Rumbo al II Congreso JESEDU-Montreal 2027

El COJESEDU, el comité organizador del II Congreso Mundial de Educación Secundaria Jesuita (JESEDU – Montreal 2027), celebró su segunda reunión del 6 al 8 de agosto de 2025 en Montreal.

El encuentro reunió a figuras clave de la Red Global Jesuita de Colegios (RGJC), entre ellas: el P. José Mesa, SJ, Secretario del Padre General para la Educación Secundaria y Presecundaria; el P. Jimmy Bartolo, SJ, designado Secretario del Padre General para la Educación Secundaria y Presecundaria; el P. Robert Reiser, SJ, Director ejecutivo de la Jesuit Schools Network of North America (JSN – Red Jesuita de Colegios de Norte América); Catharine Steffens, Directora de iniciativas y alianzas globales de la JSN; y John Patrick Mancini, Vicedirector de misión y formación en Loyola High School, Montreal.

Esta reunión fue un paso significativo en la preparación del II Congreso JESEDU-Montreal 2027, que tendrá lugar en Montreal en el verano de 2027. Las discusiones se centraron en definir los objetivos, los temas y la metodología del encuentro.

También se llevó a cabo una sesión en línea con Ciara Beuster, Subdirectora de Educate Magis, para dialogar sobre la organización de un Pre-Congreso Virtual, una oportunidad para quienes no puedan asistir presencialmente al encuentro en Montreal y, al mismo tiempo, una preparación importante para todos los participantes en el evento.

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El II Congreso será la conclusión del segundo ciclo de Encuentros Globales de la RGJC, después del II Coloquio JESEDU-Global2021 y del II Seminario JESEDU-Jogja 2024 en Yogyakarta.

El II Coloquio JESEDU-Global2021 fue una oportunidad para explorar cómo educar para un futuro lleno de esperanza, fomentando la profundidad y la ciudadanía global enraizadas en la fe y la reconciliación, dentro del marco de nuestra Perspectiva Educativa Integral, tal como se expone en la Declaración de Visión JESEDU-Global 2021.

El II Seminario JESEDU-Jogja2024 desarrolló aún más el tema “Educar para la fe en el siglo XXI”, alentando a la comunidad RGJC a buscar nuevas maneras de conducir a las personas hacia Dios mediante la espiritualidad ignaciana, promoviendo el diálogo interreligioso, formando una fe resiliente y fortaleciendo la educación basada en la fe dentro de las escuelas católicas en la tradición ignaciana.

El II Congreso en Montreal cerrará este ciclo de discernimiento de la Red Global. Los participantes reflexionarán sobre los resultados de los dos encuentros anteriores a la luz de su aplicación práctica en sus respectivos contextos educativos y trabajarán en colaboración para definir un conjunto de compromisos concretos para el futuro.

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Card. Czerny SJ: «Conferencia Eclesial de la Amazonía es un ámbito de sinodalización»

El prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, recordó que el objetivo de la reunión de la Conferencia Eclesial de la Amazonía es lograr que las voces de los obispos sean acogidas, escuchadas y consideradas: “representan las vocaciones dentro del pueblo de Dios”.

¿Cómo la CEAMA puede ayudar de manera concreta y efectiva a los obispos y Vicarios de la Amazonía? ¿Cómo puede ayudar a la Iglesias locales a enfrentar los principales desafíos pastorales? ¿Qué funciones están llamadas a cumplir las conferencias episcopales que sean relevantes y necesarias para la Ceama?, cuestiones que el cardenal Michael Czerny SJ planteó en la sesión inaugural del Encuentro de Obispos de la Amazonía previsto del 17 al 20 de agosto en Bogotá.

El prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, recordó que justamente ese es el objetivo de la reunión, lograr que las voces de los obispos de la Amazonía sean acogidas, escuchadas y consideradas, que la CEAMA redefina su trayectoria, relanzando, acompañando y ayudando a las Iglesias locales a realizar su misión.

Para el prelado, la creación de la CEAMA representa un nuevo ámbito de sinodalización que la Iglesia Latinoamericana ofrece a la Iglesia toda, la Iglesia universal. Es por eso, que, a la luz del sínodo de la sinodalidad, se hace necesario continuar con su proceso de profundización y maduración en el marco de la actual fase de recepción del Concilio Vaticano II.

Pastoral compartida e inculturada

Trayendo a la memoria el nacimiento de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, se refirió al proceso como un verdadero milagro. El purpurado destacó su existencia como una respuesta al llamado que hiciera en su momento el camino sinodal de la Amazonía: «crear una red de comunicación eclesial amazónica, que comprenda los diversos medios utilizados por las Iglesias particulares y otros organismos eclesiales. Una estructura que se pensó como una forma encarnada de llevar adelante la organización eclesial».

Desde esa perspectiva, Czerny aseguró que su misión establece una relación directa con una pastoral compartida e inculturada que debe promoverse entre las diócesis amazónicas como años atrás lo plantearon los obispos en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño en Aparecida.

De los acontecimientos que marcaron el nacimiento de la CEAMA, han pasado cinco años y el cardenal Czerny destaca los esfuerzos de ese «brote que creció, se desarrolló y ahora comienza a conocerse a sí mismo, reconociendo su vocación y misión». Una oportunidad que según dijo, invita a felicitar al organismo por esta primera Asamblea de Obispos de la Amazonía.

Una reunión cuyo propósito es agradecer por todo ello y al mismo tiempo «profundizar en su llamado, redescubrir su vocación y misión de manera más madura para reimpulsar una nueva etapa en su caminar».

Una Iglesia de ministerios y carismas

Al respecto, el cardenal profundizó en la novedad del organismo eclesial a partir del significado de la sigla que le da su nombre: CEAMA. Una «Conferencia» y «eclesial», dijo el obispo canadiense, explicando que esta última palabra es de gran importancia porque se refiere a su carácter especial entre las instituciones de Iglesia.

«Significa que sus miembros y participantes no solo son obispos, sino que representan las vocaciones dentro del pueblo de Dios, los ordenados, consagrados, laicos y representantes de los catequistas y lectores. Una Iglesia no solo de ministerios sino también de carismas», a lo que se agrega la participación de organismos regionales como Cáritas, CLAR, REPAM, representantes de los pueblos originarios, expertos y el mismo Papa.

Una dimensión eclesial y sinodal que hace concreto el deseo de los obispos en Aparecida, respecto a la participación de los laicos y la importancia del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y ejecución de la vida y misión de toda la Iglesia.

«La CEAMA no puede ser menos episcopal que una conferencia ordinaria y típica, por el contrario, de acuerdo con el concilio y el sínodo debe mantener su carácter episcopal, ha de fortalecerlo y madurarlo a la luz de la sinodalidad, porque de acuerdo con el sínodo de los obispos, la sinodalidad es el marco interpretativo más adecuado para comprender el ministerio jerárquico», comentó.

Un lugar teológico

Igualmente aseguró que la tercera palabra de la sigla CEAMA es «Amazonía», y es la que designa una realidad vasta; aquí existe el riesgo de convertirse en una abstracción.

La palabra «Iglesia» también puede volverse abstracta si su centro de gravedad no está en la Iglesia local, -advierte- es decir es una porción del Pueblo de Dios que bien afirma Querida Amazonía “reconfigura su propia identidad en escucha y diálogo con las personas realidades e historias de su territorio”.

En esta línea el cardenal insistió en que a este análisis se han de agregar dos palabras: «pastoral y territorial», esto para superar la concepción de la Amazonía como un lugar geográfico y entenderla como un lugar donde se vive la presencia y revelación de Dios.

Los creyentes encontramos en la Amazonia un lugar teológico, es decir, un lugar de sentido para la fe o la experiencia de Dios en la historia. “El territorio es un lugar teológico desde donde se vive la fe, es también una fuente peculiar de revelación de Dios”.

Reflexiones que, desde el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, invitan a reflexionar sobre el ser y quehacer de la CEAMA frente a lo que dijo conviene analizar que una «conferencia» —sea episcopal como eclesial— no está concebida solo para “hacer”, sino para coordinar, articular y facilitar.

Obispos de la Amazonía inauguran su inédita asamblea con la misa de la creación de León XIV

Ha comenzado la inédita asamblea de obispos de la Amazonía en la sede del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), en Bogotá, con la misa por la custodia de la creación, aprobada por León XIV el 9 de julio.

La nueva celebración litúrgica, incluida en el misal romano dentro de las celebraciones “pro variis necessitatibus vel ad diversa” – para diversas necesidades y ocasiones – fue celebrada por el cardenal Leonardo Steiner, arzobispo de Manaos (Brasil).

Antes de la misa, los 83 prelados, de 76 jurisdicciones eclesiales de nueve países de la cuenca amazónica, participaron en una ceremonia simbólica de imposición de cruces pectorales “en madera” hechas con árboles quemados en los incendios de la Chiquitanía boliviana.

Cruces de la Chiquitania

Seguir a Jesús

El cardenal Steiner, basándose en la parábola del joven rico, invitó a sus hermanos obispos y demás invitados especiales a asumir los mandamientos no como imposiciones, sino como “iluminaciones del camino a recorrer y que ha de conducir a la madurez de la fe cristiana”.

“Seguir a Jesús tiene la fuerza de una ruptura, de un salto existencial inigualable: morir a uno mismo para vivir con Cristo”, apuntó.

Por eso, seguir a Jesús es un camino exigente, de disponibilidad y desprendimiento, porque “la eternidad nos enseña que salvar es perder; perder tiene que ver con salvar”.

Pidió a las Iglesias amazónicas “a asumir con valentía y entereza el llamado de Jesús”, manifestada “en la solidaridad con los pobres y en la construcción de comunidades más libres y fraternas”.

“Un corazón generoso, libre, compasivo y misericordioso es un camino que conduce a la vida eterna”, puntualizó, conectando la reflexión del Evangelio y el propósito de este encuentro con el proceso del camino sinodal que vive la Iglesia en la región.

Signos de esperanza

Sinodalidad, cuidado de los pueblos y de la casa común. Bajo estos dos ejes, el tren directivo de la Conferencia Eclesial de la Amazonía, encabezado por su presidente, el cardenal Pedro Barreto, obispo emérito de Huancayo (Perú).

“Somos llamados a convertir los signos de los tiempos en signos de esperanza. Somos peregrinos de esperanza en la Amazonía”, ha dicho el cardenal.

Un camino sinodal que arrancó en 2014 cuando crearon la Red Eclesial Panamazónica (Repam), siendo él presidente del antiguo Departamento de Justicia y Solidaridad del Celam.

Mientras que Zenildo Lima, obispo auxiliar de Manaos y vicepresidente de la Ceama, pidió a sus colegas “vivir este encuentro como fraternidad en Cristo, puesto que hemos sido llamados a una experiencia de encuentro entre nosotros para fortalecer nuestra amistad en Jesús”.

Mauricio López, también vicepresidente, se siente esperanzado, “el pueblo no es pueblo sin pastor, ni el pastor es pastor sin pueblo” y Laura Vicuña, religiosa catequista franciscana y vicepresidenta señaló que “los nuevos caminos de la Iglesia en la Amazonía pasan por la inculturación de la Buena Noticia”.

La asamblea culminará este 20 de agosto; durante los días de trabajo aplicarán la conversación en el Espíritu. Este encuentro de sólo obispos amazónicos es la antesala para una próxima asamblea eclesial de la Amazonía.

Los prelados, apoyados en sus equipos de trabajo, involucrar a su clero, laicado y vida religiosa a concretar la sinodalidad.

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La violencia expresada en los espacios

Dedico este artículo a mi amigo José Ignacio González Faus, segura de que lo apreciaría. Su mirada, a través de sus escritos, contribuyó a confirmar la mía dándole un sustento teológico. ¡Gracias!


Al leer el título, seguramente acuden a vosotros imágenes de ciudades convertidas en escombros por las bombas, calles imposibles de transitar por esa destrucción evidente; niños y adultos moviéndose en harapos entre esos escombros de lo que fuera un templo, un lugar sagrado, la casa de sus vecinos o el propio hogar, donde quedaron sepultados pertenencias, objetos queridos y sueños.

O ante el título podéis ver riñas callejeras, violencia en el tránsito, oír gritos destemplados en la noche; en fin, pensar en lugares «peligrosos», en barrios y áreas rojas de nuestras ciudades por donde por seguridad hemos de evitar circular. También recordaréis imágenes ya cotidianas de plazas y calles de nuestras ciudades donde moran cada vez más personas, los «sin techo». En muchos espacios públicos a toda hora del día se ven esos bultos grises, las pertenencias de quienes duermen casi todo el día en las veredas. Los transeúntes pasan raudos por esa geografía con cierto temor; acaso ven la basura y aspiran los olores, pero también, al fin, la vista y el olfato se anestesian y ya no se perciben. Donde hay refugios nocturnos, esas personas acampan esperado horas antes de entrar, o a la mañana, cuando cierran y deben salir, se quedan sentados ocupando toda la cuadra. Algunos se dirigen a sus lugares en los semáforos procurando monedas. Se trata de otro espacio que expresa la violencia en esta sociedad.

Todas las citadas son imágenes de los «sobrantes» de esta sociedad, tal como lo eran aquellos espectros a la vera de los caminos en tiempos de Jesús: viudas, leprosos y mendigos. O los que esperaban en las plazas a ser contratados para un trabajo zafral (Mt 20,7).

Sin embargo, me referiré a otras formas de violencia normalizada en nuestras ciudades, esa arquitectura que expresa la violencia temida y provocada: muros y rejas por doquier —a veces enrejados muy elegantes, otras torpes que afean los espacios, muchos electrificados…— que, sean como sean, significan un límite, un «detente, aquí no puedes entrar», «aléjate de aquí, paria».

En contraste, en nuestras ciudades vemos numerosos rascacielos, generalmente de las multinacionales, con vidrios espejados que reflejan el cielo y multiplican el sol, y que impiden ver hacia adentro. Tras la aparente belleza hay violencia, separación, distancia.

También son parte de la arquitectura actual las casas de grandes dimensiones, con jardines diseñados por paisajistas, con amplios espacios muy iluminados, buenos muebles y rica decoración, que se exponen a la vista de todos. Simbólicamente, se imponen como expresión de bonanza económica, que en nuestra cultura se identifica con felicidad.

En ambos casos nos encontramos ante formas de violencia; formas diferentes, sí, pero violentas al fin y al cabo, pues gritan: «esto es espacio de gran poder, privado y secreto», «todo esto es mío, envidia mi suerte», «tú no eres nadie, no vales nada» (quizá esta última afirmación suene temeraria. Quiero subrayar que no es lo mismo sentirse creatura pequeña y frágil ante la inmensidad del mar o la altura de una montaña que ante la arquitectura creada por otros humanos).

Me detengo en particular en un ejemplo de asimetría espacial que expresa violencia, aunque de tan normalizada a muchos no asombra y menos indigna: las dependencias del personal de servicio. Las grandes mansiones tienen separadas las áreas de la familia de las de la servidumbre, pero en casas de clase media donde hay una sola persona —en general mujer— que hace las tareas de servicio, ¿habéis notado las dimensiones de su habitación? Apenas cabe una cama o un sillón que se convierte a la noche en cama y ocupa todo el espacio, y un mini mueble para su uniforme y su muda de domingo —si es que sale los domingos—. La habitación, mucho más pequeña que la cocina, se ubica junto o al final de la misma y, si tiene una ventana —pequeña—, da al lavadero.

El mismo arquitecto que diseñó el comedor para muchos invitados, el living vidriado y las habitaciones luminosas y con buenas vistas, diseñó ese recinto minúsculo para la persona que mantendrá la casa limpia, cocinará, planchará… Se diseña no solo el metraje sino el lugar y la orientación de las aberturas: la puerta a la cocina, la ventana al lavadero. El espacio «ubica» a la persona, le recuerda qué lugar ocupa y cuál es su función. Además, si la persona no tiene formación y comunidad que le ayude a pensar y a distanciarse críticamente del rol, el espacio puede llegar a identificarla. Análogamente a quien vive entre la basura y acaba sintiéndose tal, esta persona que trabaja —ojalá que en regla y bien pagada— no se percibe señora sino «sirvienta».

Nunca presencié directamente, pero tengo buenas referencias por relatos y por documentales de la arquitectura —si puede llamarse así— también disímil de las estancias o haciendas y los galpones de la peonada (supongo que es igual en todos los continentes; mi conocimiento se refiere a Latinoamérica, desde México a Argentina, pasando por el enorme Brasil). Los cascos de estancia sólidos, amplios, con los mejores materiales disponibles en cada época y renovados con los cambios culturales, contrastan hasta lo inexcusable con «las habitaciones» de los trabajadores rurales. Filmaciones documentales que han podido tomarse muestran enormes galpones sin muebles ni separaciones, con hamacas, literas o directamente jergones en el piso donde duermen los numerosos peones, sin intimidad, sanos y enfermos, adolescentes y adultos (niños también). Obviamente, sin luz eléctrica. Estos espacios suelen ser de terrón y paja o de madera y chapas, materiales fáciles de ser destruidos por un incendio o inundados por las lluvias.

Me diréis que siempre ha sido así: lo vemos en la arquitectura —que nunca es inocente— medieval, con sus castillos en lo alto fortificados y las elevadas torres de los templos que contrastan con los pueblos construidos a su alrededor. En ambos casos se buscaban justificaciones: la defensa, en el caso de los castillos; la gloria de Dios, en el caso de los templos. Después, los enormes palacios con decenas o cientos de habitaciones para competir entre reinos y cortes, para invitar a huéspedes a fastuosas fiestas.

No niego la belleza y el valor arquitectónico de tantos museos, iglesias y palacios que visitamos admirados como turistas. Aprendemos estilos, gustamos el arte, nos maravillamos ante la creatividad y el dominio de las leyes físicas. Goza la mirada ante su belleza, pero como cristianos no deja de interpelarnos —claro que, hoy, las catedrales más visitadas son los centros comerciales, todos semejantes, todos con el mismo perfume y música, todos «moles» sin arte auténtico—.

Este artículo ha pretendido ilustrar con ejemplos concretos la violencia asimilada como normal, aquella que va más allá de bombas y crímenes, más fáciles de repudiar. Es la violencia de las diferencias que establecemos unos con otros, esa que tanto le preocupaba a Chalo. A su memoria dedico este artículo y le pido: «ayúdanos a ser lúcidos y valientes: lúcidos para ver, valientes para no callar».

Rosa Ramos

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Todos somos migrantes

La Fundación SJM Bolivia transforma la experiencia de emigración internacional del país en acogida de migrantes forzados venezolanos, eligiendo la promoción e integración de los migrantes y buscando cómo fortalecer la capacidad humana de la resiliencia.


José, ciudadano venezolano, llegó en 2019 a la ciudad de El Alto, Bolivia. Como muchos de sus paisanos, para sobrevivir el día vendía caramelos en una de las avenidas de mayor circulación, donde también estaba un policía que intentaba ordenar el caos vehicular. Ambos hacían su trabajo día a día. Una de aquellas tardes el policía advirtió que José no había ido a vender sus caramelos, hasta que volvió a aparecer. Entonces, preguntó a José el motivo de su ausencia. José sorprendido le respondió y se atrevió a preguntar por qué no se comportaba como otros policías ni controlaba su estatus migratorio. La respuesta del policía fue una invitación a comer donde le contó que él también había sido migrante en España y en todo el tiempo que estuvo no pudo regularizar su permanencia. Ese día José y el policía se reconocieron migrantes.

El anterior relato resume lo que la Fundación SJM Bolivia articula en sus acciones dirigidas a promover una convivencia intercultural, en un país de migrantes, para responder a la migración forzada que es uno de los dramas humanos sin precedentes en Latinoamérica.

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Así como José, desde el 2018 muchos venezolanos migrantes forzados, en situación de mendicidad, comenzaron a llenar las principales calles de las ciudades grandes de Bolivia, con la esperanza de conseguir algo de dinero para mal comer y dormir, con la esperanza de llegar a Chile para trabajar y enviar remesas a su familia.

A mediados de 2022 la población migrante venezolana en territorio boliviano llegó a 13.678 personas, según un estudio de nuestra Fundación SJM Bolivia. A finales del mismo año residían 15.000 migrantes, principalmente en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. En 2023, Naciones Unidas ‒ Bolivia estimaba que a finales de año este número superaría los 18.200.

Bolivia, un país que tradicionalmente tiene una historia de procesos de emigración internacional, actualmente es parte del estacionamiento temporal y país destino de la migración forzada. Este cambio planteó a la Fundación SJM y la Compañía de Jesús el reto apostólico de acompañar una realidad nunca vista en su historia migratoria: acoger a los migrantes reconociendo la propia experiencia de migración. Esto significa determinar como prioridad la acogida, acompañamiento, promoción e integración de los migrantes y fortalecer la capacidad humana de la resiliencia para promover una fraternidad intercultural desde una “amistad social”, como propone el Papa Francisco.

Según todas las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan con personas migrantes y refugiadas, las cifras irán en ascenso, lo que concuerda con las bases de datos de la Fundación SJM. Entre enero y agosto del 2020, durante la pandemia, la Fundación registró a 183 migrantes venezolanos. El año 2021 el número se incrementó a 1.153 y en 2022, fueron 1.937 los registrados. Desde entonces se han añadido muchas más, aunque en el momento de redactar este artículo aún no se han verificado las cifras oficiales.

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Otro dato para tomar en cuenta es que entre 2015 y 2022, de todos los migrantes que ingresaron a Bolivia, el 10% decidió quedarse en este territorio; los otros salieron, en su mayoría con destino a Chile. Concretamente, la Fundación, hasta finales del 2022, registró a 43 familias que residían en La Paz y El Alto.

Cuando el Éxodo, en la Biblia, nos recuerda de que “fuimos extranjeros en Egipto”, nos percatamos de que la construcción de la fraternidad y la justicia pasa por el reconocimiento de que todos somos migrantes y que algunos cruzan las fronteras.

Bolivia sigue siendo un país de tránsito y origen de migrantes, pero este “pequeño resto de Israel” que busca asentarse en territorios como el nuestro nos lleva a cuestionar las razones de esta decisión. Esto nos obliga no solo a buscar fortalecer la economía, sino también a crear espacios más solidarios, más empáticos y menos xenófobos, es decir, territorios que nos permitan respirar más humanidad.

Por Heydi Galarza y Freddy Quilo, SJ | Provincia de Bolivia
[De la publicación “Jesuitas 2025 – La Compañía de Jesús en el mundo”]

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