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La Unidad Prevalece Sobre el Conflicto

Una reflexión sobre la Encíclica Evangelii Gadium tras los atentados en diferentes partes del mundo.

Por Pedro Torres – Sacerdote católico. Miembro del Comipaz.

Hay que animarse a reafirmar que la paz es posible, que necesitamos no sólo respetar y tolerar las diferencias sino apreciarlas yendo más allá de la superficie conflictiva y mirando a los demás en su dignidad más profunda.

Los muy dolorosos sucesos vividos en España y que son una nueva herida a la paz mundial me hicieron cambiar el rumbo de la columna de esta semana y me llevaron a releer la Exhortación Apostólica “Evangelio de la Alegría”, del papa Francisco.

En ella, luego de hablar mucho de la alegría y el amor, dedica unos párrafos iluminadores sobre la paz y el bien común. Denuncia falsas formas de la paz y enuncia novedosamente como emanados de la Doctrina Social de la Iglesia cuatro principios relacionados con tensiones bipolares propias de toda realidad social necesarios para la construcción de la paz, la justicia y la fraternidad: el tiempo es superior al espacio; la unidad prevalece sobre el conflicto; la realidad es más importante que la idea; el todo es superior a la parte.

El segundo postula que la unidad prevalece sobre el conflicto, y habla de la necesidad de no ignorar o disimular los conflictos sino asumirlos pero poniéndolos en perspectiva, porque si nos detenemos en la coyuntura conflictiva perdemos el sentido profundo de la realidad, quedamos atrapados en ella.

Nos hace notar Francisco, como dejando resonar en él un eco de la parábola del Buen Samaritano que, ante el conflicto, algunos simplemente lo miran y siguen adelante como si nada pasara, se lavan las manos para poder continuar con su vida. Otros entran de tal manera en el conflicto que quedan prisioneros, pierden horizontes, proyectan en las instituciones las propias confusiones e insatisfacciones y así la unidad se vuelve imposible.

Pero hay una tercera manera, la más adecuada, de situarse ante el conflicto. Es aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso.

Hay que animarse a reafirmar que la paz es posible, que necesitamos no sólo respetar y tolerar las diferencias sino apreciarlas yendo más allá de la superficie conflictiva y mirando a los demás en su dignidad más profunda. La diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural que haga emerger una “diversidad reconciliada”, nos dice el Papa. Necesitamos, aun más, amarnos a tal punto que podamos devolver bien por mal y romper así la dinámica terrorífica de la violencia fundamentalista.

Fuente: La Voz Online