Nuevo Delegado para la Misión de la CPAL

Roberto Jaramillo SJ comunica a toda la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) que el P, Mario Serrano Marte SJ será el Nuevo Delegado para la misión, en reemplazo del Padre Rafael Moreno SJ.

P. Roberto Jaramillo, S.J., Presidente de la CPAL

Recibimos con alegría en el Equipo Central de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) al P. Mario Serrano Marte (ANT) popularmente conocido como “moreno” (nadie sabe ¿por qué?) como nuevo Delegado para la Misión, atendiendo las redes socio pastorales de la CPAL.

Le damos la más calurosa bienvenida a Lima, contentos de tenerle entre nosotros y de poder contar a nivel latinoamericano con su experiencia y su creatividad.

Mario fue hasta el fin del año pasado, delegado del apostolado social en la provincia de las Antillas y director del Centro Bonó en Santo Domingo (RD), que ahora – unido a otras instituciones del apostolado social- se llama: Centro Juan Montalvo.

Como delegado para la misión encargado de las redes socio pastorales está ahora encargado de colaborar especialmente en la Red de Centros Sociales, la Red Comparte, la Red Jesuitas con Migrantes (SJM + SJR), la Red de parroquias jesuitas (RELAPAJ) y la red de Radios Jesuitas.

Mario toma el lugar de nuestro querido P. Rafael Moreno Villa quien, regresó hoy, día 15 de marzo, a su México ‘lindo y querido’ para continuar su misión encargado de animar el Nodo CA-NA de la Red Jesuita con Migrantes (CA-NA: Centro América – Norte América).

A nuestro querido amigo y compañero Rafa un grande abrazo (ya con ‘saudades’), nuestra inmensa gratitud por el esfuerzo y trabajo y dedicación de estos dos años pasados en Lima, y nuestros mejores deseos y oraciones para que el Señor siga siendo una bendición a través suyo para muchas personas en CA-NA, como lo fue para nosotros.

Fuente: Jesuitas Latinoamérica

Discernimiento Espiritual Comunitario Parte V: Otros requisitos

El discernimiento comunitario es un tema que resonó con fuerza durante la última Congregación General (la 36°). Desde entonces, los jesuitas de todo el mundo han intentado profundizar en el sentido y la experiencia del discernimiento comunitario. Compartimos aquí la primera parte de un artículo publicado por la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) sobre el tema.

 Por Hermann Rodríguez SJ 

Es importante que se tenga claro, desde el comienzo, a qué tipo de reunión se va, si se trata de una comunicación mutua para crear las condiciones necesarias para la búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios, o si es una consulta o un proceso de discernimiento en común. Esta condición coincidiría con la actitud que recomienda san Ignacio en la segunda adición de la segunda semana de EE (Cfr. EE 74) y que recoge también en la tercera semana (Cfr. EE 206) y en la primera manera de orar:

“antes de entrar en la oración repose un poco el spíritu asentándose o paseándose, como mejor le parescerá, considerando a dónde voy y a qué; y esta misma adición se hará al principio de todos modos de orar” (EE 239).

En esta misma línea, no sólo hay que tener claro con anterioridad el tipo de reunión, a dónde se va, sino también es importante fijar muy bien el tema y los límites, más o menos amplios de la búsqueda comunitaria, y a qué. Todos los participantes deben contar además con información suficiente sobre el asunto que se va a tratar. Esto supone que antes de la reunión, o durante el mismo proceso, se debe hacer un análisis cuidadoso de la situación que se está estudiando, teniendo en cuenta todos los factores que influyen en ella. Con personas no informadas, es imposible hacer discernimiento.

Por otra parte, es importante que el tema o el problema sobre el cual se quiere discernir comunitariamente se haya podido formular muy bien en una pregunta. Ésta debe ser precisa, no amplia, ni vaga. En muchos casos se puede tratar de una disyuntiva simple: o esto, o aquello. Es normal que una pregunta lleve a otra, pero habrá que tratarlas en orden, e irlas respondiendo una a una, dentro del proceso de búsqueda.

Debe ser una pregunta que todos entiendan; habrá que asegurarse que todos la han entendido efectivamente y no suponerlo, pues muchas veces se entienden distintas cosas con las mismas palabras; esto no sólo ayudará a concretar la pregunta sino también a motivar el interés de todos.

Por último, la pregunta debe ser propia de un discernimiento espiritual, es decir, que no sea sobre temas o problemas ya definidos y que no son competencia de una comunidad determinada, como sería el caso de una pregunta sobre la conveniencia de cambiar algo sustantivo del Instituto, del ámbito teológico, o de la disciplina religiosa propia de una Orden. Lo que se pregunta debe estar dentro de los límites de la competencia del Superior competente, que puede ser un sujeto particular o un sujeto colectivo que puede llegar a una decisión final a través de una mayoría derminada por la misma comunidad al comenzar el proceso. También, deben excluirse discusiones de orden puramente ideológico.

Otra condición fundamental en este proceso de discernimiento comunitario es el tiempo. Hay que dar tiempo para que cada participante pueda completar sus informaciones debidamente, y para orar y encomendar ante Dios, en su oración, el problema que se está discerniendo. A veces, el tiempo debe ser indefinido, en la medida en que la comunidad sabe cuándo comienza, pero no cuándo va a estar maduro el proceso para que el superior competente tome la decisión. Este factor tiene relación con lo que san Ignacio señala en la anotación 4ª. sobre el tiempo que toman cada una de las cuatro semanas de los EE:

«Porque como acaece que en la primera semana unos son más tardos para hallar lo que buscan, es a saber, contrición, dolor, lágrimas por sus pecados; asimismo como unos sean más diligentes que otros, y más agitados o probados de diversos espíritus; requiérese algunas veces acortar la semana, y otras veces alargarla, y así en todas las otras semanas siguientes, buscando las cosas según la materia subiecta” (EE 4).

Este criterio debe guiar también la búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios en el discernimiento espiritual comunitario; no hay tiempos fijos y predeterminados para alcanzar una gracia; hay que estar abiertos y trabajar diligentemente, pero saber esperar el don que sólo Dios puede ofrecer. También se habla de distintos tiempos en las anotaciones 19 y 20 (EE 19 y 20). Estas anotaciones, traducidas al proceso comunitario, sugieren formas distintas de trabajar, ya sea con una dedicación plena, al que es más desembarazado y que en todo lo possible desea aprovechar… (EE 20), en medio de la vida ordinaria, al que estuviere embarazado en cosas públicas o negocios… (EE 19) o en etapas sucesivas de momentos intensos.

Dentro de la lista de condiciones habrá que añadir también la presencia del superior competente y de alguien que conduzca el proceso en calidad de animador espiritual, permitiendo que cada uno haga sus aportaciones con respeto y dando el verdadero sentido espiritual a la reunión. Esta segunda función podrá ser cumplida por el superior, pero no necesariamente se deben identificar estos servicios. Dentro de las funciones propias del superior, estará el tomar la decisión final, una vez la comunidad haya vivido el proceso de búsqueda comunitaria. También ayudará a crecer en comunicación, creando el ambiente comunitario propicio para la sinceridad y la fraternidad necesaria, que ya hemos señalado más arriba. Unido a lo anterior, es función propia del superior mantener la comunión entre los miembros de toda la comunidad, de éstos con las otras comunidades de la Compañía y con la Iglesia en general.

Sobre las funciones del animador espiritual podríamos señalar, en primer lugar, el observar el proceso espiritual de la comunidad y el de cada uno de los miembros, en la medida en que influyen en el de la comunidad. Ayudará también a clarificar dicho proceso en los momentos de confusión y oscuridad, o en los momentos de euforia y consolación. Para esto puede comentar, en un momento determinado, las reglas de discernimiento ignacianas, de acuerdo a la situación que vive el grupo.

Aquí también se establece un paralelo claro entre el proceso de discernimiento comunitario y los EE. No se puede hacer discernimiento espiritual, ya sea personal o comunitario, sin la confrontación y el acompañamiento de alguien versado en las cosas del Espíritu, que sirva de referencia a la persona o a la comunidad que se empeña en esta clase de ejercicios espirituales. Por ejemplo, si no aparecen diversas mociones, el animador deberá preguntar a la comunidad sobre los ejercicios personales y grupales que están haciendo (Cfr. EE 6); si la comunidad está desolada o tentada o viviendo un momento de mucha consolación, el animador orientará el camino para continuar la búsqueda (Cfr. EE 7, 12, 13 y 14); el animador ayudará a diagnosticar el momento espiritual que vive la comunidad y le ofrecerá la ayuda que necesite (Cfr. EE 9 y 10); en los momentos en los que la comunidad se va acercando a una toma de posición, el animador, o acompañante espiritual del proceso de discernimiento espiritual comunitario, no debe mover a la comunidad hacia ninguna de las opciones, ni inclinarse con su opinión hacia un lado u otro, “mas estando en medio como un peso, dexe inmediate obrar al Criador con la criatura y a la criatura con su Criador y Señor” (EE 15).

El animador espiritual debe pedir a todos los miembros de la comunidad que manifiesten con libertad y claridad, ante los demás, las “varias agitaciones y pensamientos que los varios spíritus” (EE 17) les traen; este será el material más importante de la búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios. Pero hay que tener muy presente, también, que el animador no debe “pedir ni saber los propios pensamientos ni pecados” (Ibíd.) de cada uno, ni puede pedir que se manifiesten en el seno de la comunidad. En otros términos, la expresión de la interioridad de cada uno de los participantes no es necesaria para el discernimiento comunitario, ni mucho menos la manifestación del pecado personal.

 Fuente: Jesuitas Latinoamérica 

Discernimiento Espiritual Comunitario Parte IV: Condiciones comunitarias

El discernimiento comunitario es un tema que resonó con fuerza durante la última Congregación General (la 36°). Desde entonces, los jesuitas de todo el mundo han intentado profundizar en el sentido y la experiencia del discernimiento comunitario. Compartimos aquí la primera parte de un artículo publicado por la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) sobre el tema. 

Por: P. Hermann Rodríguez S.J.

Generalmente, las comunidades que se proponen hacer un discernimiento comunitario se interesan por las condiciones que hacen posible este ejercicio espiritual. Se busca aclarar primero la posibilidad teórica de esta práctica y los pasos concretos de un método lo más claro y definido posible. Sin embargo, la mayor dificultad no está en los aspectos teóricos, ni aún en los aspectos prácticos, estrictamente hablando; el mayor problema está en las deficiencias de la vida de comunidad. El estilo de vida de las comunidades debe favorecer la comunicación y la creación de un sujeto comunitario. Es en esta dinámica, capaz de crear un nosotros, y no en la simple yuxtaposición de los miembros, donde se debe buscar la voluntad de Dios.

Esta construcción del sujeto comunitario, ocupa el primer lugar en el camino del discernimiento compartido; se trata de crear una auténtica comunión entre los miembros del grupo; comunión que supone, tanto el momento de la unidad alrededor de un mismo objetivo o fin, como el momento del reconocimiento de las diferencias:

“La Comunidad que desea discernir debe estar unida de antemano por una vocación común, y tener la convicción de que todos los miembros adhieren a la línea de pensamiento o acción desde la que se desea iniciar el discernimiento. Este acuerdo no implica presuponer al inicio cuál será el resultado final del proceso. Sino que las diversas tensiones que operan dentro de la comunidad  pueden resolverse mediante una solución en la que convergen el dinamismo religioso y la creatividad apostólica. El acuerdo básico (del que no hay que apresurarse a creer que ha sido alcanzado) presupone que el objeto de discernimiento ha sido elegido, que la comunidad está determinada a abrirse a lo que sea que Dios quiera comunicar, directamente o a través de otros, es decir, deseando aceptar cualquier cosa manifestada en sí misma dentro de la comunidad y por la  comunidad como algo que viene del Señor.”

No podemos suponer, demasiado pronto, la existencia de esta condición previa en una comunidad. Añade aquí Dumeige algunas señales que permiten reconocer esta comunión básica: cuando el objeto del discernimiento ha sido ya escogido; cuando la comunidad está dispuesta a abrirse a lo que Dios quiera manifestarles directamente, o a través de los demás miembros, y a reconocer en ello la voluntad del Señor. Otros comentaristas del discernimiento comunitario también insisten en esta condición inicial[21]. Este principio cumple, en el discernimiento espiritual comunitario, la función que cumple el Principio y Fundamento en los EE. Es el centro desde el cual brota la vida y el sentido de toda la búsqueda de la voluntad de Dios. Si este principio no está bien colocado y definido, será imposible intentar una búsqueda común de la voluntad de Dios.

La experiencia de comunión alrededor del fin último que orienta la búsqueda de la comunidad, deberá crear condiciones de comunicación suficientes para iniciar el proceso. Se requiere un clima de confianza recíproca que, evidentemente, no se puede improvisar ni mucho menos imponer. Este clima de comunicación mutua está hecho de factores imponderables, de disposiciones de ánimo y de buena voluntad:

“El clima ideal para el Discernimiento en común es el de la amistad sincera, y tal amistad tampoco puede alcanzarse de la noche a la mañana. El recreo en común, en el caso de las comunidades religiosas, la participación en los descansos extraordinarios, la asistencia a ciertos actos de comunidad no obligatorios, la renuncia parcial a los propios planes, el sacrificio del tiempo programado individualmente, en una palabra todo lo que signifique preferir las personas a las obras, los intereses comunitarios a los particulares, forma parte de las precondiciones del Discernimiento en común».

Estas disposiciones son formas exquisitas de caridad que no siempre encuentran una expresión verbal, pero que sí se perciben en el ambiente y son capaces de crear las condiciones necesarias de una comunicación profunda entre los miembros de una comunidad. El silencio y la palabra son dos elementos indispensables en el proceso de la comunicación:

“En el interior del diálogo el hecho de callarse es tan significativo como el hecho de hablar. Por esta causa los evangelios señalan con toda claridad la diferencia entre el silencio que está siempre lleno de sentido y el mutismo –es decir, el hecho de ser mudo– que carece de todo significado».

De este modo, es fundamental tener en cuenta, en el diálogo y la comunicación al interior de una comunidad, no sólo las palabras y opiniones que se expresan verbalmente, sino también los silencios que son, a su manera, una palabra que hay que saber escuchar e interpretar.

Como lo habíamos mencionado más arriba, la comunión supone, también, el momento del reconocimiento de las diferencias existentes entre los miembros de la comunidad. Querer borrar la tensión que existe entre lo diferente es querer matar a la misma comunidad. Esta tensión, evidentemente, en niveles soportables, es la que mantiene vivo el cuerpo y le permite buscar una solución a sus problemas. La psicología reconoce que es precisamente la angustia del enfermo la que le puede llevar a su curación. Esto es, precisamente, lo que hace el discernimiento espiritual comunitario: no deja a la comunidad en la quietud y en el letargo estéril, sino que la mueve, la angustia, la inquieta por dentro, y la dispone en una actitud de búsqueda para que encuentre salidas a sus problemas y pueda crecer.

En este sentido, cada uno de los miembros del grupo debe sentirse reconocido en su vocación particular. Sólo así, la decisión final incluirá a todos y cada uno de los miembros, creando una comunión que no pasa por encima de la vocación de ninguno:

«(…) hay que cerciorarse de que se dan las condiciones necesarias para que sea reconocida por el grupo la vocación de cada uno. Cada uno es llamado por su nombre, según lo que él es y según la gracia que se le da, a participar en la realización de ese plan universal de Dios. Así pues, aunque se trata de tomar una decisión comunitaria, tal decisión en ningún caso deberá ir contra la vocación personal de cada uno. ¿Qué se debe hacer para que cada uno se reconozca a sí mismo en la decisión común? Hay una respuesta teórica a esta pregunta: que desde el comienzo mismo se reconozca a cada cual por lo que es en la comunidad y que la comunidad se considere responsable de cada uno de sus miembros».

Lo que Dhôtel llama decisión comunitaria, no debe entenderse en principio, como un acuerdo al que se llega finalmente por mayoría de votos. El discernimiento espiritual comunitario, lo hemos repetido suficientemente, no desconoce el papel del Superior competente que debe tomar la última decisión, sí teniendo en cuenta el camino recorrido, pero con la independencia y responsabilidad propia de su servicio de autoridad. De modo que la aceptación, desde un comienzo, de esta forma concreta de llegar a la definición del discernimiento en común, deberá hacer parte de las condiciones que requiere la comunidad que se ejercita en la búsqueda de la voluntad de Dios. La comunidad debe dar un cheque en blanco al Espíritu Santo antes de comenzar el discernimiento y confiar en la honestidad del que desempeña el servicio de la autoridad, comprometiéndose de antemano con cualquier cosa que llegue a decidirse.

Resumiendo las condiciones comunitarias, podíamos decir que tendría que haber unidad en el fin y diversidad en los medios; unidad en lo que el grupo busca en último término y diversidad en los medios que consideran los que más y mejor los van conduciendo a alcanzar ese fin. Sin lo primero, se haría imposible un camino de comunicación y de acuerdo en los términos; sin lo segundo, no habría, propiamente hablando, necesidad de un discernimiento, pues habría consenso en la forma de solucionar un problema o una pregunta dada.

 Fuente: Jesuitas Latinoamérica 

El P. General lanza un desafío a los Antiguos Alumnos de los colegios jesuitas

El Padre Arturo Sosa SJ se reunió con un grupo de exalumnos jesuitas en Bandra, India. Compartimos aquí el discurso completo que dirigió a los presentes. 

Es para mí una gran alegría estar aquí y poder compartir con ustedes ideas y reflexiones. Su presencia aquí esta tarde es un signo del afecto que conservan hacia las instituciones de la Compañía en las que estudiaron. Significa también que siguen manteniendo los valores e ideales que absorbieron durante sus años de colegio y universidad. Les agradezco mucho el tiempo que han dedicado y el esfuerzo que supone haber pospuesto muchos de sus compromisos de trabajo y familia para estar aquí.Las palabras que voy a dirigirles se dividirán básicamente en tres partes. La primera se ocupará de la misión de la Compañía de Jesús en el contexto actual. La segunda tratará sobre cómo hacer posible que Antiguos Alumnos y jesuitas participen unidos en la tarea de llevar adelante esta misión. Y, finalmente, haré algunas observaciones acerca del papel de las asociaciones de Antiguos Alumnos.A. La Misión de la Compañía de Jesús hoy.Antes de hablar de la misión en concreto, es necesario situarla en su contexto. En otras palabras, es necesario detenerse en la situación de nuestro mundo actual. Sin hacer una detenida elaboración, hago mención de los principales temas que nos salen al paso hoy día.

  1. Pobreza y desigualdad: Los avances tecnológicos han dado como resultado una explosión de bienes materiales y una gran variedad de servicios. Todos ellos, sin embargo, muy lejos del alcance de los pobres, millones de los cuales han de luchar a diario para sobrevivir.
  2. Masivos desplazamientos de población: Pobreza, conflictos violentos y desastres naturales obligan a un gran número de personas a huir de sus hogares para emprender una vida nueva en otra parte. Estos migrantes y refugiados tienen que hacer frente a enormes desafíos en su peregrinaje. No podemos permanecer indiferentes ante su difícil situación.
  3. La crisis ecológica: El uso derrochador que hacemos de los recursos materiales ha originado una rápida degradación del medio ambiente natural. Los pobres y marginados son los más afectados por esta crisis. Estamos llamados a escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres y hacer todo lo que esté en nuestra mano para cuidar nuestro hogar común.
  4. El ascenso de la derecha y el fundamentalismo: La identidad religiosa y la identidad nacional se están convirtiendo en instrumentos en manos extremistas. Estos grupos fundamentalistas están suscitando una sensación de miedo e inseguridad, con el resultado de que las minorías suelen ser víctimas de violencia y de políticas de exclusión.
  5. La realidad virtual: La tecnología de la información ha cambiado el mundo de arriba abajo y hoy día lleva las riendas de nuestras vidas. No podemos negar que nos ha aportado grandes beneficios. Nos preocupa, sin embargo, que esta nueva forma de vida afecta a nuestra forma de relacionarnos. Resulta paradójico que los nuevos medios de comunicación hayan reducido nuestra capacidad de comunicarnos cara a cara.

Esta enumeración no es exhaustiva, pero quiere poner de relieve las principales cuestiones que conforman la realidad que nos rodea. En este contexto vive la Compañía de Jesús, discerniendo su misión y los medios para llevarla adelante.Con humildad y sinceridad, la Compañía de Jesús ve su propia misión como parte de la más amplia misión de Dios. Esta misión invita a hombres y mujeres a unirse a Dios y crear con Él un mundo de justicia, de amor y de paz. Nuestra misión sigue siendo esencialmente la misma, pero ha de ser abordada desde diferentes ángulos dependiendo de las circunstancias concretas. A la luz de la realidad de hoy, la Compañía de Jesús ha discernido que Dios nos llama a una Misión de Reconciliación y Justicia. Esta misión contiene en sí tres dimensiones fundamentales: Reconciliación con Dios, con la humanidad y con la creación. Las tres están interconectadas y son inseparables.

La fe y la experiencia nos dicen que la fuente de nuestra vida es Dios. Sólo en unión con el Todopoderoso podemos experimentar la plenitud de la vida y entender mejor cuál es nuestra finalidad en la Tierra. Hoy, más que nunca, los seres humanos necesitamos desbloquear el potencial liberador que se esconde en el núcleo de la espiritualidad y de las tradiciones religiosas. Los jesuitas y las instituciones de la Compañía de Jesús ofrecen a todos, hombres y mujeres, como poderoso medio de ayuda para alcanzar un encuentro personal con Dios, la espiritualidad ignaciana.El inmenso sufrimiento y la injusticia de nuestro mundo son escandalosos, se oponen al plan de Dios y ofenden al concepto mismo de dignidad humana. Las instituciones de la Compañía están empeñadas en formar ‘hombres y mujeres para los demás’ – la frase entrañable que P. Pedro Arrupe llevaba en el corazón. Nos esforzamos por levantar unas estructuras de apoyo, que ayuden a las comunidades marginadas a alcanzar un nivel de vida razonable. Al mismo tiempo, pretendemos formar la conciencia personal, promoviendo una cultura de la fraternidad y la aceptación.

La reconciliación con la creación se ha convertido en una nueva urgencia de nuestro tiempo. Es algo que requiere un enfoque plural capaz de cuestionar los modelos de desarrollo al uso y favorecer un mayor respeto por la creación de Dios. A nivel más amplio queremos unir nuestras fuerzas a las de expertos en la tarea de detectar cuáles son las raíces y cuáles las soluciones a la crisis ecológica. Y no podemos obviar la necesidad de revisar nuestros propios patrones de consumo para adoptar un estilo de vida que refleje nuestro ideal.

B. El compromiso de los Antiguos Alumnos con la Misión.La Compañía de Jesús es uno de los muchos grupos que se comprometen con la misión de Dios. Vemos complacidos cómo nuestros Antiguos Alumnos pasan a formar parte de este compromiso común. Voy a referirme brevemente al modo como los Antiguos Alumnos pueden contribuir a la misión común.

Implicándose de instituciones de la Compañía: Ésta es una de las formas en que muchos de ustedes expresan en concreto su compromiso personal. Varios de ustedes se han esforzado en mejorar las instalaciones de su Alma Mater, mientras que la contribución de otros ha consistido en ofrecer muy necesarios servicios profesionales. Me dicen que algunos de ustedes se acercan a prestar ayuda en algunas de las obras que lleva la Compañía en áreas rurales. Un ejemplo es la asociación de Antiguos Alumnos de Loyola, Goa, que se ha puesto en contacto con nuestra escuela de Manmad. La Asociación Stanislaus ha participado en diversos proyectos en Talasari y Uplat. Les estoy muy agradecido por su generosidad.

Tomando parte en servicios de diversa índole: Las instituciones de la Compañía no son el único lugar en que se expresa el compromiso con la misión. Muchos ex-alumnos están involucrados en distintas organizaciones religiosas y seculares al servicio de los pobres. Sería egoísta por nuestra parte pedir a ninguno que abandonase estos compromisos adquiridos para ayudar en instituciones nuestras. Nos alegra mucho ver que la concepción de la vida y los valores recibidos de sus maestros y guías espirituales son ya parte integral de sus vidas.

El testimonio de la vida cotidiana: Aprecio la generosidad de todos al ponerse al servicio de estas causas, pero eso no me impide ser consciente de que la mayor parte de su vida está dedicada a su carrera profesional y a sus compromisos familiares. Entre los aquí presentes esta noche, habrá abogados, ingenieros, médicos, químicos, banqueros, etc. Su apretada agenda les dejará muy poco tiempo para participar en tareas de servicio social. No olviden que su principal campo de misión es su lugar de trabajo y su hogar, en el trato con sus compañeros de trabajo, en la atención a los clientes u ocupándose de sus hijos. En todas estas ocasiones logren que todo lo que hagan y decidan tenga como norma una gran competencia profesional y los valores humanos más hondos. Ese debe ser su modo de participar activamente en la misión de Dios, dando testimonio con sus palabras y sus obras.

Vida política y civil: Actualmente vivimos una crisis de liderazgo en la esfera pública. Los líderes políticos nos han llenado de promesas vacías y a menudo nos hacen lamentar la carencia de un buen gobierno. Tal vez en esto la culpa sea también nuestra, y nuestras lamentaciones desde la barrera no ayudan a mejorar la situación. Es imperiosamente necesario que hombres y mujeres íntegros, renunciando a sus carreras personales, se entreguen al servicio público. Sí, vería con agrado que muchos más de ustedes asumiesen el reto de ofrecerse como líderes en el terreno administrativo o político, en Mumbai, Maharashtra o en la India.

C. El papel de las asociaciones de Antiguos AlumnosHasta aquí he intentado describir nuestra misión compartida y algunas formas en que los Antiguos Alumnos de la Compañía se comprometen con ella. Las asociaciones de Antiguos Alumnos pueden desempeñar un papel clave para hacer más hondo y amplio este compromiso. Para que esto suceda, las asociaciones de Antiguos Alumnos deben tratar de hacer lo siguiente:

Convertirse en una oportunidad para que surjan lazos afectivos: Da la impresión de que la mayoría de asociaciones lo están haciendo bien. En sus reuniones regulares muchos ex-alumnos logran reanudar viejas amistades que nacieron en las aulas y sacando del olvido hermosos recuerdos de sus días de estudiantes. Esto es ya valioso en sí mismo, pero creo que a éste se unen otros frutos. Al renovar viejas amistades se está logrando afianzar los vínculos con la institución. Al recordar “viejos tiempos”, un ex-alumno logra conectar de nuevo con los valores que un día se le transmitieron. Recuerda el papel inspirador de algunos profesores en su vida y moviliza su interior para ser fuente de inspiración para otros.

Proporcionar una plataforma para el discernimiento y la planificación: Por muy valioso que sea lo expuesto hasta aquí, espero que nuestras asociaciones den aún otro paso adelante, transmitiendo a la misión un tono de reflexión y planificación. Nuestras Asociaciones pueden ofrecer a los ex-alumnos la oportunidad de reunirse para hablar de la misión personal de cada uno. Esto, hecho con espíritu de ayuda y de mutua confianza, permite a comprender mejor la propia misión en la vida diaria. Compartir hace posible que se abran posibilidades a la colaboración. Estos intercambios consiguen que los que participan se hagan más conscientes del gran depósito de experiencia que poseen entre todos, y les capacitan para canalizar mejor su servicio de ayuda a la institución o de apoyo al buen trabajo de algún antiguo compañero de estudios. Estas reuniones pueden servir también para planificar actividades conjuntas, para evaluar proyectos en curso de realización y para definir unas estrategias que permitan mayor participación en la sociedad.

Establecer un foro de formación permanente: al tratar de la misión, casi siempre nos centramos en cuál puede ser el servicio que los ex-alumnos pueden prestar para pagar, por así decir, la deuda que contrajeron con la institución. Con esto se debe continuar, por supuesto, pero no como si se tratase de una relación unilateral. Yo insto a nuestras asociaciones de Antiguos Alumnos a que reflexionen sobre cuál sería el modo como la Compañía de Jesús puede continuar prestándoles un servicio, especialmente en lo que atañe a su formación permanente. El tesoro de la espiritualidad ignaciana puede servir de gran ayuda para navegar por los complejos caminos de la vida adulta. Las asociaciones de Antiguos Alumnos podrían organizar sesiones en las que algún jesuita pusiese a su disposición algunas herramientas capaces de cambiar su vida. Por ejemplo el Discernimiento, la Conversación Espiritual o el Examen de Conciencia. Llegar a familiarizarse con estas prácticas espirituales sería, no me cabe duda, de incalculable valor para su vida personal y profesional.

ConclusiónTeniendo en cuenta la gran importancia de las asociaciones de Antiguos Alumnos, les animo a que sigan haciendo todo lo posible para promocionarlas. No duden en invitar a un número creciente de compañeros de clase a formar parte de ellas. Todos pueden convertirse en embajadores cualificados de su Alma Mater localizando antiguos compañeros y haciendo que se pongan en contacto de nuevo con la institución. Otra forma de hacerse más fuertes es el trabajo en red entre las distintas asociaciones. Me alegra saber que son ustedes miembros activos de las Jesuit Alumni Associations of India (JAAI) y de la WUJA, al ser Mr. John Nellankavil miembro directivo de la WUJA. Me complace también conocer los pasos que se dan para estrechar la vinculación con las asociaciones de la Zona Oeste. Sigan avanzando en esta dirección. Unido a esto podrían hacer algunos esfuerzos para promover las asociaciones de Antiguos Alumnos en las escuelas rurales. Celebro que algunos de ustedes hayan visitado Talasari y Manmad para alentar el proceso de creación de asociaciones de Antiguos Alumnos en esas localidades. Pido finalmente que al menos un jesuita participe activamente en cada asociación, y que preste especial atención, entre otras cosas, a la formación permanente.Doy las gracias e manera muy especial a los organizadores del acto de esta tarde. Sé bien cuánto tiempo y cuánto trabajo han dedicado para poner en pie un programa de esta envergadura. Y a todos los aquí presentes… gracias por estar aquí, gracias por el servicio que nos brindan y gracias por el gran cariño que nos demuestran. Que todos sigamos trabajando juntos por la mayor gloria de Dios.

Fuente: sj.curia

Materiales Didácticos para colaborar con la Campaña de Hospitalidad

La Red Jesuita con Migrantes ha diseñado una campaña ‘Por la Hospitalidad’ que se viene difundiendo a lo largo de América Latina y el Caribe los dos últimos años.

Ahora, la campaña de hospitalidad de la Conferencia Latinoamericana de Provinciales apuesta por los centros educativos, los colegios, los grupos juveniles, parroquiales y/o de animación social, etc. como lugares privilegiados para construir un cambio de actitudes que lleve al compromiso con las personas migrantes, refugiadas y desplazadas y a practicar la hospitalidad.

Descripción de nuestra propuesta de colaboración

El material didáctico que se ofrece ahora forma parte de la Campaña por la Hospitalidad de la Red Jesuita con Migrantes de Latinoamérica y el Caribe (RJM LAC) y de las organizaciones que la co-patrocinan. El objetivo de la campaña es que las niñas y los niños, las y los adolescentes, las y los jóvenes: reconozcan la realidad de las personas en situación de migración forzada, refugio y desplazamiento; descubran la riqueza que supone la diversidad cultural y la interculturalidad; se comprometan a acoger y respetar a todas las personas; defiendan la dignidad y los derechos de las personas extranjeras y en situación de migración forzada, refugio o desplazamiento.

Necesidades, apoyo o solicitud

Se ofrecen dos guías de actividades y una guía metodológica para educadores:

La CPAL habla sobre la Crisis en Venezuela

A fin de reflexionar sobre la crisis política y social de Venezuela, la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) organizó el ‘Seminario internacional búsqueda de alternativas políticas a la crisis venezolana’, reuniendo a más de 50 especialistas de Venezuela y otros países de América Latina y Estados Unidos, del 4 al 7 de marzo en Lima (Perú).

 Así lo han dado a conocer los jesuitas en su portal y señalaron que con este seminario hacen un pronunciamiento en cuanto a las implicaciones sociales y políticas, tanto dentro como fuera de Venezuela, además de las acciones a tener en cuenta ante la complejidad de escenarios posibles.

 En la organización de este evento también han participado la Universidad Antonio Ruiz de Montoya de Lima (UARM), la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (UCAB) y la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL).

 Testigos del éxodo venezolano

Roberto Jaramillo, presidente de la CPAL, ha informado que “esta iniciativa se gestó en abril de 2018 en el marco de otras medidas tomadas para ayudar a los jesuitas en su misión en ese país, y reforzar la solidaridad y acción en favor de las centenas de miles de migrantes venezolanos repartidos por América Latina y el Caribe”.

 “Todos somos testigos del éxodo de personas necesitadas de protección internacional. La crisis se ha agudizado en estos dos últimos meses, y ahora más que nunca necesitamos tener claridad sobre los escenarios posibles y las respuestas que debemos tener preparadas”, ha dicho el sacerdote.

 Claridad ante la gravedad de la crisis

Asimismo para el presidente de la CPAL los prejuicios ideológicos y la desinformación sobre la situación real han impedido “hacernos una idea cabal de la gravedad de la crisis interna, y la generación de la solidaridad correspondiente”.

 Igualmente el religioso asegura que “es de vital importancia tener más claridad sobre la situación y las perspectivas de evolución de esta grave crisis, para poder definir acciones que favorezcan una solución política, contribuir a aliviar el sufrimiento del pueblo venezolano”, para ello ha pedido “promover la hospitalidad internacional; todo eso en el marco del respeto de los derechos humanos y del principio de autodeterminación de los pueblos”.

 A esta convocatoria acuden 52 personas en calidad de invitados, entre ellos 20 jesuitas. Se cuenta también con la participación de estudiosos y actores sociales de Chile, Brasil, Honduras, Nicaragua, El Salvador, México, Colombia, República Dominicana, Cuba, Ecuador, Perú, Estados Unidos, Italia y, por supuesto, de Venezuela.

“Las conclusiones serán ampliamente divulgadas”

“Las conclusiones del seminario serán ampliamente divulgadas”, han informado sus organizadores, para lo cual el 7 de marzo se tiene prevista una rueda de prensa con algunas de las autoridades jesuitas convocantes del encuentro, como el presidente de la CPAL, el Provincial de Venezuela, Rafael Garrido, y el rector de la Universidad Andrés Bello de Caracas, José Virtuoso, acompañados por otros de sus colegas sacerdotes jesuitas.

 Finalmente junto con la rueda de prensa comunicarán su visión sobre la coyuntura actual en Venezuela y los escenarios posibles, y las implicaciones para la Misión de la Compañía de Jesús en este momento de su historia.

Por Vida Nueva Digital

Rodrigo Castells SJ sobre la Preferencia Apostólica Universal nº 4

Cuarta Preferencia Apostólica Universal: Colaborar en el cuidado de la Casa Común.

El Hno Rodrigo Castells SJ vive y trabaja en San José del Boquerón, en Santiago del Estero (Argentina). Allí, su trabajo no se limita a lo pastoral, sino que se encarga de acompañar a la comunidad en su vida cotidiana y en las luchas que ella implican. En esta zona del Monte Santiagueño ha habido y sigue habiendo grandes conflictos por la explotación y apropiación de la tierra; factores que no sólo afectan el ecosistema del lugar, sino también a aquellos que, históricamente, viven en y de él.

Por Rodrigo Castells SJ 

Recibí las nuevas Preferencias Apostólicas Universales (PAU) de la Compañía con gran alegría, sabiendo que son temas en los que se juega la vida de la humanidad. Sentí, en esta formulación, la urgencia de compartir y construir comunidad con otros, ampliando las fronteras eclesiales, considerando el cuerpo de Cristo como la Creación toda, como esa comunidad de la que todos participamos y a la que todos podemos aportar.

Me hace pensar en la unidad de origen y destino de la humanidad, que ya está redimida en la Resurrección, haciendo concreto y real el cuerpo de Cristo dentro de la historia, que requiere la participación personal y comunitaria de toda la humanidad. Y, por supuesto, recuerdo el texto de Laudato Si, que da cuenta de la solidaridad del destino común de todo lo creado.

En la Parroquia del Boquerón, donde resido, recibimos esta preferencia con gran gozo y con el desafío de articular esta dimensión que tan presente está en nuestra labor cotidiana. Todos nuestros proyectos están signados por la preocupación por el cuidado de la casa común, por lo que nos sentimos muy respaldados en nuestra tarea y nos anima a seguir adelante.

Como Provincia, nos viene bien explicitar y atender a esta problemática como central, tanto desde la vida de las comunidades como desde las obras. Necesitamos construir un discurso común, con un compromiso consistente con problemáticas públicas asociadas a esta Preferencia. De la mano de sensibilidad creciente por esta causa, poco a poco los jesuitas nos vamos involucrando en distintos ámbitos en los que el cuidado de la casa común es relevante. Sin embargo, resta mucho por hacer para que el compromiso asumido como cuerpo apostólico, (asumiendo también, las consecuencias que este discurso –respaldado por la acción- implica) sean evidentes.

Mientras tanto, en nuestro trabajo en la Parroquia, nos proponemos asociar las cuestiones vinculadas a la justicia social y la justicia ambiental sin ambigüedades; tanto en los proyectos propuestos por la Parroquia y en el trabajo con familias campesinas, como a través de la FM comunitaria. Ya que sentimos que el trabajar por la justicia, entendida de esta manera, nos implica y desafía cada vez más, no sólo haciendo, sino también comunicándolo para darle más y mejor visibilidad desde una perspectiva evangélica profunda; que nos permita vivir en íntima solidaridad con todo lo creado, asumiendo la corresponsabilidad con la creación, de la que participamos como comunidad humana.

Y a su vez, poder compartir la esperanza que nos mueve y anima. Quienes nos involucramos, podemos, muchas veces, desanimarnos y no saber transmitir la validez de las alternativas, tanto individuales como estructurales, para evangelizar no solo a nivel personal sino también, para entrar en contacto con las estructuras o sistemas que rigen el ritmo social, político y económico imperante.

No quisiera perder de vista que los esfuerzos direccionados a responder a la 4ta Preferencia Apostólica Universal tienen que guardar estrecha relación con las otras tres preferencias. Creo que la relación más evidente se da con la preferencia por caminar junto a los pobres, que son quienes más sufren el descuido por la creación, el cambio climático, el atropello de los recursos. De estas comunidades tenemos la posibilidad de rescatar sus valores culturales, su cosmovisión de relación con la naturaleza, como posibilidad de alternativa tal como nos muestra también la encíclica Laudato Si.

De igual modo, la voz del Papa en la carta de aceptación de las preferencias nos invita a unirnos cada vez más a Cristo e identificarnos con Él para no caer en la desesperanza. Una mirada que debemos tener quienes vivimos la espiritualidad ignaciana desde la perspectiva de la contemplación para alcanzar amor, encontrando a Dios haciendo y sumándonos a lo que Dios hace por el Reino de Dios que es el reino de la Vida.

Julio Villavicencio SJ sobre la Preferencia Apostólica Universal nº 2

Preferencia Apostólica Universal n° 2: Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia. 

Julio Villavicencio SJ ha sido nombrado en enero pasado, durante el Encuentro de Provincia, como encargado de un Sector Apostólico nuevo para la Provincia Argentina-Uruguay: el Servicio Jesuita con Migrantes (SJM). El SJM es una ‘institución’ a través de la cual, la Compañía de Jesús trabaja por y con los migrantes y refugiados en todo el mundo. 

Por Julio Villavicencio SJ

 Cuando leí esta preferencia no me sorprendí, pues la Compañía tiene su compromiso con los más pobres en su ADN, ya que seguimos a un Jesucristo que nos envía a los más pobres. Pero puedo decir que me gustó la manera en la que esta preferencia nos invita a realizar nuestra misión. Se puede ir a los más pobres de muchas maneras; hay algunas pueden llegar a ser nocivas para las personas, mientras que hay otras más evangélicas.

Creo que el “caminar junto a…” propone una manera similar a la de Jesús. Tiene que ver con compañía y no superioridad; con compartir, dar y recibir, como hermanos, y no desde la posición de quien tiene más que el otro.

Esta manera de encarar y entender la misión me desafía personalmente. por experiencia personal, es que no es fácil. A veces es más práctico hacer todo uno y que los demás solo se adecuen a lo que yo propongo, sin embargo ¿qué logro con esto? Aún no tengo respuesta, pero ciertamente no creo que sea el camino.

 Los pobres materialmente, los descartados por la sociedad y los vulnerados en su dignidad tienen diferentes rostros en nuestras obras apostólicas. Rostros que van cambiando. Obras como el Hogar de San José o la Obra de San José, que dedican a atender a las personas en situación de calle. Pobres que no tienen lo necesario para vivir, muchas veces ni siquiera cariño. Al mismo tiempo son los descartados de la sociedad. Aquellos que están presentes en las grandes ciudades, y sin embargo, de tanto verlos, ya son invisibles. Y ciertamente que su dignidad está siendo vulnerada cotidianamente. No es fácil acompañar en este camino a los pobres, asumir su manera de ver la vida y desde allí mostrarles una vida nueva. Hace falta mucha humildad, salir de nuestro propio querer, “morir a nosotros mismos”, para encontrarnos con el Evangelio. Esta manera de encarar la misión hacia los más necesitados nos desafía a ser más cristianos y menos protagonistas.

Y así como en la Obra y Hogar San José nos encontramos con los pobres, descartados y vulnerados, en la misma población, también, en todas nuestras obras, siempre está presente este dolor de muchas maneras distintas. A veces los descartados no son pobres materiales, pero si son vulnerados en sus derechos. Saber mirar desde el Evangelio, es poder reconocer a los que están necesitando resucitar y al Resucitado en sus vidas.

Hoy la provincia ARU se embarca en nuevos horizontes apostólicos. Uno de ellos es el Servicio a los Migrantes. Personas que han dejado todo, con sus familias a cuesta y sin ningúna certeza más que la fe que los ilumina, emprendieron el camino. Son los actuales José y María, que van a dar a luz a un lugar lejano y no encuentran donde quedarse. Creo y confío que nos da la oportunidad de estar cerca de Jesús, de abrir nuestro corazón al Reino que viene y experimentar el Amor de Dios por todos nosotros. Y que podemos aprovechar poniéndonos a disposición, cual servidor humilde, caminando juntos, partiendo y compartiendo lo nuestro con ellos. Esta es la justicia que cuida la dignidad de los hijos de Dios, al tiempo que reconcilia nuestra vida con la de los demás, con nuestras propias heridas y con Dios. Haciendo de toda la creación un lugar de encuentro y resurrección.

 

 

Intención de Oración del Papa – Marzo 2019

Compartimos el video con la intención de oración del Papa Francisco para el tercer mes de 2019, que es el ‘reconocimiento de los derechos de las comunidades cristianas’.

«Quizás nos cueste creerlo, pero hoy hay más mártires que en los primeros siglos.

Son perseguidos porque a esta sociedad, le dicen la verdad y anuncian a Jesucristo.

 Esto sucede especialmente allí donde la libertad religiosa todavía no está garantizada.

 Pero también en países que en la teoría y en los papeles tutelan la libertad y los derechos humanos.

 Recemos para que las comunidades cristianas, en especial aquellas que son perseguidas, sientan la cercanía de Cristo y tengan sus derechos reconocidos.»

Mensaje para Cuaresma 2019 – Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

 Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquella salvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

 1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios.

 Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación –dice san Pablo– desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos –espíritu, alma y cuerpo–, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

 2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas –y también hacia nosotros mismos–, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

 Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculados ante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.

 Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

 3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

 Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.

 Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

 Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

 Vaticano, 4 de octubre de 2018, fiesta de san Francisco de Asís

Francisco

Fuente: AICA