Mensaje de Mons. Ángel Rossi para la Cuaresma 2022

“Cuaresma”, o dejarse llevar por el Espíritu al desierto

El Evangelio de Marcos, donde se hace alusión a la experiencia de Jesús de “dejarse llevar por el Espíritu al desierto”, es muy cortito, pero sintetiza el espíritu de este tiempo de conversión. Dice Marcos: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, donde estuvo cuarenta días…” (Mc 1, 12-13).

Cuaresma significa justamente 40 días, y el desierto es el símbolo de lo que nuestro corazón tiene que buscar de un modo especial en este tiempo de preparación para la Pascua.

¿Por qué el desierto? ¿Por qué dejarse llevar al desierto? El desierto es una de aquellas realidades que tienen muchas facetas. En su sentido positivo, es lugar de seducción y de encuentro con Dios. Y es también lugar de prueba, de lucha. El desierto es tremendo y fascinante a la vez.

“Pero al desierto -dice Pronzato- no hay que buscarlo en el mapa. El Sahara inmenso me acoge ahora en un ángulo de la casa, incluso en una carretera, en una plaza, en una calle llena de gente, todas las veces que me decido a liberarme de la esclavitud de lo contingente e ilusorio, del chantaje de lo urgente, de los condicionamientos de la apariencia, del totalitarismo del hacer, de la dictadura de lo exterior”.

En el desierto se apunta a lo esencial: la vida, el agua, lo mínimo para vestirse y cubrirse contra el sol. Allí se vuelven inútiles las cosas que en lo cotidiano nos dan seguridad y hasta grandeza: la tarjeta de crédito, la computadora, mis títulos, mi curriculum, la agenda desbordante de compromisos asfixiantes. Será un buen ejercicio repasar qué es esencial en mi vida y qué lugar ocupa en mi corazón, en mi tiempo: fe, familia, trabajo, amigos, solidaridad -sobre todo con los más débiles-, y de qué superficialidades, o cosas superfluas sería bueno despojarme u ordenarme.

En el desierto todo lo que es “cartón pintado” se desmorona, ahí ya no hay apariencias: se es o no se es. Se vive o se muere. Se está con Dios o no se está con nadie: ni con Dios ni con uno mismo. En el desierto nuestro corazón queda al desnudo. Y “la trivialidad que nos servía de defensa se derrite y nos permite ‘tocar’ otros niveles más hondos y más verdaderos de nuestra persona que antes ni sospechábamos poseer” (Dolores Aleixandre) Pero para eso tendremos que hacer la experiencia de ratos de soledad y silencio, tan necesarios en este tiempo cuaresmal.

Vamos al desierto a rescatar nuestra autenticidad, no en el sentido maltrecho de la palabra, como sinónimo de hacer lo que me parece o lo que se me ocurre, sino en el sentido de eliminar de mi vida todo lo que hay de mentira en ella, aún aquellas que he aprendido a disimular, que he logrado camuflar, maquillar y hasta disfrazar de bondad o virtud. Quizás parezca demasiado proyecto, pero en todo caso ojalá podamos desterrar algunas de las “mentiras eje” de nuestra vida. A mí siempre me impresionó e interpeló aquella expresión de Santa Teresa y de otros santos y santas: “vivir en verdad”.

Vamos al desierto para que nuestro nombre se “desinfle” y se ajuste a su real dimensión. Decía Silvano, monje de los primeros tiempos: “¡Ay del hombre que lleva un nombre más grande que sus obras!”. Si nuestro nombre está “inflado”, la soledad del desierto, lo reubicará. Y si en cambio nuestro nombre, por lo que sea, está muy “por el piso”, en el desierto nos reencontramos con el nombre más importante, el que nos pone de pie frente a nuestra indignidad: y ese nombre es el de “hijo”. En el desierto necesitamos dejarnos decir por el Padre: “Tú eres mi hijo muy amado…”. Sabernos amados incondicionalmente por Dios nos hace “levantar la mirada”.

El desierto es un espacio propicio para detectar, y ojalá también para echar de nuestra vida, los “personajes extraños” -por decir así- que vienen de visita a nuestro corazón y terminan por copar la casa. Huéspedes –no de los buenos- que nos empezaron a visitar con frecuencia, a los que les fuimos cediendo espacio en el corazón: los dejamos entrar de a poco, no tuvimos el coraje de declararlos personajes “no gratos” y terminaron por invadirnos y adueñarse de la casa. Esos “intrusos” son nuestras superficialidades, tan distractivas; nuestra sensualidad que nos ensimisma y nos quita horizonte, nuestra vanagloria, nuestros celos y envidias, que nos hacen entrar en tantas competencias estériles, en tantas tristezas cuando “perdemos”, y en tantos triunfalismos baratos cuando “ganamos”, nuestras “carreras locas” por un puesto, por cuidar el buen nombre, por mantener el status, que terminan por convertirnos en sutiles esclavitos. El desierto es una invitación a ser libres, a señorear la propia casa, el propio corazón, para que desalojados estos “ocupas” vivamos en paz, unificados y no exiliados de nuestra propia interioridad, fugitivos de nosotros mismos.

Cuaresma es esto: es el tiempo propicio para entrar en ese desierto que no está en el Sahara, sino en nuestro propio corazón.

Por otro lado, y aunque parezca contradictorio a esta invitación penitencial de Cuaresma, es importante no perder de vista el cuidar que esa purificación y austeridad no malogre el alegre mensaje del Evangelio, ya que el camino cuaresmal, pasando por la Cruz va hacia la Resurrección, que implica la alegría, la bienaventuranza y el gozo, dándonos la buena noticia de que tenemos otra oportunidad, como la tuvo para dar fruto aquella higuera estéril de la parábola de Jesús (Mt 21,18-19). Y ante una “buena noticia” la reacción natural es agradecer y celebrarla.

Y no se trata de contraponerlas entre sí, sino de reconocerlas como formas complementarias de piedad. Por lo tanto, también es parte de este tiempo cuaresmal el disponernos para que el Señor con su gracia “nos quite el luto y nos vista de fiesta” (Sal 30,12).

Fieles a este doble desafío, ojalá que en esta Cuaresma nos dejemos llevar por el Espíritu al desierto del propio corazón, porque como decía Julien Green, “es allí donde habita Dios, allí está su morada. No en el viento, no en el temblor de la tierra, menos aún en el ruido de las palabras que hacemos sin cesar, sino en lo profundo de nosotros mismos, allí donde no llegan las voces del mundo”.

Que el Señor los bendiga. Cuenten con mi oración y encomiéndenme en las suyas.

Angel Rossi S.J.

Fuente: arzobispadocba.org.ar

San Ignacio, narrado por jóvenes jesuitas

A principios del Año Ignaciano, el pasado mes de mayo, la Curia General en Roma comenzó a difundir una serie escrita e ilustrada por jóvenes jesuitas de España. Consiguieron la colaboración de otros compañeros jesuitas para producir 13 episodios de la vida de San Ignacio en español, francés e inglés: esta fue su mayor contribución al Año Ignaciano. Hay que tener en cuenta que la versión en castellano incluye subtítulos en italiano y portugués. El 20 de cada mes, se pone en línea un nuevo episodio.

Este mes, nos encontramos en el décimo episodio de una serie de 13, sobre la vocación misionera de Ignacio… Podemos identificar en la vida de este hombre que ha marcado el cristianismo durante 500 años, todo lo que puede relacionarse con su propio camino humano y espiritual: sueños, fracasos, pruebas y errores, la búsqueda de Dios, el deseo de seguir a Jesús, experiencias de amistad…

A continuación, la lista de los capítulos ya publicados, puede hacer click en las imágenes para dirigirse al vídeo correspondiente:

10. Con otros                                             9. Con estudios

8. Ejercicios Espirituales                              7. Penitencia y reconciliación

6. Segundo binario                           5. Conocimiento interno de Cristo

4. Conversión a lo grande                           3. Discernimiento

2. Instar más en la oración                                     1. Un Magis desubicado

Reflexión: «Contemplativos en la acción»

Por Pep Buades

A medida que pasan los años, y van 31 desde que entré en el noviciado, voy profundizando y confirmando qué significa aquello de ser contemplativos, también en la acción.

No puede haber jesuita sin dar tiempo a la contemplación: al silencio, a la meditación de la Escritura, al coloquio íntimo con Dios. Una parte importante de nuestra ascesis está en el manejo de la agenda, en la capacidad de reservar tiempos para la contemplación.

No puede haber jesuita sin acción: porque estamos enviados en misión. Incluso los jesuitas ancianos que están en las enfermerías reciben misión, y están activos cuando oran por la Iglesia y la Compañía. Siempre tenemos el peligro de pervertir la acción, cayendo en el activismo, de justificarnos por la cantidad de trabajo, por la eficacia. Tenemos el peligro de secar la vida espiritual cuando disociamos acción y contemplación.

Somos, pues, contemplativos, también en la acción, porque nuestra forma espiritual nos abre a contemplar a Dios presente en todas las criaturas, trabajando laboriosamente en todo. Dios nos llama a acompañarle en ese modo de ser, estar, trabajar y darse. Esto nos da todo el sentido.

Fuente: serjesuita.es

‘Camino Ignaciano’, la película. Una peregrinación y un itinerario interior

El director húngaro Férenc Tolvaly ha seguido a cuatro jóvenes peregrinos a lo largo de los 700 km de senderos que separan Loyola y Manresa, en el norte de España, acompañados por el director de la Oficina de Peregrinaciones del Camino Ignaciano, P. José Lluís Iriberri.

Los peregrinos siguen las huellas de San Ignacio de Loyola, justo por donde el fundador de los jesuitas caminó hace exactamente 500 años.

El Camino Ignaciano es un viaje exterior e interior que nos invita a reflexionar sobre la aventura real de la vida, sobre la búsqueda de un camino y la oportunidad de encontrarnos a nosotros mismos. Un documental de 90 minutos, filmado en lugares históricos de España, con un relato personal y sensible de cómo una peregrinación se convierte en un itinerario que cambia la vida. De hecho, la película contiene un mensaje para los que andan a la búsqueda de sí mismos, y para los que buscan a Dios. Habla tanto a los cristianos comprometidos como a cualquier persona que quiera profundizar en su experiencia espiritual, independientemente de su edad, sexo o incluso de su religión.

Gracias al acuerdo establecido entre los productores, la Provincia jesuita de Hungría (que ha participado en la producción) y la Curia General, las Provincias e instituciones vinculadas a la Compañía pueden utilizar la película, pero sólo dentro de sus instituciones (no a través de plataformas virtuales). El responsable, para hacerlo, debe solicitar una transferencia digital aceptando las condiciones de uso.

Fuente: jesuits.global/es

El examen ignaciano: «Encontrar a dios en todas las cosas»

El Examen es una oración de conciencia que San Ignacio enseñó en sus Ejercicios Espirituales. Es una invitación a «encontrar a Dios en todas las cosas» y reconocer como se mueve en todas las personas y eventos de nuestros días, “en quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”.

El Examen consta de algunas indicaciones introspectivas para que sigas o adaptes a tu propio espíritu. Antes de comenzar, identifica algunos momentos importantes de tu año para orientarte hacia ese periodo de tiempo. Haz una pausa y respira lenta y profundamente, una o dos veces; toma conciencia de que estás en la presencia del Señor.

  • Pido luz

Sereno mi corazón para compartir lo vivido con un Amigo muy especial; pido luz para conocer las señales y la acción de Dios en el año que termina.

  • Agradezco los dones del año

¿De qué estoy especialmente agradecido este año?

Hago un repaso de lo vivido: actividades, experiencias, encuentros, trabajos… Doy gracias por todo lo vivido y vuelvo a pasar por el corazón en qué momentos sentí una mayor cercanía con el Señor. Por lo experimentado internamente es cómo me puedo dar cuenta de esta cercanía: esperanza, entrega, gratitud, servicio, libertad…

  • Perdonado/a Perdonador/a

¿Cuál es mi respuesta al Dios de mi vida? Pienso en los descuidos que no me permitieron obtener mayores frutos en el año. Reconozco si hubo alguna insensibilidad ante las necesidades que encontré en el camino. Pido perdón a quienes ofendí. Doy mi perdón a quienes me lastimaron. Me doy a mí mismo/a el perdón que Jesús me regala.

  • Invitado/a a un futuro nuevo

¿Con qué espíritu quiero entrar en los próximos meses? ¿El próximo año? Renuevo mi amistad y mi deseo de amar y servir: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Los movimientos internos vienen acompañados de invitaciones, trato de situarlas, agradecerlas, ver a dónde me impulsan. Pido a la Trinidad y María que me acompañen y ayuden.

Contenido extraído de un artículo publicado en Revista Jesuita n.53

Documental «Un jesuita en formación»

Los jesuitas en España lanzaron un documental sobre la vida de los jesuitas en formación.  Durante dos capítulos de media hora, relatan la vida de un estudiante jesuita desde que se levanta hasta que se acuesta, haciendo parte a sus compañeros de comunidad, de estudio y de pastoral.

La propuesta invita a mirar y convertir estos videos en un momento de contemplación donde podamos descubrir a Dios presente en lo más cotidiano.

Fuente: serjesuita.es

Videos para meditar la Espiritualidad Ignaciana

Con el fin de incentivar la reflexión en torno a lema escogido del Año Ignaciano: «Ver nuevas todas las cosas en Cristo», el Colegio Seminario y el Centro de Espiritualidad Manresa de Montevideo (obras pertenecientes a la Provincia jesuita Argentina-Uruguay) han elaborado tres breves videos que abarcan momentos clave en la vida de Ignacio de Loyola.

Cada video plasma «seis miradas», seis testimonios diferentes (un empresario, una consultora, dos docentes universitarios, una maestra y un sacerdote jesuita) sobre cómo se vive la espiritualidad ignaciana, entrevistados por Manuel Martínez, Secretario Ejecutivo de CVX Mundial.

Las etapas que se reflexionan en cada video son:

Este material busca ayudar a meditar en un cambio de mirada en este tiempo, como lo indica el P. Álvaro Pacheco SJ, Rector del Colegio Seminario: «un cambio de mirada, un recrear la mirada, un abrir los ojos a la experiencia de Dios que viene a renovar todas las cosas».

Reflexión: El streaming y la vida a la carta

Reflexión por José María Rodríguez Olaizola SJ

No dudo de que la tecnología está facilitando muchos acercamientos. No quiero ni imaginar lo que hubieran sido los meses de confinamiento sin la posibilidad de acercarnos virtualmente a nuestros seres queridos, de compartir la fe salvando las distancias, o sin poder ni siquiera mantener en marcha actividades, informaciones y posibilidades de acompañamiento. Creo –y lo valoro– que muchas posibilidades han venido para quedarse. Y que un buen uso de las redes y de las retransmisiones puede facilitar actividades, encuentros y formación que termina siendo muy interesante.

Sin embargo, la facilidad para el streaming y sobre todo su abuso, lo está convirtiendo en una herramienta envenenada. En primer lugar, porque mata la presencialidad. No hablo de esas ocasiones en que uno, por estar a miles de kilómetros y aislado no tiene modo de acceder a determinados contenidos, sino de la facilidad con que hoy prescindimos de desplazarnos unos cientos de metros para sustituir el encuentro por el acceso virtual. En segundo lugar, parece que ya no se valora lo local-cercano, dado que siempre puede uno encontrar online versiones mucho más sofisticadas de esas mismas propuestas (ya sean reflexiones, celebraciones…). Por último, la disponibilidad de contenidos grabados permite ir generando una cierta conciencia de que lo puedes tener todo (a la carta y disponible para utilizarlo cuando quieras). Esto genera la falsa sensación de que no hay que renunciar a nada, sino tenerlo todo grabado. Pero termina generando un consumo mucho más superficial de los contenidos.

Como en todo, cualquier generalización admite muchos matices. Estoy seguro de que hay usos formidables, y visionados muy fecundos de los contenidos. Pero, personalmente, me siento bastante inseguro ante el cariz que va tomando esta vida a través de las pantallas. Será metavida, pero esto no es vida.

Fuente: pastoralsj.org

Conferencia: «Influencia de la vida y obra ignaciana en el ejercicio de la psicología»

El pasado 9 de febrero, el P. Pablo Lamartheé SJ, participó del Ciclo Ignaciano de Conferencias organizado por el Instituto de Ciencias de Guadalajara. El Ciclo Ignaciano propone una conferencia virtual cada mes, en ocasión de la celebración del Año Iganciano.

El P. Pablo, jesuita uruguayo y Delegado del Sector Espiritualidad en nuestra Provincia, fue convocado para conversar sobre la «Influencia de la vida y obra ignaciana en el ejercicio de la psicología»

«En los Ejercicios se profundizan vivencias personales, se recuerdan historias biográficas, se trabajan deseos y anhelos, se reelaboran vínculos. Se afrontan dolores y límites. Todas las dimensiones de la persona humana se ponen en juego y se involucran en un trabajo psico- espiritual. Por eso surge esta reflexión sobre las aportaciones que ofrece la experiencia de los Ejercicios Espirituales a la Psicología.»

A continuación compartimos el vídeo de la Conferencia y un artículo que desarrolla el tema.

Aportes de los Ejercicios Espirituales a la psicología – PDF

 

Intenciones de oración mensuales del Papa Francisco en 2022

El jesuita Frédéric Fornos, director internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, en una entrevista en L’Osservatore Romano, ha develado que la pandemia ha estado muy presente en las propuestas que los diferentes equipos de la red le han hecho llegar al pontífice.

«El Papa nos invita a rezar por el personal sanitario que asiste a los enfermos y ancianos, especialmente en los países más pobres, con el apoyo de los gobiernos y las comunidades locales. No sabemos qué viviremos en 2022, pero lo que está claro es que la salud seguirá siendo un bien esencial y aún tendremos que cuidar de las personas más vulnerables, los enfermos, los ancianos”, explica el jesuita.

Oraciones de cada Mes:

  • Enero: Educar para la fraternidad.

Recemos para que todas las personas que sufren discriminación y persecución religiosa encuentren en las sociedades en las que viven el reconocimiento de sus derechos y la dignidad que proviene de ser hermanos y hermanas.

  • Febrero: Por mujeres religiosas y consagradas.

Recemos por las mujeres religiosas y consagradas, agradeciéndoles su misión y valentía, para que sigan encontrando nuevas respuestas frente a los desafíos de nuestro tiempo.

  • Marzo: Por una respuesta cristiana a los retos de la bioética.

Recemos para que los cristianos, ante los nuevos desafíos de la bioética, promuevan siempre la defensa de la vida a través de la oración y de la acción social.

  • Abril: Por el personal sanitario.

Recemos para que el compromiso del personal sanitario de atender a los enfermos y a los ancianos, especialmente en los países más pobres, sea apoyado por los gobiernos y las comunidades locales.

  • Mayo: Por la fe de los jóvenes.

Recemos para que los jóvenes, llamados a una vida plena, descubran en María el estilo de la escucha, la profundidad del discernimiento, la valentía de la fe y la dedicación al servicio.

  • Junio: Por las familias.

Recemos por las familias cristianas de todo el mundo, para que, con gestos concretos, vivan la gratuidad del amor y la santidad en la vida cotidiana.

  • Julio: Por los ancianos.

Recemos por los ancianos que representan las raíces y la memoria de un pueblo, para que su experiencia y sabiduría ayude a los más jóvenes a mirar hacia el futuro con esperanza y responsabilidad.

  • Agosto: Por los pequeños y medianos empresarios.

Recemos para que los pequeños y medianos empresarios, duramente afectados por la crisis económica y social, encuentren los medios necesarios para continuar su actividad al servicio de las comunidades en las que viven.

  • Septiembre: Por la abolición de la pena de muerte.

Recemos para que la pena de muerte, que atenta contra la inviolabilidad y dignidad de la persona, sea abolida en las leyes de todos los países del mundo.

  • Octubre: Por una Iglesia abierta a todos.

Recemos para que la Iglesia, fiel al Evangelio y valiente en su anuncio, viva cada vez más la sinodalidad y sea un lugar de solidaridad, fraternidad y acogida.

  • Noviembre: Por los niños y niñas que sufren.

Recemos para que los niños y niñas que sufren, los que viven en las calles, las víctimas de las guerras y los huérfanos, puedan acceder a la educación y redescubrir el afecto de una familia.

  • Diciembre: Por organizaciones de voluntariado.

Recemos para que las organizaciones de voluntariado y de promoción humana encuentren personas que estén deseosas de comprometerse con el bien común y buscar nuevas vías de colaboración a nivel internacional.

https://www.popesprayer.va/es/