Miserando atque…

Durante este año 2016, dedicado al Jubileo de la Misericordia, ofreceremos una serie de publicaciones para reflexionar sobre el particular inspirados por el lema pontifical del Papa Francisco: ‘Miserando atque eligendo’… – “Con misericordia y eligiéndolo…”

El título de esta serie refiere al lema pontifical que evoca el pasaje de la Vocación de San Mateo (Mt 9,11-17), en un escrito antiguo de San Beda (Homilía 21, s. VII). Este monje benedictino inglés, -apodado ‘el Venerable’-, es reconocido por las Iglesias católica, anglicana, ortodoxa y luterana.

El lema y su contexto aportan tres notas que actualizan el significado de estos términos en un siglo XXI que nos desafía: a) la misericordia como nota esencial de Dios encarnado; b) el llamado a un publicano excluido del ámbito religioso neotestamentario para ser discípulo por el Señor; y, c) que el autor tenga un reconocimiento ecuménico.

Como cristianos, esto también nos motiva: -a abrir las entrañas y el espíritu ante toda miseria humana; -a vencer los formalismos normativos, ajenos de Espíritu y vida; -a renunciar a toda excusa que nos ahorre el instante fecundo y propicio para el servicio y el encuentro fraternos.

‘Con misericordia y…’ nos da la excusa semántica para incorporar contenidos desde ópticas diversas al espejar cómo se experimenta a Dios-Misericordia en distintas familias religiosas y su espiritualidad. Y hacerlo de primera mano, acercándonos al testimonio de lo que cada una de ellas dice de sí misma en relación a la misericordia, empezando por la propia: la ignaciana.

En la gramática latina, el uso de la conjunción ‘atque’ –en español, ‘y’- es preferido a otras formas (ac, et, -que) cuando se quiere destacar la estrecha vinculación entre dos términos. No se limita a una adición de factores sino que pone de relieve la mutua implicancia entre ambos, casi como si fueran uno. Se interpreta entonces que, dicho en relación a Dios, el ser-mirado-con-misericordia atque ser-elegido-con-predilección por Él, es -en Jesús, un único acto amoroso.

En términos ignacianos, nuestra respuesta a Su llamada –y a tanto bien recibido-, no puede ser otra que un ofrecimiento de todo nuestro ser, amado incondicionalmente y llamado a ser también uno con Cristo crucificado; bajo Su bandera, para que ‘siguiéndolo en la pena’ también lo sigamos en la gloria. Un darse, apasionado y ‘sin medida’, desde la medida de nuestras potencialidades: siempre más

El «más» ignaciano –‘MAGIS’- es expresión de la generosidad de quien ha reconocido ‘tanto bien recibido’ y que se sostiene en aumento –más y más-, cuanto más se ahonda en la conciencia de ser amado, en Dios y a Su modo. Así, el único horizonte de esta respuesta será el de la identificación con Cristo.

Sólo resta discernir esta respuesta personal –y radical- para dar todo de nosotros mismos. Para más imitar a Jesús, no podemos hacerlo sino desde nosotros mismos, que nos reconocemos en Dios. Sólo así, esta respuesta abarcará el MAGIS más auténtico, el real, el pleno: no el ‘in-discreto’, no discernido.

El MAGIS de mi libertad, condicionada y posible; el de mi memoria, incluido mis ‘olvidos’. El de mi inteligencia, con sus opacidades y contrastes; el MAGIS de mi voluntad, magra o encendida, según el caso. El del ofrecer generoso mi haber y poseer, que no es más que, de lo recibido, cuanto ‘quiero, deseo y es mi determinación’ ofrecer.

amDg

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *