Laudate Deum: La ecología a la luz del evangelio

El 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, el Papa publicó una exhortación apostólica dedicada a la «crisis climática». El documento se titula con dos palabras latinas, que son una cita del poverello: «Laudate Deum por todas sus criaturas».

Al santo, que parece haber tenido dificultades para escribir una regla de vida religiosa, le gustaba cantar con palabras y gestos, para expresar la alegría de vivir junto a otras criaturas, sus hermanas. De ahí el título, a partir del cual debemos leer este documento del magisterio del actual pontificado. La mística de san Francisco se revela así fundamental para una correcta hermenéutica del texto.

En este sentido, a medida que avanzamos en la lectura del documento, es importante que no perdamos de vista la centralidad de Dios, a quien alabamos por sus criaturas. De lo contrario, fácilmente podríamos llegar a pensar que el Papa adhiere a cualquier ideología de moda en la actualidad, escrita por algún grupo ecologista laico que quisiera abogar por la protección de la naturaleza, a la que se opone el ser humano y el progreso de sus sociedades.

Sin embargo, sean largas o cortas, se encuentren al principio o al final de la exhortación, las referencias bíblicas son fundamentales para una correcta interpretación del documento. A partir de estos enlaces, es fácil ver que el Papa no habla como el jefe de alguna ONG, sino como un verdadero líder espiritual, sobre todo cuando sienta las bases de lo que es propio de una ecología que quiere ser explícitamente «cristiana».

Esta es la tesis que trataremos de exponer en las siguientes páginas: apelando siempre a la sensibilidad y a la urgencia del cuidado del medio ambiente y de nuestra «casa común», Francisco se apoya en la Escritura y en la Tradición como depositum fidei, para mostrar la visión cristiana del compromiso de proteger la creación en el actual contexto de crisis ambiental. Y al hacerlo, el Papa se acerca claramente a la perspectiva de Teilhard de Chardin (1881-1955).

En este sentido, cabe destacar la referencia a Teilhard que Francisco hace en su primera encíclica social, Laudato si’ (LS): el Papa menciona al paleontólogo jesuita en una nota a pie de página en el n. 83, para mostrar que la «marcha del universo» hacia su «plenitud universal» implica superar la actitud de «dominio despótico e irresponsable del ser humano sobre las demás criaturas» (LS 83).

Para que la crítica de esta actitud sea auténtica y explícitamente cristiana, es necesario establecer tres principios fundamentales, que encontramos en el cuidado de la casa común preconizado por el Papa Francisco. En primer lugar, el respeto a la naturaleza debe basarse en el acto creador de Dios, ya que el mundo, es decir, nuestra «casa común», contiene un valor intrínseco que debe ser respetado en la medida en que es un don gratuito del amor divino. En segundo lugar, la sensibilidad ecológica promovida por el Pontífice surge de un «antropocentrismo situado», al que la tradición cristiana no puede renunciar. En tercer lugar, puesto que el respeto a la naturaleza deriva sobre todo de una espiritualidad que nos hace sentir a todos hermanos entre nosotros y con las demás criaturas, el activismo cívico – o incluso político – al que nos exhorta Francisco será siempre el del diálogo, la reflexión y la cooperación, renunciando en todo caso a la violencia de los gestos que nos enfrentan unos a otros, provocando la destrucción del tejido social y, por tanto, de nuestra casa común.

www.laciviltacattolica.es

Enlace al artículo completo: bit.ly/3unq53Z 

Uruguay: Asamblea Nacional CVX 2023

A fines del mes de octubre la comunidad cevequiana de Uruguay vivió una nueva Asamblea Nacional. Un documento que resume la experiencia explica: «Viniendo desde diferentes historias personales y comunitarias, los delegados y delegadas vivieron una experiencia de oración y de encuentro. Fuimos convocados para poner “el ancla de la esperanza en Dios”, y discernir sus caminos.»

Guiados por el Espíritu, se buscaba construir una mirada compartida sobre la realidad de la Comunidad Nacional en Uruguay. «Como especiales signos de  nuestro contexto encontramos las gracias de la Asamblea Nacional 2022, los frutos de la Asamblea General de Amiens y el camino de sinodalidad de la Iglesia universal.»

La oración personal, la conversación espiritual, el trabajo en grupo y la puesta en común fueron las herramientas que ayudaron a discernir el camino a recorrer como comunidad nacional. «Y en esta Asamblea Nacional buscamos dar un paso más, ingresando a una dinámica de “planificación apostólica” que fuera fruto de las mociones descubiertas y que nos ayudara a “poner el amor más en las obras que en las palabras”. Paso este que trae consigo tensiones.»

Sobre la profundidad de lo vivido y el desafío de contagiarlo a otros, el texto comenta: «En estas experiencias suele suceder que la hondura y frutos de los resultados y decisiones están directamente relacionados con la hondura del proceso que cada uno de los participantes vivió y compartió con el resto. De la misma manera, esos frutos dependerán de la capacidad que tengamos de contagiar al resto de la Comunidad Nacional, para que no solo se entusiasme e involucre con las propuestas sino que contacte y se contagie del Espíritu que las originó. Incluso a partir de ese Espíritu, es posible que sigamos caminando y encontrando nuevas concreciones de caminos para la esperanza para la Comunidad Nacional.»

Lee el documento completo aquí: La Realidad que se esconde en la realidad |Entretejiendo la comunidad

#Sínodo | Card. Ángel Rossi SJ: vivimos un ambiente de fraternidad, familiaridad y cercanía

En los días previos a la jornada de cierre del Sínodo de la Sinodalidad, el Card. Ángel Sixto Rossi SJ envió un mensaje en el que resume la vivencia y el sentir de las últimas semanas de trabajo. Llegó a Roma el pasado mes de septiembre con motivo de la ceremonia para la Creación de nuevos cardenales y para la participación en la Asamblea sinodal. «Al margen de los temas que hemos conversado, que por supuesto no es poco, ha sido un mes intenso, pero me parece que lo que indica que es de Dios es el ambiente, un ambiente de fraternidad, un ambiente de familiaridad, de cercanía, donde tantos rostros tan distintos de golpe pueden unirse en una conversación o en un simple saludo», comenta.

Una de las características principales de la XVI Asamblea sinodal fue la apertura de la convocatoria y la diversidad de sus participantes, así lo describe Mons. Ángel Rossi: «Quizás hablamos lenguas y culturas tan distantes, lo cual hace de esto una riqueza muy grande, porque uno aquí escucha de los que viven en zonas tranquilas y prósperas a hombres y mujeres que vienen de la guerra, vienen del hambre, vienen de la pérdida de familiares en la migraciones o en tantas otras situaciones.»

En medio de las jornadas de trabajo, reflexión y debate, estuvieron presentes los grandes problemas que acontecen en el mundo: «como argentinos vivimos la incertidumbre de nuestro futuro, el dolor inmenso de las guerras, este escenario tan miserable que tenemos a diario y que está presente en estos días, no nos desentendimos, al contrario, se reza, se reflexiona pensando en esta realidad.», señala.

Al finalizar su mensaje, menciona uno de los prinipales desafíos que deja este Sínodo, así lo explica: «Si Sínodo es caminar juntos, de alguna manera esto es lo que estamos viviendo y creo que ahora el gran desafio es ver como tratar de que esto no quede en los papeles, que no sea algo abstracto, sino que se haga sinodalidad, se haga gesto allí donde nos toca a cada uno, en nuestras diócesis, nuestras parroquias, nuesrtas familias. En fin, que realmente el caminar juntos con todo lo que implica podamos vivirlo en lo cotidiano

 

 

#MamaAntula: Acción de gracias por la primera santa argentina

Mons. Giobando SJ presidió la misa en acción de gracias por la declaración de la nueva santa, María Antonia Paz y Figueroa, en la iglesia de La Piedad, donde descansan sus restos.

El obispo explicó que “los santos son servidores del Evangelio” y destacó que “María Antonia, de un modo particular, se puso al servicio de la evangelización a través de los Ejercicios Espirituales… que cambian la vida, porque uno está invitado a la conversión; que es descubrir a Jesús en el paso cotidiano de nuestra existencia”

“Amor y servicio van juntas en el Evangelio. Mama Antula es una mujer feliz porque fue servidora”, añadió Mons. Giobando SJ, a modo de resumen.

#Sínodo: Carta al Pueblo de Dios

El miércoles 25 de octubre fue publicada la Carta de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

La Carta al Pueblo de Dios fue redactada por la Comisión encargada de elaborar el informe de síntesis del Sínodo, documento que será votado y publicado el sábado 29 de octubre.

Compartimos el texto integral, aprobado por la Asamblea Sinodal:

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Cuando se acerca la conclusión de los trabajos de la primera sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, queremos, con todos vosotros, dar gracias a Dios por la hermosa y rica experiencia que acabamos de vivir. Este tiempo bendecido lo hemos vivido en profunda comunión con todos vosotros. Hemos sido sostenidos por vuestras oraciones, llevando con nosotros vuestras expectativas, vuestras preguntas y también vuestros miedos.

Han pasado ya dos años desde que, a petición del Papa Francisco, se inició un largo proceso de escucha y discernimiento, abierto a todo el pueblo de Dios, sin excluir a nadie para “caminar juntos”, bajo la guía del Espíritu Santo, discípulos misioneros siguiendo a Jesucristo.

La sesión que nos ha reunido en Roma desde el 30 de septiembre constituye una etapa importante en este proceso. Por muchos motivos, ha sido una experiencia sin precedentes. Por primera vez, por invitación del Papa Francisco, hombres y mujeres han sido invitados, en virtud de su bautismo, a sentarse en la misma mesa para formar parte no solo de las discusiones, sino también de las votaciones de esta Asamblea del Sínodo de los Obispos. Juntos, en la complementariedad de nuestras vocaciones, de nuestros carismas y de nuestros ministerios, hemos escuchado intensamente la Palabra de Dios y la experiencia de los demás. Utilizando el método de la conversación en el Espíritu, hemos compartido con humildad las riquezas y las pobrezas de nuestras comunidades en todos los continentes, tratando de discernir lo que el Espíritu Santo quiere decir a la Iglesia hoy.

Así hemos experimentado también la importancia de favorecer intercambios recíprocos entre la tradición latina y las tradiciones del Oriente cristiano. la participación de delegados fraternos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales ha enriquecido profundamente nuestros debates. Nuestra asamblea se ha llevado a cabo en el contexto de un mundo en crisis, cuyas heridas y escandalosas desigualdades han resonado dolorosamente en nuestros corazones y han dado a nuestros trabajos una gravedad peculiar, más aún cuando algunos de nosotros venimos de países en los que la guerra se intensifica.

Hemos rezado por las víctimas de la violencia homicida, sin olvidar a todos a los que la miseria y la corrupción les han arrojado a los peligrosos caminos de la emigración. Hemos garantizado nuestra solidaridad y nuestro compromiso al lado de las mujeres y de los hombres que en cualquier lugar del mundo actúan como artesanos de justicia y de paz.

Por invitación del Santo Padre, hemos dado un espacio importante al silencio, para favorecer entre nosotros la escucha respetuosa y el deseo de comunión en el Espíritu. Durante la vigilia ecuménica de apertura, experimentamos cómo la sed de unidad crece en la contemplación silenciosa de Cristo crucificado. “La cruz es, de hecho, la única cátedra de Aquel que, dando su vida por la salvación del mundo, encomendó sus discípulos al Padre, para que ‘todos sean uno’ (Jn 17,21). Firmemente unidos en la esperanza que nos da Su Resurrección, Le hemos encomendado nuestra Casa común, donde resuenan, cada vez con mayor urgencia, el clamor de la tierra y el clamor de los pobres: ‘¡Laudate Deum!’”, recordó el Papa Francisco precisamente al inicio de nuestros trabajos. Día tras día, hemos sentido el apremiante llamamiento a la conversión pastoral y misionera. Porque la vocación de la Iglesia es anunciar el Evangelio no concentrándose en sí misma, sino poniéndose al servicio del amor infinito con el que Dios ama el mundo (cf. Jn 3,16).

Ante la pregunta de qué esperan de la Iglesia con ocasión de este sínodo, algunas personas sin hogar que viven en los alrededores de la Plaza de San Pedro respondieron: “¡Amor!” Este amor debe seguir siendo siempre el corazón ardiente de la Iglesia, amor trinitario y eucarístico, como recordó el Papa, evocando el 15 de octubre, en la mitad del camino de nuestra asamblea, el mensaje de Santa Teresa del Niño Jesús. “Es la confianza” lo que nos da la audacia y la libertad interior que hemos experimentado, sin dudar en expresar nuestras convergencias y nuestras diferencias, nuestros deseos y nuestras preguntas, libremente y humildemente.

¿Y ahora? Esperamos que los meses que nos separan de la segunda sesión, en octubre de 2024, permitan a cada uno participar concretamente en el dinamismo de la comunión misionera indicada en la palabra “sínodo”. No se trata de una ideología, sino de una experiencia arraigada en la Tradición Apostólica. Como nos recordó el Papa al inicio de este proceso: “Si no se cultiva una praxis eclesial que exprese la sinodalidad […] promoviendo la implicación real de todos y cada uno, la comunión y la misión corren el peligro de quedarse como términos un poco abstractos” (9 de octubre de 2021). Los desafíos son múltiples y las preguntas numerosas: la relación de síntesis de la primera sesión aclarará los puntos de acuerdo alcanzados, evidenciará las cuestiones abiertas e indicará cómo continuar el trabajo”.

Para progresar en su discernimiento, la Iglesia necesita absolutamente escuchar a todos, comenzando por los más pobres. Eso requiere, por su parte, un camino de conversión, que es también un camino de alabanza: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños” ( Lc 10,21). Se trata de escuchar a aquellos que no tienen derecho a la palabra en la sociedad o que se sienten excluidos, también de la Iglesia. Escuchar a las personas víctimas del racismo en todas sus formas, en particular en algunas regiones de los pueblos indígenas cuyas culturas han sido humilladas. Sobre todo, la Iglesia de nuestro tiempo tiene el deber de escuchar, con espíritu de conversión, a aquellos que han sido víctimas de abusos cometidos por miembros del cuerpo eclesial, y de comprometerse concretamente y estructuralmente para que eso no vuelva a suceder.

La Iglesia necesita también escuchar a los laicos, a las mujeres y a los hombres, todos llamados a la santidad en virtud de su vocación bautismal: el testimonio de los catequistas, que en muchas situaciones son los primeros en anunciar el Evangelio; la sencillez y la vivacidad de los niños, el entusiasmo de los jóvenes, sus preguntas y sus peticiones; los sueños de los ancianos, su sabiduría y su memoria. La Iglesia necesita escuchar a las familias, sus preocupaciones educativas, el testimonio cristiano que ofrecen en el mundo de hoy. Necesita acoger las voces de aquellos que desean ser involucrados en ministerios laicales o en organismos participativos de discernimiento y de decisión. La Iglesia necesita particularmente, para progresar en el discernimiento sinodal, recoger todavía más las palabras y la experiencia de los ministros ordenados: los sacerdotes, primeros colaboradores de los obispos, cuyo ministerio sacramental es indispensable en la vida de todo el cuerpo; los diáconos, que a través de su ministerio representan la preocupación de toda la Iglesia por el servicio a los más vulnerables. Debe también dejarse interpelar por la voz profética de la vida consagrada, centinela vigilante de las llamadas del Espíritu. Y debe también estar atenta a aquellos que no comparten su fe, pero que buscan la verdad, y en los que está presente y activo el Espíritu, Él que ofrece “a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual” (Gaudium et spes 22).

“El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el fortalecimiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio” (Papa Francisco, 17 de octubre de 2015). No debemos tener miedo de responder a esta llamada. La Virgen María, primera en el camino, nos acompaña en nuestro peregrinaje. En las alegrías y en los dolores Ella nos muestra a su Hijo y nos invita a la confianza. ¡Es Él, Jesús, nuestra única esperanza!

Ciudad del Vaticano, 25 de octubre de 2023

Card. Barreto sj

#Sínodo | Card. Pedro Barreto SJ: Testigo del espíritu transformador

Arzobispo de Huancayo (Perú), conocido por su defensa de los derechos humanos y el medio ambiente, nos ofrece su testimonio sobre el trabajo en la Asamblea General del Sínodo de los Obispos.

Ahora, soy testigo en esta asamblea del Sínodo, del mismo Espíritu transformador de mentalidades y de estructuras necesarias para toda reforma que parte del Evangelio…

“Resumo mi experiencia personal como un proceso sereno de conversión a Cristo desde de una realidad episcopal a una realidad eclesial, donde cada vocación, carisma y ministerio encuentren su lugar no para competir, sino para servir mejor en nuestra misión.”

#Sínodo: Cambios en el Programa

El Card. Grech, Secretario General del Sínodo, ha informado algunas novedades referidas a los próximos pasos en la Asamblea General.

La Asamblea ya ha aprobado la propuesta de publicar, al finalizar las sesiones, una ‘Carta al Pueblo de Dios’ a cargo de la Comisión del Informe de Síntesis –ya nombrada.

El próximo lunes 23, después de la misa en el Altar de S Pedro, se debatirá la propuesta del texto, primero en círculos menores y luego en Plenario. Luego se procederá a la votación.

Volverán a reunirse en miércoles 25 y jueves 26 para recibir el esquema del Informe de Síntesis por parte del Relator General, Card. Hollerich SJ y presentación de modos y etapas para los siguientes pasos con vistas a la sesión del mismo Sínodo en 2024.

El viernes 27 compartirán la oración por la paz convocada por el Papa en la Basílica de S Pedro.

Segundo encuentro de delegados provinciales de prevención de la CPAL

Del 27 al 30 de septiembre pasado, catorce delegados(as) de prevención, jesuitas y laicas, representantes de las provincias de América Latina, realizaron su segundo encuentro anual en la Casa de Retiros de Calera de Tango, Chile. No pudieron asistir esta vez los delegados de Antillas, Venezuela y Bolivia.

Este encuentro responde al deseo compartido de seguir poniendo en ejecución la quinta línea de acción del Proyecto Apostólico Común de la CPAL (PAC.2), la que se orienta a la creación de una cultura de la prevención y la instauración de ambientes sanos y seguros en toda comunidad jesuita, obra apostólica y red apostólica de las dos asistencias.

El grupo ha contado con temas formativos entregados por el equipo de prevención de la Curia General (Proyecto PCCP), integrado por John Guiney SJ (Irlanda) y Sandra Racionero-Plaza (docente de la Universidad de Barcelona). También participó Luis Valdez SJ, delegado para la formación de la CPAL.

El primer día – después del saludo de Gabriel Roblero SJ, Provincial de Chile – estuvo dedicado a dialogar sobre el modelo preventivo que el PCCP está implementando a nivel global, junto con conocer el trabajo de respuesta de la Conferencia Episcopal de Chile. También revisamos los mapas de riesgo que pueden ser ejes fundamentales en el trabajo preventivo de obras e instituciones de la Compañía.

El segundo día del encuentro se focalizó en criterios de reparación en el trabajo con víctimas y sobrevivientes, sus familias y las comunidades afectadas. También revisamos cómo ha evolucionado la normativa penal canónica, poniendo énfasis en los cambios introducidos bajo el Pontificado del Papa Francisco. En la mañana de ese día el grupo visitó el Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, un momento de reflexión que enriqueció significativamente nuestro compartir sobre la necesidad de reparar los procesos históricos colectivos.

Las dos últimas jornadas de trabajo estuvieron dedicadas a los modelos de resolución de crisis y las respuestas comunicacionales (nos acompañó Constanza Núñez, encargada de comunicaciones de la Provincia Chilena), el plan formativo y de capacitación global que está diseñando el PCCP de Roma para todo jesuita y colaborador(a), los modos de respuesta ante acusaciones contra jesuitas fallecidos y el trabajo colaborativo de este equipo de delegados con las redes apostólicas de la CPAL. El encuentro finalizó con la aprobación de una carta informativa enviada a los asistentes regionales y a los provinciales de la región.

Larry Yévenes SJ (CHL) Coordinador del equipo de prevención CPAL

Fuente: jesuitas.lat

sinodo 21-24 vista de sala Pablo VI

#Sínodo: Carta para todo el Pueblo de Dios

Al finalizar la Asamblea 2023 del Sínodo, una comisión ya nombrada ofrecerá una síntesis de la experiencia de los trabajos sinodales.

El Card. Hollerich, Relator General, anunció que se tratará de un texto relativamente breve, de estilo sencillo que estará “al servicio de un proceso que continúa.”

Será un texto de transición, basado en la experiencia de la asamblea, que contendrá los puntos en los que hay consenso y aquellos en los que falta acuerdo.

“No será un documento final, ni el Instrumentum laboris de la próxima asamblea” –en 2024-, aclaró el cardenal, “sólo servirá para acompañar las fases sucesivas del Sínodo sobre la sinodalidad”.

Una mirada sobre los principales miedos que podemos tener frente al proceso sinodal

Todos tenemos miedo al Sínodo

Artículo escrito por Joaquín Tabera SJ

Desde el 2021 cuando el Papa Francisco convocó la preparación del XVI Sínodo Ordinario de los Obispos para tratar el tema de la sinodalidad en la Iglesia se han sucedido muchos movimientos tanto de apoyo como de rechazo. Especialmente la prensa “católica” ha aprovechado estos movimientos para dar cuenta de la falta de unidad en la Iglesia, y a modo de fuego cruzado, acusar a los bandos opuestos ya sea de cismáticos o de herejes. Es decir, han utilizado los miedos de los fieles para hacer política intraeclesial.

La RAE nos define el miedo como la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”, y en su segunda acepción nos dice que es el “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. Desde estas definiciones, y desde lo que vemos en la prensa que está suscitando el Sínodo, me parece importante podamos admitir que todos tenemos algún miedo frente a lo que pueda resultar del Sínodo, ya que admitiéndolo e identificándolos podremos poner freno a algunas estrategias de desunión que se están entretejiendo.

A continuación desarrollare brevemente los que considero son los principales miedos que podemos tener frente al proceso sinodal.

  • Miedo a perder el poder:

Dentro de nuestra Iglesia, en tanto institución, hay muchos hermanos que conservan la visión del Reino y de la Iglesia típica de los Apóstoles antes de la resurrección, es decir, consideran que los puestos de mando son puestos de poder y no de autoridad, puestos de privilegio y no de servicio.

Para quienes detentan está imagen de Iglesia, el Sínodo, desde su intento de analizar las estructuras de gobernanza de la Iglesia para hacerlas más evangélicas, se vuelve una amenaza directa a lo que entienden debe ser el Reino y el cómo debe funcionar la Iglesia.

  • Miedo a perder la identidad:

Dentro de nuestra Iglesia hay muchos hermanos que viven su ser católicos desde un fuerte sentido identitario, otorgándoles la Iglesia un sentido de pertenencia fuerte en donde pueden encontrar códigos axiológicos desde los cuales estructurar su vida diaria. Estos hermanos, mayormente pertenecientes a ambientes donde se vive un catolicismo cultural, no siempre han logrado internalizar el elemento relacional de la fe (lo vital de la relación personal-comunitaria con Jesucristo) sino que se han quedado en los elementos, ciertamente virtuosos, de la vivencia externa del catolicismo.

Para quienes viven de este modo su fe, el Sínodo, desde su intento de escuchar lo que el Espíritu Santo le dice a la Iglesia hoy por medio del discernimiento, se vuelve una posible amenaza para con el modo de vivir la catolicidad al que están acostumbrados, diríamos que se vuelve una amenaza a su identidad como católico ya que han entendido su identidad como inalterable, y el Sínodo, desde la posibilidad de entender algunas de estas cuestiones solo como practicas externas no constitutivas, puede atacar su identidad.

  • Miedo a perder la batalla:

Dentro de nuestra Iglesia hay muchos hermanos que viven su ser Iglesia con un fuerte sentimiento de pertenencia a alguna comunidad, a alguna teología o a alguna región. Este sentido de pertenencia, que no es malo en sí mismo, puede desvirtuarse llevando a comprender a los otros modelos de Iglesia como “aquellos que están equivocados” o como “aquellos que no saben hacer Iglesia”, y aquí entran todos los adjetivos que ya estamos acostumbrados a escuchar: Herejes, Cismáticos, Conservadores, Liberales, Progresistas, Tradicionales, Tradicionalistas, Originales, etc.

Para quienes viven de este modo su ser Iglesia, el Sínodo, desde ser un espacio de dialogo y discernimiento en común que busca el consenso, se considera un peligro. El dialogar con otro que piensa distinto lleva implícito el reconocer que del otro puedo aprender algo ya que puede tener razón en algo, y eso, para aquellos más encerrados en su sentido de pertenencia, es intolerable. Es cómo que el Sínodo les plantease que deben ceder frente al otro, deben perder la batalla a propósito. Aquí entran aquellos que consideran también que la única postura valida es la que ellos, y sus grupos, plantean, de manera tal que toda otra decisión por parte del Sínodo estará equivocada, sesgada o será ideológica.

  • Miedo a perder certezas.

Dentro de nuestra Iglesia muchos hermanos viven su fe y su eclesiología como un cumulo de certezas incuestionables, dónde todo proceso que abra la puerta a preguntarse por esas certezas ya es tildado de sospechoso.
Para quienes viven de esta manera su fe y su pertenencia eclesial, el Sínodo, por la apertura de escuchar al Señor por medio de la oración y las inspiraciones del Espíritu Santo, es una instancia innecesaria ya que todo ya ha sido dicho y por lo tanto es todo es inamovible.

  • Miedo a perder la divinidad.

Dentro de nuestra Iglesia muchos hermanos consideran que la Iglesia solo debe ocuparse de las cosas de Dios (especialmente hacen hincapié en la liturgia) y que lo “mundano”, lo perteneciente a “las preocupaciones del mundo” deben ser ignoradas.

Para quienes viven de esta manera su pertenencia eclesial y su vivencia de lo sagrado, el Sínodo, desde su apertura a la encarnación por la que no hay nada del Hombre que le sea ajeno a Dios, se vuelve una gran amenaza de mundanización de la Iglesia. Consideran que este proceso es un tirar las perlas a los chanchos.

  • Miedo a perder el tiempo.

Dentro de nuestra Iglesia hay muchos hermanos que consideran que los ritmos del mundo en el que vivimos (aunque no seamos del mundo) cada vez exigen procesos más agiles y dinámicos por parte de la Iglesia para poder dar respuestas reales, eficaces y eficientes a las necesidades que nos plantea la evangelización de nuestros contextos.

Para quienes viven de esta manera las necesidades imperantes del tiempo y la evangelización, el Sínodo, en tanto proceso temporal que durará en total casi cuatro años, puede ser vivido como un proceso frustrante, el cual, si además no llega a plantear cambios estructurales a la Iglesia, podría entenderse que no ha hecho nada y que la sinodalidad ha sido solamente una moda teológica. Otra forma en que se traduce este miedo es el temor a que todo quede igual.

Ante los miedos mencionados anteriormente, que ciertamente podríamos identificar y analizar con mayor profundidad, considero que, si deseamos evitar que estos miedos influyan de manera negativa en nuestra fe y en el proceso sinodal de la Iglesia, podríamos tomar las siguientes medidas y disposiciones:

Hacernos consientes de nuestros miedos: ya sea algunos de los anteriormente mencionados, o algún otro que seguramente no se ha sistematizado, es importante ponerle nombre y enfrentarnos al mismo. San Ignacio nos dice en su 11º regla de discernimiento de primera semana que el mal espíritu mucho aprovecha el miedo para ir agrandando la tentación, y que enfrentándolo este vuelve a su estado normal huyendo y escondiéndose.

Orar por el Sínodo: pedirle a Dios por el Sínodo y especialmente por cada uno de nuestros hermanos reunidos sinodalmente. Este pedir a Dios no es pedirle desde nuestra imagen de Iglesia dejando que el miedo marque la oración, sino pidiéndole que sea en la Iglesia lo que Él quiera que sea. Este pedir tiene que ser un ejercicio de aquella indiferencia trabajada en el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales.

Las etiquetas dejarlas solo para la ropa: Es importante que nuestro modo de ser Iglesia tienda a la unidad, y en este sentido un buen modo para comenzar a trabajar en esta es el lenguaje, evitando todos aquellos adjetivos que, en una dialéctica casi maniquea, nos dividen entre buenos y malos, conservadores y progresistas, tradicionales y liberales, etc. Es importante que adoptemos, en este proceso y en nuestra vida eclesial, como modo de ser el estar más dispuestos a salvar la proposición del prójimo que a condenarla, sabiendo que cada uno busca lo mejor para la Iglesia.

• Todos los miedos mencionados anteriormente son miedos a perder. El perder algo implica posesión de eso que se pierde, y ninguno de nosotros, desde el recién bautizado hasta el Papa, tenemos la posesión de la Iglesia y la totalidad de la Verdad. Puede sernos importante recordar que la invitación del Señor es a perder la vida para ganarla, y esta invitación se nos hace también como Iglesia.

• Recordar que el Señor resucitado en sus apariciones a los discípulos siempre les dijo “no teman”. El miedo no puede ser nuestro criterio de discernimiento ni pauta de acción, podemos ser críticos, propositivos, cautelosos, o enérgicos frente a las propuestas del Sínodo, pero el miedo no puede ser, si somos seguidores de Jesús, el que marque nuestra agenda.