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“TOMAD, ESTO ES MI CUERPO”

Quiero comenzar mi comentario de hoy citando unas palabras del Papa Benedicto XVI en su exhortación apostólica “El sacramento de la caridad”: “La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y devoción al Santísimo Sacramento. Abarca la vida entera (77) …  Nuestras comunidades cuando celebran la Eucaristía han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse “pan partido” para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno… La vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo (88)”.

No haría falta añadir nada más a estas palabras para nuestro comentario de este domingo. Sólo recomendar la relectura de esta densa y profunda exhortación de casi cien números, escrita por Benedicto XVI en el año 2007. Me limitaré a subrayar tres aspectos de ese “hacernos pan partido para la vida del mundo” que concreta en la vida cotidiana nuestra adoración del Cuerpo de Cristo, del “Corpus Christi”.

El Cuerpo de Cristo es el cuerpo de Alguien que entregó la vida por nosotros, es cuerpo “entregado” hasta el extremo, y entregado por amor. Por amor hasta la última gota de sangre, como destacan las tres lecturas de este domingo. La adoración del Cuerpo de Cristo es, en primer lugar, agradecimiento. Un agradecimiento profundo y cotidiano porque por su entrega se nos han abierto a nosotros, pecadores, las puertas y la posibilidad de una vida nueva. Nueva, infinitamente más allá de nuestras posibilidades y de nuestros méritos.

“Comulgar” el Cuerpo de Cristo sólo adquiere toda su verdad cuando comulgamos con su entrega, cuando estamos dispuestos a que también nuestro cuerpo sea “pan partido”. No va mucho eso de ser pan partido con la lógica de nuestro mundo, más preocupada, de hecho, por el “culto a nuestro propio cuerpo”, al que se dedica tiempo, dinero y preocupaciones… para aparentar más, para presumir más, para ser más admirados. Eso de “partirse”, de dejarse la piel por los demás, de cuidar más de otros y menos de nosotros mismos… no es lo que prima. Comulgar con Cristo, adorar su Cuerpo entregado, nos tendría que impulsar a ello.

Venerar el Cuerpo de Cristo es un doble amor a dos realidades en las que ese Cuerpo se visibiliza de un modo especial: el amor a los pobres y el amor a la Iglesia. “A mí me lo hicisteis” recuerda el Señor en el evangelio cuando se identifica con los pequeños y los pobres. La Iglesia que es también, con todos sus defectos, un Corpus Christi, hoy lleno de llagas, pero destinado a resucitar con el Resucitado.

Darío Mollá, SJ

@centroarrupevalencia

t.ly/AiG72

POR LOS QUE HUYEN DE SU PAÍS – EL VIDEO DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas, quisiera que en este mes oremos por los que huyen de su país.

Al drama que viven las personas forzadas a abandonar su tierra huyendo de guerras o de la pobreza, se une muchas veces el sentimiento de desarraigo, de no saber a dónde se pertenece.

Además, en algunos países de llegada, los migrantes son vistos con alarma, con miedo.

Aparece entonces el fantasma de los muros: muros en la tierra que separan a las familias y muros en el corazón.

Los cristianos no podemos compartir esta mentalidad. El que acoge a un migrante, acoge a Cristo.

Debemos promover una cultura social y política que proteja los derechos y la dignidad del migrante. Y que los promueva en sus posibilidades de desarrollo. Y que los integre.

A un migrante hay que acompañarlo, promoverlo e integrarlo.

Oremos para que los migrantes que huyen de las guerras o del hambre, obligados a viajes llenos de peligro y violencia, encuentren aceptación y nuevas oportunidades en la vida.

 

Papa Francisco – Junio 2024

El «retrato» de Jesús en el Evangelio de Marcos

Si nos preguntamos: «¿Nos dan a conocer los Evangelios la “historia” de Jesús, es decir, lo que “históricamente” dijo e hizo, en definitiva, lo que fue en la realidad histórica de su tiempo?», la respuesta que podemos dar es ésta: los Evangelios – que son prácticamente la única fuente de nuestro conocimiento de Jesús – no son una «vida de Jesús» en el sentido que atribuimos a esa expresión.

 

Sin duda, la investigación histórico-crítica llevada a cabo sobre los Evangelios durante unos tres siglos, aunque en medio de posturas no sólo enfrentadas sino también contradictorias, ha conducido a algunas conclusiones comúnmente aceptadas sobre la figura histórica de Jesús:

  • a) Jesús era originario de Galilea y de la ciudad de Nazaret;
  • b) hacia los 30 años, fue bautizado por Juan el Bautista;
  • c) tras su bautismo, se dedicó a predicar la inminente llegada del «reino» de Dios;
  • d) reunió a su alrededor a discípulos, entre los que formó un grupo particular (los «Doce»);
  • e) junto a la predicación del reino de Dios, desarrolló una actividad taumatúrgica, realizando curaciones y exorcismos;
  • f) se atribuyó autoridad absoluta sobre la Ley, lo que le llevó a un radical desacuerdo con las autoridades religiosas judías y a su muerte violenta en la cruz, infligida por el prefecto romano Poncio Pilato;
  • g) tras su muerte, sus discípulos afirmaron haberle visto vivo y predicaron que era el Mesías, el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad. Así nació, dentro del judaísmo, la «secta de los nazarenos» (Hch 24,5), que más tarde se separó del judaísmo y se convirtió en el cristianismo.

 

Estos hechos históricamente seguros sobre la «historia» de Jesús son ciertamente de gran importancia, pero nos dicen muy poco sobre su persona, su predicación, las obras que realizó, y ciertamente no satisfacen nuestra necesidad de un conocimiento más profundo y seguro de un personaje como Jesús de Nazaret, que tuvo un peso tan grande en la historia de la humanidad. Por otra parte, «el verdadero Jesús histórico escapa a nuestra mirada y ya no se nos hace perceptible a través de la investigación historiográfica crítica.

 

Lo que resulta en la investigación montada con gran instrumentación metodológica es una construcción que se ajusta a modos de proceder de uso corriente en la ciencia histórica, pero que resultan totalmente inadecuados en el caso de una figura tan insólita como Jesús de Nazaret, que sólo puede ser aprehendido en la fe»…

 

Giuseppe De Rosa

@laciviltacattolica

Leer el artículo completo t.ly/mkoyC

https://www.laciviltacattolica.es/2024/05/24/el-retrato-de-jesus-en-el-evangelio-de-marcos/

CONFERENCIA CIS 2025: LAS CONSTITUCIONES EN LA VIDA DE LOS JESUITAS HOY

La Curia General de la Compañía de Jesús en Roma ha anunciado el tema de la edición 2025 de la Conferencia CIS: Las Constituciones en la vida de la Compañía de Jesús. El evento tendrá lugar en la Ciudad Eterna del 23 al 25 de junio de 2025, e irá seguido de un taller sobre el Discernimiento “en común” del 25 al 27 de junio, con capacidad limitada. Cada edición de la Conferencia CIS se centra en un aspecto de la herencia de la espiritualidad ignaciana.

 

Tras el éxito del evento de 2023 sobre la Fórmula del Instituto, el Secretariado para el Servicio de la Fe ha anunciado que la conferencia del próximo año se centrará en otro documento fundacional de la Compañía de Jesús y su significado y expresión en la vida y trabajo de los jesuitas de hoy.

 

El Secretario, P. James Hanvey, sostiene que “las Constituciones son más que una serie de instrucciones para la vida y las obras apostólicas de los jesuitas – se insertan y trabajan desde el horizonte de los Ejercicios, y aunque pueden abordar en detalle estructuras organizativas, siempre lo hacen con una orientación hacia Dios y la acción de Dios en las vidas de las personas y en la historia”.

 

Al organizar la Conferencia, quiere animar a los jesuitas a reflexionar sobre si estos documentos siguen hablando e inspirando a la Compañía de Jesús. El evento pretende ser también una oportunidad para explorar las Constituciones como valioso recurso para la renovación de la Compañía. Más aún, los organizadores subrayan que “la Conferencia será de particular interés para quienes participan en la formación de los jesuitas y para cualquiera que esté implicado en la misión de la Compañía”.

 

Por esta razón, se espera que los colaboradores y compañeros en la misión y aquellos que estudian el carisma de la Compañía se sientan animados a asistir. Los idiomas de este evento serán español e inglés.

 

La Conferencia irá seguida de un taller sobre el discernimiento en común, una práctica que se ha introducido cada vez más en la vida de la Iglesia a través del desarrollo de la sinodalidad bajo el liderazgo del Papa Francisco. Este taller explorará la teología, la teoría y la práctica del discernimiento en común, y estará dirigido por dos jesuitas: Franck Janin y José de Pablo. El idioma de este evento será el inglés.

 

Una lista detallada de los temas y áreas de reflexión de la Conferencia y del Taller, así como todos los detalles logísticos y la posibilidad de inscribirse, se puede encontrar en www.jesuit.events/cis2025

@jesuitsglobal

t.ly/GdXSs

“EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO”

Se nos bautizó, tal como Jesús había indicado a sus discípulos instantes antes de la Ascensión y nos recuerda el evangelio de este domingo, “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Eso no es simplemente una fórmula, sino que es, sobre todo, una propuesta de vida. Nuestro bautismo es un compromiso, que renovamos solemnemente al menos en la Vigilia Pascual de cada año, de vivir “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. La fe en la Trinidad y el bautismo recibido en esa fe afecta a toda nuestra vida, de una manera mucho más concreta de lo que muchas veces podamos pensar. Os propongo reflexionar sobre ello.

“Vivir en el nombre del Padre”: ¿qué es, ¿qué significa, ¿cómo se concreta eso? Afirmar a Dios como Padre es afirmar que Alguien nos ha dado la vida con inmenso amor y que alguien cuida de nosotros todos los días de nuestra vida, desde que somos concebidos e incluso después de nuestra muerte temporal. Y hay dos respuestas a ese Dios Padre, las respuestas humanas a cualquier padre bueno: el agradecimiento y la confianza. Agradecimiento por la vida recibida y por su cuidado y cercanía. Confianza plena, más allá de las circunstancias concretas del día a día: el niño pequeño necesita ser acariciado cada día; a medida que nos hacemos adultos nos basta saber que Él está.

“Vivir en el nombre del Hijo”: de ese Hijo que se encarnó y vivió en este mundo, cuyo evangelio conocemos y leemos, que pasó haciendo el bien, con especial cariño a los más pequeños y desvalidos. Un Hijo que convocó a su alrededor discípulos y que nos ha elegido también a nosotros, gratuitamente, y no debido a nuestros posibles méritos. Hay dos respuestas al Hijo que nos ha manifestado el amor del Padre: el seguimiento y la misión. Nos invita a seguirle, a caminar tras Él y al modo de Él por la vida y para ello necesitamos estar cerca, orar para no perderle de vista, participar de su mesa. Pero también nos envía a anunciar lo que Él anunció y a continuar el bien que Él comenzó.

“Vivir en el nombre del Espíritu Santo”: porque el Hijo ascendió, pero no nos dejó solos ni desvalidos; nos envió el don, la luz y la fuerza de su Espíritu. Espíritu que nos capacita para amar como Él amó, para sentir como Él sintió, para transformar como Él transformó. “Vivir en el nombre del Espíritu Santo” supone muchas cosas, pero hoy quiero subrayar sólo dos. Vivir en libertad: ser libres y liberar de todo aquello que esclaviza a la persona humana. Vivir en fraternidad y comunión: construyendo comunión más allá de la humana diversidad de lenguas, culturas, sensibilidades y búsquedas.

Darío Mollá, SJ

@centroarrupevalencia

Primera Jornada Mundial de los Niños

Los días 25 y 26 de mayo de 2024, niños de todo el mundo se reunirán en Roma. Han sido invitados por el Papa Francisco a celebrar la primera Jornada Mundial de los Niños organizada por la Iglesia católica. Se espera la asistencia de unos 100.000 niños de entre 6 y 12 años. En el corazón del Año de la Oración, esta jornada mundial será la ocasión de celebrar los sueños de paz y de futuro de los niños, invitándoles a poner su espontaneidad al servicio de las relaciones humanas. También es una ocasión para que el Papa vuelva a situar a este grupo de edad en el centro de la atención de la Iglesia y de la sociedad.

He aquí un extracto del mensaje que Francisco dirigió a los niños con este motivo:

Queridas niñas y queridos niños, no podemos llegar a ser felices en solitario, porque la felicidad crece en la medida en que se comparte; pues nace con la gratitud por los dones que hemos recibido y que a su vez compartimos con los demás. Cuando aquello que hemos recibido lo guardamos sólo para nosotros, o incluso hacemos berrinches para conseguir este o aquel regalo, en realidad nos olvidamos de que el don más grande somos nosotros mismos, los unos para los otros; nosotros somos el “regalo de Dios”. Los otros dones sirven, sí, pero en la medida en que nos ayudan a estar juntos; si no los usamos para eso estaremos siempre insatisfechos y nunca nos serán suficientes.

En cambio, si estamos juntos todo es diferente. Piensen en sus amigos; qué hermoso es estar con ellos, en casa, en la escuela, en la parroquia, en el oratorio, en todas partes; jugar, cantar, descubrir cosas nuevas, divertirse, todos juntos, sin dejar atrás a nadie. La amistad es hermosísima y sólo crece así, compartiendo y perdonando, con paciencia, valentía, creatividad e imaginación, sin miedo y sin prejuicios.

Lea el mensaje completo del Papa Francisco para la primera Jornada Mundial de los Niños.

Oración

Ven, Espíritu Santo,
muéstranos tu belleza
que se refleja en los rostros
de las niñas y los niños de la tierra.
Ven, Jesús,
que haces nuevas todas las cosas,
que eres el camino que nos conduce al Padre,
ven y quédate con nosotros.
Amén.

Mesa dela comunidad parroquial en fiesta al aire libre

La parroquia y nuestro Dios Trino

El Domingo de la Santísima Trinidad debería ser el día de las comunidades cristianas. El verdadero sacramento y signo de este misterio trinitario debe serlo la iglesia en su conjunto. La reciente noticia de la comunidad contemplativa de las clarisas en Burgos no deja de ser el mayor anti signo de lo que es realmente la espiritualidad de lo trinitario. Allí donde hay un signo de comunidad y de unidad, allí está el Dios trinitario…donde hay dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos. Donde hay separación y división ahí está el espíritu del mal.

 

Así lo recoge el Evangelio de Mateo (28,16-20): “En aquel tiempo, los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»”.

 

Trinidad y comunidad

Por los concilios de Toledo se decía con acierto y gracia que creemos en un solo Dios, pero no en un Dios Solitario. La realidad económica de la Trinidad revelada a lo largo de la historia de la salvación nos muestra el sentido comunitario de lo divino. La relación del Padre con el Hijo desde el Espíritu nos adentra en el misterio del amor divino, en sus realidades personales con esa comunicación de amor que les hace uno y únicos.

La realidad creada está llamada a ser insertada en ese amor trinitario. El proceso cristológico que sustenta la eclesiología es de ese orden de amor fraterno y trascendente, la Iglesia es y existe para la fraternidad universal como horizonte último en el que todo será en Cristo, unificado y glorificado.

 

Iglesia y Trinidad, comunidades oasis

La Iglesia no tiene otro fundamento y fuente en la que beber que no sea la Trinidad. Ella es fruto de esa relación trinitaria y está llamada a ser y vivir en relación con ella y como ella. Sacramento de la unidad de Dios y de la unidad de Dios con los hombres. Fundada en Cristo, es alimentada por su Espíritu resucitado, para llevar a los hijos de Dios al encuentro con el Padre. Nada puede hacer por su cuenta, todo ha de hacerlo como el Padre en el Hijo por el Espíritu Santo. Estas verdades teológicas se plasman en la construcción de comunidades de vida donde la fraternidad, el perdón, la justicia y la paz estén presentes.

 

La dimensión eclesial de nuestra fe pasa por la vivencia de la comunidad en lo singular y concreto de los espacios propios en los que vamos proyectando nuestras vidas y conociendo a Jesucristo junto a los hermanos. Según nos vamos adentrando en la vivencia de la fe surgen en nosotros los deseos de construir espacios fraternos que sean verdaderos oasis para la sed del mundo y el cansancio de la historia.

 

Las comunidades cristianas, alimentadas por el Padre, han de ser fiel a sus deseos de salvación, lugares donde puedan llegar los sedientos, los cansados del camino, los agobiados, los tristes para encontrar en los hermanos el descanso, la paz, la alegría, el agua de la vida. En ellas se ha de ofrecer el verdadero conocimiento de Jesucristo que lleva a la comunión con él, provocando el deseo de seguirle y tener sus mismos sentimientos de amor y servicio a la comunidad.

 

En la comunidad experimentaremos cómo el Espíritu se derrama en nuestros corazones para liberarnos de los miedos y darnos la fuerza necesaria para liberar, desatar, perdonar, curar, levantar. No se trata de heroicidades conseguidas con nuestra voluntad, sino de apertura a la acción del Espíritu de Jesús que actúa en nuestra debilidad y más allá de nuestros pecados para que otros muchos puedan salvarse. Hoy se nos pide volver a nuestra fuente y nuestra raíz la Trinidad, su comunidad y amor fundante.

 

La parroquia del porche: nuestro lugar y signo trinitario

Recientemente celebramos a bombo y platillo, cuando nos dejó la pandemia, ese número de cumpleaños que invita a pararse y reflexionar, para alabar y dar gloria a Dios. Nuestra parroquia de Guadalupe cumplía sus primeros 25 años. En realidad, nada comparado con lo que es la historia de la Iglesia, sus dos milenios, pero también es verdad que la Iglesia no sería lo que es sin esa multitud tan concreta de comunidades eclesiales parroquiales. Las comunidades cristianas como sacramento de la eclesialidad que ha de ser sacramento de la unidad de los hombres entre sí y de éstos con Dios. Pero al hilo de la Trinidad y su celebración os quiero hablar de una realidad simbólica que ha sido el porche, así lo pensábamos cuando lo inauguramos…

 

En la parroquia estrenamos por aquellos años un porche que acababa de ser construido, junto a unas escaleras nuevas para que no hubiera peligro en el salón de arriba, era algo que nos exigían legalmente. Pero la idea del porche nacía de otros planteamientos. La parroquia está ahí desde hace unos cuantos, de años, se hizo una primera parte de un proyecto más ambicioso y se habilitó el salón de actos como templo, la idea era hacerlo cuando se pudiera; sin embargo, ha sido más urgente hacer el porche que un templo nuevo. La razón fundamental es que queremos que sea una parroquia de acogida y de encuentro, nos faltaba un espacio en el que detenernos, saludarnos tranquilamente, en el que jugaran los niños cuando vienen a catequesis, donde se pudiera estar por estar, y sobre todo donde pudiéramos celebrar cosas de vida y fiesta.

 

De alguna manera, entendiéndolo bien, se imponía pasar del Dios del Templo al Dios del porche, al servicio de la comunidad, así que ahora tenemos un templo digno, pero un porche casi de lujo en su pobreza y en su sencillez, esto parece más casa amplia de la comunidad parroquial, en la que templo, salones y salas, amén de porche, junto al patio se conjuntan en esa armonía de hogar y taller en el calor y en la luz de la comunidad heterogénea, abierta y luminosa.

 

En ese porche hemos vivido momentos de comunión y compartir que quedarán grabados en los corazones de niños, jóvenes, adultos, abuelos, asociaciones, instituciones que rodean a la parroquia de cuidado de personas con dificultades y necesidades especiales.  Cuántas veces hemos bailado, rezado, comido, cantado, convivido…qué gozo la algarabía de los encuentros y de los aperitivos, de las celebraciones pasando de la misa a la mesa. Recuerdo como anécdota como mi madre imposibilitada, cuando le decía que hoy iría a la historia del aperitivo – el día que se inauguraba y bendecía el porche- , me dijo con su voz apagada: “Muy bien hijo… porque no es lo que se come es lo que se vive y se disfruta en ese relacionarse con los otros”. Allí estaba el espíritu de una parroquia que se está haciendo y va avanzando con alegría, con aquellos que la comenzaron desde lo poco, siendo grano de mostaza, junto a todos los que ya se van agregando y vienen a anidar a sus ramas. Un proceso de vida comunitario que es ilusionante.

 

¡’Viva el porche de la parroquia de Guadalupe’! ¡Viva esta forma de bendecirlo Viva el Dios que lo habita en la intemperie!. Alabado sea el Dios trinitario que nos ha hecho a su imagen.

 

Siguen llegando personas que buscan espacio comunitario parroquial, yo me acuerdo de ellos y sus deseos de participar, al celebrar la fiesta de la trinidad como signo de la dimensión comunitaria de lo divino y de la fe. Bienvenidos y ojalá la comunidad sepa acogeros y daros el lugar y la vida que buscáis para vuestros hijos y para vosotros.

 

José Moreno Losada

@vidanuevadigital

Evangelio del Domingo: “RECIBID EL ESPÍRITU SANTO”

Domingo de Pentecostés – Ciclo B (Juan 20, 19-23)

Concluimos este año la celebración de la Pascua del Señor con la solemnidad de Pentecostés, en la que se actualiza para toda la Iglesia y para cada uno de nosotros el gran don del Señor Resucitado, el don del Espíritu Santo. El evangelio de este domingo recoge precisamente ese gesto y ese momento tal como nos lo narra el evangelista Juan: “sopló sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo”. Un soplo que es soplo de vida, de vida nueva, de nueva creación, y que rememora aquel primer soplo de vida que infundió Dios al género humano en el momento de la creación: “Entonces Yahvé Dios modeló al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente” (Génesis 2, 7).

Las tres lecturas que nos propone la liturgia de este domingo inciden en tres dimensiones que la acción del Espíritu hace posible en la historia humana y que, creo, son especialmente significativas en nuestro mundo de hoy. Son, en su conjunto, una “nueva” y necesaria propuesta de vida.

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, hace hincapié en una fraternidad universal más allá de la diversidad de lenguas: “cada uno oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua” (Hechos 2, 11). Así es: Dios es el Dios de todos y para todos, Dios no excluye a nadie de su amor y de su bondad; somos los humanos, o, mejor dicho, nuestro egoísmo y nuestra soberbia los que excluyen y marginan. El Espíritu de Jesús es una propuesta de fraternidad universal más allá de la diversidad de lenguas y culturas.

La segunda lectura, tomada de la primera carta a los Corintios de Pablo, hace hincapié en la comunión eclesial más allá de la diversidad de carismas. Porque hay muchos y diversos carismas, que sólo son tales si confluyen en el bien de todo el cuerpo: “a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (1ª Corintios 12, 7). El problema en la Iglesia no es la diversidad de carismas, de sensibilidades evangélicas; el problema es cuando un carisma se cree el único valioso o superior a los demás y toma posturas excluyentes. El Espíritu de Jesús es un espíritu de comunión; no de uniformidad, pero sí de comunión.

El texto evangélico de Juan que nos propone la Iglesia hoy vincula de modo inmediato y directo el Espíritu de Jesús con la misericordia: “Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados”. La misericordia era evidentemente una característica básica del espíritu, del modo de ser de Jesús. Una misericordia que no eran sólo palabras, sino acogida de los pecadores y de los descartados, que era denuncia de las injusticias especialmente si se hacían en el nombre de Dios y que acabó siendo entrega de la vida.

Darío Mollá, SJ

@centroarrupevalencia

Experiencia Vocacional Arrupe

EXPERIENCIA ARRUPE 2024

El fin de semana del 3 al 5 de mayo, compartimos junto a 5 jóvenes con inquietudes vocacionales la Experiencia Arrupe. Dicha experiencia trata de acercar a los jóvenes a la vida comunitaria y a la identidad del jesuita. La vida y la misión del P. Pedro Arrupe sj orientan el hilo conductor de la experiencia.

 

En esos días fuimos recibidos por la comunidad de estudiantes de ‘Casa Arrupe’, con quienes compartimos lo cotidiano de la vida comunitaria (los trabajos en la casa, la mesa compartida, la Eucaristía, los momentos de oración, los espacios de recreación). Así también, participamos del tiempo de apostolado en la capilla de Nuestro Hogar III y en la Parroquia Virgen Inmaculada de la Montaña.

 

El día domingo aprovechamos los espacios del Centro Manresa para la oración y la Capilla Doméstica de la Manzana Jesuítica para la Eucaristía. Así mismo, compartimos el almuerzo con la comunidad de la Residencia Mayor. Allí, en la sobremesa y café de por medio, se dió un generoso compartir de la vida y misión con los compañeros de esta comunidad.

 

Durante los días de la experiencia tuvimos la oportunidad de escuchar los testimonios vocacionales de Maxi Sayago sj, Andrés Aguerre sj (quien nos recibió en la Comunidad San Pedro Canisio) y Agustín Pérez sj. La vida de estudios, la misión en la universidad y la vida de hermano jesuita, aportaron diferentes perspectivas de nuestra identidad jesuita a los jóvenes.

 

Agradecemos la disponibilidad y cercanía de cada uno de los compañeros en el compartir y al recibirnos en sus comunidades. Por nuestra parte, seguimos haciendo camino y acompañando en el discernimiento a los jóvenes que se van acercando.

 

Nos seguimos encomendando a sus oraciones.

 

Oscar Freites sj y Equipo de Pastoral Juvenil y Vocacional

 

En redes sociales somos @vocacionesjesuitasaru

Para contactarnos, por consultas o inquietudes: vocacionesjesuitasaru@gmail.com

Retrato de Carlos Mugica sepia

La memoria del padre Mugica late en la UCC

Recién terminaba de celebrar la misa, aquel 11 de mayo de 1974, cuando el padre Carlos Mugica fue asesinado a balazos en la puerta de la Iglesia de San Francisco Solano, en Villa Luro, Buenos Aires, víctima de la violencia política de los que, por entonces, no toleraban testimonios de compromiso como el del primer cura villero de la Argentina.

Mugica tenía 44 años vividos, en gran parte, desde su sacerdocio, con una entrega total al servicio de los más pobres, sobre todo de los habitantes de la Villa 31, en Retiro, donde vivió y ejerció su sacerdocio hasta su muerte.

Mural P Carlos Mugica parroquia cristo obrero letras fileteadas a color

Dieron –y todavía dan- testimonio de esto, en medio de las acusaciones de las que fue objeto en su tiempo, los continuadores de la presencia de la Iglesia en las villas porteñas: los actuales integrantes de la Vicaría para las villas del Arzobispado de Buenos Aires, en particular, el obispo Gustavo Carrara y el padre José “Pepe” Di Paola, dos referentes de esta pastoral.

Son continuadores de la obra de Mugica y también de quien fue su sucesor y amigo, el padre José María “Pichi” Meisegeier S.J., un sacerdote jesuita que no sólo se encargó de cuidar y acompañar a quienes lloraron el crimen de Mugica en el corazón de las villas porteñas. El “Padre Pichi” también se preocupó por cuidar el archivo personal de su amigo asesinado, sus papeles, sus cartas, sus libros, los recortes de diarios en los que Mugica había opinado, las fotos, panfletos y hasta las amenazas o acusaciones falsas que recibió.

 

Lo buscado y vivido por el padre Meisegeier, quien falleció el 27 de diciembre de 2011, el archivo de Mugica, lo que sumó en los años de la última dictadura, su actividad en el campo de la problemática de las «villas miseria» y asentamientos urbanos, su vinculación con el Grupo de Sacerdotes para el Tercer Mundo y con movimientos de derechos humanos conformó una auténtica colección de material de interés histórico, científico, bibliográfico. Y, al tanto de eso, a fines de 2007, el propio Meisegeier ofreció el material a nuestra Universidad.

Una colección a disposición

Formalmente, la Compañía de Jesús y la Universidad Católica de Córdoba suscribieron un convenio para la custodia y cuidado de la Colección Meisegeier – Archivo Mugica, una colección que forma parte del acervo del Sistema de Bibliotecas UCC, ordenada y sistematizada en el subsuelo de la Biblioteca Jean Sonet S.J., en nuestro Campus universitario.

Los libros, volantes, afiches, carteles, panfletos, fotografías, revistas, folletos, recortes de diarios, diapositivas, vídeos, etcétera (hasta un pañuelo y el misal con el que rezaba Mugica todos los días), están allí a disposición de investigadores/as de todo el mundo que, cada tanto, piden consultarlos. Por eso se puede decir que la memoria de Mugica, al menos en parte, también “late en la UCC”.

Lo expresó, años atrás, cuando se inauguró la Colección, el exrector de la Católica y actual Provincial de la Compañía de Jesús en Argentina y Uruguay, padre Rafael Velasco S.J.: “Carlos Mugica y tantos otros han ‘hecho memoria’, y por eso son para nosotros memoria viva de la entrega de Jesús. Ellos nos recuerdan que la honda carga humana y de transformación social que entraña el Evangelio es permanente y esencial, y que no es posible creer en Jesús y recluirse en la esfera de lo privado desentendiéndose del destino de los hermanos, en particular de los que más sufren. La fe en Dios va unida inseparablemente a la solidaridad con los hombres y su destino. Por eso, en este acto queremos recuperar la memoria para reconocer y agradecer”.

En aquella oportunidad, el padre Velasco hizo un importante reconocimiento “a quien ha sido –dijo- recopilador y protagonista de esta historia: el padre José ‘Pichi’ Meisegeier, jesuita, amigo de Carlos Mugica y protagonista de la historia en primera persona. Un Jesuita que no ha renunciado al testimonio entre los pobres, con los pobres y por los pobres. Por eso esta colección lleva su nombre, como reconocimiento y gratitud por su trabajo y sobre todo por su testimonio de discípulo y compañero de Jesús. En él reconocemos a tantos y tantas que han entregado sus vidas –y muchos también su sangre- para intentar hacer realidad el Reino de Dios anunciado y testimoniado por Jesús”.

Y concluyó, en aquella oportunidad, el entonces rector de nuestra Universidad: “No sólo hacemos memoria; queremos hacer presente. Queremos significar en este acto lo que creemos como universidad jesuita: creemos que el servicio de la Fe debe ir inseparablemente unido a la promoción de la justicia. Creemos, en la UCC, que la Universidad debe formar profesionales y académicos que trabajen por la liberación de los más pobres y desfavorecidos de la sociedad”.

 

Fuente UCC