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Aporofobia: el Desprecio al Pobre

Las personas en situación de calle y que experimentan la pobreza en general son los más rechazados e invisibilizados en nuestras sociedades contemporáneas.

Por Gaby Jorquera

Una de las cosas que caracteriza la vida de las personas sin hogar es estar constantemente frente a la mirada de otros. Su vida y su intimidad, por estar en espacios públicos, está en permanente exposición. No sólo les sucede a las personas que viven de forma más o menos permanente en la calle, sino también a aquellos que están en albergues u otros recursos masificados, donde la privacidad es compartida, y donde los momentos del día en los que se está a solas son escasos. Dormir, usar el baño, comer, pensar, estar, todo se hace con poca intimidad.

Aunque estar permanentemente expuesto no significa ser constantemente observado… De hecho a quienes les toca vivir en la calle se les mira poco… Liu Bolin, “el hombre transparente”, el artista chino que aparece en la portada del post, lo grafica perfectamente: se mimetiza con el entorno. Una parte importante de la sociedad percibe así a las personas sin hogar, figuras periféricas que no acaban de parecer reales, una parte del paisaje urbano…

Es una representación deshumanizadora. Cuando percibimos a estas personas no como personas, sino cosas, les desproveemos de dignidad, lo que pone en cuestión directamente sus derechos.

Pero ni siquiera son invisibles. La presencia de personas sin hogar en el espacio público tiene el extraño efecto de girar cabezas. No es solo que la mayoría no los mire, es que son activamente ignorados.

Y entre aquellos que los miran, hay quienes lo hacen con desprecio, con odio…

Esto es lo que explica Adela Cortina en su libro Aporofobia, el odio al pobre (Paidós, 2017) Comienza preguntándose por la xenofobia, el rechazo al extranjero. Le resulta extraño que algunos extranjeros no sólo no son rechazados, sino que son muy bienvenidos. Nos encantan. Los extranjeros, cuando son turistas, nos entusiasman. Si tienen dinero, mucho más.

Entonces, no odiamos a todos los extranjeros, sólo a una parte de ellos… ¿Cuál es la diferencia entre los amados y los odiados? La pobreza. Quienes nos repugnan son los extranjeros pobres.

Adela Cortina propone una palabra nueva para esto: aporofobia, compuesta del vocablo griego aporo, pobre, y fobia, miedo, rechazo. Es especialmente interesante la reflexión que hace sobre la diferencia que la aporofobia plantea en relación a otras fobias. La pobreza no tiene que ver con la identidad de las personas, no es una característica intrínseca a ellos. Es una situación externa, involuntaria, y que obedece a la falta de oportunidades de integración que ofrece una sociedad.

Esta es la situación en la que vive la mayor parte de personas sin hogar. Demasiado invisibles para la mayoría que puede protegerlos e integrarlos. Suficientemente visibles para una minoría que quiere atacarlos.

La mayor parte de personas que viven en calle han sido víctimas de violencia. Les roban pertenencias, las queman, orinan sobre ellos, les golpean, los insultan. Son blancos fáciles, visibles, vulnerables. La mayor parte de esas agresiones no son denunciadas. Entonces ¿cómo asegurar la protección de la ley en estos delitos de odio?

Lo fundamental sería evitar que no ocurran: Garantizar la protección de los más pobres y su acceso a la vivienda.

Mientras tanto, podemos poner en marcha mecanismos fáciles y accesibles de denuncia de agresiones. Por ejemplo, la ciudad de Madrid ha puesto en marcha una iniciativa muy interesante para tratar con los delitos de odio, entre ellos, los delitos de odio hacia los más pobres.

Y para nosotros, los ciudadanos de a pie, podemos mirar y ver a las personas sin hogar, con una mirada humanizadora. Romper la invisibilidad, que es también el amparo de quienes odian. Y jamás, jamás, debemos permitir que el odio sea parte de nuestra convivencia.

Fuente: Entre Paréntesis