Casa de la bondad: el hóspice que le devuelve la dignidad al final de la vida

Un recorrido por la obra de Fundación Manos Abiertas que acompaña a personas en el final de su vida, sin posibilidad de tratamiento.

Ana vivía en la calle. Cuando llegó al Hóspice Casa de la Bondad, algo tan simple como una pregunta de cocina la dejó sin palabras: «¿Qué quisieras desayunar?». Su respuesta, que el equipo de la casa guarda como una síntesis de todo lo que hacen, resume también el espíritu de esta institución: «Cuando vivía en la calle no tenía qué comer? y acá me preguntan qué quiero desayunar».

El Hóspice nació en 2001, cuando el padre Ángel Rossi SJ -actual cardenal y arzobispo de Córdoba- abrió en esa ciudad un hogar gratuito para personas enfermas en la etapa final de su vida, con especial atención a quienes atraviesan mayores necesidades socioeconómicas.

Años después, un grupo de laicos junto al padre Diego Fares SJ, replicó la iniciativa en Buenos Aires. La llamaron Casa de la Bondad, en referencia a la parábola del buen samaritano. A sus pacientes los llaman «Patroncitos»: en ellos, dicen, cuidan al mismo Cristo.

La obra trabaja en articulación con el sistema público de salud y recibe derivaciones hospitalarias de pacientes -principalmente oncológicos- sin posibilidad de tratamiento curativo. Desde su fundación, el Hóspice acompañó en el tramo final de la vida a 488 personas.

Los números recientes muestran la brecha entre la necesidad y la capacidad de respuesta: en 2025 recibieron 121 pedidos de derivación y lograron ingresar a 44 personas; en lo que va de 2026, de 100 pedidos admitieron a 41. La casa tiene disponibilidad física para ocho camas, pero el presupuesto actual solo alcanza para sostener a seis.

Un día en la Casa
La jornada en el Hóspice empieza temprano, con los voluntarios acercándose a enfermería para conocer las indicaciones del día. Mientras el equipo de salud controla los signos vitales de los pacientes, los voluntarios de cocina reparten algo tan sencillo como significativo: la posibilidad de elegir el propio desayuno.

Siguen los baños, coordinados entre enfermería y voluntariado, y luego el tiempo se abre a lo que cada Patroncito necesite: el jardín, el living, la radio, la lectura, la oración en la capilla, la guitarra, la siesta. «Cuidar no solo es hacer. Muchas veces es ser», resume el equipo.

La fe como sostén del acompañamiento
Para quienes trabajan en el Hóspice, los cuidados paliativos exceden la definición médica de control del dolor: son, según explicaron, una respuesta humana, espiritual y amorosa frente a la fragilidad del otro.

La distinción entre curar y cuidar es, para ellos, el centro de la misión: curar se ocupa de la dimensión biológica de la enfermedad; cuidar es un acto relacional y espiritual que puede restituir la dignidad y la paz interior, incluso cuando el cuerpo no se recupera. Por eso sostienen que es posible «morir sanado».

El acompañamiento espiritual atiende cuatro planos de conexión que suelen emerger en el final de la vida: con uno mismo, con los demás, con lo sagrado y con la naturaleza. El equipo encuentra su modelo en la Virgen al pie de la Cruz, que sostuvo con la mirada a su Hijo sufriente en silencio, y en la figura del Buen Ladrón, a quien describen como consuelo de Jesús en su agonía.

Cuando el paciente es católico y lo desea, se celebra la Palabra con distribución de la Eucaristía junto a la familia. Tras el último suspiro, la cama baja hasta la capilla, frente al Sagrario, donde permanece hasta que la familia pueda despedirse. El nombre de la persona se coloca en la entrada de la casa, con una vela, para que todo el equipo sepa que, en el próximo turno, ya no estará.

Voluntarios de 21 a 95 años
El Hóspice funciona en la actualidad con 162 voluntarios, de entre 21 y 95 años, organizados en áreas de cocina, lavadero, administración y acompañamiento. En 17 años de historia, 979 personas pasaron por su voluntariado. No se pregunta la religión al admitir a un paciente: reciben Patroncitos de todas las creencias, del mismo modo en que el samaritano de la parábola no preguntó de dónde venía el herido.

Lo que sí buscan en quienes se acercan a colaborar son dos condiciones: compasión y una vida espiritual profunda, necesarias para sostener la ecuanimidad frente al misterio de la muerte.

Una brecha que atraviesa el mundo
El equipo del Hóspice interpreta en clave estructural el dato de que, según la Organización Mundial de la Salud, solo el 14% de quienes necesitan cuidados paliativos a nivel global accede a ellos.

Señalan que se trata de un problema multicausal, atravesado por el envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas no oncológicas y, sobre todo, por desigualdades económicas: hay familias, explican, que deben elegir entre comer o pagar un traslado al hospital. «Es como si el cuidado tuviera código postal», resumen.

Sostener la obra
El 85% de los costos del Hóspice corresponde a honorarios de enfermería, que cubre atención las 24 horas los siete días de la semana, y a los médicos especializados en cuidados paliativos. A eso se suman, en ocasiones, gastos de sepelio para familias sin recursos -cercanos al millón de pesos- y asistencia alimentaria discreta a quienes la necesitan.

De cara al mes de los Cuidados Paliativos, el Hóspice invita a sumarse a su Comunidad de Benefactores con aportes mensuales sostenibles, para poder habilitar las dos camas que hoy permanecen sin presupuesto. Quienes deseen colaborar pueden comunicarse al 11 3330-4300.

Lo que deja el acompañamiento
Consultados sobre qué aprendieron acompañando a tantas personas en el final de su vida, desde el equipo resumieron la experiencia en una frase: aprender a velar juntos, en silencio, de la mano, en el instante en que la persona deja su cuerpo.

«Uno no puede más que descalzarse al ser testigo de este misterio», señaló Silvia Nocetti, codirectora del Hóspice. La referente de Espiritualidad y Comunicación, Celeste Arias Álvarez, lo describió como una experiencia que desborda las palabras: «Le doy un beso en la frente y rezo: nos vemos en la Eternidad».+

@AICA | t.ly/supuq

Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026: Incluso uno solo de estos pequeños

El Mensaje del Santo Padre para la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026 está dedicado a los niños migrantes. El tema elegido, «Incluso uno solo de estos pequeños», se inspira en el Evangelio: « El que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe » (Mt 18,5).

El papa León XIV destaca la difícil situación de los niños obligados a huir de sus hogares a causa de la guerra, la pobreza, la violencia, los desastres medioambientales y otras tragedias, una cifra que sigue creciendo a un ritmo alarmante. En el contexto de la migración, los niños y adolescentes se encuentran entre las personas más vulnerables. A menudo sufren enormemente, incluida la pérdida de sus padres y seres queridos, la violencia, la separación y las divisiones familiares provocadas por las deportaciones y los retornos forzosos.

En su Mensaje, el papa León XIV hace un llamamiento a la responsabilidad de todas las personas para acoger, integrar y apoyar a los jóvenes migrantes y refugiados, situando en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente. Nos recuerda que: « No es una cuestión de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos: incluso uno solo. Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es presencia del Señor. Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en el niño, de hecho, podemos acoger y encontrar al Señor.»

Enlace al mensaje completo https://jrs.net/wp-content/uploads/2026/09/20260811-world-migrants-day-2026_es.pdf

UNIDOS POR COLOMBIA. Campaña regional de ayuda

 
A raíz del terremoto de 7,4 grados de magnitud que afectó a Colombia, la Compañía de Jesús, a través del Superior Provincia, P. Hermann Rodríguez,  inició las tareas de relevamiento de daños y respuesta a la emergencia.
 
El mismo 10 de agosto pasado, día del sismo con epicentro en el occidente colombiano, los jesuitas dieron inicio al Protocolo de Ayuda de Emergencia CPAL enfocado en la asistencia humanitaria a víctimas y afectados.
 
Las consecuencias del terremoto afectaron la capacidad de respuesta local requiriendo ayuda solidaria regional. Esto significa aplicar un fondo de emergencia CPAL para asistir con alimentos y elementos de higiene en la etapa aguda de la respuesta.
 
Al mismo tiempo, se solicita el inicio de una campaña de recaudación a nivel continental y contactar cooperantes internacionales para canalizar el apoyo. Los recursos recaudados se ejecutarán bajo el control del Equipo Coordinador (EC) de la Provincia Jesuita colombiana.
 
CÓMO COLABORAR
En nuestros países, Argentina y Uruguay, utilizaremos los mismos canales que promovimos para asistir recientemente en la emergencia de Venezuela.
 
EN ARGENTINA
Banco ICBC
COMPAÑIA DE JESUS
Cuenta CC $ 0917/02103999/40
CBU 0150917902000103999405
Alias
 
 
 
EN URUGUAY
Banco Santander
Titular: Asociación Cultural Dámaso Antonio Larrañaga
Cuenta CC $
0061000004121619
Cuenta CC US$
0061000004121619
Sucursal: 61
Detalle: colombia
 
Unidos en la oración, la solidaridad y la esperanza

La misión es Venezuela, Emergencia 2026

 

Ante la crítica situación que atraviesa el norte de Venezuela tras los devastadores terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 ocurridos el pasado miércoles 24 de junio, la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús ha anunciado su adhesión oficial a la campaña internacional de asistencia humanitaria bajo el lema global: «La misión es Venezuela. Emergencia 2026».

La respuesta se enmarca dentro de la activación del Protocolo para la Atención de Emergencias (PAE) de la Conferencia de Provinciales en América Latina y el Caribe (CPAL). El presidente de la CPAL, P. Rafael Garrido, S.J., junto a la Red Claver de Oficinas de Desarrollo, coordinó la movilización de un aporte inicial de contingencia y la articulación de las diferentes provincias del continente para actuar como un solo cuerpo apostólico.

La Compañía de Jesús, presente en toda la región, lanzó la campaña “*La misión es Venezuela, emergencia 2026*” para colaborar con los afectados por los terremotos del pasado 24/6 en ese país.

Comunidades y obras jesuitas de toda América Latina y CPAL coordinan las ayudas para hacer llegar nuestro apoyo, espiritual y material, a los territorios afectados.

Pedimos al Señor que nos conceda lucidez, esperanza y disponibilidad para servir allí donde la vida se encuentra más amenazada

Suma tu colaboración a través de la cuenta bancaria

EN ARGENTINA
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EN URUGUAY
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Titular: Asociación Cultural Dámaso Antonio Larrañaga
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Cuenta CC US$
0061000004121619
Sucursal: 61
Detalle: Venezuela

 

#EMERGENCIA2026

Julio 1767: Expulsión de los jesuitas de la Provincia Paraquarensis

 

La Provincia Paraquarensis fue segregada de la de Perú en 1604, con los territorios de los Estados actuales de Paraguay, Argentina, Uruguay, parte de Bolivia, y, temporalmente, Chile. Uno de los ministerios más sobresalientes en esta Provincia fueron las reducciones de guaraníes, una red de treinta pueblos, con 150.000 personas, iniciada con permiso especial del Superior General, porque contravenía las Constituciones de la Compañía de Jesús. Consiguieron mantenerlos aislados de otras influencias y realizaron una socialización y evangelización ejemplar, con una orientación comunitaria, conservando su lengua y otros elementos de su cultura. Pero despertaron muchos recelos y envidias, que generaron el mito de un imperio riquísimo independiente de las autoridades españolas, y se convirtieron en el principio del fin (temporal) de los jesuitas.

En un ambiente políticamente hostil a los jesuitas, el rey Carlos III de España, por razones que guardó “en su real pecho”, “extrañó” a los jesuitas, lo que suponía la pérdida de la nacionalidad, con la consecuente expulsión y ocupación de sus propiedades. En España se ejecutó del 1 al 3 de abril de 1767, de modo coordinado y por sorpresa en todas las ciudades. Las órdenes llegaron a Buenos Aires (Argentina) el 7 de junio de 1767, y se ejecutaron a lo largo del mes de julio. El modo habitual fue llamar de madrugada, buscando algún pretexto como la confesión de un moribundo, y una vez que las puertas se flanquearon eran convocados los jesuitas, se les intimaba el decreto y se les tomaba la filiación, quedando, desde entonces, como prisioneros en su misma casa hasta el momento del embarque. En total, salieron unos 450 jesuitas de la provincia de Paraguay, sobre unos 2.500 de Sudamérica, cifra similar a la de España. Además, las autoridades tuvieron que expulsar a una expedición recién llegada con 80 jesuitas, que había zarpado de Cádiz (España) el 11 de enero de 1767.

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Plano de la reducción de Candelaria, 1767.

Las reducciones permanecieron un año más, pues estaban más aisladas y había que buscar los reemplazos. Siguiéndolas instrucciones reales, el provincial escribió una carta para que los jesuitas se sometieran al mandato de la expulsión y el gobernador alejó a los caciques llevándolos a Buenos Aires. El propio gobernador fue a las reducciones con 1.500 soldados junto con los misioneros de reemplazo, de modo que el 22 de agosto de 1768 no quedaba ningún jesuita, que, por los ríos Paraná y Uruguay, fueron conducidos a la Casa de Ejercicios de Buenos Aires, para ser embarcados entre 1 de noviembre y el 8 de diciembre de 1768. Llegados a El Puerto de Santa María (Cádiz) a mediados de abril de 1769, los jesuitas europeos pudieron volver a su patria, mientras que los restantes pasaron directamente a Faenza (Italia), entonces en los Estados Pontificios. Allí recibieron el golpe mortal de la supresión pontificia en 1773, derogada por la restauración de Pío VII en 1814.

 

Por Wenceslao Soto Artuñedo, SJ | Archivum Romanum Societatis Iesu (ARSI)

@JESUITSGLOBAL | t.ly/Kz-DJ

Magnífica Humanidad

Si creemos que la dignidad humana para todos es el mayor bien común, ¿cómo debemos orientar el desarrollo de tecnologías que puedan ignorar o menospreciar esa dignidad?

Esta es la pregunta que constituye la base de Magnifica Humanitas (“Magnífica Humanidad”), la primera encíclica del Papa León XIV. Firmada el 15 de mayo de 2026 y publicada oficialmente el 25 de mayo de 2026, el documento no es solo una “encíclica sobre la IA”, sino una aplicación de la suma de la doctrina social católica a los retos que plantean los avances tecnológicos actuales.

La encíclica comienza con lo que, para la sociedad actual, es una afirmación audaz: hay una dignidad importante, hermosa… INESTIMABLE en la persona humana. Cada generación elige entre moldear su época para que se convierta en un lugar donde esa dignidad se preserve y se cultive, obien se propone construir la próxima Torre de Babel, renunciando a la dignidad en favor de la construcción de un mundo que ve a los seres humanos como mercancías desechables.

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La elección entre estos dos modelos recorre toda la encíclica a medida que el Papa León repasa la doctrina social de la Iglesia: desde Rerum Novarum, pasando por el Concilio Vaticano II, hasta Laudato si’ y Fratelli tutti. De cada documento, el Santo Padre extrae la tradición eclesiástica de larga data de reconocer la dignidad humana inviolable e inalienable: la necesidad de estar en RELACIÓN con los demás, el valor intrínseco del trabajo y la creatividad humana, Y –lo que es importante– el hecho de que el “crecimiento” o el “desarrollo” no pueden reducirse únicamente a la ganancia material, financiera o económica, sino que deben involucrar al hombre entero y a todo hombre.

Aunque deja claro que la fe NO se opone a la tecnología, el Papa León subraya la necesidad de orientar esa tecnología hacia el bien común. Si bien el Santo Padre se preocupa por detallar los peligros de la IA en todos los ámbitos, desde el periodismo hasta la guerra, también destaca cómo la tecnología puede conectar en lugar de dividir, enseñar en lugar de desinformar y potenciar la dignidad humana en lugar de mercantilizar el trabajo humano.

Las intervenciones de los ponentes en el acto de presentación en el Vaticano dejaron claro que esta encíclica es el punto de partida de un debate continuo. Aboga por una mayor transparencia en el desarrollo de la tecnología y, de manera implícita, propone una respuesta pastoral que enseñe habilidades de razonamiento crítico, que serán esenciales en un mundo lleno de desinformación generada por la IA.

En palabras del Santo Padre: “Encomiendo este deseo a la Madre de Cristo, a la mujer del Magníficat, para que acompañe nuestros pasos en el presente que cambia y custodie en cada uno de nosotros la confianza en el Evangelio, de modo que podamos testimoniar la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios.” (Magnifica Humanitas 245)

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@jesuitsglobal | t.ly/duDvy

LA ENCÍCLICA DE LEÓN XIV: LA IA SIRVA A LA HUMANIDAD, NO AL PODER DE POCOS

Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano

«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).

Enlace al documento completo t.ly/_TzEF

@vativannews

Entre samaritanos y apaleadores

Omar ha pasado la noche a la intemperie. El padre Fabio lo encuentra todo sucio, roto por fuera y por dentro, en la puerta del Hogar. Quiere ingresar al Hogar de Cristo, su última esperanza, dice; la droga lo está arruinando, lo ha arruinado ya, pero él quiere salir, quiere recuperarse, darse otra oportunidad. Y el Hogar se la brinda, a él y a muchos otros “omares” que han caído, que la vida los ha golpeado duramente, la vida y decisiones equivocadas, esas que los atormentan por las noches cuando empiezan a sentir con el corazón -ya sobrios-, y se dan cuenta de que eso que duele, eso que les pasó o que hicieron sufrir es lo que quieren tapar con la droga.

Y en su proceso van tratando de despertar alejados por un tiempo de una sociedad de consumo, que banaliza lo que importa y endiosa mucho de lo que daña. “Si vuelvo a mi barrio voy a volver a lo mismo”, dice uno de ellos, y es verdad porque en su barrio, en su entorno parece que la única salida está en la droga. Es verdad que hay mucha gente que trabaja y que sale adelante; es más, algunos de los que nunca han caído en la droga los señalan y los acusan: “vos te drogás porque querés”, le dijo un señor a Cesar uno de los muchachos que iba tratando de promover la presencia del Hogar de Cristo en el barrio. “A vos nadie te obligó a drogarte”, insiste este ex gendarme. Y en un punto tiene razón, pero a la vez está profundamente equivocado, cada historia es un mundo diferente, las desventajas de la vida, los errores ajenos no siempre se pueden tolerar, no siempre existen los sostenes necesarios…

«…cada historia es un mundo diferente, las desventajas de la vida, los errores ajenos no siempre se pueden tolerar, no siempre existen los sostenes necesarios…»

El apaleador narco tiene otra billetera, se sabe dónde vive, pero no los tocan, y se sabe que el dinero no viene del barrio, que son otros los que trafican grande, otros los que cobran para mirar para otra parte, otros son los que gestionan el transporte y la logística y otros de guante blanco los que lavan los ingresos

Como en la antigua parábola del Buen Samaritano, contada por Jesús, los apaleados son ignorados por muchos, pero hay quienes se acercan, se compadecen y vendan las heridas, son voluntarios de buen corazón que ayudan a ponerse de pie, hay también posaderos que, como en la parábola, dan tiempo y acompañamiento en los centros de rehabilitación del apaleado para que vuelva a retomar su camino. Pero, como en la parábola también están los apaleadores, que no son sólo los que señalan con el dedo, ni los que venden la droga en el barrio. Son los narcotraficantes y sus socios.

El narcotráfico es ese negocio en el que todos lucran menos el que consume. Jorge Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires, afirmaba que había que ponerse “la patria al hombro” como hizo el buen samaritano con el apaleado, pero que no podía ser que el sistema excluye y crea apaleados para que los atienda Cáritas y las demás organizaciones e iglesias, para que -una vez puestos de pie- el sistema los vuelva a apalear. Él hablaba de la exclusión y la pobreza, pero con el problema de la droga sucede algo semejante: los Hogares de Cristo y los demás dispositivos de las diversas iglesias y organizaciones, tratan de auxiliar a los caídos: como buenos samaritanos y posaderos, dan acogida y ternura en los corrales del resentimiento y la violencia; se generan además espacios de prevención con los clubes barriales, las capillas, las escuelas… pero el apaleador narco viene de otra parte, tiene otra billetera, se sabe dónde vive, pero no los tocan, y se sabe que el dinero no viene del barrio, que son otros los que trafican grande, otros los que cobran para mirar para otra parte, otros son los que gestionan el transporte y la logística y otros de guante blanco los que lavan los ingresos. Y Omar y Cesar al final del recorrido, arruinados y queriendo levantarse, y para peor, señalados con el dedo como los culpables.

«El narcotráfico es ese negocio en el que todos lucran menos el que consume.»

¿Por qué no se puede combatir efectivamente el narco? ¿Qué oscuras tramas hay que impiden resolver lo evidente?

Omar va recuperándose, César ya está en la última fase de su proceso. El padre Fabio sigue dándole con todo para ayudar, y un montón de voluntarios y voluntarias le ponen corazón, con alguna ayuda de los gobiernos (ayuda que se agradece y que es un deber), algo se va haciendo, como realidad y como signo de esperanza; pero siguen llegando las cuatro por cuatro al barrio, con sustancia provista por otros que la han traído de fuera, y han pagado “el peaje”, y tienen cuentas turbias…

Mientras los buenos samaritanos siguen ayudando a sanar a los apaleados y los posaderos los cuidan con amor y profunda esperanza ¿será mucho pedir que los que tienen el poder metan presos a los apaleadores?

Por Rafael Velasco sj

* El autor es Superior de los Jesuitas de San Miguel

(este contenido fue publicado como columna de opinión en el diario La Nación)t.ly/8Pgb_

ACOMPAÑAMIENTO EN TIEMPOS DE CRISIS: MANTENER VIVA LA ESPERANZA

A medida que se acerca la Navidad, recordamos una historia que comenzó en la vulnerabilidad: la de una joven familia que buscaba refugio, no encontró un lugar donde descansar y, dio la bienvenida a una nueva vida en el entorno más sencillo. El nacimiento de Jesús fue, en muchos sentidos, una historia de desplazamiento: un niño nacido lejos de su hogar, cuya familia pronto huiría de la violencia y se convertiría en refugiada.

Esta temporada nos invita a volver a ese humilde comienzo y redescubrir la luz que entró al mundo no en la comodidad, sino en la incertidumbre; no en el privilegio, sino en la pobreza y la fe. El Adviento nos llama a vigilar y esperar, y a alimentar la esperanza incluso en medio de la oscuridad.

El nacimiento de Jesús fue, en muchos sentidos, una historia de desplazamiento…

Hoy, este llamado se siente más urgente que nunca. En todo el mundo, millones de familias están desplazadas debido a conflictos, persecuciones y desastres. Comunidades que ya han sufrido tanto siguen enfrentándose a nuevas crisis: desde guerras y tensiones políticas hasta los efectos del cambio climático y el aumento del costo de vida. Sin embargo, justo cuando las necesidades crecen, somos testigos de una erosión de la solidaridad. Los gobiernos cierran fronteras y los corazones se endurecen. La compasión, antes vista como una fortaleza, a menudo se rechaza como ingenuidad.

Y, no obstante, en medio de estos desafíos, la gracia sigue manifestándose. En todo el mundo, donde acompañamos a los refugiados en los campos, las escuelas y los centros comunitarios, en el Servicio Jesuita a Refugiados vemos cómo la esperanza sigue naciendo a través de pequeños gestos de valentía y cuidado: un maestro asegurándose de que los niños puedan seguir aprendiendo, una comunidad que acoge con amabilidad los extraños, y un refugiado voluntario acompañando a otros recién llegados.

Este es el corazón del acompañamiento: caminar juntos y negarse a dejar que el sufrimiento tenga la última palabra. Es un acto diario de fe en la bondad que aún habita en la humanidad y un reconocimiento de que, juntos, podemos construir comunidades de esperanza y resiliencia incluso en las circunstancias más difíciles.

Mientras celebramos la venida de Cristo, que sepamos reconocer Su presencia en cada persona que busca seguridad, dignidad y paz. Que la luz de la Navidad suavice nuestros corazones y renueve nuestro compromiso con aquellos que están en movimiento.

Mientras celebramos la venida de Cristo, que sepamos reconocer Su presencia en cada persona que busca seguridad, dignidad y paz.

Cada gesto de compasión y solidaridad nos ayuda a continuar acompañando a los refugiados en todo el mundo. Juntos, podemos mantener viva la esperanza donde es más frágil.

Este Adviento, abramos nuestras puertas como los posaderos que dicen “sí” para dar la bienvenida, y abramos nuestros corazones como compañeros que caminan en fe y amor.

Por Eric Goeh-Akue, SJ | JRS – Servicio Jesuita a Refugiados

@jesuits.global | t.ly/Gyjpy

“Migrantes, misioneros de esperanza” | Jubileo de los migrantes

En este Año Jubilar dedicado a los Peregrinos de Esperanza, el JRS te invita a acoger a las personas refugiadas y migrantes.

El fin de semana del 4 y 5 de octubre de 2025, la Iglesia celebrará en Roma el Jubileo de los migrantes en presencia del Papa León XIV. Serán dos días de encuentros, actividades y oraciones en honor a nuestros hermanos y hermanas en camino.

Ese mismo fin de semana, como parte del Jubileo de los migrantes, se celebrará la 111ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR) con el lema: Migrantes, misioneros de esperanza.

En su mensaje, el Papa León XIV nos recuerda que, en un mundo herido por la guerra, la injusticia y las crisis climáticas, las personas migrantes, refugiadas y desplazadas son testigos privilegiados de la esperanza. Lo muestran cada día «a través de su confianza en Dios y su resistencia a las adversidades con vistas a un futuro en el que vislumbran la llegada de la felicidad y el desarrollo humano integral”.

El Papa también reconoce a los migrantes como misioneros de esperanza, capaces de revitalizar la espiritualidad de quienes los acogen. Al mismo tiempo, las comunidades de acogida pueden ser testimonio vivo de esperanza reconociendo a los migrantes “como hermanos y hermanas, parte de una familia en la que pueden expresar sus talentos y participar plenamente en la vida comunitaria”.

En un mundo que da la espalda a las personas refugiadas, no tengas miedo de ser diferente y marcar la diferencia. Hoy, elige proteger a las personas refugiadas e incluirlas en tu comunidad.