidad, recordamos una historia que comenzó en la vulnerabilidad: la de una joven familia que buscaba refugio, no encontró un lugar donde descansar y, dio la bienvenida a una nueva vida en el entorno más sencillo. El nacimiento de Jesús fue, en muchos sentidos, una historia de desplazamiento: un niño nacido lejos de su hogar, cuya familia pronto huiría de la violencia y se convertiría en refugiada.

Esta temporada nos invita a volver a ese humilde comienzo y redescubrir la luz que entró al mundo no en la comodidad, sino en la incertidumbre; no en el privilegio, sino en la pobreza y la fe. El Adviento nos llama a vigilar y esperar, y a alimentar la esperanza incluso en medio de la oscuridad.

El nacimiento de Jesús fue, en muchos sentidos, una historia de desplazamiento…

Hoy, este llamado se siente más urgente que nunca. En todo el mundo, millones de familias están desplazadas debido a conflictos, persecuciones y desastres. Comunidades que ya han sufrido tanto siguen enfrentándose a nuevas crisis: desde guerras y tensiones políticas hasta los efectos del cambio climático y el aumento del costo de vida. Sin embargo, justo cuando las necesidades crecen, somos testigos de una erosión de la solidaridad. Los gobiernos cierran fronteras y los corazones se endurecen. La compasión, antes vista como una fortaleza, a menudo se rechaza como ingenuidad.

Y, no obstante, en medio de estos desafíos, la gracia sigue manifestándose. En todo el mundo, donde acompañamos a los refugiados en los campos, las escuelas y los centros comunitarios, en el Servicio Jesuita a Refugiados vemos cómo la esperanza sigue naciendo a través de pequeños gestos de valentía y cuidado: un maestro asegurándose de que los niños puedan seguir aprendiendo, una comunidad que acoge con amabilidad los extraños, y un refugiado voluntario acompañando a otros recién llegados.

Este es el corazón del acompañamiento: caminar juntos y negarse a dejar que el sufrimiento tenga la última palabra. Es un acto diario de fe en la bondad que aún habita en la humanidad y un reconocimiento de que, juntos, podemos construir comunidades de esperanza y resiliencia incluso en las circunstancias más difíciles.

Mientras celebramos la venida de Cristo, que sepamos reconocer Su presencia en cada persona que busca seguridad, dignidad y paz. Que la luz de la Navidad suavice nuestros corazones y renueve nuestro compromiso con aquellos que están en movimiento.

Mientras celebramos la venida de Cristo, que sepamos reconocer Su presencia en cada persona que busca seguridad, dignidad y paz.

Cada gesto de compasión y solidaridad nos ayuda a continuar acompañando a los refugiados en todo el mundo. Juntos, podemos mantener viva la esperanza donde es más frágil.

Este Adviento, abramos nuestras puertas como los posaderos que dicen “sí” para dar la bienvenida, y abramos nuestros corazones como compañeros que caminan en fe y amor.

Por Eric Goeh-Akue, SJ | JRS – Servicio Jesuita a Refugiados

@jesuits.global | t.ly/Gyjpy

ESPERANDO CON ESPERANZA: REFLEXIONES SOBRE EL ADVIENTO

 

El Adviento es un tiempo de espera, un momento sagrado en la que la Iglesia se prepara para celebrar el nacimiento del Salvador y dar la bienvenida una vez más a la luz de Cristo en nuestro mundo. Es un tiempo de esperanza, y en un mundo a menudo marcado por la incertidumbre y la ansiedad, el Adviento nos recuerda que la esperanza no es un optimismo ingenuo, sino una profunda confianza en la fidelidad de Dios, una esperanza que echa raíces incluso en la oscuridad y crece silenciosamente hacia la luz.

 

A medida que avanzamos en esta temporada, lo hacemos con el espíritu del Jubileo 2025: Peregrinos de Esperanza. El Jubileo nos invita a reconocer que la esperanza no es sólo un don personal, sino una vocación compartida: ser signos de la misericordia de Dios, construir la paz y abrir caminos de reconciliación y renovación. Ser peregrinos de esperanza significa caminar juntos con los ojos y el corazón abiertos, buscando los signos de la misericordia y la justicia de Dios que se manifiestan entre nosotros.

 

En la quietud del Adviento, escuchamos el susurro de nuevos comienzos. Cada reflexión en esta serie nos ofrece un momento para detenernos y orar, para descubrir dónde está brotando ya la esperanza: en nuestras comunidades, en los actos de compasión, en la silenciosa perseverancia de la fe. Mientras esperamos con esperanza durante este Adviento, aprendamos de nuevo a confiar en el Dios que renueva todas las cosas y a caminar como peregrinos hacia el amanecer de la renovación.

 

Por Carla Bellone | Asistente del Secretario para el Servicio de la Fe

@jesuits.global

III Reunión de Superiores Mayores. Eucaristía de Clausura

Homilía del Superior General P. Arturo Sosa SJ, Chiesa del Gesù, 26 de octubre de 2025

 

Queridos hermanos:

 

La parábola apenas escuchada, leída en el contexto del final de la reunión de los Superiores Mayores, me trae a la mente, por una parte, la Meditación de dos banderas de los Ejercicios Espirituales y, por la otra, los primeros párrafos del Decreto 2 de la Congregación General 32 (CG 32) que nos recuerda nuestra identidad. Dice este decreto:

 

I. ¿Qué significa ser jesuita? Reconocer que uno es pecador y, sin embargo, llamado a ser compañero de Jesús, como lo fue San Ignacio: Ignacio, que suplicaba insistentemente a la Virgen Santísima que «le pusiera con su hijo» y que vio un día al Padre mismo pedir a Jesús, que llevaba su cruz, que aceptara al peregrino en su compañía.

 

Acercarnos a lo que somos requiere la actitud del publicano de la Parábola. Llega al templo y se humilla ante el Señor, reconociendo su condición de pecador. En contraste, el fariseo se enorgullece de sí mismo, considerándose no sólo fiel a la ley, sino mejor que el otro. Cada uno de ellos representa el tercer momento de seguir una de las dos banderas. El fariseo, preso del orgullo que le proporciona el prestigio con el que es reconocido, ha encontrado su fundamento en la falsa riqueza de su posición social y sus posesiones. El publicano, en cambio, se postra humildemente. Reconocer su pobreza espiritual, fruto de su egoísmo y alejamiento de Dios, lo humilla. Además, es despreciado tanto por el fariseo como por muchos de sus contemporáneos.

 

Al final del camino que hemos recorrido juntos esta semana, podemos examinar con total transparencia, nuestra vida personal como jesuitas, nuestra responsabilidad en la cura apostólica y el cuidado de nuestros compañeros en la misión. Al reconocernos pecadores, experimentamos la cercanía del Señor que, como repetimos en el salmo responsorial, no está lejos de sus fieles y no se deja impresionar por apariencias, como recuerda el libro del Eclesiástico (1ª. Lectura).

 

Humillarse ante el Señor obtiene el perdón y la reconciliación. Abre los oídos y el corazón a la llamada a ser compañero de Jesús, a compartir su misión, llevando la cruz con Él. La experiencia de la misericordia de Dios lleva a pedir, sin cansarse, ser puesto con el Hijo, como lo hizo San Ignacio. Aceptar la llamada y elegir militar bajo la bandera de la cruz nos hace compañeros de Jesús, fuente de nuestra identidad.

 

La CG 32 da un paso más y se pregunta ¿Qué significa hoy ser compañero de Jesús? La respuesta vuelve a la imagen de las banderas.

 

II. (…) Comprometerse bajo el estandarte de la cruz en la lucha crucial de nuestro tiempo: la lucha por la fe y la lucha por la justicia que la misma fe exige.

 

La bandera de Jesús, el crucificado-resucitado, es la cruz en la que nuestra fe descubre el camino de la liberación, el camino hacia el Dios de la Vida. La batalla es por la justicia que busca la superación de las relaciones de opresión para alcanzar la reconciliación con Dios, de los seres humanos entre sí y con el medio ambiente en el que habitamos. Pecadores perdonados, llamados a contribuir a la reconciliación de todas las cosas en Cristo como cumplimiento de la promesa de redención.

 

San Ignacio se sintió muy atraído por el Apóstol Pablo. En la carta a Timoteo encontramos los rasgos por los que le resulta tan atrayente: He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Pablo es un buen ejemplo del ideal de persona y vida que nos presentan las dos banderas en los Ejercicios Espirituales: considerar cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas. Pecadores perdonados, llamados a ser compañeros de Jesús y enviados a anunciar su Buena Noticia a todas las personas y en todas partes. Bebamos, pues, en las fuentes de nuestra identidad.

 

Durante estos días hemos puesto delante de nuestros ojos los desafíos y las dificultades de la responsabilidad compartida de buscar y hallar la voluntad de Dios para el cuerpo universal de la Compañía, para cada uno de sus miembros, en colaboración con quienes nos acompañan en las mismas tareas apostólicas. La experiencia vivida nos lleva a, siguiendo las Constituciones de la Compañía de Jesús, a renovar nuestra confianza en el mismo Señor: “Porque la Compañía, que no se ha instituido con medios humanos, no puede conservarse ni aumentarse con ellos, sino con la mano omnipotente de Cristo Dios y Señor nuestro, es menester en Él solo poner la esperanza de que Él haya de conservar y llevar adelante lo que se dignó comenzar para su servicio y alabanza y ayuda de las ánimas.” [812]

 

Con el corazón agradecido por tanto bien recibido durante este provechoso encuentro y unidos la oración, continuamos pidiendo a Nuestra Señora del Camino que acompañe nuestro peregrinar y nos ponga con su Hijo para que, a pesar de nuestra condición de pecadores, respondamos a la llamada de contribuir a la compleja y urgente obra de la reconciliación y la justicia, como amigos en el Señor, compañeros que seguimos a Jesús pobre y humilde.

 

Domingo XXX del Tiempo Ordinario – Ciclo C

@jesuits.global

La Compañía de Jesús reafirma su misión de Reconciliación y Justicia

Después de diez días de oración, discernimiento y diálogo sincero, ha concluido en Roma la III Reunión de Superiores Mayores de la Compañía de Jesús.


Durante los últimos días, los líderes jesuitas han reflexionado profundamente sobre los temas que conforman la misión vital de la Compañía en la actualidad: las Preferencias Apostólicas Universales (PAU), la colaboración, la Cura Apostolica y la Cura Personalis, la protección, las estructuras de gobierno, la promoción de las vocaciones…

Aunque la Reunión de Superiores Mayores no tiene autoridad legislativa y no emite decretos, su papel sigue siendo fundamental. Ofrece un espacio para que quienes participan directamente en el gobierno de la Compañía reflexionen sobre los progresos, los retos y las oportunidades futuras a nivel mundial. Estas reuniones se celebran aproximadamente cada seis años a partir de la última Congregación General, tal y como se estipula en el decreto 23 de la Congregación General 34.

Las sesiones finales se centraron en recopilar los frutos de estas reflexiones.

Escuchar al Espíritu

El Padre General ofreció algunas observaciones finales al término de la Reunión. Señaló que los Superiores Mayores, conscientes de la responsabilidad compartida por la vida y la misión de la Compañía, se propusieron durante la Reunión “crecer como grupo capaz de discernir en común las mociones espirituales que se mueven en el cuerpo de la Compañía, en la Iglesia, en los contextos sociales y culturales en los que vivimos para realizar mejor nuestra misión de reconciliación y justicia”.

Describió el método utilizado a lo largo de la Reunión, que comenzó con dos días de retiro: escuchar presentaciones reflexivas, dedicar tiempo a la oración personal, compartir ideas en pequeños grupos y reunirse en sesiones plenarias. La Eucaristía cotidiana, añadió, “nos permitió fortalecer el lazo de una comunidad de amigos en el Señor que se reúnen en torno a su palabra y en la comunión de su cuerpo y sangre”.

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Reafirmación en la misión

“Hemos recibido la confirmación de haber sido enviados en una misión de reconciliación y justicia”, dijo el P. Sosa.

Señaló que la Reunión profundizó la comprensión de las PAU como directrices clave para orientar la vida y la misión de la Compañía. Los debates también examinaron la complejidad de ponerlas en práctica en las Provincias y Regiones, especialmente en la formación y con aquellos con quienes compartimos nuestros apostolados. El P. Sosa también señaló la importancia de una “conversión personal, comunitaria e institucional continua que garantice la identidad de lo que hacemos”.

“El Santo Padre León XIV completó la confirmación de la misión, insistiendo en la centralidad de Jesús en nuestra vida-misión y enviándonos a las fronteras del servicio de la fe y la lucha por la justicia, las nuevas fronteras intelectuales y el mundo digital”, dijo el P. Sosa.

Temas importantes

El P. Sosa continuó hablando de los numerosos temas tratados durante la Reunión.

Según dijo, una parte importante de los debates se centró en la cultura del cuidado. Cuidar de quienes participan en la misión, tanto jesuitas como colaboradores, es una responsabilidad exigente pero esencial. Se identificó la formación como una preocupación clave, con un llamamiento a contar con formadores y superiores idóneos que puedan animar a las comunidades con fe y discernimiento.

También habló de la necesidad de cuidar, incluso a quienes cuidan de otros, y añadió que fomentar entornos seguros es también una dimensión de la cultura del cuidado.

El Padre General señaló que las nuevas exigencias de la misión y la evolución de la Compañía requieren reimaginar nuestros apostolados y estructuras de gobierno.

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Recordó a los Superiores Mayores que la verdadera promoción vocacional comienza con la esperanza en el Señor y pidió a todos que recen fervientemente por ello. La coherencia de nuestra vida-misión con el carisma que hemos recibido, dijo, es lo que atrae y sostiene las nuevas vocaciones.

También subrayó la importancia del diálogo intergeneracional, calificándolo de tarea diaria “que permita la transmisión auténtica del carisma que hemos recibido”.

“Hemos aprendido que el verdadero discernimiento se produce cuando hablamos con libertad y escuchamos con humildad”, dijo el P. Antoine Kerhuel, Secretario General de la Compañía de Jesús. “Esta Reunión nos ha ayudado a examinar nuestra misión en el mundo como jesuitas y será fundamental para trazar nuestro camino hacia el futuro.”

Momentos especiales

Aunque cada día de la Reunión tuvo su propia importancia, algunos momentos fueron especialmente destacables. El 24 de octubre, los 100 participantes fueron recibidos en audiencia en el Vaticano por el Papa León XIV. El Santo Padre animó e interpeló a los Superiores Mayores, invitándoles a mantener su atención en Cristo mientras llevan a cabo su misión de servicio.

Otro momento destacado fue la peregrinación a través de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Jesuitas de todos los continentes caminaron en procesión, rezando y cantando juntos, mostrando la universalidad de la esperanza y la misión que todos compartimos como miembros de la Compañía de Jesús.

La tercera Reunión de Superiores Mayores concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el P. Arturo Sosa en la Iglesia del Gesù de Roma.

 

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