Nuevo coordinador para el Servicio Jesuita a Migrantes en Montevideo

Joan Gratacós asumió como Coordinador del Servicio Jesuita a Migrantes en Montevideo, Uruguay. A modo de presentación, nos cuenta sobre su llegada e incorporación al sector, el trabajo que llevan adelante actualmente y los mayores desafíos en la tarea atender necesidades urgentes.

Palabras del nuevo coordindador

Soy Joan Gratacós Guillén. Me acabo de incorporar como coordinador del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) en Uruguay. Soy español y estoy vinculado con Uruguay por razones familiares hace 25 años. Desde el 2018 estoy residiendo acá.

En diferentes etapas de mi trayectoria profesional he trabajo en la atención a migrantes y refugiados. En México, en el Servicio Jesuita a Refugiados, primero y, unos años después, en el SJM. En Cataluña, he trabajado como docente liceal en el acompañamiento para la inserción del alumnado migrante que se incorpora al sistema educativo catalán. 

El SJM Uruguay forma parte del Servicio Jesuita a Migrantes Argentina-Uruguay (SJM ARU). Además de la oficina de Montevideo, hay otras tres en Argentina: San Miguel (Prov. de Buenos Aires), Córdoba y CABA, donde se ubica la sede central.

Las cuatro oficinas del SJM ARU tenemos el empeño de acompañar a las personas migrantes, protegiendo y promoviendo sus derechos. Esto nos lleva a desplegar nuestras acciones en diferentes áreas: social (facilitando los procesos de inserción), educativa (promoviendo una cultura de la hospitalidad), pastoral (posibilitando espacios de encuentro con Dios) e incidencia (contribuyendo a generar políticas y prácticas inclusivas).

Dentro de este esquema común, en el SJM Uruguay tenemos el reto de fortalecer y cohesionar las diferentes obras que la Compañía de Jesús tiene en Uruguay en lo referente al acompañamiento a personas migrantes: en parroquias, colegios y la Universidad Católica. Gracias al esfuerzo de muchas personas implicadas, estos espacios ya han recorrido un camino, y se trata de poner los medios para seguir avanzando, buscando sinergias y complementariedades, en primera instancia con las obras de la Compañía, pero más allá con otras organizaciones eclesiales locales y de la sociedad civil uruguaya.

La situación de pandemia que estamos atravesando nos ha obligado a reconfigurar la atención a las personas migrantes. Estos meses hemos estado entregando canastas, ropa de abrigo y otros apoyos de emergencia en la parroquia de San Ignacio de Montevideo. La crisis sanitaria está golpeando de forma cruel a muchas personas que carecen de redes socioeconómicas estables, entre ellas, a los migrantes. 

Nuestro trabajo en otras áreas  (acompañamiento psicológico, orientación laboral, etc.) ha tenido que recluirse en el ámbito virtual. Cuando nos presentan necesidades de vivienda, salud o documentación que no podemos resolver directamente, informamos de aquellas instituciones que pueden atenderlos. Hemos cancelado temporalmente un servicio de comida y de convivencia que se ofrecía los domingos.

Más allá de la presente crisis sanitaria, esta población es vulnerable por su misma condición de migrantes. Muchas veces invisibilizada, está en los márgenes de nuestra sociedad. Nos sentimos llamados, como dijo el Papa Francisco, a acoger, proteger, promover e integrar a estos migrantes que recalan en el paisito para buscar una vida mejor, como hicieron antaño aquellos otros migrantes que llegaron de Europa.

De una Iglesia sacramentalista a una Iglesia evangelizadora

Por Victor Codina, Jesuita español y doctor en teología.

Unas de las consecuencias de la pandemia ha sido el cierre de todos los lugares de culto, de todas las iglesias y templos. También las bendiciones Urbi et Orbi de Francisco fueron ante una Plaza y una basílica de San Pedro vacías. Muchos auguraban una cuaresma y una Semana Santa muy pobre, sin celebraciones litúrgicas, sin Via crucis, ni pasos de procesiones.

Y, sin embargo, ha sido una Semana Santa sumamente profunda y rica, no solo por participar mediáticamente de las ceremonias, sino por algo más hondo: vivir de cerca la pasión del Señor en la pasión y el sufrimiento de los enfermos, lectura del evangelio y oración en familia, experimentar la ayuda a gente mayor solitaria y la colaboración a vecinos, aplausos a médicos, sanitarios, transportistas, trabajadores de farmacias y supermercados, a voluntarios que reparten comidas, etc. Los protagonistas de esta Semana Santa no han sido los curas, ni siquiera sus trasmisiones mediáticas, sino las familias, laicos y laicas, los y las jóvenes. Se ha promovido una Iglesia doméstica, en la que los laicos son protagonistas, donde han sido siempre los papás, no el párroco, quienes han enseñado a rezar a sus niños antes de ir a dormir. Donde hay dos o tres reunidos en nombre del Señor, Él está en medio de ellos.

Quizás muchos crean que este cierre de las iglesias ha sido solo un paréntesis pastoral y que pronto se volverá a la situación de antes. Otros, como el sociólogo y teólogo Tomás Halik, de Praga, afirman claramente que este es un tiempo favorable y de gracia, un kairós, un signo de los tiempos, Dios nos quiere revelar algo.

¿Qué quiere decirnos Dios? Cada uno puede dar una respuesta personal, pero a nivel eclesial quizás podemos pensar que el Espíritu nos invita a pasar de una Iglesia sacramentalista y clerical a una Iglesia evangelizadora.

Iglesia sacramentalista sería la que se identifica tanto con los siete sacramentos que tiene el riesgo de considerar al clero como el protagonista de la Iglesia y al templo como su centro autorrefencial o propio, mientras margina a los laicos, descuida la evangelización, el anuncio la Palabra, la iniciación a la fe, la oración, la formación cristiana, sin formar una comunidad cristiana, ni un laicado de ciudadanos responsables y solidarios con los pobres y marginados. Muchos párrocos se angustian al ver que los sacramentos rápidamente disminuyen y sus fieles envejecen.

Iglesia evangelizadora es la que hace lo que hizo Jesús: anunciar la buena nueva del Reino de Dios, predicar, curar enfermos, comer con pecadores, dar de comer a hambrientos, liberar de toda opresión y esclavitud. Este era el programa de Jesús en la sinagoga de Nazaret: dar vista a los ciegos, liberar a los cautivos, evangelizar a los pobres, anunciar la gracia y la misericordia de Dios. En la última cena Jesús instituyó la eucaristía, pero el evangelio de Juan situó en la última cena el lavatorio de los pies y el mandamiento nuevo del amor fraterno, completando la dimensión litúrgica con la más existencial y evitar así que la eucaristía se convirtiese en un mero rito vacío.

No se trata de olvidar los sacramentos, sino de valorarlos como “signos sensibles y eficaces de la gracia”, pero siempre a la luz de la fe y de la Palabra, para que no se conviertan en magia y pasividad. Por esto, toda celebración sacramental viene precedida por la celebración de la Palabra; el Concilio Vaticano II afirma que la misión primera de los obispos y presbíteros consiste en anunciar la Palabra de Dios.

Ciertamente “la eucaristía hace la Iglesia”, sin eucaristía no hay Iglesia plenamente constituida, pero esta frase debe completarse con su contraparte: “la Iglesia hace la eucaristía”, es toda la comunidad, presidida por sus pastores, la que celebra la eucaristía, sin el tejido de una comunidad eclesial no habría eucaristía.

El Cardenal Jorge Bergoglio, en el cónclave de su elección como obispo de Roma, ofreció una original interpretación del texto de Apocalipsis 3,20, en el que el Señor llama a la puerta para que le abramos. Ordinariamente se entiende que el Señor quiere que le abramos la puerta para entrar en nuestra casa, pero Bergoglio dijo que lo que el Señor nos pide ahora es que le abramos la puerta y le dejemos salir a la calle.

Por esto Francisco habla de “una Iglesia en salida”, hacia las fronteras, hospital de campaña, que huela a oveja, que encuentre a Cristo en las heridas del pueblo y de la Iglesia, cuide nuestra casa común, callejee la fe, como María que fue a toda prisa a visitar a su prima Isabel. No se trata de convertir a la Iglesia en una ONG, pues la eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de Jesús, es la cumbre de la vida cristiana, pero solo se va a esta cumbre por el camino de fe y del seguimiento de Jesús.

A veces los poetas son quienes entienden mejor los misterios de la fe. Las reflexiones del poeta catalán Joan Maragall ante una iglesia quemada durante la Semana Trágica de Barcelona, el año 1909, pueden ser actuales. Cuando Maragall, acudió el domingo a una iglesia que había sido incendiada la semana anterior, escribió:

«Yo nunca había oído una Misa como aquella. La bóveda de la iglesia descalabrada, las paredes ahumadas y desconchadas, los altares destruidos, ausentes, sobre todo aquel gran vacío negro donde estuvo el altar mayor, el suelo invisible bajo el polvo de los escombros, ningún banco para sentarse, y todo el mundo de pie o arrodillado ante una mesa de madera con un crucifijo encima, y un torrente de sol entrando por el boquete de la bóveda, con una multitud de moscas bailando a la luz cruda que iluminaba toda la iglesia y hacía parecer que oíamos la Misa en plena calle…».

A Maragall, aquella misa, después de la violencia anticlerical de la Semana Trágica le pareció nueva, un rincón de las catacumbas de los primeros cristianos. Pensaba que la misa siempre debería ser así: una puerta abierta a los pobres, a los oprimidos, a los desesperados, para quienes fue fundada la Iglesia, y no cerrada ni enriquecida “amparada por los ricos y poderosos que vienen a adormecer su corazón en la paz de las tinieblas”. No hay que reedificar la iglesia quemada, ni ponerle puertas.

No puede establecerse un paralelismo fácil entre la Semana Trágica y la actual pandemia, pero es válida la intuición del poeta: no volvamos a edificar la iglesia de antes.

Cuando acabe la pandemia, no volvamos a restaurar la Iglesia sacramentalista del pasado, salgamos a la calle a evangelizar, sin proselitismos, para anunciar con alegría la buena noticia de Jesús a quienes no entran en el templo. Así tendrá sentido pleno celebrar en la comunidad cristiana la fracción del pan y los demás sacramentos.

Fuente: blog.cristianismeijusticia.net

El ‘testamento’ de Adolfo Nicolás: De la distracción a la dedicación, una invitación al «centro»

Hace algunos años, durante el pontificado del papa Benedicto XVI, el P. General Adolfo Nicolás esbozó puntos para una posible carta a la Compañía. Aunque nunca escribió la carta, sí compartió estos puntos con algunos amigos.

A partir de la lectura de la vida de algunos santos: Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, y pensando en el papel de la vida religiosa en la Iglesia, Adolfo Nicolás se cuestionaba: ¿qué es lo que estaba tan presente en ellos y que parece que hemos perdido?. Seguidamente, la respuesta: «Creo que es su centramiento total.» Este es el punto de partida para las reflexiones que plasmó en un escrito titulado «de la distracción a la dedicación: una invitación al centro».  A partir de su experiencia personal, comparte y reflexiona alrededor de una serie de «distracciones» a las que es importante estar atentos.

De “distraerse en la oración” a “distraerse en la vida”

 «¿Cómo podría centrarme en la oración, cuando mi mente y mi corazón estaban distraídos con tantas cosas?». Comparte que, descubrir y comprender que la distracción en la oración estaba unida a una distracción más grande, que incluía otros ámbitos de la vida, «abrió de par en par una puerta a la conciencia y a uno de los medios de oración ignacianos más tradicionales: el Examen.»

Las tentaciones fáciles para distraerse

Las distracciones fáciles son las distracciones de “sentido común” de cualquier comunidad humana. Incluye aquí factores que pertenecen a grupos sociales, étnicos o culturales.

«Tenemos dificultades con las ambigüedades y las áreas grises de la realidad. Debido a que estamos capacitados para un compromiso total, proyectamos fácilmente la verdad total sobre cualquier compromiso al que nos sentimos llamados, y nos volvemos ciegos a los matices, las ambigüedades e incluso las contradicciones de una cosmovisión “en blanco y negro”.»

«No siempre entendimos que una opción preferencial por los pobres era una opción por amor, desde el corazón, desde adentro, como cuando Jesús sintió compasión por las multitudes pobres. Una opción por los pobres no se puede “exigir” a los demás, porque tiene que venir del corazón. Sin esta importante idea, tradujimos “opción preferencial” como “obligación moral” y nos sentimos justificados al exigir esto a todos, bajo la amenaza de considerarlos menos cristianos, menos comprometidos, menos evangélicos.»

El perfeccionismo como distracción narcisista

Otra de las distracciones es la del “perfeccionismo”, que puede confundirse con el “fariseísmo”, un problema no sólo para el tiempo de los Apóstoles, sino que «ha sido una tentación, una verdadera distracción, para todos en todos los tiempos”. «Estamos distraídos, paradójicamente, por nuestro propio impulso hacia la perfección. Aquí los clásicos son de gran ayuda. Estos hombres y mujeres siguieron a Cristo incondicionalmente en su kenosis, su vaciamiento y, por lo tanto, no estaban distraídos por nada del yo que pudiera interponerse en el camino.»

El Ego como distracción número uno

La presenta como la distracción más grande y central de todas: «Nuestro ego nunca descansa y siempre atraerá nuestra atención hacia sí mismo.»

Plantea que la «distracción de popularidad» o «enamorarnos de nuestras opiniones», pueden quitarnos libertad, estrechar el horizonte y evitar una «apertura a algo más grande que unas pocas ideas».

Esto se vuelve mas complejo cuando «la comunidad, o la relación espiritual con la comunidad, se desvanece o desaparece. Nosotros, personas consagradas, nos hemos comprometido a encontrar la voluntad de Dios juntos, como un cuerpo, una comunidad de fe, misión y amor.»

Distracciones de los medios y del mercado: aparatos, internet…

«Estas distracciones son las más comunes y las más fáciles de detectar. Están justo delante de todos nosotros, y pocos de nosotros podríamos reclamar inmunidad total o parcial frente a ellas.», afirma.

Deja algunas preguntas que, lejos de ser extremistas, invitan a repensar nuestra actitud frente a los aparatos tecnológicos: «¿Queremos información o comprensión? ¿Velocidad o profundidad? ¿Centrarse en Cristo o navegar por la Web?.»

Distracciones de la superficialidad en el ámbito religioso

«Estas son distracciones que nos afectan particularmente a los jesuitas, dada nuestra larga formación intelectual. (..) Tendemos a pensar que lo que no encaja con mis teorías no tiene significado; que si no puedo encontrar el “sentido” es un “sin sentido”.»

Con el ejemplo de Ignacio, propone un modo de actuar: «San Ignacio salió al paso de esta tendencia con sus reglas para sentir con la Iglesia. No le preocupaba lo que tenía sentido para él, sino lo que tenía sentido para la gente, la gente sencilla de su tiempo, los fieles sencillos en la Iglesia».

Los clásicos acompañados de una invitación

«Los grandes jesuitas me parecen hombres de una pieza: enteros, dedicados, consistentes, bien orientados y no distraídos en lo más mínimo. (..) Son personas que han dado todo y permanecen bien orientados hacia el objetivo final de su autodonación: Dios y el servicio de su Reino.»

«El recuerdo de estos hombres me parece una invitación para ir al centro; el centro en Dios y el centro de nosotros mismos y nuestra vocación en la Compañía y en la Iglesia. La vocación y la misión que hemos recibido del Señor y que hemos heredado de nuestros predecesores.»

Para cerrar esta serie de reflexiones, comparte una breve oración: «Que todos respondamos de nuevo al llamamiento incesante de nuestro Señor Jesús por el bien de la Iglesia, de la humanidad y del universo.»

Para leer el escrito completo podes acceder a: www.laciviltacattolica.it

“El regreso de nuestros alumnos a las aulas nos devuelve la alegría de vivir la educación como misión” – Néstor Manzur SJ

Con un regreso escalonado y progresivo, las escuelas en Uruguay reabrieron sus puertas. Desde el Colegio San Javier de Tacuarembó, Néstor Manzur SJ nos comparte sobre la experiencia de la vuelta a clases: el reencuentro, las nuevas normas y una misión que continúa.

Por Néstor Manzur SJ

“Una nueva normalidad” ¡qué frase para este tiempo! Con el inicio del mes de junio, en el Colegio San Javier de Tacuarembó hemos emprendido el camino hacia esa “nueva normalidad”, esas ‘normas-nuevas’ de cuidados, de saludos, de regresos. ¡Han vuelto las clases presenciales!

Tempranito y con el frío, comenzaron a llegar los primeros alumnos. Saludo con el codo de por medio…, (primera norma ¡cumplida!), brotaba ya la pregunta del día:-“¿Y, cómo vuelven?”. La respuesta en un 90 % fue: -“¡CON GANAS!, queríamos volver”. 

Esta respuesta nos llenó el corazón de alegría y esperanza. Ha sido un tiempo de “nuevos aprendizajes”. Como antesala al comienzo de clases la Fiesta de Pentecostés, fue ocasión de pedir al Espíritu nos regale el don de “nuevas lenguas”, como a los discípulos “cada uno les oía hablar en su propia lengua” (Hechos 2:6)

Hoy creo que todos y en todos lados entendemos lo que significa “cuidarnos”, no desde la clave del miedo (cuidado= alerta) sino más bien desde como sinónimo de respeto y cariño (cuidado= atención). La clave del Buen Samaritano, quien supo hacerse cargo de atender al prójimo.

La Norma que se hace novedad es la de atender y para esto, establecemos protocolos de acción interpersonal. Las nuevas lenguas que nos toca interpretar son, quizás, las lenguas del corazón: aprender a hablar el idioma ‘paciencia’, ‘comprensión’; traducir en leguaje de sentimientos, de afectos; expresar el idioma ‘abrazo’ a través de los ojos. Hoy más que nunca nuestra miradas comunican, la distancia física se acorta a través de la mirada, ya sea presencial o a través de las pantallas.

El regreso de nuestros alumnos a las aulas nos devuelve la alegría de vivir la educación como misión y nos desafía a aprender de esto nuevo, de modos nuevos pero también de lenguajes nuevos sin perder aquello que se hace novedad siendo la esencia del ser humano: la esencia del AMOR.

Campaña Córdoba Urgencia Alimentaria

Esta semana se lanzó la campaña Córdoba Urgencia Alimentaria. Es una iniciativa solidaria que tiene como objetivo acompañar la difícil situación económica que viven miles de familias cordobesas en el contexto de la pandemia mundial.

Los fondos recaudados se destinarán en su totalidad al suministro de módulos alimentarios para 25.000 familias, distribuidas a través de las 18 zonas pastorales de la Arquidiócesis de Córdoba, tanto en la capital como en el interior de la provincia.

Esta campaña es una iniciativa de Caritas Córdoba, Pastoral Social, Jesuitas de Argentina y Uruguay, Radio María, Hombre Nuevo y Manos Abiertas y ya cuenta con el apoyo de empresas privadas, universidades, clubes, centros médicos y de distintas personalidades del medio artístico y deportivo.

Para colaborar podés acceder a la web: www.urgenciaalimentaria.com.ar

 

La Familia Ignaciana en una Vigilia de Oración Mundial

El domingo 31 de mayo la Iglesia universal celebrará la fiesta de Pentecostés y la familia ignaciana en todo el mundo está invitada compartir una Vigilia de Oración Mundial. 

«Esperamos que esta ‘red de Pentecostés’ nos permita experimentar el extraordinario don de la solidaridad en la misión que es la vida de la Compañía de Jesús y de nuestros colaboradores. Desde cada rincón del mundo, unidos en la oración, podemos experimentar la realidad más profunda del Espíritu Santo que nos reúne, nos sostiene y nos inspira en nuestro servicio a Cristo y a su Iglesia para ‘la vida del mundo’.» Así lo manifestaba James Hanvey SJ en su carta de invitación.

La vigilia digital tendrá lugar en la víspera de Pentecostés, en la tarde/noche del sábado 30 de mayo. No durará más de 30-40 minutos, y tendrá un flujo de testimonios, expresiones artísticas, combinadas con momentos simbólicos e interactivos.

«¿Qué mejor manera de buscar el don y el poder del Espíritu Santo que como una comunidad mundial de oración? 

Con más de 15.000 jesuitas e innumerables colaboradores laicos, la familia ignaciana se extiende por todo el mundo en una hermosa diversidad. Qué apropiado, entonces, que esta familia rece junta para Pentecostés, cuando personas de muchas naciones y lenguas se unieron en la oración.»

La Curia General de Roma transmitirá la vigilia en YouTube, Facebook, y Twitter. El contenido de la vigilia será el mismo cada vez, pero habrá una conversación en vivo y un intercambio de intenciones de oración en los medios sociales durante la vigilia.

Para Argentina y Uruguay, la transimisión será a las 21:00hs

Para más información podes acceder a pentecost.jesuits.global

José Luis Lazzarini sj

Nuestra misión espiritual en tiempos de pandemia – Por Pablo Lamarthée SJ

«Aunque las Iglesias y las Instituciones estén cerradas, los corazones están abiertos.» Así empieza su relato Pablo Lamarthée SJ, Delegado del Sector Espiritualidad de nuestra Provincia. Nos cuenta sobre la principal actividad del sector durante este tiempo de cuarentena y las prioridades que hoy marcan el cronograma y las propuestas: «estamos buscando nuevas formas de llevar a Dios a la gente y acompañarlos espiritualmente.»

Nuestra misión espiritual en tiempos de pandemia

Estos tiempos están siendo bastante propicios para desarrollar la dimensión espiritual. Aunque las Iglesias y las Instituciones estén cerradas, los corazones están abiertos. Desde sus casas, la gente escucha audios con comentarios bíblicos, realiza cursos en línea, vive virtualmente las Eucaristía, se acompaña espiritualmente a la distancia. La vida con menos actividades nos enfrenta a nuestra interioridad y nos obliga a mirar el fondo de nuestra alma. La incerteza, el miedo y la soledad nos hacen buscar más a Dios y querer conectar con su presencia amorosa, pacífica y consoladora.

Por tal motivo, podría decir que nuestra misión espiritual no se detiene, incluso, aumenta. Eso sí, si es que estamos lo suficientemente abiertos como para readaptarnos a las nuevas formas posibles que la realidad nos impone, si es que somos capaces de asumir esta novedad sin prejuicios ni sospechas. Los sacerdotes y muchos agentes pastorales laicos han salido al mundo con mayor visibilidad virtual y la Iglesia ha entrado, de otra manera, en la intimidad de las casas. Incluso podríamos decir que el alcance de nuestras propuestas espirituales está siendo mayor que antes.

El sector espiritual de ARU no está ajeno a esta nueva realidad. Diariamente observamos en las redes sociales cómo nuestros compañeros jesuitas salen de sus comunidades y obras al mundo: con sus homilías, reflexiones, cursos y oraciones. Los Centros de Espiritualidad han tenido también que reinventarse y trabajar con otro modelo: virtual, más dinámico, ligero…; incluso están trabajando conjuntamente sin restricciones de lugares y fronteras. 

Las escuelas de Acompañamiento y las escuelas de Ejercicios Espirituales de nuestros Centros continúan virtualmente, y los Ejercicios en la Vida, que duran todo el año lectivo, siguen siendo la propuesta espiritual estrella. Muchos cursos y talleres han crecido en sus números de inscriptos gracias a la virtualidad de los mismos, lo presencial ha dejado de ser ya un límite. El programa “no estás solo” reunió muchísimos voluntarios para escuchar a las personas que necesitan acompañamiento, y las plataformas digitales a través de internet han pasado a ser nuestras nuevas herramientas para la misión.

Nos sabemos cómo resultará todo esto, tampoco los frutos que traerá, pero lo que viene importando hasta ahora, es que estamos buscando nuevas formas de llevar a Dios a la gente y acompañarlos espiritualmente. De esta manera, los cristianos están dando una vuelta hacia la Iglesia doméstica, redescubriendo la belleza de rezar en casa y “adorar al Padre en espíritu y verdad” (Jn 4,23). Esta pandemia nos está enfrentando con el límite de la vida, y a su vez, nos deja solamente con lo esencial, con lo imprescindible. Nuestra misión permite que nuestra gente encuentre su principio y fundamento, se arraigue en Dios y se sienta acompañada por su misteriosa presencia.

Al igual que San Ignacio, que convirtió su vida gracias al aislamiento forzado de su convalecencia en Loyola, tal vez nosotros también, sin perder la fidelidad al carisma, debamos transformar y repensar nuestra misión espiritual en esta cuarentena. El Espíritu nos dirá por dónde caminar, cómo servir y de qué manera llegar, está en nosotros buscar creativamente esa novedad. 

Pablo Lamarthée

#SeamosUno sigue en marcha

La campaña de recaudación de fondos y alimentos que comenzó en el mes de marzo, a pocas semanas del comienzo de la cuarentena obligatoria, continúa con la entrega de cajas y ayudando a los sectores más desfavorecidos. Patricio Alemán SJ, colabora en la logística de la campaña y nos cuenta un poco más sobre este proyecto solidario.

Por Patricio Alemán SJ

Como muchos ya sabrán, desde mediados de marzo, se dio inicio al proyecto Seamos Uno para asistir con cajas de alimentos y elementos de higiene a un 1.000.000 de familias de Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. La idea surgió en conversaciones entre Rodrigo Zarazaga y Gastón Remy, presidente de IDEA. En sólo tres semanas se puso en marcha, con la ayuda empresarial, un gran esfuerzo de captación de fondos, comunicación, logística y auditoría, que nos permite estar al servicio de familias vulnerables en el contexto de la pandemia y cuarentena actual. 

Esta iniciativa impulsada desde el CIAS, está acompañado por la AMIA, por iglesias evangélicas, el Banco de Alimentos, ACNUR y CARITAS. A través de todas estas instituciones se realiza la distribución de cajas. Ya se han repartido más de 250.000, se están preparando otras 150.000, y se han conseguido fondos para producir otras 200.000. 

Personalmente, participar en la logística de distribución me ha permitido tomar contacto con todas las diócesis de la región Buenos Aires, con los y las referentes diocesanos, parroquiales y barriales de CARITAS. Junto a Rodrigo hemos visitado no sólo nuestras parroquias en San Miguel y Quilmes, sino también capillas y parroquias en La Matanza, Lanús, Merlo, Moreno, José C. Paz… Y en todas nos impresiona ver la presencia comprometida de tantos hombres y mujeres, sacerdotes y religiosas en la distribución de las cajas, así como también en la organización de ollas y comedores. En cada barrio y villa, la presencia eclesial es muy fuerte. Y en ninguno de ellos se alcanza a cubrir la necesidad y demanda básica de comida. 

En estos días donde se pide abrir las Iglesias y Templos, conmueve ver que en los barrios y villas las iglesias nunca cerraron. Que las iglesias están más abiertas que nunca. Que han salido al encuentro de quienes más lo necesitan. Que han sacado afuera mesas, ollas, manteles, y que se han puesto a servir. Que tantos laicos, religiosas y religiosos, curas han salido a caminar y embarrarse para llevar el alimento básico y necesario a quienes más lo necesitan. Que se han convertido en auténticos hospitales de campaña para asistir y cuidar a quienes más lo necesitan. 

Sin dudas que este proyecto ha conseguido que todos los actores y sectores que participan (religiosos, sociales, empresariales, particulares, estatales) “seamos uno” literalmente. Que todos nos acerquemos a los sectores marginados y olvidados. Que allí nos encontremos y entendamos que “nadie se salva solo”. Y que desde allí podamos pensar un modo distinto de construir país y el Reino: más humano, más evangélico. 

Fiesta de Nuestra Señora de los Milagros, patrona de los Jesuitas en Argentina y Uruguay

El pasado 9 de mayo celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Los Milagros, patrona de los jesuitas en Argentina y Uruguay. En ocasión de esta celebración, Cristian Marín SJ, comparte con nosotros algunas impresiones generales y personales sobre lo vivido en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros, en Santa Fe . 

Por Cristian Marín, SJ

«La verdad es que es siempre especial la fiesta patronal. Este año aún más por obvias razones. La comunidad que rodea el Santuario (grupos juveniles, voluntariado manos abierta, alumnos y docentes del colegio, la parroquia de Alto Verde, etc.) acompañó en todo momento el Rosario de cada día (armado por familias de los grupos que cité) y las misas. 

La celebración de la Misa central fue muy emotiva por todo lo vivido en la semana de preparación espiritual. Obviamente fue todo muy distinto. No hace falta citar todo lo que no hubo este año, pero sí resaltar lo que sí hubo: predisposición de todos para colaborar y aportar en lo que podía, el corazón dispuesto para vivir y revivir (porque también hubo recuerdos hermosos) la Gracia del Milagro. Hubo compañía, de alguna manera vivimos el abrazo espiritual que surge del Amor de María y a María. Estuvimos juntos, todos juntos y eso se sintió.

Personalmente, experimenté el cariño y el amor que tiene esta ciudad de Santa Fe por esta advocación. Los alumnos de 5to año (también ex alumnos y los más chicos) me hicieron ver eso que sienten por Nuestra Madre. La difusión de la celebración en las redes sociales, la presencia de Su imagen presente en cada una de las casas de alumnos y ex alumnos con quienes compartimos una oración y contemplación por internet.

Ni que hablar mis compañeros jesuitas de esta comunidad y de todas partes.

Las palabras del obispo en la misa central de la fiesta, fueron muy profundas como la imagen que nos regaló en su homilía: «la raíz de la fe del pueblo de Santa Fe, está aquí, en este lugar» 

En esta fiesta «especial» hubieron muchas cosas, pero lo que experimenté más que nunca fue la Iglesia doméstica en la que María, Nuestra Señora de los Milagros está muy presente: «Y allí donde Ella está, está Jesús».

Recordamos la vida del P. Adolfo Nicolás, ex Superior General de los jesuitas

El 20 de mayo ha fallecido en Tokio el P. Adolfo Nicolás, jesuita español que fue Superior General de la Compañía de Jesús entre los años 2008 y 2016.

Nacido en Villamuriel de Cerrato (Palencia) en 1936, entró en el noviciado de los jesuitas de Aranjuez en 1953. Con 24 años fue destinado a Japón. Desde ese momento hasta su elección como Superior General, en 2008, trabajó en Asia, sobre todo en Japón y Filipinas, desempeñando distintos cargos, entre ellos el de Provincial de Japón durante la década de los 90, o el de moderador de los Provinciales Jesuitas de Asia Oriental y Oceanía. También trabajó con población inmigrante y desfavorecida en una parroquia de Tokio.

En 2008, tras la renuncia del P. Peter-Hans Kolvenbach, fue elegido por la Congregación General 35 como Superior General de los jesuitas, convirtiéndose en el vigésimo noveno sucesor de San Ignacio y el séptimo jesuita de nacionalidad española que ocupaba este cargo. A su generalato aportó su conocimiento y sensibilidad de las culturas orientales, la espiritualidad en diálogo con otras religiones y reafirmó el compromiso prioritario por la promoción de la justicia y la reconciliación.

A lo largo de estos años lideró un trabajo de intensa reestructuración de las provincias jesuitas europeas y americanas y, sobre todo, insistió repetidamente en la necesidad de combatir la superficialidad, trabajando desde la profundidad y la creatividad. A lo largo de su gobierno animó a los jesuitas a redescubrir la dimensión universal de la Compañía de Jesús y a impulsar la colaboración con otros, creyentes o no. Algunos de los acentos de su generalato fueron el trabajo en favor de los más desfavorecidos, la ecología, la reconciliación y el trabajo por la paz como principio irrenunciable; así como la educación de los jóvenes.

En 2014, a la edad de 78 años, anunció su voluntad de presentar la renuncia, lo que hizo ante la Congregación General 36, celebrada en Roma en 2016. Tras ello, regresó a Asia, primero a Filipinas y después a Japón, donde ha residido hasta ahora.

Se le ha definido como un hombre marcado por su larga trayectoria en Asia y el contacto con su cultura y con las religiones orientales: ecuménico, comprometido con el diálogo interreligioso e intercultural. Asimismo, de su personalidad se ha reconocido siempre su gran apertura, su sencillez e inteligencia.

En esta semana se han publicado diversos materiales sobre su biografía y su paso por la Compañía de Jesús:

 

Fuente: infosj.es