P.Kolvenbach

A. Restrepo SJ: Homilía en Memoria del P. Kolvenbach

Compartimos con ustedes la homilía en memoria del P. Kolvenbach, antiguo Superior General de la Compañía y fallecido en 2016. La misma, fue presidida por el P. Álvaro Restrepo, SJ en la primera misa del III Encuentro de la Provincia de Colombia. A continuación le presentamos las palabras, de quien fuera su asistente para América Latina Septentrional:

Por P. Álvaro Restrepo, SJ

Del P. Arrupe al P. Kolvenbach

Queridos compañeros, candidatos a la Compañía, colaboradoras y colaboradores laicos:

Las Constituciones [736] Parte Nona, dicen que el General de la Compañía tiene toda la autoridad sobre personas, comunidades y obras “ad aedificationem”, es decir para provecho de la Compañía.

Quienes tomamos parte en esta Asamblea hemos vivido durante los generalatos del P. Pedro Arrupe y de P. Peter-Hans Kolvenbach; el primero gran profeta, el segundo gran maestro.

Me corresponde tener unas palabras de agradecimiento a Dios por el P. Kolvenbach a quién conocí siendo su Asistente para América Latina Septentrional.

Durante las “murmuraciones” de la CG 33 caí fácilmente en la cuenta de que él estaba entre los más posibles candidatos a General. Mis compañeros latinoamericanos me pidieron que lo entrevistara con el fin de formarnos una imagen más completa de él.

¿Qué piensa usted de la Teología de la Liberación? le pregunté. No la conozco, fue su respuesta. Pero a continuación añadió: yo me formé en la Teología de los Padres de la Iglesia y varios de ellos tienen opciones muy claras y tajantes en favor de los pobres.

Como para alargar al menos un par de minutos más la entrevista, aventuré otra cuestión: ¿qué opina de la oración comunitaria? Si trabajamos juntos y discernimos juntos es evidente que tenemos que saber orar juntos, es decir formar verdaderas comunidades.

Los pobres… trabajar juntos, discernir juntos, orar juntos… Asocié inmediatamente al P. Kolvenbach con el P. Arrupe, profeta del compromiso con los pobres y de la unión del cuerpo de la Compañía.

Me pregunté entonces cómo se situaría el nuevo General con respecto a su antecesor. Cualquier interrogante o duda desaparecieron porque Kolvenbach se apropió creativamente del pensamiento “arrupiano”.

En sus cartas a toda la Compañía, en sus discursos, en las visitas que hizo a las Provincias tenía siempre presente al P. Arrupe:

“Hace diez años, la víspera de los Santos Mártires Japoneses, el Señor de la Viña llamó a sí a nuestro compañero de ruta el Padre Pedro Arrupe.

Él no vaciló, sobre todo como Superior General, en lanzar a sus amigos en el Señor por todas las rutas del mundo para proclamar con su palabra y su acción la promoción de una justicia que vive la plenitud del Evangelio por y con los pobres. Nos llamó a inculturar el Evangelio y a abrir nuestra misión a un encuentro auténtico con los hombres y mujeres de buena voluntad en todas las culturas y religiones, sin excluir la increencia moderna. Nos invitó además a hacer frente al drama de los pobres entre los pobres, los refugiados y las personas desplazadas en un mundo cada vez más inhóspito.

Su palabra tan franca y tan verdadera a nadie dejaba indiferente, sobre todo cuando hablaba del Espíritu que renueva la Iglesia y renueva y la vida consagrada en particular a la de la Compañía.

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