Todos somos migrantes
La Fundación SJM Bolivia transforma la experiencia de emigración internacional del país en acogida de migrantes forzados venezolanos, eligiendo la promoción e integración de los migrantes y buscando cómo fortalecer la capacidad humana de la resiliencia.
José, ciudadano venezolano, llegó en 2019 a la ciudad de El Alto, Bolivia. Como muchos de sus paisanos, para sobrevivir el día vendía caramelos en una de las avenidas de mayor circulación, donde también estaba un policía que intentaba ordenar el caos vehicular. Ambos hacían su trabajo día a día. Una de aquellas tardes el policía advirtió que José no había ido a vender sus caramelos, hasta que volvió a aparecer. Entonces, preguntó a José el motivo de su ausencia. José sorprendido le respondió y se atrevió a preguntar por qué no se comportaba como otros policías ni controlaba su estatus migratorio. La respuesta del policía fue una invitación a comer donde le contó que él también había sido migrante en España y en todo el tiempo que estuvo no pudo regularizar su permanencia. Ese día José y el policía se reconocieron migrantes.
El anterior relato resume lo que la Fundación SJM Bolivia articula en sus acciones dirigidas a promover una convivencia intercultural, en un país de migrantes, para responder a la migración forzada que es uno de los dramas humanos sin precedentes en Latinoamérica.

Así como José, desde el 2018 muchos venezolanos migrantes forzados, en situación de mendicidad, comenzaron a llenar las principales calles de las ciudades grandes de Bolivia, con la esperanza de conseguir algo de dinero para mal comer y dormir, con la esperanza de llegar a Chile para trabajar y enviar remesas a su familia.
A mediados de 2022 la población migrante venezolana en territorio boliviano llegó a 13.678 personas, según un estudio de nuestra Fundación SJM Bolivia. A finales del mismo año residían 15.000 migrantes, principalmente en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. En 2023, Naciones Unidas ‒ Bolivia estimaba que a finales de año este número superaría los 18.200.
Bolivia, un país que tradicionalmente tiene una historia de procesos de emigración internacional, actualmente es parte del estacionamiento temporal y país destino de la migración forzada. Este cambio planteó a la Fundación SJM y la Compañía de Jesús el reto apostólico de acompañar una realidad nunca vista en su historia migratoria: acoger a los migrantes reconociendo la propia experiencia de migración. Esto significa determinar como prioridad la acogida, acompañamiento, promoción e integración de los migrantes y fortalecer la capacidad humana de la resiliencia para promover una fraternidad intercultural desde una “amistad social”, como propone el Papa Francisco.
Según todas las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan con personas migrantes y refugiadas, las cifras irán en ascenso, lo que concuerda con las bases de datos de la Fundación SJM. Entre enero y agosto del 2020, durante la pandemia, la Fundación registró a 183 migrantes venezolanos. El año 2021 el número se incrementó a 1.153 y en 2022, fueron 1.937 los registrados. Desde entonces se han añadido muchas más, aunque en el momento de redactar este artículo aún no se han verificado las cifras oficiales.

Otro dato para tomar en cuenta es que entre 2015 y 2022, de todos los migrantes que ingresaron a Bolivia, el 10% decidió quedarse en este territorio; los otros salieron, en su mayoría con destino a Chile. Concretamente, la Fundación, hasta finales del 2022, registró a 43 familias que residían en La Paz y El Alto.
Cuando el Éxodo, en la Biblia, nos recuerda de que “fuimos extranjeros en Egipto”, nos percatamos de que la construcción de la fraternidad y la justicia pasa por el reconocimiento de que todos somos migrantes y que algunos cruzan las fronteras.
Bolivia sigue siendo un país de tránsito y origen de migrantes, pero este “pequeño resto de Israel” que busca asentarse en territorios como el nuestro nos lleva a cuestionar las razones de esta decisión. Esto nos obliga no solo a buscar fortalecer la economía, sino también a crear espacios más solidarios, más empáticos y menos xenófobos, es decir, territorios que nos permitan respirar más humanidad.
Por Heydi Galarza y Freddy Quilo, SJ | Provincia de Bolivia
[De la publicación “Jesuitas 2025 – La Compañía de Jesús en el mundo”]
@jesuits.global | ibit.ly/T3Zbi







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