Reflexión del Evangelio – Domingo 3 de Octubre

Evangelio según San Marcos 10,2-16.

Por Marcelo Laborde

Se suele decir que las personas ganamos en completitud siendo amadas y amando, y realmente ello es una constatación central de la experiencia humana.

Necesitamos ser amados, reconocidos, valorados en lo que somos por Dios y por nuestros humanos hermanos, a la vez que estamos convocados a amarlos. Del equilibrio virtuoso de esa reciprocidad emerge aquella completitud.

Los textos bíblicos de hoy se relacionan con ello sin lugar a duda.

El libro del Génesis, el Salmo, y el mismo evangelio, con sus lenguajes de época, hablan de la potencialidad realizadora de la vida en pareja para aquel equilibrio (“es hueso de mis huesos y carne de mi carne”).

Ese potencial realizador se concreta en emociones, en proyectos compartidos, en darse entre sí, en familia y a otros, en vivir juntos momentos luminosos, dificultosos o medio-medio, en la paciencia, en el ánimo, en el diálogo y los silencios, en la rutina, en las diferencias reconocidas, en la fidelidad y en muchas otras concreciones. Como potencial no se realiza automáticamente sino al concretarse.

Si bien el evangelio trata más específicamente de la relación de pareja, aquel potencial de realización es perfectamente trasladable, con sus naturales particularidades, a otras relaciones (familiares, de amistad, de común servicio, etc.).

Los textos bíblicos nos animan a procurar relaciones comprometidas, que se proyecten, que no se queden en momentos, que se basen en el respeto y la disponibilidad mutuos, y que no impliquen el dominio de uno sobre otro o la desconsideración (posibilidad de repudiar a la mujer mediante acta de divorcio, niños excluidos de la dinámica de los adultos).

En las relaciones también están las vulnerabilidades propias de nuestro ser humano, y ello no se puede desconsiderar, la pena de caer en idealizaciones o posturas rígidas.

Se manifiestan en lo cotidiano de la pareja y de otras relaciones, y estamos convocados a abordarlas de la mejor manera posible.

Asimismo, nos sucede que hay vínculos de pareja que se desgastan o no continúan, aún habiendo habido deseos de proyección. Ello no podemos desconsiderarlo como comunidad eclesial, sino todo lo contrario, acompañar desde el ánimo y el amor fraterno.

Incluso, en una línea bien distinta, en nuestra sociedad se dan situaciones de abuso o violencia en el seno de la pareja o a nivel familiar. Ello es un drama actual que afecta dignidades humanas y debe movernos como comunidad a su prevención, al cese de la opresión y a la sanación.

Le pedimos al Señor que nos siga acompañando con su misericordia para construir vinculaciones humanas efectivamente realizadoras, que superen vulnerabilidades.

Fuente: cvxuruguay.org

Peregrinación a Luján: Mons. Carrara animó a «escuchar el sentir profundo del pueblo»

Monseñor Gustavo Carrara, obispo auxiliar de Buenos Aires y asesor en la pastoral de las villas, brindó una entrevista a Télam Radio en referencia a la próxima Peregrinación Juvenil a Luján.

Este año, la peregrinación lleva el lema «Madre del pueblo te pedimos por la salud y el trabajo» y se realizará de modo presencial: «Volvemos a caminar al santuario nacional de la Virgen de Luján, estamos con expectativa, con mucha alegría y con los cuidados necesarios, obviamente», expresó el obispo.

Cuando se arma el lema de la peregrinación, explicó, «se leen las intenciones que se van registrando de la peregrinación pasada. El año pasado fue virtual y las peticiones giraban en torno al pedido de la salud y al pedido del trabajo», observó. «Nuestro pueblo, cuando pide, pide cosas muy concretas, que tienen que ver con su vida cotidiana».

Finalmente, expresó: «Hay que escuchar el sentir profundo del pueblo, y uno de los lugares donde se expresa es en este ir a los santuarios, en este caso a la Virgen de Luján. Son cientos de miles de personas que caminan, que por ahí no van a ocupar una primera plana en algun periódico pero intuyen y saben qué es lo importante para nuestra patria hoy. Por eso hay que escuchar, es el desafío que tenemos»

Fuente: aica.org

Reflexión del Evangelio – Domingo 26 de Septiembre

Evangelio según san Marcos (9,38-43.45.47-48).

La primera sensación que transmite este texto del evangelio, es dura, es difícil de digerir, casi cruel. Expresiones fuertes como “ataran al cuello una piedra”, “córtala” refiriéndose a tu mano como pecado, “arráncalo” refiriéndose a tu ojo otra vez como pecado.

Pero Jesús habla en otra época, en un contexto muy distinto al de hoy y a pesar de ello el mensaje verdadero es igual o aún más significativo que nunca. Es una invitación a seguirlo, a no perdernos por el camino, a revisar nuestra propia vida.

En la primera parte, la propuesta es mirar nuestros propios “escándalos” y no andar denunciando a los demás, menos aún juzgar si lo que hacen es digno o no de los seguidores de Jesús. Miremos en nuestro interior, observemos nuestras acciones, expresiones y examinemos si aquello que perseguimos día a día realmente contribuye al Reino de Dios.

Y desde ahí, en ese momento de sincera oración, identificar las actitudes, acciones (“manos”) o aquellas miradas/juicios (“ojos”) que nos alejan de Su llamado, de la búsqueda de ese sentido en nuestras vidas. Se requiere valentía para reconocer aquello que nos empequeñece, pero en algún punto idolatramos, se requiere valentía para verlo y decidir redirigir nuestra mirada.

Cada uno busca su misión, su invitación es personal y única, cada uno sabe por dónde le aprieta el zapato; es tan fácil desviarse, perderse en el camino, tan tentador mirar para el costado. Pero no pasa nada, mientras seguimos buscando, Dios siempre está ahí esperando, paciente y misericordioso.

Para terminar, perdonen la tentación, pero no puedo dejar pasar la oportunidad… en esa búsqueda y mirada hacia dentro, tal vez pueden ir un poco más allá y preguntarse, ¿cuáles son aquellas cosas que me alejan del llamado a cuidar nuestra Casa Común? y, ¿por qué no? decidir sumar un nueva y pequeña acción hacia la sustentabilidad.

María José González

Fuente: cvxuruguay.org

«Dale a uno un uniforme…» – Reflexiones

Entre las sentencias que forman el amplio elenco de los dichos de mi madre se encuentra una frase incompleta. Aunque la deja sin concluir, permite intuir más de lo que realmente dice: “Dale a uno un uniforme…”. En estas cinco palabras de ese depósito de sabiduría materna se entrevé cómo todos albergamos deseos de reconocimiento y de dominio. Por eso, cuando alguien nos concede un ámbito de poder, como el que expresa un uniforme, no es difícil que nos sintamos un pasito por encima del resto, por más que se trate de un traje de conserje en una comunidad de vecinos. Como cualquier refrán, también este encierra a la vez una generalización injusta y una parte de verdad. No es extraño que, cuando alguien tiene una responsabilidad sobre otras personas acabe situándose por encima y cambiando su forma de relacionarse con ellas.

Me ha venido a la cabeza esta frase de mi madre por una conversación que tuve el otro día con un amigo religioso. Él me estaba contando su experiencia con quien ha sido elegido recientemente como el máximo responsable de su orden. Él me describía el trato delicado que tiene con todos y cómo ofrece toda su atención para escuchar a quien se acerca a él, dejando a un lado cualquier tarea para atender con todos los sentidos al que quiere hablar con él. Y, mientras él me compartía esa vivencia, a mí me brotaba desear que no cambie esa actitud, que su responsabilidad no le haga olvidar que lo importante es cuidar a las personas y que mantenga la lucidez suficiente para ser muy consciente de la tentación del poder, habitualmente sutil, que siempre acompaña estos cargos, también cuando se dan dentro de una institución eclesial.

Y es que ninguno estamos libre de este riesgo, por más que nuestros discursos religiosos recuerden la insistencia de Jesús en que el primero es el último (Mc 9,35), en que los jefes deben servir (Mc 10,43), en que somos invitados a lavarnos los pies unos a otros (Jn 13,14) y en que Él mismo no “ha venido a ser servido sino a servir” (Mc 10,45). Si el lenguaje religioso oculta nuestras dinámicas internas y no estamos atentos a lo que nos suscita ostentar un poco de poder, por más mínimo que sea, es fácil que nuestra existencia acabe contradiciendo nuestras palabras. No quiero resultar agorera, ni pecar de esa injusticia que es cualquier generalización, como la que late en el dicho de mi madre, pero estemos atentos a que ningún “uniforme” nos haga olvidar las convicciones del corazón.

Ianire Angulo Ordorika Religiosa Esclava de la Stma. Eucaristía

Fuente: vidanuevadigital.org

La presencia femenina en el Vaticano

Desde hace algunos años hay un esfuerzo en el Pontificado por hacer crecer la presencia femenina en el Vaticano. Según una encuesta de Vatican News en 2010, representaban el 17% de los colaboradores al servicio del Papa y de la Santa Sede, porción que en 2019 alcanzó el 22%.

Se puede encontrar a la recientemente nombrada Emilce Cuda como Jefa de Oficina de la Comisión Pontificia para América Latina, a Francesca Di Giovanni como subsecretaria de la Sección para las Relaciones con los Estados, o a Natalie Becquart como subsecretaria del Sínodo de los Obispos, entre otras.

En esta misma línea, acomienzos de este año mediante un Motu Proprio, el Papa Francisco ha habilitado el acceso a mujeres en cargos ministeriales como el lectorado y el acolitado. Pero no sólo ha trabajado en la integración de mujeres, sino de laicos y matrimonios. Esta apertura ha permitido incorporar la visión y la experiencia femenina en el trabajo de la Santa Sede por el bien común, y ha ampliado el espectro de profesionales para mejorar la calidad de lo que se brinda a la Iglesia.

Es importante reconocer y celebrar estos pasos que se están dando en la valoración del aporte femenino en la Santa Sede, reflejo del camino que está realizando la Iglesia toda, el cual esperamos que se siga transitando por la santidad y el bien común de todos los fieles.

Sinodalidad y la mujer

El Papa Francisco reconoce que existe una retroalimentación entre la búsqueda vivencial de una Iglesia sinodal y la reflexión entre la condición y el papel de la mujer en ella. Y el fruto de este camino nos exige un valiente cambio de cultura en las comunidades, la práctica de la pastoral y la participación femenina en la toma de decisiones eclesiales.

El desafío de la sinodalidad es el camino para potenciar el papel de la mujer en la Iglesia, oportunidad que no se debe ni pude dejar pasar, trabajando la escucha, el empoderamiento y la corresponsabilidad, creando así un nuevo estilo de liderazgo.

Fuente: vidanuevadigital.com

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 19 de Septiembre

Evangelio según San Mc 9, 30-37.

En el evangelio de Marcos del día de hoy somos testigos de una escena frecuente entre Jesús y sus discípulos. Están de camino, compartiendo y el Maestro aprovecha de esta cercanía para anunciar una vez más su próxima muerte y su resurrección, pero ellos no lo comprenden.

Siguen absortos en sus conversaciones sobre temas secundarios, muy ajenos al contenido del discurso de Jesús.

Es como nos pasa habitualmente a nosotros, que estamos concentrados en las preocupaciones diarias, sin prestar atención a lo importante, a lo trascendente, a aquello que debería ser la razón y el centro de nuestras vidas.

Los discípulos, en vez de mostrarse empáticos y solidarios con el anuncio que Jesús les acaba de hacer, se distraen en discutir cuál de ellos es el más importante…

Pero Jesús, en pocas palabras, resume en qué radica el valor de las personas, tal como lo predica Él mismo, con su propio ejemplo: solamente el servicio, el darse a los demás, el poner a los débiles y a los desprotegidos en el centro de nuestro interés y como fin de toda nuestra actividad, es lo que hace valiosas a las personas a los ojos del Padre.

Y para ser más explícito y abrirles bien las entendederas, atrae hacia Él a un niño, que concentra quizás todo lo que en aquella época era despreciado y no tenido en cuenta y lo convierte en la clara imagen de hacia quiénes debemos dirigir y enfocar nuestras acciones. Nada es más importante a la mirada de Dios que aquellos vulnerables, frágiles, marginados y es hacia ellos hacia quienes debemos ponernos en actitud de servicio si queremos llevar a la práctica la Buena Noticia del Evangelio y ser así verdaderos discípulos del Maestro, que se hizo nuestro servidor y nos invita a imitarlo.

Dejémonos interpelar por este Jesús humilde y sencillo que dio su vida misma para salvarnos.

Que nuestra vida esté orientada a congregar a todos, sin diferencias. Que nadie se sienta excluido. Que nuestra mirada hacia el prójimo sea como la del Padre celestial, que protege y ama a cada uno de sus hijos y que reconozcamos en cada uno de nuestros hermanos el reflejo del Creador.

Que seamos constructores de fraternidad, saliendo al encuentro del otro y reconociendo en cada hermano al mismo Jesús que se nos regala.

Que dejemos de pensar sólo en nosotros mismos y de considerarnos el centro.

Que seamos misericordiosos, como el mismo Jesús, tendiendo la mano solícita y desinteresada al que camina a nuestro lado.

Ese es el verdadero camino del servicio y de la solidaridad.

Así seremos instrumentos del amor de Dios entre los hombres y estaremos colaborando con Él en la construcción del Reino.

Que así sea.

Matilde Canabal (Maranathá)

5 errores a la hora de comprender la sinodalidad

El 7 de septiembre se publicó el documento preparatorio del Sínodo sobre la Sinodalidad. Un texto breve, de 10 páginas aproximadamente, con una fuerte estructura. Tres palabras clave orientan la comprensión: comunión, participación y misión. Que, a mi modo de ver, relevan la claridad de quienes están detrás trabajando e impulsando esta reflexión en la Iglesia universal, allí donde haya una comunidad interesada en la eclesialidad.

Comunión. Antes que cualquier otro. Pero no una comunión forzada, obligada, restrictiva. No es un “ser parte de la Iglesia” y cuidado con no salirse de allí, con rozar los límites. Sino que es tomado como referencia y signo de la presencia de Dios. Allí donde está Dios hay comunión y donde hay comunión está presente Dios. Una fraternidad misericordiosa, cercana y vigilante. No es una asociación, es una comunidad. No es un grupo, es una comunidad. Una unidad diversa, plural, variada, rica, con vínculos fuertes y sostenibles entre hermanos.

Participación. Ya en un segundo escalón, no en primer plano. Lo que acompaña a la participación es la valentía. Es el tomar la palabra, el compartir -también eucarístico- y que de Dios nace, pues la persona se sitúa en primer lugar a la escucha. No es hablar por hablar, ni juntarse para contar cosas. Participar activamente en todos los sentidos.

Misión. Y el tercero, que cierra el círculo, vuelve a recordar a la Iglesia que la Iglesia en sí misma es sacramento y servicio en medio del mundo. Por lo tanto, lejos de convertir la sinodalidad en una vuelta hacia sí misma, en un pliegue y en un refugio, impulsa claramente la misión. De ahí que, en su misma apertura, la sinodalidad sea relevante. Dicho de otro modo, por repetir lo que está dicho: es la Iglesia entera la que está en misión, no es algo que corresponda a unos pocos.

Voy, después de lo dicho, con 5 errores a la hora de comprender la sinodalidad, que muy probablemente todos hayan pensado:

  1. Sinodalidad como mundanización de la Iglesia, como democratización de la Iglesia. La Sinodalidad, en los términos que viene expuesta, es querida por Dios, propiciada por Dios y Jesús mismo es el primero que sale al encuentro de los caminantes igual que el Espíritu es quien impulsa decisivamente la unidad.
  2. Sinodalidad no es igualitarismo, es participación integrada, es participación activa, es implicación. La reserva que impone la necesidad de comunión para que la asamblea sea Iglesia necesita diversidad de dones y carismas, de situaciones, de inquietudes. La vida misma, lo más familiar del mundo, que no puede segarse.
  3. Sinodalidad no es impostura, artificio, ni puede quedarse en un barniz estético. Venimos de donde venimos y la historia nos recuerda fácilmente que, en el desarrollo mismo de la Iglesia, hay siempre asuntos por purificar. La intención del documento está expuesta con claridad meridiana y es fundamental recordarlo: la iglesia es sinodalidad, se trata por tanto de recuperar su rostro genuino.
  4. Sinodalidad no es para unos pocos. Nada en la Iglesia lo es, propiamente hablando. Pero no se trata de algo que unos cuantos han pensado, como pueda parecer, al hilo de las filosofías sociales de la segunda mitad del siglo anterior, sino de reconocer un signo propio de los tiempos, que ha madurado en este momento, al menos en una parte del mundo y que quiere impulsarse para todos. El recorrido, que se puede seguir desde antes del Concilio Vaticano II y, evidentemente, con posterioridad en su recepción, no culmina aquí, sino que este tiempo es para fortalecer su impulso.
  5. Sinodalidad no es una cuestión estructural, de organización de la Iglesia, sino de configuración de la vida cristiana. Una llamada, por tanto, a la responsabilidad única e intransferible de cada cristiano y un recuerdo para todos. Si se quedara simplemente en impulsar modos y formas comunitarias de organización, la pobreza sería enorme. Si no se consigue que esto cale en cada cristiano, se sienta interpelado y dé una respuesta con su fragilidad y con su don, entonces la inercia y las resistencias dejarán todo como está.

Ojalá hagamos el esfuerzo de desacomodarnos y emprender camino juntos, en Compañía. Ojalá no esperemos a que digan y empecemos a compartir. Ojalá no nos cerremos en nuestra realidad más inmediata y cultivemos la fraternidad social y universal. Aquellos que podemos agradecer el sincero reconocimiento de hermanos en muchas partes del mundo, en muchas situaciones, en muchas comunidades y misiones, en muchas y muy diversas formas de vivir su fue sabemos que es uno de los regalos más grandes que Dios nos ha dado y que son fundamentales para situarnos a la escucha de la Palabra con sinceridad y apertura, y nos hacen participar de la Eucaristía de otro modo. Adelante.

José Fernando Juan

www.vidanuevadigital.com

Reflexión del Evangelio – Domingo 12 de Septiembre

Evangelio según San Marcos 8,27-35.

Por Vicky Irigaray

Hermanos y hermanas, seguir a Jesús no significa seguir haciendo lo que hasta ahora: seguir viviendo de la inercia o de la rutina, sino de comprometernos con una vida en clave de servicio y entrega

Que apostemos como tú, Jesús: por los que siempre pierden.

• Nos comprometemos con “una Iglesia en salida”, que está del lado de los más desfavorecidos, que se empeña en trabajaren favor de una humanidad unida y hermanada. Que apostemos como tú, Jesús: por los que siempre pierden.

• Nos comprometemos a crear espacios de acogida y escucha en nuestras comunidades religiosas y de fe, con actitudes que incluyan siempre, que ofrezcan paz y esperanza. Que apostemos como tú, Jesús: por los que siempre pierden.

• Nos comprometemos a ser descanso y aliento junto a todos los crucificados de este mundo, a no girar la cabeza ni a hacer oídos sordos ante el grito desesperado y desalentado de tantos y tantas. Que apostemos como tú, Jesús: por los que siempre pierden.

• Nos comprometemos como creyentes en Jesús de Nazaret, optando cada día y en lo de cada día a ser colaboradores y constructores del Reino. Que apostemos como tú, Jesús: por los que siempre pierden.

Padre Madre buena, que cultivemos nuestra vida por dentro para que seamos capaces de vivir escuchando la llamada a salir de nosotros hacía los demás, a vivir una vida en clave de entrega y compromiso. Te damos las gracias por tu Hijo Jesús, nuestro Hermano y Maestro.

Fuente: cvxuruguay.org

Caminos que marcan

Reflexiones

¡Cuantas veces me acuerdo de mi experiencia del Camino de Santiago! ¿A ti también te pasa?

El Camino es austero y te hace preocuparte y ocuparte en cosas que te vienen dadas en la vida diaria por la rutina: un poco de chocolate para la fatiga, un almuerzo inolvidable en un bar, dónde vamos a dormir… cosas que te acercan al trabajo por cubrir las necesidades diarias y vitales; te acerca al mundo de los pobres. El Camino es un mundo de relaciones; relaciones libres porque no sabes si te encuentras con un director general, un yonqui, un cura, un cristiano, un vasco o una vasca; hablas de igual a igual, compartes tu alegría, tu conversación, tu ayuda; no hay prejuicios en el trato, ayudas y eres ayudado, cargas con la mochila de tu hermano que no puede, o le curas las ampollas; te acerca a las personas, sin barreras. El Camino es obsesivo-apasionante. Te centra en una única preocupación que es hacer la etapa, llegar a Santiago; sólo eso te acaba preocupando y te olvidas de tantas cosas otrora importantes, ahora accesorias (hasta de las evoluciones del Real Madrid, del móvil, del trabajo, de tu coche, de la cuenta corriente…); te da una meta que alcanzar y un horizonte que merece la pena. El Camino te pone en contacto contigo y te ayuda a conocerte (viaje interior). Sientes dolor que has de superar para seguir caminando, sientes cansancio y no te puedes parar… sientes tus límites físicos, pero a la vez como esos límites dan de sí hasta donde no te podías imaginar; nos acerca a nuestra capacidad de sufrimiento, pero también a nuestra capacidad de superación. El Camino, elijas la ruta que elijas, es Naturaleza con mayúscula. Ves unos paisajes naturales y humanos increíbles y en continua variación, entrando en comunión con la naturaleza de un modo que no es habitual en la vida urbana de la mayoría; nos acerca a nuestra capacidad de admiración y nos acerca a la creación. El Camino es la experiencia de una gran libertad por vía del desprendimiento (cosas, prejuicios, esclavitudes…) y ahí se abre la posibilidad de un encuentro con lo trascendente, con Dios; raro es que una persona haga ese camino exterior e interior y alce los ojos a lo alto, no se retire a orar, no dé gracias…

Todo esto se asemeja algo o mucho a aquellos caminantes de Emaús «¿no ardía nuestro corazón…?» Y te recuerda a la vida de aquel grupo de trece amigos que caminaban por Galilea con un tal Jesús a la cabeza. O a ese peregrino llamado Ignacio que surcó los caminos de Europa. Si el Camino marca, igual teníamos que ir más a las fuentes de ese gozo. ¿No hay también una llamada a tener una vida más austera, compartida, apasionada, natural, libre, trascendente, intensa, comprometida?

Félix Revilla, sj

Fuente: pastoralsj.org

P. Arturo Sosa SJ: serie «En camino con Ignacio»

De septiembre 2021 a julio 2022, el P. General Arturo Sosa SJ dará un mensaje especial cada mes, como complemento de su libro «En camino con Ignacio», presentado en mayo de este año en el contexto del inicio del Año jubilar Ignaciano.

El libro, a través de sus 11 capítulos, invita a reflexionar sobre la Iglesia y el mundo de hoy (con sus necesidades y retos), teniendo como punto de partida la espiritualidad ignaciana de la Compañía de Jesús. Al final de cada uno de sus capítulos se presentan Puntos para la Oración y algunas sugerencias para la Conversación Espiritual.

Los videos del P. General son una invitación (e introducción) a la oración, personal y comunitaria, desde lo reflexionado en cada capítulo del libro.

Los capítulos (y temas) que se abordarán en estos videos son:

  1. San Ignacio de Loyola. Convertirse en peregrino
  2. Arturo Sosa. Un peregrino hoy
  3. Vivir con audacia en el mundo de hoy
  4. Un nuevo sueño para la Iglesia
  5. La Compañía de Jesús hoy
  6. Mostrar el camino hacia Dios
  7. Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo
  8. Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador
  9. El despertar a una mayor sensibilidad con la Casa Común
  10. Educación jesuita: fuente de liberación y esperanza
  11. La misión compartida. Una escuela de diálogo y apertura

Compartimos el primer capítulo: «San Ignacio de Loyola. Convertirse en Peregrino»