Card. Czerny SJ: «Conferencia Eclesial de la Amazonía es un ámbito de sinodalización»

El prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, recordó que el objetivo de la reunión de la Conferencia Eclesial de la Amazonía es lograr que las voces de los obispos sean acogidas, escuchadas y consideradas: “representan las vocaciones dentro del pueblo de Dios”.

¿Cómo la CEAMA puede ayudar de manera concreta y efectiva a los obispos y Vicarios de la Amazonía? ¿Cómo puede ayudar a la Iglesias locales a enfrentar los principales desafíos pastorales? ¿Qué funciones están llamadas a cumplir las conferencias episcopales que sean relevantes y necesarias para la Ceama?, cuestiones que el cardenal Michael Czerny SJ planteó en la sesión inaugural del Encuentro de Obispos de la Amazonía previsto del 17 al 20 de agosto en Bogotá.

El prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, recordó que justamente ese es el objetivo de la reunión, lograr que las voces de los obispos de la Amazonía sean acogidas, escuchadas y consideradas, que la CEAMA redefina su trayectoria, relanzando, acompañando y ayudando a las Iglesias locales a realizar su misión.

Para el prelado, la creación de la CEAMA representa un nuevo ámbito de sinodalización que la Iglesia Latinoamericana ofrece a la Iglesia toda, la Iglesia universal. Es por eso, que, a la luz del sínodo de la sinodalidad, se hace necesario continuar con su proceso de profundización y maduración en el marco de la actual fase de recepción del Concilio Vaticano II.

Pastoral compartida e inculturada

Trayendo a la memoria el nacimiento de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, se refirió al proceso como un verdadero milagro. El purpurado destacó su existencia como una respuesta al llamado que hiciera en su momento el camino sinodal de la Amazonía: «crear una red de comunicación eclesial amazónica, que comprenda los diversos medios utilizados por las Iglesias particulares y otros organismos eclesiales. Una estructura que se pensó como una forma encarnada de llevar adelante la organización eclesial».

Desde esa perspectiva, Czerny aseguró que su misión establece una relación directa con una pastoral compartida e inculturada que debe promoverse entre las diócesis amazónicas como años atrás lo plantearon los obispos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño en Aparecida.

De los acontecimientos que marcaron el nacimiento de la CEAMA, han pasado cinco años y el cardenal Czerny destaca los esfuerzos de ese «brote que creció, se desarrolló y ahora comienza a conocerse a sí mismo, reconociendo su vocación y misión». Una oportunidad que según dijo, invita a felicitar al organismo por esta primera Asamblea de Obispos de la Amazonía.

Una reunión cuyo propósito es agradecer por todo ello y al mismo tiempo «profundizar en su llamado, redescubrir su vocación y misión de manera más madura para reimpulsar una nueva etapa en su caminar».

Una Iglesia de ministerios y carismas

Al respecto, el cardenal profundizó en la novedad del organismo eclesial a partir del significado de la sigla que le da su nombre: CEAMA. Una «Conferencia» y «eclesial», dijo el obispo canadiense, explicando que esta última palabra es de gran importancia porque se refiere a su carácter especial entre las instituciones de Iglesia.

«Significa que sus miembros y participantes no solo son obispos, sino que representan las vocaciones dentro del pueblo de Dios, los ordenados, consagrados, laicos y representantes de los catequistas y lectores. Una Iglesia no solo de ministerios sino también de carismas», a lo que se agrega la participación de organismos regionales como Cáritas, CLAR, REPAM, representantes de los pueblos originarios, expertos y el mismo Papa.

Una dimensión eclesial y sinodal que hace concreto el deseo de los obispos en Aparecida, respecto a la participación de los laicos y la importancia del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y ejecución de la vida y misión de toda la Iglesia.

«La CEAMA no puede ser menos episcopal que una conferencia ordinaria y típica, por el contrario, de acuerdo con el concilio y el sínodo debe mantener su carácter episcopal, ha de fortalecerlo y madurarlo a la luz de la sinodalidad, porque de acuerdo con el sínodo de los obispos, la sinodalidad es el marco interpretativo más adecuado para comprender el ministerio jerárquico», comentó.

Un lugar teológico

Igualmente aseguró que la tercera palabra de la sigla CEAMA es «Amazonía», y es la que designa una realidad vasta; aquí existe el riesgo de convertirse en una abstracción.

La palabra «Iglesia» también puede volverse abstracta si su centro de gravedad no está en la Iglesia local, -advierte- es decir es una porción del Pueblo de Dios que bien afirma Querida Amazonía “reconfigura su propia identidad en escucha y diálogo con las personas realidades e historias de su territorio”.

En esta línea el cardenal insistió en que a este análisis se han de agregar dos palabras: «pastoral y territorial», esto para superar la concepción de la Amazonía como un lugar geográfico y entenderla como un lugar donde se vive la presencia y revelación de Dios.

Los creyentes encontramos en la Amazonia un lugar teológico, es decir, un lugar de sentido para la fe o la experiencia de Dios en la historia. “El territorio es un lugar teológico desde donde se vive la fe, es también una fuente peculiar de revelación de Dios”.

Reflexiones que, desde el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, invitan a reflexionar sobre el ser y quehacer de la CEAMA frente a lo que dijo conviene analizar que una «conferencia» —sea episcopal como eclesial— no está concebida solo para “hacer”, sino para coordinar, articular y facilitar.

Obispos de la Amazonía inauguran su inédita asamblea con la misa de la creación de León XIV

Ha comenzado la inédita asamblea de obispos de la Amazonía en la sede del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), en Bogotá, con la misa por la custodia de la creación, aprobada por León XIV el 9 de julio.

La nueva celebración litúrgica, incluida en el misal romano dentro de las celebraciones “pro variis necessitatibus vel ad diversa” – para diversas necesidades y ocasiones – fue celebrada por el cardenal Leonardo Steiner, arzobispo de Manaos (Brasil).

Antes de la misa, los 83 prelados, de 76 jurisdicciones eclesiales de nueve países de la cuenca amazónica, participaron en una ceremonia simbólica de imposición de cruces pectorales “en madera” hechas con árboles quemados en los incendios de la Chiquitanía boliviana.

Cruces de la Chiquitania

Seguir a Jesús

El cardenal Steiner, basándose en la parábola del joven rico, invitó a sus hermanos obispos y demás invitados especiales a asumir los mandamientos no como imposiciones, sino como “iluminaciones del camino a recorrer y que ha de conducir a la madurez de la fe cristiana”.

“Seguir a Jesús tiene la fuerza de una ruptura, de un salto existencial inigualable: morir a uno mismo para vivir con Cristo”, apuntó.

Por eso, seguir a Jesús es un camino exigente, de disponibilidad y desprendimiento, porque “la eternidad nos enseña que salvar es perder; perder tiene que ver con salvar”.

Pidió a las Iglesias amazónicas “a asumir con valentía y entereza el llamado de Jesús”, manifestada “en la solidaridad con los pobres y en la construcción de comunidades más libres y fraternas”.

“Un corazón generoso, libre, compasivo y misericordioso es un camino que conduce a la vida eterna”, puntualizó, conectando la reflexión del Evangelio y el propósito de este encuentro con el proceso del camino sinodal que vive la Iglesia en la región.

Signos de esperanza

Sinodalidad, cuidado de los pueblos y de la casa común. Bajo estos dos ejes, el tren directivo de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, encabezado por su presidente, el cardenal Pedro Barreto, obispo emérito de Huancayo (Perú).

“Somos llamados a convertir los signos de los tiempos en signos de esperanza. Somos peregrinos de esperanza en la Amazonía”, ha dicho el cardenal.

Un camino sinodal que arrancó en 2014 cuando crearon la Red Eclesial Panamazónica (Repam), siendo él presidente del antiguo Departamento de Justicia y Solidaridad del Celam.

Mientras que Zenildo Lima, obispo auxiliar de Manaos y vicepresidente de la Ceama, pidió a sus colegas “vivir este encuentro como fraternidad en Cristo, puesto que hemos sido llamados a una experiencia de encuentro entre nosotros para fortalecer nuestra amistad en Jesús”.

Mauricio López, también vicepresidente, se siente esperanzado, “el pueblo no es pueblo sin pastor, ni el pastor es pastor sin pueblo” y Laura Vicuña, religiosa catequista franciscana y vicepresidenta señaló que “los nuevos caminos de la Iglesia en la Amazonía pasan por la inculturación de la Buena Noticia”.

La asamblea culminará este 20 de agosto; durante los días de trabajo aplicarán la conversación en el Espíritu. Este encuentro de sólo obispos amazónicos es la antesala para una próxima asamblea eclesial de la Amazonía.

Los prelados, apoyados en sus equipos de trabajo, involucrar a su clero, laicado y vida religiosa a concretar la sinodalidad.

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La violencia expresada en los espacios

Dedico este artículo a mi amigo José Ignacio González Faus, segura de que lo apreciaría. Su mirada, a través de sus escritos, contribuyó a confirmar la mía dándole un sustento teológico. ¡Gracias!


Al leer el título, seguramente acuden a vosotros imágenes de ciudades convertidas en escombros por las bombas, calles imposibles de transitar por esa destrucción evidente; niños y adultos moviéndose en harapos entre esos escombros de lo que fuera un templo, un lugar sagrado, la casa de sus vecinos o el propio hogar, donde quedaron sepultados pertenencias, objetos queridos y sueños.

O ante el título podéis ver riñas callejeras, violencia en el tránsito, oír gritos destemplados en la noche; en fin, pensar en lugares «peligrosos», en barrios y áreas rojas de nuestras ciudades por donde por seguridad hemos de evitar circular. También recordaréis imágenes ya cotidianas de plazas y calles de nuestras ciudades donde moran cada vez más personas, los «sin techo». En muchos espacios públicos a toda hora del día se ven esos bultos grises, las pertenencias de quienes duermen casi todo el día en las veredas. Los transeúntes pasan raudos por esa geografía con cierto temor; acaso ven la basura y aspiran los olores, pero también, al fin, la vista y el olfato se anestesian y ya no se perciben. Donde hay refugios nocturnos, esas personas acampan esperado horas antes de entrar, o a la mañana, cuando cierran y deben salir, se quedan sentados ocupando toda la cuadra. Algunos se dirigen a sus lugares en los semáforos procurando monedas. Se trata de otro espacio que expresa la violencia en esta sociedad.

Todas las citadas son imágenes de los «sobrantes» de esta sociedad, tal como lo eran aquellos espectros a la vera de los caminos en tiempos de Jesús: viudas, leprosos y mendigos. O los que esperaban en las plazas a ser contratados para un trabajo zafral (Mt 20,7).

Sin embargo, me referiré a otras formas de violencia normalizada en nuestras ciudades, esa arquitectura que expresa la violencia temida y provocada: muros y rejas por doquier —a veces enrejados muy elegantes, otras torpes que afean los espacios, muchos electrificados…— que, sean como sean, significan un límite, un «detente, aquí no puedes entrar», «aléjate de aquí, paria».

En contraste, en nuestras ciudades vemos numerosos rascacielos, generalmente de las multinacionales, con vidrios espejados que reflejan el cielo y multiplican el sol, y que impiden ver hacia adentro. Tras la aparente belleza hay violencia, separación, distancia.

También son parte de la arquitectura actual las casas de grandes dimensiones, con jardines diseñados por paisajistas, con amplios espacios muy iluminados, buenos muebles y rica decoración, que se exponen a la vista de todos. Simbólicamente, se imponen como expresión de bonanza económica, que en nuestra cultura se identifica con felicidad.

En ambos casos nos encontramos ante formas de violencia; formas diferentes, sí, pero violentas al fin y al cabo, pues gritan: «esto es espacio de gran poder, privado y secreto», «todo esto es mío, envidia mi suerte», «tú no eres nadie, no vales nada» (quizá esta última afirmación suene temeraria. Quiero subrayar que no es lo mismo sentirse creatura pequeña y frágil ante la inmensidad del mar o la altura de una montaña que ante la arquitectura creada por otros humanos).

Me detengo en particular en un ejemplo de asimetría espacial que expresa violencia, aunque de tan normalizada a muchos no asombra y menos indigna: las dependencias del personal de servicio. Las grandes mansiones tienen separadas las áreas de la familia de las de la servidumbre, pero en casas de clase media donde hay una sola persona —en general mujer— que hace las tareas de servicio, ¿habéis notado las dimensiones de su habitación? Apenas cabe una cama o un sillón que se convierte a la noche en cama y ocupa todo el espacio, y un mini mueble para su uniforme y su muda de domingo —si es que sale los domingos—. La habitación, mucho más pequeña que la cocina, se ubica junto o al final de la misma y, si tiene una ventana —pequeña—, da al lavadero.

El mismo arquitecto que diseñó el comedor para muchos invitados, el living vidriado y las habitaciones luminosas y con buenas vistas, diseñó ese recinto minúsculo para la persona que mantendrá la casa limpia, cocinará, planchará… Se diseña no solo el metraje sino el lugar y la orientación de las aberturas: la puerta a la cocina, la ventana al lavadero. El espacio «ubica» a la persona, le recuerda qué lugar ocupa y cuál es su función. Además, si la persona no tiene formación y comunidad que le ayude a pensar y a distanciarse críticamente del rol, el espacio puede llegar a identificarla. Análogamente a quien vive entre la basura y acaba sintiéndose tal, esta persona que trabaja —ojalá que en regla y bien pagada— no se percibe señora sino «sirvienta».

Nunca presencié directamente, pero tengo buenas referencias por relatos y por documentales de la arquitectura —si puede llamarse así— también disímil de las estancias o haciendas y los galpones de la peonada (supongo que es igual en todos los continentes; mi conocimiento se refiere a Latinoamérica, desde México a Argentina, pasando por el enorme Brasil). Los cascos de estancia sólidos, amplios, con los mejores materiales disponibles en cada época y renovados con los cambios culturales, contrastan hasta lo inexcusable con «las habitaciones» de los trabajadores rurales. Filmaciones documentales que han podido tomarse muestran enormes galpones sin muebles ni separaciones, con hamacas, literas o directamente jergones en el piso donde duermen los numerosos peones, sin intimidad, sanos y enfermos, adolescentes y adultos (niños también). Obviamente, sin luz eléctrica. Estos espacios suelen ser de terrón y paja o de madera y chapas, materiales fáciles de ser destruidos por un incendio o inundados por las lluvias.

Me diréis que siempre ha sido así: lo vemos en la arquitectura —que nunca es inocente— medieval, con sus castillos en lo alto fortificados y las elevadas torres de los templos que contrastan con los pueblos construidos a su alrededor. En ambos casos se buscaban justificaciones: la defensa, en el caso de los castillos; la gloria de Dios, en el caso de los templos. Después, los enormes palacios con decenas o cientos de habitaciones para competir entre reinos y cortes, para invitar a huéspedes a fastuosas fiestas.

No niego la belleza y el valor arquitectónico de tantos museos, iglesias y palacios que visitamos admirados como turistas. Aprendemos estilos, gustamos el arte, nos maravillamos ante la creatividad y el dominio de las leyes físicas. Goza la mirada ante su belleza, pero como cristianos no deja de interpelarnos —claro que, hoy, las catedrales más visitadas son los centros comerciales, todos semejantes, todos con el mismo perfume y música, todos «moles» sin arte auténtico—.

Este artículo ha pretendido ilustrar con ejemplos concretos la violencia asimilada como normal, aquella que va más allá de bombas y crímenes, más fáciles de repudiar. Es la violencia de las diferencias que establecemos unos con otros, esa que tanto le preocupaba a Chalo. A su memoria dedico este artículo y le pido: «ayúdanos a ser lúcidos y valientes: lúcidos para ver, valientes para no callar».

Rosa Ramos

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SJ | ¿CÓMO SE ELIGEN LOS SUPERIORES MAYORES?

Los Superiores Mayores elegidos para hacerse cargo de partes importantes de la Compañía de Jesús, como una Provincia, una Región o una Conferencia, forman parte fundamental del gobierno de la Compañía. Todo jesuita cuenta con un Superior Mayor que asigna recursos, lo envía en misión y toma decisiones importantes sobre su trabajo y sobre cómo se expresa el carisma de Ignacio a través de su vida. Por eso mismo, la selección de un Superior Mayor no es tarea fácil. Es un proceso muy pensado y con un fundamento espiritual en el que participan todos, desde los jesuitas de las diversas comunidades hasta el Padre General en Roma.

La selección de un Superior Mayor pone mucho énfasis en el discernimiento y la consulta, y se atiene al “modo de proceder” de la Compañía. El proceso suele comenzar con un período de consulta entre los jesuitas de esa concreta Provincia o Región. Se pide a los miembros una reflexión orante sobre las necesidades de sus comunidades y que sugieran las cualidades imprescindibles para satisfacerlas. Esta consulta es confidencial y pretende recabar opiniones sinceras y meditadas. Refleja el principio ignaciano del discernimiento, que anima a aportar la propia opinión guiada por el Espíritu Santo, y no por consideraciones políticas o preferencias personales.

A partir de esta consulta, una lista de tres candidatos, conocida como “terna”, es elaborada por el Provincial (o el Superior Regional) y sus consejeros. La terna está formada por personas consideradas espiritualmente maduras, capaces de ejercer el liderazgo, hondamente comprometidas con la misión de la Compañía y que posean las cualidades oportunas para dar solución a las necesidades de las comunidades de la Provincia, Región o Conferencia.

La terna se envía a la Curia de Roma, donde es analizada por el Superior General – actualmente el P. Arturo Sosa – y sus consejeros. El Padre General puede elegir un nombre de la terna, solicitar una nueva terna con nombres diferentes o elegir otro nombre que no figure en la terna. Finalmente, tras someterlo al discernimiento y consejo de sus Asistentes Regionales, el Superior General toma la decisión definitiva tras haberlo meditado y orado en profundidad.

Una vez nombrado, el nuevo Superior Mayor, éste suele ejercer su cargo durante un mandato de seis años. Durante este tiempo se le confía el cuidado de las comunidades, y los ministerios y obras de la Compañía en su territorio. Todo este proceso pretende reflejar el énfasis que pone la Compañía en la obediencia, el discernimiento espiritual y el liderazgo centrado en la misión, siguiendo los principios de subsidiariedad. Con este proceso de selección, basado en la consulta y la oración, la Compañía pretende garantizar que sus líderes sean capaces de estar en sintonía con las necesidades espirituales más profundas de aquellos a quienes sirven.

Encuentro de Superiores Mayores 2025

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CVX en Uruguay, una comunidad renovada

La Comunidad Nacional de CVX en Uruguay acompañó, en el día de Pentecostés, a 9 integrantes que proclamaron su Compromiso Permanente con el estilo de vida, comunitario y apostólico de la CVX. Junto con ellos, otros 4 también profesaron su Compromiso Temporal, como signo de gratitud y de respuesta a la llamada del Señor a seguirle y colaborar en Su misión.

Expresan así, una manera de ser cristianos que ha hecho carne en ellos, a lo largo de un camino iniciado en la comunidad local y que se reconoce llamada a la respuesta fiel, comprometida y generosa. Pronuncian sus compromisos en esta comunidad que conocen y aman: pecadora y sin embargo llamada por el Señor. Y lo hacen para seguir creciendo en esta vocación común de ‘peregrinos en esperanza’, colaboradores en el trabajo por la reconciliación y justicia.

Quieren, de este modo, poner por obra la vocación apostólica y concreta, integrándose como un cuerpo para la misión, enviados al estilo de los apóstoles, con un estilo de vida austero y profético. Lo hacen para explicitar el deseo de buscar y hallar la voluntad de Dios en sus vidas, según el carisma ignaciano, para seguir respondiendo a una humanidad sufriente que clama por justicia, paz, bien y verdad.

En la celebración, junto a más de un centenar de integrantes de nuestra comunidad nacional, reafirmaron su identidad y pertenencia a una iglesia local en la que confían y están dispuestos a servir. Como compañeros de camino, al estilo de Emaús, sienten arder su corazón haciendo memoria agradecida de la presencia del resucitado en sus vidas.

El proceso, (el detalle se puede ver AQUÍ) iniciado en sus respectivos grupos de vida, contó con una preparación paciente y delicada. Acompañados por la propia comunidad, compartieron un proceso profundización en la identidad y vocación CVX a lo largo de todo el tiempo pascual. En los respectivos encuentros se nutrieron de contenidos formativos y el compartir en conversación espiritual fue alimentando ese fuego interior del Espíritu en cada persona.

En este tiempo, fueron compartiendo con sus respectivos grupos de vida y pudieron dejarse acompañar por testigos espirituales que también los confrontaron, enriqueciendo el discernimiento con una mirada fraterna y cercana. La comunidad toda se enriquece en este camino y el Espíritu también va tocando otros corazones para responder a Su llamada.

¡Gracias! Gracias por su sí generoso. Gracias por su apertura y compromiso. Gracias por su testimonio iluminador. Gracias Carolina, Rossina, Agustina, Caro I., María José, Lorena, Virginia, Diego, Carolina, Verónica, Vero, Mariela y Valentina.


Agustina Langwagen (CVX Comunidad Illapel)

Hace tiempo que deseaba profundamente hacer signo mi certeza de proyecto como cevequiana. Animada por el Espíritu en Pentecostés y tras un proceso de profundización que me permitió repasar experiencias, aprendizajes y tantos rostros que han sido testigos y pilares en el camino, confirmé con emoción y alegría, frente a la comunidad nacional, mi deseo de seguir a Jesús desde este estilo de vida sencillo, comprometido y con una misión apostólica encarnada.

Para mí, el compromiso es deseo, es responsabilidad y disponibilidad, y es también gozo profundo por saberme abrazada por el Señor y sostenida por una espiritualidad que me da identidad. Es confiar plenamente en que su amor y gracia bastan, y desde ahí disponerme a ser luz para otros, como tantos lo son para mí.

Valentina Consonni (CVX Comunidad Manere)

Tomar los compromisos temporales en CVX es una experiencia profundamente significativa.  La alegría de reafirmar este compromiso es indescriptible. Sentir a  la comunidad nacional, con su cariño y cercanía, acompaña en cada paso, dándome apoyo en oración y gestos concretos que nos refuerzan y me dan la certeza de estar en el camino correcto.

Mariela Addiego (CVX Comunidad Namaste)

El pasado domingo 8, tuve el regalo de poder renovar mi compromiso con la CVX. Digo regalo, porque sin dudas, es Dios quién me dio la gracia de formar parte de este Movimiento, con la convicción en mente y espíritu, de que quería volver a elegirlo.

La ceremonia de Pentecostés en la que tuvieron lugar los compromisos estuvo hermosa, el espacio y quienes participaron, hicieron que se viviera realmente una conexión con Dios, con quienes allí estuvieron y con la CVX. Quienes hicimos compromisos, en sus distintas modalidades, coincidimos en lo emocionante que fue leer el texto y hacer nuestras cada una de sus frases.

El compromiso fue el corolario de un proceso de varias semanas, en las que las pautas de oración y reflexión, los intercambios en la comunidad chica y las vivencias de los encuentros de las mañanas de domingo, nos hicieron sintonizar más y mejor, el “canal” de Dios y de la CVX.

Quisiera resaltar especialmente los encuentros con otros miembros de la Comunidad Nacional. Agradecer a quienes los pensaron y prepararon. Fueron experiencias muy enriquecedoras y reveladoras. Se hizo presente el milagro, cuando en el encuentro con otros, de vidas y situaciones, en apariencia muy distintas, nos dimos cuenta que es solo en apariencia, porque al compartir, descubrimos que los dolores del alma, la confianza depositada en Jesús y la manera de vivir las situaciones difíciles y las más felices, son las mismas. Esto nos une, nos identifica; compartimos la fe, compartimos el carisma, las enseñanzas de Ignacio nos guían…

Sin dudas el “quiero hacer mi compromiso con la Espiritualidad Ignaciana desde la opción CVX…” se ha reeditado en mí. La comunidad y la vida apostólica, se han resignificado. Feliz de vivirlo así. Desde mi corazón, puedo decir con Ignacio, “Dadme tu amor y gracia, que ésta me basta”.

REFORZAR LA MISIÓN: EL PAPA LEÓN XIV SE REÚNE CON EL PADRE GENERAL

El 20 de junio, el Papa León XIV recibió en audiencia al P. Arturo Sosa en el Vaticano. El encuentro entre el Santo Padre y el Padre General subraya la profunda y significativa relación histórica entre la Santa Sede y la Compañía de Jesús.
Aunque los detalles precisos de su conversación no se han revelado, este tipo de encuentros son habituales y sirven de oportunidad para dialogar directamente sobre la vida y la misión de la Iglesia, en particular en lo que se refiere a las Preferencias Apostólicas Universales y la labor de los jesuitas en la Iglesia.

Tras la muerte del Papa Francisco, el P. Sosa envió una carta a toda la Compañía en la que reiteraba la disponibilidad de la Compañía para recibir del Vicario de Cristo en la tierra “la misión con la cual podamos ofrecer el mejor servicio a la Iglesia universal”. El Padre General subrayó que ésta es “una de las dimensiones características del carisma recibido a través de San Ignacio y los primeros padres, fundadores de la Compañía de Jesús”.

La relación entre el Papa y la Compañía de Jesús es única, sobre todo porque está estrechamente vinculada al cuarto voto de obediencia al Sumo Pontífice en lo que se refiere a las misiones. Este voto garantiza que la Compañía esté estrechamente alineada con las prioridades del Santo Padre, mientras buscamos responder con valentía a los signos de los tiempos y servir a las necesidades del mundo con fidelidad al Evangelio.

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Reflexiones del Padre Francisco José Gismondi sobre el Papa Francisco

Conocí al Padre Jorge Bergoglio, SJ, cuando estaba haciendo mi camino vocacional. A principios del año 1981, el que fuera mi Maestro de Novicios, el Padre Ernesto López Rosas, SJ, me envió a hablar con Bergoglio para una entrevista. En ese momento, él estaba como Rector del Colegio Máximo de San Miguel, donde lo volvería a encontrar dos años después.

Después de mi noviciado, el 12 de marzo de 1983, hice mis Primeros Votos. Después de la ceremonia y la celebración, nos mudamos al Colegio Máximo, donde comenzaríamos nuestra etapa como estudiantes. Allí nos recibió el Padre Bergoglio como Superior. Sentíamos un gran temor, pues tenía fama de exigente, y había muchas actitudes que debíamos ajustar respecto a lo vivido en el noviciado: dejar de fumar, cumplir con un estricto horario de estudio – incluso los domingos –, y asumir trabajos en la casa bien exigentes, como cuidar chanchos, limpiar, mantener el jardín, hacer guardias de seguridad, entre otros. Pero a los tres meses, cuando tenía 20 años, tuve “la fortuna” de que me llamara a su despacho y me encargara la administración.

Yo había asistido a una escuela secundaria especializada en administración, por lo que desde ese momento pasé a desempeñar un trabajo más cómodo, que implicaba una relación diaria y estrecha con el Superior, ya que mantenía un control riguroso de nuestros ingresos y egresos. Esta relación duró tres años. Luego, hubo un cambio de Superior y ya no hubo una relación estrecha, aunque continúe trabajando en la administración hasta el día de hoy.

Mientras cursaba mis últimos años de formación, el Padre Bergoglio fue ordenado obispo, con lo que ya no volvimos a tener posibilidades de compartir comunidad o actividad en la Compañía. En el año 1998, asumió como arzobispo de Buenos Aires. Durante su primera misa crismal, como yo vivía en la Arquidiócesis, participé. Tuvimos un breve y frío saludo, y respondió con su ya acuñado “reza por mí”. No nos vimos más.

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Quince años después, en el año 2013, la fortuna me encontró viviendo desde 2007 en Roma. Desde la ventana de mi habitación, en la Curia General de la Compañía, podía ver el frente del Vaticano, y llegaba a ver la chimenea de la Capilla Sixtina. Aquel 13 de marzo regresé de mi trabajo, y como era la hora de la fumata, me asomé por la ventana esperando. En cuanto vi el humo blanco, agarré una campera y me dirigí raudamente a la plaza. No podía perderme un evento tan importante estando en Roma. Me encontré con algún compañero que empezó a vaticinar: “¿y si es Bergoglio?”. Yo lo callaba, no me hacía ninguna gracia ver en ese lugar a alguien que de alguna manera conozco. Llegamos a mitad de la plaza, ya repleta de gente. Esperamos más de 40 minutos cuando comienzan a verse luces y movimientos de cortina detrás de las ventanas del frente de San Pedro.

En cuanto escuché al Cardenal decir “Georgium Marium”, quise irme, no lo podía creer. Mi compañero me animó a quedarme, y comencé a escuchar en el silencio de la plaza junto a varios “chi è?” (¿quién es?). A mi memoria venían recuerdos, pensamientos, encuentros y cosas que nos habían sucedido durante muchos años, y todas entraban en conflicto con lo que veía. Así estuve durante un mes, tratando de reconciliarme con el pasado y con este presente. Al ir escuchando sus catequesis cada miércoles, y viendo el cambio de imagen que iba presentando, me fui acercando al espíritu de Francisco y olvidando a Bergoglio.

El 25 de mayo, Fiesta Patria, pude enviarle una carta de saludo por medio de su secretario, y a los pocos días recibí un llamado de reencuentro. “Seguís contando plata” fue lo primero que me dijo, no olvidó nuestros años de estrecho trabajo. El 31 de julio Francisco celebró la fiesta de San Ignacio en el Gesù. Ese día, aunque no saludó a todos los jesuitas participantes, me escurrí por los pasillos y llegué a donde estaban. Estuve a punto de ser expulsado por su seguridad, pero justo fui salvado por la intervención de mis hermanos jesuitas, y pudimos saludarnos y compartir algunos recuerdos.

Un año después vino a almorzar a la Curia General y estuve sentado en la mesa junto a nuestro Superior General, el Superior de la Comunidad y el Asistente de América Latina. Compartimos un almuerzo muy entretenido, lleno de cuentos y recuerdos. Hasta que regresé a la Argentina, a principios de 2016, tuvimos varios encuentros: un par en Santa Marta acompañando familiares; algunos durante las audiencias de los miércoles; y otros, cuando vino a comer a la Comunidad.

Tal vez el más curioso: un domingo estaba en la Via della Conciliazione, esperando que saliera en el papamóvil, como era habitual después de una misa en la Plaza. Justo hizo el giro de regreso donde yo estaba y, al reconocerme, estiró su mano para saludarme.

Por Francisco José Gismondi, SJ

 

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El Consiglio Allargato: dando forma, con la esperanza, a la misión de la Compañía

El Consejo Ampliado (Consiglio Allargato en italiano) del Padre General se ha reunido en Roma desde el 9 al 13 de junio para reflexionar sobre la contribución que deben hacer los miembros de la Compañía en cuanto “agentes de esperanza en el mundo actual”.

El Consiglio Allargato ha reflexionado sobre las situaciones tan variadas que viven los jesuitas, y por dónde guía hoy la esperanza de Cristo resucitado a nuestra vida religiosa. Ha ido recorriendo las experiencias que vivimos hoy los jesuitas, examinando en sus matices los problemas que afrontamos y los caminos espirituales que definen nuestro compromiso misionero. Ante la inspiración del Año Jubilar 2025, que nos convoca a los católicos a ser peregrinos de esperanza, los debates del Consejo han puesto de relieve que la esperanza en Cristo resucitado nos guía de múltiples formas, y que ofrece nuevas perspectivas a nuestra vocación y a la misión en constante evolución de la Compañía en el mundo actual.

El Consejo, que ha durado cinco días, se inició recorriendo la bula del Papa Francisco Spes non Confundit, que hace una relectura de nuestra esperanza cristiana desde una perspectiva bíblica y teológica. La bula dio inicio al Año Jubilar que estamos viviendo, e invita a reflexionar sobre las fuentes de donde mana una esperanza perseverante. Subraya la misión, que cada uno de nosotros ha recibido, de ser ministros de la esperanza en su comunidad, en nuestra sociedad y en el mundo entero. Ha dado ocasión para explorar las diversas implicaciones del mensaje del Papa Francisco y para reflexionar sobre cómo podemos encarnar la esperanza en nuestra vida cotidiana.

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El resto de los días del Consejo Ampliado se han dedicado a imaginar cuál debe ser el papel de la Iglesia, como testimonio de esperanza, ante los cambios geopolíticos, religiosos y culturales. Alguna de las sesiones se centró en el tema de la memoria – del pasado y del futuro – y en cómo la Iglesia desempeña un papel clave como elemento de sanación en los lugares de conflicto que hay en el mundo. Al debatir el papel de la Iglesia en la promoción de la esperanza y en la sanación, el Consejo sugirió algunas ideas valiosas sobre cómo también sus miembros pueden hacer importantes contribuciones al mundo que les rodea.

En las discusiones generales se habló también de en qué situaciones se manifiesta hoy la esperanza de modo más concreto y se profundizó en las formas e imágenes que esa esperanza adopta, qué la genera y cuáles deben ser los rasgos de un verdadero “transmisor de esperanza”.

El último día proporcionó al Consejo la oportunidad para escuchar qué piensan sobre la esperanza personas que pertenecen a generaciones diferentes dentro la Compañía. Los miembros del Consejo escucharon con atención los testimonios de algunos jesuitas que viven su etapa de estudios, de otros que hacen su Magisterio, de un instructor de Tercera Probación e incluso del superior de una comunidad de gran tamaño, que alberga una enfermería.

Puntos de vista diferentes que ponían de relieve el carácter universal de la esperanza y la capacidad transformadora que tiene en las distintas etapas de la vida y en el ministerio de todo jesuita. Hablando en general, el Consejo ha insistido en la importancia de impulsar la esperanza en la Iglesia como factor de sanación y de reconciliación en un mundo herido e inquieto.

 

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“SOPLÓ SOBRE ELLOS… RECIBID EL ESPÍRITU SANTO”

En este domingo de Pentecostés la liturgia nos propone para nuestra contemplación la escena de la aparición de Jesús a sus discípulos al atardecer del primer día de la semana, del día de la Resurrección. Son varios los gestos de Jesús en esa aparición, todos ellos llenos de contenido, en una escena de una gran profundidad teológica: el atravesar las puertas cerradas, el situarse “en medio de ellos”, el deseo de paz expresado por dos veces, el mostrar las heridas de las manos y el costado, el envío a la misión y ese “sopló sobre ellos” en el que Jesús les entrega el Espíritu Santo. Hoy, en este domingo de Pentecostés, vamos a centrarnos en este último gesto, en ese “soplar”.

El “soplar” de Jesús que infunde el Espíritu a los discípulos es una clara alusión al “soplar” creador de Dios en el comienzo de la vida humana. El versículo 2,7 del libro del Génesis dice: “Entonces, Yahvé Dios modeló al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente”. El “soplar” de Dios es la vida. El Espíritu que transmite Jesús es una nueva vida, una plenitud de vida. No somos simplemente seres animados, no. Los que hemos recibido el Espíritu de Jesús tenemos otra “calidad” de vida. Eso que llamamos los “dones del Espíritu Santo” y que configuran una criatura nueva.

De esos “dones del Espíritu Santo” los textos de la liturgia de este domingo subrayan fundamentalmente dos, especialmente importantes hoy en nuestra vida personal y en la vida de la Iglesia: la comunión de los diversos y el discernimiento.

Tanto la primera lectura de hoy que narra la experiencia de Pentecostés en los Hechos de los Apóstoles, como la segunda lectura tomada de la carta de San Pablo a los cristianos de Corinto resaltan el tema de la unidad, de la comunión de los diversos como fruto de la efusión del Espíritu. La soberbia humana, reflejada en el episodio de la torre de Babel (Génesis, 11), produce la división. La gracia del Espíritu en Pentecostés genera la comunión: “los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua” (Hechos 2, 11); “hemos sido todos bautizados en un solo Espíritu, para no formar más que un cuerpo entre todos” (1ª Cor 12, 13).

Con el Espíritu Jesús concede a los discípulos la capacidad de discernimiento: “a quienes perdonéis… a quienes retengáis…”. Porque no todo vale, no todo es lo mismo, no todo da igual. No todo es conforme con el Espíritu de Jesús. Ni en la sociedad, ni en la Iglesia, ni dentro de cada uno de nosotros. Hay cosas y actitudes “imperdonables”. No según criterios humanos, sí según criterios evangélicos. Y el Señor nos da la capacidad de discernir lo uno de lo otro.

DARÍO MOLLÁ, SJ

(Juan 20, 19- 23) | Domingo de Pentecostés – Ciclo C

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Vida y legado espiritual del padre Mamerto Menapace

A través de un mensaje, los obispos agradecieron a Dios por el testimonio de vida y sabiduría espiritual que el padre Menapace ofreció incansablemente al pueblo argentino.

«Su sabiduría espiritual, expresada a través de relatos y cuentos en los cuales compaginó la profundidad del Evangelio con las expresiones sencillas de nuestro pueblo, permitieron a muchos hermanos y hermanas conocer y profundizar más la vida nueva que brota de la fe», destaca el comunicado.

El texto lleva las firmas del presidente de la CEA, monseñor Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza; y del secretario general, monseñor Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro.

Menapace, un evangelizador popular
El padre Menapace, ampliamente reconocido por sus escritos y reflexiones, supo transmitir los valores del Evangelio con cercanía y hondura, haciendo de su vida un verdadero testimonio del mensaje que predicaba.

La Conferencia Episcopal encomienda su alma al Señor y a la Virgen de Luján, pidiendo que lo reciban en su paz y lo recompensen por todo el bien que hizo a la vida espiritual del pueblo argentino y a su comunidad religiosa, a la que sirvió con entrega y amor durante tantos años.

El legado del Padre Mamerto, hecho «primero vida antes que palabra», queda como una herencia espiritual invaluable para las generaciones presentes y futuras.

Sus restos serán velados este sábado, de 11 a 22, y el domingo desde las 8 en la capilla del monasterio Santa María, donde a las 11 hs habrá una misa de cuerpo presente y luego se lo trasladará al cementerio en Los Toldos.+

@aica