MANRESA: nuevo cortometraje sobre Ignacio de Loyola

En el marco del Año Ignaciano, los estudiantes jesuitas de teología que residen en el Colegio del Gesù (Roma), centro de formación internacional de la Compañía en Roma, elaboraron un cortometraje que presenta los acontecimientos que vivió Ignacio en Manresa y que fue grabado en el mismo lugar donde sucedieron estos hechos.

El cortometraje, que lleva el nombre de la ciudad española donde Ignacio vivió su experiencia de conversión, es dirigido por Surthani Brahman SJ, un estudiante jesuita perteneciente a la Provincia de Andhra (India). Surthani es aficionado al teatro y al cine, escribe historias y dirige cortometrajes, actualmente cursa el tercer año de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y será ordenado diácono en abril de este año.

Entre los estudiantes que forman parte del equipo de producción se encuentra el jesuita peruano Carlos Alomía, quién además interpreta a Ignacio y comenta que para la realización de este filme se utilizaron equipos muy sencillos. «Se trabajó con una cámara pequeña de buena resolución, que es propiedad del Colegio Internacional, la escenografía y arreglo fue creatividad e ingenio del director y el equipo de estudiantes».

Esta iniciativa surgió, en un primer momento, con la idea de mostrar el viaje de Ignacio desde Loyola a Manresa, pero el guión se redujo solo a los hechos que tuvieron lugar en Manresa con la intención de focalizar y evidenciar de forma precisa los momentos más relevantes que vivió Ignacio antes de viajar a Jerusalén.

El estudiante peruano añade que «el cortometraje fue rodado en el lugar real donde Ignacio tuvo sus profundas experiencias espirituales que dejaron un efecto duradero en su vida espiritual» y nos invita a «dejarnos empalagar y deslumbrar por la faceta mística de Íñigo, y experimentar junto a él cómo habría vivido su estancia en su humilde cueva en Manresa».

Este material visual se encuentra disponible en el canal de Youtube “Jesuit Films” en inglés, telugu y tamil (lenguas del sur de la India), y desde ahora una versión en español está también disponible en el canal de Youtube “Jesuitas del Perú”.

Cabe mencionar que próximamente los estudiantes jesuitas publicarán una película de una hora sobre la vida de San Alonso Rodríguez, recordado hermano jesuita. Otros dos proyectos en los que trabajan estos jóvenes son «La visión de La Storta» (rodaje en curso) e «Ignacio en Jerusalén».

Mira el corto «MANRESA» aquí:

Serie 7 pecados capitales: envidia

Una serie de José María Rodriguez Olaizola para pastoralsj.org

“Pecados son aquellas circunstancias

en las que uno elige y apuesta

por cosas que hacen que la vida

– propia y ajena – sea menos plena.”

Mirar alrededor y compararse. Ver lo que otros tienen. Aspirar a ello. Y, de alguna manera, irse deslizando por la pendiente del desasosiego. Hay quien habla de envidia sana, quizás para contraponerla con esa otra envidia más destructiva. Sano sería el reconocimiento, humilde, de que te gusta algo que no tienes, que reconoces, valoras y aprecias en otros. Insana es la envidia cuando, en algún punto del camino, la pena por lo que tú no tienes, o incluso la aspiración legítima a conseguir algo, se convierte en rabia porque otros lo tengan. Ese es el juego perverso de la envidia. Una comparación en la que uno sale mal parado y  el otro se convierte, de algún modo, en rival.

¿Cuál es el problema? La envidia te come por dentro. Te muerde. Te hace doblarte un poco sobre ti mismo. Y al tiempo, pone una barrera entre tú y aquel o aquellos a quienes envidias. Se convierten en rivales, en enemigos, en objeto del menosprecio o el enfado. En realidad el objeto envidiado es lo de menos. Puede ser el trabajo, la suerte, un bien material, una relación personal… Lo terrible es cómo la envidia mata la relación. Y cómo te va encerrando en un pozo de amargura, obviando todo lo que puede haber de privilegio y suerte en lo que sí tienes.

Alternativa. Frente a la envidia los caminos son indirectos. Quizás el más necesario debería ser la gratitud, una mirada lúcida y consciente a la propia vida. Aprender a valorar las muchas cosas que uno da por sentado y que, sin embargo, son oportunidades que no todo el mundo tiene. Aprender a celebrar las fiestas propias, los días buenos –que seguro los hay–, los nombres de tu vida. Otro camino sería el reconocimiento, lo más reflexivo posible, de cómo todas las vidas tienen sus luces y sus sombras, sus averías y sus grandezas. Y un tercer camino sería la alegría por el bien ajeno, aprender a sonreír con otros, por otros, sin convertirse uno mismo en referencia de todo lo que esos otros tienen, viven o celebran.

José María Rodríguez Olaizola SJ

Fuente: pastoralsj.org

Cuando no basta estar informados

Por Dolores Aleixandre

Hace bastantes años hice un tiempo largo de retiro en una comunidad monástica de reciente fundación. Era un grupo pequeño de monjes, muy acogedores y hospitalarios, en una casa rural/monasterio; estaba en lo alto de un monte, el paisaje era precioso y si no doy más datos es porque aquello acabó como el rosario de la aurora unos años después. Había silencio entre semana pero los sábados los huéspedes comíamos con los monjes y hablábamos. Yo estaba informada por la radio de que la víspera se había incendiado el tanque de combustible de un camión cisterna, provocando la muerte de muchas personas alojadas en un camping. Al comentarlo en la mesa, me di cuenta de que los monjes no sabían nada y como me pareció tan extraño, le comenté al día siguiente al Prior que no entendía que vivieran tan desinteresados y al margen de lo que pasaba en el mundo. Me escuchó sin defenderse y unos días después me llamó para decirme: “Hemos comentado en la comunidad lo que me dijiste y nos hemos dado un tiempo para preguntarnos si deberíamos estar más informados a diario de las noticias y no una vez a la semana como hasta ahora. Después de orar y pensar sobre ello, nos parece que la información, con frecuencia, solo satisface la curiosidad y no siempre desemboca en una oración conmovida y solidaria. Pero cuando nos enteramos de la noticia, ninguno de nosotros se acostó esa noche sin haber orado intensamente por las víctimas de esa tragedia. Aquí no nos llegan las noticias de manera inmediata, pero tratamos de acoger con corazón orante el dolor del mundo”.

La respuesta me hizo pensar mucho y la he recordado en este tiempo en el que nos llueven imágenes, escenas y comentarios de todo tipo sobre la guerra en Ucrania. Y he vuelto a preguntarme cuánto de todo eso “nutre” y conmueve nuestra oración y cuánto se nos queda solo en el nivel de información y en una cierta autocomplacencia por “estar a la última”. Porque si todo eso no nos toca en lo más en lo más hondo y llena de nombres nuestro corazón, si no nos saca de cierta tibieza orante, si no nos hace más hospitalarios con los de cerca y no cambia nuestros hábitos de consumo energético, más nos valdría cortar el cable de la TV y tirar la radio y el teléfono en un punto limpio.

Serie 7 pecados capitales: ira

Una serie de José María Rodriguez Olaizola para pastoralsj.org

“Pecados son aquellas circunstancias

en las que uno elige y apuesta

por cosas que hacen que la vida

– propia y ajena – sea menos plena.”

Mal humor lo tenemos todos, incluso quien tiene un carácter afable y casi siempre sonríe. Ratos en que se te cruza el cable, o andas molesto por algo, o las circunstancias que sean te tienen sombrío. No se trata de que uno tenga que estar abonado a la quietud –por muy bienaventurados que sean los mansos–. Pero sí se trata de no llegar a esas situaciones en las que el mal humor te domina y te lleva a donde no quieres. Porque de esto se trata con la ira, de preguntarse si uno está en control, o si una emoción –en concreto el enfado– se vuelve tan intensa que no eres capaz de controlarte. Y conviertes la irritación en agresión a los otros, al mundo, a los objetos, a lo que se te ponga por delante.

El problema de la ira es que convierte al que está airado en un bruto, un energúmeno que, poseído por su enfado, rabia o indignación por lo que sea, se salta los límites básicos y agrede al prójimo. Puede ser más zafio, y la agresión es incluso física, o más sutil, y la ira te lleva a decir lo que se clava en el otro como un puñal hiriente. La ira solo deja detrás tierra devastada.

Frente a la ira, la alternativa no es la paz de los apáticos, aquellos a quienes nada afecta. Es, más bien, la pasión de quien no olvida, por más intensidad con la que viva las cosas, al prójimo. A veces será calma, y otras enfado, pero siempre respeto. A veces será silencio, y otras palabra, pero nunca insulto. Implicará conflicto en ocasiones, pero sin convertirse en algo personal.

José María Rodríguez Olaizola

Fuente: pastoralsj.org

El Dios poliédrico

Las Escrituras nos sugieren innumerables metáforas para expresar quiénes y cómo son Dios, Jesús, el Espíritu Santo y la Iglesia.

Dios –en la Biblia– es una roca, un pastor, un alfarero, un caudillo militar, una nube, un viñedo, un águila, un león, una gallina madre, una fortaleza y un escudo. Jesús es presentado como un profeta, un pastor, un rabino, un maestro, un taumaturgo, un novio, un cordero degollado, el Mesías y el Hijo de Dios. Y hasta pan y vino dispuesto a ser comido y bebido. La Iglesia, por su parte, es considerada –al mismo tiempo– madre, esposa, familia, barca, cuerpo de Cristo, pueblo de Dios y luz del mundo.

Sin embargo, a pesar de la sobreabundancia de títulos, sabemos que Dios, Jesús y la Iglesia son todo eso y mucho más. Una metáfora nunca agota el significado, simplemente se aproxima desde un ángulo particular, realizando una cata en el suelo profundo del sentido.

Los primeros teólogos cristianos que reflexionaron sobre esta cuestión pronto cayeron en la cuenta de que los títulos divinos expresan el modo como Dios –sin dejar de ser un misterio sagrado e inaccesible– se hace próximo, transformándose en un «Dios con nosotros», cercano y accesible.

La Biblia ofrece un deslumbrante abanico de expresiones, sin embargo, muchas de ellas hoy nos resultan extrañas y precisan ser reinterpretadas. El problema que enfrentamos es que metáforas que eran claras y evidentes en otra época se han vuelto oscuras y confusas con el paso del tiempo: ¿Qué significa que Dios es un cordero que espera ser desposado? ¿Cómo interpretar que Cristo es una vid, y nosotros los sarmientos? ¿Y que la Iglesia es una barca?

Un segundo problema surge de la necesidad de articular las diversas metáforas, permitiendo que unas «equilibren» e iluminen el significado de otras, sin eclipsarlas.

El ejemplo de la doble naturaleza de Jesucristo es ilustrativo. Nuestra tradición afirma que el hijo de María es –al mismo tiempo– Dios y hombre. Ambos atributos resultan en apariencia contradictorios, como fuerzas que empujan en direcciones opuestas. Algo similar sucede con los atributos divinos. ¿Cómo puede ser que Yahvé sea irascible y compasivo, impulsivo y paciente, violento y pacífico, maternal y paternal? Radicalizar cualquiera de esos rasgos a costa del resto conduce a un empobrecimiento en la comprensión de Dios.

El misterio no se agota en ninguna metáfora, por ello precisamos de múltiples acercamientos para expresar su insondable riqueza. Al considerar que Jesús es –además de Dios y hombre– maestro y profeta, pastor y rey, taumaturgo y exorcista, peregrino y hermano se matizan y enriquecen sus dos atributos principales, profundizándose así en su naturaleza humano-divina.

Los títulos divinos, cristológicos, eclesiológicos o mariológicos podrían compararse a una estructura articulada en la que todos los elementos están conectados, necesitando unos de los otros para que el edificio se sostenga en pie.

Otra forma de expresar esta delicada articulación sería usando, precisamente, otra metáfora. Así lo formula el papa Francisco al referirse al poliedro, una de sus imágenes preferidas: «El modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad» (Evangelii gaudium, 236).

Jaime Tatay SJ

Fuente: pastoralsj.org

Serie 7 pecados capitales: gula

Una serie de José María Rodriguez Olaizola para pastoralsj.org

“Pecados son aquellas circunstancias

en las que uno elige y apuesta

por cosas que hacen que la vida

– propia y ajena – sea menos plena.”

Habitualmente decimos que alguien es goloso cuando le gusta el dulce. Asociamos la gula a la comida, con un punto de exceso. A dejarse llevar tanto por el apetito –que no tiene nada que ver con el hambre– que a uno le cuesta poner freno o límites. La gula tiene que ver con dejarse dominar por las apetencias, con ser incapaz de resistirse a los estímulos, con un dejarse llevar por el ansia. Es curioso, porque hoy en día probablemente la gula no está muy bien vista, pero no por una concepción moral de la vida, sino por una concepción estética, y es que provoca calorías y michelines.

¿Cuál es el problema? Que uno termina dominado por lo instintivo, por los estímulos que, en lugar de ofrecerte alternativas, poco menos que te empujan. Que uno, en lugar de valorar el alimento como bendición y como fuente de energía, de salud y de satisfacción, termina, cual voraz zampón, engullendo sin freno. Sin ser capaz de resistirte o de ser señor de tus apetencias. Pienso yo que el problema no es que te guste más o menos el chocolate, o darte un atracón de algo alguna vez. El problema es llegar a ese punto en el que uno deja de controlar sus apetitos, y se vuelve compulsivo, incapaz de tener cierto dominio sobre sí. Y esto no únicamente en lo relativo a la comida, sino a tantas otras apetencias que pueden convertirse en cadenas que nos atan.

¿Cabe una alternativa? Frente a esa ansiedad, la propuesta es la sobriedad. Con un punto de auto-exigencia. Se trata de darte el espacio y la perspectiva para valorar las cosas. Y de que lo excepcional, efectivamente lo sea. Se trata de disfrutar los sabores –de los alimentos y de la vida– como una bendición, como una posibilidad y como un regalo. Y se trata de no ser como una marioneta que se mueve al hilo de necesidades –demasiadas veces artificiales– sino persona, que es capaz de vivir con un poco de orden en el océano de las necesidades infinitas que, de otro modo, te termina engullendo.

José María Rodríguez Olaizola, sj

Reflexión: Comprar un dinosaurio

Por Álvaro Zapata SJ

Es la escena de Los Simpsons que primero me vino a la cabeza cuando anoche vi la noticia de que Elon Musk había comprado Twitter. Un hastiado Homer se dirige a la tele donde el presentador del telediario presume de ganar la lotería: «puede tener todo el dinero del mundo, pero hay algo que nunca podrá comprar… un dinosaurio».

No estoy seguro de si Elon Musk no podrá comprar nunca un dinosaurio, pero lo cierto es que la pregunta que nos ronda a unos cuantos después de la compra de Twitter, es qué queda fuera del comercio, del negocio. Desde la ingenuidad muchos creímos al inicio en las redes como un espacio público de intercambio, de conocernos, donde lo mejor –y lo peor– se ponía en común. Con el tiempo la ingenuidad ha dado paso a la sospecha, hemos conocido que las redes se vertebran en torno a algoritmos que limitan con mucho nuestra libertad. Por eso, quizás, cuando sabemos que el hombre más rico del mundo ha comprado Twitter para garantizar la libertad de expresión, según sus propias palabras, en realidad más que alivio lo que nos sucede es que levantamos una ceja del escepticismo pensando en qué será lo siguiente.

El problema no ha sido descubrir que en realidad Twitter, como el resto de redes sociales o los medios de comunicación, es un negocio que cotiza, que se compra y vende y que está sujeto a intereses económicos y privados. Esto ya lo hemos ido descubriendo. La imagen del universitario geek que crea una red social y se hace universalmente famoso y millonario hace tiempo que se nos quedó atrás conforme esas iniciativas iban formando conglomerados y multinacionales de los que es difícil escapar.

Lo que nos hace levantar la ceja del escepticismo, en realidad, es el hecho de que un hombre se convierta en garante de la libertad de expresión desde su propia iniciativa sostenida en la fuerza de su dinero. Porque esto nos abre a preguntas mucho más difíciles de afrontar que una transacción entre multinacionales, que a fin de cuentas es lo que ha sucedido con Twitter. La decisión tomada por Musk nos recuerda la falta de límites que viven unos –muy– pocos porque la enorme cantidad de dinero que acumulan arrasan con todos los límites que se les podrían poner social o políticamente.

Elon Musk no ha tomado una mera decisión empresarial, ha decidido generar un cambio social tomando el control de una red social influyente. Ha visto algo que, según su criterio, no funcionaba bien y ha demostrado que puede tomar el control sin dificultades para cambiarlo. Y será su criterio el que prevalezca. No porque sea el más adecuado, pensado o consensuado… sino porque es el que más dinero tiene detrás.

Esta es la pregunta, en definitiva. Podemos hablar de valores, de libertades, de prioridades en nuestra sociedad… pero ¿qué hacemos cuando el dinero aparece y decide?

Fuente: pastoralsj.org

Serie 7 pecados capitales: Lujuria

Una serie de José María Rodriguez Olaizola para pastoralsj.org

“Pecados son aquellas circunstancias

en las que uno elige y apuesta

por cosas que hacen que la vida

– propia y ajena – sea menos plena.”

Es tan humano, el deseo, la búsqueda de placer, el perseguir, en el contacto físico, el disfrute, un buen rato, el celebrar el cuerpo en su sentido más profundo. La lujuria tiene que ver con perseguir el placer físico al margen de otras consideraciones. Al margen de otros elementos de la relación. Es el placer por el placer, el sexo por el sexo, el disfrute por el disfrute. Es algo muy al alcance de todo el mundo hoy, en una sociedad que asume el sexo como una dimensión habitual de las relaciones sociales, y donde muchas formas de estimulación están al alcance de casi cualquiera.

¿Dónde está el problema en esto? ¿Por qué hablar de pecado? ¿Es aquí donde, tal vez, asoma lo más puritano, lo más represivo, lo menos celebrativo de una Iglesia y una moral que no comprende las bondades del sexo? ¿Por qué ver problema en la lujuria? ¿En qué sentido nos perjudica? Si dos adultos quieren, ¿dónde está el problema? El problema es que termina proponiendo una vivencia de las relaciones físicas que se agota en sí misma. Eso, a muchas personas les puede bastar. Pero se pierden –al menos desde la concepción creyente de la persona– una opción valiente y con un punto de riesgo: la decisión de vincular las relaciones sexuales a la experiencia interpersonal del amor.

¿Cuál es la alternativa? Vincular el sexo al amor. No a cualquier cosa que se llama amor. Al amor que es apertura incondicional. Que es relación. Que es historia que se va escribiendo con el paso del tiempo. Que es comunicación. Que es compromiso. Y que irá alcanzando mayores niveles de intimidad a medida que va creciendo y consolidándose. Probablemente es en este campo donde la mirada, desde la fe, debería ser menos desde la prohibición y más desde la propuesta. La propuesta creyente es vincular el sexo al amor. Para que no se quede reducido a algo demasiado mecánico, demasiado egocéntrico, demasiado inmediato o demasiado vacío.

José María Rodríguez Olaizola

Fuente: pastoralsj.org

Serie 7 pecados capitales: Pereza

Una serie de José María Rodriguez Olaizola para pastoralsj.org

“Pecados son aquellas circunstancias

en las que uno elige y apuesta

por cosas que hacen que la vida

– propia y ajena – sea menos plena.”

A todos, alguna vez, nos entra un poco de pereza, de inapetencia, de desgana. Y en ocasiones nos dejamos llevar por ella, y es que no se puede estar siempre a mil, con las pilas cargadas y motivado para todo. Pero en ocasiones la pereza se convierte en actitud vital. Pasa de ser una situación puntual a guiar todas las respuestas que das, cada vez que se te pide algo. Siempre encuentra uno excusas para no hacer lo que no apetece. Se te ocurren mil planes mejores. Reconoces que no tienes ganas. O a veces, en lugar de eso, lo disfrazas de sobrecarga y agobio. Te viene a la boca, como un mantra siempre preparado, la explicación de que es que estás muy cansado y no puedes con todo –que a veces es verdad, pero a veces se convierte en una fachada para la vagancia, tan convincente que hasta uno mismo se lo puede creer–. Y terminas posponiendo siempre lo que te resulta duro, arduo o poco gratificante, mientras abrazas con entusiasmo lo apetitoso, lo fácil o lo emocionante. Es muy humano el que haya cosas que te apetezcan más que otras y el que uno prefiera lo cómodo y fácil a lo exigente.

El problema de la pereza como actitud vital es que termina haciendo que algunas cosas que son importantes –acaso imprescindibles– se pierdan y queden sin hacer. Por pereza puede uno dejar pasar algún tren muy necesario. O puede dejar en la cuneta a alguien que le necesita. El gran pecado asociado a la pereza es la omisión, y todo lo que, por su causa, puede quedar sin hacer.

¿Cuál es la alternativa? No sé si es muy contemporáneo hablar de diligencia (que casi suena a carro de película del oeste). Hoy quizás diríamos algo así como que hay que ponerse las pilas y arrear. Como actitud, la diligencia, el ser diligente, es ser alguien que está preparado y dispuesto para ir sacando adelante las cosas. Es bueno para uno mismo, porque vas conquistando espacios, terrenos y ámbitos en la vida. Y es bueno para los otros, si las metas que te fijas tienen que ver con ellos. No se trata, al final, de ir por la vida con complejo de superhéroe o de salvamundos, pero sí de reconocer los propios talentos y ponerlos en juego para que den buenos frutos.

José María Rodríguez Olaizola, sj

Tercer Domingo de Pascua | Domingo del Compartir

Los obispos argentinos han dispuesto que el tercer domingo de Pascua de cada año se celebre el Domingo del Compartir, una jornada para reflexionar sobre la importancia de que la Misión Evangelizadora de la Iglesia sea sostenida con el aporte de sus fieles.

En una carta enviada a los sacerdotes, párrocos y a las comunidades de todo el país, la Conferencia Episcopal Argentina invita a celebrar la primera jornada este 1° de mayo.

En el marco de la reforma económica de la Iglesia, la Conferencia Episcopal ha puesto a disposición de las Diócesis el Programa FE. Una plataforma digital de donaciones donde, de diversas maneras, se puede donar a la misión de la Iglesia Argentina en general, a las Diócesis y a las Parroquias en particular. Este Domingo del Compartir es un momento favorable valorar y colaborar juntos al sostenimiento de la obra evangelizadora de la Iglesia que peregrina nuestro país.

Conoce más en #DomingoDelCompartir