P. Rafael Velasco SJ: El ahora y el después de la pandemia

En una columna para el diario La Nación, el P. Provincial Rafael Velasco SJ, comparte una reflexión sobre el «ahora» y el «después» de la pandemia del coronavirus. Hace hincapié en las desigualdades sociales que quedan a la vista día a día,  y también nos invita a pensar en las consecuencias de esta situación que nos atraviesa a todos.

Compartimos la nota completa:

23 de abril de 2020 – Por Rafael Velasco, SJ.

Mucho se habla en estos días del «después» de la pandemia y de los cambios y transformaciones que vendrán. Algunos hablan de un futuro venturoso, otros son más pesimistas. Como sea, el «después» depende de las conclusiones que saquemos del «ahora», en el que como humanidad estamos siendo puestos en jaque por un micro organismo maligno.

Y en el «ahora» estamos experimentando muchas cosas, por ejemplo que dependemos unos de otros más de lo que pensábamos, y que al caer muchas de las cosas por las que nos afanábamos y con las que vivíamos distraídos, nos damos cuenta de que hay pocas cosas esenciales: en primer lugar la vida que es sagrada y no tiene precio. Constatamos además, que las realidades fundamentales como el amor y el cuidado, no dependen del dinero sino de nuestra atención y dedicación.

Los creyentes de la tradición judeocristiana tenemos un relato de origen bastante conocido: el diluvio universal. Este texto relata que la tierra se había llenado de violencia a causa de la maldad del ser humano, por eso Dios decide destruir la creación, pero preserva a un puñado de seres humanos, encabezados por Noé, y a un grupo de animales, para volver a comenzar. La saga es conocida; también sus consecuencias. Después del diluvio Noé y los suyos no tardaron mucho en volver a las andadas; por eso -a la luz de ese texto- el mundo esta como está, por la incapacidad o la rebeldía del ser humano para aprender de sus errores. Todo relato es interpretación. Este no es la excepción. El autor bíblico explica una desgracia natural, como algo ocurrido a consecuencia de sus malas acciones que atrajeron un «castigo divino». Es una interpretación. Ahora bien, pasada mucha agua debajo del puente de la historia, vamos aprendiendo que las desgracias que solíamos atribuirlas a Dios, no son más que consecuencias de nuestras acciones u omisiones. En el caso de esta pandemia lo vemos claramente. La causa de nuestro sufrimiento está vinculada a acciones humanas y la pandemia deja a la luz las injusticias, las inequidades que nosotros hemos edificado. Vemos como muchos quedan expuestos al contagio y a la muerte porque hemos construido sociedades a costa del ser humano, con la sangre y el sudor de muchos para el disfrute de una minoría.

«Estamos todos en la misma barca», nos lo recordó Francisco . Y es verdad. El problema es que mientras unos viajan en primera otros van amontonados en la bodega. Unos pudiendo disfrutar de las bondades del restaurante de cubierta y otros anónimos y valientes a la fuerza, trabajando para que todos estemos a salvo, dentro de lo posible, arriesgando sus vidas en el intento. Si hoy valoramos y aplaudimos a los que trabajan para que la nave no naufrague, sería ya un aprendizaje que no los lancemos por la borda cuando el peligro haya pasado.

Se dice que después de la pandemia hasta la democracia ya no será igual. Ojalá. La revolución francesa que nos legó este modelo democrático, proclamó la libertad, la igualdad y la fraternidad. Durante los siglos posteriores, los defensores de la libertad y los de la igualdad han tenido numerosas reyertas. Libertad e igualdad han tenido movimientos que las enarbolan. La hija pobre y postergada de la revolución ha sido la fraternidad. Justo la que hoy puede salvarnos. Tal vez un aprendizaje que nos va ofreciendo el «ahora», es que no hay igualdad, ni libertad si no vivimos más fraternamente, haciendo más lugar en la mesa, superando grietas, trabajando juntos los de diverso espacio político, las diversas religiones, los de diferente ideología, etc para que los más vulnerables no sean lanzados como lastre por estribor y puedan vivir un poco mejor en la misma barca.

«Ahora» estamos pasando momentos oscuros, en los que sin embargo vemos con claridad cosas fundamentales. ¿Alcanzará para que el día «después» no perdamos la memoria?

Fuente: lanacion.com.ar

Cura apostolica et cura personalis: siempre para la misión

¿Cómo pensaba San Ignacio conservar la unidad de sus compañeros jesuitas, mientras que desde los primeros años de existencia de la Compañía de Jesús sus compañeros estaban dispersos por todo el mundo? Instituyó un «sistema de cartas» muy eficaz, que todavía hoy sirve de base para la información que necesita el Superior General.

Entre todas las cartas recibidas y enviadas al General -todas ellas numeradas y archivadas, desde la fundación- están las «cartas anuales» o «cartas ex officio«. Al comienzo de cada año, todos los Provinciales, sus asistentes, los superiores de comunidad y a menudo otros jesuitas y responsables laicos de las obras jesuitas envían al Padre General su evaluación de la vida de la Compañía, de las fortalezas y debilidades que han marcado el apostolado y la presencia de los jesuitas en su medio durante el año anterior. A menudo, el General especifica algún punto sobre el que desea ser informado.

Así, al inicio del 2019, las «cartas ex officio» pudieron arrojar luz sobre el modo en que se armonizan la cura apostólica – el cuidado que debe prestarse a la acción y a los compromisos de la Compañía – y la cura personalis – la atención que debe prestarse, sobre todo por parte del superior, a la calidad humana y espiritual de la vida de sus compañeros. Después de recibir miles de cartas y de meditar sobre la información recibida, el P. Arturo Sosa publicó, el 25 de marzo pasado, una carta «a toda la Compañía» en la que resume y comenta esta rica documentación.

El Padre General señala en primer lugar que la tensión que existe entre estas dos formas de liderazgo es propia del carisma y del modo de proceder de la Compañía de Jesús. Añade que esta tensión merece una atención especial en el contexto de “cambio de época” en el que vivimos, en el que la colaboración, el discernimiento en común y la planificación apostólica son instrumentos habituales de gobierno.

Una buena parte del texto del Padre General destaca las buenas prácticas, algunas dificultades, y los principales desafíos en la interacción entre cura personalis y cura apostolica, tal como se desprenden de las cartas que recibió. Una de sus conclusiones es que las dificultades que se presentan tienen como origen principal la separación entre estas dos formas de cura, de cuidado. Esta proviene de una separación de competencias entre el superior de la comunidad y el director de la obra. Ahora bien, insiste el Padre Sosa, la solución a los posibles desequilibrios está en la toma de conciencia, por ambas partes, de que en el fondo no hay más que una única cura que se ocupa de las personas, de las comunidades y de las obras, al servicio de la misión. Es la misión de la Compañía – y la misión de la Compañía tal como se encarna en tal o cual ámbito, por tal o cual obra – la que da sentido al cuidado que todos los responsables deben tener por las personas comprometidas en la misión.

Esta atención personalizada, señala el Padre General, es también asunto de todos, no sólo de los superiores y directores. Cada jesuita que se preocupa por la misión de la Compañía debe ocuparse de los demás según su nivel de responsabilidad y teniendo en cuenta las vocaciones particulares de cada uno.

Después de haber puesto de relieve algunos instrumentos útiles para la cura de la vida y la misión de la Compañía, el padre Sosa afirma que es posible vivir de manera fructífera la tensión entre cura apostolica y cura personalis. Para apoyar esta integración, el propone medidas concretas que pueden tomarse desde ahora: cultivar la transparencia y la libertad interior, promover la conversación espiritual, construir una cultura del diálogo. Y concluye recordando, en el espíritu de un decreto de la 36ª Congregación General, que la comunidad jesuita es un lugar privilegiado de discernimiento apostólico y que si bien los lazos fraternos de «amigos en el Señor» están orientados al servicio de la misión, ellos son también, en sí mismos, una forma de misión.

Texto completo de la carta del Padre General.

Fuente: jesuits.global

La Semana Santa de los jesuitas que realizan la Tercera Probación

Hace unas semanas atrás, celebrábamos la finalización del mes de Ejercicios Espirituales de nuestros compañeros jesuitas que se encuentran transitando la etapa de la Tercera Probación en Cochabamba, Bolivia. En el día de ayer, el P. Emmanuel Sicre SJ, nos compartía la experiencia que vivieron como grupo durante la Semana Santa. Aquí compartimos su mensaje:

Por Emmanuel Sicre SJ

Después del mes de Ejercicios Espirituales, la comunidad de tercerones junto a su instructor Agustín Rivarola SJ, de la Provincia Argentino Uruguaya y el ministro Freddy Quilo Quispe SJ,  de la Provinicia Boliviana,  llevó a cabo un discernimiento comunitario para ver cómo es que Dios la invitaba a vivir esta Semana Santa tan particular en el contexto del COVID-19 que impidió las misiones a las distintas comunidades del país.

La moción principal fue la de “vivir el recogimiento espiritual y el encuentro con el Señor Crucificado/Resucitado en los crucificados del mundo, buscando de signos de resurrección en comunidad”. Esto nos llevó concretamente a intensificar en nuestras oraciones personales y comunitarias la intercesión por aquellas personas que nos pedían oraciones vía redes sociales.

Fue una manera muy bella de vivir este tiempo complejo que nos tiene dentro de casa, pero abiertos; aislados pero conectados; distanciados, pero en comunión con los dolores y los gozos de la gente.

Y ahora, con el espíritu pascual de este tiempo, nos encontramos estudiando las Constituciones y las Normas Complementarias de la Compañía. Cada día, en medio de las tareas domésticas necesarias, leemos, reflexionamos, compartimos y rezamos el origen de nuestro carisma a la luz de las actualizaciones sucesivas.

Para los apostolados nos estamos poniendo a disposición del acompañamiento de Ejercicios y de cursos de pedagogía y espiritualidad ignacianas para quienes colaboran en distintas obras de la Compañía en Bolivia, especialmente con Fe y Alegría. También estamos buscando ayudar a distancia con las Parroquias de Moxos.

Seguimos agradeciendo sus oraciones y continuamos pidiendo a Dios para que nos ayude a responder de la mejor manera a los desafíos que la realidad nos presenta.

AMDG 21/04/2020, Cochabamba, BOLIVIA

Papa Francisco: un plan para resucitar

El papa Francisco escribe una nueva reflexión para Pascua. Se trata de una meditación de puño y letra para la revista Vida Nueva Digital y para toda la Iglesia. A partir del «Alégrense» de Jesús a las mujeres, envía un mensaje de esperanza que nace de la alegría pascual y que anima la vida en estos tiempos que corren.

Presentamos a continuación el texto íntegro de la meditación escrita por el Papa:

Un plan para resucitar

“De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: ‘Alégrense’” (Mt 28, 9). Es la primera palabra del Resucitado después de que María Magdalena y la otra María descubrieran el sepulcro vacío y se toparan con el ángel. El Señor sale a su encuentro para transformar su duelo en alegría y consolarlas en medio de la aflicción (cfr. Jr 31, 13). Es el Resucitado que quiere resucitar a una vida nueva a las mujeres y, con ellas, a la humanidad entera. Quiere hacernos empezar ya a participar de la condición de resucitados que nos espera.

Invitar a la alegría pudiera parecer una provocación, e incluso, una broma de mal gusto ante las graves consecuencias que estamos sufriendo por el COVID-19. No son pocos los que podrían pensarlo, al igual que los discípulos de Emaús, como un gesto de ignorancia o de irresponsabilidad (cfr. Lc 24, 17-19). Como las primeras discípulas que iban al sepulcro, vivimos rodeados por una atmósfera de dolor e incertidumbre que nos hace preguntarnos: “¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro?” (Mc 16, 3). ¿Cómo haremos para llevar adelante esta situación que nos sobrepasó completamente? El impacto de todo lo que sucede, las graves consecuencias que ya se reportan y vislumbran, el dolor y el luto por nuestros seres queridos nos desorientan, acongojan y paralizan. Es la pesantez de la piedra del sepulcro que se impone ante el futuro y que amenaza, con su realismo, sepultar toda esperanza. Es la pesantez de la angustia de personas vulnerables y ancianas que atraviesan la cuarentena en la más absoluta soledad, es la pesantez de las familias que no saben ya como arrimar un plato de comida a sus mesas, es la pesantez del personal sanitario y servidores públicos al sentirse exhaustos y desbordados… esa pesantez que parece tener la última palabra.

Sin embargo, resulta conmovedor destacar la actitud de las mujeres del Evangelio. Frente a las dudas, el sufrimiento, la perplejidad ante la situación e incluso el miedo a la persecución y a todo lo que les podría pasar, fueron capaces de ponerse en movimiento y no dejarse paralizar por lo que estaba aconteciendo. Por amor al Maestro, y con ese típico, insustituible y bendito genio femenino, fueron capaces de asumir la vida como venía, sortear astutamente los obstáculos para estar cerca de su Señor. A diferencia de muchos de los Apóstoles que huyeron presos del miedo y la inseguridad, que negaron al Señor y escaparon (cfr. Jn 18, 25-27), ellas, sin evadirse ni ignorar lo que sucedía, sin huir ni escapar…, supieron simplemente estar y acompañar. Como las primeras discípulas, que, en medio de la oscuridad y el desconsuelo, cargaron sus bolsas con perfumes y se pusieron en camino para ungir al Maestro sepultado (cfr. Mc 16, 1), nosotros pudimos, en este tiempo, ver a muchos que buscaron aportar la unción de la corresponsabilidad para cuidar y no poner en riesgo la vida de los demás. A diferencia de los que huyeron con la ilusión de salvarse a sí mismos, fuimos testigos de cómo vecinos y familiares se pusieron en marcha con esfuerzo y sacrificio para permanecer en sus casas y así frenar la difusión. Pudimos descubrir cómo muchas personas que ya vivían y tenían que sufrir la pandemia de la exclusión y la indiferencia siguieron esforzándose, acompañándose y sosteniéndose para que esta situación sea (o bien, fuese) menos dolorosa. Vimos la unción derramada por médicos, enfermeros y enfermeras, reponedores de góndolas, limpiadores, cuidadores, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas, abuelos y educadores y tantos otros que se animaron a entregar todo lo que poseían para aportar un poco de cura, de calma y alma a la situación. Y aunque la pregunta seguía siendo la misma: “¿Quién nos correrá la piedra del sepulcro?” (Mc 16, 3), todos ellos no dejaron de hacer lo que sentían que podían y tenían que dar.

Y fue precisamente ahí, en medio de sus ocupaciones y preocupaciones, donde las discípulas fueron sorprendidas por un anuncio desbordante: “No está aquí, ha resucitado”. Su unción no era una unción para la muerte, sino para la vida. Su velar y acompañar al Señor, incluso en la muerte y en la mayor desesperanza, no era vana, sino que les permitió ser ungidas por la Resurrección: no estaban solas, Él estaba vivo y las precedía en su caminar. Solo una noticia desbordante era capaz de romper el círculo que les impedía ver que la piedra ya había sido corrida, y el perfume derramado tenía mayor capacidad de expansión que aquello que las amenazaba. Esta es la fuente de nuestra alegría y esperanza, que transforma nuestro accionar: nuestras unciones, entregas… nuestro velar y acompañar en todas las formas posibles en este tiempo, no son ni serán en vano; no son entregas para la muerte. Cada vez que tomamos parte de la Pasión del Señor, que acompañamos la pasión de nuestros hermanos, viviendo inclusive la propia pasión, nuestros oídos escucharán la novedad de la Resurrección: no estamos solos, el Señor nos precede en nuestro caminar removiendo las piedras que nos paralizan. Esta buena noticia hizo que esas mujeres volvieran sobre sus pasos a buscar a los Apóstoles y a los discípulos que permanecían escondidos para contarles: “La vida arrancada, destruida, aniquilada en la cruz ha despertado y vuelve a latir de nuevo” (1) . Esta es nuestra esperanza, la que no nos podrá ser robada, silenciada o contaminada. Toda la vida de servicio y amor que ustedes han entregado en este tiempo volverá a latir de nuevo. Basta con abrir una rendija para que la Unción que el Señor nos quiere regalar se expanda con una fuerza imparable y nos permita contemplar la realidad doliente con una mirada renovadora.

Y, como a las mujeres del Evangelio, también a nosotros se nos invita una y otra vez a volver sobre nuestros pasos y dejarnos transformar por este anuncio: el Señor, con su novedad, puede siempre renovar nuestra vida y la de nuestra comunidad (cfr. Evangelii gaudium, 11). En esta tierra desolada, el Señor se empeña en regenerar la belleza y hacer renacer la esperanza: “Mirad que realizo algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notan?” (Is 43, 18b). Dios jamás abandona a su pueblo, está siempre junto a él, especialmente cuando el dolor se hace más presente.

Si algo hemos podido aprender en todo este tiempo, es que nadie se salva solo. Las fronteras caen, los muros se derrumban y todo los discursos integristas se disuelven ante una presencia casi imperceptible que manifiesta la fragilidad de la que estamos hechos. La Pascua nos convoca e invita a hacer memoria de esa otra presencia discreta y respetuosa, generosa y reconciliadora capaz de no romper la caña quebrada ni apagar la mecha que arde débilmente (cfr. Is 42, 2-3) para hacer latir la vida nueva que nos quiere regalar a todos. Es el soplo del Espíritu que abre horizontes, despierta la creatividad y nos renueva en fraternidad para decir presente (o bien, aquí estoy) ante la enorme e impostergable tarea que nos espera. Urge discernir y encontrar el pulso del Espíritu para impulsar junto a otros las dinámicas que puedan testimoniar y canalizar la vida nueva que el Señor quiere generar en este momento concreto de la historia. Este es el tiempo favorable del Señor, que nos pide no conformarnos ni contentarnos y menos justificarnos con lógicas sustitutivas o paliativas que impiden asumir el impacto y las graves consecuencias de lo que estamos viviendo. Este es el tiempo propicio de animarnos a una nueva imaginación de lo posible con el realismo que solo el Evangelio nos puede proporcionar. El Espíritu, que no se deja encerrar ni instrumentalizar con esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas, nos propone sumarnos a su movimiento capaz de “hacer nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5).

En este tiempo nos hemos dado cuenta de la importancia de “unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” (2). Cada acción individual no es una acción aislada, para bien o para mal, tiene consecuencias para los demás, porque todo está conectado en nuestra Casa común; y si las autoridades sanitarias ordenan el confinamiento en los hogares, es el pueblo quien lo hace posible, consciente de su corresponsabilidad para frenar la pandemia. “Una emergencia como la del COVID-19 es derrotada en primer lugar con los anticuerpos de la solidaridad” (3). Lección que romperá todo el fatalismo en el que nos habíamos inmerso y permitirá volver a sentirnos artífices y protagonistas de una historia común y, así, responder mancomunadamente a tantos males que aquejan a millones de hermanos alrededor del mundo. No podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos. Es el Señor quien nos volverá a preguntar “¿dónde está tu hermano?” (Gn, 4, 9) y, en nuestra capacidad de respuesta, ojalá se revele el alma de nuestros pueblos, ese reservorio de esperanza, fe y caridad en la que fuimos engendrados y que, por tanto tiempo, hemos anestesiado o silenciado.

Si actuamos como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan, podemos lograr un impacto real. ¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos? ¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia? La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar… Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad. No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es “una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio. La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos” (4).

En este tiempo de tribulación y luto, es mi deseo que, allí donde estés, puedas hacer la experiencia de Jesús, que sale a tu encuentro, te saluda y te dice: “Alégrate” (Mt 28, 9). Y que sea ese saludo el que nos movilice a convocar y amplificar la buena nueva del Reino de Dios.

 

Texto publicado por la revista en formato pdf para leer y descargar: click aquí

Fuente: vidanuevadigital.com

 

Papa Francisco: Buscar la paz siempre y de todas maneras

En la catequesis de este miércoles 15 de abril, el Papa Francisco reflexionó sobre la séptima bienaventuranza: «Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Los «artesanos de paz», los que actúan de forma activa y artesanal, colaborando en la obra de la creación.

Además, profundizó sobre el significado de la palabra paz y dos concepciones que hay sobre ella:

La primera idea es la bíblica, donde aparece la hermosa palabra shalom, que expresa abundancia, prosperidad, bienestar. Cuando en hebreo se desea el shalom, se desea una vida bella, plena y próspera, pero también la verdad y la justicia, que se cumplirán en el Mesías, expresó.

El otro sentido de paz es el sentido subjetivo  y  está muy difundido en nuestra sociedad, es el de tranquilidad y equilibrio personal, que en ocasiones no corresponde a un crecimiento interior, explicó el Papa.

La paz que viene del Señor es la que hace de dos pueblos uno solo

La verdadera shalom y el verdadero equilibrio interior – asegura finalmente el Pontífice – brotan de la paz de Cristo, capaz de generar una nueva humanidad, encarnada en una  infinita fila de santos y santas, inventivos, creativos, que han ideado formas siempre nuevas de amar. «En esta vida como hijos de Dios, está la verdadera felicidad. Bienaventurados aquellos que van por este camino”.

«El amor por su nacimiento es creativo y busca la reconciliación a cualquier costo. Los que han aprendido el arte de la paz y lo practican saben que no hay reconciliación sin el don de la vida, y que hay que buscar la paz siempre y de todas maneras. Siempre y de todas maneras. ¡No olviden esto!»

Sean constructores de paz

Francisco anima a todos los fieles «a colaborar con Dios en la tarea de construir la paz, en cada momento y lugar, comenzando por aquellas situaciones particulares que cada uno vive y con las personas que tienen alrededor; especialmente, en estos momentos que estamos viviendo a causa de la pandemia, para que, con un gesto concreto de bien, puedan llevar la ternura, la alegría y la paz de Cristo Resucitado».

 

Fuente: vaticannews.va

Un llamado a discernir y actuar a favor de los pobres y los marginados

El P. Xavier Jeyaraj,  jesuita indio de la Provincia de Calcuta y actual secretario para la Justicia Social y la Ecología, dirigió un mensaje para animarnos y darnos algunas orientaciones en el contexto de la pandemia mundial. Compartimos el mensaje completo:

Por Xavier Jeyaraj SJ

Mis queridos hermanos y hermanas:

¡Saludos desde SJES – Roma!

Hace unos meses, celebramos el 50 aniversario del Secretariado de Justicia Social y Ecología (SJES) con un Congreso en Roma en el que participaron más de 200 delegados y delegadas de todas partes del mundo. El Santo Padre Francisco, en su audiencia, nos animó e invitó a: «abrirnos de par en par al futuro, crear posibilidades e imaginar alternativas». Nos recordó que: «por encima de todo, el apostolado social debe promover procesos y fomentar la esperanza». En las conclusiones del Congreso, identificamos cuatro procesos de conversión que el apostolado social debe asumir: la transformación necesaria para la sociedad, la colaboración, la sinodalidad y la creación de nuevas narrativas. Este año planeábamos trabajar en la preparación de un documento basado en estos procesos de conversión a fin de proporcionar información para el discernimiento y la planificación apostólica en línea con las Preferencias Apostólicas Universales.

No podíamos prever entonces que, en los meses siguientes, nuestras vidas y el mundo, tal como lo conocíamos, cambiarían drásticamente. No sabíamos entonces que, en pocos meses, nos encontraríamos en una crisis de salud global, sin precedentes, debido a la Pandemia COVID-19. Con cifras que aumentan cada día desde su nivel actual de casi 1.300.000 casos y más de 70.000 muertes en 183 países a 6 de abril de 2020, el virus ha interrumpido la vida en casi todos los rincones del mundo. En respuesta a su rápida propagación, muchos países han decidido cerrar sus fronteras, cesar todas las actividades no esenciales e imponer cuarentenas a todos los residentes.

Los sistemas de salud corren el riesgo de verse aún más colapsados a medida que la pandemia se extienda. La salud y las consecuencias socioeconómicas y políticas serán devastadoras y afectarán -de hecho, ya están afectando – a las personas y comunidades más vulnerables, incluyendo, en particular, a los ancianos, niños y niñas, personas migrantes refugiadas y desplazadas forzosas y a los pueblos indígenas. ¿Cómo afrontarán los pobres y los excluidos esta crisis? ¿Cómo mantendrán la “distancia social” en los barrios marginales de muchas de las ciudades de nuestro mundo? ¿Dónde encontrarán los “sin techo” una casa segura? ¿Cómo se encerrarán durante días y semanas aquellos que tienen que ganarse el sustento diario? Como muchos ya están diciendo: si tienen que elegir entre el hambre y el coronavirus, elegirán el último. Al mismo tiempo, esta crisis global nos da un sentido de interconexión y de ser parte de la misma familia humana en una casa común.

En la situación actual, creo sinceramente que muchos de nosotros, en el apostolado social de la Compañía de Jesús hemos respondido a esta crisis global de manera creativa pero prudente. Me siento profundamente consolado e interpelado por las palabras del Padre General en su reciente seminario web del 2 de abril de 2020, a los miembros y colaboradores de la Compañía de Jesús, cuando dijo: «Mi primer pensamiento es para los pobres y aquellos que viven al margen de nuestra sociedad».

Entonces, ¿a qué nos está llamando Dios? Me gusta escuchar de muchos de ustedes que, a pesar de las grandes dificultades debido al confinamiento, están estableciendo redes y conexiones, “creando posibilidades e imaginando alternativas” para llegar a las personas afectadas, en particular a los pobres, a los migrantes, a los trabajadores, a los ancianos, a los abandonados y a los desamparados. Muchos de ustedes han encontrado creativamente maneras de ser solidarios con los pobres y de expresar su cercanía y afecto.

Creo que a todos los niveles estamos discerniendo y activando procesos colectivamente, estrategias y acciones que alivien la difícil situación de las personas y comunidades marginadas y que les ayuden a elevar su voz en la esfera pública. Las Preferencias Apostólicas Universales nos dan una excelente hoja de ruta. En el plano internacional, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 también pueden ser un buen marco para nuestras iniciativas de incidencia pública.

A pesar de las limitaciones impuestas por el confinamiento, desde el Secretariado de Justicia Social y Ecología nos sentimos obligados a aceptar este desafío y a dar respuestas. Por ello, hemos iniciado las siguientes líneas de trabajo:

a) Mantuvimos reuniones virtuales con los seis delegados de las Conferencias, los cuatro líderes de los GIAN, junto con el grupo de emergencia de la Red Xavier (XN), espacios éstos en los que compartimos sobre las situaciones en los distintos países, conferencias y redes.

b) Con el apoyo de la Red Xavier, el Secretariado inició una encuesta el pasado 30 de marzo de 2020 para obtener información básica sobre las dificultades encontradas, las medidas adoptadas y los planes hechos por los centros, instituciones y redes de la Compañía de Jesús. Este estudio incluye a las redes internacionales de los jesuitas como Fe y Alegría y el Servicio Jesuita a Refugiados. Esperamos que esta encuesta nos proporcione información clave para un discernimiento colectivo con el fin de favorecer la articulación global, en base a una planificación estratégica conjunta tanto para la acción inmediata como en el medio plazo durante la fase de recuperación. Les invitamos a compartir sus sugerencias y unirse a estos esfuerzos.

c) El Secretariado también ha creado una nueva sección, Covid-19, dentro de nuestro sitio web: https://www.sjesjesuits.global/en/index.php/covid-19/. Confiamos en que fortalecerá nuestras estrategias de comunicación global, para compartir noticias y reflexiones, preocupaciones mundiales y buenas prácticas de la Compañía de Jesús en este momento de la pandemia. Les animo a compartir sus experiencias, aprendizajes y buenas prácticas, especialmente en esta época de crisis.

d) Estamos actualizando los cuatro procesos de conversión que identificamos al final del Congreso: la transformación de nuestra sociedad, la colaboración, la “sinodalidad” y la creación de nuevas narrativas, también durante esta crisis sanitaria mundial.

Estamos viviendo la prueba más dura e inesperada que podíamos imaginar. Sin embargo, llegaremos a mejor puerto si nos acordamos de cómo el padre Pedro Arrupe llegó a las víctimas de la bomba atómica de Nagasaki el 6 de agosto de 1945. Sigamos su ejemplo y recordemos sus palabras: «El Señor nunca había estado tan cerca de nosotros, porque nunca nos habíamos sentido tan inseguros». Pedimos que, por su intercesión, la luz del Espíritu nos guíe para que podamos responder adecuadamente en esta crisis mundial, defendiendo la dignidad y los derechos de las comunidades pobres y marginadas, y ayudando a construir un mundo más sano, sostenible y fraterno para todos.

Con profunda gratitud y los mejores deseos de una Semana Santa llena de gracia y la convicción de que resucitaremos con Cristo.

Fuente: jesuitas.lat

Mensaje del Papa Francisco en apoyo a la campaña solidaria #SeamosUno

El pasado 2 de abril, el Papa Francisco envió por escrito un mensaje al P. Provincial Rafael Velasco SJ, mostrando su compromiso y agradecimiento personal por el trabajo que se está realizando para llevar adelante el proyecto de recaudación de fondos y donaciones #SeamosUno.

«Estoy contento con lo que han organizado. Iniciativas como éstas son las que se necesitan en todas partes, para el momento presente y también para sostener las medidas del “después”, expresó.

La campaña tiene como objetivo confeccionar un total de un millón de cajas para cubrir las necesidades alimentarias y de higiene de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. La semana pasada ya se entregaron un total de 100.000 cajas y están en proceso de finalización del armado de un total de 350.000.

Tanto empresas como individuos pueden colaborar a través de la página web www.seamosuno.com.ar.

El texto:

2-4-2020

R.P Rafael Velasco

Buenos Aires

Querido hermano,

Me ha llegado información sobre el emprendimiento “Seamos Uno” del cual forma parte la Provincia Argentina de la Compañía de Jesús.

Estoy contento con lo que han organizado. Iniciativas como éstas son las que se necesitan en todas partes, para el momento presente y también para sostener las medidas del “después”.

Gracias por el testimonio. Me hace bien.

Rezo por vos. Por favor no te olvides de hacerlo por mí.

Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide.

Fraternalmente,  Francisco 

Papa Francisco: «Que el resucitado sane las heridas de la humanidad desolada»

El papa Francisco presidió este domingo 12 de abril en la basílica de San Pedro la misa del domingo de Resurrección, rezó por el mundo entero e impartió la bendición Urbi et Orbi. 

“Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado”, dijo en su reflexión. “Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!»”, aseguró.

“No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no ‘pasa por encima’ del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios”, profundizó.

Que el Resucitado “conceda su consolación”

En ese sentido, invitó a mirar al Resucitado, “que no es otro que el crucificado”, para “que sane las heridas de la humanidad desolada”, y mencionó especialmente a los enfermos, a los que han fallecido y a las familias que lloran la muerte de sus seres queridos: “Hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus” y pidió para ellos “que el Señor de la vida acoja consigo en su reino a los difuntos, y dé consuelo y esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas. Que conceda su consolación”. Del mismo modo, recordó al personal sanitario, a las autoridades y a todos los que trabajan en los servicios esenciales.

Lutos, sufrimientos físicos y problemas económicos, enumeró el Pontífice al referirse a la pandemia, y advirtió: “Esta enfermedad no sólo nos está privando de los afectos, sino también de la posibilidad de recurrir en persona al consuelo que brota de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación”. En ese marco, animó a recordar la antífona de ingreso de la Misa del día de Pascua del Misal Romano: “No temas, he resucitado y aún estoy contigo”.

Por otra parte, Francisco expresó su cercanía con quienes enfrentan un futuro incierto, porque temen perder el trabajo y las consecuencias que esto genera; también con quienes toman decisiones políticas, y los exhortó a que encarnen la búsqueda del bien común de todos los ciudadanos “para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas”.

“Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen un hogar. Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos”, exhortó.

Una nueva humanidad

Para finalizar su reflexión, el Santo Padre pidió a la humanidad y en especial a la comunidad católica, que actúen en la construcción de una nueva humanidad, fruto de la resurrección de Jesús entre nosotros.
Para ellos, exhortó a no dejar solos a los pobres, a los presos y a los que no tienen hogar. “Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos”.

Fuente: AICA

Mensaje de Pascua del Padre General Arturo Sosa SJ

El P. General Arturo Sosa SJ compartió un mensaje de Pascua dirigido a compañeros jesuitas, comunidades religiosas, laicos y laicas, y a todos los que de alguna manera están ayudando a sobrellevar la crisis mundial actual. A continuación compartimos el mensaje completo:

«Transformación en tiempos de COVID»

La Pascua de Resurrección ofrece nueva luz al camino hacia Dios que nos está indicando la pandemia del COVID-19 que viene afectando, hace semanas, a toda y la única humanidad. La Pascua es paso de Dios, paso de la muerte a la vida, paso que transforma a quien se abre a la experiencia del Crucificado-Resucitado.

Pascua es un momento para agradecer a Dios tanto bien recibido. Hago llegar una sentida palabra de agradecimiento a todos mis hermanos jesuitas, compañeros y compañeras en la misión, a los Superiores y Directores de obra que han animado con generosidad y creatividad tantas iniciativas para hacer de la distancia cercanía y del dolor Esperanza. Gracias por toda la comunidad eclesial que ha sabido salir al encuentro y servir de “hospital de campo” para muchos. Gracias a quienes sin distingos de credo, raza, cultura o edad han convertido esta crisis en paso hacia la transformación.

Celebramos la memoria del paso del Señor, recibimos con alegría al Consolador, abrazamos la Esperanza y damos gracias a Papa-Dios. Celebramos la memoria del paso liberador de Dios que abrió las aguas del Mar Rojo para que el pueblo se encontrara con Él en el desierto y, dejando atrás la esclavitud, iniciara el largo trayecto a la libertad. La crisis del COVID-19 está abriendo nuestros ojos para ver de cerca las estructuras que hoy oprimen a la humanidad y crean las enormes brechas de la injusticia social. Atrae nuestra mirada a lo que nos oprime y abre nuestros ojos a la necesidad y posibilidad de iniciar su transformación.

Recibimos con alegría al Crucificado, Resucitado a la Vida de Dios a la cual sólo se llega por el amor tan grande que vence el miedo a la muerte y dona voluntariamente la propia vida. Tenemos presente a todas aquellas personas que le han perdido el miedo a la muerte y arriesgan su propia vida para salvar no sólo la vida de cada uno de nosotros sino de la sociedad misma. Médicos, enfermeras, empleados de hospitales, sacerdotes, religiosos, religiosas, voluntarios, defensa civil, fuerzas del orden y tantos otros que invisiblemente dan una mano aquí o allá para dar nueva vida.

La contemplación del Crucificado nos ha conducido a apiadarnos de los descartados del actual orden mundial, condenados a la muerte de la pobreza, la marginalidad, la perdida de sus derechos fundamentales, obligados a huir de su patria y alejarse de su gente querida. Allí descubrimos al Dios-con-nosotros que nos invita a cuidar el amor de Dios en nosotros abriéndonos a lavarnos los pies los unos a los otros, a cuidar sin miedo la vida de los otros.

Como el sepulcro de Jesús, el confinamiento por el COVID-19 no puede retener nuestro deseo de vivir y dar vida. Jesús Crucificado pasó por el sepulcro para transformar su muerte en paso a la Vida de Dios y así abrirnos la puerta de la vida verdadera. El sepulcro de Jesús está vacío porque la muerte no puede retener la fuerza del amor liberador. El sepulcro vacío nos indica que la humanidad se puede salvar. Hagamos de este confinamiento la oportunidad para transformar nuestra vida y renacer en el amor que sale al encuentro con quienes se empeñan en construir un mundo mejor.

Muchos – demasiados – han muerto a causa del COVID-19. Ellos nos han hecho ver a tantos otros muertos a causa de las injusticias, de la violencia, de la guerra. No hemos perdido a quienes han dado su vida en esta crisis si escuchamos el mensaje que nos gritan para que demos el paso a transformar nuestra propia vida, la sociedad que hemos construido defectuosamente y rescatemos la naturaleza maltratada.

Del sepulcro sale el Crucificado-Resucitado para ejercer su misión de consolador. Jesucristo nos consuela con su amistad por la que nos trasmite la Vida de Dios. Nos ayuda a perder el miedo a caminar por el desierto para encontrarnos con Él. Nos ayuda a entender las Escrituras que explican de tantas maneras cómo Dios está presente en la vida humana y en la naturaleza. Él nos guía a través de su Espíritu… si nos dejamos guiar.

Jesucristo está tan cerca de nosotros que lo podemos abrazar. Su cercanía no es amenaza a nuestra salud. Por el contrario, abrazando a Jesucristo alcanzamos nuestra salvación. Abrazando al Crucificado-Resucitado abrazamos la Esperanza, esa que nos hace comprometernos en la construcción de nuevas relaciones entre los seres humanos y con el medio ambiente porque encontramos en Él el ánimo y la fuerza para hacerlo. En Él abrazamos a toda la humanidad porque nos sentimos hermanos y hermanas de cada persona, pueblo y cultura. Sabemos que la variedad nos enriquece y la creatividad nos permite encontrar nuevos modos de relacionarnos dejando vacía la tumba de los muertos.

La Pascua del Resucitado sea motivo de alegría profunda y traiga bendición para todos nosotros. Que sea un tiempo de gozo y transformación profunda. El amor de los compañeros, compañeras, amigos y familiares los abrace en este tiempo y los enriquezca. Cuenten con mi oración como cuento con las suyas.

Fuente: Curia General de los Jeusitas

Rodrigo Zarazaga, SJ: “La gente de las villas no quiere el caos, pero el hambre lleva a la desesperación”

Compartimos una entrevista realizada al P. Rodrigo Zarazaga SJ para el diario Valores Religiosos, en el marco de la campaña de recaudación de fondos y donaciones #SeamosUno.

Por Sergio Rubin

“La gente de las villas no quiere el caos, pero el hambre lleva a la desesperación y su persistencia puede terminar en situaciones que no queremos; por eso, esta campaña busca ante todo que nadie pase hambre y que frenemos ante al abismo”, dice el padre Rodrigo Zarazaga, que lidera una iniciativa solidaria para distribuir un millón de cajas de alimentos y artículos de limpieza en asentamientos de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano.

La iniciativa denominada “Seamos Uno” -que por primera vez reúne a las principales confesiones religiosas, además de a relevantes ONGs como el Banco de Alimentos- es ambiciosa. Y la respuesta, auspiciosa: ya se obtuvieron 250 mil cajas gracias a la donación de alimentos de empresas o su venta al costo, y el aporte de dinero de firmas y particulares mediante el sitio www.seamosuno.com.ar. Y del esfuerzo en su distribución de miles de voluntarios.

Zarazaga es un sacerdote jesuita que dirige el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) -un think tank del pensamiento social cristiano de su orden religiosa-, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de California (Berkeley). Cercano a instituciones empresariales como la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), es un gran estudioso de las villas del gran Buenos Aires, autor del libro Conurbano Infinito.

¿Cómo surgió esta campaña?

Del diálogo con representantes de Cáritas, de la AMIA, de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas, del Consejo de Pastores de la Ciudad de Buenos Aires, del Banco de Alimentos, de la Compañía de Jesús y el CIAS, que represento. En fin, con los actores en territorios populosos. Y aprovechando nuestra vinculación con empresarios, contándoles que realmente en los asentamientos hay hambre y que no podía ser que no respondiéramos a esta urgencia. Así se movilizó un grupo de empresarios que fueron aportando no solo donaciones, sino una capacidad enorme de logística, de distribución de estas cajas.

¿A qué atribuye esta respuesta?

Creo que hay conciencia de que la persona que hoy se queda en su casa y no puede salir a trabajar, ya sea la peluquera, el vendedor ambulante o el carpintero, incluso muchas personas que no pertenecen al circuito de comedores y de asistencia del Estado, nos está cuidando. Y que entonces nosotros también debemos cuidarla. Esto es un proyecto puntual para ayudar en esta cuarentena a la emergencia alimentaria. Pero también conlleva el anhelo de que quede la enseñanza de que estamos todos juntos. Por eso el nombre: Seamos Uno. Porque estamos todos en el mismo barco y no hay una Argentina sana si no estamos todos sanos, no hay una Argentina buena si no es buena para todos.

¿Cómo se instrumenta?

Hay una cuenta a través de la cual se pueden canalizar las donaciones, que va adquiriendo volumen. A través de un departamento de compras adquirimos los productos, en general, al precio de costo, aunque muchas son donaciones. Armamos las cajas, que las distribuimos después en coordinación con las áreas sociales de los gobiernos de la provincia y de la ciudad de Buenos Aires, que nos señalan los lugares donde están detectando más necesidad.

Ustedes quieren llegar a un millón de cajas…

-Un millón de cajas que significa llegar a un millón de hogares y eso supone un 10 % de la población. Es un objetivo ambicioso, motivador para nosotros. Hoy estamos asegurando las primeras 250 mil cajas. A mí me llama mucho la atención lo que se puso en marcha. No solo el caudal de las donaciones de empresas, sino el aporte de particulares que en muchos casos ponen mil pesos cuando ganan 35 mil. Tenemos una nave logística que está sostenida por la cámara que agrupa a las empresas del sector. Es impresionante. Nos brindan una asistencia profesional. Incluso terminaron contratando a 200 personas que estaban desocupadas.

Algunas campañas suscitaron sospechas. ¿Tomaron precauciones?

Pedimos la auditoría a cuatro compañías de renombre que aseguran la transparencia del proceso: Deloitte, E&Y, KPMG y PWC. Es triste que cuando uno plantea esto la experiencia del pasado lleva a hacer preguntas de este tipo. La distribución es a través de Cáritas, de los pastores, del Banco de Alimentos, en fin, de los referentes en el territorio de las entidades que participan de la campaña. Es triste que cuando uno plantea esto la experiencia del pasado lleva a hacer preguntas de este tipo. pero son pertinentes, como digo, si miramos hacia atrás. Por eso, a veces digo: seamos uno, pero también seamos distintos.

Usted es un profundo conocedor del conurbano. ¿Teme un estallido social en el conurbano?

Precisamente este programa busca, además de evitar el hambre, que frenemos ante ese abismo. La persona que no le dio de comer a sus hijos hoy y no sabe si podrá hacerlo mañana entra en una desesperación. Cuando esa desesperación se va acumulando puede terminar de la manera que no queremos. El riesgo está porque la gente con hambre cae en la desesperación. Pero la gente de las villas no quiere vivir en el caos. Y no creo que llegue a eso como primer recurso. El conurbano cuenta con más de 1.200 villas. Hay quienes creen que sus habitantes viven en una ignorancia total, que no les importa nada. Pero están equivocados. Ricos y pobres le tenemos miedo al coronavirus. Y ellos tampoco se quieren contagiar. A veces conmueve ver en casas muy precarias a la señora cómo limpia con lavandina un piso muy precario. Creo que sí, tenemos que estar atentos y ayudar a que la gente no caiga en la desesperación. Ayudándolos también nos ayudamos.

Pero a ellos se les hace particularmente difícil cumplir con la cuarentena…

Claro, el condicionamiento estructural hace que puedan enfrentar a la pandemia en distintas condiciones que nosotros. Suelo decir que está la cuarentena de Nextflix y la cuarentena de tortilla santiagüeña. Es mucho más difícil para ellos porque a veces seis personas viven en una habitación y no tienen agua potable. Pero, insisto, tienen tanto miedo como nosotros. Si uno echa un vistazo verá que en las villas hay menos movimiento.

Si uno ve la cola de los jubilados en los bancos del viernes pasado, no parece que el Estado esté a la altura de las circunstancias…

Creo que de todo esto se desprende una doble enseñanza. Hay un rol muy importante del Estado y sin el Estado no se puede enfrentar este tipo de situación. Eso nos coloca a todos frente al desafío de tener un Estado honesto y eficiente. Además, el Estado no logró acortar las desigualdades, proveer de servicios de una manera homogénea en el país en al menos lo más básico, que determinan en los asentamientos que la pandemia sea mucho más dura. Está la cuarentena de Netflix y la de seis personas que viven en una habitación y no tienen agua potable.

¿La crisis sanitaria servirá para una mayor toma de conciencia de nuestra situación social?

Soy un hombre de fe así que no puedo creer más que sí. Es una ocasión para que todos tomemos conciencia de que no hay una Argentina sana si no es sana para todos. La pandemia nos igualó a todos: la persona que no puede quedarse en su casa porque necesita procurarse el sustento es un problema para todos. Entonces, repito, no hay una Argentina sana si no es sana para todos. No hay Argentina buena si no es buena para todos. Esto es algo que la dirigencia en esta crisis puede encarnar.

¿Será esta una oportunidad para lograr un gran acuerdo entre todos los dirigentes para afrontar cuestiones como la pobreza y la educación?

Sin duda lo veo como una oportunidad. No hay que ser ingenuos y creer que porque tenemos esta crisis van a desaparecer los intereses, las ideas de cada uno. Eso es propio de la política y es hasta es bueno que sea así. Pero sí hay una oportunidad para decir que tenemos un norte. Y tener un consenso mínimo en torno a ese norte, a la Argentina que queremos.

 

Fuente: Valores Religiosos