Asamblea CONFAR 2022

Los Superiores/as Mayores de las Órdenes, Institutos y Congregaciones en la Argentina y la Conferencia Argentina de Religiosas y Religiosos (*CONFAR*) se reunieron presencialmente después de dos años de virtualidad, en la localidad de Pilar.

Bajo el lema “La escucha desata la travesía”, la Asamblea se dispuso, en actitud orante, a recoger la vida, los dolores y esperanzas de estos tres años y a preparar los oídos para disponerse a la escucha.

En un comunicado reconocieron que la pandemia los puso descarnadamente frente a los límites, y se visualizaron las dificultades vinculares, las crisis de sentido, las autorrefencialidades, los miedos a la muerte, a los riesgos, a la novedad, los abusos en la vivencia de la autoridad; las muertes a causa de Covid 19, y también las opciones al camino vocacional.

Al mismo tiempo, reconocieron las esperanzas que los movilizan: nuevas formas de fraternidad y sororidad, nuevos cuidados para cuidar, nuevas maneras de intercongregacionalidad, de misión compartida, con la certeza de la manifestación de Dios en el dolor y la fragilidad.

El pueblo es el faro que les indica “el hacia dónde” de la vocación consagrada: “constatamos que Jesús con rostro pobre, enfermo, anciano, samaritano, ha estado en nuestro caminar”. Profundizaron los retos de la sinodalidad expresados por la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, tomando conciencia de “que no cualquier caminar al lado es sinodal y que, no por mucho nombrarlo lo estamos viviendo”.

En discernimiento eligieron la nueva Junta Directiva Nacional que los animará en este trienio presidida por Inés Greslebin aci, secundada por Daneil Fleitas ofm y María Bigozzi, misionera diocesana. Rafael Velasco sj integrará el equipo como vocal.

El nuevo equipo los anima a ser testigos del nuevo fuego aprendiendo como vida religiosa a seguir tejiendo redes vinculares que convoquen a más hermanos y hermanas. Finalmente, pidieron que las mujeres, primeras apóstoles de la Resurrección junto a María, alienten el anhelo de ser fuegos que encienden otros fuegos en los nuevos contextos donde les toque servir.

Serie 7 pecados capitales: orgullo

Una serie de José María Rodriguez Olaizola para pastoralsj.org

“Pecados son aquellas circunstancias

en las que uno elige y apuesta

por cosas que hacen que la vida

– propia y ajena – sea menos plena.”

Hay un orgullo bueno y necesario. Te puedes sentir orgulloso de un hijo, de un logro, de un amigo. O de ti mismo, cuando has sido capaz de hacer algo que merece la pena. No se trata de no valorar lo que uno es, o lo que uno hace. Pero hay un orgullo diferente, mucho más destructivo. También se conoce como vanidad, o como soberbia, o tantas otras formas de llamarlo. Es esa mirada que se coloca a uno mismo tan en el centro, tan en un pedestal, tan hinchado y contento de sí, que te hace ciego –o indiferente– a los otros. Es estar encantado de ti mismo, desde una mirada complaciente con tus fortalezas; tanto que te olvidas de tus pies de barro y tu limitación. Es creerte el ombligo del mundo.

He ahí el problema. Porque si el mundo se convierte en una competición de egos entonces no queda mucho espacio para el diálogo, para el encuentro, para el amor (o solo lo hay para el amor propio). Si solo construyes desde la autocomplacencia y la mirada a ti mismo, te terminas encerrando en una burbuja que te aísla. Y esa burbuja, al final, y aunque ni te des cuenta, es una prisión en la que estás solo. Muy contento de ti mismo, pero solo, convirtiendo a los demás en meras comparsas o palmeros de los que solo esperas aplauso y reconocimiento.

Alternativa. Frente a ese orgullo, la respuesta es la humildad. Humildad que, decía santa Teresa, es andar en verdad. No se trata de ningunear los propios talentos o de minusvalorar(se). Se trata de reconocer y expresar, con sencillez, quién es uno. Humildad es agradecer las capacidades y talentos –que las tenemos–. Y también reconocer las asignaturas pendientes y los defectos –que también–. Es la perspectiva suficiente como para que la mirada te lleve, más allá de ti, a los otros, allá donde haya encuentro verdadero.

José María Rodríguez Olaizola, sj

Fuente: pastoralsj.org

Reflexión del Evangelio – Domingo de Pascua

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor – Ciclo C (Juan 20, 1-9)

Ninguno de los cuatro evangelios nos cuenta el “hecho” de la Resurrección del Señor. Lo que nos narran los evangelios es el proceso de la fe en la Resurrección de los discípulos y de las primeras comunidades cristianas. Un proceso que comienza con el sencillo relato que nos presenta hoy el evangelista Juan. Un relato que tiene tres protagonistas: María la Magdalena, Pedro y “el otro discípulo, a quien Jesús amaba” que la mayoría de exégetas identifican con Juan.

Este proceso de fe en la Resurrección de Jesús comienza de un modo muy sencillo: “vieron”. El verbo “ver” es el verbo central en este evangelio de hoy: se repite hasta cuatro veces. En este relato no “ven” a Jesús Resucitado: lo que ven es un sepulcro vacío. La Magdalena “vio la losa quitada del sepulcro”; el otro discípulo que llega antes que Pedro, pero no entra “vio los lienzos tendidos”; Pedro cuando entra ve “los lienzos tendidos y el sudario con el que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte”. Cuando entra el otro discípulo “el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó”. Ha visto lo mismo que los demás, pero cree: ha entendido lo que decía la Escritura “que él había de resucitar de entre los muertos”.

Tan sencillo como eso, tan misterioso como eso. Seguramente nosotros hubiéramos pensado en otro “modelo” de Resurrección: aparatoso, triunfal, espectacular, lleno de efectos especiales y capaz de apabullar a incrédulos y enemigos. Pero ese no ha sido nunca el estilo de Jesús: nacido en un pueblo perdido de un país insignificante, escondido durante treinta años, muerto como un delincuente en la cruz y fuera de la ciudad. Había que tener fe para creer en él como el Mesías de Dios, hay que tener fe para creer en su Resurrección.

La fe no es nunca un proceso fácil: es una gracia. Acaba el relato de hoy diciendo que “los dos discípulos se volvieron a casa”, seguramente a hacer algo tan íntimo como compartir la experiencia que cada uno de ellos había tenido esa mañana y lo que significaba. Que la fe en la Resurrección de Jesús que hemos compartido a lo largo de la historia millones de personas y que ha cambiado la vida de millones de personas haya comenzado de esta manera tan sencilla, tan íntima, tan humilde, ése es un auténtico milagro.

El discípulo que “vio y creyó” dice el evangelista que es aquel “a quien Jesús amaba”. El amor abre los ojos de la fe. Dice el refrán castellano que “ojos que no ven, corazón que no siente”; pero creo que el evangelio de hoy nos permite invertir los términos del aforismo popular y afirmar que “corazón que no siente, ojos que no ven”. Es el amor el que nos abre los ojos para ver todo lo que de “resurrección” hay en este mundo donde tan presente está la muerte.

Darío Mollá SJ

Fuente:centroarrupevalencia.org

Los principales ritos de Semana Santa

La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, y se extiende hasta la vigilia del Domingo de Resurrección. Para los católicos es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, hechos centrales de nuestra fe. La fecha de la celebración es variable (entre marzo y abril según el año), ya que depende del calendario lunar.

La institución de la eucaristía, el Jueves Santo; la crucifixión de Jesús el Viernes Santo, y la resurrección en la Vigilia Pascual, durante la noche del Sábado Santo al Domingo de Resurrección, son las principales celebraciones y conmemoraciones que se viven esos días.

La Semana Santa es un tiempo de oración y reflexión, tiempo para asistir a retiros, confesarse y participar de las liturgias y eucaristías que se celebran como muestra de fe. También la religiosidad popular ha instituido otras demostraciones, como representaciones de la pasión y muerte de Cristo a través del Vía Crucis y procesiones.

Ya en los Evangelios, particularmente en el de San Juan, se menciona que en esos tiempos se daba cierto énfasis al recuerdo de la última semana de la vida de Jesucristo, con bastantes detalles de sus palabras y acciones desde su entrada a Jerusalén hasta la Crucifixión.

Del Domingo de Ramos se cuenta que grandes multitudes se congregaban en el Monte de los Olivos, donde cantaban himnos y antífonas y escuchaban lecturas, para volver luego en procesión a Jerusalén, acompañando al obispo y llevando palmas y ramas de olivo delante de él. El evento central de este día, era la procesión de las palmas, y después se celebraba la misa solemne. Tiempo después se agregó la bendición de los ramos, que se debían guardar en las casas.

El Jueves Santo es un día especial, ya que, además de culminar la Cuaresma, nos introducimos en los tres días más importantes del año litúrgico, lo que llamamos el Triduo Pascual. Por la mañana, todos los sacerdotes se reúnen en la Catedral y celebran la misa Crismal, donde renuevan sus promesas sacerdotales. En esa misma celebración se bendicen los santos óleos con los que serán ungidos los niños que recibirán su bautismo, los enfermos y quienes celebren el sacramento de la Confirmación durante el año.

En la tarde se celebra el mandato del lavado de los pies, en memoria de la preparación de Cristo para La Última Cena. La liturgia, vista como conmemoración de la institución del Santísimo Sacramento, se celebra con ornamentos blancos, en medio de cierta solemnidad. Se canta el “Gloria in excelsis”, durante lo cual se tocan todas las campanas, que luego permanecerán en silencio como forma de expresar el duelo durante las horas de la Pasión.

El Viernes Santo se vive con gran recogimiento la crucifixión y muerte de Cristo. Es un día de ayuno y de abstenerse de comer carnes, además que no se realizan misas (día alitúrgico). Se efectúa la Adoración de la Cruz y la lectura del Evangelio corresponde a toda la pasión, según San Juan.

La ceremonia del Sábado Santo ha perdido mucho del significado e importancia de la que gozaba en los primeros siglos de la cristiandad. Originalmente, se trataba de una extendida Vigilia o “ceremonia de la espera vigilante”, que se celebraba en las últimas horas del sábado y que terminaba a media noche. Hoy al término de la eucaristía con que termina la Vigilia Pascual se renuevan las promesas bautismales. San Agustín la menciona como “la madre de todas las santas vigilias”.

Finalmente, el Domingo Santo o Domingo de Pascua es la celebración más importante que tenemos los cristianos. La misa, con su gozoso Gloria, y el tañido de las campanas proclaman la Resurrección del Señor.

Cronología de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús

  • Domingo de Ramos. Entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén.
  • Lunes Santo. Unción de Jesús en casa de Lázaro. Jesús expulsa a los mercaderes del Templo de Jerusalén.
  • Martes Santo. Jesús anticipa a sus discípulos la traición de Judas y las tres negaciones de Pedro.
  • Miércoles Santo. Judas Iscariote conspira con el Sanedrín para traicionar a Jesús por treinta monedas de plata.
  • Jueves Santo. El Jueves Santo se celebra la última cena de Jesús de Nazaret con sus discípulos, la institución de la eucaristía, el orden sacerdotal y el lavatorio de pies.
  • Viernes Santo. Durante el Viernes Santo se recuerda la pasión de Cristo y el momento de su crucifixión en el Calvario para salvar al hombre del pecado y darle la vida eterna. Este día, los fieles católicos guardan ayuno y abstinencia de carne como penitencia. Prisión de Jesús. Los interrogatorios de Caifás y Pilatos. La flagelación. La coronación de espinas. Vía Crucis. Sepultura de Jesús.
  • Sábado Santo. Jesús en el sepulcro y su descenso al lugar de los muertos. Por la noche la Vigilia Pascual.
  • Domingo Santo. El Domingo de Resurrección, conocido también como Domingo de Pascua, conmemora la resurrección de Jesucristo al tercer día después de su crucifixión y su primera aparición ante sus discípulos. Es un día de suma alegría para los fieles y es interpretado como la esperanza de una nueva vida.
  • Triduo Pascual de Semana Santa
    Como Triduo Pascual se denominan los tres días de la Semana Santa en que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo: Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo. Concentra los momentos más importantes del año litúrgico en el cristianismo.

Fuente: jesuitas.cl

Cristóbal Fones SJ y OPA Canta Irala: «Hace falta gente»

«Hace falta gente que riegue el futuro
con sangre y estrellas de liberación.
Hace falta gente que piense en los niños,
que piense en los pobres en nombre de Dios».

Cristóbal Fones SJ nos presenta a través de su sitio web una nueva canción: «Hace falta gente». Se trata de una composición del año 1984 de Casimiro Irala, sacerdote jesuita de gran trayectoria en la música religiosa y fundador del Grupo OPA en Brasil. Es a pedido de esta fundación que Cristóbal graba una nueva versión del tema, recreando el texto con una mirada actualizada sobre la realidad.

«Nos acercamos a la celebración del Misterio Pascual en Semana Santa y el contexto de la guerra en Ucrania, las múltiples formas de violencia estructural y delictual en nuestro continente, la conciencia de los abusos y delitos cometidos por miembros de nuestra comunidad a personas vulnerables, los desafíos de equidad de género y las nuevas luchas de poder en nuestros pueblos remecen el corazón y exigen de nosotros un espíritu atento, audaz, dispuesto, vigilante.» Afirma Cristóbal Fones.

Compartimos la letra y el vídeo de la canción:

Hace falta gente

Letra y música: Pe. Casimiro Irala, SJ
Producción “OPA canta Irala”, 2022.

Producción musical: Luciano Valdebenito
Ingeniero de sonido: Alfonso Pérez

Guitarras, bajo y percusiones: Luciano Valdebenito. Quenacho: Tomás Carrasco. Piano: José Patricio Fuentes.

Hace falta gente que al abrir el surco
Piense en la semilla, el fruto y la flor…
Hace falta gente que palpe la tierra
Con manos de virgen, con manos de Dios

Vibrante, es la voz de Dios amante
Ven, sigueme, toma tu cruz.
Ven conmigo

Hace falta gente que entone su canto
Con alma y con vida, sin miedo de amar
Hace falta gente que viva martirios
Audaz sacerdocio, sublime ideal

Doliente es la voz del continente
En su dolor quiere la luz,
quiere abrigo

Hace falta gente que riegue el futuro
Con sangre y estrellas de liberación
Hace falta gente que piense en los niños,
Que piense en los pobres en nombre de Dios

Vibrante es la voz de Dios amante
Ven, sigueme, toma tu cruz,
Ven, amigo. Ven, amigo…

Reflexión: ¿Vivir sin límites?

Por Álvaro Lobo SJ

¿Cuántas veces soñamos que no tenemos límites? ¿Cuántas veces creemos que podemos tener y tener más? O ser más, sin saber muy bien qué. Pasa en el deporte, en el estudio, en el trabajo, en el éxito, en la política… En muchas facetas de nuestra vida nos sentimos cómodos y vamos estirando nuestras posibilidades. No es algo malo porque estamos llamados a desear, a dar lo mejor de nosotros mismos, a intentarlo y a no ser conformistas, porque es mejor ser fracasados que mediocres, porque nos gusta soñar e imaginarnos con horizontes amplios.

Sin embargo, por mucho que nos esforcemos llegaremos a las fronteras de nuestra propia vida. Umbrales donde no podremos aguantar corriendo más o nuestra cabeza no da para aprobar una buena oposición. No tenemos las capacidades para alcanzar todas las posibilidades que nos gustarían y la actitud supera a la aptitud. Momentos donde vemos que nuestra salud ya no llega tanto como antes. Pero no son solo límites de nuestro cuerpo o nuestra cabeza. A veces no logramos tener la relación que quisiéramos con un hermano, un amigo o una pareja, nos duele porque por mucho que lo intentemos la cosa no puede mejorar.

Llegados a nuestras fronteras tenemos dos opciones. La primera es la no aceptación. Negar que somos finitos. Entonces embestimos las paredes, bajo el pretexto de la perseverancia, y no avanzaremos mucho. Terminaremos frustrados y con la sensación dolorosa de haber perdido el tiempo. Pero hay peligros mayores, cuando nuestros límites tienen que ver con los límites de los otros. La no aceptación nos lleva a equivocarnos porque podemos romper las relaciones. Aparece la envidia porque nos gustaría tener el coche del vecino o la inteligencia de nuestro jefe. Nos cabreamos, con nosotros y con los otros, porque no soportamos saber que nos hemos equivocado o machacamos el cuerpo, para ampliar nuestros límites, suspirando por un cuerpo diez. Y desde aquí es fácil tropezar de mil formas y maneras, provocando dolor a los otros y a nosotros mismos con reacciones que rompen las reglas.

Pero siempre hay otra alternativa: sí aceptar los límites, sabiendo que muchas veces es complicado y quizá injusto. Pero la realidad, aunque podamos mejorarla, es implacable. No es conformarse, sino, insisto, aceptar. La respuesta y la ayuda están en Dios, que nos quiere en nuestra imperfección y nos comprende tal como somos, más allá de nuestros límites, grandes o pequeños. Desde la aceptación comprendemos que todo lo que tenemos en nuestra vida –aptitudes, relaciones, posesiones…– es un regalo recibido y no es una deuda que debemos exigir al mundo.

Fuente: pastoralsj.org

Presentación del Congreso sobre San Ignacio para Junio 2022

El obispo de Córdoba (España), Mons. Demetrio Fernández presidió la presentación del programa del Congreso Internacional sobre San Ignacio de Loyola que se celebrará en esta ciudad del 22 al 25 de junio próximos.

Este encuentro abordará la figura de San Ignacio de Loyola con ocasión del 500 aniversario de la conversión de este Santo a través de expertos en la materia, entre quienes destacan el Provincial de España, Antonio España SJ, el padre José María Guibert SJ, rector de la Universidad de Deusto o de los internacionales Sylvie Robert, profesora del Centre Sèvres de París; Mark Bosco SJ, vicepresidente de Misión y Ministerio en la Universidad de Georgetown y Scott Hendrickson SJ, profesor en la Universidad Loyola Chicago.

Para asistir a este congreso, que también se retransmitirá de forma online, es necesario hacer una inscripción previa. Para más información, puede consultar la web www.congresosanignacio.com

Reflexión del Evangelio – V Domingo de Cuaresma

Domingo V de Cuaresma – Ciclo C (Juan 8, 1 – 11)

La liturgia nos ofrece este domingo una escena impresionante sobre el perdón. Ya no es una parábola, como lo era el domingo pasado la parábola del Padre y sus dos hijos, sino un hecho protagonizado por el mismo Jesús. Prestemos atención, de entrada, al solemne contexto en el que va a suceder el hecho narrado por el evangelista Juan: “… en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba”. El hecho sucede en el lugar más solemne posible, delante de mucha gente y en plena enseñanza de Jesús. Por tanto, de significación y repercusión grandes.

En el centro de la escena “una mujer sorprendida en adulterio”, hecho que nadie niega: en “flagrante adulterio”. No hay discusión sobre la culpabilidad de la mujer ni sobre la gravedad de la culpa: “la ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras”: no es ése el tema. Lo que los escribas y los fariseos pretenden, en el templo y delante de una muchedumbre, por tanto, en un escenario completamente favorable para ellos y hostil para Jesús es “comprometerlo y poder acusarlo”: la vida de la mujer no les importa nada, la dan por condenada y ejecutada. Piensan que van a coger a Jesús en fallo, porque saben de su compasión y de que es alguien que “come con publicanos y pecadores” (Marcos 2, 16) y que se atreve a decir “los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios” (Mateo, 21, 31).

Al contrario de lo que piensan sus enemigos, para Jesús lo importante no es su vida, ni salir él bien parado del aprieto, sino que lo importante, es la vida y la salvación de aquella mujer, por pecadora que fuera. Recuerda seguramente las palabras del profeta Ezequiel: “Por mi vida – oráculo del Señor Dios – que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta y viva” (Ezequiel 33, 11). Esa voluntad de salvación es la que marca toda la acción de Jesús en la escena: desde su respuesta a los acusadores: “el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”, hasta sus palabras finales a la mujer: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”. Primero el perdón; luego la invitación a cambiar de vida. El perdón es incondicional; el cambio de vida es resultado de la experiencia de misericordia.

El evangelio de hoy nos plantea una cuestión vital como seguidores de Jesús: ¿Cómo nos situamos ante el hermano o la hermana que han pecado? ¿Dispuestos a condenar o proclives a salvar, aunque nuestra conducta nos ponga en un aprieto o sea mal entendida? ¿Nos importa más nuestro prestigio, nuestro bien quedar, o el ayudar a nuestros hermanos más débiles? Si lo pensamos, quizá también nosotros tengamos que ir dejando algunas piedras que tenemos en los bolsillos, en la lengua o en el corazón.

Darío Mollá SJ

Fuente: centroarrupevalencia.org

Reflexión del Evangelio – IV Domingo de Cuaresma

Domingo IV de Cuaresma – Ciclo C (Lucas 15, 1-3. 11-32)

Este domingo la liturgia cuaresmal ofrece a nuestra meditación una de las parábolas más hermosas del evangelio: la parábola del Padre y sus dos hijos. Parábola que, seguramente, hemos leído y meditado muchas veces, pero que siempre que nos acercamos a ella toca de modo nuevo nuestro corazón. De entrada, es bueno recordar que el auténtico protagonista de la parábola es el Padre, cuyo proceder Jesús pone como razón última para explicar su comportamiento con publicanos y pecadores cuando es criticado porque “acoge a los pecadores y come con ellos”. Todos hemos sido en un tiempo el hijo pequeño y en otros momentos el hijo mayor: pero la llamada fundamental de la parábola es a comprender la misericordia del Padre y a sentirnos acogidos por ella.

Quiero poner la atención en un versículo que me parece central en el relato de Lucas: es el versículo 20. Dice así: “Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos”. ¡Qué bien nos puede hacer saborear una a una esas palabras!

“Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio”. El hijo está lejos, no sólo físicamente, sino vitalmente: su corazón aún no conoce la capacidad de misericordia del padre. ¿Cómo es posible que el padre vea en la lejanía al hijo que se acerca? En primer lugar, porque el padre ha salido de la comodidad de la casa a la intemperie del camino, y seguramente salió ya desde el día siguiente a la partida dolorosa del hijo. En segundo lugar, porque, como hemos experimentado también nosotros, cuando esperamos a alguien nuestro deseo de acogerlo aumenta nuestra sensibilidad para reconocer cualquier gesto de acercamiento.

“Echando a correr”. ¡Qué contraste entre el caminar del hijo que vuelve y el correr del padre que espera! El caminar del hijo es aún lento, lleno de dudas e incertidumbres, como intentando alargar el difícil momento y tiempo de la confesión. El caminar del padre, mayor en años y menor en fuerzas, no es caminar sino “correr”: tiene ganas de abrazar, de manifestar su cariño y su misericordia, de acabar con aquella pesadilla de la ausencia del hijo y del dolor causado por esa ausencia. El remordimiento del hijo hace su caminar lento; la alegría del padre por el reencuentro con el hijo acelera su paso.

“Se le echó al cuello y lo cubrió de besos”. Todo es exceso, el exceso del amor apasionado. No sólo le abrazó, no esperó a que el hijo tomara la iniciativa: “se le echó al cuello” y así cortó de raíz cualquier duda del hijo e incluso le impidió pronunciar el discursito de justificación preparado. “Lo cubrió de besos”: no sólo un abrazo, no sólo un beso, sino un beso por cada día de angustia, de separación, de dolor ahora felizmente concluidos.

Darío Mollá SJ

Fuente: centroarrupevalencia.org

Campaña CELAM: «Somos gestoras del cambio»

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), el pasado 8 de marzo ha lanzado la campaña continental “Mujeres Gestoras del Cambio” para visibilizar los resultados del proceso de escucha de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe desde la perspectiva femenina.

La campaña consta de tres etapas: sensibilización, formación e incidencia y tendrá la duración de un año de marzo 2022 hasta marzo 2023 y se fomentará la articulación con organizaciones, como la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), Red Eclesial Panamazónica (REPAM), Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR), Red Clamor, Cáritas Latinoamérica, entre otros.

Sobre esta campaña Monseñor Miguel Cabrejos, presidente del CELAM, señaló que “las mujeres son protagonistas de una Iglesia en salida” tal como “nos ha recordado el Papa Francisco, subrayando su capacidad de acogida y anuncio de la ‘buena nueva’”.

El lema de esta iniciativa es “Somos gestoras del cambio” e involucrará a todas las mujeres de la Iglesia en América Latina y el Caribe: laicas, religiosas, misioneras, catequistas, docentes, trabajadoras, jóvenes.

Fuente: asambleaeclesial.lat