Reflexión: ¿Necesitamos a la comunidad?

El que hay mucha gente que deja de ir a misa, o que no lo considera algo importante es un hecho. A veces, esto desemboca en la vivencia de un cristianismo individual (o a la propia medida), otras tantas, acaba en un alejamiento de la Iglesia y de Dios.

Estas personas no terminan de encontrar al Dios vivo en medio de los ritos, ni en la oración común. Les resultan aburridos, no le ven el sentido, les parece que no aportan nada a su fe. Se quedan en lo externo de todo ello y no son capaces de adentrarse en sus entrañas. Todo un reto para la transmisión de la fe a la próxima generación de cristianos.

¿Es necesario lo comunitario o podemos prescindir de esta parte institucional en aras de una espiritualidad más «libre» y «personal»? Algunos parecen tener claro que ni los sacramentos ni la comunidad cristiana son el camino.

Por novedoso que nos parezca, en realidad esta es la experiencia de los seguidores de Jesús en los primeros momentos de la Pascua. El Evangelio nos presenta a unos discípulos que abandonan la comunidad, puesto que ésta no puede aportarles ya nada. Muerto Jesús, no tiene sentido seguir rezando unidos como él había les enseñado. Si es que quedaba algo de su modo de vivir, podría realizarse en casa, en la vida de siempre. No tenían necesidad los unos de los otros. Después de tantos disgustos, de tanto aguantar el carácter y las manías de los otros, estaba visto que más bien se bastaban a sí mismos.

Pero el Evangelio también nos muestra que el encuentro con el Resucitado produce un cambio en sus vidas. Todos ellos vuelven a la comunidad, que se recompone al poner a Cristo de nuevo en medio, al repetir los gestos con los que él se hace presente, al orar juntos. El Resucitado les hace pasar de la autosuficiencia herida a la necesidad del Otro y de los otros. Y así, la comunidad se recompone con él en el centro.

¿No nos pasará a nosotros algo parecido? ¿No estaremos viviendo a veces una comunidad demasiado preocupada por sus propias heridas y carencias, que se repliega sobre si misma en lugar de abrirse al Resucitado? ¿No estaremos demasiado centrados en nuestra individualidad y sentimiento? Quizá es momento de empezar a buscar de nuevo, o mejor aún, de volver a los sitios donde prometió estar y manifestarse, para dejarnos encontrar por él.

Dani Cuesta SJ

Fuente: pastoralsj.org

Alma de Cristo, santifícame…

En mitad del silencio de una capilla preguntándole al Señor qué me decía a mí esto de Alma de Cristo, santifícame, una notificación saltaba en mi celular. ¡Qué vértigo ser el primero! ¿Quién soy yo para hablar de santidad? Yo, que había dejado de mirar al sagrario para atender al mensaje que me esperaba al otro lado de la pantalla.

Sin duda, el estar delante del Señor era mucho más interesante que el wasap que estaba leyendo. Al ser consciente, guardé mi celular, volví a mirar al sagrario y repetí: Alma de Cristo, santifícame. ¡Lo que estaba haciendo era una petición! El centro de la ecuación no era yo. Por suerte, mi distracción me había colocado en mi lugar de hijo.

Al contemplar la vida de Jesús nos desconcierta su modo de actuar con los demás. ¿Por qué eligió a Judas como uno de los doce si sabía que le iba a traicionar? El padre Arrupe decía: «el ideal de nuestro modo de proceder es el modo de proceder Tuyo». Es decir, que esta santidad a la que soy llamado sólo cobra sentido en la Santidad de Cristo. Pero, ¿acaso soy capaz de vivir como Tú lo haces?

En la lucha insaciable por la perfección y el vivir controlando las circunstancias acabo descubriendo que la santidad no son méritos a conquistar. Más bien, el fruto de una amistad y abandono en Él, que va dando forma a mi identidad como Pedro. No el que lucha por ser un don nadie, sino el que realmente quiere parecerse a Jesús de Nazaret.

De repente el vértigo se desvanece. Frente a un mundo que me invita a hacerme a mí mismo, Jesús me propone la santidad: el ser hecho por Otro, por el Alma de Cristo. ¡Qué tranquilidad!

Pedro González Fernández

Fuente: pastoralsj.org

P. Rafael Velasco SJ: Saludo de Semana Santa

A TODA LA PROVINCIA

La Semana Santa se nos ofrece como un tiempo de Gracia. Es tiempo para salir de nosotros mismos, para aprender la entrega generosa y humilde de Jesús que “renunciando al gozo que se le ofrecía soportó la ignominia…” (Heb 12,2). Tiempo particular para aprender a sentir con Él y vivir el sacramento de la Entrega (Eucaristía) y del Servicio (Lavatorio de los pies).

Por lo general, en Semana Santa tratamos de acompañar al Pueblo de Dios en sus celebraciones. Por eso es un buen tiempo para descentrarnos, para dejar de lado nuestras pequeñeces cotidianas y salir de nosotros, salir de los propios dolores, de las propias miserias, y tratar de ponernos en el lugar de otros que sufren y se acercan a las celebraciones de Semana Santa -con sus cruces a cuestas- en busca de esa comunión con el Cristo sufriente, y de experimentar algo de la Luz del Resucitado. Se suele acercar mucha gente que carga con vidas duras, biografías pesadas, rutinas desesperantes… Ojalá tengamos tiempo para la escucha sentida, para predicar la Palabra, para celebrar con esas personas la muerte y la Vida del Hijo de Dios.

Que en esta Semana Santa, cada uno particularmente, y todos como cuerpo apostólico de compañeros de Jesús, aprendamos a morir un poco -a lo que Él quiera- para resucitar a Su Amor que se manifiesta en el servicio humilde y cariñoso a las personas que nos son encomendadas.

Que tengamos una buena Semana Santa y una Feliz Pascua.
Dios los bendiga.

Fraternalmente,

Rafael Velasco SJ – Provincial

10 años de Francisco: “Padre Jorge”

Compartimos una nueva reflexión personal tomada de la serie testimonial publicada por la Curia General con ocasión de los 10 años de pontificado del Papa Francisco.

Padre Renzo De Luca SJ, es un jesuita argentino que actualmente es el Provincial de Japón. Al inicio de su vida en la Compañía de Jesús, Jorge Bergoglio era su superior. Su testimonio es la reflexión de hoy sobre los 10 años del Papado de Francisco.

Conocí por primera vez a nuestro Papa Francisco cuando entré a la Sociedad en Argentina. Durante mis casi 3 años allí, el “Padre Jorge” fue mi Rector y vivíamos en la misma casa. Desde el principio, todos quedamos asombrados con su creatividad y su forma multifacética de liderar. Podía dar una conferencia, cocinar para todos nosotros o, de repente, organizar un equipo de rescate cuando una emergencia golpeaba el vecindario. Recuerdo su buen sentido del humor y su ingenioso uso de la ironía para transmitir las lecciones y máximas que quería que aprendiéramos.

Aunque no era el Provincial en ese momento, fue quien más me animó a ser misionero en Japón. Lo recuerdo diciéndonos que en su generación no se les dio la oportunidad de ser misioneros y entonces, ya que tuvimos esta oportunidad, debemos verla como un regalo del Señor. Me alegro de haber seguido ese consejo.

A pesar de su apretada agenda, siempre se mantuvo en contacto y nos animó en nuestra misión. Nos sorprendió bastante cuando se convirtió en obispo y posteriormente en Papa Francisco. Cuando visitó Japón, tuve el privilegio de compartir un tiempo con él, y siento que todavía tiene el mismo espíritu de enseñanza que tenía hace 40 años. Su forma de hablar sigue siendo informal y amigable, por lo que es tan fácil hablar con él como con un amigo o familiar. Oro para que el Señor lo siga bendiciendo y guiando.

Fuente: jesuits.global/es

10 años de Francisco: Compasión y ternura

La Curia General en Roma ha presentado una serie de reflexiones personales con motivo de la celebración del décimo aniversario de pontificado del Papa Francisco. Compartimos aquí un testimonio que destaca la compasión y la ternura como el modo primero de Francisco.

Por Padre Martin Ngo SJ, miembro de la Provincia Oeste de los Estados Unidos

Al estrechar la mano del Papa Francisco, lo que más me sorprende es su ternura en acción.

Rebobinar.

Era el verano de 2019 y estaba haciendo una pasantía en la oficina de comunicaciones de la Curia Jesuita en Roma. Una tarde, se corrió la voz de que habría una visita papal discreta. No hace falta decir que nada papal es discreto. Avance rápido, mi jefe jesuita para el verano y yo estamos armados con cámaras réflex digitales esperando que nuestro hermano jesuita convertido en líder mundial de la Iglesia llegue al punto de encuentro de la comunidad para cubrir una visita de dos horas. Ya estoy a punto de sudar balas. Llega el Papa Francisco, sale del coche de seguridad, chasquido, chasquido, chasquido, chasquido, pero luego nos detenemos. El Santo Padre nos mira directamente. Él está caminando hacia nosotros. Miro a mi supervisor jesuita como, «¿Qué hacemos?» a lo que la respuesta natural fue: “ Salúdalo.” Jajaja. Con una mirada amable y una cálida sonrisa a juego con su apretón de manos, saludó a todos los presentes. Reconoce a todos con ternura. Esto proviene de un núcleo de profunda compasión por los demás y el mundo en que vivimos.

Un hombre dedicado al cuidado de la creación, sirviendo a los marginados y vulnerables, el Papa Francisco se ha pronunciado en contra de la injusticia ecológica, la pobreza, la desigualdad y la discriminación, y ha instado a las personas a dejar de lado sus diferencias y trabajar juntas por el bien común. Claro, como muchos, tengo fuertes sentimientos sobre el entorno actual que rodea ciertos temas en nuestra Iglesia: el papel de las mujeres en la Iglesia, la acogida de las comunidades LGBTQ. Aún así, vivo con la esperanza del compromiso continuo de nuestro líder con el diálogo y la reconciliación, por imperfecta que sea nuestra Iglesia.

Gracias Papa Francisco por sostener el estandarte de Cristo en la forma en que has sido llamado. Continuaremos orando por ti tal como nos pediste en tu primer día de trabajo detrás de un balcón sobre la Plaza de San Pedro.

Lee más testimonios aquí www.jesuits.global/es

La experiencia del Mes Arrupe como tiempo de gracia

El Mes Arrupe, experiencia que dispone para el final de los estudios de teología, se celebró entre mediados de diciembre y enero pasados en el Centro Loyola de El Salvador.

A las propuestas formativas, acompañadas entre otros por Luis Valdez Castellanos sj (MEX), Miguel Martins sj (BRA), y Uriel Salas sj (COL), los participantes tuvieron ocasión de visitar los lugares de los mártires de la UCA, Rutilio Grande y Mons. Oscar Romero.

Cristian Marín, -quien junto con Agustín Borba y Ernesto Miguens, participó de las propuestas de formación, espiritualidad, talleres y Ejercicios Espirituales, nos comenta su experiencia.

El Mes Arrupe comenzó el 18 de diciembre de 2022, ese día fue denominado «Messi» Arrupe (como lo llamó un compañero uruguayo) con un momento grande de alegría en que los argentinos nos sentimos acompañados por los compañeros de otros países que apenas comenzábamos a conocer.

Más allá de este comienzo auspicioso, todo el Mes Arrupe se caracterizó, desde mi perspectiva, por ser un tiempo de reencuentro con compañeros de generación con quienes actualizamos sentires espirituales y de los otros.

El Mes fue también, encontrar y conocer compañeros de otras provincias que desandan el mismo camino de búsqueda por cumplir la voluntad del Señor en esta «mínima compañía». Escuchar sus experiencias, sus luchas, su visión de Iglesia y de la Compañía y, sobre todo, escuchar cómo el Espíritu del Resucitado va obrando en ellos siempre es fuente para el propio espíritu.

Por último, en todo lo charlado, estudiado, rezado, compartido, el Mes Arrupe fue tiempo del Encuentro (con mayúscula) con el Señor que nos anima a continuar y que pone en nuestros corazones el deseo de ser buenos sacerdotes (este fue el sentir de todos los que participamos). También, el deseo de compartir el sacerdocio común con el Pueblo de Dios colaborando con el servicio nuestro futuro ministerio, acompañando, buscando contagiar lo que vamos viviendo en nuestra experiencia de vínculo con el Señor.

Verdaderamente agradecido por esta experiencia que propone la Compañía en mi formación.

El Mes Arrupe ha sido pues un tiempo de alegría, de encuentros, reencuentros y, sobre todo, de Encuentro con el «sumo capitán y Señor nuestro».

Mons. Jacinto Vera será beato

Mediante un mensaje oficial, los obispos de Uruguay comunicaron que el papa Francisco aprobó un milagro obtenido por la intercesión del Venerable Mons. Jacinto Vera, primer obispo uruguayo, lo que habilita su próxima beatificación.

«Misionero y apóstol de la ciudad y la campaña, recorrió tres veces todo el país. Socorrió a los heridos de las guerras civiles y encabezó misiones de paz. Padre de los pobres, amigo de sus sacerdotes, fue promotor del compromiso de los cristianos laicos en la vida de la sociedad de la época. Promovió la educación y la prensa católica. Fundó el seminario para la formación de los sacerdotes. Promovió la llegada de numerosas congregaciones religiosas a nuestras tierras, para servir a nuestra gente (vascos, salesianos, salesianas, dominicas, vicentinas, capuchinos, jesuitas, entre otros).» 

El milagro

El milagro reconocido por el papa Francisco es la curación rápida, duradera y completa de una niña de 14 años ocurrida el 8 de octubre de 1936. La niña se llamaba María del Carmen Artagaveytia Usher, hija del Dr. Mario Artagaveytia, reconocido médico cirujano, y de Renée Usher. Después de una operación de apendicitis sufrió una infección que se fue agravando hasta llegar a una situación desesperada. Los mejores médicos de la época la atendieron, recordemos que no existía aún la penicilina. La niña sufría fuertes dolores.

Un tío, Rafael Algorta Camusso, le lleva una estampa con una reliquia del siervo de Dios Jacinto Vera y le pide a la niña que se la aplique a la herida y que tanto ella como su familia recen con toda confianza por la intercesión del siervo de Dios. Esa misma noche cesan los dolores, se acaba la fiebre y a la mañana siguiente la niña se sentía completamente bien. La curación fue rápida y completa, científicamente inexplicable, comprobada por su padre y por el médico que la atendía el Dr. García Lagos. María del Carmen Artagaveytia vivió hasta los 89 años, falleciendo en 2010.

Conoce más aquí: icm.org.uy

Una vida de santidad en la sencillez: el Hermano Marcos Figueroa SJ

El 17 de diciembre, el Papa Francisco aprobó la declaración de las virtudes heroicas del hermano jesuita José Marcos Figueroa. Ahora se le designa como “venerable”, un paso en el camino hacia el reconocimiento oficial de la santidad de su vida cristiana.

El hermano Marcos nació en las Islas Canarias (España) en 1865. Las condiciones de vida eran difíciles en esa época, y en 1873 la familia optó por emigrar a Uruguay. A los 20 años, guiado por su párroco e inspirado por los jesuitas, eligió ingresar en la Compañía de Jesús como hermano. En 1886, fue a Argentina para hacer el noviciado. Fue en este país donde vivió la mayor parte de su vida de jesuita. Primero en Córdoba donde, ya durante su noviciado, se dedicó a los enfermos de viruela.

En 1888, fue enviado al Colegio de la Inmaculada Concepción en Santa Fe, una ciudad a unos 500 km al oeste de Buenos Aires. Después de hacer los votos, pasó años allí realizando las tareas habituales de los hermanos de la época: ayudante del portero, encargado de las compras, apoyo a la vida comunitaria de diversas maneras. A partir de 1891, se convirtió en el portero habitual del colegio. Esta institución era central en la vida de la Iglesia en Santa Fe. Los jesuitas, además de enseñar a los estudiantes, acompañaban a muchos seminaristas y ofrecían sus servicios a los fieles que acudían a la contigua iglesia de la Virgen de los Milagros. Por lo tanto, el portero acudía a muchas personas.

Fue en el apostolado de la hospitalidad que ejerció durante 54 años en la portería del colegio donde el hermano Marcos Figueroa mostró sus destacadas cualidades cristianas. Fue acogedor con todos, alumnos, profesores, familias de alumnos que venían a visitar, fieles del santuario. Tenía una atención especial por los pobres que venían a su encuentro. Su camino hacia la santidad fue sencillo, pero marcado por la profundidad de su amor a Dios y al prójimo. Durante las últimas décadas de su servicio en Santa Fe, se involucró en otros apostolados, la difusión de la Buena Prensa, el Apostolado de la Oración e incluso la difusión de los trabajos del observatorio astronómico.

Para concluir, hay que señalar que el Papa Francisco, cuando ha firmado el decreto de reconocimiento de la calidad de vida cristiana del hermano Marcos Figueroa, ya conocía su dossier. De hecho, fue él, cuando aún era conocido como el P. Jorge Bergoglio, quien fue el vicepostulador de la causa durante diez años antes de ser nombrado obispo en Buenos Aires.

Fuente: jesuits.globlal/es

La cruz del pesebre

Reflexión por Agustín Rivarola SJ

Llama la atención que, en medio de la contemplación del pesebre, Ignacio nos remite al desenlace del recién nacido: “mirar y considerar lo que hacen, así como el caminar y trabajar, para que el Señor sea nacido en suma pobreza y, al cabo de tantos trabajos de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mi…” (EE 116). Desde este realismo histórico de la navidad, Ignacio está uniendo los misterios de la vida y la muerte. El niño, hombre verdadero y Dios verdadero, integra en su carne estas dos realidades de vida y muerte, aparentemente tan opuestas.

Podemos tomar el pesebre como un símbolo de integración, como un icono donde convergen no solo la vida y la muerte, sino también lo masculino y femenino, el cielo y la tierra, los sabios y los pobres.

Tomemos la imagen típica del pesebre que tenemos en nuestras retinas: junto al niño recién nacido están María y José, lo femenino y lo masculino unidos para la transmisión de la vida. El cielo y la tierra están prefigurados en la estrella de Belén, junto con algunos ángeles que suelen ubicarse en el dintel del establo, y en la naturaleza animal de la vaca, el burro y las ovejas. Un paso más distante de María y José, aparecen los pastores y los magos, que hoy serían las personas en situación de calle (los pastores no tenían techo) y los hombres de ciencia que llegan a la verdad estudiando el movimiento de los cielos.

La cruz del pesebre es un símbolo de la integración que trae Jesús, donde un niño es capaz de reconciliar el cielo y la tierra, los pobres y los sabios, el varón con la mujer. Es ese Dios hecho hombre, tan hombre como cualquier bebé que hace caca y por eso necesita pañales, mostrando así que toda integración comienza por reconocer nuestra humanidad más humana, esa que necesita pañales.

Catequesis del Papa: «Sólo Dios sabe lo que es bueno para nosotros»

Prosiguiendo en su catequesis con el tema del discernimiento, el Papa Francisco indicó algunos criterios que pueden ayudarnos a comprender la bondad de una elección realizada.

Uno de estos criterios – dice el Papa – es la presencia de un sentimiento interior de «paz duradera» que traiga armonía a la propia vida.

Otro criterio es sentir que la decisión tomada no procede del temor a Dios, sino como «posible signo de respuesta al amor y la generosidad del Señor hacia mí», prosiguió diciendo el Pontífice. Mientras otro aún es «la conciencia de sentir que uno ocupa su lugar en la vida y forma parte de un plan mayor, al que desea ofrecer su contribución».

Además, explicó que una persona «puede reconocer que ha encontrado lo que buscaba cuando su jornada se vuelve más ordenada», cuando los diversos aspectos de su existencia se armonizan y es capaz de afrontar «las dificultades con energía y fortaleza renovadas».

Otro signo más de la confirmación de que se va por el buen camino según el Papa «es el hecho de permanecer libres respecto a lo que se ha decidido, dispuestos a cuestionarlo». Y explicó la motivación de esto: “No porque quiera privarnos de lo que nos es querido, sino para vivirlo con libertad, sin apego. Sólo Dios sabe lo que es verdaderamente bueno para nosotros.»

Fuente: vaticannews.va