Ithaka: el Centro de Empendedurismo de la Universidad Católica del Uruguay

En 2017, Magdalena Guria asumió el cargo de directora de Ithaka con el desafío de crear el centro desde cero. En la siguiente entrevista, habla del funcionamiento del centro de Emprendedurismo que se ha puesto en marcha con la nueva estructuración de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).

¿Con qué fin se creó Ithaka?

La facultad hace más de 10 años que viene trabajando en emprendimientos pero muy facultad-dependientes, en donde algunas facultades tenían emprendimientos más grandes. Ahora, se está tratando de hacer una transformación tratando de unificar carreras y generar centros que funcionen de manera transversal. Es un ejemplo de intraemprendimiento porque es un proyecto nuevo que nace dentro de la universidad y tiene que buscar el modelo de negocios que enganche y logre funcionar. 

¿En qué tipo de emprendimientos se enfoca?

Nos dimos cuenta de que, en realidad, debido al rol de la UCU, preferíamos enfocarnos en temáticas de impacto, ya sea de emprendedurismo social o de apoyo a asuntos que traten de generar algún impacto. Hemos trabajado en iniciativas de género, ahora estamos con medio ambiente o la mejora en la gestión de residuos. Otro de los buques insignias es la vinculación academia-empresas. El 34 % de las personas que concurren al centro son graduados. Es gente que ya egresó, trabajó, hizo experiencia, y ahora quiere emprender. Vuelve graduada y nosotros la ayudamos. 

¿Cómo acercan a los estudiantes que no ven el emprendedurismo como una opción?

Tenemos emprendimientos con graduados en sociología y enfermería, por ejemplo. Nos gusta mostrar ejemplos que salen de lo clásico. Obvio que tenemos chicos que hicieron administración o licenciatura en Informática, pero eso es lo más típico. Hay que formar equipos interdisciplinarios. Ahora estamos trabajando con emprendimientos buscándoles socios y es parte del trabajo. A veces conocemos gente que quiere emprender, pero no tiene muy claro, tal vez es muy fuerte a nivel comercial. Entonces hay otro que ya tiene una idea y los juntamos. 

¿Qué le falta al esquema emprendedor local?

Es innegable el cambio que ha habido en los últimos diez años, el emprendedurismo está mas instalado en la cultura. La gente sabe, escucha, lee términos de innovación y emprendimientos. Tenemos el desafío de abrirlo cada vez cada más y el próximo paso es empezar a profesionalizar y a especializarnos. Nosotros recomendamos otras instituciones, por ejemplo si viene un proyecto de hardware que no tenemos la infraestructura para atender. Pero tenemos planta piloto de alimentos y capaz que viene  alguien de otro lado para atenderla. Otra cosa es que, el que quiere emprender acá tiene que tener claro que tiene que tener una cabeza global. 

¿Cuáles son las fortalezas de emprender en Uruguay? 

Hay cosas que tenemos más a favor acá que en Silicon Valley. Que Uruguay sea chiquito, que en el mundo haya seis grados de separación y acá haya dos, nos juega a favor. Que la clase política sea super accesible, te facilita. He tenido emprendedores que se reunieron con ministros, senadores, jerarcas de la intendencia, etc. Andá a reunirte con un senador en Estados Unidos si podés. 

Fuente: elobservador.com.uy

Una Iglesia que baila

Pablo Michel SJ se encuentra realizando sus estudios de Teología en Chile. Sin embargo, desde allá, tuvo la oportunidad de incorporarse a la vida comunitaria de los Promeseros de Jesús y de María, un grupo de baile religioso que asiste hace décadas a la fiesta de la Tirana para expresar su fe bailando para la Virgen del Carmen; y nos cuenta su experiencia.

Pablo Michel SJ

Cada vez que iniciamos un viaje emprendemos también un camino interior. Nuestros sentidos comunican al alma que dejamos nuestro lugar, los colores que nos acompañan habitualmente, los sonidos que nos rodean, los olores y gustos de nuestra rutina. Al armar la mochila nos enfrentamos a nuestras inseguridades frente a lo ‘por venir’ y también a nuestros deseos. Desplegar lo que iremos a llevar sobre la cama se convierte en metáfora de lo que cargamos, señala lo que tememos enfrentar y lo que nos ilusiona. Nos subimos a un avión y nuestra alma despega mientras que nuestro mundo cotidiano se empequeñece tras la ventanilla. 

Dejo atrás Santiago de Chile, mis estudios de teología y aterrizo en Iquique, unos dos mil kilómetros al Norte, entre el mar y el desierto. Respiro el aire puro del desierto mezclado con la brisa marina y siento alegría. Mi alma se oxigena entre estas dos inmensidades y se dispone a la aventura de lo desconocido. 

Nos tomamos un minibús en el mercado antiguo de la ciudad y nos adentramos en el desierto hacia La Tirana, un pueblito de unos 800 habitantes. Somos parte de una gran peregrinación. Unas doscientas mil personas que se encaminan ilusionadas a encomendarse a la Madre de Dios. Siento que mi entorno ha cambiado, se respira algo así como expectación, acaso esperanza. Al llegar me encuentro con una verdadera explosión de sonidos musicales y con un mar inmenso de colores y de movimiento. Experimento una saturación sensitiva, no comprendo la abundancia de la que soy testigo y que me alegra y emociona de manera inesperada. 

Me toca incorporarme a la vida comunitaria de los Promeseros de Jesús y de María, un grupo de baile religioso que asiste hace décadas a la fiesta de la Tirana para expresar su fe bailando para la Virgen del Carmen, la Chinita. Mis sentidos experimentan de inmediato la bondad y la alegría que reina en la sala que hace de comedor comunitario. Como extranjero de ese mundo experimento e poderoso gozo de ser recibido. Se me sirve casi inmediatamente un plato colmado de comida, chistes por mi ser argentino, cariño profundo por ser jesuita y haber sido precedido por una lista de compañeros que guardan en el corazón: Esteban, Gustavo, Rafael, Santiago… Mi paso por la Tirana se inscribe entonces en una tradición, en una historia de amistad. 

Desde ese primer momento el gusto experimenta entonces por primera vez la delicia del cariño hecho comida que no se detendrá ni por un minuto en toda la semana. El pan amasado por la mañana, los queques y los postres, un picante de guata con pata con charqui, unas papas a la huancaína, ceviche de pollo, un tremendo asado. Todo va nutriendo una vida comunitaria muy rica, hecha de conversación profunda y también de juego. Descubro un mundo de una gran belleza, de mucha alegría y de fe vivida con profundidad. 

Los Promeseros son uno de los más de doscientos bailes que participan de la fiesta. Comprendo viviendo con ellos que el baile es oración que compromete toda la vida. Se preparan todo el año para estar ahí, recaudando fondos, elaborando sus propios trajes y ensayando sus pasos. Pero descubro además que pertenecer a un Baile es una profunda experiencia de ser Iglesia. Las personas se incorporan a una comunidad creyente bien organizada, a un itinerario catequético y sacramental, y a una vida sumamente atrayente para otros y de una evangelización tremendamente eficaz. El Baile es concreción del Reino de Dios, sin más. 

Al partir, Wil y Ale y su hijo Mateo me regalan una foto del baile y un pequeño bailarín de yeso. Me piden una bendición para su joven familia. Hacemos una oración juntos y marco una pequeña cruz en sus frentes. Soy yo el bendecido. Al partir, agradecido, grito bien fuerte como me han enseñado: “-¡Chaaau Baile!”. No funciona. El baile ahora viaja conmigo.

Laudato si’, necesaria… y rentable

Las instituciones católicas muestran, cada vez más, una mayor iniciativa contra el cambio climático en diversos ámbitos, entre los que destaca el programa de desinversiones en industrias de combustibles fósiles: petróleo, carbón, gas natural y gas licuado del petróleo. Y es que las emisiones de gases de efecto invernadero que producen son, en gran medida, causantes del calentamiento global.

Según el Movimiento Católico Mundial por el Clima (MCMC), ya hay un total de 122 entidades católicas comprometidas con el espíritu que Francisco encarnó en la encíclica Laudato si’. El director ejecutivo del MCMC, Tomás Insua, explica a Vida Nueva que el proyecto se basa en la necesidad “de ser coherentes con nuestra fe católica, que nos impulsa a ser custodios de la Creación de Dios, especialmente de nuestros hermanos más pobres y vulnerables, entre ellos, los afectados por el cambio climático”.

Como no podía ser de otro modo, en este proceso destaca el empuje que representa Laudato si’, firmada por el Papa en mayo de 2015 y que fue un significativo aldabonazo de cara a la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático que se iba a celebrar entonces y de la que, finalmente, surgió el paradigmático Acuerdo de París. Ya entonces se generó una fuerte movilización de la comunidad católica internacional, poniéndose el énfasis en el cuidado de la casa común a través de una crítica al consumismo y al desarrollo irresponsable.

El MCMC surgió como una respuesta desde la Iglesia frente a la grave crisis socio-ambiental que ha generado el cambio climático. Fue lanzado en Manila en enero de 2015 por medio del cardenal Luis Antonio Tagle, en plena visita del papa Francisco a las Filipinas, país fuertemente afectado por esta problemática. Tras poco más de cuatro años, el organismo se encuentra ya presente en los cinco continentes por medio de 700 organizaciones. Igualmente, está en prácticamente casi todos los países de lengua española.

Testimonio de vida

“Nuestra fe no puede ser encerrada en el ámbito meramente privado, debe ser hecha pública mediante nuestro testimonio de vida”, explica Insua, al mismo tiempo que reconoce que desinvertir en esas industrias vinculadas al petróleo, al gas y al carbón “no es un proceso fácil, pues en muchos casos la rentabilidad es muy importante, ya que de ella dependen muchos servicios que entrega la misma Iglesia”.

Por eso, resalta que, desde el MCMC, se tiene mucho respeto por las decisiones financieras de las instituciones. Al mismo tiempo, claro, que se trabaja en una línea para buscar alternativas a sus inversiones en empresas con actividad contaminante.

“La desinversión de combustibles fósiles –reitera– debería alcanzar a todas las instituciones de la Iglesia, pues no sería coherente que, por una parte, proclamemos la defensa integral de la vida y, por otra, utilicemos nuestro dinero para actividades que atentan de algún modo contra la misma”.

Fuente: Vida Nueva Digital

50 años de Justicia y Reconciliación – Por Michael Czerny SJ

“En el congreso de Nápoles 1997, el Padre Kolvenbach dijo que los primeros compañeros nunca hubieran soñado presentarse como Compañeros de Jesús sin incluir ni asumir la opción preferencial por los pobres. Así que después de este congreso, nosotros clarificamos las características del apostolado social y la dimensión social de la misión de la Compañía.”

Michael Czerny SJ 

A 50 años de la creación del Secretariado para la Reconciliación y la Justicia Social, los diferentes Secretarios han compartido su experiencia y trabajo en el área. 

Puedes mirar el video en el siguiente link

Cómo aprender “el lenguaje de los jóvenes” en 6 pasos

Si los jóvenes hoy son una misión nueva, ¿no habrá que hacer algo parecido? 

Por José Fernando Juan 

Muchos análisis parten de un supuesto poco aclarado: los jóvenes no nos entienden, o ni siquiera ceden algo de su atención y compromiso para un buen diálogo. Y, siendo probablemente cierto en muchos casos, hay otra cuestión implícita que conviene subrayar: nos situamos en la posición predominante del que tiene palabra y habla, y exigimos lo que no se puede exigir realmente.

De ahí que muchos se planteen que el gran problema está en el lenguaje que manejamos unos y otros. Que, a la postre, no es propiamente un lenguaje, sino que deriva en núcleos de interés, en visiones distantes de la vida, de la persona, del mundo. Es decir, que más que comunicación nos referimos a una distancia en la interpretación de la realidad y de la persona en ella. ¿Quién propone y crea hoy cultura, genera mundo compartido, reúne compromisos sociales, políticos?

De lo que no cabe duda es de la preocupación que despierta darse cuenta de que los jóvenes son auténtico “terreno de misión”. En esta imagen espacial, que nos remite quizá a un modelo muy fecundo y a un cristianismo valiente y en salida, la generación que llega en Occidente es campo en el que comenzar a sembrar abiertamente. Recordemos que, al hilo de la metáfora, el misionero dejaba lo suyo y se adentraba en parajes casi por entero desconocidos, trabajaba una relación con personas de toda cultura a la vez que portaba en su propia vida un mensaje novedoso. Las realizaciones concretas, sin embargo, pueden ser vistas hoy desde muchas perspectivas e incluso cuestionarlas duramente.

Jóvenes

Si los jóvenes hoy son una misión nueva, ¿no habrá que hacer algo parecido? Es decir, el mejor modo de aprender su lenguaje, ¿no será el de la “inmersión lingüística”, sentir la necesidad de estar con ellos, compartir tiempos, tareas y preocupaciones? ¿No parte todo este aprendizaje de una valoración positiva de la persona y no de una “llamada” a educar a no sé quién como si fuéramos sus salvadores?

Me permito algunas anotaciones breves:

  1. El lenguaje de la vida. En clase pregunto a mis alumnos: “¿Te quiere toda persona que te dice ‘te quiero’?” Doy por supuesto que todos responderíamos lo mismo. Ahora bien, esto significa que las palabras, sobre todo ciertas palabras, llegan después de la vida y del trato cercano para que tengan auténtico significado.
  2. El cuento de Caperucita. He vuelto a los cuentos infantiles por razones personales. Y mi hijo se asusta mucho cuando aparece el lobo con sus orejas grandes: “¡Para escucharte mejor!”. Ciertas escuchas provocan pavor. Porque nadie desea ser conocido si esto implica invasión, ni cuando esconde oscuras pretensiones. La escucha, o es auténtico interés por el otro, verdadera relación, o es manipulación y desprecio. De esto saben mucho los community manager en las redes sociales.
  3. No ahorrarse las grandes palabras humanas. Cabe plantear si no estará pasando con ciertas palabras lo mismo que con los grandes relatos, que no somos capaces de abandonarlos para conformarnos con minucias. Es muy interesante el retorno del universo de ‘Juego de Tronos’, por ejemplo. Las grandes palabras, que conectan con lo más humano, siguen provocando una atracción muy intrigante, cierta curiosidad y anhelo. ¿Cuáles pueden ser estas palabras hoy?
  4. ¿El Evangelio hay que traducirlo? Temo que el Evangelio sea más traducido, explicado, interpretado, comentado, profundizado… que vivido. Volvemos al primer punto. La vida se entiende mucho mejor. Los cristianos evangelizaban y evangelizan por contagio. Se pueden buscar “conversiones” de otro modo, porque incluso se han forzado y violentado personas y pueblos. Pero la misma palabra “evangelizar” es algo muy distinto: transmitir una buena noticia.
  5. ¿Y si los jóvenes nos entienden? Hablar con jóvenes directamente es mucho más interesante de lo que parece. Porque entienden muchas más cosas de lo que parece. Y las recuerdan. Tienen presente esto o aquello, que les ocurrió. Se vivieron así o asá en tal circunstancia. Pero, sobre todo, lo que muestran es que están a otras cosas muy diferentes y sienten que, en definitiva, se trata de forzar sus caminos para que vayan por otros lugares. Es decir, no encuentran espacio en la Iglesia para ser ellos mismos, como jóvenes del siglo XXI, y la abandonan por este motivo, si tuvieron alguna relación con ella.
  6. ¿Es solo problema con los jóvenes? Las dificultades de comunicación de las que he tratado, ¿no son aplicables a muchas otras situaciones? ¿Cuál es el contexto en el que la Iglesia comunica con más comodidad? ¿En qué momento comunicarse se tiene por fácil y no requiere esfuerzo, si hay oportunidad de crear un auténtico diálogo? ¿No será que el modelo de comunicación unidireccional es lo que está siendo cuestionado en nuestro tiempo?

Fuente: Vida Nueva Digital 

Liderazgo Ignaciano: Nuestro modo de proceder

La formación en el liderazgo ignaciano es hoy una prioridad destacada por la Compañía de Jesús en la Congregación General 36, las Prioridades Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús y la Asociación Internacional de Universidades Jesuitas.

El ejercicio y la formación en el liderazgo ignaciano, que encarna la espiritualidad ignaciana y se traduce en nuestro modo de proceder, es una invitación a todas las personas que colaboran en la misión con la Compañía de Jesús; un llamado que se traduce en responsabilidad compartida. El modo de comprender nuestra identidad como colaboradoras definirá el rumbo de nuestra misión.

El sentido de este documento es apropiarnos de esta invitación, participar del proceso de discernimiento de nuestra misión, profundizar en la comprensión del liderazgo ignaciano y acompañar los procesos de formación, incidencia y gestión que, desde las obras e instituciones de la Compañía de Jesús, promovemos como medios al servicio de la misión de justicia y reconciliación. Para ello, brindaremos criterios de discernimiento propios del ejercicio del liderazgo ignaciano que se traducen en indicadores claros que nos permiten evaluar el grado en el que estamos asumiendo la propuesta ignaciana en nuestro modo de proceder y el grado en el que la misión se está concretando en la historia, para tomar las decisiones que nos permitan situarnos y apropiarnos más plenamente de la espiritualidad ignaciana como fuente de inspiración de nuestro quehacer. El proceso de formación en el liderazgo ignaciano está centrado en el ejercicio libre y consciente del proceso de humanización que, inspirado desde la espiritualidad ignaciana encarnada en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, se configura en el proceso de discernimiento ignaciano como el modo nuestro de proceder. Y cuando digo “nuestro” hablo por todas las personas que han acogido la espiritualidad ignaciana como una opción de vida —personas religiosas, laicas y jesuitas—, que integramos la comunidad ignaciana, no solo como colaboradoras en una misión común, sino como compañeras en la misión.

El modo de proceder ignaciano impacta en el modo de situarnos ante las preguntas: ¿quiénes somos y para qué estamos aquí?, ¿cómo y para qué nos vinculamos con las demás personas, la naturaleza y Dios?, ¿cómo y a qué dedicamos nuestra vida? De modo que la identificación y descripción de las cualidades propias del liderazgo ignaciano deberán responder a estas preguntas desde la espiritualidad ignaciana.

La aproximación que el presente documento hace al liderazgo ignaciano vincula la propuesta de las 4 C —que en el 2015 el Secretariado de Educación de la Compañía de Jesús presentó en el documento Excelencia Humana: hombres y mujeres conscientes, competentes, compasivos y comprometidos—, con el paradigma pedagógico ignaciano que encarna el proceso del discernimiento ignaciano.

Las C servirán para integrar y describir cada momento del proceso del paradigma pedagógico ignaciano: situarnos en el contexto y dejarnos afectar por nuestra experiencia (ser una persona compasiva); la recuperación de nuestras experiencias (ser una persona consciente); la acción (ser una persona comprometida y competente) y, por último, la evaluación, en una quinta C: ser persona contemplativa en la acción.

Si bien la contemplación en la acción es un eje transversal de todo el proceso, se concreta en el quinto momento del paradigma pedagógico ignaciano, devolviendo a la evaluación su más pleno sentido como la posibilidad de valorar, sentir y gustar la acción de Dios en la historia y de seguir creciendo en libertad para en todo amar y servir a través del aprendizaje continuo de nuestra acción en el mundo.

Durante el proceso de construcción de esta propuesta sobre el modo de proceder ignaciano, atendimos a la posibilidad de destacar tanto la creatividad como el sentido comunitario, como una sexta y séptima C, respectivamente. Sobre la creatividad, a pesar de ser una condición de posibilidad sine qua non del ejercicio del liderazgo ignaciano,decidimos que permaneciera comprendida dentro de la C de competente. Con respecto al sentido comunitario, igualmente irrenunciable en la caracterización del liderazgo ignaciano, comprendimos que en cuanto a la dimensión humana estará presente en el ejercicio de nosotros mismos como personas a lo largo de todo el proceso. 

En el discurrir de la propuesta de las 5 C será notorio cómo en la descripción de cada C se entrelazan necesariamente las demás. Este hecho revela que es un solo proceso por el cual la persona se integra a sí misma, incorporando y reconciliando el ejercicio de todas sus dimensiones humanas a través de la escucha de sí misma en su vinculación con las demás personas, la naturaleza y Dios.

El discernimiento ignaciano aparecerá necesariamente en cada uno de los momentos, en cada una de las C, porque es el desenvolvimiento de este proceso el que pretendemos aprehender. Si bien muchas veces utilizamos el término “discernimiento ignaciano” para referirnos específicamente a la diferenciación de nuestras mociones en el momento de la recuperación de nuestra experiencia o consciente, lo cierto es que el discernimiento ignaciano, en su sentido amplio, traduce la espiritualidad ignaciana en el modo nuestro de proceder al vivirnos en y desde ella como una opción de vida.

La puesta en práctica del paradigma pedagógico ignaciano ha revelado el peligro de hacer del discernimiento ignaciano un método pedagógico fuera del contexto de la espiritualidad ignaciana. Es vital que quienes participamos en la formación integral ignaciana lo signifiquemos desde la espiritualidad ignaciana. Fuera de este horizonte de sentido pierde su capacidad de inspiración, su capacidad para dejarnos transformar por nuestros más profundos anhelos y de apostar nuestra vida en comunidad en favor de los valores cristianos de justicia y reconciliación. Corre el riesgo de perder la invitación a vivir en la gratuidad y en la abundancia desde el desprendimiento o indiferencia ignaciana, de quedar vacío del sentido pleno de la vida humana y de los valores que la sustentan.

Si bien la espiritualidad ignaciana puede traducirse en un método, en un camino, cada momento del proceso es un medio para poner en juego nuestra persona y permitir que el amor acontezca entre nosotras.

No es un acto del entendimiento aislado, sino nuestra capacidad de sentir y valorar la que entraña el proceso de integración y reconciliación humana. La propuesta —de hacer del discernimiento ignaciano nuestro modo de proceder— nos confronta a revalorar lo que hacemos, cómo y para qué, a insertarnos en un proceso de renovación personal, comunitaria e institucional.

En el deseo de hacer una propuesta de formación integral ignaciana que responda al contexto actual, no podemos perder lo que la espiritualidad ignaciana tiene que ofrecer al mundo. “… únicamente los valores del espíritu nos pueden salvar del terremoto que amenaza a la condición humana”.

Acogiendo los valores de inclusión y respeto a la diversidad y en clave de fidelidad creativa, el documento despliega, consciente e intencionalmente, el proceso del discernimiento ignaciano como un proceso de formación humana que se abre a la vinculación con Dios.

El presente trabajo se inscribe en el proceso continuo de discernimiento de nuestra identidad y misión; recoge algunas fuentes fundacionales y parte de la reflexión que personas laicas, religiosas y jesuitas han llevado a cabo a partir de su experiencia y que alumbran los procesos de formación para el ejercicio del liderazgo ignaciano.

Fuente: Jesuitas Lationamérica

Venezuela: Foro Binacional por una Frontera de Protección y Hospitalidad

En la última semana de julio se realizó en la ciudad de Cúcuta, Departamento del Norte de Santander en Colombia, el Foro Binacional por una Frontera de Protección y Hospitalidad, actividad organizada y promovida por el Servicio Jesuita a Refugiados para Latinoamérica y El Caribe (JRS-LAC) y el Servicio Jesuita a Refugiados Colombia, oficina Norte de Santander y que contó con la colaboración del Servicio Jesuita a Refugiados Venezuela, oficina Táchira.

El Foro Binacional por una Frontera de Protección y Hospitalidad permitió congregar en un mismo espacio a representantes de organizaciones del ámbito humanitario, académico e incluso, mediático en la zona de frontera con el fin de generar oportunidades para el diálogo binacional con actores en distintos espacios, que permitan consolidar en el futuro cercano acciones y propuestas que permitan comprender mejor la compleja dinámica fronteriza, pero a su vez, contribuir con ideas que tengan como norte el respeto a la dignidad humana y la consolidación de una frontera hospitalaria entre ambas naciones. 

Es propicio entonces mencionar que el ciclo de ponencias inició con la participación de Joscelyn Superlano, Coordinadora de la oficina Táchira del JRS Venezuela quien expuso sobre la actual situación de crisis de venezolana en la que se ven afectadas áreas como  la nutrición, la salud, la educación, el agua y saneamiento, la seguridad ciudadana e incluso, la institucionalidad del país, destacando la importancia del rescate de los espacios personales, comunitarios e institucionales para la consolidación de la práctica de valores humanos y el rescate de la esperanza en el seno de la sociedad venezolana. Además de la búsqueda de una mejor acogida la migración venezolana, con estrategias capaces de reafirmar los 4 verbos propuestos por el Papa Francisco para la atención de los migrantes (acoger, promover, proteger e integrar). 

Seguidamente, inició su intervención Oscar Calderón, Coordinador de la oficina Norte de Santander del JRS Colombia con una ponencia centrada en explicar los principales retos y vacíos de protección que enfrenta la población migrante venezolana pero además los ciudadanos colombianos retornados a su país a causa de la situación en Venezuela, aun cuando algunos de estos ciudadanos retornados son víctimas del conflicto armado. Calderón también encuentra en la actualidad dificultades para la efectiva integración local de esta población. En este sentido, realizó una exhortación a los presentes a fin adelantar acciones que permitan la consolidación de una frontera de inclusión y garante de los derechos humanos. 

La actividad prosiguió con la participación de la Dra. Rina Mazuera, docente e investigadora de la UCAT quien realizó la presentación de los resultados obtenidos en el Informe de Movilidad Humana Venezolana II, investigación desarrollada gracias a la labor conjunta de instituciones como la UCAT,  el JRS Venezuela, el Centro Gumilla, la UCAB, la Universidad Simón Bolívar y ODISEF. Entre los resultados más importantes del estudio se encuentran la caracterización de los migrantes venezolanos, siendo que los que en su mayoría emigran son jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y 29 años, con formación universitaria de cinco años o con formación profesional técnica. Los resultados revelan que la mayor aspiración de los migrantes venezolanos es trabajar con el deseo de enviar remesas su país para contribuir con la economía familiar de sus parientes en el territorio nacional, resultando esperanzador que un porcentaje 89,5% del total de encuestados, entre un universo poblacional de 12.957 migrantes, declara su deseo de regresar a Venezuela, una vez la situación de crisis sea superada. 

Posteriormente, Luis Carlos Rodríguez, Responsable de incidencia del JRS LAC realizó su intervención basándose en el reto que representa para Latinoamérica la migración forzada venezolana, llevando a los participantes de la actividad a la reflexión sobre los grandes desafíos que se vienen para la región en cuanto a repensar los roles del Estado frente a las nuevas realidades migratorias y necesidades de protección de los migrantes,  la importancia de la coordinación, el trabajo en equipo y la construcción de redes para dinamizar acciones capaces de mitigar el sufrimiento. Acciones que pasan incluso por reflexionar sobre la importancia de consolidar sociedades cada vez más hospitalarias e incluyentes. 

Seguidamente tuvo lugar la presentación de Fernando Gómez, Coordinador de la Campaña por la Hospitalidad promovida desde la RJM, quien destacó la importancia de la hospitalidad como llave para el proceso de integración y reconciliación de las sociedades, como paso importante para la reconstrucción de la esperanza, permitiendo la interacción entre seres que se reconocen distintos e igualmente dignos.  Para finalizar, Fernando invitó a los presentes a practicar la hospitalidad en acción mediante prácticas como hablar de modo constante en espacios familiares, comunitarios e incluso institucionales de hospitalidad, encuentro y humanidad, además de promover iniciativas en red que conduzcan a la integración social. 

Igualmente, Fernando Gómez estuvo a cargo del cierre simbólico del Foro en el que se solicitó a cada uno de los participantes reencontrarse con otro de sus compañeros y agradecerle por su existencia única y su aporte a lo valioso en el universo como ser humano, luego se solicitó a los participantes formar un círculo y se entregó a cada uno un símbolo de luz  que reflejara la posibilidad de aquellos que acompañan con su trabajo a los migrantes, para que con sus acciones puedan iluminar el camino y bienestar de los migrantes en toda la región y en el mundo. 

Fuente: Servicio Jesuita a Refugiados LAC

Leonardo Boff: «La Amazonía no es ni salvaje, ni pulmón, ni granero del mundo»

El Sínodo pan-amazónico que se celebrará en octubre de este año en Roma demanda un mejor saber sobre el ecosistema amazónico. Hay que deshacer mitos.

Por Leonardo Boff

Primer mito: el indígena como salvaje y genuinamente natural, y por eso en sintonía perfecta con la naturaleza. 

Se regularía por criterios no-culturales sino naturales. Estaría en una especie de siesta biológica ante la naturaleza, en una perfecta adaptación pasiva a los ritmos y a la lógica de la naturaleza. Esta ecologización de los indígenas es fruto del imaginario urbano, fatigado por el exceso de tecnificación y de artificialización de la vida.

Lo que podemos decir es que los indígenas amazónicos son humanos como cualquier otro ser humano y, como tales, están siempre en interacción con el medio. La investigación comprueba cada vez más el juego de interacción entre los indígenas y la naturaleza. Ellos se condicionan mutuamente. Las relaciones no son “naturales” sino culturales, como las nuestras, en un intrincado tejido de reciprocidades. Tal vez los indígenas tienen algo de singular que los distingue del hombre moderno: sienten y ven a la naturaleza como parte de su sociedad y cultura, como prolongación de su cuerpo personal y social. No es, como para los modernos, un objeto mudo y neutro. La naturaleza habla y el indígena entiende su voz y su mensaje. La naturaleza pertenece a la sociedad y la sociedad pertenece a la naturaleza. Están siempre adecuándose mutuamente y en proceso de adaptación recíproca. Por eso están mucho más integrados que nosotros. Tenemos mucho que aprender de la relación que ellos mantienen con la naturaleza.

Los indígenas y la naturaleza están siempre adecuándose mutuamente y en proceso de adaptación recíproca. El entorno no es para ellos un objeto mudo y neutro

Segundo mito: la Amazonía es el pulmón del mundo. 

Los especialistas afirman que la selva amazónica se encuentra en un estado clímax. Es decir, se encuentra en un estado óptimo de vida, en un equilibrio dinámico en el cual todo es aprovechado y por eso todo se equilibra. Así la energía fijada por las plantas mediante las interacciones de la cadena alimentaria conoce un aprovechamiento total. El oxígeno liberado de día por la fotosíntesis de las hojas es consumido de noche por las propias plantas y por los demás organismos vivos. Por eso la Amazonía no es el pulmón del mundo.

Pero funciona como un gran filtro del dióxido de carbono. En el proceso de fotosíntesis se absorbe gran cantidad de carbono. Y el dióxido de carbono es el principal causante del efecto invernadero que calienta la tierra (en los últimos 100 años aumentó un 25%). Si un día la Amazonía fuese totalmente deforestada, serían lanzadas a la atmósfera cerca de 50 mil millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Habría una mortandad en masa de organismos vivos.

Tercer mito: la Amazonía como el granero del mundo. 

Así pensaban los primeros exploradores como von Humboldt y Bonpland y los planificadores brasileños en tiempos de los militares en el poder (1964-1983). No lo es. La investigación ha demostrado que “la selva vive de sí misma” y en gran parte “para sí misma” (cf. Baum, V., Das Ökosystem der tropischen Regeswälder, Giessen 1986, 39). Es lujuriante pero con un suelo pobre en humus. Parece una paradoja. Lo dejó bien claro el gran especialista en Amazonas Harald Sioli: “la selva crece realmente sobre el suelo y no del suelo” (A Amazônia, Vozes 1985, 60). Y lo explica: el suelo es solamente el soporte físico de una trama intrincada de raíces. Las plantas se entrelazan por las raíces y se sostienen mutuamente por la base. Se forma un inmenso balance equilibrado y ritmado. Toda la selva se mueve y danza. Por esto, cuando una es derribada arrastra con ella a otras varias.

La selva conserva su carácter exuberante porque existe una cadena cerrada de nutrientes. Están los materiales en descomposición en el suelo, la capa vegetal de hojas, frutos, pequeñas raíces, excrementos de animales silvestres, enriquecidos por el agua que gotea de las hojas y el agua que escurre de los troncos. No es el suelo lo que nutre los árboles. Son los árboles los que nutren el suelo. Estos dos tipos de agua lavan y arrastran los excrementos de los animales arborícolas y animales de especies mayores como aves, macacos, coatis, perezosos y otros, así como la miríada de insectos que tienen su hábitat en la copa de los árboles. Existe también una enorme cantidad de hongos y un sinnúmero de micro-organismos que juntamente con los nutrientes reabastecen las raíces. Por las raíces, la sustancia alimenticia va a las plantas garantizando la exuberancia extasiante de la Hiléia amazónica. Pero se trata de un sistema cerrado con un equilibrio complejo y frágil. Cualquier pequeño desvío puede acarrear consecuencias desastrosas. El humus no alcanza comúnmente más que 30-40 centímetros de espesor. Con las lluvias torrenciales es arrastrado fuera. En poco tiempo aflora la arena. La Amazonía sin la selva puede transformarse en una inmensa sabana o hasta en un desierto. Por esto la Amazonía jamás podrá ser el granero del mundo, pero seguirá siendo el templo de la mayor biodiversidad.

Constataba el especialista de la Amazonía, Shelton H. Davis, en 1978 y sirve igualmente para 2019: “En este momento se está librando una guerra silenciosa contra pueblos aborígenes, contra campesinos inocentes y contra el ecosistema de selva en la cuenca amazónica” (Víctimas del milagro, Saar 1978, 202). Hasta 1968 la selva estaba prácticamente intacta. Desde entonces, con la introducción de los grandes proyectos de las hidroeléctricas y del agronegocio, y hoy con el anti-ecologismo del gobierno Bolsonaro, continúa la brutalización y la devastación de la Amazonía.

Fuente: Religión Digital

Nuevos paradigmas en la teología: el tema de la colonialidad y la descolonialización

Compartimos el siguiente material, para quienes quieran profundizar en nuevos paradigmas que se proponen para la teología. 

Por Raúl Cervera Milán

En el presente escrito se presentan dos ideas. En primer lugar, se pretende poner a la vista dos o tres aspectos del amplio panorama que ofrecen las teologías de la colonialidad y la descolonialización, como una vertiente de las teologías contextuales. Sin embargo, lo más importante es abrir o continuar la discusión acerca del fenómeno mismo de la colonialidad y las luchas por superarlo, así como la pregunta acerca de si la reflexión teológica debe posicionarse y, en caso afirmativo, cómo hacerlo, frente a dicho fenómeno.

En este contexto, acogiendo las directrices de Veritatis Gaudium (4, c), se pretende también llevar a cabo un experimento de interdisciplinariedad, en este caso, a través de una conversación entre las teorías de la colonialidad y la descolonialidad, por un lado, y la reflexión sistemática creyente, por otro.

El artículo tiene tres partes. En la primera se trazarán algunas pinceladas acerca de varias vertientes de la sociología que se han interesado por los citados fenómenos. En la segunda se enumerarán varias tareas que las teologías de la descolonialización han emprendido en relación con las víctimas de estos procesos históricos. Finalmente, comprometeremos algunos puntos de vista acerca de uno de los caminos que ha emprendido y debe continuar emprendiendo la teología para elaborar una narrativa que responda, relevante y pertinentemente, a estos desafíos de la historia.

Puedes leer el artículo completo en este link

Los jesuitas de Chile tienen nuevo Superior Provincial

La Compañía de Jesús en Chile informa:

El Superior General de la Compañía de Jesús, P. Arturo Sosa SJ, ha designado Superior Provincial de la Compañía de Jesús en Chile al padre Gabriel Roblero Cum SJ (45 años).

El P. Gabriel Roblero nació en Santiago el 7 de diciembre de 1973 y cursó sus estudios básicos y medios en el Colegio San Ignacio El Bosque. Posteriormente, se tituló de Psicólogo en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Ingresó a la Compañía de Jesús el 07 de mayo de 1998, fue ordenado sacerdote el 10 de agosto de 2007 y pronunció sus últimos votos en la Compañía de Jesús el 20 de febrero de 2016.

Realizó sus estudios de Teología en la Pontificia Universidad Católica de Chile y obtuvo el Magister en Teología Espiritual en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). También realizó un postgrado en Psicoterapia Psicoanalítica en la misma universidad española.

En la Compañía de Jesús en Chile ha desarrollado diversos ministerios, entre los cuales cabe destacar, asesor de las Comunidades de Vida Cristiana de Jóvenes de Santiago (CVX), capellán del Colegio San Mateo de Osorno y superior y maestro de Novicios en Valparaíso.

El nuevo Provincial asumirá sus funciones el 2 de septiembre próximo.

Santiago, 9 de agosto de 2019

Fuente: Jesuitas Chile