“Una vida, lo que un sol, vale”

Mientras haya uno solo, de mis hermanos y hermanas al borde del camino, tendré que detenerme hasta que se ponga de pie.

Por Daniel Ziloni SJ

En el camino de los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos invita a contemplar un momento preciso de la historia, como la entendemos o buscamos comprender los cristianos. En algún instante tuvo que haber sucedido, sobre todo por lo que entendemos sobre el devenir de los acontecimientos, desde nuestra perspectiva cristiana. Hubo un momento en el que Dios decidió exponerse, abandonar su lugar y transgredir las leyes divinas, como eran entendidas en la época de Jesús, para venirse con nosotros; manifestó así una costumbre suya ya atestiguada en el Antiguo Testamento, la de poner manos a la obra por el clamor de sus hijos.

El dolor, el sin sentido, la angustia, la tribulación, la violencia hace que todos nosotros elevemos nuestro corazón, desde las profundidades viscerales de cada uno invocando a alguien presencia, acción, una mano tendida, una mirada, algo que suceda y nos salve.

Lamentablemente no escasean los motivos para clamar a Dios, nuestra cultura contemporánea parece haber insistido en la construcción de ambientes y rincones existenciales donde somos esclavizados:

  •  Niños esclavos trabajando en talleres textiles
  •  Jóvenes sin capacidad de expresar claramente sus ideas y sentimientos porque no han completado los ciclos mínimos de socialización que tiene la sociedad en los itinerarios educativos
  • Familias deshechas y niños solos
  • Mujeres compradas y vendidas; migrantes engañados huyendo de países donde son perseguidos por razón de su religión, porque es imposible conseguir comida o porque la guerra ha arrasado la geografía
  • Los casi 5.000 niños abortados en uruguay cada año
  • Las madres uruguayas que abortan
  • Hombres, en general, viviendo en las calles de nuestras ciudades

Y cuando tenemos la experiencia de recibir la visita de Dios en nuestras vidas nos resulta clara su presencia poderosa, abrazando nuestra miseria, sin salir disparando; tendiendonos la mano, como un luchador constante, sin descanso, buscándonos durante toda la historia hasta encontrarnos; habitándonos, en la profundidad y hondura de nuestro ser.

Sentimos que para Dios, para el que vamos conociendo, cada vida vale, toda vida vale. Resuena en nosotros la invitación a sumarnos al camino del Señor, a la lucha por la vida de todos los seres humanos; en nuestras palabras Jesús nos dirá una y otra vez:

Lo que yo quiero y deseo es superar todo lo que impide la vida de todos, sólo así llegaré a cumplir la razón de mi vida, aquello por lo que fui enviado a esta historia.

Mientras haya uno solo, de mis hermanos y hermanas al borde del camino, tendré que detenerme hasta que se ponga de pie.

¿Querés sumarte a este camino, a esta construcción, a esta lucha?

1 Lecturas recomendadas para orar:

“Las tres personas divinas miraban toda la planicie o redondez del mundo llena de hombres y como viendo que todos descendían al infierno, se determina en la su eternidad, que la segunda persona se haga hombre, para salvar a género humano y así venida la plenitud de los tiempos, enviando al ángel San Gabriel a Nuestra Señora…”

Ejercicios Espirituales, Texto Autógrafo, nro. 101

“Polvo de Estrellas” es una canción de Jorge Drexler, inspirada en un escrito del sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal.

Fuente: Fundación Jesuitas Uruguay

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *