Papa Francisco in memoriam

El primer Papa jesuita – un hombre formado por los Ejercicios Espirituales, marcado por el discernimiento, la libertad interior y el deseo de encontrar a Dios en todas las cosas. Esta página es un memorial vivo del Papa Francisco, un espacio para reunirse, recordar y reflexionar sobre un pontificado que cambió la Iglesia.

 

El 13 de marzo de 2013, el cónclave eligió a un hijo de Ignacio de Loyola para la Sede de San Pedro – un pontificado definido no solo por sus primeros históricos, sino por el carisma ignaciano que lo formó: el discernimiento, la libertad interior y el deseo de encontrar a Dios en todas las cosas.

 

A lo largo de su pontificado, el Papa Francisco invitó al mundo a mirar hacia las periferias. Modeló una Iglesia no como una fortaleza sino como un hospital de campaña, donde las heridas de la humanidad son acogidas con misericordia. Esa visión está enraizada en el llamado ignaciano a ir donde la necesidad es mayor.

 

Testimonios y reflexiones

Aquí encontrará testimonios personales y reflexiones de quienes lo conocieron – jesuitas, religiosos y colaboradores laicos que caminaron con él, trabajaron a su lado en la Curia y compartieron su misión. Los invitamos a ir más allá de los titulares y a encontrar al hermano, al pastor, al amigo que nos pedía, con humildad característica, que rezáramos por él. Porque para él, la memoria nunca fue mero recuerdo. Era el fundamento de todo.

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Noviciado Interprovincial ARU-CHL-PAR en Montevideo

Comunicado conjunto de las Provincias Argentino-Uruguaya, de Chile y de Paraguay

En el marco del discernimiento que todos los Provinciales de América latina venimos haciendo desde hace unos años en la CPAL, respecto de las distintas etapas de formación, los Provinciales de Argentina-Uruguay, Chile y Paraguay hemos solicitado al P. General que el Noviciado San Ignacio de Loyola, con sede en Montevideo, tenga en adelante el estatuto de “Noviciado interprovincial” llevado por las tres Provincias según un estatuto que lo regirá.

El P. General ha aprobado esta solicitud, y en el día de ayer ha nombrado al P. Gabriel Roblero (CHL) como nuevo Maestro de Novicios, y superior de la comunidad, agradeciendo al P. Juan Carlos Juárez (ARU) su “fiel y generoso servicio” de tantos años al frente del Noviciado.
Ambos tendrán un tiempo de transición en los próximos meses.
Los encomendamos especialmente y nos alegramos por esta buena noticia que nos llega en la Octava de Pascua.

P. Juan Cristóbal Beytía SJ (CHL)
P. Máximo Mendoza SJ (PAR)
P. Alvaro Pacheco SJ (ARU)

Los 400 años de la proeza jesuítica-guaraní

 

El Camino de los Jesuitas celebra 400 años de una hazaña común a la Argentina, Brasil y Paraguay. Incluye además a Bolivia y Uruguay como un corredor turístico que los conecta, con sus características propias a la epopeya jesuítico guaraní.

 

Es necesario distinguir que son 30 los pueblos que llevan la impronta de la fusión jesuítico guaraní. En 1626, Argentina y Brasil compartieron las fundaciones de Santa María la Mayor (vecina a Concepción de la Sierra y San Javier) y, en Rio Grande do Sul.

 

Los primeros misioneros jesuitas llegaron a tierra gaúcha, el 3 de mayo de 1626 para fundar la misión jesuítico guaraní en Brasil. En total, crearon allí los “Siete Pueblos Misiones) con sello de la Orden de San Ignacio de Loyola y de los jesuitas.

 

El pueblo jesuítico-guaraní se llamó San Nicolás de Piratiní, “a siete leguas de Concepción”, en el actual territorio gaúcho. Fue el 3 de mayo de 1626, según María Angélica Amable, Karina Dohmann y Liliana Rojas.

 

En 1609 se había creado la primera de las misiones en San Ignacio Guazú (Paraguay), a partir de la que se van construyendo un conjunto de treinta pueblos misioneros: 15 misiones en las actuales provincias de Misiones y Corrientes (Argentina), 8 en el Paraguay y 7 en las denominadas Misiones Orientales (Rio Grande do Sul, Brasil).

 

En Brasil, actual Rio Grande, erigieron los pueblos de São Francisco de Borja, São Nicolau, São Luiz Gonzaga, São Lourenço Mártir, São João Batista e Santo Ângelo Custódio (7). Son los llamados pueblos orientales, por hallarse al este del río Uruguay.

 

El escenario brasileño es lo que ahora es Rio Grande do Sul. A Misiones corresponden 4 de las 7 reducciones declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. Para la Argentina son también Monumento Histórico Nacional.

 

Si hablamos de cuatro siglos, Misiones los pasó largamente con la fundación jesuítico-guaraní de San Ignacio Miní, Loreto, Santa Ana, Corpus, Candelaria, San José, Apóstoles. Concepción, Santa María la Mayor, Mártires y San Javier (11). Suman 11 pueblos, y en 1627 Concepción de la Sierra cumplirá sus 400 años. En la actual provincia de Corrientes se erigieron San Carlos, Santo Tomé, La Cruz y Yapeyú (4).

 

En la actual Paraguay (citando al padre verbita José Marx) fueron establecidas San Ignacio Guazú, Santa Rosa, Santa María de la Fe, Santiago, San Cosme y Damián, Nuestra Señora de la Encarnación de Itapúa, Trinidad y Jesús (8). Suman así 30 los pueblos jesuítico-guaraníes, que hoy conforman el Camino Jesuítico Guaraní.

 

El Camino de los Jesuitas es un corredor turístico multidestino que conecta a Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay a través de una identidad común. Sin minimizar su valor espiritual, la ruta que une a estos pueblos constituye un atractivo turístico internacional.

 

El gobierno de Misiones declaró al 2026 como “Año de la Conmemoración del Legado Guaraní Jesuítico”, según lo establece el decreto publicado hoy en el Boletín Oficial de la provincia. En Brasil, también se estableció que 2026 sea el año oficial de las Misiones Jesuíticas Guaraníes, por el gobierno gaúcho.

 

En esta primera aproximación al tema, Misiones ostenta un protagonismo central. No solo por la suma de experiencias y testimonios de este “camino”, sino por las posibilidades de acceso turístico. A ello se agrega el Turismo de Fe, en el cual el viajero encuentra la oportunidad única de unir su oración y su esperanza, al sacrificio sobrehumano de los jesuitas encabezados por San Roque González de Santa Cruz y otros mártires.

 

Sin ser tildada de pagana, vale la reflexión de la columnista de Zero Hora, Juliana Bublitz: “las celebraciones de los 400 años de las Misiones Jesuíticas Guaraníes representan un marco de valorización y promoción de la región misionera como destino turístico internacional”.

 

Resta mucha tela por cortar si el foco apunta al protagonismo único de los guaraníes del actual suelo argentino-paraguayo. Sólo basta con observar sus fechas de fundación.

 

San Ignacio Guazú (1610), Itapúa (primero en la actual Posadas y luego en la vecina orilla en 1615), San Cosme y Damián (1632), Santa María (1647), Santiago (1651), Jesús (1685), Santa Rosa de Lima (1698), y Trinidad (1706), todas (8) en Paraguay.

 

Y, sin mencionar los siete pueblos orientales de la actual tierra gaúcha, se agregan en el análisis, los once pueblos misioneros Loreto (1610), San Ignacio Miní (1610), Concepción (1619), Corpus Christi (1622), Santa María la Mayor (1626), Candelaria (1627), San Javier (1629), Santa Ana (1633), San José (1633), Apóstoles Pedro y Pablo (1631), Santos Mártires del Japón (1633), según el jesuita Selim Abou en “La República Jesuítica”. Los cuatro restantes corresponden a suelo correntino: San Carlos, Santo Tomé, La Cruz y Yapeyú.

 

Por Patricio Downes | @misionesonline | t.ly/jbR_g

“Mirar el cielo y las estrellas”: La huella jesuita en la exploración del cosmos

Jesuitas México rememora, a propósito de la misión ARTEMIS II, la participación de la Compañía de Jesús en las investigaciones del cosmos y su aporte al estudio, mapeo y comprensión del cielo astronómico.

En estos momentos, la humanidad tiene los ojos puestos en el cielo mientras la misión Artemis II navega alrededor de la Luna, marcando el histórico regreso de un vuelo tripulado a la órbita de nuestro satélite después de más de medio siglo. Este hito no solo representa un avance tecnológico, sino también un signo de mayor inclusión en la exploración espacial: por primera vez, una mujer y un hombre afroamericano forman parte de una misión que orbita la Luna, pero ¿sabías qué el mapa que guía a los exploradores de hoy comenzó a trazarse hace cientos de años en las cúpulas y bibliotecas de la Compañía de Jesús?

Un legado que llega hasta la Luna

A lo largo de los siglos, los jesuitas no solo contemplaron el cielo: lo estudiaron, lo mapearon y ayudaron a comprenderlo.

Entre ellos destacan el astrónomo Giovanni Battista Riccioli, S.J., y el matemático y físico Francesco Maria Grimaldi, S.J., quienes en el siglo XVII realizaron un estudio sistemático de la Luna que marcaría un antes y un después en la historia de la astronomía. Grimaldi elaboró detallados mapas selenográficos, integrados en el Almagestum Novum, apoyándose en trabajos previos de Johannes Hevelius y Michael van Langren.

A partir de estas observaciones, Riccioli desarrolló un sistema de nomenclatura para los accidentes geográficos lunares que, con pocas modificaciones, sigue vigente hasta nuestros días. Gracias a ello, regiones como el Mar de la Tranquilidad, donde alunizó la misión Apolo 11 en 1969 (Mare Tranquillitatis) conservan los nombres que él propuso hace más de tres siglos.

Mapa de la Luna del Almagestum Novum, trazado por el astrónomo Giovanni Battista Riccioli, S.J., y el matemático y físico Francesco Maria Grimaldi, S.J.,

En la actualidad, 33 cráteres lunares llevan el nombre de jesuitas[1], testimonio de su aportación científica.

La vocación científica jesuita emana directamente de su núcleo espiritual, fundamentado en la máxima de «encontrar a Dios en todas las cosas». El interés de la orden por el firmamento se remonta a su propio fundador, San Ignacio de Loyola. En su Autobiografía (n.12) él mismo relata:

«Parte del tiempo gastaba en escribir, parte en oración. Y la mayor consolación que recibía era mirar el cielo y las estrellas, lo cual hacía muchas veces y por mucho espacio, porque con aquello sentía en sí un muy grande esfuerzo para servir a nuestro Señor.»

Esta profunda contemplación original estableció un precedente que llevó a la orden a construir la infraestructura científica más extensa del mundo premoderno.

Ciencia con identidad jesuita

La espiritualidad ignaciana no generó una “ciencia distinta”, sino una forma particular de habitarla: con disciplina, apertura y sentido de servicio.

Desde el siglo XVI, la Compañía de Jesús desarrolló redes globales de observación y promovió la formación matemática de sus miembros, haciendo de la ciencia un espacio de encuentro y diálogo con otras culturas y saberes.

Este impulso también llegó a México. A finales del siglo XIX, jesuitas como Pedro Spina, S.J., y Enrique Cappelletti, S.J., llevaron al país el rigor científico y las metodologías astronómicas desarrolladas en Roma. [2] Spina fundó en 1877 el primer Observatorio Meteorológico en el Colegio del Sagrado Corazón en Puebla (hoy, Instituto Oriente), equipado con instrumentos de vanguardia para su tiempo, mientras que Cappelletti impulsó la enseñanza experimental de las ciencias y la creación de gabinetes científicos en Puebla y Saltillo.

La figura de Cappelletti resulta especialmente significativa, pues se formó en el Colegio Romano bajo la guía del P. Angelo Secchi, S.J., uno de los padres de la astrofísica moderna. Secchi no solo estableció el primer sistema de clasificación estelar ,que permitió conocer, por primera vez, la composición química de las estrellas, sino que también estudió la superficie de Marte y descubrió la relación entre las manchas solares y el magnetismo terrestre.

De este modo, los colegios jesuitas en Puebla y el Colegio de San Juan Nepomuceno en Saltillo no fueron espacios aislados, sino parte de una red científica global que conectaba a México con los avances más importantes de la astronomía moderna.

Hoy, las instituciones del Sistema Universitario Jesuita continúan esta misión, acercando a nuevas generaciones al conocimiento del universo, no solo como dato científico, sino como experiencia de asombro y búsqueda de sentido.

Del telescopio a Artemis II

Este puente entre el pasado y las fronteras del mañana se vuelve especialmente visible con la misión Artemis II.

La participación jesuita en la ciencia no pertenece únicamente a la historia. A través de la Specola Vaticana, en sus dos sedes —Castel Gandolfo y Monte Graham, en Arizona, Estados Unidos—, astrónomos jesuitas colaboran actualmente con proyectos internacionales, desde el estudio de asteroides hasta el análisis de datos de telescopios espaciales.

Así, la exploración del cosmos sigue siendo un espacio donde la fe y la ciencia dialogan, se enriquecen mutuamente y abren nuevas preguntas.

Una mirada ética hacia el futuro

Sin embargo, el avance tecnológico nunca es neutral. Más allá del asombro que despiertan estas misiones, la exploración espacial plantea desafíos éticos profundos.

El padre Richard D’Souza, S.J., actual director del Observatorio Vaticano, ha celebrado Artemis II como un “gran desarrollo”[3] que permitirá comprender mejor los orígenes de nuestro Sistema Solar. Sin embargo, siguiendo la idea del Cardenal Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico y Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, este progreso no debe convertirse en un factor que agrave las desigualdades de la Tierra. La exploración del cosmos debe regirse por la justicia, por acuerdos internacionales sólidos y por una visión que garantice que sus beneficios alcancen a toda la humanidad, sin dejar a nadie atrás. [4]

Mientras observamos las estrellas y atestiguamos los hitos de misiones como Artemis II, recordamos el legado de aquellos primeros astrónomos jesuitas.

Ellos nos enseñan que la ciencia y la fe no son fuerzas en conflicto, sino caminos complementarios. Que contemplar el universo no nos aleja del mundo, sino que nos compromete más profundamente con él.

Porque, al final, mirar el cielo, como lo hacía San Ignacio de Loyola, no es solo un acto de admiración, sino una llamada a dejarse tocar por el Creador, a comprender más y servir mejor, cuidando con mayor amor la casa común que habitamos.

@jesuitasmexico

t.ly/JkCxj


[1] Jesuits and the Moon – Vatican Observatory, https://www.vaticanobservatory.org/sacred-space-astronomy/jesuits-and-the-moon/

[2] Integración de redes científicas entre Italia y México: el caso de la astronomía física y la meteorología de los jesuitas, Ángel Secchi, Pedro Spina y Enrique Cappelletti | Historia y Espacio, https://historiayespacio.univalle.edu.co/index.php/historia_y_espacio/article/view/13427/16858

[3] Artemis II Moon Mission ‘a Great Development,’ Vatican Observatory Director Says | National Catholic Register, https://www.ncregister.com/cna/artemis-ii-moon-mission-a-great-development

[4] Space and humanity at a crossroads: A new frontier of the common good, https://www.thecatholictelegraph.com/space-and-humanity-at-a-crossroads-a-new-frontier-of-the-common-good/106294

LEÓN XIV: ‘La resurrección del Señor es nuestra resurrección.’

León XIV enfatizó la resurrección de Cristo como fundamento de la esperanza cristiana. Recordó al papa Francisco quien falleció el Lunes de Pascua del año pasado.

«Así como el Resucitado -siempre vivo y presente- libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro», este fue el centro de la reflexión del papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Coeli de este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua.

Ante unas 8.000 personas que se congregaron en la Plaza de San Pedro, que aún lucía las decoraciones florales enviadas desde los Países Bajos del Domingo de Pascua, en alusión a la vida y resurrección de Cristo, León XIV presentó dos interpretaciones contrastantes del sepulcro vacío. Las mujeres proclamaron el encuentro con Cristo resucitado, mientras que los guardias propagaron una versión diferente. «Para un mismo hecho, el sepulcro vacío, existen dos interpretaciones», dijo el Papa. «Una lleva a la vida, la otra a la muerte».

A partir de ahí, el pontífice amplió su perspectiva para incluir el presente. El contraste entre las narrativas plantea interrogantes sobre la verdad y su comunicación.

«A menudo, la verdad se ve oscurecida por las noticias falsas, como decimos hoy en día; es decir, por mentiras, insinuaciones y sospechas infundadas». Sin embargo, la verdad no permanece oculta: «Sale a nuestro encuentro, vibrante y radiante, e ilumina la oscuridad más profunda».

La resurrección del Señor es nuestra resurrección
El Papa retomó el mandato de Jesús y citó el Evangelio: «Como Jesús les dijo a las mujeres que fueron al sepulcro, hoy nos dice: ¡No tengan miedo! Vayan y cuéntenles a mis hermanos». De ahí extrajo la esencia del mensaje: «La resurrección del Señor es nuestra resurrección, la Pascua de la humanidad».

Cristo, «el Hijo de Dios», entregó su vida. El mensaje de la Pascua libera al futuro «de la muerte».

El Santo Padre centró entonces su atención en las personas necesitadas. La Buena Nueva debe llegar especialmente a aquellos «oprimidos por el mal». Mencionó a los que viven en guerra, a los cristianos perseguidos y a los niños privados del acceso a la educación.

«Proclamar la Resurrección de Cristo con palabras y obras significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo queda sofocada por la violencia», explicó.

«Cuando, por el contrario, la Buena Nueva se proclama en el mundo, disipa toda sombra, en cualquier momento».

Homenaje al papa Francisco
Para concluir, el Papa León rindió homenaje a su predecesor: «A la luz del Resucitado, hoy pensamos con especial afecto en el papa Francisco«, dijo. Francisco «entregó su vida a Dios el Lunes de Pascua del año pasado». León exhortó a los fieles a orar para que puedan «convertirse en proclamadores cada vez más brillantes de la verdad».+

@aica

t.ly/kIRVF