La crisis como oportunidad para la unidad

Monseñor Jorge Lugones SJ, Obispo de Lomas de Zamora y Presidente de la Comisión Episcopal Argentina de Pastoral Social, emitió un comunicado sobre la situación socioeconómica actual de nuestro país, en el que afirma: “Debe convertirse en una oportunidad para la unidad de todos los argentinos”

«Es un tiempo que nos obliga a buscar nuevas formas de encuentro y solidaridad en medio de las dificultades. Que nos iguala en el dolor pero que nos compromete con la ayuda a los desiguales en términos de la salud, la alimentación, el riesgo humano y también la supervivencia en relación al trabajo y a la producción.», expresó.

En el mensaje repasa la dificultad económica que atraviesan tanto las grandes industrias como las pequeñas y medianas empresas, y afirma: “intentan con muchísima dificultad, encontrar caminos que les permitan mantener mínimos de producción y preservar empleos.” Además, afirma que la emergencia sanitaria viene a sumarse la delicada situación de emergencia alimentaria y social que tantos ya venían atravesando.

Resalta la importancia de mantener el diálogo y la cooperación entre los diversos actores sociales,“entendiendo que estamos en una coyuntura donde la creatividad de todos debe poder ayudarnos recíprocamente. Será sólo con la participación de todos los sectores, como podremos encontrar los mejores caminos de salida, ya que -como dice el Papa Francisco- estamos todos en la misma barca y sólo saldremos juntos.”

Por último, nos propone una actitud comprensiva, solidaria y colaborativa tanto ahora como después de la pandemia, “Sabemos que ya se habla de una lenta y ardua recuperación de la pandemia, pero tengamos cuidado, como dijo el Papa, que no nos azote otro virus, que es el del egoísmo indiferente, el que hace que pensemos que la vida mejorará si nos va bien a cada uno de nosotros, descartando a los pobres e inmolando en el altar del progreso al que se queda atrás. Esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren: todos somos frágiles, iguales y valiosos”.

Finalmente, nos anima a volver la mirada a Jesús Resucitado, «para que sea Él quien renueve nuestra esperanza y nuestra confianza de que siempre camina junto a nuestro pueblo (..) Aprovechemos entonces esta situación como una oportunidad para preparar el mañana de todos. Porque sin una visión de conjunto nadie tendrá futuro”.

Papa Francisco: Buscar la paz siempre y de todas maneras

En la catequesis de este miércoles 15 de abril, el Papa Francisco reflexionó sobre la séptima bienaventuranza: «Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios». Los «artesanos de paz», los que actúan de forma activa y artesanal, colaborando en la obra de la creación.

Además, profundizó sobre el significado de la palabra paz y dos concepciones que hay sobre ella:

La primera idea es la bíblica, donde aparece la hermosa palabra shalom, que expresa abundancia, prosperidad, bienestar. Cuando en hebreo se desea el shalom, se desea una vida bella, plena y próspera, pero también la verdad y la justicia, que se cumplirán en el Mesías, expresó.

El otro sentido de paz es el sentido subjetivo  y  está muy difundido en nuestra sociedad, es el de tranquilidad y equilibrio personal, que en ocasiones no corresponde a un crecimiento interior, explicó el Papa.

La paz que viene del Señor es la que hace de dos pueblos uno solo

La verdadera shalom y el verdadero equilibrio interior – asegura finalmente el Pontífice – brotan de la paz de Cristo, capaz de generar una nueva humanidad, encarnada en una  infinita fila de santos y santas, inventivos, creativos, que han ideado formas siempre nuevas de amar. «En esta vida como hijos de Dios, está la verdadera felicidad. Bienaventurados aquellos que van por este camino”.

«El amor por su nacimiento es creativo y busca la reconciliación a cualquier costo. Los que han aprendido el arte de la paz y lo practican saben que no hay reconciliación sin el don de la vida, y que hay que buscar la paz siempre y de todas maneras. Siempre y de todas maneras. ¡No olviden esto!»

Sean constructores de paz

Francisco anima a todos los fieles «a colaborar con Dios en la tarea de construir la paz, en cada momento y lugar, comenzando por aquellas situaciones particulares que cada uno vive y con las personas que tienen alrededor; especialmente, en estos momentos que estamos viviendo a causa de la pandemia, para que, con un gesto concreto de bien, puedan llevar la ternura, la alegría y la paz de Cristo Resucitado».

 

Fuente: vaticannews.va

COVID-19: un desafío más para los pueblos indígenas

El Mecanismo de Expertos de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas expresó mediante un comunicado la necesidad de atender la difícil realidad que atraviesan los pueblos amazónicos en el contexto de la pandemia del COVID-19.

El texto:

Muchos pueblos indígenas viven en regiones remotas de difícil acceso y a menudo inaccesibles. Incluso antes de esta crisis, experimentaban tasas más altas de riesgos para la salud, peor salud y mayores necesidades insatisfechas en materia de atención de la salud que la población no indígena. Los pueblos indígenas ya estaban en desventaja en cuanto al acceso a la atención de salud de calidad y eran más vulnerables a numerosos problemas de salud, en particular las pandemias. No se cumplía con los determinantes sociales de la salud, como el agua potable, una dieta suficiente y equilibrada y el saneamiento básico, antes de esta crisis. Además, la expropiación de sus tierras y recursos naturales y el aumento de los conflictos en sus territorios ya ponían a los pueblos indígenas en una situación particularmente precaria.

La propagación del COVID-19 ha exacerbado y seguirá exacerbando una situación ya crítica para muchos pueblos indígenas: una situación en la que ya abundan las desigualdades y la discriminación. El aumento de las recesiones a nivel nacional y la posibilidad real de una depresión mundial agravarán aún más la situación, causando un temor de que muchos indígenas mueran, no sólo por el virus en sí, sino también por los conflictos y la violencia vinculados a la escasez de recursos, y en particular de agua potable y alimentos.

Sin embargo, todavía hay tiempo para limitar esta crisis sanitaria y sus efectos desastrosos. La acción urgente ha demostrado que las medidas apropiadas adoptadas al principio de la crisis pueden reducir y controlar drásticamente la transmisión de esta enfermedad.

Hacemos un llamado a todos los Estados para que cumplan sus obligaciones en materia de derechos humanos, guiados por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, para proteger la salud y la vida de los pueblos indígenas. Siguiendo el consejo de la OMS, los instamos a asegurarse de que los pueblos indígenas se conviertan en sus aliados en esta misión y a proporcionar una atención sanitaria culturalmente aceptable, así como alimentos u otro tipo de ayuda humanitaria, cuando sea necesario, y sin discriminación. Los Estados deben reconocer y darle lugar a los derechos y responsabilidades culturales, espirituales y religiosos de los pueblos indígenas al considerar las medidas de respuesta al virus. Al igual que en el caso de la adopción de cualquier medida que pueda afectar a los pueblos indígenas, se debe procurar obtener su consentimiento libre, previo e informado, basado en el derecho a la libre determinación.

Muchos pueblos indígenas son invisibles en nuestras sociedades, pero no deben ser olvidados, incluso pueden ameritar una atención especial. Los indígenas que se encuentran en campamentos de refugiados o de desplazados internos, en centros o instituciones de detención, o los migrantes en situaciones administrativas, corren un mayor riesgo de contraer la enfermedad. Para las personas indígenas mayores, este virus puede ser mortal, y los migrantes indígenas y las personas viviendo en zonas urbanas suelen vivir ya en entornos precarios. Probablemente los más vulnerables entre los pueblos indígenas son los que viven en aislamiento voluntario o en contacto inicial, dada su particular vulnerabilidad a las enfermedades. Es imperativo controlar estrictamente los cordones sanitarios que impidan a las personas externas entrar en sus territorios para evitar cualquier contacto. A fin de limitar la propagación del Covid-19, varias comunidades de pueblos indígenas han tomado la iniciativa de establecer medidas de contención y controles a la entrada de sus territorios. Acogemos con beneplácito esas iniciativas y exhortamos a los Estados a que las respeten y las apoyen.

Todos los pueblos indígenas necesitarán información oportuna y precisa sobre todos los aspectos de la pandemia, en sus lenguas indígenas y en formatos culturalmente sensibles. El requisito de permanecer en cuarentena también exigirá que el Estado, en alianza con los pueblos indígenas, adopte medidas para controlar la entrada de personas no indígenas o de los trabajadores de la salud no esenciales en tierras indígenas. Esas medidas también mitigarían la invasión de las tierras indígenas por oportunistas o invasores, como los taladores y mineros ilegales. También instamos a los Estados a que se comprometan firmemente a evitar la expulsión de los pueblos indígenas de sus tierras, la disminución de las tierras indígenas o la utilización las tierras indígenas para actividades militares, especialmente mientras dure esta pandemia. En resumen, la protección territorial será un componente vital de los esfuerzos de los Estados por proteger a los pueblos indígenas de la propagación de la enfermedad y contribuir a su recuperación después de esta crisis.

Aconsejamos a todos los Estados y organismos de las Naciones Unidas que tengan en cuenta nuestro asesoramiento, guiados por la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, así como por la orientación proporcionada por el ACNUDH.

Fuente: Red Eclesial Panamazónica (REPAM)

 

Reflexión del Evangelio – Viernes Santo

Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42

Por P. Hermann Rodríguez Osorio, S.J.

La liturgia del Viernes santo nos propone todos los años la lectura de la pasión del Señor, tal como la presenta el evangelio de San Juan. Quiero llamar la atención hoy sobre las veces que perdemos el sentido de los textos, cuando los leemos separados de su contexto; un ejemplo típico de esto, me parece que puede descubrirse en la siguiente historia:

«El comandante en jefe de las fuerzas de ocupación le dijo al alcalde de la aldea: «Tenemos la absoluta certeza de que ocultan ustedes a un traidor en la aldea. De modo que si no nos lo entregan, vamos a hacerles la vida imposible, a usted y a toda su gente, por todos los medios a nuestro alcance».

En realidad, la aldea ocultaba a un hombre que parecía ser bueno e inocente y a quien todos querían. Pero ¿qué podía hacer el alcalde, ahora que se veía amenazado el bienestar de toda la aldea? Días enteros de discusiones en el Consejo de la aldea no llevaron a ninguna solución. De modo que, en última instancia, el alcalde planteó el asunto al cura del pueblo. El cura y el alcalde se pasaron toda una noche buscando en las Escrituras y, al fin, apareció la solución. Había un texto en las Escrituras que decía: «Es mejor que muera uno solo por el pueblo y no que perezca toda la nación».

De forma que el alcalde decidió entregar al inocente a las fuerzas de ocupación, si bien antes le pidió que le perdonara. El hombre le dijo que no había nada que perdonar, que él no deseaba poner a la aldea en peligro. Fue cruelmente torturado hasta el punto de que sus gritos pudieron ser oídos por todos los habitantes de la aldea. Por fin fue ejecutado.

Veinte años después pasó un profeta por la aldea, fue directamente al alcalde y le dijo: «¿Qué hiciste? Aquel hombre estaba destinado por Dios a ser el salvador de este país. Y tú le entregaste para ser torturado y muerto». «¿Y qué podía hacer yo?», alegó el alcalde. «El cura y yo estuvimos mirando las Escrituras y actuamos en consecuencia». «Ese fue vuestro error», dijo el profeta. «Mirasteis las Escrituras, pero deberíais haber mirado a sus ojos»» (De Mello, Canto del pájaro).

Si recuerdan, este pasaje está en el mismo Evangelio de San Juan; son las palabras de Caifás, el Sumo Sacerdote. Cuando el Sanedrín está discutiendo lo que deben hacer ante Jesús, después de la resurrección de Lázaro, Caifás pronuncia estas palabras que son la sentencia de muerte de Jesús (Juan 11,50). No basta, pues, encontrar LA respuesta a nuestros interrogantes; es fundamental leer todo el pasaje, todo el texto y si es necesario el capítulo o el libro entero, para entender una frase. Cuando sacamos las frases de su contexto, es muy fácil que nos engañemos.

Es conocida la queja de personas que son entrevistadas para algún periódico o revista y que se quejan porque han colocado frases que efectivamente dijeron, pero son presentadas sin el contexto de la conversación, de la pregunta, etc. Pero aquí no aparece sólo la necesidad del contexto; aparece también la necesidad de leer primero la situación en la que estamos; ya hemos dicho que el Evangelio o la Biblia no son una fuente infinita de fórmulas para aplicar inmediatamente a la vida; es fundamental mirar a los ojos del que tenemos al frente; mirar a los ojos de la misma realidad a la que queremos responder y ante la cual tenemos que reaccionar.

Cuando Jesús está hablando del amor a los enemigos y la forma de ayudarles a que cambien dice: «(…) al que te abofetee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra» (Mateo 5,39); sin embargo esto no es una norma para aplicar directamente sobre toda realidad; Jesús está hablando de no resistir al mal con mal; invita a vencer el mal con el bien, vencer el odio con amor… Cada uno tiene que ver cómo, de acuerdo a sus circunstancias y SU situación, tiene que responder. Hoy nos cuenta el Evangelio de Juan cómo, cuando Jesús estaba siendo juzgado por el Sanedrín, el Sumo Sacerdote le pregunta sobre sus discípulos y su doctrina; Jesús le respondió que siempre había hablado en público, y que no había dicho nada en secreto, que le preguntara a los que lo habían oído… «Apenas dijo esto, uno de los guardias que allí estaba, dio una bofetada a Jesús, diciendo: «¿Así contestas al Sumo Sacerdote?» Jesús le respondió: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Juan 18,22-23). Es una reacción distinta, en una situación similar a la de la frase de la que estamos hablando; ¿será que Jesús se contradice? ¿será que Jesús no es coherente con lo que dice? ¿será que Jesús predica pero no aplica, como decimos tanto de muchas personas?

El principio sigue igual: No responder al mal con malvencer el mal a fuerza de bien; eso significa que en cada situación tenemos que inventarnos una respuesta nueva, que sea coherente con el principio, pero no que reproduzca una fórmula. Si esto no fuera así, ¿qué haríamos con afirmaciones como las siguientes?: «Si pues, tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que con los dos manos o los dos pies, ser arrojado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida con un solo ojo que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna del fuego» (Mateo 18,8-9).

Por tanto, tenemos que tener en cuenta que el Evangelio no es para aplicarse sin más; no se trata de una lista de normas, fórmulas, recetas… Es una vida que nos puede inspirar e ilumina nuestra propia vida, pero no nos exime de buscar nuestras propias respuestas a nuestras propias circunstancias. Dejemos que este texto de la pasión del Señor nos ilumine y nos anime a buscar la mejor forma de asumir hoy la pasión de nuestro pueblo y nuestra propia pasión, sin repetir fórmulas ni responder con estereotipos.

 

Fuente: jesuitas.lat

Un grito desde Haití, para que los jesuitas de la CPAL nos escuchen y ayuden

La Palabra que la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) comparte a jesuitas y colaboradores en el mes de abril.

Por Jean Denis SAINT-FÉLIX, SJ – Superior de los jesuitas en Haití

Haití era, hasta ayer 19 de marzo por la noche, uno de los pocos países en el que ningún caso positivo del Coronavirus se había registrado todavía; por lo menos oficialmente. Sin embargo, el gobierno comunicó ayer por la noche los dos primeros casos.  Según parece, las autoridades están tomando medidas para proteger a la población de la pandemia. La frontera entre Haití y República Dominicana está cerrada desde la medianoche del 16 de marzo. En un decreto que apareció ayer por la noche el Gobierno ha anunciado, por fin, el cierre de todos los puertos y aeropuertos del país. Todas las actividades culturales, educativas y religiosas quedaron suspendidas. La angustia se transforma en miedo. Se vive un pánico nacional cuando se reconoce la fragilidad y la precariedad de nuestro sistema de salud, la promiscuidad y la falta de higiene que caracteriza la vida del pueblo haitiano y especialmente los más pobres de los pobres. 4.1 millones de haitianos viven ya en la inseguridad alimentaria; calculamos que, en los próximos días, especialmente con el cierre de puertos y aeropuertos, esta crisis va a agravarse, dejando en el hambre más de la mitad de la población haitiana. Ya los productos empiezan a faltar en los supermercados.

 

Entre tanto, el ministro de Medio Ambiente y Economía y Finanzas, Jouthe Joseph, fue nombrado e instalado el lunes 2 de marzo, como Primer Ministro por el presidente de la república Jovenel Moïse. Sustituye a Jean Michel Lapin quien fuera nombrado interinamente hace más de un año. Se espera que, con este nuevo gobierno, se cierre este largo ciclo de inestabilidad política y de violencia social y económica. El gobierno de los Estados Unidos, quien ha apoyado sin reserva a este gobierno impopular e incompetente, tendría que brindarle un apoyo real para combatir la miseria, la impunidad y la corrupción. 

Por otro lado, después de varios días de manifestaciones violentas organizadas por los agentes de policía para reclamar el derecho a formar un sindicato, el Gobierno accedió a sus demandas. Una semana antes se había anunciado el establecimiento de un programa de seguridad social llamado «ona-polis” para tratar de restablecer la calma en las filas de la policía. 

En medio de toda esta situación frágil y difícil, la Compañía de Jesús en Haití sigue buscando su camino y su propia voz. A la luz de las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) estamos repensando nuestra manera de ocupar el espacio y de trabajar, desde tres grandes opciones: la educación, la espiritualidad y la administración o gobierno. Hemos podido dialogar todo esto con el Provincial de Canadá en la ocasión de su visita anual en febrero pasado. 

Nuestra gran preocupación sigue siendo Fe y Alegría. Durante los dos últimos años, con el equipo que dirige la obra, nos hemos dedicado a fortalecer la red y la estructura administrativa y pedagógica. En febrero pasado se realizó una Mesa Técnica (que tuvo lugar en Ouanaminthe – norte del país) en la que participó un equipo de Entreculturas, la Federación Internacional y el Presidente de la CPAL; allí fue presentado un adelanto del informe de una auditoría profesional realizada en los últimos meses. Siguiendo sus recomendaciones queremos renovar y potenciar el sistema y personal contable, y tenemos que enfrentar dos grandes urgencias: sanar un déficit acumulado de 250,000 dólares y constituir un fondo de inversión capaz de ayudarnos con el salario de los profesores mientras seguimos acosando al gobierno para que cumpla con su compromiso de pagar a los profesores. En Haití tenemos que estar presentes en el mundo de la educación si queremos que nuestro aporte sea significativo y duradero. Por eso, no sólo estamos abiertos, sino que pedimos la ayuda de todos ustedes tanto en recursos económicos que nos ayuden a salir adelante (¡cuánto puedan!… como la viuda del Evangelio), como en recursos humanos para responder con eficacia a esta misión tan esencial como es Fe y Alegría en un país como el nuestro. 

Las oficinas del Fe y Alegría y del Servicio Jesuita a Migrantes, están albergadas en unas estructuras prefabricadas y “temporales” desde hace ya 10 años (tiempo del terremoto) y están totalmente deterioradas. Nuestros colaboradores y colaboradoras trabajan en condiciones límite; por eso quisiéramos poder contar con un espacio de trabajo que pueda acoger el conjunto de trabajos de Fe y Alegría, el SJM, el centro social CERFAS y la Escuela de Formación de Maestros que ya cuenta con más de 600 estudiantes, y que sería nuestro “instituto de formación superior”, que funcionarán donde ahora está el centro de espiritualidad en Tabarre. Este proyecto nos permitiría mutualizar servicios y compartir una misma estructura administrativa. 

Por otro lado, desde el inicio de este año académico hemos concentrado muchos esfuerzos en mejorar los espacios físicos, la administración y la calidad de la educación en el Colegio San Ignacio que ofrece servicio a más de 700 jóvenes de una parte muy vulnerable de la zona metropolitana.  El gran desafío es adquirir un espacio más grande para poder reubicar o ampliar el colegio con el objetivo de poder ofrecer en mejores condiciones, implementar con más eficacia la pedagogía ignaciana y realizar las actividades de deportes que nos permiten luchar contra el individualismo y la violencia. Ahí también estamos buscando a colaboradores y ayuda para poder contar con más espacios y ofrecer un mejor servicio. Sería muy bueno si en ello pudiéramos beneficiarnos de la ayuda de FLACSI o volver a contar con la ayuda de la Red Claver para el empujón que necesitamos.  

Entre el 22 y el 29 de febrero pasado recibimos la visita del padre Erik Oland, nuestro Provincial de Canadá. Con él, además de discutir de nuestra nueva visión para los 10 próximos años, visitamos algunos habitantes de Carrefour Charles (localidad del sur oeste) en el marco del proyecto de creación de una parroquia jesuita en el departamento de Grand’Anse. La delegación fue calurosamente recibida por la población que hizo una demostración festiva al final de la reunión. Si este proyecto se materializa, serían dos las parroquias nuestras en esa región golpeada por el huracán “Mateo”. Como la implantación de esta parroquia requiere energía y recursos nos gustaría también poder contar con el acompañamiento y la solidaridad de la RELAPAJ. 

Al agradecerle a la CPAL por brindarnos hoy espacio para compartir nuestro trabajo, proyectos y misión, quisiéramos recordar que Haití -junto con la Amazonía y Cuba- es uno de los territorios prioritarios de la común misión de la CPAL. Por eso, esperamos y hago un llamado fraterno a que las provincias que constituyen la conferencia, y en particular a los provinciales y a los jóvenes jesuitas, para que miren hacia nosotros y nos acompañen en el proceso de autonomía y de mayor servicio al pueblo haitiano. Les pedimos que sean sensibles a nuestras necesidades y urgencias en término de recursos humanos, infraestructura, financiamiento y formación. Reiteramos nuestro deseo de recibir jesuitas deseados de colaborar con nosotros al nivel de la Universidad, en donde varios de nosotros colaboramos y hay un rector jesuita; que nos ayuden a finalizar y poner en marcha el proyecto de instituto superior de formación de maestros; que haya algunos hermanos jesuitas que se ofrezcan a venir a este sufrido pueblo haitiano con humildad y nos ayuden a pensar y planificar nuestras estructuras administrativas; jesuitas apasionados con la misión de Fe y Alegría. Este es un grito de auxilio que quisiéramos que toda la Compañía de Jesús en América Latina escuche y considere. 

Con la crisis mundial provocada por el coronavirus, los pueblos grandes van a replegarse sobre sí-mismos. El riesgo inevitable es que se olvidan los pueblos pobres, los más vulnerables. Nosotros somos los más necesitados de toda esta gran región. 

Tenemos la esperanza de que la Compañía seguirá siendo solidaria recordando al mundo entero de nuestra existencia y del deseo profundo de nuestro pueblo de vivir dignamente.

Entrevista al P. Provincial de los Jesuitas de Argentina y Uruguay, Rafael Velasco SJ

Entrevistado por Paula Torres, para el canal de televisión bonaerense Orbe 21, el P. Provincial Rafael Velasco SJ habló de la misión que lleva adelante la Compañía de Jesús en Argentina y Uruguay, particularmente del trabajo que se realiza en algunas de sus obras. 

«Actualmente contamos con 160 jesuitas que trabajan en diversas ciudades de Argentina y Uruguay. Nuestra misión es la del servicio de la fe inseparablemente unido a la promoción de la justicia social. Es decir, anunciar el evangelio a través de los ejercicios espirituales junto con el servicio a los más necesitados. Lo que se intenta es tratar de transformar este mundo en un lugar más justo. Desde ese lugar podemos entender las obras de la Compañía de Jesús, que son bastante diversas: algunas atienden directamente la situación social, por ejemplo la obra de San José ayuda a personas en situación de calle y se ocupan de brindar espacios de capacitación y formación.

El Servicio Jesuita a Migrantes, recibe a los migrantes forzados y los ayuda con su documentación, con la convalidación de títulos, brinda además atención psicológica y pastoral y en algunas ocasiones ofrecen refugio para familias que no tienen a donde ir.

En San José del Boquerón hay una parroquia que trabaja con los campesinos y apoya el vínculo de ellos con sus tierras ancestrales, lucha con otros poderosos que quieren apropiarse de esas tierras. Esto indica que la Compañía de Jesús no solo acompaña sino también defiende y pone la institución en favor de los más necesitados.

También contamos con parroquias vinculadas a los sectores más pobres, donde no sólo se ofrece el servicio de la fe, sino también la atención a personas con problemas de adicciones, comedores, merenderos, apoyo escolar y trabajos de acompañamiento a la comunidad por diferentes problemas sociales. Se trata de una red de obras que tienen esta primera mirada de estar en el territorio, de estar cerca de la gente, viviendo en ese lugar acompañándolos.

Luego hay otras obras que tiene como misión la reflexión y hacer incidencia en favor de esos sectores más desfavorecidos, un ejemplo es el CIAS, Centro de Investigación y Acción Social, que tiene una escuela de formación de políticos jóvenes, y cuenta con un centro de investigación sobre la realidad social, con una palabra bastante lúcida sobre cuales son los problemas sociales actuales, ofreciendo diagnósticos y soluciones de esos problemas; algo muy importante es que está en contacto con gente que tiene la capacidad de tomar algunas decisiones, entonces intenta darle un formato académico a esa realidad, para mostrar la importancia de acompañar la realidad de los pobres, las universidades también hacen un gran trabajo.

Por otro lado, los sectores de educación popular como Fe y Alegría, que tiene la finalidad de ofrecer educación en los lugares donde justamente no llega la educación, además hay otras escuelas parroquiales tratando de promover a través de la educación. Hay como un trabajo en conjunto de las obras de la Compañía no solo para asistir, sino también para promover y para ayudar a para que los que tienen que tomar las decisiones, tengan en cuenta las necesidades, sobre todo como mira y entiende la realidad el que está en un sector más postergado. La pobreza no se trata solo de falta de recursos, tiene que ver con un modo de ver la vida, y uno tiene que reconocer, si quiere acercarse para ayudar, cual es la ayuda concreta que se necesita.

Hay un modo de hacer las cosas que la Compañía de Jesus tiene que no es el sentido del iluminado que viene a dar la luz sobre los pobres, sino que es un trabajo conjunto. Por eso es importante en nuestras comunidades la cercanía, estar cerca de la gente y a partir de ahí acompañar sus procesos.

Quilmes ahora es una nueva zona de trabajo, en realidad es el Partido de Solano, ahí estamos acompañando en dos parroquias, y abriendo una comunidad con cuatro compañeros jesuitas. Es una zona con muchos desafíos sociales culturales económicos y religiosos. Nosotros nos sumamos a acompañar un proceso viene haciendo la diócesis de Quilmes de hace mucho tiempo, un trabajo de cercanía con el pueblo de Dios, de acompañamiento a las comunidades eclesiales de base. En una zona muy necesitada del Gran Buenos Aires.

También, Fundación Protagonizar es una fundación que comenzó hace 20 años y se ocupa de dar créditos para micro emprendimientos. El lema es: protagonizar cree en vos, creé en vos.  Esta es una idea tomada de un economista Bengalí, que luego un jesuita tomo una idea y con un grupo de laicos armó este pequeño banco, que está en este momento en varios lugares del Gran Buenos Aires y ahora tiene Una sede aquí en Capital, trabajando junto con la SJM y abierto a todos los migrantes con la finalidad de ayudar a promover económicamente y socialmente a las familias que están en serias dificultades. Todo esto es un trabajo hermoso que hacen muchos jesuitas y laicos que han trabajado y trabajan actualmente desinteresadamente y siguen haciéndolo. Una de las cuestiones en nuestro ADN jeusítico, es que estemos donde estemos, uno tiene que creerse de verdad que es embajador de los pobres, que está en nombre de Cristo pobre. Es decir, aunque la universidad trabaje con determinados sectores sociales, se debe trabajar para que la conciencia social se forme de una manera que los profesionales que salen de nuestras casas de estudios tengan un sentido social.

Coronavirus: la oportunidad de pensar en el bien común

Reflexión por Álvaro Lobo SJ

Todavía somos muchos los que vivimos entre el asombro y la preocupación por lo que se vive en estos días, sobre todo en las grandes ciudades donde parece que esto del coronavirus es más serio de lo que pensábamos en un principio. Hemos pasado en horas del «todo está controlado» a vaciar supermercados compulsivamente.  [..]

Más allá de intentar no perder el norte, tomar precauciones, asimilar la información de forma clara y de no dejarnos llevar por el alarmismo hay un aspecto muy positivo, podemos recuperar el bien común como valor de nuestra sociedad. Muchos sabemos que en principio no es una enfermedad severa si estás sano, pero sí que es peligrosa si eres población vulnerable. Esto nos sitúa a todo el mundo ante el reto de intentar transmitir lo menos posible un virus –o mejor dicho coronavirus– que se mueve como pez en el agua. Es hacernos conscientes que nuestras decisiones condicionan la salud pública, que es patrimonio de todos.

En una época profundamente individualista nos encontramos en una situación en la que más que nunca nuestras decisiones cuentan. Se trata de una oportunidad como sociedad de pensar más en el otro, y considerar que muchas de nuestras acciones tendrán repercusión, para bien y para mal, en alguien que no conocemos sin saber cuándo ni cómo. Ojalá descubramos que detrás de la salud pública está el cuidado del bien común.

1° Domingo de Cuaresma – Mt 4, 1 – 11

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.
Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes».
Jesús le respondió: «Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,
diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra».
Jesús le respondió: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios».
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme».
Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto».
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

 

Para reflexionar:

«Convierte las piedras en panes», le dijo. Con la lógica atractiva de quien elige el camino más rápido. Nosotros mismos a veces esperamos que la conversión a la que invita la cuaresma suceda de un día para el otro, pero la propuesta de Jesús no es a base de trucos y artificios.
El evangelio en nosotros va naciendo como grano que germina, que crece en lo pequeño y del que va brotando la vida despacio.
Entonces, más que convertir las piedras en panes habrá que transitar el proceso de plantar el trigo, después molerlo, y que de la harina se prepare masa que luego se cocina, con la levadura necesaria para que al final, sea pan para todos.

Que Jesús nos ayude en este tiempo, a no caer en la tentación de los caminos fáciles. Que nos guíe y nos anime en el trabajo diario y paciente de aprender a amar.

 

 

Con generosidad y eficacia

La Palabra que la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) comparte a jesuitas y colaboradores en el mes de marzo.

Por Roberto Jaramillo Bernal, S.J. – Presidente de la CPAL

A través de la reflexión de las últimas congregaciones generales se ha ido enriqueciendo de manera generosa la comprensión de lo que significa para nosotros el “servicio de la fe y la promoción de la justicia”. Notas características de esa misión son:

  • el diálogo con las culturas y las religiones diversas,
  • la consciencia de participar todos – desde perspectivas y tareas diversas – en una única misión que es la de Cristo (missio Dei),
  • formando comunidades de solidaridad,
  • que sean manifestación de la reconciliación entre los hombres, con la creación y con Dios.

Pero, tal vez la más importante de las contribuciones de la evolución de esta reflexión sobre la misión “fe y justicia” tiene que ver con una más completa y más profunda comprensión de lo que significa la “promoción de la justicia” en términos de praxis personal e institucional, y no sólo de discurso.

Si bien en un primer momento – post CG 32 – se pensaba y se actuaba respecto de la promoción de la justicia como si la justicia viniese a tomar un lugar donde terminaba la caridad, hoy por hoy (especialmente después de la CG 36) la noción de justicia se ha enriquecido tanto que se puede afirmar que es la caridad verdadera la que comienza donde termina la justicia. Así las cosas, la profunda y verdadera reconciliación en la justicia que nace y se alimenta de la fe va mucho más allá que la justicia que no está informada por el amor cristiano.

El P. Arrupe insistía en que, si bien es posible abusar de la caridad haciendo de ella un subterfugio de la injusticia, «no se puede hacer justicia sin amor. Ni siquiera se puede prescindir del amor cuando se resiste a la injusticia, puesto que la universalidad del amor es por deseo de Cristo un mandato sin excepciones» (Arraigados y cimentados en la caridad, 1981, no. 56). Por eso, “nuestro apostolado social, nuestra lucha por la justicia, es algo muy distinto, muy superior, a cualquier tipo de promoción meramente humana y supera esencialmente cualquier concepción filantrópica, sociológica o política: porque nos mueve a ello el amor de Dios en sí mismo y el amor a Dios en los hombres, y en ese sentido, es obra eminentemente apostólica y, como tal, plena y absolutamente jesuítica en el más riguroso sentido de nuestro carisma”.

El papa Francisco ha colocado esta realidad en el centro de su proclamación de la Buena Nueva: el principio de la misericordia no es otra cosa que la justicia del evangelio llevada a sus extremos, máxima manifestación de la caridad: amar como Dios nos ama, entregando todo por aquel y aquello que, antes de ese rescate, estaba perdido. La justicia que nace de la fe se identifica con la acción misericordiosa de Dios que redime a todos.

Uno de los pasajes evangélicos paradigmáticos de esta dinámica del amor que se hace justicia y de la tensión que conlleva en términos de generosidad y de eficacia, de compromiso y de gratuidad, es la parábola del herido en el camino y del hombre que se compadece de él (Lc 10, 27-37). El extranjero vio el malherido al borde del camino, se detuvo, se apeó de su cabalgadura, se acercó, lo tocó, le curó con su aceite, le dio a beber de su vino, vendó sus heridas, lo cargó en su caballo y lo condujo al albergue, cuidó de él toda la noche, pagó sus gastos y proveyó por su futuro; y no es gratuito que Jesús en su parábola indique que quien hizo esto fue un Samaritano mientras que otros, un sacerdote que bajaba del templo y un levita (experto en la ley), no hicieron nada por él. 

Porque el ejercicio de la misericordia (que es la manifestación máxima de la justicia) es una decisión positiva que construye algo nuevo desde donde la justicia no existe, donde el respeto no se manifiesta, donde la reconciliación es impensable. Allí donde el injustamente tratado no es injusto, el violentado en su dignidad no es violento, el despreciado no desprecia, el excluido no excluye, el perseguido no persigue, el calumniado no difama, el engañado no miente, el ofendido no ofende, el condenado no condena, allí se manifiesta perfectamente (divinamente) la tensión entre generosidad y eficacia, entre compromiso y gratuidad.

En el ejemplo (obras) y enseñanza (palabras) de San Ignacio de Loyola podemos encontrar con claridad esta tensión dinámica entre la generosidad (gratuidad) y la eficacia. San Ignacio sabe que “el amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras” e insiste en ello en uno de los pasajes más típicos de los ejercicios espirituales (Ad amorem), cuando el ejercitante ya ha pasado por un proceso cuidadoso de depuración y purificación de su respuesta a El Amor. Entretanto, en los escritos en que da orientaciones para el día a día de la Compañía de Jesús insiste repetidamente en la necesidad de vivir en la “caridad discreta”, en la caridad “discernida”, en la caridad “ordenada”, en la caridad “particular”, en la caridad “verdadera” dando muestras con estos y otros adjetivos de que no todo ejercicio de la caridad es aquel que conduce a tomar las mejores decisiones y a hacer real (realizar) el amor de Dios y el amor a Dios.

Esa tensión creativa que supone amar eficazmente, con todas las consecuencias que ambas dimensiones exigen queda plasmada en la célebre frase “hacerlo todo como si sólo dependiera de nosotros y esperarlo todo como si sólo dependiera de Dios”.

Se presentó el logo oficial del Año Ignaciano 2021-2022

El día 27 de Septiembre de 2019 recibíamos el anuncio de la celebración del Año Ignaciano de parte del P. General Arturo Sosa SJ. Bajo el lema: “Ver nuevas todas las cosas en Cristo”, la celebración se extenderá desde el 20 de mayo de 2021 al 31 de julio de 2022. Teniendo su jornada central el día 12 de marzo de 2022.

«Deseo que el centro de nuestro interés, durante este Año Ignaciano, sea una llamada a permitir al Señor obrar nuestra conversión inspirados en la experiencia personal de Ignacio.” Así lo manifestaba en el comunicado oficial dirigido a toda la Compañía.» afirma en el mensaje.

El logo

El lunes 24 de febrero, la Curia General dio a conocer el logotipo oficial de este acontecimiento. El logo podrá ser utilizado en todas las actividades e informaciones que haya en torno al tema. Ha sido diseñado por el arquitecto español Emilio Ortiz Zaforas. Presenta en latín el nombre del Fundador de la Compañía de Jesús, “Ignatius”, que Íñigo de Loyola adoptó años después de su conversión en 1521. Se ve claramente la cruz en el centro de la palabra, y en ella se apunta también al emblema clásico de la Compañía, “IHS”. Al final se enlaza el número 500 en un logo que, en una grafía contemporánea, conecta la antigua firma de Ignacio con nuestros días mediante un nuevo trazo. Quiere juntar así el tiempo de la conversión de Ignacio con el lema escogido para esta celebración.