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Guía de una Economía Circular

Esta nueva tendencia que de a poco se va expandiendo a diferentes países a través de distintas iniciativas podría ser acogida de modo especialmente fructífero por un país sudamericano: Uruguay.

Por Virginia Recagno

A muchos les suena a algo reciclado, pero el concepto abarca mucho más. La economía circular se concibe como un cambio de paradigma en la producción, que va de la mano de la irrupción de la nueva revolución industrial –la llamada Industria 4.0– con una oferta con mayor conocimiento de la demanda y una economía viabilizada mediante servicios más que de productos, que tiene como premisa clave el cuidado del medioambiente.

Hoy y mañana, autoridades nacionales de los sectores de la economía, el medioambiente, agropecuarios, de industria y de desarrollo social, representantes de organismos internacionales y gobiernos extranjeros compartirán sus visiones sobre esta modalidad –que se introdujo de forma abrupta en la realidad mediante nuevas aplicaciones como Uber y Airbnb entre otras– en el primer Foro de Economía Circular de Latinoamérica, que se llevará a cabo en Montevideo en el auditorio del Latu.

La idea surgió mediante BioValor, un proyecto de revalorización de los desechos agroindustriales impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) en conjunto con tres ministerios a nivel nacional: el de Industria, Energía y Minería, Ganadería, Agricultura y Pesca y Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.

El representante de la ONUDI para Uruguay, Argentina, Chile y Paraguay, Manuel Albaladejo, explicó a la diaria que debido a que “gran parte” del proyecto gira en torno a la economía circular y dadas las “características y potencialidades” de Uruguay, “el comité del programa pensó en expandir los horizontes y hacer un evento que fuera mucho más allá, procurando traer una temática muy actual, vigente y moderna a Uruguay”.

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Al explicar el concepto de economía circular, Albaladejo sostiene que “implica una manera de producir y consumir diferente a los sistemas de producción lineales que actualmente predominan en la economía global, que han demostrado ser limitados en el uso de sus recursos y tener consecuencias ambientales y sociales negativas. Este nuevo modelo, en cambio, intenta generar la revalorización de las actividades económicas a través de bucles circulares, como la remanufactura, el mantenimiento, la reparación y la reutilización”.

La circularidad se concibe como una forma de abordar dos grandes megatendencias que nos interpelan como sociedad en la actualidad: la limitación de los recursos existentes y el avance tecnológico. En este sentido, el foro se propone tres objetivos: “Por un lado, acercarnos a los hacedores de política pública en Uruguay para hacerles ver la importancia de este tema. A nivel del sector privado, presentar prácticas para que el empresariado pueda ver los beneficios de los sistemas circulares. Y por último, a nivel académico, lo que queremos es que se empiece a estudiar mucho más el tema en universidades y colegios, para que las prácticas sostenibles empiecen a concebirse desde el sistema educativo”, explicó el representante de la ONUDI.

Algunos de los ejemplos a nivel internacional de implantación de economía circular son Dinamarca y Finlandia, dos países –según Albaladejo– “en algún modo parecidos” a Uruguay. “Dinamarca, de tamaño similar a Uruguay, ha conseguido, por medio de una agricultura muy intensiva y una revalorización agroindustrial, conseguir alimentar a muchísima gente; y Finlandia, que lo que intenta hacer es la revalorización de sectores tradicionales de la economía, como el forestal y el agroindustrial [sectores presentes en la economía local], ha creado una hoja de ruta para alcanzar este modelo total y absolutamente en 2025”, sostuvo a modo de comparación.

“Muchas veces el discurso de que es un país chiquito juega a favor, porque las reformas que se puedan adoptar pueden llegar a tener un impacto inmediato. Un país que ha sido capaz de cambiar la matriz energética en sólo diez años puede hacer exactamente lo mismo con la matriz productiva”, opinó sobre las posibilidades de Uruguay.

¿El camino? Para Albaladejo sería “a través de cambios en la normativa, en la aprobaciones de leyes de residuos y más, pero también de otros más sustanciales con respecto a hábitos del consumidor, porque la circularidad no es sólo responsabilidad del Estado y las empresas, sino de la sociedad civil. Hay una parte que es más educativa y cultural, que tiene que enfocarse desde un principio; después está lo normativo, que es complementario, y ahí sí, es entre el Estado y las empresas”. Esto último en particular se puede abordar desde “normas necesarias para que la ciudadanía y el empresariado empiecen a tomar conciencia de la importancia del reciclaje, de la reutilización, del mantenimiento y de la reparación, incentivos –incluso fiscales– a empresas vinculadas a la economía circular, y también a través del ejemplo; que el Estado fomente un consumo sostenible con sus compras públicas”, explicó.

“La cuarta revolución industrial, que abarca la internet de las cosas, la digitalización, la robotización, la computación en la nube, el big data, atraviesan a la economía circular de manera inmediata”, afirmó. Las nuevas plataformas empresariales vinculadas a la “economía del compartir” están replanteando el concepto de propiedad, fundamentalmente en las nuevas generaciones.

El foro dará espacio para la presentación y discusión de lo que implica pensar el desarrollo de forma circular, así como las oportunidades y desafíos que conllevan estos modelos.

Fuente: ladiaria.com.uy 

Foto: liveandinvestoverseas