#Memoria2021 – La vulnerabilidad a los ojos de Ignacio

Reflexión de Tiziano Ferraroni SJ sobre la importancia de la vulnerabilidad para San Ignacio y en la fundación de la Compañía de Jesús. Considera que la aceptación de la vulnerabilidad, innata a la humanidad, supone un reto importante para la sociedad contemporánea.

¿Y si pidiéramos a Ignacio de Loyola que nos ofreciera una palabra de consuelo, un consejo, a nosotros, hombres y mujeres en la era del COVID, hijos de una sociedad que quiere borrar cualquier rastro de vulnerabilidad y que, sin embargo, la ve resurgir, amenazante y desestabilizadora como siempre? ¿Nos ofrecería Ignacio unas “reglas para comportarse en tiempos de vulnerabilidad” igual que hizo con el “ordenarse a comer” o con “distribuir limosnas”? ¿Propondría un ejercicio para superar la vulnerabilidad, él que sabía encontrar el ejercicio adecuado a cada situación espiritual? Seguramente no se lanzaría a darnos una conferencia sobre la vulnerabilidad. No eran su estilo los grandes discursos. Prefería las palabras sencillas. Lo más probable es que Ignacio se limitase a contar su historia. Narraría la historia de su propia vulnerabilidad. Es lo que hizo cuando los primeros compañeros le insistieron en que escribiera la historia de su conversión como “testamento” (Prólogo de Nadal a la Autobiografía [Au 2]) para “fundar verdaderamente la Compañía” (Prólogo de Câmara a la Autobiografía [Au 4]).

Podemos imaginar que Ignacio, en un lenguaje un poco más adecuado al mundo contemporáneo que el de hace cinco siglos, comenzaría a recordar aquella herida de la que partió todo, cuando, durante la batalla de Pamplona, un proyectil hirió su pierna. A continuación, nos contaría cómo se sintió perdido durante los meses de convalecencia, cuando le estuvieron ya vedadas sus distracciones de siempre – juegos, damas, armas – cuando cayó en la cuenta de que su vida social estaba muy condicionada, porque andaría cojeando el resto de su vida. En una palabra, habían quedado destrozada su pierna, y, junto a ella, su misma identidad. Tal vez Ignacio llegaría a confesar en ciertos momentos que se sentía abrumado por una ola de desesperación, como si un fluido negro invadiera su corazón.

Al recordar estos momentos, Ignacio asumía un aire serio, pero su rostro sereno y el tono tranquilo de su voz dejaban entrever el resto de la historia. Continuaría diciendo que su herida no era el final de nada, sino el principio: que precisamente esta herida le había enseñado a pedir ayuda a otros, y a aceptar la ayuda que se le ofrecía; que era esta herida la que le había obligado a pasar largas horas en silencio y soledad, a leer y meditar la Vida de Cristo y las Vidas de los Santos. No sin lágrimas de emoción, confesaría: “En aquella cama de Loyola, aprendí a distinguir las palabras que me daban la vida de las que me causaban la muerte. En aquella cama, por primera vez, se me abrieron los ojos y, de repente, todo me parecía nuevo, vivo, diferente. Dios estaba allí, en todas partes, lo sentía presente. Durante esos días sentí que la Vida florecía en mí. Una vida que nunca jamás abandoné”.

Ignacio no se detiene en este punto de la historia. Continua relatando pruebas de su vulnerabilidad, que le depara el camino, pruebas que resultan ser cada una nueva oportunidad de crecer en la vida que está brotando en él. La más dura de ella es la prueba de los escrúpulos, cuando fue asaltado por la angustia abrumadora de no poder responder adecuadamente al amor de Dios. En aquella ocasión luchó contra sí mismo, luchó contra su propia vulnerabilidad. Hasta que, no encontrando otra salida, clamó a Dios. Y Dios le respondió. Ignacio se sintió inundado por su misericordia. A partir de ese momento, Ignacio abandona el desprecio que sentía por su cuerpo. Sus ojos comenzaron a contemplarse a sí mismo, y a los demás, con los ojos de Dios. Su mirada se ha transformado: se ha convertido en una mirada vulnerable, que se deja vulnerar, serena y suavemente, por todo lo que le rodeaba (Ver Autobiografía 1-37).

Podemos imaginar que, llegados a este punto, Ignacio deja de hablar y dirige esa mirada vulnerable hacia nosotros. Luego, se despide en silencio, tras haber narrado su historia. No añade nada más, porque es consciente de que a veces, cuando la vulnerabilidad se deja sentir, no son los grandes discursos los que ayudan, sino la historia de quienes, tras haber atravesado un trance difícil, pueden alegrarse de haber salido vivos, incluso más vivos. A los primeros compañeros, que pedían a Ignacio les dejara una “historia de los orígenes”, una historia que pudiera servir de “mito fundacional” para la Compañía, les entrega Ignacio una herida y todo lo que de ella se desprende. Implícitamente afirmaba que su vida había nacido de una herida, que la Compañía de Jesús nació de una herida. Tal vez el mundo contemporáneo, que lidia con algunas manifestaciones extremas de vulnerabilidad, necesita simplemente historias que le ayuden a no tener miedo de esa vulnerabilidad, a no rehuirla; necesita historias que le permitan vislumbrar que la herida acaricia, la vida que fluye de la herida. Relatos no nos faltan: en primer lugar el de Jesucristo, luego el de Ignacio y el de tantos testigos. Podemos añadir aún otros: el mío, el tuyo…

Fuente: ignatius500.global/es

#Memoria2021 – Conferencia: «Una lectura creyente de lo que nos está pasando»

Nos adentramos para reflexionar juntos y hacer una lectura creyente sobre lo que estamos viviendo de la mano de José María Rodríguez Olaizola sj. Vitoria-Gasteiz 

La conferencia nos propone aplicar el examen ignaciano a los tiempos que estamos pasando: reconociendo primero al Dios que se nos presenta; haciendo una pausa para agradecer, aún más necesario en tiempos de escasez o distanciamiento.

También presentando al Señor nuestra propia petición, abriendo el corazón y el mundo interior para explicitarlo en necesidades y deseos al Señor; pidiendo perdón por nuestras cegueras, nuestro egoísmo o autoreferencialidad.

Finalmente, nos pone de cara al futuro, abriendo el espíritu a los propósitos y proyecciones del día después, para dar lugar a la conversión constante al Dios de la vida.

#Memoria2021 – Revista Manresa n°354: el discernimiento en común

El término ‘discernimiento’ se entiende como el hecho de juzgar sabiamente y escoger cuidadosamente entre muchas opciones. Un significado que entre los jesuitas y compañeros ignacianos se queda corto. Discernimiento significa mucho más. 

Es una herramienta para la toma de decisiones enraizada en los Ejercicios Espirituales y que requiere de diálogo, de escucha, de indiferencia afectiva e intelectual para no condicionar desde el principio, y como condición necesaria, de oración desde la convicción de que Dios se comunica. 

Una práctica ignaciana instaurada por los primeros jesuitas que el padre general Padre Arrupe desempolvó en 1971. Kolvenbach en 1986 la sintetizó tras recibir información de superiores de todas las provincias. Adolfo Nicolás la impulsó en 2009 durante un encuentro sobre discernimiento en común. Ahora el padre general Arturo Sosa ha recogido el encargo de la CG 36 y ha escrito una carta a toda la Compañía (27/9/2017) animando a ahondar en el discernimiento en común como algo inseparable de la planificación apostólica. 

Todo apunta a reconocer al discernimiento en común como la clave para abordar las situaciones apostólicas complejas de hoy. 

Fuente: infosj.es

#Memoria2021 – Estreno del musical «Conversión»

En noviembre de 2021 tuvo lugar, en España, el estreno del musical “Conversión” en la Caja Blanca de Málaga. El musical arranca con la venida al mundo de Ignacio. Un carpintero talla una pequeña cuna. Este mismo personaje aparecerá con frecuencia en otros oficios, todos ellos relacionados con la imagen, la presencia y el trabajo de Dios en la vida de Ignacio. Tras una infancia feliz con sus hermanos Ignacio parte de la casa de Loyola en busca de aventuras y gloria. “Mi patria es el mundo y Castilla es mi bandera”, canta entonces el joven Ignacio que nada quiere saber de devociones y se entretiene en bailes con las muchachas de Arévalo. 

Más información aquí: Musical Conversión

#Memoria2021 – Diálogos en Red: «Pandemia, crisis y oportunidad espiritual»

Diálogos en Red es una iniciativa de los Centros Fe, Cultura, Justicia de los jesuitas en España para reflexionar sobre el impacto de la pandemia en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Acompañan este espacio Toni Catalá (jesuita, Centro Arrupe); Félix J. Palazzi von Büren, (profesor de teología en Boston College) y Mariola López Villanueva (RSCJ, profesora en la Facultad de Teología Granada).

#Memoria2021 – Cuatro estaciones: una propuesta de la CVX

Durante el 2021, la CVX en Valencia, en colaboración con el Centro Arrupe, puso en marcha el programa «Cuatro estaciones». Acompañamiento para recrear tu vida tras una ruptura de pareja. A través de este proyecto se buscaba ofrecer un espacio de acogida y acompañamiento de esta realidad en un ambiente cristiano de comunidad y de pertenencia eclesial, en línea con la exhortación «La alegría del amor» (Amoris laetitia) del papa Francisco.

¿De qué se trata?

Se trata de un método cristiano para recrear tu vida tras una ruptura de pareja. Es un proceso que se va recorriendo en cuatro tiempos –llamados estaciones, tomando como imagen las estaciones del año–, para ser vivido personalmente y acompañado. Tras una ruptura de pareja necesitamos tiempo para recobrar la vida, necesitamos todas las estaciones que nos lleven de nuevo a florecer. Cuatro Estaciones acompaña este tiempo, este proceso.

¿Cuánto dura?

El proceso puede durar aproximadamente dos años, pero quizás en algunos casos deba prolongarse. En cualquier caso, siempre es temporal, no se trata de perpetuarse y vivirse eternamente desde el ser separado o divorciado. Dejándose ayudar y dándose uno tiempo, la vida se recrea, la vida renace y es posible un nuevo horizonte.

¿A quién está dirigido?

Está dirigido a aquellas personas que han sufrido una ruptura de pareja y, desde su ser cristiano, desean iniciar o continuar el camino de reconstrucción de su vida, dejándose acompañar y ayudar por otros.

Para acceder al formulario de contacto hacé click aquí: centroarrupevalencia.org/cuatro-estaciones/

 

 

 

El misterio de la Navidad

Así pues, la Navidad es un regalo para el que tenemos que permanecer abiertos, aunque, tal vez, nuestra vida esté destinada a ser un largo «adviento», una continua espera, una pregunta cuya respuesta tarda en llegar. Pero esperar no quiere decir permanecer pasivos. El Enmanuel, el Dios que viene en medio de nosotros para sanar los conflictos que nos dividen, para devolvernos el sentido de la fraternidad y de la filiación, nos pide de todos modos que ya desde ahora pongamos manos a su obra. La Navidad nos llama a hacer una tentativa siempre nueva de renovarnos, de sentirnos solidarios y partícipes, más allá de la devoción convencional.

La Navidad se convierte así para el creyente en una vocación: nos llama cada vez a buscar, entre mil dificultades, el camino que nos conduce al otro, al hermano. Si Jesús se hace uno de nosotros, naciendo pobre y solo, haciéndose nuestro hermano y nuestro prójimo, también nosotros debemos hacernos prójimos de los otros y ser hermanos suyos. Si la vida cristiana es un camino y una asimilación progresiva de la vida del Señor Jesús, ¿qué indica a nuestra conciencia la experiencia de pobreza y de soledad que signa la entrada de Cristo en la historia? ¿Cómo nos interroga acerca de todo aquello que tiene que ver con la acogida del otro, con la solidaridad con el hermano, con la sencillez y la esencialidad en nuestra vida?

Angelus Silesius, místico alemán del siglo XVII, escribe: «Aunque Cristo hubiera nacido mil veces en Belén, pero no en ti, estarías perdido para siempre» (El peregrino querúbico, libro I, n. 61, Madrid, 2005, p. 70).

La Civiltà Cattolica bit.ly/3dYmKNi

Casa de Ejercicios Espirituales «San Ignacio de Loyola» – Misiones

La Casa de Ejercicios Espirituales “San Ignacio de Loyola” está ubicada en la localidad de Garupá en la Provincia de Misiones, Argentina. La misma es un espacio para la formación y profundización del encuentro con Dios a través de retiros  espirituales, convivencias, reuniones formativas y campamentos. La casa cuenta con habitaciones dobles y baño privado y habitaciones con camas cuchetas para alojamiento de  grupos. El predio cuenta con un salón de usos múltiples para más de 100 personas, una capilla y amplio parque con espacio verde.

Actividades para Enero 2022

Principios de Enero

Fines de Enero

Contacto y Reservas:

Equipo de Ejercicios Espirituales
Jesuitas de Posadas – Compañía de Jesús
Parroquia Santos Mártires
Av. Corrientes 2400 CP 3300 Te. (376) 442 8073
parroquiasantosmartiresposadas@gmail.com

 

Dios viene igual

No espera el momento oportuno, se hace tiempo propicio e inaugura algo nuevo.
No necesita todo ordenado, se hace armonía en el caos de lo que no controlamos.
No teme a la noche fría, la ilumina cálidamente.
No pretende un lugar limpio para llegar, sino que se hace pureza en la escoria.
No cumple con una idea linda de lo que debería ser Dios, es realidad que lo embellece todo dotándolo de vida.
No trae lo que le pedimos, se hace don él mismo.
No cae del cielo como un rayo tremendo y soberbio, se gesta humildemente en las entrañas de una madre y en la confianza de un padre.
No viene desde arriba, sino desde abajo, emergiendo con simpleza.
No responde nuestras preguntas, se hace palabra sabia que, misteriosamente, desconcierta y calma a la vez.
No pide vestidos lujosos, sólo es envuelto en pañales y recostado en un pesebre.
No impone su autoridad sobre la gente, se hace él mismo ternura que convoca.
Le pedimos paz, amor, prosperidad, salud, ¡tantas cosas!, pero viene él mismo.
Le pedimos cambiar lo que no nos gusta y nos transforma en la relación con él.
Es como si siempre esperáramos que nos mande lo que necesitamos y lo que Dios nos dice con Jesús, es que es él quien, al relacionarnos desde nuestra libertad, viene a salvarnos de nosotros mismos cuando la paradoja de nuestra vida nos abruma, nos enemista, nos mata.
El regalo de toda navidad es Dios mismo, no esperemos más y corramos al encuentro con él. Hablémosle, tomémoslo en nuestros brazos, arrullémoslo, cuidémoslo. Y todo lo demás, vendrá por añadidura.
Emmanuel Sicre, SJ

Reflexión del Evangelio – IV Domingo de Adviento

Evangelio según San Lucas 1,39-45.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

Reflexión por Pablo Lamarthée sj

Las visitas de Dios

Este domingo la liturgia nos ofrece el episodio de la visitación, cuando María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel. Es Dios mismo quien visita esa casa provocando efectos de alegría: Juan salta de gozo en el vientre de Isabel y ésta irrumpe admirada con alabanzas. La visita llenó y desbordó los corazones de aquellos que habitaban esa casa.

Las visitas de Dios no son raras en la historia bíblica, sabemos que a Dios le gusta hacer visitas, por ejemplo, los profetas en el Antiguo Testamento narran como el Señor visitaba con frecuencia a su pueblo, para confirmarle su amor y exigirle a la vez un cambio de conducta. En el Nuevo Testamento, Zacarías alaba a Dios porque con el nacimiento de Jesús Dios “ha visitado y redimido a su pueblo”.

Este episodio de la visita de María embarazada a su prima Isabel sintetiza muy bien la fiesta que estamos preparando, porque el Adviento y la Navidad nos permiten caer en la cuenta de que Dios, con el nacimiento del Hijo, visita a la humanidad. Aquel Dios Trinidad un tanto abstracto, etéreo y lejano, a partir de su encarnación, nos visita en forma concreta, en modos cercanos y palpables. Dios se hizo hombre, vino al mundo, acampó entre nosotros. Dios visitó la humanidad para tocarla, bendecirla, para traerle sentido, alegría y gozo desbordante.

Este episodio de la Escritura nos invita a dejarnos visitar por Dios, y dejarnos bendecir por él. Lo que más quiere Dios es tocar el alma humana, poseerla, penetrarla, llenarla de su presencia, alegrarla… ¿estamos dispuestos a abrirle la puerta de nuestra casa a esta visita? ¿nos estamos disponiendo para ello? ¿somos plenamente conscientes de que Dios viene y quiere acercarse a nuestro corazón? Isabel recibe a María embarazada en su casa, acoge la novedad de esa nueva vida en su hogar, siéntete igualmente visitado en este Adviento: ¿qué parte de tu casa está más necesitada de la visita de Jesús? Ábrele las puertas y deja que te traiga vida, te bendiga y te renueve. Toda visita nos trae novedad e incluso nos desacomoda un poco, ¿estás dispuesto a dejarte sorprender con la visita y la llegada de Jesús?

La idea de “visita” tal vez nos deje sabor a poco, porque supondría que Jesús vino pero se fue. Y Dios no se fue, sino que acampó entre nosotros, tomó posesión de nuestra alma, nos habitó para siempre. Aunque igualmente sabemos que Jesús tocó físicamente la historia solamente treinta y tres años y luego permaneció en ella por medio de su Espíritu. Por lo general, nosotros experimentamos internamente su venida de la misma manera: como una visita. En algunos momentos puntuales de la vida lo experimentamos cerca, lo poseemos, lo vemos, lo palpamos; pero en la mayoría del tiempo su presencia nos parece demasiada ligera, sutil, como que nos cuesta conservarla. ¿Acaso no nos sentimos como si Dios se nos escapara, como si se nos fuera? Sus visitas son, apenas, pequeños “toques delicados” muy efímeros, como decía San Juan de la Cruz, que pasan rápido, aunque siempre dejan el alma consolada y encendida. Parecería que Dios entrase y saliese, viniese y se fuera, así lo vivimos nosotros, como una alternancia de presencias y ausencias. Por lo general vivimos a Dios a través de pequeñas visitas.

En preparación a la Navidad es importante hacer memoria y recordar estas visitas de Dios, trayendo a nuestro corazón aquellos momentos en que Dios se te acercó, te visitó y te alegró el corazón. Porque los recuerdos de las visitas de Dios nos ayudarán a estar más abiertos a su próxima venida, tomaremos más conciencia de su modo de llegar, estaremos más atentos y más alertas, y conoceremos mejor su manera de visitarnos. ¿Te has descubierto alguna vez visitado por Dios? ¿cómo ha sido su llegada? ¿cómo ha ocurrido? 

San Ignacio era muy consciente de las visitas de Dios, estas visitas podían ser muy gozosas y llenas de consuelo, pero también podían ser dolorosas, permitiendo así a la persona visitada aprender y fortalecerse con ese dolor. Ignacio encabezaba muchas de sus cartas así: “el amor eterno de Jesucristo los salude y visite”. A una Señor por la muerte de su hijo le escribe: “Dios de toda consolación, que en tal visitación ha mostrado cuánto le ama”. Al Rey de Portugal, también por la muerte de su hijo: “parece ha querido Dios probarlo en esta tan notable visitación”. A Teresa Rajadell, religiosa, les escribía: “veo cómo Dios la visita con trabajos, dando no poca ocasión de ejercitar las virtudes”.

El Señor visita el alma humana para bendecirla con el don de la paz, pero también para educarla mediante dolorosas correcciones y encaminarla así, nuevamente, hacia la salvación. Podemos seguir reflexionando y preguntarnos: ¿hemos sido visitados por Dios en medio de momentos difíciles y dolorosos? ¿qué hemos aprendido de estas visitas trabajosas? ¿cuál ha sido el estilo empleado por Jesús a la hora de visitarnos? Recuérdalo, regístralo, agradécelo… Es bueno ir descubriendo el hilo de las visitas de Dios.

Pero tal vez en este próximo tiempo navideño seamos nosotros los que tengamos que hacer una visita a otra persona, llevarle la paz de Dios, acompañarla, anunciarle algo bonito, agradable y amable, bendecirla y animarla. Podemos, quizás, ser nosotros mismos los mediadores de la visitación de Dios, colaboradores suyos. ¿A quién tendrías que visitar en esta Navidad? ¿quién estaría necesitando de la cercanía de Jesús? 

Cuando Dios hace una visita nos quiere indicar que para él todos somos importantes y viene a mostrarnos el camino de nuestra salvación. Siempre nos trae buenas noticias y en este tiempo de Adviento y Navidad nos visita especialmente con su fragilidad, pequeñez, su misericordia, su amor. Nos preparamos, entonces, para revivir esa visita del Señor a la tierra. En Navidad, Dios nos demuestra que, para él, tú y todos somos dignos de recibir su presencia. 

¡Abramos la puerta de nuestra casa a esta llegada tan especial!

¡Vayamos también nosotros a la casa de quien esté necesitando de esa visita!