Transformemos el mundo desde el afecto y la ternura

Mirando el mundo tal y como está no hay duda de que necesita una revolución. Necesita una revolución ecológica, política, social y económica, pero fundamentalmente necesita una revolución del afecto y la ternura. No nos podemos permitir ni un minuto más amar y amarnos tan poco y tan mal. Nuestro cuerpo, nuestra psicología y nuestro corazón ya no resisten más odio, desesperanza y egoísmo. No podemos con más desconfianza, más miedo y más indiferencia. Estamos hechos para el amor. Somos seres limitados. Vivimos en un cuerpo con necesidades concretas e ineludibles que van cambiando a lo largo de la vida. No podemos vivir ignorando la realidad de nuestra fragilidad y finitud. No podemos eludir nuestra necesidad de los demás, porque no podemos vivir sin amor ni reconocimiento. Nos necesitamos los unos a los otros, para sentir el calor de la estima y la amistad, para consolarnos de nuestra contingencia, para acompañarnos en nuestra soledad esencial. Nos necesitamos para sentirnos vivos, nos necesitamos para estar vivos.

No hay afecto sin el otro a quien amar. El afecto se expresa con palabras, gestos, actitudes y hechos. El afecto coge a toda la persona, transforma la cabeza, el corazón y los sentidos. En el abrazo, nos abrazan; en la mirada a los ojos, nos miran; en la cordialidad, el corazón se calienta; en la caricia, nuestra piel se siente reconfortada…

No hay riqueza que compre el afecto o que destierre el odio, ni hay dinero que construya la esperanza y la confianza. Es tarea de cada uno de nosotros en la desnudez de nuestra humanidad y es tarea de toda la comunidad humana, confiando, eso sí, en que en el corazón de cada hombre y cada mujer Dios ha sembrado ya la simiente del Amor.

Sin afecto y ternura, sin dedicar tiempo y energía a cuidarnos, estamos externalizando costes. Lo pagan nuestro cuerpo y nuestra psicología, lo pagan los más vulnerables y los excluidos de este mundo, lo paga la naturaleza, lo pagan las mujeres, lo pagan los niños y las niñas, las relaciones de vecindad, la familia, los amigos.

En un mundo hostil a la Vida y a la humanidad, que nos endurece el corazón y nos desintegra, reivindicamos la revolución del afecto y la ternura como punto de partida, como lentes con las que mirar el mundo y las personas. Es desde aquí, desde donde queremos poner el foco sobre cinco realidades que necesitan ser transformadas o acogidas.

1. La cuestión ecológica

Los síntomas de agotamiento que sufre la tierra (escasez de agua potable, pérdida de biodiversidad, pérdida de tierras de cultivo…) y los signos de alerta que constantemente da aquí y allá (desertificación, contaminación de ríos y mares…), son preocupantes.

Creer que la tecnología y la ciencia arreglarán el problema ecológico en el futuro es una falacia que nos anestesia y nos desresponsabiliza. Nos jugamos la vida en ello, la presente y la futura. Ya sufrimos los efectos: enfermamos y tenemos peor calidad de vida. Pero lo que aquí es una afectación que puede pasar desapercibida, en otros lugares es cuestión de vida o muerte. Hay lugares en los que el cambio climático y la acción irresponsable del ser humano sobre la tierra, matan. El abuso y su efecto no coinciden en el espacio y en el tiempo. Por ello tenemos que superar la «miopía espacial» y la «miopía temporal», y cambiar la mirada utilitarista y fragmentada de la realidad por una mirada sapiencial y holística. La revolución ecológica comienza por nosotros mismos. La conversión a la sobriedad compartida no solo permitirá que viviendo nosotros con menos, otros puedan vivir, sino que se revelará como factor de liberación para nosotros mismos. Tenemos que redescubrir la dimensión profética de los pequeños gestos cotidianos para mostrar que otras maneras de vivir son posibles. Así se va creando una cultura compartida de respeto a todo lo que nos rodea (consumo, hábitos, redes comunitarias…).

Nos tenemos que dar cuenta de que nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza no es diferente de nuestra manera de relacionarnos entre nosotros. Las relaciones humanas interpersonales, las relaciones de género, las relaciones entre las culturas, los pueblos, los Estados, pueden ser de dominio, de explotación, de falta de escucha… o al contrario.

La casa común necesita afecto y ternura, necesita cuidados urgentes y esto se tiene que traducir en una nueva manera de vivir, consumir y pensar el mundo y las relaciones, y también en nuevas formas de participación social y acción política.

2. La insoportable desigualdad

Concluimos el año 2015 con unas cotas de desigualdad inéditas hasta hoy: el 1% de la población ya tiene tanta riqueza como el 99% restante. El número de ricos (aquellos que tienen más de un millón de dólares) crece un 40% en España desde el inicio de la crisis. 6 billones de dólares se mueven en estos momentos de manera opaca en paraísos fiscales. Al mismo tiempo la pobreza en nuestras ciudades se cronifica: más de 1/3 de los hogares españoles tienen ingresos medios inferiores a los 800 euros mensuales; el paro disminuye solo a base de creación de puestos de trabajo precarios y mal pagados… y podríamos seguir.

La utopía de los más ricos tiene la forma de la peor distopía para los pobres, inconscientes los primeros de que el bienestar de los últimos es la única clave para el bienestar de todos. Somos conscientes de la dificultad de cambiar un sistema económico hegemónico a nivel mundial y enraizado culturalmente. El capitalismo solo es legítimo si es capaz de mejorar la vida de los que están peor. Cuando no lo hace, merece ser claramente cuestionado. Ahora sabemos que no podemos seguir viviendo así si queremos que otros puedan vivir mejor. Pero tampoco podemos seguir viviendo así porque este modelo de vida no nos hace más felices, más solidarios ni más humanos. En el «mientras tanto» de esta historia de dolor y sufrimiento, el afecto y la ternura que mueven a la compasión nos obligan a examinarnos. ¿Qué es aquello que me encadena y me deshumaniza? ¿Cómo puedo vivir de manera más solidaria y comunitaria?

3. De la hostilidad y el rechazo a la hospitalidad y la acogida.

Asistimos hoy en día a un desplazamiento forzado de personas que no tiene parangón con ninguna situación pasada. Por un lado las desigualdades económicas se han vuelto abismales; el capitalismo con la compra masiva de tierras, y la explotación de los recursos materiales, ha dejado inmensos territorios sin ningún tipo de perspectiva de futuro. Por otro lado, el incremento del número de conflictos armados ha provocado que el número de refugiados se disparase hasta superar los 60 millones de personas.

Ante esta situación las zonas «ricas y con estabilidad» de nuestro mundo, en vez de abordar las causas de los desplazamientos y buscar la protección de todas estas personas, han corrido a proteger sus fronteras para dificultarles el paso. Esta actuación por parte de algunos estados es simplemente criminal. En todo el mundo, sin embargo, se va despertando la conciencia de que por mucho que levantemos muros no solucionaremos el problema de fondo. Harán falta soluciones políticas globales. Europa no puede seguir en este desgobierno e indiferencia, lavándose las manos cuando es parte activa en la creación de estos desequilibrios a escala mundial.

Pero será necesario un trabajo de abajo a arriba que vaya generando una cultura de la hospitalidad que se oponga a la de la hostilidad. Habrá que combatir a aquellos que quieren pescar políticamente en el río de los discursos xenófobos, que se aprovechan del miedo, y que solo buscan levantar muros entre las personas. Venimos de una tradición bíblica en la que las referencias a la hospitalidad son constantes, porque para aquel que vivía en el desierto la hospitalidad era sinónimo de supervivencia. Actualmente es así para millones de personas, que solo tienen en nuestra acogida una posibilidad de futuro. Estamos obligados a ello, por una ley de humanidad escrita en nuestros corazones y que va más allá de cualquier ordenamiento jurídico. Este cambio solo se producirá si logramos ir diluyendo la frontera que separa el «nosotros» de los «otros», y somos capaces de ver en estos «otros» a «nuestro hermano».

4. La revolución de los cuidados

Cuidado, afecto y ternura son valores atávicamente atribuidos a las mujeres pero ni el mundo se puede permitir que el 50% de la humanidad delegue estos valores en las mujeres, ni los hombres se pueden permitir renunciar a los beneficios que para su vida puede suponer cuidar a los demás.

Para poder hacer realidad la revolución de los cuidados, para poder construir unas relaciones humanas más justas e igualitarias, hay que desenmascarar las desigualdades que nos atraviesan. Por lo tanto, hay que buscar la encrucijada entre una vida basada en la igualdad entre mujeres y hombres, en los derechos sociales, políticos y económicos, en la libertad, en la redistribución de la riqueza y del trabajo, en el fortalecimiento de los servicios públicos, etc., y una vida centrada en el cuidado y en la interdependencia. Porque no puede haber una verdadera justicia social si por el camino dejamos de cuidar a las persones que nos rodean… o si los cuidados recaen exclusivamente en las mujeres.

Solo restableciendo el equilibrio entre identidades relacionales (tradicionalmente vinculadas con la feminidad) e identidades individualizadas (ostentadas históricamente por los hombres a través del mantenimiento del poder y el privilegio y de su apropiación del espacio público), encontraremos la vía para desarrollar esta ética del cuidado y de la responsabilidad colectiva que tan acertadamente describe la filósofa Carol Gilligan:

En un contexto democrático, el cuidado es una ética humana. Cuidar es lo que hacen los seres humanos; cuidarse de uno mismo y de los demás es una capacidad humana natural. La diferencia no estaba entre el cuidado y la justicia, entre las mujeres y los hombres, sino entre la democracia y el patriarcado. Socializar el cuidado es, por lo tanto, la clave para «hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad» de forma colectiva y para construir una verdadera democracia.

Por eso hay que concienciarse de que somos seres vulnerables y de que la atención a esta vulnerabilidad es una responsabilidad social.

5. El año de la misericordia

El Papa Francisco quiere que la Iglesia mire el mundo desde esta perspectiva especial. Esta mirada misericordiosa ha de ser la que la Iglesia y el pueblo de Dios tienen que tener hacia todos aquellos que fracasan en el intento de lograr el ideal evangélico propuesto por Jesús. También debemos tener una mirada de misericordia cuando los que fracasamos somos nosotros o la propia Iglesia.

La misericordia va más allá de la justicia. Un mundo justo eliminaría la gran mayoría de problemas de la humanidad actual. Pero la justicia según la cual se tiene que «dar a cada uno según lo que le corresponde» nos aboca a una meritocracia religiosa o económica que requiere sistemas de compensación para todos aquellos que no consiguen «hacer méritos». Sin misericordia, un sistema de justicia se vuelve cruel hacia los más débiles. Un Dios exclusivamente justo acaba siendo implacable con los pecadores. Jesús, en cambio, se rodeó de gente que no tenía ningún mérito ante la sociedad: pecadores, ladrones, leprosos, ciegos, prostitutas…

La mirada de misericordia es necesaria para dejar de mirar a todos los marginados de nuestra sociedad como culpables y merecedores de su propia suerte y pide al ser humano una acogida sin condiciones. Para lograr esta mirada de misericordia, también la Iglesia necesita una revolución de afecto y ternura, para mirar al mundo y para mirarse a sí misma y para actuar desde la compasión.

Acabamos el año 2015 particularmente «maltrechos y desesperanzados, como ovejas sin pastor» y con la tentación de encerrarnos en nosotros mismos y dejar para otro año la lucha por el otro mundo posible que anhelamos.

Sin duda es ahora, cuando el mal nos deja desnudos y a la intemperie, cuando tenemos que confiar en el poder del afecto y de la ternura, y desde lo más pequeño de nuestras relaciones y vidas cotidianas, transformar el mundo.

Cristianisme i Justícia

 

Voluntariado: mitos y realidades

Nicolás Iglesias Mills

Tendemos a creer que el voluntariado es algo puntual: a veces, actividades casi forzadas del liceo, o momentos específicos del año recolectando dinero para algunas organizaciones. Y no es que no sea eso, lo es, pero podemos evaluar diferentes características del voluntario, y sobre todo del voluntario del ámbito educativo. De esta manera comprenderemos que existen imaginarios colectivos sobre estos y mitos que debemos derribar. Empecemos.

Historia y cotidianeidad.

Voluntario viene de voluntad, y claramente la voluntad no es algo que generemos en un momento dado y nada más, necesita una historia de hitos que nos dejen de cara frente al mundo y sus miserias, pero también que nos hagan creer en las potencialidades de los demás. También necesitamos aprender que no soy ni más ni menos que otros, sino que por nuestra característica de iguales, es indigno que la pobreza siga existiendo en todos sus sentidos. Este último aprendizaje es el que más evidencia que necesitamos historias de trabajo en lo cotidiano, para que las posibilidades del voluntariado (que eventualmente nos hace salirnos de nuestra rutina diaria) se tiñan de cotidianeidad. Si no comenzamos a creer en el voluntariado del día a día no haremos diferencia contra la desigualdad y la pobreza. Realicemos lazos comunitarios a donde quiera que vayamos. Esto derriba el mito: sólo aquellos con mayores recursos económicos tienen la posibilidad de ser voluntarios.

Coherencia.

En función a esto, el voluntariado nos exige casi por naturaleza que nuestra historia hable de los valores que queremos construir. Pero no es sólo eso, de lo contrario excluiríamos a un montón de voluntarios que no han podido elegir el contexto en el que nacieron (sea cual sea). Se trata de que una vez que nos demos de cara contra el mundo y sus injusticias, nuestras opciones hablen de una postura voluntaria, que rompe día a día con la desigualdad que podrían llegar a generar estas mismas opciones. Aunque esto no es tan simple como parece. Debemos asumir que, en general, vivimos en un mundo incoherente y el desafío con el cual nos encontramos aquí es buscar la coherencia dentro de nuestras propias incoherencias. Esto derriba el mito: los voluntarios son hipócritas porque no hacen lo que promueven.

Continuidad o puntualidad.

Podemos generar instancias puntuales de voluntariado, lo cual no está mal. Si un cirujano va a un país donde los recursos de salud son escasos y realiza 10 cirugías, ha generado 10 oportunidades nuevas. Pero en educación tiende a ser diferente: los directores y coordinadores de los centros educativos se ven todo el tiempo alertas en esta tensión de recibir lo material o dinero específico (necesario para que funcione, sobre todo en estados donde no se puede asegurar un bienestar económico docente), pero desean constantemente generar propuestas a largo plazo porque saben que este será el verdadero impacto para la comunidad donde están trabajando. Como en general el trabajo en contextos vulnerables recibe bajos recursos, los voluntarios tienden a ser una de las primeras opciones para el apoyo al mejoramiento educativo. En este sentido debemos remarcar que las organizaciones de la sociedad civil tienen una función muy importante en generar los espacios para que el voluntario pueda tener la libertad de trabajar en profundidad y con las condiciones básicas que le permitan dedicarle el tiempo necesario al voluntariado. Esto derriba el mito: el asistencialismo es el diablo y el trabajo cooperativo es Dios.

Profunda espiritualidad y empatía.

Aunque a veces soñemos con una continuidad eterna de nuestros voluntarios, la verdad es que en general es una actividad con una alta rotatividad. Es por eso que los voluntarios deben contar con una característica que sólo los años generan en docentes o trabajadores de la fundación: una espiritualidad profunda para mirar al otro y conocerlo, y poder ponernos rápidamente en el lugar del otro. Sólo esto generará la confianza necesaria que nos permita desarrollar un trabajo con un impacto real. Esto derriba el mito: el voluntariado es una actividad simple, no necesito ninguna preparación.

Por último, algunas alertas.

Para los voluntarios: A veces los voluntarios van escapando de algo en su vida, así que cuidado. Es muy normal que busquemos en nuestros voluntariados una forma de escapar a los problemas de nuestra vida, ya que esta es una actividad que, en parte, genera satisfacción personal, o nos hace olvidarnos de lo que nos preocupa. Esto no sería un problema mayor si no olvidamos que el objetivo siempre es el bienestar del otro y la superación de la pobreza, NO mi propia satisfacción. Si los objetivos son los equivocados corremos el riesgo de cortar todo nuestro trabajo al primer problema que tengamos. Lo irónico es que si generamos un buen trabajo seguro que tendremos problemas.

Para las instituciones: Los voluntarios no son sirvientes. A veces, la palabra voluntario tiende a confundirse con: “aquel que está dispuesto a hacer lo que sea”, o peor, “aquel que quiere hacer algo y no sabe qué”. Pidamos algo a las instituciones que trabajan con voluntarios: primero, no llamen voluntarios porque sí, siempre tengan una necesidad o un objetivo específico, de esta manera el trabajo será más efectivo y generará mayor impacto; segundo, recuerden que los voluntarios no son sirvientes, el mejor trabajo siempre es el cooperativo y debemos planificar su plan de trabajo en conjunto y en base a sus potencialidades y las necesidades de la institución. Agradecemos entonces a todos los voluntarios, aquellos del cotidiano y aquellos con alguna actividad más concreta, porque mueven el mundo y porque depositan la esperanza en la desesperanza aprendida tan instaurada en nuestras sociedades.

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¿Cómo leer la realidad social argentina? Dos caras de una misma moneda

Fernando Anderlic – Director Nacional de Fe y Alegría, Argentina.

Se viven tiempos difíciles en Argentina. Días marcados por el fin de un ciclo de gobierno (de un sesgo ideológico al que algunos definen como “populista”) y el comienzo de otro ideológicamente contrario (calificado como “neo-liberal”); con una economía estancada, sin estadísticas oficiales confiables y marcada por una inflación que estrangula y hace padecer principalmente a los pobres, marginados y excluidos del sistema; con una educación y salud públicas que luchan por décadas sin éxito para no hundirse en un terreno parecido a la arena movediza, y con el crecimiento exponencial de la violencia y la inseguridad al amparo del avance de las mafias, las “bandas narco” y su asociación ilícita con ciertos estamentos del poder político, de la justicia y de las fuerzas de seguridad. Un cóctel en el que no faltan los muchos intereses de los medios de comunicación masiva y de los grandes grupos económicos, nacionales e internacionales, muchas veces entremezclados y buscando –como regla suprema– su propio beneficio.

En medio de todo eso estamos los ciudadanos y ciudadanas “comunes”, con nuestra cuota de responsabilidad en la construcción de una sociedad tal cual se describe arriba: una sociedad atrapada en una profunda grieta social en la que cada vez son menos los que más tienen. Grieta social que es muchísimo más grave y preocupante que la grieta política entre “kirchneristas” y “anti-k”, tan en boga en la prensa, y que también es verdad, fundada en este lamentable y miope principio: “quien no opina como yo es mi enemigo”. Duele Argentina porque aquí no hay espacios de concertación, no se dialoga, no se escucha.

Hay una situación que ha acaparado la atención de todos y todas en estas últimas semanas y que puede servirnos para ilustrar la división que vivimos. Se trata de la detención de la dirigente Milagros Sala, líder de la agrupación barrial y social “Tupac Amaru”, en la provincia de Jujuy, al noroeste del país. Su vida y su actividad son un símbolo del subtítulo de este artículo: dos caras de una misma moneda. Algunos la califican como “una mártir que es preso político del sistema revanchista”; otros la denuncian por “robo al Estado y a los pobres” a través de la malversación de millonarios subsidios públicos que fueron derivados por el gobierno anterior a su organización, pero que nunca llegaron “a los más pobres” que dice defender. ¿Heroína o villana? O… ¿puede ser ambas a la vez?

Milagros Sala fue una “lustrabotas” que padeció su adolescencia drogándose en las calles y robando al menudeo. Fue salvada de dicho circuito hostil por las prostitutas del Barrio Azopardo, su lugar de origen y morada, antes de conseguir un trabajo en el Estado provincial, y, con el tiempo, convertirse en dirigente del A.T.E., sindicato que agrupa a los trabajadores estatales. Como sindicalista comandó cientos de cortes de ruta (“piquetes”) en los que “arriesgó su pellejo”, arguyendo que esa era la única forma de reclamar en un país que se derrumbaba en una de las crisis sociales y económicas más importantes de la historia, en los fines de los noventa y los principios de siglo.

Desde el año 2003 “Tupac Amaru” centralizó todo el trabajo de desarrollo social del gobierno kirchnerista en la provincia de Jujuy; algunos afirman que “montó en la región un estado paralelo”. Millones de dólares fueron remitidos desde el gobierno central para la construcción de viviendas, jardines maternales y de infantes, escuelas primarias y secundarias, talleres de oficios, emprendimientos culturales, comedores y radios comunitarias, piscinas, plazas y espacios de recreo para las familias humildes. Derechos que habían sido esquivos para los pueblos originarios desde que la Argentina es Argentina. Sus defensores dicen que Milagros Sala se animó a reclamar para sí y para los suyos no sólo los derechos básicos sino también el derecho al goce de una vida digna en la que se pueda soñar más allá de un trabajo casi esclavo de sol a sol y de la vivienda propia como techo para las aspiraciones. Su trabajo, en teoría, no dista mucho del que Fe y Alegría desarrolla en otras localidades de nuestro país (y del mundo).

Pero “muchos poderosos” no se lo perdonan. Milagros Sala ha sido penalmente denunciada por el desvío millonario de fondos para su patrimonio y para la corrupción del círculo político que apoya su tarea; ha sido acusada de manipular -incluso de forma extremadamente violenta- a miles de personas y organizaciones comunitarias exigiéndoles lealtad política y ciertos “retornos” de dinero a cambio del beneficio económico proveniente de los fondos centrales; práctica que nunca ha sido extraña en el panorama político administrativo del país. No sólo el asistencialismo sino también el clientelismo político han marcado indeleblemente la vida nacional por décadas.

El día 16 de Enero pasado la justicia jujeña libró una orden de detención contra Milagros Sala mientras ella se encontraba cortando el tránsito y acampando en la Plaza Belgrano, frente a la gobernación provincial, junto con otras 300 personas (entre niños, jóvenes y adultos miembros de Tupac Amaru y otras organizaciones afines) protestando ante las decisiones adoptadas por el nuevo gobernador, Gerardo Morales. Se la arrestó imputándole formalmente el cargo de “instigación a cometer delitos y tumulto”, figura tan “vaga” que no justificaría su detención por varios días.

Voces de la organización afirmaron que el fiscal expresó a la detenida que no la liberaría hasta que la plaza no fuera desocupada por los manifestantes. Por eso muchas organizaciones nacionales e internacionales abogan por su liberación esgrimiendo que, con esta actitud injustificada y grandilocuente, el gobierno busca criminalizar el derecho de protestar que tiene reconocimiento constitucional. Y puede ser que ello sea verdad. Ciertamente la dirigente no debiera estar detenida por lo que se la imputa. Pero, quizás, sí debiera estarlo por alguna de las otras 60 causas que detenta Milagros Sala en la Justicia, y en particular, por dos denuncias que han sido efectuadas en los últimos días: la primera es por fondos destinados a la vivienda social a través del Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy que han sido pagados en un 100% y no existe todavía ningún tipo de obra; la otra, por una defraudación al fisco por 2,2 millones de dólares a través del programa “Mejor Vivir” para la construcción de viviendas sociales, anticipo ya desembolsado sin que hasta ahora se haya iniciado el proyectos y ni siquiera se sepa dónde se desarrollará.

 Puede ser que su detención actual no tenga que ver con los crímenes por los que se le investiga. Pero vuelve a plantearse el dilema de las dos caras de la moneda. Ahora tiene que ser la Justicia la que se pronuncie al respecto respetando el derecho a defensa en un juicio justo y aplicando el principio que ella es inocente hasta que no se pruebe lo contrario.

 El caso de Milagros Sala, de alguna manera, es paradigmático, ejemplar. Hay personas que la defienden diciendo que ahora “los blancos no quieren que los negros les quiten el poder que detentaron desde siempre como propio”; “quieren revancha”, etc. Otros dicen que quieren “que se pudra en la cárcel porque usó a los pobres para beneficio personal” o que “robó para la corona”. Hasta hay quienes se escudan en una “pseudo ética light” (permítaseme el término) y afirman que Milagros Sala “robó pero hizo”, lo que la justificaría. ¿Dos caras de una misma moneda?

 La idea de un país partido al medio y en guerra consigo mismo forma ya parte de la percepción que la sociedad argentina tiene de sí misma; pero lejos de permitirnos ver más allá y caminar hacia la resolución justa de los conflictos, esta sensación es un obstáculo para la comprensión de lo que sucede. Seguir insistiendo en el conflicto bipolar sólo aumenta el prejuicio que produce más pobreza y exclusión. La descalificación de unos por otros (y viceversa) profundiza las diferencias generando reacciones de los sectores perjudicados y empobrecidos, que alimenta la reacción del otro sector con la consabida represión y sus mecanismos, llegando hasta el derrumbe de marcos institucionales como lo hemos comprobado en distintos períodos “oscuros” de nuestra historia.

 La grieta que divide al país es la que separa a la parte de la sociedad argentina que ha sido capaz de “entrar con éxito al siglo XXI” y la gran mayoría de argentinos y argentinas que son “desechos” y que los fracasos de las últimas décadas han dejado esparcidos por nuestro territorio. Una parte de la Argentina vive hoy de la otra y fagocita toda posibilidad de desarrollo nacional. El Estado ha sido colonizado y convertido en agencia mafiosa de reclutamiento, coordinación y captación de recursos para beneficio de los que detentan el poder contando con el silencio o complicidad de aliados públicos. Por eso la importancia absoluta del papel que le cabe a la Justicia en resolver los conflictos ajustándose a los marcos constitucionales y a las leyes vigentes, castigando ejemplarmente a los culpables, sean del partido o de la ideología que sean, sobre todo en los casos en los que, abusando del poder, se conculca el Bien Común y se “aprovecha” de los desprotegidos.

 En toda sociedad existen disputas y conflictos por ideas e intereses contrarios; pero si hay respeto y diálogo es posible construir a partir de ello. Como dice Rafael Velasco S.J., en su artículo publicado por el Diario Clarín, en la Sección Tribuna (24-12-15): “la historia nos enseña que es posible coincidir en los fines, pero lo que termina importando son los medios para alcanzar esos fines. Porque, como afirma el refrán, “Dios está en las grandes definiciones, pero el diablo anda en los detalles” (…) Ya hemos visto lo que ha ocurrido durante los doce años del gobierno que ha concluido. Ahora, con esta nueva gestión que comienza, ¿qué será de los pobres?”

 Ojalá Dios quiera que podamos reconocer y reconciliar las dos caras de la moneda de manera que una no se avergüence de la otra sino que se reconozcan entre sí como partes de una misma y única identidad.

La Obra de San José celebró sus 25 años

Desde 1990, la Obra de San José abre sus puertas todas las mañanas para recibir a más de 160 personas en situación de calle. Desayunos calientes, almuerzos y talleres son algunos de los servicios que brinda.

En un ambiente festivo, y rodeado de amigos, la Obra de San José celebró sus Bodas de Plata con la presencia de usuarios, colaboradores y varios ex directores.

La fiesta comenzó con la misa presidida por el Padre Alejandro Tilve, Provincial de los Jesuitas de Argentina y Uruguay. La homilía estuvo a cargo del Padre Ángel Rossi SJ, iniciador de esta obra que se ocupa de brindar apoyo a hombres y mujeres en situación de calle.

El Padre Rossi recordó el primer día y lo que significó el compromiso del Colegio y la comunidad de la Iglesia del Salvador, que asumió la obra como propia.

Terminada la Misa, se sirvió un ágape a todos los presentes, a cargo de los grupos de cocina y panadería. Con la alegría como marco, se renovó el compromiso de seguir sirviendo a los más pobres de la sociedad.

Ciberfogon

 

Congregación General 36 y Renuncia

¿Para qué debemos ir a la Congregación General en el año 2016?

El Padre Adolfo Nicolás SJ, actual General de la Compañía de Jesús responde a esta pregunta, en la que se hace alusión a la nueva Congregación General que los jesuitas estarán celebrando este año.

El primer objetivo de esta reunión es la elección de un nuevo Padre General para la congregación. Al mismo tiempo, se invita a las provincias a reflexionar sobre la misión de la Compañía y los desafíos y/o problemáticas donde se ven llamados a actuar desde los contextos donde les toca trabajar.

«El cambio no es porque algo no funcione, sino es ir ajustándose a las necesidades nuevas y a los tiempos nuevos».

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El mundo busca el primer pacto global contra el cambio climático

150 presidentes y jefes de Estado participan en la apertura de la cumbre de París. La financiación y la vinculación jurídica del pacto son los puntos que más tensión despiertan entre los participantes. El reto es conseguir un pacto que comprometa a todos, sin excepción.

El mundo tratará de cerrar en París el primer acuerdo global contra el cambio climático en los próximos 15 días. 195 países buscan reemplazar el Protocolo de Kioto, un pacto que desde su aprobación en 1997 no ha conseguido reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero. A diferencia de Kioto, que cubría el 11% de las emisiones —y que no vinculó a China y EE UU en la mitigación—, ahora se intenta un pacto que comprometa a todos. Casi 180 países han presentado antes de la cumbre planes voluntarios de reducción de emisiones. Pero esos esfuerzos no son suficientes para impedir que la temperatura suba más de dos grados a final de siglo, el límite fijado por la ciencia como crítico. Encontrar la forma de superar esa brecha, la financiación de la adaptación y el grado de vinculación son los retos de la cumbre.

Más de 140 presidentes y jefes de Estado tomarán la palabra hoy en la capital francesa en uno de los mayores encuentros diplomáticos registrados fuera de Nueva York, sede de la ONU. Y sus discursos versarán sobre un problema común que recorre de norte a sur el planeta: el calentamiento global. “La lucha contra el cambio climático y la lucha contra el terrorismo serán los dos principales desafíos del siglo XXI”, decía este sábado a EL PAÍS Laurent Fabius, ministro de Exteriores de Francia, el país anfitrión que lleva meses de trabajo diplomático para que se cierre un acuerdo el 11 de diciembre.

Poco tiempo y demasiados corchetes

Cuando a finales de octubre se dio por cerrada la reunión preparatoria de Bonn (Alemania), el resultado fue un texto de 51 páginas con demasiados corchetes, muestra de los desacuerdos que aún existen entre los 195 países que negocian un acuerdo climático. Ese texto de Bonn es la base sobre la que se negociará en París. El 11 de diciembre debería estar listo ya el nuevo protocolo, pero no se descarta que pueda necesitarse más tiempo.

Los responsables de la ONU, conscientes de que el borrador es demasiado largo e inmanejable aún, han convocado a reuniones técnicas a las delegaciones durante este fin de semana. Según indican fuentes de estas negociaciones, lo que se ha buscado es dejar claras las reglas antes de que mañana se empiece con los trabajos oficiales.

El nombre de París, una ciudad traumatizada por los atentados de hace unos días, puede quedar unido para muchas décadas a la lucha contra el calentamiento global si de la cumbre internacional que acoge (la COP21) sale un pacto efectivo dentro de dos semanas. Este 2015 está a punto de cerrarse como el año más cálido desde que hay registros.

Paralelamente, la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera también está en niveles históricos. La ciencia (de forma casi unánime) relaciona estos dos hechos y los Gobiernos han asumido ya esa vinculación.

Pese a las alertas, el ser humano ha seguido aumentando las emisiones a través de la generación de energía, la industria, el transporte y la agricultura en las últimas décadas. Se prevé que en 2020 el volumen de emisiones mundiales anuales se duplique respecto a 1970.

Ya se han celebrado 20 reuniones de la ONU como la que acoge París, sin que se haya cerrado un acuerdo que comprometa a todos en la reducción de emisiones. El protocolo que se quiere sustituir, el de Kioto (1997), solo cubría el 11% de las emisiones mundiales. Ahora se quiere llegar al 100% y para eso es necesario que esta vez estén China y Estados Unidos, las dos principales potencias económicas y emisoras de CO2. Ambos han dado algunos pasos, como presentar sus planes de reducción de emisiones ante la ONU. Pero sus compromisos no están entre los más ambiciosos.

La Unión Europea, que negocia como un bloque, llega con una de las propuestas más fuertes: reducir al menos un 40% sus emisiones en 2030 respecto a 1990. Y con un mensaje: se puede crecer económicamente con menos CO2. Entre 1990 y 2012, las emisiones cayeron en Europa un 17,9%. Eso es en términos globales, porque hay excepciones nacionales como España, donde en ese mismo plazo crecieron un 22,5%.

Pero Europa solo representa al 10% de las emisiones mundiales. Sin China y EE UU, se volverá a fracasar en el objetivo que se quiere fijar: reducir las emisiones para que en 2100 el incremento de la temperatura no supere los dos grados de media respecto a antes de la Revolución Industrial.

Esta vez, tras seis años intentando cerrar el pacto, las dos principales potencias han mostrado voluntad de acuerdo. El problema surge al bajar al detalle. Por ejemplo, la UE quiere que el acuerdo tenga puntos jurídicamente vinculantes, algo que incomoda EE UU, que no llegó a ratificar Kioto precisamente por esa obligación jurídica. “La UE no aceptará solo una declaración de principios”, dice el secretario de Estado de Medio Ambiente de España, Pablo Saavedra.

“El acuerdo debe ser jurídicamente vinculante y con metas claras”, insiste el ministro colombiano de Medio Ambiente, Gabriel Vallejo. Su país está dentro del bloque de países que no son los principales causantes del cambio climático pero que han presentado compromisos de reducción de emisiones. Colombia propone bajarlas un 20% respecto a 2010. Pero podría llegar al 30% si recibiera financiación extra.

Aquí está otro de los puntos de tensión de París: la financiación. Hay dudas sobre quién debe poner los 100.000 millones de dólares anuales que a partir de 2020 deben estar dentro del llamado Fondo Verde. “Tiene que aportar todo aquel que pueda según sus capacidades”, opina Vallejo. Sin embargo, otros Estados insisten en que tienen que encargarse de la financiación los que han desatado el problema: los países desarrollados tras décadas de emisiones.

En el pacto parece que fijará la meta de los dos grados. Pero los compromisos de mitigación que 180 países —el 95% de las emisiones mundiales— han presentado antes de la cumbre no son suficientes y colocan al planeta en un incremento de al menos 2,7 grados. La UE pretende que, para solucionar esta brecha, cada cinco años se revise al alza el acuerdo. “Ni China ni EE UU quieren la revisión al alza”, dice Valvanera Ulargui, directora de la Oficina Española de Cambio Climático.

Teresa Ribera —directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales de París y que acude a la cumbre con la delegación francesa— se fija en las consecuencias que tendrá cerrar un acuerdo ambicioso. En su opinión, se lanzará un mensaje a los inversores internacionales del sector de la energía, “que en este momento están parados”.

India y los países del ALBA, en la línea dura de la negociación

Antes de que comiencen las negociaciones de París, los expertos sitúan a India y a los países que forman el grupo ALBA en la línea dura de la negociación. India mantuvo una de las posiciones más duras en la última reunión del G-20 en Turquía. De allí, salió el compromiso de cerrar en París un acuerdo “con fuerza legal”, “aplicable a todos” y “ambicioso, justo, equilibrado, durable y dinámico”.

India, responsable del 10% de las emisiones mundiales, ha presentado compromisos de reducción de emisiones antes de la cumbre. Pero en su plan este país sostiene que sus esfuerzos estarán condicionados a que les llegue una financiación de 206.000 millones de dólares. Además, en ese texto recuerda que “no es parte del problema” del cambio climático, en referencia a que han sido las economías desarrolladas las que han desencadenado el calentamiento tras décadas de uso de combustibles fósiles. Este país también presiona para que desde Occidente se le transfiera tecnología para poder seguir creciendo sin depender tantos de los combustibles fósiles.

Venezuela —con una economía de pendiente de las fósiles— y Nicaragua ni siquiera han presentado compromisos de reducción de gases de efecto invernadero. Bolivia sí ha mandado a la ONU su programa. Pero en el preámbulo lanza una advertencia: repudia “la visión de los imperios y de las transnacionales” y apuesta por crear un “camino para alcanzar una solución a la crisis climática desde una visión alternativa a la actual”.

Los países productores de petróleo también se muestran reacios a un acuerdo. Un informe del Instituto para los Recursos Sostenibles de Reino Unido establecía que, para cumplir con la meta de los dos grados, se necesitaría dejar bajo tierra un tercio de las reservas mundiales ya conocidas de petróleo, la mitad del gas y el 80% del carbón.

Fuente: El País

 

El Grupo de Comunicación Loyola en el año de la Misericordia

El Grupo de Comunicación Loyola participa con publicaciones que reflexionan sobre la misericordia, eje del pontificado del papa Francisco. La serie temática está integrada por seis títulos y a lo largo del año jubilar se sumarán nuevas propuestas.

Ante el inicio del Año Santo de la Misericordia, anunciado por el papa Francisco para el próximo 8 de diciembre, el Grupo de Comunicación Loyola –Sal Terrae y Mensajero- participa de esta celebración extraordinaria a través de numerosas publicaciones inspiradas en el sentido y la raíz de la misericordia. Diversos autores reflexionan en su naturaleza primera, en los signos que la representan y sus manifestaciones concretas y humanas, iluminándola para convertirla en “fuente de alegría, de serenidad y de paz”. Y así, fiel a su compromiso de servicio eclesial, el GCL se sustenta en ella, como “viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia”, con la intención de aportar aquellas claves teológicas y antropológicas que ayuden a hacer visible el objetivo propuesto por el pontífice para este año jubilar: “Que se haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes”.

En respuesta al llamamiento expresado por Juan Pablo II y por el papa Francisco, de anuncio y testimonio de la misericordia en el mundo contemporáneo, los dos sellos, Sal Terrae y Mensajero, publican diversos títulos en torno a ella. A lo largo del año jubilar, ambas editoriales sumarán nuevas propuestas que ahonden en un concepto de enorme calado.

El primer libro que abrió esta serie temática fue «La misericordia: clave del evangelio y de la vida cristiana», de Walter Kasper para Sal Terrae. Vio la luz justo cuando Jorge Bergoglio fue proclamado papa en 2013. A él se lo regaló el propio autor durante el cónclave y su lectura inspiró su primer ángelus ya como papa Francisco. Este mes de noviembre de 2015, ve de nuevo la luz «La misericordia» con el prólogo escrito por el autor para esta edición en castellano. En él relata fielmente el calado de la primera: «Durante el cónclave, el cardenal Jorge Bergoglio tenía su habitación, en la Casa de Santa Marta, justo enfrente de la mía. Esto me permitió aprovechar un encuentro casual para entregarle uno de dichos ejemplares. Cuando leyó el título, se emocionó visiblemente y dijo con toda espontaneidad: Misericordia, questo è il nome del nostro Dio, «Misericordia, este es el nombre de nuestro Dios»».

Sal Terrae sumó en mayo de 2015 una nueva propuesta en torno a esta temática desde una nueva perspectiva: «La familia a la luz de la misericordia» (Ed. Gabino Uribarri). En él, los profesores de la Universidad Pontificia Comillas -José Manuel Caamaño, Bert Daelemans SJ, Pablo Guerrero SJ , Diego Molina SJ, Carmen Peña, Javier de la Torre y Fernando Vidal- tratan de articular, en línea con el Sínodo, “una nueva mirada” a la doctrina familiar y matrimonial con palabras que guardan equilibrio entre corazón y reflexión. Aportaciones que configuran una propuesta con un fondo teológico, doctrinal, pastoral y canónico. “Una mirada que no prescinde de la doctrina eclesial sobre el matrimonio y la familia, pero que incorpora de modo decidido la misericordia como factor primordial”.

El pasado mes de octubre, Rino Fisichella, al que el propio papa Francisco encomienda la preparación de esta celebración como presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, desglosa el sentido de este año jubilar en su nuevo libro: «Los signos del jubileo: La peregrinación, la ciudad de Pedro y Pablo, la Puerta Santa, la profesión de fe, la caridad, la indulgencia». Desde el redescubrimiento de la solidaridad, el amor y el perdón, invita a los creyentes que empapen su vida cotidiana de cada uno de ellos como camino a la reconciliación.

A punto de estrenarse el Año de la Misericordia tres títulos reflejan con hondura su sentido: El desafío de la misericordia, de Walter Kasper; una nueva edición de Entrañas de Misericordia (2009) de Anselm Grün, bajo el título Las obras de misericordia: caminos para transformar el mundo y por último, Madre de misericordia de Marie-Paul Farran.

En el primero, de Sal Terrae, «El desafío de la misericordia», de Walter Kasper, el teólogo alemán desglosa las respuestas de los pontífices desde Juan XXIII hasta la actualidad en relación a la pregunta ¿quién es mi prójimo? todo un desafío para la misericordia de cada uno. La respuesta no puede ser teórica, sino que ha de ser práctica para “introducir al menos un débil destello de la misericordia divina en la oscuridad del mundo“.

En el segundo, «Las obras de misericordia: caminos para transformar el mundo» (Sal Terrae) el monje benedictino celebra el año jubilar que se aproxima y redescubre el valor de las obras de misericordia: “El papa Francisco capta perfectamente el núcleo del Evangelio cuando coloca la misericordia en el centro de su predicación. Ojalá que las palabras del papa y las palabras de Jesús en el Evangelio nos introduzcan de nuevo en el misterio de la misericordia, a fin de que también hoy el mundo en que vivimos sea transformado por ella, a fin de que nuestra misericordia restañe las heridas de los hombres y nuestro mundo devenga más humano, más cálido, más misericordioso”.

Y el tercero de ellos, «Madre de la misericordia», editado bajo el sello de Mensajero, la pintura de la hermana Marie-Paul Farran, de estilo bizantino con antiguos modelos y colores, es acompañada de oraciones marianas y comentarios de insignes filósofos. Iconos y oraciones guardan equilibrio para la plegaria diaria.

Jesuitas España

 

La Misericordia; misión de la Iglesia

José Luis Gordillo, SJ *

El primer domingo de adviento el Papa Francisco dio inicio al Jubileo de la Misericordia. La sede para este magno evento fue la Catedral de Bangui en la República Centroafricana. De este modo la Iglesia ha invitado a toda la humanidad a orar, pensar y actuar con criterio misericordioso. Bangui, dijo el Papa, “es el centro de la fe de toda la Iglesia”.

Abrir un jubileo para toda la Iglesia en uno de los países más pobres y necesitados del mundo representa la clara postura que hace esta respecto de su misión. El Papa Francisco ha sido enfático en esta tarea desde el inicio. Al centro de la práctica de la Iglesia está el mismo modo de actuar de Cristo, y por lo tanto están los pobres. «Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres», dijo el Papa en su primera participación pública como Pontífice, en marzo del 2013, casi anunciando las características de aquello a lo que nos invitaría más adelante.

El jubileo de la Misericordia es una fiesta, pero también es una invitación a la trascendencia en actos. Se trata, dijo el Papa en la homilía del 29 de noviembre, de “compartir la vida del pueblo de Dios, dando razón de la esperanza que hay en nosotros y siendo testigos de la infinita misericordia de Dios que, «es bueno y enseña el camino a los pecadores» (Sal 24,8). Ahora tenemos claro quiénes son los preferidos (Los pobres) y cuál es la actitud (la misericordia) que debemos mostrar.

Ya el Concilio Vaticano II define como tarea propia de la Iglesia ser sal y luz para todos, para eso fue instituida como cuerpo de Jesucristo, que además es cabeza y puerta de ésta. Sin duda esta misión la debe llevar a discernir y definir su modo de estar presente en el mundo, anunciando con el testimonio la Buena Noticia que es el Reino de Dios en medio de nosotros. Es indudable que para nosotros hoy la misericordia es la Sal y la luz del mundo.

Sin embargo es claro que el contexto en el que celebraremos el Año de la Misericordia es especial; el temor que nos produce a todos la realidad de la Guerra es una pregunta hecha en medio de la esperanza al que nos invita el adviento y el Jubileo.

Si bien el mundo es espacio privilegiado de revelación y de salvación de Dios, es evidente que el momento presente es un tiempo complejo para afirmar esto. Sin embargo no deja de ser un tiempo especial para que la Iglesia cumpla la labor que tiene; anunciar el Reino, actuar con misericordia, dar testimonio de la salvación.

Como diría Juan XXIII, a quien el Papa Francisco cita en la bula Misericordiae Vultus: “En nuestro tiempo la esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la Misericordia y no empuñar las armas de la severidad”. La Iglesia, como se puede ver, ha optado por hacer de la misericordia una bandera y un criterio de acción en medio de un contexto de temor. La misericordia, entonces, es criterio de acción y criterio de discernimiento. Después de todo, hoy la Iglesia puede anunciar que no habrá paz si no hay misericordia.

Hacer de la esperanza una acción supone leer los acontecimientos cotidianos desde la pregunta acerca de la presencia de Dios en medio de nuestra vida y nuestras decisiones, pero podríamos ir más allá. Podríamos preguntarnos, por ejemplo: ¿pueden mis actos cotidianos partir de la misericordia?

Al inicio de la constitución Gaudium et Spes se dice que nada hay “verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de Cristo”. Entonces, el reto de la misericordia como acto cotidiano es parte de aquella misión que tenemos como Iglesia que es de Cristo: anunciar, discernir y celebrar mensajes de esperanza y actos misericordiosos. Este es el fundamento de nuestro año santo.

 

* Asistente Nacional CVX

 

Archivo de Ignacio Ellacuría, patrimonio de América Latina

La Biblioteca “P. Florentino Idoate, S.J.”, el Centro Monseñor Romero, a través de la Biblioteca de Teología “Juan Ramón Moreno” y el Departamento de Filosofía iniciaron un proyecto en 2013 para conservar el legado y pensamiento de Ignacio Ellacuría.

Este esfuerzo permitió la creación del Archivo Ignacio Ellacuría, que reúne, entre otros, documentos personales, manuscritos, apuntes de clase, artículos, recortes, correspondencia y cintas de audio del sacerdote, heredados por la Compañía de Jesús después del asesinato.

Este año, el Comité Regional para América Latina y el Caribe del Programa Memoria del Mundo de la Unesco, en su decimosexta reunión anual, que se llevó a cabo del 21 al 23 de octubre, en Quito, Ecuador, declaró al Archivo como patrimonio de América Latina, bajo el título de “Fondo Documental de Ignacio Ellacuría: Realidad Histórica y Liberación”. La declaratoria se dio a conocer públicamente durante la eucaristía de la comunidad universitaria en memoria de los mártires de la UCA, realizada el 16 de noviembre en el Auditorio “Ignacio Ellacuría”. En la misa, el representante de El Salvador en el Comité, Carlos Henríquez Consalvi, entregó a la UCA el título que oficializa el nombramiento de patrimonio.

De acuerdo a Jacqueline Morales, directora de la Biblioteca, con la declaratoria regional se da un paso importante para la incorporación del Archivo al Registro de la Memoria del Mundo. Este reconocimiento destacaría la influencia e importancia que tiene el pensamiento del rector mártir a nivel nacional, regional y mundial, y garantizaría el resguardo de su legado como herencia de la memoria colectiva mundial.

En 2014, en el marco del XXV aniversario de los mártires de la UCA y el centenario de la Compañía de Jesús en el país, el acervo se incorporó al Registro Nacional de la Memoria del Mundo-Unesco, convirtiéndose así en patrimonio documental de El Salvador.

Con la nueva declaratoria, el fondo documental de Ellacuría se suma a 123 acervos considerados patrimonio de América Latina; acervos que, como explica el Comité en un comunicado, constituyen “un importante abanico” sobre la historia, la educación, los derechos humanos, la psiquiatría, la música, la arquitectura y la comunicación de la región. El Archivo Ignacio Ellacuría está digitalizado y se puede consultar; los documentos físicos se encuentran en la Biblioteca de Teología “Juan Ramón Moreno”.

Extraído de Jesuitas Centroamérica

 

Redes de la Compañía de Jesús evalúan su trabajo a lo largo de este año

Durante el mes de noviembre, no sólo hemos estado evaluando, planificando y trabajando. La confianza mutua y la escucha que hemos experimentado mientras estamos aquí en Loyola es el resultado de estar conscientes de la misión que compartimos. Al mismo tiempo, también es un ingrediente esencial para fortalecer nuestro nivel de coordinación y crear relaciones institucionales más generosas.

Cada vez más, estamos mirando por encima del “yo” y actuando como “nosotros”.

Durante este cuarto día, nos dividimos en grupo según las redes a las que pertenecemos. Cada una tuvo la oportunidad de evaluar el trabajo que ha realizado a lo largo del año.

La reunión de la red Xavier empezó con una breve revisión de la actividad de las organizaciones involucradas. La red reconoció que se ha fortalecido con la incorporación en el 2014 del Secretariado de Misiones de Australia. En la actualidad, la actividad general de la red anual asciende a 65 millones de euros, divididos en partes iguales entre África, América Latina y Asia. En los últimos años, los miembros de la red se han dedicado a la vigilancia de los programas de voluntariado internacional, manejo de emergencias y apoyo a los proyectos a otras redes.

La mayor innovación ha sido la definición de proyectos de colaboración con otras redes de la Compañía de Jesús, como la el Proyecto Panamazónico de la Conferencia Latinoamericana de Provinciales (CPAL), la colaboración con la red educativa de Fe y Alegría Redes de la Compañía de Jesús evalúan su trabajo a lo largo de este año en África y en el trabajo de prevención de desastres se desarrolló dentro de la Provincia de Filipinas.

La Global Ignatian Advocacy Network (GIAN),en migración, ha decidido adoptar la hospitalidad como el tema común del grupo, pero adaptándose a las necesidades y la dinámica de las distintas situaciones locales.

El grupo también evaluó las actividades de incidencia desarrolladas en diferentes partes del mundo, tratando de identificar el método más efectivo de trabajo basado en diferentes circunstancias. La red ha identificado la promoción de la hospitalidad y la defensa de los derechos de los migrantes y de personas desplazadas forzosamente como el foco principal de sus esfuerzos de promoción.

La GIAN sobre Gobernanza de los Recursos Naturales y Minerales presentó avances en tres proyectos de promoción que se habían completado o estaban a punto de concluir: la labor de incidecia de soporte de una comunidad local frente a la opresión y la desigualdad en relación con un proyecto de minería del carbón liderado internacionalmente en la India; una campaña de colaboración en torno a los minerales de conflicto y un proyecto de investigación en Honduras que luego podría ser utilizado como una herramienta de promoción para ayudar a la comunidad local en el trato con las empresas mineras, así como informar a los esfuerzos para mejorar las condiciones de vida.

La red también se centró en la mejora de las capacidades de defensa de las comunidades a través de diferentes iniciativas como la edición de libros y folletos sobre temas de justicia minera. Por último, mirando hacia el futuro, la necesidad de mejorar la comunicación fue identificada como una prioridad clave.

En el cuarto día, la red GIAN Ecología tuvo la oportunidad de visitar el EGIBIDE escuela secundaria en Vitoria, España, donde se reunieron con los estudiantes que están siendo capacitados para trabajar en temas ambientales. Los miembros de la red GIAN crearon conciencia entre los estudiantes con respecto a algunas cuestiones importantes, tales como el agua potable, la pérdida de biodiversidad y la deforestación en lugares como la India, la República Democrática del Congo o Filipinas. Por último, la red GIAN de Derecho a la Educación compartió progresos realizados en la planificación y la situación actual del derecho a la educación en los diferentes países, especialmente en aquellos lugares donde el acceso a la educación significa arriesgar la vida. Al mismo tiempo, se hizo una evaluación de edujesuit.org como herramienta de comunicación, y el equipo trabajó en el diseño de una campaña de sensibilización sobre el derecho a la educación, que tendrá lugar en 2016.

Boletín de CPAL