Palabra de CPAL – ¿Qué hemos aprendido en esta crisis?

Compartimos la Palabra de la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) para el mes de julio. 

Por Cristián del Campo SJ – Provincial de Chile

La crisis de credibilidad que vive la iglesia chilena y que también ha golpeado fuertemente a la Compañía de Jesús, producto de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, nos ha empujado a revisar y reflexionar en torno a las causas de la pérdida de credibilidad y confianza en la institución.

Ha sido una oportunidad dolorosa de aprendizaje descubrir cuánto daño y sufrimiento pudieron causar algunos de los nuestros al abusar de personas inocentes e indefensas, así como nuestra negligencia en varios casos para actuar como era debido.

Debemos ponernos como objetivo lo que ha dicho el Papa Francisco: “la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales delitos, porque los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la iglesia socavando su credibilidad”.

Pero en concreto, ¿qué hemos aprendido?

En Chile, los jesuitas hemos aprendido varias lecciones de gran importancia. Un primer aprendizaje ha sido aprender a poner en el centro a la persona abusada, para primero escucharla, acogerla e intentar reparar el daño causado. Hay que ponerse del lado de las víctimas y buscar justicia y reparación.

Hemos aprendido que la dignidad de las personas, especialmente los más vulnerables, está primero que el prestigio, la imagen y la reputación de la institución. Ya lo reafirmaba el Papa Francisco el 24 de febrero de este año desde Roma al finalizar el encuentro sobre la protección de los menores en la iglesia: “Si en la iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso -que representa ya en sí mismo una monstruosidad -, este caso será afrontado con la mayor seriedad.”

En este largo proceso hemos aprendido a llamar las cosas por su nombre, reconociendo que el abuso sexual es un delito deleznable y no una falta moral. Y, aún más importante, que no se puede comprender el fenómeno de los abusos sexuales sin considerar el abuso de poder, ya que los abusos sexuales son siempre una consecuencia de la supremacía o el control que ejerce una persona sobre otra, aprovechándose una posición de inferioridad o vulnerabilidad.

Hemos aprendido, también, que la transparencia y celeridad en la entrega de información a la opinión pública en casos de abusos, es fundamental para la credibilidad de la institución; una comunicación que sea proactiva y no reactiva, sabiendo cuidar la honra de las personas y el debido proceso

Cultura de Cuidado

La Compañía de Jesús en Chile ha desarrollado una política de prevención de abusos sexuales implementando diversas medidas para asegurar en todas sus obras espacios sanos y seguros, especialmente en aquellas instituciones al cuidado de niños, adolescentes y adultos vulnerables.

Asimismo, en 2018 se constituyó una Comisión de Estudio y Propuestas sobre Abuso Sexual, Prevención y Reparación, integrada por destacados profesionales independientes. Dicha comisión sesionó mensualmente durante 9 meses y a fines de enero de este año entregó un informe donde propone acciones y mejoras concretas respecto de la prevención de abuso sexual y los procedimientos de acogida, investigación y acompañamiento de los casos de abuso que involucran a miembros de la Compañía de Jesús en Chile.

Siguiendo esas recomendaciones, el 5 de abril se reorganizó el Centro de Prevención y Reparación, oficina destinada a recibir las denuncias, gestionar los procesos en curso y dar mayores garantías de imparcialidad y profesionalización en materias de prevención y reparación. Este Centro es liderado por una abogada penalista y cuenta en el equipo con el trabajo de dos jesuitas y una psicóloga experta en el trabajo con víctimas de abusos sexuales.

También como fruto de las recomendaciones de la Comisión de Estudio, se ha constituido un Comité de Recepción de Denuncias, cuyo objetivo es asesorar al Provincial en todo lo que implica el inicio y desarrollo de las investigaciones canónicas que afectan a algún miembro de la Compañía. Este comité está integrado por una abogada penalista, un abogado experto en derechos humanos y una psicóloga con vasta experiencia en trabajo con víctimas. El Provincial, voluntariamente, se ha comprometido a seguir las indicaciones de este Comité para lo que implica la decisión de abrir una investigación previa canónica.

Estamos en camino. Hemos aprendido mucho, pero nos falta aún mucho por recorrer. El mayor desafío es consolidar el cambio de cultura, una cultura del cuidado, la escucha, el diálogo, la transparencia y la reparación. Solo así nos haremos cargo de nuestro pasado y seremos capaces de prevenir que situaciones tan dolorosas como las vividas vuelvan a repetirse en el futuro.

 

Gustavo Morello SJ: El desafío de la convivencia religiosa es llevarla a la mesa

La Editorial de la Universidad Católica de Córdoba presentó el libro ‘La religión como experiencia cotidiana’, el pasado martes 28 de mayo.

La compilación de Hugo Rabbia y Gustavo Morello analiza la presencia de lo religioso en la vida cotidiana de los sudamericanos, y parte desde un trabajo de investigación realizado por 11 investigadores de Boston, Córdoba, Perú y Montevideo. Los autores se preguntan cómo se vive la religión en América Latina. Para responder a ello, estudian las creencias, prácticas y actitudes religiosas de la región, desde la estatua del Cristo Redentor hasta los santuarios de devoción popular al Gauchito Gil o San La Muerte. Los capítulos exploran los cruces entre religión y política, migraciones, género, nuevas tecnologías, cuerpos, emociones, instituciones, conversiones, pluralización e ideas de Dios.

La presentación estará a cargo de la periodista Alejandra Beresovsky.

En esta entrevista, Gustavo Morello habla del libro, del rol de lo religioso en las ciudades Lationamericanas y de las instituciones e instancias de diálogo, como el COMIPAZ, que fomentan la convivencia entre las diferentes religiones.

La economía de – el hermano – Francisco

El Papa Francisco citó a los jóvenes emprendedores, economistas y empresarios a reunirse en Asís. La cita tendrá lugar en marzo de 2020. Puedes conocer más del evento visitando su página web.

Por Pablo Michel SJ

Con sus 82 años, el Papa no para de sorprendernos con su vitalidad y sus iniciativas. Esta vez, ha convocado a jóvenes economistas, empresarios y empresarias de todo el mundo a un encuentro para pensar una economía más humana, más ecológica y más inclusiva. Además, para realizar un pacto que cambie la economía de hoy, e infunda un alma a la economía del mañana.  

La cita tendrá lugar en marzo de 2020. Como no podía ser de otra manera, el encuentro será en Asís, cuna del hermano Francisco. Como aclaramos en el subtítulo, el encuentro no se inspira en la economía del Papa, sino de quien abrazó la pobreza de una manera radical a principios del siglo XIII, para vivir como hermano de todos y todas, y como hermano de la creación. El Papa entiende que la sabiduría del hermano de Asís – su hacerse pobre entre los pobres para buscar a Dios – puede inspirar una nueva economía para la humanidad. 

Las intuiciones que están detrás de esta propuesta pueden rastrearse en la encíclica Laudato sii, donde el sucesor de Pedro realiza una fuerte crítica a un modelo económico que se preocupa casi exclusivamente por el crecimiento de la producción. Este modelo ha llevado al mundo a un nivel de riqueza que hubiera sido inimaginable hace 50 años, pero lo ha hecho a costas de la destrucción del planeta, del calentamiento global, y de la explotación y muerte de los pobres y marginados de la tierra. 

Como señala el Papa en su encíclica, un modelo así, que depende de un crecimiento continuo e ilimitado de la producción, está inevitablemente destinado al fracaso, en cuanto extrae sus recursos de una biosfera que es limitada. Un flujo unidireccional de bienes que parte desde la extracción de materias primas que no se renuevan, y terminan finalmente por descartarse en los grandes basurales, sólo puede tener un único resultado. Una naturaleza desbastada y miles de basurales llenos. Con lucidez hace notar el pontífice que los que están en la pobreza son los que más sufren las consecuencias de este resultado. Pobreza y crisis medioambiental no son dos problemas separados, sino un mismo drama, con una raíz común: el egoísmo del corazón humano. 

A pesar de su amor por Adam Smith, saben los economistas que la búsqueda del interés individual no siempre redunda en el mayor bien para el conjunto. Esto porque la realidad es superior a la idea, y nunca se verifican las condiciones ideales que suponen los modelos que postulan este resultado. Pero además porque, después de John Nash, sabemos que las decisiones egoístas de las partes son interdependientes, y muchas veces redundan en equilibrios que no son óptimos (como para sus famosos prisioneros). Por supuesto todo esto sin considerar algo previo y más importante: la felicidad y el bienestar tienen mucho más que ver con la comunión con nuestros hermanos y hermanas, que con la maximización de la producción…

Pero, ¿qué puede pasar en Asís que cambie todo esto? Lo mejor es que no tenemos ni idea. Habrá personas de todo el mundo deseando dar un alma a la economía del mañana. Y todo lo cristiano comienza por un encuentro. Quizás Asís pueda ser el comienzo humilde de un mundo nuevo. Quizás podamos pactar un despojo que nos hermane y nos haga más humanos. Quizás podamos continuar con la revolución de un Reino que comenzó con Jesús, en un pequeño pueblo de Palestina, hace dos mil años. 

Tengo unas tremendas ganas de ir… ¿y vos?

El P. General, Arturo Sosa SJ, habló sobre la situación en Venezuela

La crisis en Venezuela no hace más que empeorar. La Iglesia y la Compañía de Jesús denuncian el drama humano y aseguran su compromiso por una sociedad más justa y democrática.

La Compañía de Jesús en Venezuela está muy comprometida en el proceso de restaurar “un ambiente socialmente justo y democrático”; un compromiso que no es sólo de los jesuitas, también lo es de la vida religiosa, la Iglesia en su conjunto y la Conferencia Episcopal venezolana. “Venezuela necesita urgentemente un ‘Gobierno de unidad nacional’ para superar la actual crisis humanitaria, económica y política”. Así lo advirtió el Superior General de la Compañía de Jesús, Arturo Marcelino Sosa Abascal SJ, en una conferencia de prensa en Viena durante su visita a Austria el pasado fin de semana.

Sosa, también aseguró que junto con la Iglesia, la compañía ha estado denunciando el drama humano que se vive en su país natal y la ausencia de las condiciones básicas para la salud, la alimentación, la educación y el trabajo: “La Iglesia y la compañía han insistido que no habrá ninguna solución política-económica si no se pone como prioridad la restitución de las condiciones básicas de vida humana para las personas. Se habla ya de más de 4 millones de venezolanos de una población de 30 que han salido del país en los últimos cinco años” dijo Sosa.

Compromiso por una sociedad más justa y democrática

“La Compañía de Jesús  y la Conferencia Episcopal venezolana representarían una línea común en el compromiso por una sociedad más justa y democrática” continuó P. Sosa, por tanto, los jesuitas y la Iglesia están tratando de aliviar en la medida de lo posible la emergencia humana. Por su parte, los jesuitas, intentan llevar a cabo procesos de solidaridad humana a través de su red de escuelas de Fe y Alegría, que son más de 200 centros en el país y en el que los niños “pueden comer por lo menos una vez al día un plato caliente”, dijo Sosa.

Necesario cambio de Gobierno

Para Sosa, la herida o el deterioro social es tan profundo en Venezuela “que tomará mucho tiempo poder reconstruirlo” y ciertamente “supone un cambio muy grande de la política-económica”, algo – prosigue – “que no es posible sin un cambio de Gobierno”. Por último afirma que la Compañía de Jesús en Venezuela junto con la Iglesia “ha sido una de las voces que viene insistiendo desde hace varios años en la necesidad de un Gobierno de unidad nacional”, un Gobierno – especifica – “que tenga como objetivo principal restaurar las condiciones de vida de la población con políticas económicas consistentes e incluyentes”.

Fuente: Vatican News

Encuentro de Directores de Comunicación: Construir una nueva narrativa

Del lunes 20 al jueves 23 de mayo pasado se realizó en la Curia General de los Jesuitas en Roma la Reunión de Directores de Comunicación de las diferentes Conferencias. La Compañía de Jesús en toda su diversidad fue representada por Anastasia Makunu de la conferencia de África y Madagascar, Michael Laski de Canadá-USA, Ría Limjap y Vanessa Gorra de la conferencia de Asia Pacífico, Partha Pratim Ray por el Sudeste Asiático, Philip Debruyne SJ y José de Pablo SJ por la confernecia de Europa. Por el equipo de la Curia General estuvieron presentes John Dardis SJ, Stefano Maero, Pierre Bélanger SJ, Robert Ballecer SJ y Caterina Talloru. Nuestra Conferencia (CPAL) fue representada por quien escribe, Fernanda Falcone Pino, Coordinadora de la Secretaría de Comunicación Institucional.

Mg. Fernanda Falcone Pino – Coordinadora de la Secretaría de Comunicación Institucional

Como todos los años nos dimos cita en Borgo Santo Spirito, 4 (Roma), una esquina que nos acoge con sus puertas abiertas con rostros nuevos y otros ya conocidos de jesuitas de todo el mundo que con humildad y sencillez nos dan la bienvenida y hacen sentir en casa. Para nuestra fortuna, en esta oportunidad coincidieron muchas reuniones simultáneamente, por lo que pudimos intercambiar y hasta compartir media jornada de nuestro itinerario con los compañeros de las Oficinas de Desarrollo.

La semana fue conducida por una intensa agenda llena de contenidos interesantes y desafiantes sobre los cuales reflexionar, crecer y construir como un cuerpo apostólico universal que comunica. A ello debemos sumarle los nuevos rostros e historias que descubrimos detrás de los colegas que se sumaban por primera vez a esta experiencia.

Parte del equipo de Directores de Comunicación reunidos

El primer día, contamos con la presencia del Padre General quien inauguró el encuentro haciendo foco en las Prioridades Apostólicas Universales (PAU), recientemente dadas a conocer, y lo que espera de todos nosotros, los encargados de la comunicación.

“Éstas llegan en un momento clave para la Iglesia, pues hablan de reconciliación y paz en un momento donde se viven tantas divisiones. Tenemos que enfatizar sobre algunos aspectos para poder tomar beneficio de este momento y no perdernos el Kairós”, expresaba en su discurso inaugural el P. General Arturo Sosa SJ. Hizo énfasis en que las PAU´s son orientaciones, no necesidades; no son un plan para seguir al pie de la letra, son un mensaje para inspirar; son una invitación para la creatividad y para la imaginación, para tomar riesgos y ser proactivos y trabajar unidos para lograr objetivos comunes. Esa es la invitación que se nos hace: innovar en nuestros trabajos, desafiarnos, inspirar, emocionar; y nosotros los comunicadores desde nuestro rol podemos hacer mucho para lograrlo.

“Es vital entender los deseos y la pasión detrás de la PAU. Queremos llegar a las personas, queremos compartir la esperanza, queremos inspirar. Queremos contribuir a la curación de tantas heridas de personas y de la tierra. Queremos ser un factor de liberación y reconciliación. Esa es la misión que nosotros, como jesuitas, compartimos con aquellos que se asocian en nuestros diferentes apostolados, expresó el P. Sosa. Las PAU´s son universales, porque toda la Compañía de Jesús está involucrada en una misión universal de reconciliación y justicia; por ello le dedicamos toda una mañana a reflexionar sobre ellas, mientras el Padre General nos hacía énfasis en algunos aspectos de las mismas para comunicar asertivamente. A esta petición del Padre General debemos sumarle la destacada exposición que realizó el P. John Dardis SJ, Director de Comunicaciones de la Curia. A través de diferentes recursos audiovisuales nos iluminó el camino sobre como poder ser más creativos en nuestras narrativas y composiciones, ganar en la efectividad de nuestras comunicaciones y ser más proactivos en el trabajo colaborativo y en red.

Los siguientes días contamos con la presencia de destacados invitados como el P. Federico Lombardi S.J quien nos habló sobre las lecciones aprendidas en comunicación y manejo de crisis en un tema tan delicado y actual: Abusos en la Iglesia. Lombardi participó activamente del encuentro realizado a inicios de año en el Vaticano sobre “La Protección de los Menores en la Iglesia”, e hizo énfasis en que existen tantas heridas abiertas que nosotros los jesuitas debemos hacer foco en sanarlas, en reconciliar a las personas a través de algo tan valioso como la experiencia de Ejercicios Espirituales. Hizo énfasis, también, en preparar personas en este tema: el acompañamiento y la comunicación y denuncia de abusos ¡Debemos ser aliados de la prensa contra los abusos! Para concluir Federico Lombardi expresó que prevenir el abuso es la mejor forma de prevenir la crisis. Debemos construir una cultura positiva, una cultura de cambio.

Tanto el P. Lombardi como el equipo de comunicaciones de la provincia de España, que trabaja sobre la celebración del Año Ignaciano en 2021 – 2022 que conmemora el V° centenario de la conversión de San Ignacio, nos dieron luces sobre lo que venimos realizando en cada uno de nuestros territorios, y nos ayudaron a visualizar oportunidades de mejora a nivel de nuestras estructuras, procesos, recursos, talentos y formación.

Una novedad fue que durante el encuentro realizamos actividades que estuvieron marcadas por la conversación espiritual y la oración, que nos permitieron abordar el conocimiento interpersonal y la reflexión de nuestros intercambios y contactos de una forma diferente, mucho más enriquecedora. En lo personal, siempre es un placer poder participar de estos encuentros donde nos vemos enriquecidos y fortalecidos de la experiencia vivida, de los conocimientos y últimas novedades compartidas, así como poder intercambiar y presenciar el trabajo de mis colegas.

El Espíritu, que nos animó y nos guió durante estas actividades, estuvo presente no sólo en el “hacer” sino, también, al darnos la oportunidad para “crecer unidos”.

En conclusión, regresamos a nuestras tareas con muchos desafíos a cumplir en este camino que comenzamos a soñar y caminar juntos el pasado año, con el corazón contento y reconfortado por lo vivido y por lo que vendrá.

Fuente: Jesuitas Latinoamérica

“Déjate abrazar”: la Compañía busca potenciar su Misión en la Amazonía

Este 25 de junio los Jesuitas de Latinoamérica lanzarán la campaña: “Déjate abrazar”, iniciativa con la cual buscan potenciar su misión en la Amazonía. La campaña será presentada en el Auditorio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya de Lima, Perú.

“Esta iniciativa de los jesuitas de Latinoamérica, dirigida a América y parte de Europa, busca crear conciencia sobre las principales problemáticas de la Amazonía, dar a conocer el trabajo de los jesuitas en la región, y expandir redes de solidaridad que permitan recaudar fondos para la sostenibilidad de su trabajo.

Impulsar la misión en la Amazonía

En la nota de prensa de lanzamiento de la Campaña se recuerda que, “en consonancia con el impulso que el Papa Francisco ha dado a la labor de la Iglesia en la Amazonía, los Jesuitas de Latinoamérica vienen potenciando su misión en la región a través del Servicio Jesuita a la PanAmazonía (SJPAM), desde el cual articulan y dinamizan su misión junto a las comunidades indígenas, la Iglesia Católica y diversos actores del desarrollo”.

En sintonía con el Sínodo Amazónico

Aunque se han dado pasos importantes en esta labor, señalan los Jesuitas Latinoamericanos, hoy se necesitan nuevos recursos para seguir luchando por la preservación de la vida de la región. En respuesta a esta necesidad nace “Déjate Abrazar”, Campaña que se extenderá hasta fines del presente año y cuya motivación se alinea al espíritu del próximo Sínodo Amazónico,  convocado por el Papa Francisco para octubre de este año.

Expertos y testimonios de la Amazonía

Asimismo, en el comunicado de los Jesuitas Latinoamericanos se anuncia que, el día del lanzamiento de la Campaña “Déjate abrazar” estarán presentes Mons. Alfredo Vizcarra SJ, Obispo de Jaén; el P. Roberto Jaramillo SJ, Presidente de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL); el P. Alfredo Ferro SJ, Responsable del SJPAM; y la líder indígena Anitalia Pijachi, colaboradora de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM); quienes darán su testimonio sobre las necesidades más urgentes de la Amazonía, y el trabajo que viene desarrollando la Iglesia Católica en esta región. Además, estará presente el P. Ernesto Cavassa SJ, Rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) y Presidente de la Red de Universidades Jesuitas de América Latina (AUSJAL).

Fuente: Vaticannews.com

Ciclo ‘Cine con Alma’

Decía Igmar Bergman “No hay otra forma de arte que vaya más allá del conocimiento ordinario como lo hace el cine, directo a nuestras emociones, profundamente al cuarto oscuro del alma.”

Por Rafael Pelufo SJ

El buen cine tiene la capacidad de tocar lo esencial, de hacerse eco de las preguntas radicales del hombre, de esbozar respuestas y señalar caminos. En ese sentido, las películas tienen una pretensión no sólo de belleza sino de verdad. El cine no es pura ficción; hay pocas actividades más serias que el cine. El cine siempre nos revela algo de la realidad del mundo, del alma o de Dios.

Evidentemente, no toda película es cine, como no todo escrito es literatura. Hay muchas películas puramente comerciales, hechas sin más pretensión que ganar dinero. Si no son pornográficas, lo único que las separa de la pornografía es que no muestran escenas de sexo explícito; pero se parecen al verdadero cine tanto como una fotonovela a una novela de Victor Hugo o un jingle publicitario a una Sinfonía de Beethoven, y en esto poco importan los presupuestos. Hay basura muy costosa.

Pero el buen cine es, para la mayor parte de nuestros contemporáneos, un tesoro enterrado y oculto. Son pocos los que conocen la riqueza que esconde el mundo del cine. Yo pertenecía a esa gigantesca masa de iletrados, en lo que al cine respecta, hasta que, durante mis estudios de teología, el Prof. Jean Collet, docente del Centre Sevres de París, me abrió los ojos. ¡Vaya sorpresa! Además de mostrarme la obra de los grandes directores, me enseñó a ver más allá de la linealidad de una historia, la tridimensionalidad del cine, su profundidad.  

Desde entonces he querido compartir con otros este regalo.

Aquí en Córdoba me propuse desenterrar algo de ese tesoro y ofrecerlo a la gente. Comencé pasando una película al mes en la pequeña biblioteca que está junto a la entrada, en el edificio de la Compañía de Jesús. Nunca hice demasiada propaganda. Los que sabían eran algunas personas de los grupos que se reúnen en la misma Compañía o gente que acompañaba espiritualmente: o aquellos a quien el Padre se los quiso revelar. De a poco el grupo se ha ido extendiendo y ahora somos algunos más. Hace dos años, un integrante de la directiva del Museo de arte religioso “Juan de Tejeda”, me propuso hacer un ciclo de Cine Espiritual en el museo. Se llamó “Cine con Alma”.

Desde entonces, paso dos películas al mes: una en la Compañía y otra en el museo. Intentamos que sean películas variadas tanto en tiempos, lugares y temáticas. Hemos visto películas de Bergman, Rossellini, Rohmer, hasta películas de Zong Yimou, Kieslowski o Clint Eastwood. Dramas o comedias, en color o en blanco y negro. Lo único que le exigimos a una película es que sea buena desde el punto de vista cinematográfico, honesta con la condición humana, profunda y que nos ayude a comprender mejor al ser humano, el sentido de su vida y la relación con la trascendencia.  

– El cine es como un espejo pintado- dijo en una oportunidad Ettore Scola. Pero no es un espejo que refleje la superficie de los objetos y personas, sino uno capaz de reflejar la hondura del alma.

Podemos sentirnos reflejados en la angustiosa pregunta de Bergman ante el aparente silencio de Dios en “El séptimo sello” o en la no menos dramática “Como en un espejo”, o con la sencillez y grandeza del amor en las películas de Zong Yimou, “Amor bajo el espino blanco” o “Camino a casa”. Acompañar la incansable búsqueda de sentido de Ingrid Bergman en “Europa 51” de Rossellini o el profundo deseo de cambiar la realidad para bien de Amelie, en “El fabuloso destino de Amelie Poulain”. Dejarnos enseñar de la enorme dignidad de Yolanda en “Conducta” de Ernesto Daranas o de la renuncia a sí mismo y la apertura al otro del protagonista de “El gran Torino” de Clint Eastwood. Sea de una manera o de otra, estas películas reflejan lo más hondo de la condición humana, a veces opacada por el pecado y el mal.

La dinámica de estos encuentros es muy sencilla. Vemos la película y luego intercambiamos opiniones y comentarios sobre lo que la película nos suscitó.

No sé si recordaré la lista completa de películas que hemos visto, pero las dejo como recomendación. A los que están por aquí por Córdoba, los invito a sumarse los primeros miércoles de cada mes en la Compañía de Jesús (Caseros 141) y los terceros viernes en el Museo Juan de Tejeda (Independencia 122) a las 19 hs. La entrada es libre.

  • Conducta (Cuba, 2014). Ernesto Daranas
  • La Palabra (Suecia, 1955). Karl Theodor Dreyer
  • El séptimo sello (Suecia, 1957) Igmar Bergman
  • Cómo en un espejo (Suecia, 1961)
  • La promesa (Bélgica, 1996). Jean Pierre y Luc Dardenne
  • Europa 51 (Italia, 1952) Roberto Rossellini
  • El decálogo (I y V) (Francia, 1988) Christof Kieslovski
  • El fabuloso destino de Amelie Poulain (Francia, 2001) Jean-Pierre Jeunet
  • El gran Torino (USA, 2008) Clint Eastwood
  • Amor bajo el espino blanco (China, 2010), Zhang Yimou
  • Ni uno menos (China, 1999), Zhang Yimou
  • Las Flores de la guerra (China, 2011), Zhang Yimou
  • Camino a casa (China, 1999), Zhang Yimou
  • Cartas al P. Jacob (Finlandia, 2009) Klaus Haro
  • La isla (Rusia, 2006) Pável Lunguín
  • Adiós, muchachos, (Francia, 1987) Louis Malle
  • Trash: La esperanza viene de la basura (GB, Brasil, 2014) Stephen Daldry, Christian Duurvoort
  • Pequeña Miss Sunshine (USA, 2006) Jonathan Dayton, Valerie Faris
  • Estación central de Brasil (Brasil, 1998) Walter Salles
  • Cinco días sin Nora (Mexico, 2012) Mariana Chenillo
  • La estrategia del caracol (Colombia, 1994) Sergio Cabrera
  • Primavera, verano, otoño, invierno… nuevamente primavera (Corea, 2003) Kim Ki Duk
  • Amazing Grace (Inglaterra, USA, 2009) Michael Apted

El Padre General reafirma el compromiso de los jesuitas en el JRS

El 24 de mayo de 2019, el P. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, renovó el compromiso jesuita con el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) como obra de la Compañía.

Al final de la guerra entre Estados Unidos y Vietnam se produjo un éxodo de dos millones de vietnamitas que huían de su devastada nación. Casi un millón de personas intentaron huir por mar, con innumerables inocentes víctimas de las tormentas, el hambre y los piratas. Entre 1975 y 1995, casi 800.000 refugiados hicieron tierra en Hong Kong, Filipinas, Singapur, Tailandia, Indonesia y Malasia, pero su llegada no era sino el comienzo de una larga saga que tomó el nombre de los “Boat People”. Ya traumatizados por los horrores de la guerra en su país de origen, los refugiados vietnamitas se enfrentaban a un destino incierto puesto que su porvenir era negociado por países que se desentendían de los refugiados. Con cientos de miles de refugiados malviviendo en campamentos, el éxodo se convirtió en una crisis humanitaria que duró más de dos décadas.

Horrorizado por la triste suerte de estos “boat people” vietnamitas, el P. General jesuita, Pedro Arrupe, alertó a los miembros de su orden, que entonces eran más de 27.000, y fundó una obra para ofrecer ayuda directa a los refugiados. Quería una organización que no sólo ofreciera ayuda inmediata, como alimentos de emergencia, alojamiento y atención sanitaria, sino también servicios a más largo plazo, por ejemplo educación, capacitación laboral, asistencia psicológica y ayuda y acompañamiento jurídicos. El P. Arrupe ideó un servicio que se extendiera por todo el mundo y actuara en respuesta rápida a los desastres humanitarios, al mismo tiempo que continuaba ayudando a otros beneficiarios largo tiempo cuando ya se había extinguido la atención de los medios de comunicación.

Ése fue el nacimiento del Servicio Jesuita a Refugiados.

Fundado hace casi 40 años, hoy en día el JRS sigue respondiendo a crisis humanitarias en África, América Latina y Central, el sudeste de Europa y Oriente Medio. La misión del JRS es acompañar a los perseguidos a causa de su raza, su religión o su clase social, y también a los desplazados por conflictos, desastres naturales o desgobierno. El personal del JRS actúa en campos de refugiados, centros de detención, zonas de guerra, instituciones para refugiados urbanos y dondequiera que se encuentren personas privadas de sus derechos humanos básicos.

El 24 de mayo de 2019, el P. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, renovó el compromiso jesuita con el JRS como obra de la Compañía. En una carta pública, el P. Sosa reiteró no sólo el apoyo que el JRS ha recibido de sus antecesores Superiores y de las últimas Congregaciones Generales, sino que también hizo un llamamiento a la Compañía de Jesús en general para que “ponga en práctica plenamente su visión de un mundo en el que los refugiados obtengan protección, acceso a oportunidades dignas y participen plenamente en las esferas social, política y económica en las que se encuentran”.

El apoyo al JRS no ha hecho sino crecer gracias a las “Preferencias Apostólicas Universales” de la Compañía de Jesús que se publicaron el pasado mes de febrero. Como el P. Sosa lo señala, en esas ‘PAUs’, resultado de más de un año de discernimiento comunitario y entregadas a la Compañía de Jesús como misión directa por parte del Papa Francisco, se identifican cuatro “acentos” para los ministerios de la Compañía en los próximos 10 años, y uno de los cuatro es “Caminar con los excluidos”. Con esta carta del General, se puede decir que los jesuitas del siglo XXI quedan bien orientados para perpetuar la acción positiva iniciada por la Compañía del pasado.

Puedes leer la carta del Padre General en el siguiente link 

Fuente: Jesuitas Lationamérica

El Papa a Cáritas: En los pobres se esconde el rostro de Cristo

“La caridad no es una idea o un sentimiento de piedad, sino un encuentro vivencial con Cristo”, subrayó el Santo Padre Francisco a los 400 participantes en la XXI Asamblea General de Caritas Internacional, que se llevó adelante en Roma desde el 23 hasta el 28 de mayo.

Francisco agradeció en primer lugar el saludo que le dirigió el presidente de Cáritas Internacional, cardenal Peter Turkson y saludó a “todos los que en sus respectivos países están comprometidos con el servicio de la caridad”.

En su discurso el pontífice centró su reflexión en tres palabras clave: caridad, desarrollo integral y comunión.

Caridad

“No es un acto estéril ni una simple ofrenda para silenciar nuestra conciencia”, precisó Francisco e instando a no olvidar que “la caridad tiene su origen en su esencia en Dios mismo”. Es el abrazo de Dios, nuestro Padre, a cada persona, especialmente a los más pequeños y a los que sufren, que ocupan un lugar preferencial en su corazón.

Si consideramos la caridad como un ‘servicio’ la Iglesia se convertiría en una ‘agencia humanitaria’ y el servicio de la caridad en su ‘departamento de logística’. Pero la Iglesia no es nada de esto, es algo diferente y mucho más grande: es, en Cristo, el signo e instrumento del amor de Dios por la humanidad y por toda la creación, nuestro hogar común”.

Desarrollo integral

Refiriéndose al desarrollo integral, el Papa explicó que “en el servicio de la caridad está en juego la visión del hombre, que no puede reducirse a un solo aspecto, sino que implica a todo el ser humano como hijo de Dios, creado a su imagen.

“Los pobres, dijo el pontífice, son sobre todo personas, y sus rostros ocultan el de Cristo mismo”. Y como “signos de su cuerpo crucificado tenemos el deber de alcanzarlos incluso en los suburbios más extremos y en los sótanos de la historia con la delicadeza y la ternura de la Madre Iglesia. Debemos aspirar a la promoción de toda la persona y de todos los hombres para que sean autores y protagonistas de su propio progreso”.

“El servicio de la caridad debe elegir la lógica del desarrollo integral como antídoto a la cultura del descarte y de la indiferencia”.

Asimismo recordó el Santo Padre que “la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual” porque, “la gran mayoría de los pobres tienen una apertura especial a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad. Por eso, la opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria”.

Comunión

A continuación Su Santidad definió la tercera palabra: comunión, “central en la Iglesia” porque “define su esencia”. “Es la comunión en Cristo y en la Iglesia la que anima, acompaña y sostiene el servicio de la caridad, tanto en las propias comunidades como en las situaciones de emergencia en todo el mundo. De este modo, la diaconía de la caridad se convierte en un instrumento visible de comunión en la Iglesia” y es por eso que como Confederación, son acompañados “por el Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral”, al que agradeció “su apoyo a la misión eclesial de Caritas Internationalis”.

Por último Francisco exhortó a los presentes a vivirlos “con el estilo de la pobreza, la gratuidad y la humildad”.

No se puede vivir la caridad, dijo el Papa, “sin hacerse cercano a  los pobres”, que “no son números sino personas”. Con ellos se aprende a “practicar la caridad en el espíritu de la pobreza, aprendemos que la caridad es compartir”.

Francisco advirtió entonces que no sólo la caridad que no llega al bolsillo es una falsa caridad, sino que la caridad que no implica el corazón, el alma y todo nuestro ser es una idea de caridad que aún no se ha realizado”. Y llamó la atención a tener cuidado de “no caer en la tentación de vivir una caridad hipócrita o engañosa, una caridad identificada con la limosna, con la beneficencia, o como una píldora calmante para nuestras conciencias inquietas”.

“Eviten, advirtió el Santo Padre a los miembros de Cáritas, asimilar el trabajo de la caridad con la eficacia filantrópica o con la eficiencia de la planificación o con una organización exagerada y efervescente” y afirmó seguidamente que “es escandaloso ver a los operadores de la Caridad que la convierten en negocio” refiriéndose a quienes hablan de la Caridad “pero viven en el lujo o la disipación u organizan Foros sobre la Caridad desperdiciando tanto dinero innecesariamente. Duele mucho ver que algunos operadores de caridad se convierten en funcionarios y burócratas” aseveró.

Al respecto concluyó reiterando que la caridad es “el deseo de vivir con el corazón de Dios que no nos pide tener un amor genérico, afecto, solidaridad, hacia los pobres, sino de encontrar a Él mismo en ellos con el estilo de la pobreza”.

 

Fuente: AICA

Mensaje de Francisco para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2019

“No se trata sólo de migrantes”

El pasado lunes, 27 de mayo, se publicó el mensaje del Papa Francisco para la jornada mundial del migrante y el refugiado que será el 29 de septiembre de este año.

Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

La fe nos asegura que el Reino de Dios está ya misteriosamente presente en nuestra tierra (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 39); sin embargo, debemos constatar con dolor que también hoy encuentra obstáculos y fuerzas contrarias. Conflictos violentos y auténticas guerras no cesan de lacerar la humanidad; injusticias y discriminaciones se suceden; es difícil superar los desequilibrios económicos y sociales, tanto a nivel local como global. Y son los pobres y los desfavorecidos quienes más sufren las consecuencias de esta situación.

Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la “globalización de la indiferencia”. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte. De hecho, por esta senda, cada sujeto que no responde a los cánones del bienestar físico, mental y social, corre el riesgo de ser marginado y excluido.

Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo de migrantes” significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista.

«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (Mt 14,27).

No se trata sólo de migrantes, también se trata de nuestros miedos. La maldad y la fealdad de nuestro tiempo acrecienta «nuestro miedo a los “otros”, a los desconocidos, a los marginados, a los forasteros […]. Y esto se nota particularmente hoy en día, frente a la llegada de migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de protección, seguridad y un futuro mejor. Es verdad, el temor es legítimo, también porque falta preparación para este encuentro» (Homilía, Sacrofano, 15 febrero 2019). El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor (cf. Homilía en la Concelebración Eucarística de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, 14 enero 2018).

 

 

«Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?» (Mt 5,46).

No se trata sólo de migrantes: se trata de la caridad. A través de las obras de caridad mostramos nuestra fe (cf. St 2,18). Y la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias. «Lo que está en juego es el rostro que queremos darnos como sociedad y el valor de cada vida […]. El progreso de nuestros pueblos […] depende sobre todo de la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta y con su mirada estigmatiza y depone a todos los falsos ídolos que hipotecan y esclavizan la vida; ídolos que prometen una aparente y fugaz felicidad, construida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás» (Discurso en la Cáritas Diocesana de Rabat, 30 marzo 2019).

«Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció» (Lc 10,33).

No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad. Lo que mueve a ese samaritano, un extranjero para los judíos, a detenerse, es la compasión, un sentimiento que no se puede explicar únicamente a nivel racional. La compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad. Como Jesús mismo nos enseña (cf. Mt 9,35-36; 14,13-14; 15,32-37), sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. «Abrirse a los demás no empobrece, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humano: a reconocerse parte activa de un todo más grande y a interpretar la vida como un regalo para los otros, a ver como objetivo, no los propios intereses, sino el bien de la humanidad» (Discurso en la Mezquita “Heydar Aliyev” de Bakú, Azerbaiyán, 2 octubre 2016).

«Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10).

No se trata sólo de migrantes: se trata de no excluir a nadie. El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos. Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan. Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las “migajas” del banquete (cf. Lc 16,19-21). La Iglesia «en salida […] sabe tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral, y preocupándose también por las generaciones futuras.

«El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos» (Mc 10,43-44).

No se trata sólo de migrantes: se trata de poner a los últimos en primer lugar. Jesucristo nos pide que no cedamos a la lógica del mundo, que justifica el abusar de los demás para lograr nuestro beneficio personal o el de nuestro grupo: ¡primero yo y luego los demás! En cambio, el verdadero lema del cristiano es “¡primero los últimos!”. «Un espíritu individualista es terreno fértil para que madure el sentido de indiferencia hacia el prójimo, que lleva a tratarlo como puro objeto de compraventa, que induce a desinteresarse de la humanidad de los demás y termina por hacer que las personas sean pusilánimes y cínicas. ¿Acaso no son estas las actitudes que frecuentemente asumimos frente a los pobres, los marginados o los últimos de la sociedad? ¡Y cuántos últimos hay en nuestras sociedades! Entre estos, pienso sobre todo en los emigrantes, con la carga de dificultades y sufrimientos que deben soportar cada día en la búsqueda, a veces desesperada, de un lugar donde poder vivir en paz y con dignidad» (Discurso ante el Cuerpo Diplomático, 11 enero 2016). En la lógica del Evangelio, los últimos son los primeros, y nosotros tenemos que ponernos a su servicio.

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10).

No se trata sólo de migrantes: se trata de la persona en su totalidad, de todas las personas. En esta afirmación de Jesús encontramos el corazón de su misión: hacer que todos reciban el don de la vida en plenitud, según la voluntad del Padre. En cada actividad política, en cada programa, en cada acción pastoral, debemos poner siempre en el centro a la persona, en sus múltiples dimensiones, incluida la espiritual. Y esto se aplica a todas las personas, a quienes debemos reconocer la igualdad fundamental. Por lo tanto, «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 14).

«Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Ef 2,19).

No se trata sólo de migrantes: se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre. En nuestra época, también llamada la era de las migraciones, son muchas las personas inocentes víctimas del “gran engaño” del desarrollo tecnológico y consumista sin límites (cf. Carta enc. Laudato si’, 34). Y así, emprenden un viaje hacia un “paraíso” que inexorablemente traiciona sus expectativas. Su presencia, a veces incómoda, contribuye a disipar los mitos de un progreso reservado a unos pocos, pero construido sobre la explotación de muchos. «Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2014).

Queridos hermanos y hermanas: La respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados. Si ponemos en práctica estos verbos, contribuimos a edificar la ciudad de Dios y del hombre, promovemos el desarrollo humano integral de todas las personas y también ayudamos a la comunidad mundial a acercarse a los objetivos de desarrollo sostenible que ha establecido y que, de lo contrario, serán difíciles de alcanzar.

Por lo tanto, no solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana. Los migrantes, y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los “signos de los tiempos”. A través de ellos, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte. A través de ellos, el Señor nos invita a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir, cada uno según su propia vocación, a la construcción de un mundo que responda cada vez más al plan de Dios.

Este es el deseo que acompaño con mi oración, invocando, por intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora del Camino, abundantes bendiciones sobre todos los migrantes y los refugiados del mundo, y sobre quienes se hacen sus compañeros de viaje.

Fuente: Vatican.va