Reflexión del Evangelio – Domingo 13 de Mayo

Evangelio según San Marcos 16, 15-20

 Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará. Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán”. Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.

Reflexión del Evangelio – Por Gustavo Monzón

 En el día de hoy, la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión. Las lecturas de hoy nos muestran esta realidad de salvación y como el Espíritu Santo nos acompaña en este camino para mantenernos en la espera hasta que el Señor vuelva. Este Espíritu prometido será el que nos hará permanecer unidos en Jesús a través de la Iglesia. A su vez nos configura como hijos de Dios enviados a comunicar la esperanza de la que Jesucristo nos ha hecho parte.

Los Hechos de los Apóstoles, nos narra la historia de estos primeros testigos de Jesús que viven la cercanía de la tristeza de la muerte y la alegría de la resurrección del Maestro. Sin embargo, esta alegría no los deja extasiados y separados de la misión encomendada, sino que son invitados a dejar de mirar el cielo y volver a Galilea para comunicar esta nueva noticia.

Pablo, en su carta a los Efesios, habla de cómo será el Espíritu de Dios. Este será el mismo poder con el que el Padre resucitó a Cristo y lo glorificó en su fidelidad. De esta manera, así como Cristo fue glorificado en el cielo, nosotros conoceremos verdaderamente a Dios.

Marcos nos lleva a tener en cuenta que este Espíritu que nos hace participar en la vida de Dios, no es para quedarse encerrado en la comunidad, sino para salir y hacer discípulos que crean en Jesucristo y de esta manera se salven.

Esta fiesta, que puede pasar un poco desapercibida, nos recuerda que Jesús luego de aparecerse, en su humanidad glorificada, a los discípulos los cuarenta días después de su resurrección, sube al Padre y en este ascenso, lleva al cielo la humanidad. En este acto, el Cristo glorificado se nos adelanta y nos muestra el camino que nos espera, participar de la vida divina por toda la eternidad.

Que el Señor nos regale esta gracia para que caminemos alegremente en la esperanza a la que hemos sido llamados.

 Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe 

Las Disculpas del Papa Francisco

El Papa nos da ejemplo del modo de proceder desde la humildad que acepta los propios errores y busca reparar las heridas.

Por Álvaro Lobo SJ

En una carta remitida a los obispos de Chile, el Papa Francisco ha pedido disculpas a propósito de sus declaraciones sobre los escándalos y abusos en el seno de la Iglesia chilena. No es la primera vez que la Iglesia, sea por medio de diferentes pontífices u obispos, pide perdón por este y por otros muchos temas. En cualquier caso, no es habitual que un referente de talla mundial pida perdón, y más en un tema tan espinoso y complicado, donde no es fácil hilar fino.

A veces esto de disculparse se nos atraganta. Le ocurre a la Iglesia y a muchas instituciones, pero también a nosotros mismos. Se nos cuela en el subconsciente que es un signo de debilidad y de falta de autoridad. En otras ocasiones creemos que es señal de imperfección, y con ello nuestras palabras, obras, proyectos y responsabilidades pierden credibilidad, y nos creemos que no estamos a la altura. Quizás ante el error, siempre sale nuestro lado más infantil que busca echarle la culpa al otro y confundimos la explicación con la justificación, y donde podríamos cerrar heridas, al final las hacemos más profundas. Decidimos acelerar cuando en el fondo debemos frenar, agachar la cabeza y volver a empezar.

Aceptar los errores no nos exime de las responsabilidades, pero sí nos abre a los otros. Nos hace más humanos. En parte, la cantidad de veces que pedimos perdón objetiva la humildad con la que vivimos. Las personas incapaces de disculparse se acaban distanciando de los demás, porque de alguna forma se endiosan sigilosamente. Estamos llamados a la perfección, pero no la del que no comete errores, sino la del que vive en clave de misericordia, y en este caso el arte de la disculpa es una parte de ella. Francisco nos vuelve a dar una lección de vida: como Pedro, también se equivocó, pero supo descubrir a tiempo que el modo de Dios es el de la humildad que acepta y no el del orgullo que nunca se equivoca.

Fuente: Pastoral SJ

 

No Tengas Miedo

La confianza que nos sostiene cuando hay más incertidumbres que respuestas.

Hay momentos en los que todo se te cae encima. Sin dramatizar, sin estridencias, quietamente. Sientes que se hunde el terreno en el que construyes tus ilusiones y esperanzas. Te pesa la soledad. Dudas sobre lo que haces, pero no ves muchas alternativas. Y en esas ocasiones te asaltan preguntas que ni siquiera querrías formular: «¿Qué estoy haciendo con mi vida?» «Todo esto, ¿para qué?» «¿Qué tengo que realmente merezca la pena?»

Es habitual oír a gente de nuestro entorno que se siente abrumada por estos momentos de angustia. A veces hasta nos faltan palabras para expresar tal desazón. Sólo nos queda decir algo así como «estoy mal», o simplemente callar. Piensas entonces que nadie puede sentirse tan mal como tú, tan solo, tan abatido…

Pero eso es parte de la vida. Del camino de todos los hombres y mujeres que deciden construir algo, soñar algo, amar algo… Porque cuando apostamos por alguna causa que nos llena, al mismo tiempo nos enganchamos al vagón de la incertidumbre, aceptamos ser vulnerables y exponer nuestro ser profundo. Y en esos momentos necesitamos saber que no vamos solos. Nunca.

Fuente: PastoralSJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 06 de Mayo

Evangelio según San Juan 15, 9-17

Durante la última Cena, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto. Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros”.

Reflexión  del Evangelio – Francisco Bettinelli SJ 

Hay experiencias que son comunes a seres humanos de distintas épocas, lugares y culturas, ¿quién que se haya sentado a mirar el mar alguna vez no se ha quedado absorto al menos por un minuto al contemplar su inmensidad, al sentir la brisa suave que le trae el olor de la sal, al percatarse de la tormenta de ayer que aún hoy retumba en las olas revoltosas? En la misma línea, ¿Quién no ha sentido en su vida las alegrías y los sinsabores que trae una amistad vivida de verdad? Con semejanzas o diferencias, la amistad es una experiencia fundamental que compartimos incluso con aquellos que pueden tener opiniones y formas de vida muy distintas a uno mismo. En el Evangelio de hoy, precisamente, se nos muestra que Jesús elige la imagen de la “amistad” para ilustrar aquella verdad tan fundamental de nuestra fe que se afirma en la segunda lectura: “Dios es amor”. Puede suceder que hayamos escuchado tantas veces estas tres palabras que nos suenen a cuento conocido. Quizá, entre los trastos viejos de nuestro corazón haya que desempolvarlas de tanta suciedad que los años le pueden haber ido depositando, para redescubrir en ellas la gran originalidad y novedad que Jesús nos reveló. Dios es amor, pero no un amor abstracto y lejano, sino que es un amor que tiene un rostro bien concreto, un amor que se nos enseña en la vida entregada de Jesús, un amor que se explica de un modo demasiado humano, por la amistad. Pero ¿qué amistad?

Jesús llega a la Última Cena con la certeza de que había dado en su vida todo lo que tenía para dar. “Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes”: toda la vida y obra de Jesús no fue otra cosa sino un transparentar un amor que no es de Él. Jesús no guardo nada para sí, da todo lo que recibe y se hace cercano dándose a conocer tal cual es. En ese contexto, es que les dice a sus discípulos, con quienes había compartido el día a día de sus últimos tres años, que no los llama servidores sino amigos. El Maestro se hace cercano en una amistad que no se cierra sobre sí misma, sino que es fundamentalmente entrega, incluso de la propia vida. Una amistad que se vive transparentando hacia fuera el amor recibido: “Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado”.

Así nos adentramos entonces en uno de los misterios de lo que es este amor vivido por Jesús. Si el amor se cuida celosamente, se ahoga. Un amor que se vuelve un cálculo de pérdida y ganancia, que se reduce solo a una relación intimista que tiene miedo de correr el riesgo de ser contaminada, se vuelve estéril, se seca, muere sin dar vida. Por el contrario, un amor que se da, que se comparte, que se abre a lo desconocido, que se la juega y corre riesgos, que se vuelve vida entregada y comprometida, paradójicamente, no se pierde, sino que se multiplica, llega más lejos, abre nuevos horizontes. En la cruz, no nos encontramos con una entrega sin sentido, sino con la fecundidad de un amor dado hasta vaciarse, un amor que da Vida, que permanece, que da frutos. En Jesús de Nazaret, el amor de Dios se hace cercano, se hace amistad: amistad vivida hasta el extremo, gozada y sufrida, pero amistad al fin. Tan cercana, que no hay que buscarla en las alturas: nos llega por medio de personas concretas que vemos que aman como Él nos enseñó, hombres y mujeres, que en su vida nos dan testimonio de ese amor recibido.

 Ojalá hoy podamos dar gracias y aprender de estas personas que son y han sido en nuestra vida testigos de lo que significa vivir un amor entregado, que nos enseñan a conocer la cercanía de ese amor que es amistad. Que desde esa cercanía de Dios podamos, como nos invita San Ignacio, hablar con Dios “como un amigo habla con otro amigo”. Ojalá que las palabras de Jesús nos inviten a abrir nuestros horizontes, a preguntarnos cuáles son aquellas periferias de nuestra vida que hoy reclaman que pongamos nuestro corazón y nuestras fuerzas para transparentar en ellas ese amor recibido que no es para guardarlo celosamente sino para compartirlo y que así pueda dar frutos.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe 

Caminos hacia Dios: Lo Imposible

Lo imposible para nosotros es posible para Dios.

Por Emmanuel Sicre SJ

¿Por qué no hemos podido lograr la paz en la Tierra? ¿Por qué buscamos muchas veces la felicidad donde finalmente no está? ¿Qué tipo de fragilidad es la nuestra que cuando deseamos hacer lo imposible experimentamos el límite, la frustración? ¿No será que cuando aceptamos que no podemos darnos a nosotros mismos la vida, el amor, la paz, la impotencia nos señala un camino distinto? Así es. Comenzamos a percibir a Dios en su secreto trabajo tras las bambalinas de la existencia. Entonces, se da con mayor claridad que lo imposible para nosotros es posible para Dios. Y no al modo nuestro, sino al suyo que siempre es creativo, hondo, nuevo. Sólo quienes se animen a cosas imposibles, podrán entrar por la puerta del misterio que sostiene nuestras vidas.

Fuente: Pastoral SJ

 

Estar Reconciliados con la Vida

Sobre el momento en que empezamos a ver la vida de un modo más amable a pesar de las dificultades.

Por Etty Hillesum, Diario

«Esta mañana sentí una enorme tranquilidad en mí. Como después de desatarse una tormenta. Noto que siempre vuelve de nuevo. Después de días de mucha e intensa vida interior, aspirando a conseguir claridad y con dolores de parto por frases y pensamientos que no quieren nacer en absoluto y después de exigirme rigurosamente para lograr lo más importante y lo más necesario, encontrar la propia forma, etc.

Entonces de pronto se me cae todo el peso de encima, aparece un cansancio bienhechor en mi cerebro, que ha dejado de agitarse, y surge una especie de bienestar en mí y hacia mí, y aparece un velo, a través del que se ve la vida de una forma más suave y amable. Estar reconciliada con la vida. No soy yo como individuo quien quiere o debe hacer algo. La vida es grande y buena, fascinante y eterna. Cuando se pone demasiado énfasis en uno mismo y se agita y se irrita, entonces se escapa ese gran y poderoso flujo que es la vida. Esos son los momentos auténticos -y yo me siento muy agradecida- en los que queda descartada toda ambición personal, en los que, por ejemplo, se calma mi anhelo de conocimiento y sabiduría. Entonces me sobreviene de pronto, como un golpe de ala, un pedacito de eternidad.»

Fuente: Pastoral SJ

 

Mt 25, 44 Hoy

 Por Alfonso Alonso Lasheras SJ

Ellos replicarán:

– Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, inmigrante o desnudo, enfermo o encarcelado y no te socorrimos?

Él responderá:

– Les aseguro que cada vez que a uno de éstos más pequeños le respondieron «vete a Cáritas» (o a Migra Studium, o a Pueblos Unidos, o a Red Íncola…); cada vez que les bastó firmar una campaña de change.org para olvidarse de su necesidad; cada vez que exigieron que viniese derivado de alguna entidad; cada vez que se justificaron diciendo que eran un grupo de ‘reflexión’ y no de ‘acción’; cada vez que saciaron su conciencia con una mera foto de denuncia en vuestro muro; cada vez que quedaron satisfechos enseñando el camino al comedor social; cada vez que se repiten de nuevo “la próxima vez sí, pero ahora no es el momento”; cada vez que le pidieron su trabajador social, su referente o su programa de inserción; cada vez que salieron a la calle con carteles de ‘Welcome refugees’ o «Bienvenidos» pero luego estaban demasiado ocupados y con demasiado miedo para abrir su puerta; cada vez que condicionaron su acogida a que hablase bien castellano y fuese educado; cada vez que priorizaron la incidencia a la necesidad que llamaba a su puerta; cada vez que se excusaron con un “en los tiempos que corren y con las noticias que nos llegan…”; cada vez que su objetivo fue una selfie que consiguiese más ‘likes’; cada vez que silenciaron su conciencia con un “algo habrá hecho para estar así”; cada vez que los venció la duda “¿y si es un ladrón o un terrorista?”; cada vez que su respuesta fue “sí, pero depende de a qué hora”…

…fue a mí a quien se lo hicieron.

Fuente: Pastoral SJ

Otras Formas de Ser Feliz

Bienaventuranzas para aquellos que se atreven a vivir de una manera diferente.

Por Francisco Girón

«Felices más que los que dan, los que se dan ellos mismos, con la sencillez de saber que era lo que tenían que hacer.

Feliz si abres el bolsillo sin miedo, asomándote, sin gafas oscuras, al corazón de la miseria, no para tranquilizar tu conciencia, sino para meterte en la piel arrugada por el hambre y la enfermedad, y das.

Feliz si tu profesión te sirve para sorprenderte con el cambio de notas musicales en el corazón y el espíritu de los que acuden a ella.

Feliz si te tiras de bruces en el mar de los olvidados, de los marginados, de los pobres…

Felices los que al dar lo más rico de sí mismos, se reconocen pobres, limitados, impotentes, necesitados del otro y de los otros en la ayuda. Felices los que al dar se ven necesitados como el que más del Dios de la vida. Felices los que confían, esperan en Dios y en los que caminan con uno»

Fuente: Pastoral SJ

 

Magia

Nuestro día a día esconde una magia: ¿dónde se oculta?

Por Clarita Alessandria

Ya desde chicos hacen esfuerzos por contarnos de qué se trata. La magia que hacen los magos en los circos, la magia que hacen en las películas y en los dibujitos… Magia que juega con nuestra ilusión, magia como algo increíble, extraordinario, fuera de lo común, desconocida de la lógica. Pero, en realidad, la magia no es nada de todo eso. No hace milagros, no hace aparecer conejos o desaparecer cartas. No es un hechizo o brujería.

Y, entonces, ¿qué es?; se trata de algo increíble… La magia aparece cuando abrimos nuestro corazón, cuando somos auténticos, cuando nos damos, simplemente cuando amamos. Está en las cosas cotidianas, en lo simple.

La magia del amor, la magia del sentir, la magia de dar y darse, la magia de ser, de entregarse, ¡se trata simplemente de la magia de vivir!

¿A dónde está? Buscar la magia en aquellos que inspiran, que aman sin medidas, que luchan sin dejarse abatir; no se trata de una vida mágica sino de vivir con magia y en la magia.

Aquellos que sientan magia, que tengan magia, serán capaces de desnudar su alma humana de las máscaras y armazones, porque en definitiva, de eso se trata. La magia trae luz, ilumina los nuevos comienzos, es una nueva historia. Mueve el corazón, lo alborota y revoluciona.

Encontrarla y transmitirla exige de nuestro compromiso, de nuestra voluntad y ganas. Puede que no nos resulte fácil, quizás sea cuestión de buscar inspiración en aquellos que sí la tienen, en momentos felices donde se respiró magia, en la luz, o simplemente en el dejarse llevar…

Después de un tiempo, quienes se acostumbran a esta, entienden que nada es igual. La incorporan a su forma de ver las cosas y de sentir; porque todo es mucho más maravilloso con magia de por medio.

Hagamos de la magia un hábito, una forma de ser. Dejemos que la magia nos interpele, nos brinde herramientas para vivir en la cotidianidad, para hacer de algo extraordinario, ordinario. ¡Dejemos que la magia ablande nuestros corazones!

Fuente: Red Juvenil Santa Fe

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 22 de abril

Evangelio según San Juan 10, 11-18

Jesús dijo: “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre”.

Reflexión del Evangelio – Por Fabio Solti SJ 

En el día de la fecha Jesús se nos presenta como el Buen Pastor. Término muy usado en el antiguo testamento para dirigirse a Dios: Jesús es su Cordero, el que se hace hombre y nos ama hasta dar su vida por cada uno de nosotros.

Jesús es el que conoce a cada una de sus ovejas, conoce cada uno de sus nombres: ¡te conoce a vos! Conoce tus límites, tus debilidades, tus vulnerabilidades… Porque él se hizo igual a vos y pasó por lo que vos también pasás ahora… Ahora estás acompañado: ¡para Él vos importás y mucho!

Jesús es el que sabe conducir al mundo para el Padre y nos invita a hacer camino con Él. Nos invita a participar con Él del Reino que el Padre nos quiere regalar y que comienza trabajando juntos aquí y ahora. Reino que se hará definitivo cuando estemos cara a cara con Él.

Así se da la relación del Buen pastor con sus ovejas: una relación de amor y confianza mutua.

La posibilidad de estar en camino con el Buen Pastor, se hace tangible en cada eucaristía con la comunión interior que hacemos con Él y con la invitación de encarnarla en nuestra vida testimoniando su Reino.

El pastor conoce a sus ovejas y las ovejas conocen a su Pastor.

¡Sigámoslo con fervor y pasión!

Fuente: Red Juvenil Santa Fe