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Carlo Acutis: «NO YO, SINO DIOS»

Frente a la muerte, la esperanza de cada ser humano es puesta a prueba. No solo eso, sino que cuando se trata de la enfermedad y la muerte de un joven, la misma vida parece tambalearse en el borde de lo incomprensible. Y sin embargo, existen testimonios que penetran en la oscuridad de la razón como un rayo de sol y calientan el corazón de quienes han dejado de esperar. La vida de Carlo Acutis es uno de esos rayos de sol.

Carlo se enferma a los 15 años, en los primeros días de octubre de 2006. Todo hace creer que es una gripe, pero, después de realizar los exámenes clínicos, los médicos pronuncian su diagnóstico: «Es una leucemia fulminante». El 12 de octubre, Carlo deja este mundo. Su cuerpo es velado por un continuo peregrinaje de personas que lo han conocido. La misa de exequias está llena. Los mismos padres dicen que, junto a un dolor desgarrador – que solo quien da la vida puede entender – sienten una paz, signo no de «un fin», sino de «un con-fín» para vivir con su hijo Carlo.

carlo acutis

Pero hay más. Desde el momento en que Carlo deja esta vida, no cesan de llegar testimonios, relatos, recuerdos y correos electrónicos de muchas partes del mundo que tienen un denominador común: para aquellos que lo encuentran, Carlo sigue viviendo más allá del límite de la vida. Basta con escribir en un motor de búsqueda «Carlo Acutis» o en sus perfiles en Facebook para constatar los numerosos contactos y blogs en todos los idiomas que hablan de él; incluso el sitio web dedicado a él ha tenido aproximadamente 180.000 visitas. No solo es la red la que está difundiendo la figura de Carlo, sino también el «boca a boca» de los grupos juveniles eclesiales. El ejemplo de Carlo ya es considerado en muchas diócesis italianas como el símbolo de centros juveniles y centros vocacionales. Y en poco tiempo la figura de Carlo ha sobrepasado las fronteras nacionales.

Francesco Occhetta @laciviltacattolica

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*En el último consistorio de Cardenales, el Papa Francisco anunció que la canonización de Carlo Acutis se realizará ‘en fecha a determinar’, (probablemente durante el Jubileo de 2025).

Consistorio Ordinario Público de Cardenales 1 de julio de 2024

«Mi padre era un extranjero» La enseñanza bíblica sobre los migrantes (fragm.)

El sabio Qohelet decía: «No hay nada nuevo bajo el sol. ¿Hay acaso algo de lo que se pueda decir: “Mira, esto es una novedad”? Esto ya ocurrió en los siglos que nos precedieron» (Qo 1,9-10). Sin embargo, todos nosotros inevitablemente olvidamos lo que sucedió tiempo atrás, y por eso ciertos fenómenos nos parecen inusuales, excepcionales, sin comparación; en su supuesta anormalidad, se convierten en fuente de angustiosa preocupación. Entre estos eventos sorprendentes e inquietantes podemos incluir las oleadas migratorias que, desde África, el Cercano Oriente y Europa Oriental, se están volcando en estos años, como una marea imparable, hacia territorios de esperanza, hacia lo que nosotros, europeos, consideramos «nuestra» tierra.

Ahora bien, al observar detenidamente, no hay casi ninguna región o nación que en su historia no haya visto llegar, a veces desde muy lejos, caravanas o grupos étnicos enteros con la intención de establecerse en tierras extranjeras, consideradas oasis favorables. «Nuestra» Europa, en particular, es el resultado de un proceso milenario de invasiones, éxodos de poblaciones y mezclas; a su vez, ha producido grandes flujos migratorios hacia otros continentes, especialmente hacia las Américas y Australia, pero también hacia África y, en parte, hacia Asia. Quienes partían estaban convencidos de honrar el derecho de toda persona a la supervivencia y al bienestar, y en ciertos casos se enorgullecían de contribuir con su trabajo y su cultura al progreso civil de la humanidad. Es necesario, por tanto, tener en cuenta la historia, incluso la más remota, con su aporte de sabiduría, para interpretar correctamente la particularidad, considerada dramática, del momento presente.

El olvido del pasado es un factor de insensatez. Así nos lo dice la Escritura, desde el comienzo de la historia de Israel. La familia de Jacob, compuesta por unas setenta personas (Dt 10,22), para escapar de una carestía persistente, se trasladó a la tierra de Egipto; allí encontró prosperidad, y promovió además la riqueza económica del país anfitrión (Gn 46,31-34; 47,1-10). Pero «asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José» (Ex 1,8). Con el paso de los años se perdió la memoria de aquel inmigrante que había enriquecido a todos con su especial sabiduría. Del olvido surgen sentimientos inadecuados y acciones vergonzosas.

Los egipcios perciben la presencia vital de los hebreos como una amenaza; quien había recibido el estatus sagrado de huésped (hospes) se transforma en enemigo (hostis). El temor de ser superados tiene alguna justificación, debido al número creciente de aquellos que continúan siendo definidos como extranjeros y, por lo tanto, peligrosos; sin embargo, cuando no se controla, el miedo se convierte en un mal consejero. Dado que la autoridad política considera siempre que es sabio y es un deber usar todos los medios para proteger el interés primario de los ciudadanos, el faraón sugiere «tomar medidas sabias» que impidan la proliferación del supuesto adversario (Ex 1,10).

Sabemos que, en la historia de los hebreos, tal directriz operativa tomó la forma de normas que imponían a los inmigrantes condiciones crecientes de servidumbre, con maltratos y humillaciones, hasta la eliminación física de la vida naciente (Ex 1,11-22). El río de Egipto se convirtió entonces en la tumba de los recién nacidos hebreos, como el Mediterráneo se ha «convertido en un inmenso cementerio» para miles de refugiados, entre ellos muchos niños.

La Biblia es un vehículo de memoria: con sus relatos nos hace recordar cómo procesos de miedo inmotivado determinan actos que se presentan oficialmente como medidas necesarias para la protección de los ciudadanos, pero que en realidad son disposiciones insensatas e inhumanas. El aporte de la palabra de Dios es sumamente valioso, porque nos pide identificarnos espiritualmente con el pueblo judío, posicionándonos así del lado de los sin tierra; cada lector de la Escritura está invitado a decir: «Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres» (Dt 26,5).

La Biblia nos pide hacer memoria, asumiendo espiritualmente el estatus del inmigrante, porque en él se entrega un misterio de gracia y un camino de sabia justicia. Intentemos demostrarlo dejándonos guiar por las páginas bíblicas.

Pietro Bovati

@laciviltacattolica­­

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Papa Francisco: «Para que cada uno, con su propia historia, sea acogido y amado sin etiquetas, sin prejuicios»

Durante su reflexión del Ángelus de este domingo 30 de junio, el Papa Francisco alentó a los fieles a ser ejemplo como Jesús, por lo que pidió no excluir a nadie y a amar a todos sin etiquetas ni prejuicios.

«Hermanos y hermanas, miremos al corazón de Dios, para que la Iglesia y la sociedad no excluyan, no excluyan a nadie, para que no traten a nadie como “impuro”, para que cada uno, con su propia historia, sea acogido y amado sin etiquetas, sin prejuicios, para que sea amado sin adjetivos».

El Pontífice hizo su reflexión, ante miles de personas que iban llegando a la Plaza de San Pedro, tomando el texto del Evangelio (Mc 5,21-43), en el que Jesús se deja tocar por una mujer hemorroísa, a quien cura; y en el que resucita a la hija de Jairo.

“Dos milagros, uno de curación y otro de resurrección. Estas dos curaciones se relatan en un único episodio. Ambas suceden a través del contacto físico. De hecho, la mujer toca la túnica de Jesús y Jesús toma de la mano a la pequeña”, señaló.

Dios siempre nos levanta

El obispo de Roma, explicó que con estos dos milagros se da el contacto físico con personas consideradas impuras, algo que Jesús no teme, antes bien “desafía una concepción religiosa equivocada, según la cual Dios separa a los puros por un lado y a los impuros por otro. En cambio, Dios no hace esta separación, porque todos somos sus hijos, y la impureza no deriva de alimentos, enfermedades y ni siquiera de la muerte, sino que viene de un corazón impuro”.

Agregó que «frente a cualquier situación que pueda abatir al ser humano, enfermedades del cuerpo o el alma e incluso cualquier situación de pecado «Dios no nos mantiene a distancia, Dios no se avergüenza de nosotros, Dios no nos juzga; al contrario, Él se acerca para dejarse tocar y para tocarnos y siempre nos levanta de la muerte».

Dios no discrimina a nadie porque ama a todos

Seguido, alentó a fijar en el corazón la mirada de Jesús: “Dios es el que te toma de la mano y te levanta, el que se deja tocar por tu dolor y te toca para curarte y darte de nuevo la vida. Él no discrimina a nadie porque ama a todos”.

El Evangelio – señaló el Papa- nos invita a preguntarnos: ¿Nosotros creemos que Dios es así? ¿Nos dejamos tocar por el Señor, por su Palabra, por su amor? ¿Entramos en relación con los hermanos ofreciéndoles una mano para levantarse o nos mantenemos a distancia y etiquetamos a las personas en base a nuestros gustos y a nuestras preferencias?”.

Y concluyó “Nosotros etiquetamos a las personas. Hago una pregunta: ¿Dios, el Señor Jesús, etiqueta a las personas? Que cada uno se responda. ¿Y yo vivo continuamente etiquetando a las personas?”.

@ADNCelam t.ly/JvzGp

Lideres Discernimiento Sarasua Guilat Serrano

Se buscan líderes que contagien Evangelio

LiDE (Liderazgo de Discernimiento Sinodal), es un proyecto que nació de la mano del jesuita Elías López y que arrancó en febrero de 2021 con su primera promoción de 25 participantes, en plena resaca pandémica, con mascarillas por doquier.

Por LiDE ya han pasado en estos años 180 personas con alguna responsabilidad en más de 20 instituciones como Cáritas, los salesianos, la Compañía de María, la Institución Teresiana, la Compañía de Santa Teresa de Jesús… Además de sacerdotes de las diócesis de Tenerife y Valencia.

Aunque la iniciativa dio sus primeros pasos de la mano de la Universidad Pontificia Comillas y de Porticus, ahora tiene entidad autónoma, con un título académico propio y el respaldo de una docena de congregaciones y plataformas eclesiales que se han conformado en una asociación. Al frente, en el Consejo de Dirección se encuentran como presidente Iñaki Sarasua, provincial de los marianistas; Marta Guitart, provincial de Jesús-María, como secretaria; y Jorge Serrano, director general de la Fundación para la Ciudadanía Global, como tesorero.

Sarasua considera que “basta con adentrarse en el Evangelio para descubrir todo lo que nos enseña Jesús en materia de liderazgo, en la manera en la que acompañaba a la gente, en la confianza desde la libertad que daba al grupo de sus discípulos, en cómo era su interlocución con el resto del mundo de su tiempo”.

“No hemos de olvidar que el liderazgo de Jesús, de puertas para fuera, solo se entiende si se aborda de puertas para dentro, desde cómo conecta con su fuente, que es el Padre”, subraya la provincial de las religiosas de Jesús-María, que pone el foco en que “la dinámica orante continua de Jesús es de donde brota lo demás”.

Finalmente, Jorge Serrano, el director general de Ciudadanía Global, señala dos caminos para que el estilo sinodal cuaje: desde la verticalidad, con un plan establecido de arriba a abajo, y desde la base: “En LiDE hemos apostado por la horizontalidad, una propuesta en red, en colaboración, buscando sinergias, escuchando a todas las organizaciones involucradas para ver qué se necesita para lograr un liderazgo sinodal. Por eso es importante tanto el contenido como la forma”.

La importancia del discernimiento

Eduardo Escobés es padre de familia y trabaja en el ámbito de la política social en una fundación de desarrollo. Es, además, el presidente de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) en España desde 2019. Cinco años en los que ha estado al frente de esta red mundial de laicos de espiritualidad ignaciana presente en 75 países del mundo y que, en España, aúna a 1.200 personas en distintos procesos de incorporación a la comunidad. En su caso, aprovechó esta experiencia de liderazgo para participar en los primeros momentos de preparación del programa LiDE. Así, fue ‘partner’ y estuvo en el proceso de idear el programa que después se ha comenzad a impartir.

“Para mí hay un componente del programa LiDE que conecta de forma directa con la Iglesia sinodal, es decir, plural y diversa”, señala, “y no es otra que el reconocimiento de los diferentes carismas y formas de recibir y expresar la fe”. Y es que, según subraya, “cada uno sabe cómo Dios le habla y a qué le llama”. Este llamado de Dios conecta directamente con el discernimiento, un elemento, dice, que es “clave” en su vida, “en lo personal, en lo comunitario y en mi responsabilidad en relación con la Iglesia y con el mundo”.

“Parte del ADN del programa LiDE es el discernimiento”, explica Escobés. Y este no es únicamente “a ver qué decido hacer” sino también “ser capaz de ponerse, en lo individual y en lo colectivo, a la escucha de lo que Dios quiere, e intuir, desde esa oración –que no es solo la que surge en silencio, en lo personal, sino también en ese ruido del mundo de hoy– hacia dónde intuimos que Dios nos está llevando”.

@VidaNuevaDigital t.ly/8rfH5

Para conocer más de la propuesta  Módulo 1      Módulo 2          Módulos 3 y 4

Las dos banderas, la ética y la estética  

En los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola se propone una meditación en la que el ejercitante debe de considerar bajo qué bandera, ejército o línea de actuación se reconoce. Si junto a Cristo en Jerusalén, lugar hermoso y gracioso, o en Babilonia, donde el malo convoca a sus huestes entre el fuego y el humo.

Ignacio conoció Tierra Santa, estuvo allí en 1523, pocos años después de que fuera incorporada al Imperio Otomano en 1517. Aún no estaban construidas las murallas de Jerusalén que hoy conocemos, pues fueron hechas por Suleiman entre 1535 y 1538. Es cierto que el sentido espiritual de Jerusalén es muy fuerte, ciudad santa para tantas religiones… Pero su distribución y arquitectura es más bien caótica, quizás la vista más bella que pudo contemplar Ignacio fue al subir al lugar de la Ascensión del Señor, desde donde se contemplan la cúpula de la Roca y los muros del antiguo Templo, con la puerta dorada por donde entrará el Mesías, inaugurando la Jerusalén celeste. Esta Jerusalén futura es a la ciudad que se está refiriendo Ignacio, y que colma su pensamiento. Ya que, puestos a pensar, la Babilonia donde murió Alejandro, sería un derroche de grandiosidad, por su disposición, sus palacios y sus jardines, lo que ha llevado a colocarla como una de las maravillas del mundo antiguo.

Pero Ignacio no fija la belleza en lo que realmente pudo llegar a ser Babilonia en contraposición con Jerusalén, sino en la Babilonia de la tradición griega y romana y especialmente bíblica, de ciudad de lujos, veleidades y vicios. En contraposición a la ciudad donde se peregrina y se ora y donde se espera que Dios inicie su reinado. No es que Ignacio tuviese mal gusto, ni mucho menos, sino que en el trasfondo de este ejercicio desarrolla un concepto estético desde lo puramente teológico: para él lo bello está unido a lo santo.

Pedro Rodríguez López, sj

@PASTORALSJ

t.ly/NjuEr

EVANGELIO DEL DOMINGO: «DIOS QUIERE LA VIDA»

Niña, levántate.

EL ser humano se siente mal ante el misterio de la muerte. Nos da miedo lo desconocido. Nos aterra despedirnos para siempre de nuestros seres queridos para adentramos, en la soledad más absoluta, en un mundo inexplorado en el que no sabemos exactamente qué es lo que nos espera.

Por otra parte, incluso en estos tiempos de indiferencia e incredulidad, la muerte sigue envuelta en una atmósfera religiosa. Ante el final se despierta en no pocos el recuerdo de Dios o las imágenes que cada uno nos hacemos de él. De alguna manera, la muerte desvela nuestra secreta relación con el Creador, bien sea de abandono confiado, de inquietud ante el posible encuentro con su misterio o de rechazo abierto a toda trascendencia.

Es curioso observar que son bastantes los que asocian la muerte con Dios, como si ésta fuera algo ideado por él para asustarnos o para hacernos caer un día en sus manos. Dios sería un personaje siniestro que nos deja en libertad durante unos años, pero que nos espera al final en la oscuridad de esa muerte tan temida.

Sin embargo, la tradición bíblica insiste una y otra vez en que Dios no quiere la muerte. El ser humano, fruto del amor infinito de Dios, no ha sido pensado ni creado para terminar en la nada. La muerte no puede ser el objetivo o la intención última del proyecto de Dios sobre el hombre.

Desde las culturas más primitivas hasta las filosofías más elaboradas sobre la inmortalidad del alma, la humanidad se ha rebelado siempre contra la muerte. El hombre sabe que morir es algo natural dentro del proceso biológico del viviente, pero, al mismo tiempo, intuye más o menos oscuramente que esa muerte no puede ser su último destino.

La esperanza en una vida eterna se fue gestando lentamente en la tradición bíblica no por razones filosóficas o consideraciones sobre la inmortalidad del alma, sino por la confianza total en la fidelidad de Dios. Si esperamos la vida eterna es sólo porque Dios es fiel a sí mismo y fiel a su proyecto. Como dijo Jesús en una frase inolvidable: «Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos» (Lucas 20, 38).

Dios quiere la vida del ser humano. Su proyecto va más allá de la muerte biológica. La fe del cristiano, iluminada por la resurrección de Cristo, está bien expresada por el salmista: «No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu amigo conocer la corrupción» (Salmo 16, 10). La actuación de Jesús agarrando con su mano a la joven muerta para rescatarla de la muerte es encarnación y signo visible de la acción de Dios, dispuesto a salvar de la muerte a todo ser humano.

José Antonio Pagola

CICLO B. Domingo XIII del Tiempo Ordinario

portada revista manresa 380

Revista MANRESA 380: Amor crucificado. El martirio y la espiritualidad ignaciana

Los términos «mártir» o «martirio» no aparecen en una obra de referencia para el estudio de la espiritualidad ignaciana como el Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, ni tampoco en el índice de las Obras de San Ignacio o de la Concordancia ignaciana. Sin embargo, a lo largo de los últimos cinco siglos, es considerable el número de jesuitas y de personas cercanas que, alimentados por la espiritualidad de Ignacio de Loyola, han derramado su sangre en testimonio de la fe y de virtudes relacionadas con ella como la justicia.

 

Además y de manera aún más mayoritaria, esta espiritualidad ha ayudado y sigue ayudando a ser «testigos» (= mártires) cotidianos del evangelio a muchas otras en todos los estados de vida. Este número se adentra en esta realidad rastreando primero, de la mano de Josep María Rambla, las conexiones no inmediatamente aparentes entre el carisma ignaciano y el martirio. Después, Alfredo Verdoy nos introduce en una panorámica histórica para situar a los mártires (mejor que el martirio), jesuitas e ignacianos en el tiempo y el espacio.

 

Tras este bloque de carácter más introductorio, sigue la presentación de tres grupos de mártires de la Compañía de los primeros siglos, que se solapan en el tiempo: los mártires de Inglaterra, los mártires del Japón y los de América del norte. Los autores, respectivamente, Gerard Kilroy, Renzo De Luca y André Brouillette, escriben desde la tierra que los mártires regaron con su sangre. En los tres casos se trata de un grupo de jesuitas que perdieron la vida junto a colaboradores laicos u otros religiosos durante persecuciones sostenidas en el tiempo.

portada revista manresa 380

Los mártires del siglo XX reciben atención en dos artículos: uno mira a América latina, escrito desde El Salvador por José María Tojeira, y el otro a África central, en la persona de monseñor Christophe Munzihirwa, jesuita arzobispo de Bukavu (R. D. Congo), asesinado en 1996 y declarado por el papa Francisco siervo de Dios. El autor es Dieudonné Mbiribindi. Por último, el número lo cierra la contribución de Margarita Saldaña sobre martirio y vida cotidiana, pues el día a día es el principal escenario del martirio –testimonio de la mayor parte de los creyentes–.

 

Carlos Coupeau, para la sección de Semblanzas escribe la semblanza de John W. O´Malley, jesuita norteamericano, historiador y estudioso de la espiritualidad ignaciana en diferentes épocas. En la de Ayudas para Ejercicios, David Guindulain Rifá presenta las reglas ignacianas “para ordenarse en el comer” y Eduard López Hortelano, desarrolla el “segundo y tercer modo de orar”. Cerramos el número con el apartado Recensiones donde recogemos la publicación de libros de espiritualidad ignaciana. Dar la vida, como la dio nuestro Maestro y Señor Jesucristo es algo inherente al seguimiento cristiano.

 

Quizá para muchos de nosotros hoy sea una realidad lejana afectiva y efectivamente, pero la necesidad de vivir con radicalidad nuestro seguimiento nos lleva ineludiblemente a preguntarnos si nuestro amor y fidelidad a Cristo es tan real y veraz como acabar nuestra vida como Él la acabó. Nosotros desde la revista Manresa hacemos una pequeña contribución desde la espiritualidad ignaciana, confiando en que pueda aportar lucidez a la cuestión.

 

@InfoSJ

 

Bautismo y sinodalidad. Una invitación a un estilo de vida de conversión permanente

Introducción

En el discurso pronunciado al inicio del proceso del Camino Sinodal 2021-24, el Papa Francisco se expresó sobre el bautismo en términos muy fuertes, llamándolo «el único punto de partida», «nuestro manantial de vida, del que deriva una idéntica dignidad de hijos de Dios» y «carné de identidad». A continuación, concluyó que el bautismo implica «una participación real de todo el Pueblo de Dios» en la vida de la Iglesia, y que quienes tienen tareas de ministerio eclesial tienen la responsabilidad de facilitarla: «¡La participación de todos es un compromiso eclesial irrenunciable!».

 

Reconocer y asumir el significado esencial y fundamental del sacramento del bautismo puede ser decisivo en el desarrollo de una eclesiología sinodal. Puesto que los bautizados comparten la misma dignidad y la misma misión de evangelizar el mundo, este sacramento puede ayudar a encontrar un mejor equilibrio entre prácticas eclesiales centradas más bien en el carácter piramidal y otras carismáticas, complementarias y participativas. Esto correspondería a la definición de la Iglesia como ierarchica communio, como enseña el Concilio Vaticano II en Lumen Gentium, nn. 21-22. Además, la dimensión mística de estar revestidos de Cristo y ungidos con el Espíritu y la dimensión ético-espiritual del compromiso de vivir una vida nueva amplían la sinodalidad, convirtiéndola en un estilo de vida de continua conversión personal al servicio, la comunión y la oración, y una apertura a las sorpresas de Dios.

 

En este artículo nos proponemos explorar, en primer lugar, la importancia creciente que se concede al bautismo en dos documentos relativos al Sínodo de los Obispos sobre la sinodalidad. En segundo lugar, mostraremos cómo el bautismo suele considerarse un hecho histórico estático, que determina nuestro estatus en la Iglesia y restablece el equilibrio del poder eclesial. En tercer lugar, a partir de la lex orandi del rito del bautismo, desarrollaremos una noción más amplia y dinámica de este sacramento, como transformación profunda de morir y resucitar con Cristo, punto final de un proceso de conversión, que también es progresivo y continuo, y nos introduce en la comunidad eclesial, lo que conlleva la edificación de la comunidad. Por último, trataremos de mostrar cómo esta noción dinámica del bautismo subyace en la comprensión que el Papa Francisco tiene de la sinodalidad.

Jos Moons

@laciviltacattolica

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M. López rscj – X. Melloni sj. Diálogo de espiritualidad

En el cuaderno EIDES ‘La espiritualidad ignaciana, hoy’ (Octubre 2023), Mariola López Villanueva y Xavier Melloni nos explican por qué para ellos la espiritualidad ignaciana sigue siendo significativa hoy. Invitados por Cristianisme i Justícia, protagonizaron un diálogo sobre este tema, moderados por Pau Vidal, que firma el prólogo del cuaderno.

Enlace a YouTube CiJ https://www.youtube.com/live/wVqmXrm3y-0

 

La conjunción e inseparabilidad entre la experiencia de Dios, el encuentro con uno mismo y la entrega al mundo es el núcleo de la espiritualidad ignaciana, afirmaba Xavier Melloni. Por su parte, Mariola López ponía el acento en la transformación de la mirada y en la necesidad de reconocer y aceptar la propia fragilidad, que casi siempre intentamos ocultar.

 

Interpelados por Pau Vidal, los dos autores del cuaderno hablaron del Magis, concepto muy presente en la espiritualidad ignaciana, pero no siempre bien entendido. Magis no es la pretensión de alcanzar los mayores hitos, no es uno más superlativo, competitivo y tenso, decía Melloni. En cambio, hay que entenderlo como un dinamismo que no se detiene, que lejos de encerrarnos en nuestro proyecto y la autocomplacencia, debe hacernos más disponibles. Mariola López lo definía en términos de rigidez y ternura: frente a la necesidad de fortaleza, de querer tener la razón, el Magis debe conducirnos a ser más humanos y más sanadores.

 

Así pues, ¿cómo ayudar la espiritualidad ignaciana a vivir hoy, en un mundo profundamente herido y violento? ¿Cómo nos impulsa ante el sufrimiento de los demás y la realidad de injusticia? «Nos debe ayudar a desplegar la capacidad de servir y amar», afirmaba Mariola López. Y esto tiene que ver también con la dimensión comunitaria de la experiencia espiritual. «No hay vida espiritual desvinculada de los demás», decía.

 

Ambos también señalaban algunos riesgos a tener presentes, fruto de los tiempos que vivimos. Xavier Melloni invita a cuidar que la obsesión por los proyectos no acabe sustituyendo a la realidad. «Las pantallas colonizan a la intimidad y la interioridad: nos roban profundidad y calidad de presencia», alertaba por su parte Mariola López.

Evangelio del Domingo. ‘Vamos a la otra orilla’

“Vamos a la otra orilla”: sorprendente invitación de Jesús a sus discípulos. ¿Qué se nos ha perdido en la otra orilla? Con lo tranquilos que estamos en esta… A saber qué es lo que nos vamos a encontrar en la otra orilla… Si es tierra de paganos…: algo de todo esto debieron pensar los discípulos al recibir esta orden de Jesús. Y encima, para ir a la otra orilla hay que atravesar el lago, y el tiempo amenaza tormenta… Cabe imaginar que los discípulos se embarcaron con pocas ganas y algún miedo…

Más de una vez en la vida escuchamos esta misma invitación del Señor Jesús: “ves a la otra orilla”, no te quedes donde estás, no te acomodes ahí… Ir a la otra orilla es salir de situaciones vitales de estancamiento personal y espiritual, tomar decisiones que no nos atrevemos a tomar, afrontar nuevos desafíos, acercarnos a otras personas, otras culturas, otros modos de ver la vida: lo que para nosotros son “paganos” de nuestra instalación y seguridad.

La invitación a ir a la otra orilla es una invitación que nos llega como personas individuales, pero también como comunidad, como Iglesia. También hay que ir a la otra orilla: salir de la auto referencialidad al encuentro, de lo de siempre a lo nuevo, de lo ya conocido y trillado a lo por descubrir.

No nos gusta esa invitación y nos cuesta emprender ese camino. Porque nos roba la tranquilidad y nos provoca inseguridad. ¿Qué va a pasar? ¿qué dificultades vamos a tener que afrontar en la travesía? ¿qué nos vamos a encontrar? ¿va a valer la pena todo esto? ¿no será una gran equivocación? El evangelio de hoy no es nada tranquilizador en este sentido: en el camino hay una tormenta “de suerte que la barca estaba a punto de hundirse” y lo que se encuentran al llegar a la otra orilla es un endemoniado violento que les rechaza.

Es decir: todo está a favor de rechazar la invitación/mandato de Jesús y quedarnos donde estamos. Todo menos una cosa: Jesús y nuestra voluntad de seguirle y nuestra fe en Él. También, ante nuestras dudas y miedos, el Señor nos dice, como a los de la barca, “¿por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?”

Para seguir al Señor habrá que pasar, inevitablemente, muchas veces a la otra orilla. No sea que Él pase y nosotros al quedarnos donde estamos le perdamos de vista. Y esa sería la pregunta que nos deja el evangelio de este domingo: ¿me está pidiendo el Señor hoy que dé algún paso más que no me atrevo o que me cuesta dar? Pero también, con la invitación y el desafío, me está dejando una promesa: El no abandona la barca y es más fuerte que cualquier tormenta.

Darío Mollá, SJ

@centroarrupevalencia

t.ly/j9GzJ