ACOMPAÑAMIENTO EN TIEMPOS DE CRISIS: MANTENER VIVA LA ESPERANZA

A medida que se acerca la Navidad, recordamos una historia que comenzó en la vulnerabilidad: la de una joven familia que buscaba refugio, no encontró un lugar donde descansar y, dio la bienvenida a una nueva vida en el entorno más sencillo. El nacimiento de Jesús fue, en muchos sentidos, una historia de desplazamiento: un niño nacido lejos de su hogar, cuya familia pronto huiría de la violencia y se convertiría en refugiada.

Esta temporada nos invita a volver a ese humilde comienzo y redescubrir la luz que entró al mundo no en la comodidad, sino en la incertidumbre; no en el privilegio, sino en la pobreza y la fe. El Adviento nos llama a vigilar y esperar, y a alimentar la esperanza incluso en medio de la oscuridad.

El nacimiento de Jesús fue, en muchos sentidos, una historia de desplazamiento…

Hoy, este llamado se siente más urgente que nunca. En todo el mundo, millones de familias están desplazadas debido a conflictos, persecuciones y desastres. Comunidades que ya han sufrido tanto siguen enfrentándose a nuevas crisis: desde guerras y tensiones políticas hasta los efectos del cambio climático y el aumento del costo de vida. Sin embargo, justo cuando las necesidades crecen, somos testigos de una erosión de la solidaridad. Los gobiernos cierran fronteras y los corazones se endurecen. La compasión, antes vista como una fortaleza, a menudo se rechaza como ingenuidad.

Y, no obstante, en medio de estos desafíos, la gracia sigue manifestándose. En todo el mundo, donde acompañamos a los refugiados en los campos, las escuelas y los centros comunitarios, en el Servicio Jesuita a Refugiados vemos cómo la esperanza sigue naciendo a través de pequeños gestos de valentía y cuidado: un maestro asegurándose de que los niños puedan seguir aprendiendo, una comunidad que acoge con amabilidad los extraños, y un refugiado voluntario acompañando a otros recién llegados.

Este es el corazón del acompañamiento: caminar juntos y negarse a dejar que el sufrimiento tenga la última palabra. Es un acto diario de fe en la bondad que aún habita en la humanidad y un reconocimiento de que, juntos, podemos construir comunidades de esperanza y resiliencia incluso en las circunstancias más difíciles.

Mientras celebramos la venida de Cristo, que sepamos reconocer Su presencia en cada persona que busca seguridad, dignidad y paz. Que la luz de la Navidad suavice nuestros corazones y renueve nuestro compromiso con aquellos que están en movimiento.

Mientras celebramos la venida de Cristo, que sepamos reconocer Su presencia en cada persona que busca seguridad, dignidad y paz.

Cada gesto de compasión y solidaridad nos ayuda a continuar acompañando a los refugiados en todo el mundo. Juntos, podemos mantener viva la esperanza donde es más frágil.

Este Adviento, abramos nuestras puertas como los posaderos que dicen “sí” para dar la bienvenida, y abramos nuestros corazones como compañeros que caminan en fe y amor.

Por Eric Goeh-Akue, SJ | JRS – Servicio Jesuita a Refugiados

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Construyendo una cultura de protección en la Compañía de Jesús

El séptimo día de la Reunión de Superiores Mayores de la Compañía de Jesús en Roma se dedicó a un tema difícil pero vital: construir una cultura de protección.


Tanto en la Iglesia como en la sociedad en general, la protección se ha convertido en una prueba de credibilidad y confianza. Las palabras ya no bastan. La gente espera transparencia, acciones concretas y un cambio profundo en la cultura.

La Congregación General 36 supuso un punto de inflexión para la Compañía de Jesús en lo que respecta a la salvaguardia. Se rompió el silencio y pasamos de tener un enfoque basado únicamente en la gestión de casos a promover la prevención, creando una cultura consistente de protección en todas las Provincias y obras.

Durante la reunión, los Superiores Mayores abordaron este tema en profundidad. Fue el tema de una jornada completa y también el tema de algunas conversaciones en profundidad. Los Superiores Mayores tuvieron la oportunidad de hablar juntos sobre los retos, las esperanzas, las consolaciones y las dificultades en este ámbito, así como sobre las medidas adicionales necesarias para promover una cultura consistente de protección en sus culturas y contextos.

La presentación de la mañana no eludió las dificultades en torno a esta cuestión. El P. Thierry Dobbelstein, Provincial de la Provincia de Europa Occidental Francófona, compartió su experiencia acompañando tanto a los supervivientes de abusos como a los responsables. Destacó que, aunque se han logrado muchos avances, aún queda mucho por hacer, tanto dentro de la Compañía como en la Iglesia en general, para promover una cultura que proteja verdaderamente a todas las personas.

El P. Juan Cristóbal Beytía, Provincial de Chile, abordó la dificultad de pasar de las políticas sobre el papel a una cultura viva de protección. Señaló algunos obstáculos –brechas generacionales, actitudes clericales y cuestiones de credibilidad– que ralentizan este cambio. “La invitación”, dijo, “es afrontar la verdad de nuestra historia, pedir perdón sinceramente, reparar en la medida de lo posible, y crear entornos que impidan que se repitan los abusos. Ese es el comienzo de la reconciliación.”

Ya dentro de la Compañía, el Padre General estableció en 2018 el proyecto de Promoción de una Cultura Consistente de Protección (PCCP) en respuesta al mandato que le encomendó la Congregación General 36. El objetivo de PCCP es apoyar a las Provincias y obras de la Compañía en el desarrollo y mantenimiento de una cultura de protección.

«…afrontar la verdad de nuestra historia, pedir perdón sinceramente, reparar en la medida de lo posible, y crear entornos que impidan que se repitan los abusos. Ese es el comienzo de la reconciliación.»

 

“El proyecto comenzó con un mapeo de la situación de cada Provincia en relación con las tres normas básicas: contar con políticas sólidas, ofrecer formación regular y de calidad para todos, y disponer de protocolos transparentes y creíbles para recibir denuncias y dar prioridad a las víctimas”, explicó el P. John Guiney, director de PCCP, que intervino por separado.

Señaló también que mientras algunas Provincias están todavía en la fase de elaboración de políticas y protocolos, otras ya han iniciado programas de formación y capacitación no solo para los jesuitas, sino también para todos nuestros colaboradores y compañeros en la misión.

“Es especialmente consolador que todas las Provincias y Regiones hayan acogido este proyecto y que todas estén avanzando, aunque a veces a ritmos diferentes. Ahora trabajamos con toda nuestra estructura de formación, tanto inicial como continua, para garantizar que cambie la cultura dentro de la Compañía. Ha sido un cambio de actitud notable y supone un verdadero consuelo. Es ahí donde el Señor está llamando a la Compañía”, añadió el P. Guiney.

Ahora trabajamos con toda nuestra estructura de formación, tanto inicial como continua, para garantizar que cambie la cultura dentro de la Compañía.

 

El P. Beytía, que hizo la presentación junto con el P. Dobbelstein, lo resume de forma sencilla: “Aún no hemos llegado a ese punto, pero hemos tenido un buen comienzo. Hago un llamamiento a todos los Superiores Mayores para que sigan adelante, para que sigan abordando con honestidad y humildad la cuestión de la protección. Es la forma de construir una cultura sana para nuestro ministerio y también para nuestra vida jesuita. Es un pilar hoy en día para crecer en nuestra cercanía a Jesús y en nuestro seguimiento de Él.”

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“Migrantes, misioneros de esperanza” | Jubileo de los migrantes

En este Año Jubilar dedicado a los Peregrinos de Esperanza, el JRS te invita a acoger a las personas refugiadas y migrantes.

El fin de semana del 4 y 5 de octubre de 2025, la Iglesia celebrará en Roma el Jubileo de los migrantes en presencia del Papa León XIV. Serán dos días de encuentros, actividades y oraciones en honor a nuestros hermanos y hermanas en camino.

Ese mismo fin de semana, como parte del Jubileo de los migrantes, se celebrará la 111ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR) con el lema: Migrantes, misioneros de esperanza.

En su mensaje, el Papa León XIV nos recuerda que, en un mundo herido por la guerra, la injusticia y las crisis climáticas, las personas migrantes, refugiadas y desplazadas son testigos privilegiados de la esperanza. Lo muestran cada día «a través de su confianza en Dios y su resistencia a las adversidades con vistas a un futuro en el que vislumbran la llegada de la felicidad y el desarrollo humano integral”.

El Papa también reconoce a los migrantes como misioneros de esperanza, capaces de revitalizar la espiritualidad de quienes los acogen. Al mismo tiempo, las comunidades de acogida pueden ser testimonio vivo de esperanza reconociendo a los migrantes “como hermanos y hermanas, parte de una familia en la que pueden expresar sus talentos y participar plenamente en la vida comunitaria”.

En un mundo que da la espalda a las personas refugiadas, no tengas miedo de ser diferente y marcar la diferencia. Hoy, elige proteger a las personas refugiadas e incluirlas en tu comunidad.

Primera Audiencia General de León XIV: El amor no calcula

En su primera audiencia general como pontífice, el papa León XIV continuó con la serie de catequesis del Jubileo, iniciadas por el papa Francisco sobre el tema «Jesucristo, nuestra esperanza».

El Santo Padre continuó la reflexión de su predecesor sobre las parábolas de Jesús, que, según el papa León, «nos ayudan a redescubrir la esperanza, porque nos muestran cómo actúa Dios en la historia».

 

Una parábola única

León XVI se centró en la parábola del sembrador, «una parábola bastante singular, ya que sirve como introducción a todas las demás», explicó y observó cómo esta historia revela la forma de comunicarse de Jesús y puede orientarnos sobre cómo proclamar el Evangelio hoy.

Aunque las parábolas provienen de la vida cotidiana, su objetivo es transmitir algo más profundo. Nos animan a todos a cuestionarnos; nos invitan a no quedarnos en las apariencias.

Reflexionando sobre la historia, el Papa instó a todos a plantearse dos preguntas: ¿Dónde me encuentro en esta historia? ¿Qué dice esta imagen a mi vida?

 

Un sembrador sale a sembrar

En esta parábola del sembrador, señaló el Papa, podemos ver el poder de Dios y el impacto que tiene sobre nosotros.

«Cada palabra del Evangelio es como una semilla sembrada en la tierra de nuestras vidas», compartió, destacando que la tierra no es solo nuestro corazón, «sino también el mundo, la comunidad, la Iglesia». No hay ningún aspecto de la vida que no esté impregnado del Evangelio.

Personas de todos los ámbitos y orígenes acudieron a escuchar a Jesús contar esta parábola. Esto nos muestra que «la palabra de Jesús es para todos, pero obra de manera diferente en cada persona», lo cual, explicó el Papa León, nos ayuda a comprender mejor la parábola. Cada uno de nosotros puede extraer algo de ella, independientemente de su situación vital.

 

Jesús es la semilla

En la historia, el lugar donde caen las semillas parece importarle poco al sembrador, lo cual, como señaló el Papa, simboliza el amor de Dios por cada uno de nosotros. «Estamos acostumbrados a calcular y planificar, pero el amor no funciona así», dijo.

El pontífice enfatizó que Dios «esparce la semilla de su palabra en todo tipo de terreno, es decir, en cada una de nuestras situaciones». Ya sea que la recibamos con entusiasmo, superficialidad o miedo, Dios confía en que en algún momento la semilla dará fruto.

Dios «no espera que nos convirtamos en la mejor tierra». Más bien, nos da su palabra una y otra vez, y su palabra es Jesús.

 

Van Gogh y su puesta de sol

Al cerrar su reflexión, León XIV reflexionó sobre el cuadro de Vincent van Gogh, El sembrador al atardecer .

«Lo que me impacta», compartió, «es que, detrás del sembrador, Van Gogh pintó el grano ya maduro». El Papa llamó a esto una imagen de esperanza de que, de alguna manera, la semilla haya dado fruto.

En el centro del cuadro está el sol, no el sembrador, lo que nos recuerda que «Dios impulsa la historia, aunque a veces parezca distante u oculto».

 

Recordando al Papa Francisco

Antes de rezar el Padrenuestro en latín, el Papa León XIV recordó a su predecesor, el papa Francisco, en el primer mes de su fallecimiento.

«Y no podemos concluir nuestro encuentro sin recordar con tanta gratitud a nuestro amado Papa Francisco, que hace exactamente un mes regresó a la casa de Nuestro Padre».+

@AICA | t.ly/PMVXO

Papa León XIV inicia su pontificado con un llamado a la unidad y la misión evangelizadora

Este 18 de mayo, en la Plaza de San Pedro el Papa León XIV —Robert Prevost— inició oficialmente su Pontificado con una eucaristía donde trazó las primeras líneas pastorales que marcarán su ministerio. Frente a miles de fieles y autoridades eclesiásticas y civiles, el Sucesor de Pedro pronunció su primera homilía centrada en el amor de Dios como fundamente de la Iglesia y en la urgencia de la unidad entre los pueblos.

El obispo de Roma asumió la dirección de la Iglesia católica, tras la muerte del Papa Francisco, de quien habló con gratitud y resaltó su último gesto pascual: una bendición Urbi et orbi en medio de sus dolencias. “El Señor nunca abandona a su pueblo”, indicó, asegurando que la elección en el cónclave fue una acción guiada por el Espíritu Santo, frente a la diversidad y comunión de los cardenales presentes.

Una Iglesia misionera que abraza al mundo

Con calidez y cercanía, León XIV se presentó como “un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría”, reconfirmando que el amor y la unidad son las claves del encargo confiado a Pedro. En su homilía, destacó que la Iglesia no debe buscar poder, control o protagonismo, sino entregar la vida como Jesús: “La verdadera autoridad es la caridad de Cristo”.

Instó a ser una Iglesia “misionera”, capaz de salir, anunciar la Palabra, dejarse interpelar por la historia y abrazar el mundo con los brazos abiertos. Llamó la atención para dejar atrás toda actitud de encierro y prepotencia y vivir un espíritu misionero donde todos estén incluidos: cristianos de otras denominaciones, personas de otras religiones, y todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Unidad para un mundo herido por el odio y la exclusión

El ahora líder de la Iglesia católica evidenció las heridas de un mundo que está siendo actualmente marcado por la violencia, los prejuicios, el individualismo y un modelo económico excluyente. Frente a esta dolorosa realidad, expuso que el desafío para la Iglesia es ser levadura de comunión y fraternidad en medio de tanta discordia. “Queremos ser una pequeña levadura de unidad”, afirmó.

Iluminado por el pensamiento de san Agustín y por su predecesor León XIII, recordó que sólo el amor puede transformar la sociedad civil. “Esta es la hora del amor”, dijo con voz fuerte. Su reflexión la concluyó pidiendo caminar juntos “como un solo pueblo”, alentando a todos a amar más, a construir la paz, y a dejarse guiar por el Espíritu Santo hacia una Iglesia que sea signo visible de unidad para la humanidad.

Leer la homilía completa: t.ly/TXOlb

@adncelam | t.ly/1tpb9

Evangelio del Domingo. “YO LAS CONOZCO”

El evangelio que nos propone la liturgia de este domingo es muy breve: apenas cuatro versículos del capítulo 10 del evangelio de San Juan. Es éste un largo capítulo en el que, en su primera parte, la más extensa, Jesús define su relación con los discípulos: “Yo soy el buen pastor” (v. 11) y en la segunda parte, más breve, define su relación con el Padre: “Yo y el Padre somos uno” (v. 30). En los versículos de hoy aparecen esos dos aspectos. Nos centramos en este comentario en un aspecto, en una afirmación concreta de la relación del Buen Pastor con sus discípulos: “Yo las conozco” (v. 27).

Jesús nos conoce. Y nos conoce a fondo. Me preguntaba preparando este comentario: ¿hay alguien que me conozca como Jesús me conoce? Es una pregunta que nos podemos hacer todos nosotros. Mi respuesta personal es que nadie me conoce con la profundidad y la verdad con que Él me conoce. En lo bueno y en lo menos bueno. Nadie como Él conoce todos los gestos de bondad, de entrega, de disponibilidad de que somos capaces, y que tantas veces quedan ocultos a miradas ajenas. Y nadie como Él conoce lo que nos duelen nuestros fallos de todo tipo y la impotencia que sentimos cuando queremos mejorar o cambiar y no podemos. Nadie como Él conoce las alegrías íntimas por sencillos gestos de amor y nadie como Él conoce el sufrimiento de fracasos, incomunicaciones, decepciones… especialmente en las relaciones humanas.

Pero quien más nos conoce es Aquel que más nos ama. El buen pastor que conoce a sus ovejas es el que no ha dudado en afirmar que “doy mi vida por las ovejas” (v. 15). Y esa doble afirmación nos abre a tres dimensiones de nuestra relación con Él:

  • Una dimensión de intimidad que hace de nuestra oración una relación muy especial como la que, seguramente, no podemos tener con nadie más. Una intimidad que va más allá de las palabras, porque a Él no es necesario “explicarle” nada, y que es, sencillamente dejar que Él nos acoja tal como somos y con todo su cariño;
  • Una dimensión de confianza porque su Amor no es sometido a prueba por nuestro amor, sino que sintiéndonos acogidos por su Amor nos vamos haciendo capaces de amar cada día más, incluso a aquellos de los que no esperamos mucho o nada. Porque la minúscula de nuestro amor se va haciendo mayúscula a medida que crece en gratuidad;
  • Una dimensión de esperanza. Esperanza en Aquel que no duda en afirmar “Yo les doy vida eterna” (v. 28). Vida eterna que no es otro tiempo de la vida, sino otra dimensión de la vida, otro sentido. Más allá de lo que nos es dado conocer, más allá de lo que nos cabe esperar.

DARÍO MOLLÁ, SJ | @centroarrupevalencia

Robert Francis Prevost es elegido Papa: toma el nombre de León XIV

El cónclave eligió este jueves, 8 de mayo, al cardenal Robert Francis Prevost como nuevo Papa. El prelado estadounidense, de 69 años, escogió el nombre de León XIV, evocando al papa León XIII, una figura asociada al compromiso social y a la apertura diplomática en la historia reciente de la Iglesia.

Monseñor Robert Francis Prevost, O.S.A. nació el 14 de Setiembre de 1955 en Chicago, Illinois (EE.UU.). Su padre, Louis Marius Prevost, es de ascendencia francesa e italiana, y su madre, Mildred Martínez, es de ascendencia española. Tiene dos hermanos, Louis Martín y John Joseph.

Infancia

Su infancia y adolescencia transcurrió con los suyos. Los inicios de su juventud se desarrollaron en el campus universitario, pues desde los 18 hasta los 22 años estudió en Villanova University-Pennsylvania, llegando a obtener el Bachellor’s Degree en Matemática (1977), además de una especialización en Philosophy (1977). El 1º de Setiembre de ese mismo año ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín (O.S.A.), en la provincia de Nuestra Señora del Buen Consejo, en Saint Louis. El 29 de agosto de 1981 profesó los votos solemnes. Durante aquellos años estudió en la Catholic Theological Unión-Chicago, llegando a graduarse con el título del «Master of Divinity, (en Teología) con mención en Misión Intercultural» (1982).

Estudios

A sus 27 años fue enviado por la Orden a Roma para estudiar Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (el «Angelicum»). En la Ciudad Eterna recibió la ordenación sacerdotal de manos de monseñor Jean Jadot, presidente del Consejo Pontificio para los no cristianos, el 19 de junio de 1982. Obtuvo la Licenciatura en 1984, y continuó con la preparación de la tesis doctoral, cuando fue destinado a trabajar en la misión de Chulucanas, en Piura-Perú (1985-1986), siendo vicepárroco de la catedral «Sagrada Familia» y canciller. La diócesis de Chulucanas, erigida el 8-VI-1989, comenzó como prelatura el 4 de marzo de 1965, para ser atendida por los padres agustinos norteamericanos de la Provincia de Chicago.

En 1987 obtuvo el grado de Doctor con la tesis: «El Rol del Prior Local de la Orden de San Agustín», recibiendo la calificación de Magna Cum Laude.

En ese mismo año fue elegido director de vocaciones y director de misiones de la Provincia agustiniana «Madre del Buen Consejo» en Olympia Fields, Illinois (USA); además se dedicó a conseguir fondos económicos para las misiones de su provincia, en especial para la misión de Chulucanas. En 1988 fue enviado a la misión de Trujillo para ser el director del proyecto de formación común de los aspirantes agustinos de los Vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apurímac. Allí se desempeñó como prior de la comunidad (1988-1992), director de formación (1988-1998) y maestro de profesos (1992-1998). En la arquidiócesis de Trujillo prestó servicio como vicario judicial (1989-1998), profesor de Derecho Canónico, Patrística y Moral en el Seminario Mayor «San Carlos y San Marcelo»; también ejerció como director de Estudios del mencionado Centro de Formación Sacerdotal, y fue rector encargado durante un año. Junto con estas labores académicas y espirituales; párroco fundador en la Parroquia de «Nuestra Señora Madre de la Iglesia», hoy parroquia «Santa Rita» (1988-1999) y administrador parroquial de «Nuestra Señora de Monserrat» (1992-1999).

Tras estos largos 11 años en Trujillo, regresó a los Estados Unidos porque fue elegido (en 1999) prior provincial de su Provincia «Madre del Buen Consejo» (Chicago). Después de dos años y medio, el capítulo general ordinario lo eligió como prior general, ministerio que la Orden le volvió a confiar en el Capítulo General Ordinario de 2007. De esta manera, durante dos sexenios, fue responsable de los procesos de planificación y dirección de la orden agustina a nivel mundial, por lo que tuvo que viajar por diferentes países para participar en todos los capítulos de las Provincias y Vicariatos. Además, fue moderador del Instituto «Augustinianum» y responsable de las relaciones de su Orden con los dicasterios vaticanos. En estos años, monseñor Roberto también se había convertido en un políglota, pues habla el inglés, español, italiano, francés, portugués; y lee el latín y el alemán.

Nombramiento como obispo y cargos en la Curia Vaticana

En Octubre de 2013 regresó a su Provincia (Chicago) para ser maestro de profesos y vicario provincial; cargos que desempeñó hasta que el Papa Francisco lo nombró el 3 de noviembre de 2014 administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo (Perú), elevándolo a la dignidad episcopal como obispo titular de Sufar. El 7 de noviembre tomó posesión canónica de la diócesis ante la presencia del nuncio apostólico, monseñor James Patrick Green y del Colegio de Consultores. Y fue ordenado obispo el 12 de diciembre, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, en la catedral de su diócesis. Es obispo de Chiclayo desde el 26 de Septiembre de 2015.

Nombrado por el papa Francisco, miembro de la Congregación para el Clero en 2019. Nombrado por el Papa Francisco, el 21 de noviembre de 2020, miembro de la Congregación de Obispos. Reelegido segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana en 2022.

El 30 de enero del 2023, el Papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio de los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina (CAL).

Creado cardenal en 2023

Prevost fue creado cardenal por el Papa Francisco en el Consistorio de cardenales del 30 de septiembre del 2023.+

Arturo Sosa SJ. A toda la Compañía de Jesús en la elección del Papa León XIV

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Queridos Hermanos:

Con todo el Pueblo de Dios, y tantas personas de buena voluntad, compartimos la alegría de la elección del Papa León XIV, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Universal.

En este tiempo pascual hemos contemplado la escena en la que Jesús, el crucificado-resucitado, confirma la llamada al Apóstol Pedro a seguirlo, a hacerse cargo de sus hermanos y hermanas reunidos en la Iglesia, enviados a difundir y ser testigos de la Buena Noticia en todo el mundo. La fuente de la misión encomendada al Apóstol Pedro y sus sucesores es el amor incondicional del Padre. El Hijo, Jesús, entregó su vida para cumplir la voluntad redentora del Padre y confió a la comunidad de sus seguidores la continuación de su misión en la historia. Envió al Espíritu Santo como inspirador y consejero de sus apóstoles y ministros responsables de llevarla a cabo. El ministerio petrino cumple así un papel de primera importancia en animar el servicio de la Iglesia a la misión redentora del Señor Jesús en cada una de las complejas situaciones de la historia humana.

Para nosotros, es una oportunidad de renovar una de las dimensiones características del carisma recibido a través de San Ignacio y los primeros padres, fundadores de la Compañía de Jesús, a saber, la disponibilidad a recibir del Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra, la misión con la cual podamos ofrecer el mejor servicio a la Iglesia universal. Como hicieron mis predecesores con los Papas anteriores, le he comunicado al Santo Padre León XIV, la disponibilidad de la Compañía de Jesús a ofrecer nuestra colaboración donde y como su visión universal considere que podemos dar lo mejor de lo que hoy somos.

Igualmente aseguré al Papa León XIV la oración todo el cuerpo y cada uno de los miembros de la Compañía de Jesús. Aprovechemos este momento para renovar nuestro sentir con la Iglesia, encontrando, en fidelidad creativa al nuestro carisma, la mejor manera como hoy podemos servir a la misión del Señor Jesús.

Encomendamos al Papa León XIV, pues, de todo corazón a María Madre de la Iglesia, Nuestra Señora, la que supo aceptar la llamada del Espíritu Santo, confiar en que nada es imposible para Dios, acompañar a su Hijo Jesús durante su vida terrena y, testigo privilegiada de la resurrección, acompañar los primeros pasos de la primitiva Iglesia.

Arturo Sosa, S.J.

Superior General

Roma, 8 de mayo de 2025

(Original: español)

EL PAPA FRANCISCO Y EL LEGADO ESPIRITUAL DE LA RED MUNDIAL DE ORACIÓN DEL PAPA

A lo largo de su pontificado, el papa Francisco abogó por una Iglesia que escucha, acompaña y, sobre todo, que reza. Un aspecto clave de esta visión fue la revitalización de la Red Mundial de Oración del Papa (RMOP), que él consideraba un movimiento global de servicio eclesial, arraigado en el corazón compasivo de Cristo, más que una simple recopilación de intenciones. El P. Cristóbal Fones, SJ, director internacional de la RMOP, reflexiona sobre el profundo legado espiritual que el papa Francisco ha dejado a través de la Red, caracterizado por una profunda oración personal, un compromiso activo con el sufrimiento del mundo y una llamada a vivir la vida cotidiana como una misión de compasión.


¿Cómo describirías el legado espiritual que el Papa Francisco deja a través de la Red Mundial de Oración del Papa?

Es claro que para el Papa Francisco, como lo repitió muchas veces, “el corazón de la misión de la Iglesia es la oración”. Esta convicción siempre estuvo en el centro de su pontificado. Todo lo que somos y hacemos como discípulos de Jesús tiene su fuente en el encuentro con Él, que nos constituye sus amigos y apóstoles.

Para Francisco, orar no es simplemente decir palabras. Es sobre todo cultivar una relación personal, abierta y sincera de amistad con el Señor. De esas que nos comprometen… Y con toda su persona, representada en su Corazón. Esto quedó bien condensado en su carta Encíclica Dilexit Nos, que nos dejó como su gran testamento espiritual. Y el itinerario espiritual de la Red de Oración (El Camino del Corazón) que nos pidió difundir, nos ayuda a profundizar en este fundamento espiritual.

El Papa Francisco a menudo enfatizó la oración como una forma de acción. ¿Cómo inspiró a la RMOP a ser no solo una red de oración, sino también un movimiento de compromiso compasivo con el sufrimiento del mundo?

Es que la oración verdadera es siempre un acto de amor, de un amor compasivo y comprometido con los dolores de la humanidad. Uno reza por lo que le importa, por lo que le parece valioso. Y mientras más cerca estamos del Corazón de Jesús, más nos importan sus preocupaciones y sufrimientos, más nos vamos haciendo disponibles para colaborar con su misión. Ser cristiano y ser social son parte de la misma experiencia. La proximidad con Cristo nos lleva a los necesitados y nos va haciendo sensibles a nuevas realidades, incluso algunas que nos parecen lejanas o desconocidas.

Por eso las intenciones de oración que nos ofrece el ministerio de Pedro, como Vicario de Cristo entre nosotros, son desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia claves y urgentes. Son un llamado a despertar a realidades que deben ser atendidas como parte de nuestra misión eclesial. Y desde el primer momento, como buen hijo de Ignacio de Loyola, el Papa comprendió que “el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras” (EE 230).

Mirando hacia atrás, ¿cómo reflejaron sus intenciones de oración mensuales sus preocupaciones más profundas por la humanidad y la Iglesia? ¿Hay alguna intención en particular que sientas que capturó el corazón de su pontificado?

Es muy interesante hacer un recorrido de su pontificado a partir de las intenciones de oración. Reflejan sus grandes preocupaciones. Así será seguramente con el próximo Papa también. Es bien impresionante, si se visita por ejemplo la página de El Video del Papa, constatar esa preocupación permanente por lo concreto. Sus intenciones de oración son un modo de recoger su magisterio pastoral.

Y no me cabe duda que una de sus grandes preocupaciones fue la paz. Porque animar la auténtica fraternidad humana era el gran norte de su pontificado y la guerra es la expresión más fuerte de aquello que contradice este propósito. La humanidad enfrenta muchos desafíos, y este es el mayor y más grande de todos. Lo repetía casi en todas las Audiencias Generales y los ángelus, además de ser el centro de su último mensaje, el día de la Pascua del Señor y la bendición solemne Urbi et Orbi, del pasado domingo 20 de abril.

Estaba profundamente comprometido con una Iglesia que escucha y acompaña. ¿Cómo influyó ese ethos en el enfoque de la PWPN hacia el alcance espiritual, especialmente hacia los jóvenes y los marginados?

La sinodalidad para Francisco no era un tema más entre otros… Él no buscaba introducir algo ajeno a la vida de la Iglesia, sino recuperar su misma esencia. Este enfoque nos ha ayudado muchísimo, pues la RMOP es una obra mundial que se basa en la participación de muchas y diversas personas. No somos un movimiento laical, sino un servicio eclesial. Aquí caben todos, todos, todos; como nos repitió con tanta fuerza.

Esto marca mucho la obra pontificia. Y no sólo por la diversidad de lenguas y culturas que siempre tenemos delante de los ojos, sino también porque oramos por situaciones mundiales que nos llevan a mirar más allá de nuestros contextos, con un foco particular en los marginados y los jóvenes. Todavía más, son justamente las personas sencillas las más comprometidas en este verdadero apostolado de la oración. Esto hace de la Red una red fundada fundamentalmente en nuestro bautismo común, no en nuestros cargos o funciones, sean ellos dentro o fuera de la comunidad eclesial. En cierto sentido, nuestra misión se aleja bastante de clericalismos y relaciones de subordinación, para ponerse más bien al servicio de todos, especialmente de los más débiles.

Mirando hacia el futuro, ¿qué crees que querría él que esta red se convierta para las generaciones futuras?

Creo que hacia el futuro el querría que el próximo Papa hiciera también suyas estas intenciones y a su vez propusiera las que broten de su corazón. Estoy seguro que para Francisco lo principal sería que mantengamos los ojos fijos en Jesús, para no caer en la tentación de transformarnos en un proyecto de comunicación sobre temáticas interesantes, sino que podamos continuar siendo una verdadera red de personas que se ofrecen junto al Señor cada día y comprenden su propia vida cotidiana como misión, envío, apostolado; como verdadera colaboración en la misión de compasión de Jesús.

@jesuitsglobal

papa francisco arturo sosa

EL PAPA FRANCISCO FALLECE A LOS 88 AÑOS | MENSAJE DEL PADRE GENERAL

El Papa Francisco, primer Papa jesuita, falleció el lunes de Pascua, 21 de abril de 2025. El Padre General Arturo Sosa invita a rezar por el descanso del alma del Papa Francisco y envía una carta a toda la Compañía de Jesús.


A TODA LA COMPAÑÍA

Queridos hermanos:

La Compañía de Jesús participa del dolor de todo el pueblo de Dios, reunido en la Iglesia, junto a otras muchas personas de buena voluntad, por el final de la vida terrena del Papa Francisco. Lo hace profundamente conmovida y con la serenidad que nace de la firme esperanza en la resurrección por la que el Señor Jesús nos abrió la puerta a la plena participación en la Vida de Dios.

Sentimos dolor por la desaparición de quien fue puesto al servicio de la Iglesia Universal ejerciendo el ministerio petrino por más de 12 años. Al mismo tiempo sentimos la partida de nuestro querido hermano en esta mínima Compañía de Jesús, Jorge Mario Bergoglio. En ella hemos compartido el mismo carisma espiritual y un mismo estilo de seguimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

En medio del desconcierto por su partida, brota espontáneamente de nuestros corazones un profundo sentimiento de agradecimiento a Dios Padre, rico en misericordia, por tanto bien recibido a través del servicio de toda una vida y por el modo como el Papa Francisco supo guiar a la Iglesia durante su pontificado, en comunión y continuidad con sus predecesores en el esfuerzo por poner en práctica el espíritu y orientaciones del Concilio Ecuménico Vaticano II.

El Papa Francisco mantuvo una mirada atenta a cuanto ocurría en el mundo para ofrecer una palabra de esperanza a todos. Sus extraordinarias encíclicas Laudato Si’ y Fratelli tutti revelan no sólo un lúcido análisis de la situación de la humanidad, sino que, a la luz del evangelio, ofrecen vías para la superación de las causas de tanta injusticia y promover la reconciliación. Para el Papa Francisco, el diálogo de unos con otros, entre rivales políticos o entre religiones y culturas, es el camino para seguir proponiendo la paz y la estabilidad social, para crear entornos de comprensión mutua, de cuidado del otro y apoyo solidario. En muchos momentos hemos escuchado su palabra, su reflexión pastoral y hemos admirado su actividad incansable, proponiendo iniciativas o sumándose a las de otros; siempre convencido del valor de la palabra y del encuentro. ¿Cómo no recordar el momento extraordinario de oración convocado por él mismo ante la emergencia del coronavirus en marzo de 2020, en la plaza de San Pedro, vacía? O la permanente preocupación por la paz ante la intolerancia y las guerras que amenazan la convivencia internacional y generan un sufrimiento indecible en los más indefensos. O la sintonía de su corazón con el inmenso flujo de migrantes forzados en todo el mundo, especialmente aquellos obligados a arriesgar sus vidas cruzando el mediterráneo.

Desde las palabras pronunciadas la noche del 13 de marzo de 2013, al saludar a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para festejar al Papa recién electo, encontramos dos dimensiones claves de su ministerio: la importancia de caminar juntos, Obispo y pueblo, en una ruta de fraternidad, de amor, de confianza, de esperanza; y la centralidad de la oración, especialmente la de intercesión.

El caminar juntos se ha concretado de un modo particular en la importancia dada al desarrollo del Sinodo de los Obispos y en la atención dada a la sinodalidad como dimensión constitutiva del ser Iglesia, que en nada disminuye el Primado de Pedro o la responsabilidad episcopal; por el contrario, permite ejercerlo en una manera más participativa por parte de todos los bautizados, del pueblo de Dios en camino, reconociendo la presencia y acción del Señor en la comunidad eclesial a través del Espíritu Santo.

En nuestra memoria ha quedado grabada la invitación a la oración que hizo aquella noche a todos los fieles: recemos juntos, Obispo y pueblo. Les pido que ustedes recen al Señor para que me bendiga. A lo largo de todo su pontificado concluía sus intervenciones, incluido el ángelus dominical, con la misma invitación: por favor, no se olviden de rezar por mí. No se cansó nunca de recordarnos cómo la oración nace de la confianza y la familiaridad con Dios y cómo en ella podemos descubrir el secreto de la vida de los santos (cf. Audiencia General del 28 de septiembre de 2022).

Cuando se dirigió a nosotros, sus hermanos jesuitas, insistió siempre en la prioridad de reservar en nuestra vida-misión el espacio suficiente a la oración y al cuidado de la experiencia espiritual. Basta recordar lo que escribió en la carta del 6 de febrero de 2019 con la que me comunicaba su aprobación y confirmación de las Preferencias Apostólicas Universales: La primera preferencia (mostrar el camino hacia Dios a través de los Ejercicios Espirituales y el discernimiento) es capital porque supone como condición de base el trato del jesuita con el Señor, la vida personal y comunitaria de oración y discernimiento. Te recomiendo que, en tu servicio de Superior General, insistas sobre esto. Sin esta actitud orante lo otro no funciona. Reafirmaba de esta manera la exhortación que hizo en su encuentro con los miembros de la Congregación General 36ª (24 de octubre de 2016), en el que insistió con fuerza en la recomendación de pedir constantemente la consolación, dejándonos conmover por el Señor clavado en la cruz que nos mueve al servicio a tantos crucificados en el mundo actual.

En esa ocasión nos indicó algo que podemos considerar un elemento esencial de nuestra identidad. Como si respondiera a una pregunta implícita sobre quién es un jesuita, el Papa Francisco se dirigió a los congregados afirmando: el jesuita es un servidor de la alegría del evangelio en cualquier misión en la que se desempeñe. De esta alegría brota nuestra obediencia a la voluntad de Dios, al envío al servicio de la misión de la Iglesia y también nuestros apostolados junto a nuestra disponibilidad al servicio de los pobres. Es esta alegría la que debe caracterizar nuestro modo de proceder para que sea eclesial, inculturado, pobre, servicial, libre de toda ambición mundana.

El llamado a la alegría que proviene del Crucificado-Resucitado y su Evangelio a través del cual se anuncia esta consoladora noticia, ha sido una constante del pontificado del Papa Francisco. No es por casualidad que muchos de sus documentos magisteriales, comenzando por la exhortación apostólica programática de su pontificado, Evangelii Gaudium, tengan desde el mismo título esta referencia a la alegría profunda, para él imprescindible.

Será precisamente a partir de una relación viva y vivificante con el Señor, fundada en la consolación y la alegría, como podremos ser con la acción pastoral, pero sobre todo con el testimonio de una vida enteramente consagrada al servicio de la Iglesia, Esposa de Cristo, levadura evangélica del mundo, en la búsqueda incesante de la gloria de Dios y el bien de las almas (Respuesta del Papa Francisco a la felicitación del P. Adolfo Nicolás por su elección, 16 de marzo de 2013).

Recordamos con el corazón agradecido la discreta y constante atención del Papa Francisco a la Compañía de Jesús, a nuestra vida y nuestro apostolado. Muchos de ustedes pudieron encontrarse con él en diversos países del mundo porque siempre tenía tiempo para el compartir franco y fraterno con los jesuitas que vivían y trabajaban en los lugares que visitaba.

Acompañamos con nuestro corazón y nuestra oración al Papa Francisco en su encuentro definitivo con Dios, amor incondicional y misericordia infinita, cuyo rostro nos mostró con su vida y magisterio. Confiados en que el Señor acoge en el banquete del cielo a su Siervo fiel, movidos por su ejemplo, renovamos nuestro deseo y nuestro compromiso de seguir a Jesús pobre y humilde y de servir a su Iglesia.

Arturo Sosa, SJ

Superior General

Roma, 21 de abril de 2025

Lunes de Pascua