Hno. Alois de Taizé: Francisco, el coraje de la fe

“Todos, todos, todos”. Estas palabras, entonadas en Lisboa ante una multitud de jóvenes de todo el mundo, salieron espontáneamente del corazón de un papa, Francisco, ya frágil físicamente, pero animado aún por una fuerza interior excepcional. ¡Que todos encuentren acogida en la Iglesia! La Iglesia está al servicio de toda la humanidad, especialmente de los más pobres y vulnerables.


El cambio de época que ha diagnosticado Jorge Mario Bergoglio exige nuevas respuestas a la pregunta: ¿cómo anunciar hoy el Evangelio? Él comprometió decididamente a la Iglesia católica a responder a este desafío. Fiel a su santo patrón de Asís, comenzó destacando la “alegría del Evangelio”, ‘Evangelii gaudium’.

Profunda serenidad

Inevitablemente, vivió momentos de profunda tristeza, pero uno de los aspectos más asombrosos de su persona fue su capacidad para permanecer sereno. Durante una de las primeras audiencias que me concedió, le pregunté cómo conseguía mantenerse siempre así. Me respondió que no lo sabía, pero que así había sido desde que fue elegido. Y añadió que rezaba mucho al Espíritu Santo.

Estoy seguro de que fue su familiaridad con el Espíritu Santo lo que le inspiró a convocar el Sínodo sobre la Sinodalidad. Necesitó el coraje de la fe y una gran libertad interior para convocarlo. Habiendo sido invitado a participar en las dos asambleas generales, puedo dar testimonio del inmenso cambio que ha introducido este Sínodo.

En línea con el Vaticano II, ha hecho pasar a la Iglesia católica de una concepción piramidal a la imagen de una comunidad de todos los bautizados. En fidelidad a la tradición viva, este Sínodo ha abierto las puertas a reformas que harán a la Iglesia más fiel al Evangelio. Puede ser el acontecimiento más importante para la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II.

Dimensión ecuménica

El Sínodo sobre la Sinodalidad tuvo una fuerte dimensión ecuménica. Una imagen permanece grabada en nuestros corazones: la víspera del Sínodo, en la Plaza de San Pedro, el Papa estaba rodeado de otros 19 líderes eclesiásticos de diferentes confesiones, invocando la bendición de Dios sobre el Pueblo de Dios reunido en oración. Y, para los trabajos del Sínodo propiamente dicho, Francisco se atrevió a invitar a delegados de otras Iglesias, no como simples observadores, sino para que participaran en los debates en torno a las mesas redondas y en las sesiones plenarias.

La valentía de la fe es el sello distintivo del pontificado de Francisco. ¿Hemos prestado suficiente atención a su profunda fe? ¿Comprendemos auténticamente las raíces de su pasión por la renovación de la Iglesia y su compromiso por el bien de la humanidad y de nuestro planeta? Donde más abiertamente habla de las fuentes de su fe y su esperanza es en su última encíclica, Dilexit nos (Nos ha amado), que aún no ha encontrado el eco que merece.

Francisco era discreto, casi reservado, en su oración personal. Pero podemos intuir que llegó tan lejos como era humanamente posible hasta las profundidades de la fe en el amor de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin duda, luchó siempre por volver a confiar en el amor personal de Dios por él, “pecador perdonado”, como se definió al responder a la pregunta de cómo se veía a sí mismo.

Respeto por cada persona

Permanecer cerca de Dios le empujaba literalmente hacia los demás, con total respeto por cada persona. El otro, sea quien sea, es amado con el mismo amor de Dios. Sus acciones y sus palabras brotan de esta fuente. Comenzó la carta que dedicó a santa Teresa de Lisieux con esta cita: “Es la confianza y nada más que la confianza lo que debe conducirnos al Amor”.

En su ministerio de pastor universal, el amor de Francisco se ensanchó a las dimensiones de la humanidad, encarnándose al mismo tiempo en gestos muy concretos, a veces muy humildes, especialmente hacia las personas afectadas por el sufrimiento.

Tenía una capacidad de escucha y de atención extraordinarias. Su capacidad de estar plenamente presente ante las personas y las situaciones era sin duda una expresión visible de su vida interior, constantemente alimentada en la fuente del Espíritu Santo.

Nuestra primera audiencia

Antes de la primera audiencia privada que me concedió, en 2013, estaba un poco preocupado, preguntándome qué podría saber de nuestra Comunidad de Taizé… De hecho, hay que tener en cuenta que era el primer papa desde Pío XI que no había conocido en persona al hermano Roger, nuestro fundador. Qué maravillosa sorpresa fue descubrir que era muy consciente de lo que estábamos viviendo. Y, en otra audiencia, me sorprendió de nuevo haciéndome directamente una pregunta sobre un tema del que habíamos hablado el año anterior, como si retomara una conversación que apenas había sido interrumpida.

La tarea principal de todo papa es fortalecer la fe de sus hermanos y hermanas, y sostener el coraje de la esperanza en la humanidad. Con Cristo, Dios ha puesto los cimientos de una nueva creación. Como una semilla sembrada en tierra buena, esta buena nueva del Evangelio germinó y creció en la vida de nuestro amado Francisco, y luego floreció para el bien de la Iglesia y mucho más allá.

Sus palabras y sus obras, pero también su modo de llevar la enfermedad en la vejez, han sido un testimonio vivo y luminoso del Evangelio. Su ejemplo nos inspira a dejar que el amor de Dios ofrecido a todos fructifique en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean. ¡Gracias, Francisco!

Josep M. Lozano «El discernimiento es la respiración de la vida cristiana»

¿Por qué discernir? ¿Dónde se aplica el discernimiento? Yo creo que discernir es la respiración de la vida cristiana. En la Concordancia Ignaciana la palabra «discernimiento» no aparece, solo se menciona —y poco— «discernir». Siempre es un verbo activo, vinculado a expresiones como vigilancia, atención o ver lo que conviene. Y en los Ejercicios Ignacio no habla de discernimiento, sino de «sentir y conocer las varias mociones que en el ánima se causan» (EE 313). Por tanto, ni es una herramienta ni nada que se aplique porque no es un instrumento externo que está a nuestra disposición para que nosotros decidamos cuándo lo usamos y para qué, sino que remite al proceso cotidiano de crecer en estos «sentir y conocer» lo que nos mueve en los diversos momentos y etapas de la vida.

¿El discernimiento es una cuestión individual o puede ser parte de un proceso comunitario?

En la medida en que es la respiración de la vida cristiana tiene una dimensión personal y una dimensión comunitaria, que se complementan, pero que no hay que confundir. En lo personal es vivir cada vez más íntimamente la oración de 1Sa 3,10: «habla, Señor, que tu siervo escucha». Dios habita en todo y habita en nosotros, y discernir nace de esta petición reiterada (habla, Señor) y de esta actitud profundizada íntimamente (tu siervo escucha). Fuera de esta actitud de fondo podemos hacer muchas cosas —quizás muy buenas— y tomar decisiones, pero el discernir quedará bajo una espesa niebla. Y en lo comunitario, discernir nace de la convicción expresada en Ap 2,7: «el que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias». Un escuchar, por cierto, en el que a menudo las iglesias parecen confiar poco: en ellas se habla mucho y se escucha poco. Quizás porque tendemos a creer que el Espíritu habla más en el silencio de los retiros y en la naturaleza que en la voz de los miembros de nuestras comunidades. Y quizás porque en el fondo creemos que las llamadas del Espíritu son primariamente personales, y secundaria o derivadamente comunitarias. Sin embargo, si no existe un mínimo itinerario personal, fácilmente se puede confundir el discernir comunitario con una nueva forma de conducir reuniones o con un método para tomar decisiones.

¿Cuál es la relación que usted establece entre discernimiento y fe? ¿Se trata de una relación de complementariedad, en la que se considera el discernimiento una buena herramienta de apoyo, o cree más bien que el discernimiento debería ser indisociable de la fe, como un elemento esencial?

Ya he dicho que no me parece ni una herramienta ni un complemento. De hecho, me siento más cómodo con la oración de Moisés (Ex 33,13): «te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca». Solo conocemos a Dios cuando seguimos los caminos que él nos muestra. Por eso creer es discernir, porque no creemos fuera (o previamente, o por separado) del camino que estamos llamados a hacer: discernir es la respiración de la fe. En los EE, Ignacio nos propone: «comenzaremos, juntamente contemplando su vida [de Jesús], a investigar y a demandar en qué vida o estado de nosotros se quiere servir su divina majestad» (EE 135). Está claro que este es un momento clave de los Ejercicios. Pero ese «comenzar», al fin y al cabo, es el empezar al que estamos invitados en el inicio de cada día.

En la actualidad forma parte de un programa en Roma llamado Discerning Leadership. ¿En qué consiste el programa y la labor que realiza? ¿De dónde surgió su implicación?

El programa nace de la convicción del Papa Francisco de que el camino hacia una Iglesia más sinodal requiere también (y, quizás, sobre todo) un nuevo estilo en la forma en que se ejercen las responsabilidades de gobierno, cómo se ejerce la autoridad, cómo se articula la participación de los cristianos en la vida eclesial, cómo se toman las decisiones y por parte de quién… En este sentido, el programa (que se ofrece en inglés, italiano y castellano) se dirige a responsables de dicasterios, a equipos de gobierno y superiores de congregaciones religiosas y a directivos de entidades e instituciones católicas. El programa pretende, ante todo, ayudar y acompañar. Ayudar y acompañar a estas personas en el ejercicio de sus responsabilidades, en el desarrollo de sus capacidades personales de gobierno, en una mejor comprensión de la razón de ser y de los retos institucionales y de gobernanza de sus organizaciones. Retos que son colosales por los cambios de todo tipo que están viviendo todas ellas y en los que discernir, como decía S. Pablo, lo que más conviene no siempre es fácil. Y en este ayudar tiene un papel central facilitar la conversación y la reflexión entre personas que provienen de contextos culturales y eclesiales muy diversos. Yo colaboro como —digamos— profesor, por convicción y porque ESADE participa desde sus orígenes como una de las instituciones invitadas a impulsar este proyecto.

En el proceso de participación en el programa, ¿hay alguna escena o anécdota que le haya tocado particularmente?

Anécdotas, muchas. Pero prefiero resaltar unos vectores de fondo. En primer lugar, la inmensa, profundísima, auténtica calidad humana y cristiana de las personas que participan en el programa. Vuelvo siempre muy impactado, porque tratar con estas personas te pone cristianamente en tu sitio. Pilar (mi mujer) me ha dicho más de una vez: me gusta que vayas a Roma porque vuelves más humilde. En segundo lugar, la magnitud y la urgencia de los retos de gobierno y de gestión que tienen estas instituciones. Y, a menudo, los déficits de gestión que arrastran. A veces tengo la sensación de que el exceso de teología no ayuda a afrontar sus necesidades organizativas y de gestión (y, al mismo tiempo, constato el riesgo que a veces existe, por un exceso de buena fe, de caer en manos de supuestos consultores en gestión que no entienden las realidades eclesiales). En tercer lugar, la necesidad de revisar a fondo, en un contexto de sinodalidad, la articulación de polaridades tales como autoridad-obediencia, jerarquía-participación, escuchar-decidir, etc. Y, en este contexto, la presión y —a menudo— la soledad con la que viven estos responsables sus retos: no es lo mismo una soledad solitaria que una soledad acompañada, y el servicio de acompañamiento que el programa ofrece de forma sostenida en el tiempo me parece un componente nuclear del ayudar. Finalmente (lo dejo para el final no porque sea lo último, sino para que quede más fijado) el programa ha generado en mí la convicción profunda de que el futuro de la Iglesia —ahora permitidme decirlo así— son las mujeres. He tenido el regalo de poder conocer a mujeres (y, especialmente, a religiosas) que, sin tener posiciones públicas o pertenecer a instituciones glamurosas (aquellas que siempre salen en las crónicas y quedan bien), entregan su vida de manera silenciosa, poco espectacular, en absoluto mediática, y profundamente arraigadas en una experiencia religiosa de una densidad luminosa que me ayudan a creer y, sobre todo, me hacen más humilde. Eso espero.

¿Por qué cree que puede ser importante para los cristianos del presente (y del futuro) entrar en grupos de discernimiento?

Es que si han entrado en una comunidad cristiana se supone que han entrado en grupos de discernimiento, en un grado u otro. Discernir no es solo escucharnos, es escuchar juntos. Está claro que muchas veces debemos aprender a escucharnos para poder escuchar juntos. Y que a menudo es necesario realizar un cierto recorrido para desaprender tanto nuestras capacidades para el debate y la discusión como para desaprender nuestro pensar y vivir en clave de nosotros-ellos, para así poder incorporar una mayor disposición al diálogo. Solo desde aquí podremos abrirnos a la conversación espiritual como elemento vertebrador de la comunidad. Tengamos presente que caminar juntos concentra en una única expresión «acompañar» y «sinodalidad». Y que la conversación espiritual es la intersección entre dialogar y discernir en común. Los cristianos del presente (y del futuro) deberían hacer suya, como oración comunitaria, lo que les dijo S. Pablo a los filipenses (Fil 1,9): «lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento y clarividencia, para que sepáis discernir lo que más conviene».

¿Qué cree que puede aportar una herramienta como el discernimiento en la sociedad contemporánea?

Que haya comunidades y, sobre todo, que la Iglesia vaya creciendo en la práctica del discernir, y que todas caminen discerniendo, puede ser en nuestro contexto una invitación y, a la vez, un signo. Una invitación y un signo de que es posible un escuchar y escucharnos descentrado; que es posible hacerlo desde la sensibilidad por el propósito y la misión y no desde la defensa de los propios intereses; que podemos escoger el camino a seguir sin pagar el precio de que haya vencedores y vencidos, aunque no pensemos todos lo mismo ni estemos siempre de acuerdo; que podemos abordar las cuestiones primordiales que nos afectan a todos con libertad y sin miedo. Sobre todo, sin miedo; y sin miedo de unos a otros. Pero, por supuesto, esto no depende de la valía de una supuesta herramienta, sino de la existencia de una Iglesia que transparente el discernir. Por eso quizá deberíamos reconocer que todavía estamos en la fase previa de preguntar qué puede aportar el discernir a la transformación de la Iglesia. Y como la Iglesia, que yo sepa, no está fuera de la sociedad contemporánea…

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REVISTA MANRESA. Cien años de memoria agradecida

En 2025 se cumplen 100 años de la revista de espiritualidad ignaciana Manresa, publicada por el Grupo de Comunicación Loyola. Su nombre anuncia sus orígenes en la ciudad cerca de Barcelona en la que Ignacio de Loyola, tras su conversión, vivió la profunda experiencia espiritual que dio lugar al nacimiento del libro de los Ejercicios Espirituales. En este siglo de existencia 383 números han visto la luz, y solo la guerra interrumpió su publicación: primero, la Guerra Civil española (1936-1939), y después, la Segunda Guerra Mundial con la escasez de papel que conllevó (1941).

El acto central de este año centenario ha sido la celebración de un Simposio en el centro de espiritualidad san Ignacio de Salamanca del 16 al 18 de mayo, con el apoyo de la Provincia de España, de la Universidad de Deusto y del Instituto de Espiritualidad de la Universidad Pontificia Comillas en Madrid. Las palabras de saludo y felicitación del P. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, en su carta al director de la revista, abrieron el encuentro que congregó a unas 70 personas venidas de diversos lugares de España (Barcelona, Bilbao, Córdoba, Madrid, Manresa, Salamanca, Sevilla, Valencia y Valladolid), y también de Panamá y Costa Rica.

Expertos en la espiritualidad ignaciana ayudaron a recordar la historia de la revista (José García de Castro SJ), explorar los elementos irrenunciables de los Ejercicios (Darío Mollá SJ), reflexionar sobre el sujeto de los Ejercicios (Josep M. Rambla SJ) y revisar la conexión entre la espiritualidad ignaciana y la conversación espiritual, el discernimiento y la sinodalidad (Juan Antonio Guerrero SJ). Además, en dos mesas redondas, se presentaron diversas modalidades de actualización del arte de dar los Ejercicios, como ejercicios de iniciación y para jóvenes, ejercicios con el arte, ejercicios y discernimiento en común, ejercicios en clave ecológica o social, talleres de interioridad y ejercicios de contemplación. Todas las contribuciones serán publicadas el próximo otoño en un número doble de la revista que concluirá este año centenario.

En su relación final, Francisco José Ruiz SJ subrayaba el don recibido de la historia y el discernimiento que ha permitido que Manresa responda a las necesidades cambiantes de los tiempos, y los dos retos que en este momento histórico afronta la revista: el reto permanente de la contextualización de los Ejercicios y el reto más reciente de la comunitariedad, a saber, seguir explorando la interrelación entre individuos y organizaciones. En sus palabras de agradecimiento y cierre el director de la revista, Manuel García Bonasa SJ, valoraba la presencia mayoritaria en el simposio de personas laicas y de religiosas de diversas congregaciones que nos hablan del rostro vivo de la espiritualidad ignaciana, comprometida en la

Iglesia en la tarea que soñó Ignacio de Loyola de poner a la persona en contacto con su creador.


Enlaces relacionados

Revista de Espiritualidad Ignaciana Manresa manresarev.com

Centro de Espiritualidad S. Ignacio – Salamanca cessalamanca.es

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Papa León XIV inicia su pontificado con un llamado a la unidad y la misión evangelizadora

Este 18 de mayo, en la Plaza de San Pedro el Papa León XIV —Robert Prevost— inició oficialmente su Pontificado con una eucaristía donde trazó las primeras líneas pastorales que marcarán su ministerio. Frente a miles de fieles y autoridades eclesiásticas y civiles, el Sucesor de Pedro pronunció su primera homilía centrada en el amor de Dios como fundamente de la Iglesia y en la urgencia de la unidad entre los pueblos.

El obispo de Roma asumió la dirección de la Iglesia católica, tras la muerte del Papa Francisco, de quien habló con gratitud y resaltó su último gesto pascual: una bendición Urbi et orbi en medio de sus dolencias. “El Señor nunca abandona a su pueblo”, indicó, asegurando que la elección en el cónclave fue una acción guiada por el Espíritu Santo, frente a la diversidad y comunión de los cardenales presentes.

Una Iglesia misionera que abraza al mundo

Con calidez y cercanía, León XIV se presentó como “un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría”, reconfirmando que el amor y la unidad son las claves del encargo confiado a Pedro. En su homilía, destacó que la Iglesia no debe buscar poder, control o protagonismo, sino entregar la vida como Jesús: “La verdadera autoridad es la caridad de Cristo”.

Instó a ser una Iglesia “misionera”, capaz de salir, anunciar la Palabra, dejarse interpelar por la historia y abrazar el mundo con los brazos abiertos. Llamó la atención para dejar atrás toda actitud de encierro y prepotencia y vivir un espíritu misionero donde todos estén incluidos: cristianos de otras denominaciones, personas de otras religiones, y todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Unidad para un mundo herido por el odio y la exclusión

El ahora líder de la Iglesia católica evidenció las heridas de un mundo que está siendo actualmente marcado por la violencia, los prejuicios, el individualismo y un modelo económico excluyente. Frente a esta dolorosa realidad, expuso que el desafío para la Iglesia es ser levadura de comunión y fraternidad en medio de tanta discordia. “Queremos ser una pequeña levadura de unidad”, afirmó.

Iluminado por el pensamiento de san Agustín y por su predecesor León XIII, recordó que sólo el amor puede transformar la sociedad civil. “Esta es la hora del amor”, dijo con voz fuerte. Su reflexión la concluyó pidiendo caminar juntos “como un solo pueblo”, alentando a todos a amar más, a construir la paz, y a dejarse guiar por el Espíritu Santo hacia una Iglesia que sea signo visible de unidad para la humanidad.

Leer la homilía completa: t.ly/TXOlb

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UCC. Tradición educativa de la Compañía de Jesús

Docentes y autoridades participaron de talleres para trabajar el perfil de egreso y cuestiones de liderazgo.

De la mano de Silvana Capano, experta en la tradición educativa de la Compañía de Jesús, docentes de la UCC participaron de un encuentro en el que abordaron el perfil del egreso haciendo foco en la importancia de generar consciencia, competencia, compasión y compromiso con la realidad para transformarla.

Además, bajo el título La Cura personalis y el liderazgo ignaciano, Capano desarrolló un taller destinado a nuestras autoridades en el que se abordaron conceptos vinculados al cuidado personal de los y las estudiantes y de los equipos liderados. El trabajo se centró en conceptos como la relación profunda personal, la preocupación por el contexto y también poder hacer ese cuidado alineando a las personas hacia la misión institucional.

Asimismo, se desarrollaron conceptos de liderazgo ignaciano, partiendo de ideas del exgeneral de la Compañía de Jesús, el P. Adolfo Nicolás S.J., textos de P. Guibert S.J. y algunos otros elementos de otros jesuitas como David McCallum S.J. De esta forma, se definieron los rasgos esenciales que debería tener un líder ignaciano, como una visión de sentido, orientar hacia la misión, habilidades sociales, la escucha para la toma de decisiones y el discernimiento previo a ellas, como elementos sumamente centrales.

A partir de ese trabajo se armó un ecualizador personal y otro de la UCC para realizar una especie de autotest de habilidades directivas.

La cura personalis se refiere a nuestro desarrollo personal y autorrealización, mientras que la cura apostólica tiene que ver con el compromiso con la misión de servicio. Ambas se deben desarrollar para ejercer el liderazgo.

Distinguir entre liderazgo y gestión

En relación a directivos que son buenos gestores pero malos líderes, Capano expresó que “dar una visión de sentido a otros es más que gestionar” y que los/as buenos/as líderes son grandes educadores; trazan líneas claras; logran construir confianza y no hablan de sí mismos sino que dan la posibilidad a otros de que se expresen. Además, destacó la importancia de tener humildad; celebrar los logros y tener momentos de reconocimiento; y conocer la mirada de otros sobre sí mismo “la realidad se construye con la visión del otro”, expresó. En definitiva, se trata de aceptar y abrazar la propia vulnerabilidad y reconocer que el trabajo es con otros y que hay oportunidades para mejorar.

Aforismos (extraídos de la Conferencia del P. Nicolás sobre el liderazgo Ignaciano. Valladolid, 6 de mayo de 2013. Encuentro con superiores y directores de obra de la provincia de Castilla).

“Si te encuentras solo arriba quiere decir que algo no estás haciendo bien”.

“La persona más difícil de gobernar es uno mismo”.

“Los mejores líderes son grandes escuchadores”.

“Si quieres saber cómo lo está haciendo un líder mira a su comunidad”.

“La mayor equivocación es no preguntar a nadie en qué te estás equivocando”.

Ecualizador del Autoconocimiento y aprendizaje continuo

Comunicación y habilidades sociales

Organización del tiempo

Gestión de acuerdos y tensiones

Toma de decisiones

Visión. Impacto en otros

Adaptabilidad y reflexividad

Silvana Capano es uruguaya y doctora en Educación por la UCC. En su tesis abordó el concepto de experiencia en Ignacio de Loyola, su implicancia pedagógica y su vigencia en la propuesta curricular de los colegios jesuitas de Uruguay. Es una docente experta en las “claves identitarias”, en lo que significa o debe significar la identidad jesuita para las instituciones educativas que pertenecen a la Orden que fundó San Ignacio.

https://ucc.edu.ar/noticias/tradicion-educativa-compania-de-jesus

Ignacio presenta formula del instituto al papa

Los jesuitas, a disposición del papa

Desde su fundación, los jesuitas se han puesto al servicio del Papa, ofreciendo sus servicios para la misión universal de la Iglesia. Esta característica definitoria, arraigada en la visión de San Ignacio de Loyola, no es solo un ideal espiritual, sino un compromiso concreto. Es una tradición de disponibilidad y obediencia que se ha mantenido ininterrumpidamente a lo largo de los siglos y sigue siendo un sello distintivo de la identidad jesuita.

La Compañía de Jesús nació en 1540, en mitad de la gran crisis religiosa del siglo XVI. Era también el final de una serie de papas del Renacimiento, más caracterizados por sus actividades políticas, incluso mundanas (Alejandro VI, Julio II, León X…), que por su liderazgo espiritual, aunque los últimos ya se tomaron en serio la necesaria reforma de la Iglesia (Paulo III, Julio III, Pío V…).
A pesar de esa diversidad, no siempre edificante, Ignacio de Loyola y los primeros compañeros vincularon la orden naciente con un voto de obediencia al papa, según acordaron en las deliberaciones de 1539: convenía más que el vicario de Cristo “disponga de nosotros y nos envíe a donde más juzgare que podemos fructificar”, pues, según Pedro Fabro,“conoce mejor lo que conviene al universal cristianismo”. Este es el origen del cuarto voto (algo similar tienen otras congregaciones religiosas) propio de los jesuitas, su “identidad”, que se añade a los tres votos de la vida religiosa de pobreza, castidad y obediencia. No significa que los jesuitas deban obedecer al papa más que ningún católico, sino que, por voto, los jesuitas se ponen a disposición del papa para desarrollar las misiones que les encomiende.
Una de estas “misiones”, otorgada por Paulo III a petición del rey João III de Portugal, fue evangelizar las Indias Orientales, para lo que fueron destinados el portugués Simão Rodrigues y el español Nicolás de Bobadilla, pero quien acabó yendo fue san Francisco Javier, antes, incluso, de la fundación canónica de la Compañía. John O’Malley afirma que fueron san Ignacio y los primeros jesuitas quienes cambiaron la semántica del término “misión”, partiendo del “envío [por el papa]” para acabar refiriéndose a trabajos apostólicos entre no cristianos, como consecuencia de ese envío.
Especial uso de la disponibilidad de los jesuitas hicieron los papas del siglo XVI: En varias ocasiones Paulo III mandó a jesuitas como enviados pontificios (Irlanda), predicadores, profesores (Sapienza), reformadores o misioneros. Julio III les encomendó el colegio Germánico, envió a Diego Laínez y Jerónimo Nadal a las negociaciones con los protestantes alemanes; a Laínez y Nicolás Salmerón, como teólogos al Concilio de Trento; a otros jesuitas a Córcega y Piacenza, así como a Etiopía. Paulo IV los encaminó a Polonia y Bruselas; Pío IV a Irlanda y Escocia. Pío V pidió a los jesuitas que fuesen los confesores (penitenciarios) de la basílica de San Pedro (1569), y nombró a un jesuita como nuncio en Escocia. Gregorio XIII fundó el Colegio Romano (después Universidad Gregoriana); envió jesuitas a Constantinopla, Líbano, Suecia, Escocia y Escandinavia. Probablemente la última misión pontificia personal antes de la supresión de la Compañía (1773) fue la designación por Benedicto XIV del P. M. de Azevedo como consultor de la congregación de ritos, en 1748, que desde entonces incluiría siempre un jesuita.
Después de la restauración de la Compañía (1814) encontramos misiones pontificias, pero que incumben a instituciones, no tanto a personas concretas: Colegio Urbano (Roma) 1836; Civiltà Cattolica, 1866; Seminario regional Leoniano (Anagni), 1897; Pontificio Instituto Bíblico (Roma), 1909 y Colegio en Manila, devuelto a la Compañía en 1910; Pontificio Instituto Oriental (Roma), 1922; Colegios en Roma: Ruso (1929), Maronita (1931), Brasileño (1934); Parroquias en Roma, como San Saba (1931); un penitenciario menor permanente en la basílica de San Pedro (1931); Observatorio Castel Gandolfo (1935), etc.
Uno de los últimos encargos fue el de Pablo VI a la Congregación General 31, invitando a la Compañía a centrar sus energías apostólicas en la lucha contra el ateísmo, misión secundada por la propia congregación y por el general recién elegido P. Pedro Arrupe.
A lo largo de su historia, los papas han contado con la Compañía de Jesús para encomendarle determinadas misiones. Este cuarto voto de obediencia al papa circa missiones, aunque no agota la disponibilidad y servicio de los jesuitas a la Santa Sede, sigue siendo la parte más nuclear de su ADN, en el pasado, presente, y futuro.
Por Wenceslao Soto Artuñedo, SJ | Archivum Romam Societatis Iesu (ARSI)@jesuits.global

Evangelio del Domingo. “YO LAS CONOZCO”

El evangelio que nos propone la liturgia de este domingo es muy breve: apenas cuatro versículos del capítulo 10 del evangelio de San Juan. Es éste un largo capítulo en el que, en su primera parte, la más extensa, Jesús define su relación con los discípulos: “Yo soy el buen pastor” (v. 11) y en la segunda parte, más breve, define su relación con el Padre: “Yo y el Padre somos uno” (v. 30). En los versículos de hoy aparecen esos dos aspectos. Nos centramos en este comentario en un aspecto, en una afirmación concreta de la relación del Buen Pastor con sus discípulos: “Yo las conozco” (v. 27).

Jesús nos conoce. Y nos conoce a fondo. Me preguntaba preparando este comentario: ¿hay alguien que me conozca como Jesús me conoce? Es una pregunta que nos podemos hacer todos nosotros. Mi respuesta personal es que nadie me conoce con la profundidad y la verdad con que Él me conoce. En lo bueno y en lo menos bueno. Nadie como Él conoce todos los gestos de bondad, de entrega, de disponibilidad de que somos capaces, y que tantas veces quedan ocultos a miradas ajenas. Y nadie como Él conoce lo que nos duelen nuestros fallos de todo tipo y la impotencia que sentimos cuando queremos mejorar o cambiar y no podemos. Nadie como Él conoce las alegrías íntimas por sencillos gestos de amor y nadie como Él conoce el sufrimiento de fracasos, incomunicaciones, decepciones… especialmente en las relaciones humanas.

Pero quien más nos conoce es Aquel que más nos ama. El buen pastor que conoce a sus ovejas es el que no ha dudado en afirmar que “doy mi vida por las ovejas” (v. 15). Y esa doble afirmación nos abre a tres dimensiones de nuestra relación con Él:

  • Una dimensión de intimidad que hace de nuestra oración una relación muy especial como la que, seguramente, no podemos tener con nadie más. Una intimidad que va más allá de las palabras, porque a Él no es necesario “explicarle” nada, y que es, sencillamente dejar que Él nos acoja tal como somos y con todo su cariño;
  • Una dimensión de confianza porque su Amor no es sometido a prueba por nuestro amor, sino que sintiéndonos acogidos por su Amor nos vamos haciendo capaces de amar cada día más, incluso a aquellos de los que no esperamos mucho o nada. Porque la minúscula de nuestro amor se va haciendo mayúscula a medida que crece en gratuidad;
  • Una dimensión de esperanza. Esperanza en Aquel que no duda en afirmar “Yo les doy vida eterna” (v. 28). Vida eterna que no es otro tiempo de la vida, sino otra dimensión de la vida, otro sentido. Más allá de lo que nos es dado conocer, más allá de lo que nos cabe esperar.

DARÍO MOLLÁ, SJ | @centroarrupevalencia

Robert Francis Prevost es elegido Papa: toma el nombre de León XIV

El cónclave eligió este jueves, 8 de mayo, al cardenal Robert Francis Prevost como nuevo Papa. El prelado estadounidense, de 69 años, escogió el nombre de León XIV, evocando al papa León XIII, una figura asociada al compromiso social y a la apertura diplomática en la historia reciente de la Iglesia.

Monseñor Robert Francis Prevost, O.S.A. nació el 14 de Setiembre de 1955 en Chicago, Illinois (EE.UU.). Su padre, Louis Marius Prevost, es de ascendencia francesa e italiana, y su madre, Mildred Martínez, es de ascendencia española. Tiene dos hermanos, Louis Martín y John Joseph.

Infancia

Su infancia y adolescencia transcurrió con los suyos. Los inicios de su juventud se desarrollaron en el campus universitario, pues desde los 18 hasta los 22 años estudió en Villanova University-Pennsylvania, llegando a obtener el Bachellor’s Degree en Matemática (1977), además de una especialización en Philosophy (1977). El 1º de Setiembre de ese mismo año ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín (O.S.A.), en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo, en Saint Louis. El 29 de agosto de 1981 profesó los votos solemnes. Durante aquellos años estudió en la Catholic Theological Unión-Chicago, llegando a graduarse con el título del «Master of Divinity, (en Teología) con mención en Misión Intercultural» (1982).

Estudios

A sus 27 años fue enviado por la Orden a Roma para estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (el «Angelicum»). En la Ciudad Eterna recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Jean Jadot, presidente del Consejo Pontificio para los no cristianos, el 19 de junio de 1982. Obtuvo la Licenciatura en 1984, y continuó con la preparación de la tesis doctoral, cuando fue destinado a trabajar en la misión de Chulucanas, en Piura-Perú (1985-1986), siendo vicepárroco de la catedral «Sagrada Familia» y canciller. La diócesis de Chulucanas, erigida el 8-VI-1989, comenzó como prelatura el 4 de marzo de 1965, para ser atendida por los padres agustinos norteamericanos de la Provincia de Chicago.

En 1987 obtuvo el grado de Doctor con la tesis: «El Rol del Prior Local de la Orden de San Agustín», recibiendo la calificación de Magna Cum Laude.

En ese mismo año fue elegido director de vocaciones y director de misiones de la Provincia agustiniana «Madre del Buen Consejo» en Olympia Fields, Illinois (USA); además se dedicó a conseguir fondos económicos para las misiones de su provincia, en especial para la misión de Chulucanas. En 1988 fue enviado a la misión de Trujillo para ser el director del proyecto de formación común de los aspirantes agustinos de los Vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apurímac. Allí se desempeñó como prior de la comunidad (1988-1992), director de formación (1988-1998) y maestro de profesos (1992-1998). En la arquidiócesis de Trujillo prestó servicio como vicario judicial (1989-1998), profesor de Derecho Canónico, Patrística y Moral en el Seminario Mayor «San Carlos y San Marcelo»; también ejerció como director de Estudios del mencionado Centro de Formación Sacerdotal, y fue rector encargado durante un año. Junto con estas labores académicas y espirituales; párroco fundador en la Parroquia de «Nuestra Señora Madre de la Iglesia», hoy parroquia «Santa Rita» (1988-1999) y administrador parroquial de «Nuestra Señora de Monserrat» (1992-1999).

Tras estos largos 11 años en Trujillo, regresó a los Estados Unidos porque fue elegido (en 1999) prior provincial de su Provincia «Madre del Buen Consejo» (Chicago). Después de dos años y medio, el capítulo general ordinario lo eligió como prior general, ministerio que la Orden le volvió a confiar en el Capítulo General Ordinario de 2007. De esta manera, durante dos sexenios, fue responsable de los procesos de planificación y dirección de la orden agustina a nivel mundial, por lo que tuvo que viajar por diferentes países para participar en todos los capítulos de las Provincias y Vicariatos. Además, fue moderador del Instituto «Augustinianum» y responsable de las relaciones de su Orden con los dicasterios vaticanos. En estos años, monseñor Roberto también se había convertido en un políglota, pues habla el inglés, español, italiano, francés, portugués; y lee el latín y el alemán.

Nombramiento como obispo y cargos en la Curia Vaticana

En Octubre de 2013 regresó a su Provincia (Chicago) para ser maestro de profesos y vicario provincial; cargos que desempeñó hasta que el Papa Francisco lo nombró el 3 de noviembre de 2014 administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo (Perú), elevándolo a la dignidad episcopal como obispo titular de Sufar. El 7 de noviembre tomó posesión canónica de la diócesis ante la presencia del nuncio apostólico, monseñor James Patrick Green y del Colegio de Consultores. Y fue ordenado obispo el 12 de diciembre, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, en la catedral de su diócesis. Es obispo de Chiclayo desde el 26 de Septiembre de 2015.

Nombrado por el papa Francisco, miembro de la Congregación para el Clero en 2019. Nombrado por el Papa Francisco, el 21 de noviembre de 2020, miembro de la Congregación de Obispos. Reelegido segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana en 2022.

El 30 de enero del 2023, el Papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio de los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL).

Creado cardenal en 2023

Prevost fue creado cardenal por el Papa Francisco en el Consistorio de cardenales del 30 de septiembre del 2023.+

Arturo Sosa SJ. A toda la Compañía de Jesús en la elección del Papa León XIV

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Queridos Hermanos:

Con todo el Pueblo de Dios, y tantas personas de buena voluntad, compartimos la alegría de la elección del Papa León XIV, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal.

En este tiempo pascual hemos contemplado la escena en la que Jesús, el crucificado-resucitado, confirma la llamada al Apóstol Pedro a seguirlo, a hacerse cargo de sus hermanos y hermanas reunidos en la Iglesia, enviados a difundir y ser testigos de la Buena Noticia en todo el mundo. La fuente de la misión encomendada al Apóstol Pedro y sus sucesores es el amor incondicional del Padre. El Hijo, Jesús, entregó su vida para cumplir la voluntad redentora del Padre y confió a la comunidad de sus seguidores la continuación de su misión en la historia. Envió al Espíritu Santo como inspirador y consejero de sus apóstoles y ministros responsables de llevarla a cabo. El ministerio petrino cumple así un papel de primera importancia en animar el servicio de la Iglesia a la misión redentora del Señor Jesús en cada una de las complejas situaciones de la historia humana.

Para nosotros, es una oportunidad de renovar una de las dimensiones características del carisma recibido a través de San Ignacio y los primeros padres, fundadores de la Compañía de Jesús, a saber, la disponibilidad a recibir del Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra, la misión con la cual podamos ofrecer el mejor servicio a la Iglesia universal. Como hicieron mis predecesores con los Papas anteriores, le he comunicado al Santo Padre León XIV, la disponibilidad de la Compañía de Jesús a ofrecer nuestra colaboración donde y como su visión universal considere que podemos dar lo mejor de lo que hoy somos.

Igualmente aseguré al Papa León XIV la oración todo el cuerpo y cada uno de los miembros de la Compañía de Jesús. Aprovechemos este momento para renovar nuestro sentir con la Iglesia, encontrando, en fidelidad creativa al nuestro carisma, la mejor manera como hoy podemos servir a la misión del Señor Jesús.

Encomendamos al Papa León XIV, pues, de todo corazón a María Madre de la Iglesia, Nuestra Señora, la que supo aceptar la llamada del Espíritu Santo, confiar en que nada es imposible para Dios, acompañar a su Hijo Jesús durante su vida terrena y, testigo privilegiada de la resurrección, acompañar los primeros pasos de la primitiva Iglesia.

Arturo Sosa, S.J.

Superior General

Roma, 8 de mayo de 2025

(Original: español)

#CÓNCLAVE2025. Fumata negra: 1a jornada sin resultado concluyente

Este miércoles dio comienzo en la Capilla Sixtina el cónclave para elegir al sucesor de Francisco. La primera jornada terminó sin nuevo papa.

El cónclave 2025, el tercero del tercer milenio, comenzó este miércoles en la Capilla Sixtina del Vaticano, y el resultado fue una primera fumata negra: ningún purpurado logró los votos necesarios para ser elegido nuevo papa.

Desde hoy, 133 cardenales procedentes de 71 países permanecen incomunicados para la elección del nuevo papa, el 267 papa de la historia de la Iglesia.

La fumata negra salió por la chimenea a las 21 (16 hora de la Argentina), casi tres horas después de que se cerrasen las puertas de la Capilla Sixtina y comenzara el cónclave, en medio de una gran expectación.

El humo negro salió por la chimenea durante un buen rato, para que no quedasen dudas de que era de ese color. La normativa vaticana establece que para ser elegido papa son necesarios dos tercios de los votos, por lo que al ser 133 los cardenales electores, se necesitaban 89 votos, que ningún candidato logró.

Tras esta primera fumata negra, los cardenales volverán a votar mañana por la mañana. El segundo, tercero y cuarto día se celebran dos votaciones por la mañana y dos por la tarde.

El humo negro que comenzó a salir a las 21 de Roma marcó un primer voto inconcluyente de los cardenales en el cónclave que busca nombrar al pontífice número 267°.

Vatican News, medio oficial de la Santa Sedre, precisó que unas 45 mil personas se congregaron en la plaza de San Pedro para la primera fumata, mientras que otras 120 mil personas siguieron la transmisión oficial de los medios vaticanos en la víspera de la primera votación.

Desde mañana, segundo día del cónclave, y hasta la elección del papa, las fumatas tienen horario fijo.

La jornada comienza alrededor de las 7.30 (2.30 en la Argentina) con una misa concelebrada por los purpurados, seguida a las 9 (4 en la Argentina) por el rezo de las laudes. A continuación, se lleva a cabo la primera sesión de votaciones, que incluye dos escrutinios consecutivos.

La primera fumata se liberará entre las 10.30 y las 12 (5.30 y 7 en la Argentina); será blanca si se ha alcanzado una elección, o negra si no se ha llegado a un acuerdo.

La segunda sesión de votaciones comienza a las 16 (11 en Argentina) con dos rondas más de votación. Al finalizar, se emite la segunda fumata del día, que está prevista entre las 17.30 y las 19 (12.30 y 14 en la Argentina). Si no se elige al nuevo pontífice en esta ocasión, los cardenales regresan a la residencia de Santa Marta después del rezo de las Vísperas, y el proceso continuará al día siguiente.+

@aica