Recibir la Buena Nueva de parte de los más pobres

¿Qué se puede recibir de personas que viven en un estado de extrema precariedad o incluso de miseria? ¿Se puede recibir de ellas la Buena Noticia del Evangelio? Es bastante frecuente escuchar la expresión «los pobres nos evangelizan». Pero, ¿qué significa exactamente esto y, sobre todo, cómo entender que se puede recibir la Buena Noticia de personas que, en general, no son consideradas muy confiables?

 

El Papa Francisco, en todo caso, lo ha afirmado claramente. Vale la pena citar en su totalidad este pasaje crucial de su exhortación apostólica Evangelii gaudium (EG): «Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga “su primera misericordia”. Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener “los mismos sentimientos de Jesucristo” (Flp 2,5).

Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres entendida como una “forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradición de la Iglesia”. Esta opción —enseñaba Benedicto XVI— “está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza”. Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Además de participar del sensus fidei, en sus propios dolores conocen al Cristo sufriente.

Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de sus vidas y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos» (EG 198).

De este texto surgen varias ideas: los más pobres tienen mucho que enseñarnos; con sus sufrimientos conocen al Cristo sufriente; es necesario que nos dejemos evangelizar por ellos; es conveniente reconocer la fuerza salvadora de sus existencias y situarlas en el centro del camino de la Iglesia. Se trata, entonces, de descubrir a Cristo en ellos y acoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. ¡Este es, sin duda, un programa muy rico y ambicioso!

Sin embargo, tales afirmaciones no son en absoluto evidentes y pueden incluso parecer extrañas a muchos cristianos, aunque bien intencionados. ¿Puede realmente el encuentro auténtico con los más pobres ofrecernos todo esto? No faltan las objeciones o preguntas, y deben ser escuchadas. ¿No se idealiza quizá la pobreza al hablar de esta manera? ¿La pobreza no es, en primer lugar, destructiva? ¿No daña profundamente a las personas? ¿Y cómo podrían las personas profundamente heridas traernos el Evangelio? ¿Por qué la existencia de los pobres tendría una fuerza salvadora, cuando, muy a menudo, ellos mismos tienen dificultades para soportar su propia existencia? ¿No es esto una gran paradoja? ¿Cuál sería esa sabiduría de la que habla el papa Francisco? Si la pobreza hace vivir en un estado de emergencia, sin posibilidad de tomar distancia, entonces, ¿cómo puede haber sabiduría?

Es imposible intentar responder a estas preguntas sin antes describir la realidad de la pobreza extrema. No se trata de partir de una visión romántica de la miseria…

[…]

Étienne Grieu

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Evangelio del Domingo. “NO EXISTE OTRO MANDAMIENTO MAYOR QUE ÉSTOS”

Le preguntan a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Y Jesús responde añadiendo al primero, el del amor a Dios, un segundo: el del amor al prójimo. Y remata su respuesta con una frase que pone a la misma altura esos dos mandamientos: “no existe otro mandamiento mayor que éstos”. Porque amor a Dios y al prójimo son un único mandamiento. Un único mandamiento con dos partes indisolubles, inseparables… de tal modo que, si falla una de ellas, no se sostiene la otra.

Quizá una primera reacción nuestra ante el evangelio de este domingo es decir:  es cosa sabida, después de tanto tiempo ya lo tenemos claro, no hay novedad… Puede quizá ser cosa sabida teóricamente, lo que no es tan evidente es que sea cosa vivida. La experiencia nos da que una y mil veces lo del amor a Dios va por un sitio y lo del amor al prójimo va por otro. Sucede eso cuando vivimos de un modo no integrado lo interior y lo exterior, la experiencia de Dios y el compromiso con el mundo, la intimidad de la oración y la entrega en la lucha del día a día. Por eso es bueno reflexionar un poco, al hilo de este texto del evangelio de Marcos, en cómo interactúan las dos dimensiones del único mandamiento. Señalaré algunos aspectos.

El amor al prójimo es el índice de verificación, la prueba del algodón, del auténtico amor a Dios según el evangelio. Ya lo dijo hace siglos el apóstol Juan: “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (1ª Juan 4, 20). El amor a Dios se vive de verdad cuando en la vida cotidiana “nos hacemos prójimos” de quienes conviven con nosotros y, de modo especial, los que sufren y están malheridos al borde del camino por cualquier causa. Ir “a la nuestra”, aunque vayamos al templo, se contradice con el amor al Dios de Jesús (Lucas 10, 29-37)

Por otra parte, el amor a Dios da su auténtica radicalidad y profundidad al amor al prójimo, diferenciándolo de lo que es simple empatía o filantropía humana. Esa radicalidad se manifiesta, entre otras, en dos dimensiones: la universalidad y la gratuidad.

El amor al Dios que “hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mateo 5,45) hace que nuestro amor al prójimo desborde los límites egoístas de los conocidos, los que piensan o creen como yo, los que me caen bien y los que me caen mal. Y el amor a Dios hace posible amar a fondo perdido, sin esperar pago o recompensa efectivas o afectivas, porque en nuestro amor a los demás hacemos visible que “nosotros amamos porque Él nos amó primero” (1ª Juan 4, 19).

Darío Mollá, SJ

t.ly/Zh1N5

Santos y Difuntos entre los migrantes

“Solo lo que se pierde es adquirido para siempre”, escribió Henrik Ibsen, el gran dramaturgo noruego. Muchos migrantes comienzan siempre un nuevo ciclo, conscientes de lo perdido y de lo adquirido, de sus recordados pasajes dorados o gustados de nuevo o desilusionados ante la cruda realidad de sus sueños rotos… pero parece claro que, ante las dificultades de su camino, tienden a desenterrar la raíces también fuera de su tierra, a compartir de nuevo sus tesoros, a revivir amores, etc. Entre ellos, sus referencias y experiencias religiosas que tanto les ayudan para su integración en las sociedades de destino.

 

Día de Todos los Santos.

Un día especial para honrar a los santos de peana y a los santos vecinos de la puerta de al lado. Y que es fiesta vecina al día siguiente, para honrar a los fallecidos con motivo del Día de los Difuntos.

La migración es un fenómeno que ha marcado la historia de muchos países, y su impacto se siente no solo en el ámbito social y económico, sino también en las tradiciones culturales y espirituales de las comunidades. En este contexto, la figura de los santos y el recuerdo de los difuntos adquieren una relevancia especial, ya que también (y no solo) representan la conexión entre los que se quedan y los que han partido en busca de nuevas oportunidades.

Los santos son considerados intercesores ante lo divino. Para los migrantes, pueden representar un vínculo con su origen. Muchos migrantes llevan consigo imágenes o medallas de santos al iniciar su viaje, buscando protección y guía en su nueva vida. Soy testigo gozoso de ello.

 

Día de Muertos

Además, algunas comunidades de migrantes honran a sus santos patronos y los tratan de incorporar a las comunidades locales. Estas celebraciones no solo sirven para mantener vivas las tradiciones culturales, sino también para fortalecen lazos comunitarios.

También el Día de Muertos es una celebración emblemática en muchas culturas (y no solo en México). Para los migrantes, esta festividad cobra un significado especial al recordar a aquellos que han fallecido, especialmente si no pudieron regresar a su tierra natal o porque murieron en el camino.

Quizás las ofrendas (fotografías, alimentos favoritos y objetos personales de los difuntos), que son parte fundamental de esta celebración de los difuntos, y los altares donde las sitúan, sean un homenaje a quienes han partido, y también una forma de mantener viva su memoria dentro del contexto migratorio.

En resumen, la relación entre migrantes, santos y difuntos es una manifestación del deseo humano por conectarse y relacionarse a través (no a pesar de) de la diversidad, de vivir la comunidad, y de sentirse protegidos.

Devociones religiosas propias

La creencia en la intercesión de los santos les brinda consuelo y esperanza ante los desafíos que enfrentan al dejar su hogar. Y al revivir sus recuerdos en las celebraciones no solo se vive una forma de honrarlos, sino también la de fortalecer la identidad cultural del nuevo entorno. Las misas, las procesiones y otras actividades permiten a los migrantes conectarse con sus raíces.

Cuánto me alegraba que mi parroquia de San Ignacio de Loyola en Logroño, fuera la sede social y religiosa de cuatro asociaciones sociales y religiosas de migrantes nacidas al amparo de sus devociones religiosas. Abrían la comunidad local a lo universal.

La migración ha conducido a la creación de una especie de redes transnacionales. Nos recuerdan la globalización en la que vivimos  Esto incluye la celebración conjunta de festividades religiosas en diferentes partes del mundo, donde se rinde homenaje tanto a los santos como a los difuntos. Estas prácticas ayudan a preservar la cultura y la identidad, incluso en contextos muy lejanos.

 

Relacionarse a través de la diversidad

En resumen, la relación entre migrantes, santos y difuntos es una manifestación del deseo humano por conectarse y relacionarse a través (no a pesar de) de la diversidad, de vivir la comunidad, y de sentirse protegidos. Es la continuidad cultural de la que vienen y no quieren hacer desaparecer sino que la quieren incorporar (a pesar de incomprensiones y extrañezas de algunos de aquí) a través de sanas integraciones. Estos elementos comunes fortalecen los lazos entre ellos, proporcionando apoyo socio-espiritual en un entorno nuevo y a menudo desafiante.

Y ahí, a través de estas experiencias y prácticas espirituales y rituales, es donde la fe compartida junto al recuerdo colectivo de los difuntos crean un sentido de comunidad y ciudadanía universales.

Estas cuestiones religiosas nos plantea cuestiones insoslayables a repensar al respecto, como dice Alberto Ares: “La identidad (quién es mi familia), la dignidad (cómo nos ha creado Dios), la justicia (cuándo te hemos visto forastero y te hemos acogido), la hospitalidad (con quién comparte la mesa Jesús) y la integralidad (todo está conectado)”.

 

Estos días en los que se hace tan presente la ausencia (y la presencia) de aquellos que se han ido quedando por el camino es un motivo central del Día de Todos los Santos y del Día de los Difuntos, tan asociados ambos.

Días para recordar las vidas que ellos vivieron y la huella que dejaron. Y desde las que nos provocan. Porque la santidad y, “después de todo, la muerte, es solo un síntoma de que hubo vida”, como aseguraba Mario Benedetti.

 

Juan José Pinilla SJ

@vidanuevadigital | t.ly/5zBp9

El Sínodo, un don del Espíritu, ahora pasar de las palabras a los hechos

“El Documento sobre el que hemos expresado nuestro voto es un triple regalo: para mí, como Obispo de Roma; para todo el Pueblo de Dios y un regalo que no puede quedarse solo en nosotros”. Papa Francisco

 

El fruto de tres años de escucha

Sobre el Documento final que fue aprobado en esta 17 Congregación General del Sínodo el Santo Padre destacó el camino recorrido en este proceso sinodal que inició en septiembre de 2021 y que ahora concluye en la fase del “Discernimiento de los Pastores”.

“Con el Documento Final hemos recogido el fruto de años, tres por lo menos, en los cuales nos hemos puesto a la escucha del Pueblo de Dios para comprender mejor cómo ser ‘Iglesia sinodal’ a la escucha del Espíritu Santo en el tiempo presente. Las referencias bíblicas que abren cada capítulo disponen el mensaje confrontándolo con los gestos y las palabras del Señor resucitado que nos llama a ser testigos de su Evangelio, antes con la vida que con las palabras”.

 

Un banquete “preparado por Dios para todos los pueblos”

Asimismo, el Papa Francisco indicó que este Documento sobre el que han expresado su voto es un triple regalo para la Iglesia universal. Ante todo, es un regalo para él como Obispo de Roma que necesita poner en práctica la escucha. Un deber que se agrega al de “custodiar y promover la armonía que el Espíritu sigue difundiendo en la Iglesia de Dios, en las relaciones entre las Iglesias, no obstante, todos los esfuerzos, tensiones y divisiones que caracterizan su camino hacia la plena manifestación del Reino de Dios. Un banquete, como nos dice la visión del profeta Isaías, “preparado por Dios para todos los pueblos”, con la esperanza de que no falte ninguno.

vista general sinodo sala

“Y esto es lo que enseña el Concilio Vaticano II cuando dice que la Iglesia es ‘como un sacramento’, que es signo e instrumento de la espera de Dios, que ya ha preparado la mesa y está esperando. Su gracia, a través de su Espíritu, susurra palabras de amor en el corazón de cada uno. A nosotros se nos concede amplificar la voz de este susurro sin obstaculizarlo; para que abramos puertas sin levantar muros. No debemos comportarnos como ‘dispensadores de la gracia’ que se apropian del tesoro atando las manos del Dios misericordioso. Recuerden que comenzamos esta Asamblea sinodal pidiendo perdón, sintiendo vergüenza, reconociendo que todos hemos sido misericordiados”.

 

“Una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo”

Y citando algunos a Madeleine Delbrêl, la mística de las periferias, que exhortaba, sobre todo, a «no mostrarse rígido», el Pontífice les leyó algunos versos de la poeta francesa que son como una oración.

“Porque pienso que debes estar cansado de gente que hable siempre de servirte con aire de capitanes; de conocerte con ínfulas de profesor; de alcanzarte a través de reglas del deporte; de amarte como se ama en un viejo matrimonio. […] Haznos vivir nuestra vida, no como un juego de ajedrez en el que todo se calcula, no como un partido en el que todo es difícil, no como un teorema que nos rompe la cabeza, sino como una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo, como un baile, como una danza entre los brazos de tu gracia, con la música universal del amor”.

 

Indicaciones concretas para la misión de la Iglesia

Estos versos pueden convertirse en la música de fondo para acoger el Documento Final, indicó el Papa Francisco y a la luz de lo que ha surgido en el camino sinodal, habrá que tomar decisiones para dar forma real a la convivencia de las diferencias. Y por ello, anuncia su intención de no publicar una Exhortación Apostólica Postsinodal.

“Por eso no pretendo publicar una “exhortación apostólica”. En el Documento hay ya indicaciones muy concretas que pueden ser una guía para la misión de las Iglesias, en los diversos continentes, en los diferentes contextos, por eso lo pongo ahora a disposición de todos. Quiero, de este modo, reconocer el valor del camino sinodal realizado, que con este Documento entrego al santo Pueblo de Dios”.

Se necesita tiempo para opciones que impliquen a toda la Iglesia

Y sobre algunos aspectos de la vida de la Iglesia señalados en el Documento, así como sobre los temas confiados a los diez “Grupos de Estudio”, el Santo Padre afirmó que, se necesita tiempo, a fin de llegar a opciones que impliquen a toda la Iglesia. Para ello, el Pontífice señalo que seguirá a la escucha de los obispos y de las Iglesias, y contará con la ayuda de la Secretaría General del Sínodo y todos los Dicasterios de la Curia Romana.

“Esto no es un modo para postergar al infinito las decisiones. Es lo que corresponde al estilo sinodal con el que también el ministerio petrino se ejercita: escuchar, convocar, discernir, decidir y evaluar. Y en estos pasos son necesarias las pausas, los silencios, la oración. Es un estilo que estamos aprendiendo juntos, poco a poco. El Espíritu Santo nos llama y nos sostiene en este aprendizaje, que debemos comprender como proceso de conversión”.

 

El valor del testimonio de la experiencia realizada

El segundo aspecto del don que destacó el Papa Francisco fue que, el Documento es un regalo para todo el Pueblo de Dios, en la variedad de sus expresiones.

“Es obvio que no todos se pondrán a leerlo; serán sobre todo ustedes, junto con tantos otros, los que hagan accesible su contenido en las Iglesias locales. El texto, sin el testimonio de la experiencia realizada, perdería mucho de su valor”.

 

Es posible caminar juntos en la diversidad

Finalmente, el Santo Padre subrayó el valor del compartir de experiencias en este proceso sinodal, dijo que lo que hemos vivido es un regalo que no podemos guardar sólo para nosotros.

“El impulso que proviene de esta experiencia, de la cual el Documento es un reflejo, nos da la valentía de testimoniar que es posible caminar juntos en la diversidad”.

De las palabras compartidas a los hechos

Venimos de todas las partes del mundo, marcados por la violencia, la pobreza, la indiferencia, recordó el Papa Francisco, pero todos juntos, con la esperanza que no defrauda, unidos en el amor de Dios derramado en nuestros corazones, indicó el Pontífice, podemos no sólo soñar con la paz sino comprometernos con todas nuestras fuerzas para que, quizá sin hablar tanto de sinodalidad, la paz se realice por medio de procesos de escucha, diálogo y reconciliación.

 

“La Iglesia sinodal para la misión, ahora necesita que las palabras compartidas vayan acompañadas por hechos”.

Todo esto es don del Espíritu Santo, Él es quien crea la armonía, Él es la armonía concluyó el Obispo de Roma, y dijo que, la armonía también continúe saliendo de esta Aula y el Soplo del Resucitado nos ayude a compartir los dones recibidos.

 

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La diócesis de Orán celebró a los beatos Mártires del Zenta

Cientos de personas de diversas comunidades peregrinaron al santuario de Pichanal, donde ocurrió el martirio de Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas sj, a quienes llevaron sus intenciones.


La comunidad diocesana de Orán celebró la fiesta litúrgica de los beatos Mártires del Zenta, Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas SJ, con una peregrinación el sábado 26 de octubre al santuario ubicado en localidad de Pichanal, donde se produjo el martirio y hasta donde llegaron indios omahuacas, criollos, mulatos y mestizos, hombres, mujeres y niños.

Allí, el obispo de Orán, monseñor Luis Scozzina OFM presidió la Eucaristía y destacó: «Hemos peregrinado a este santuario, donde el signo de la memoria de nuestros mártires está en esta cruz, en la cual tomamos gracia. Este es el signo: la cruz que cada uno lleva en su vida y en su corazón, asociados a la cruz de Cristo».

«Este es el testimonio de los mártires, testimonio de un amor que sabía que a quienes iba dirigido el anuncio se corría el riesgo de la vida. No quisieron tener un ejército que los defendiera, vinieron con el único poder, con la fuerza que nace de la adhesión al Evangelio de Jesús, con la fuerza de Dios. Que gran enseñanza para nosotros, hombres y mujeres de la Nueva Orán», animó.

A su vez, invitó a contemplar el ícono que quedó como parte de la canonización de los mártires: una comunidad misionera. «De esto no nos tenemos que olvidar, si bien la Iglesia beatificó a los dos que tenían nombre, se santificó toda la comunidad que vino a acompañar la obra evangelizadora. Ese es el icono en donde nos tenemos que ver reflejados. Esa es la encarnación del Evangelio que queremos pedir para nuestra diócesis, con esta multiplicidad de rostros que es nuestra diócesis. Esto es lo fundante de nuestra comunidad diocesana», enfatizó.

«Necesitamos, para caminar juntos, primero el respeto de la diversidad que somos», aseguró, destacando la diversidad en los ministerios y la diversidad de los carismas que Dios da a cada uno: «A cada miembro del Pueblo de Dios da una gracia por el Bautismo. Todos tenemos una gracia y un don para ofrecer en la misión compartida de la evangelización, puesto al servicio de los demás».

De esto no nos tenemos que olvidar, si bien la Iglesia beatificó a los dos que tenían nombre, se santificó toda la comunidad que vino a acompañar la obra evangelizadora. Ese es el icono en donde nos tenemos que ver reflejados.

Y dirigiéndose a cada uno añadió: «La tenés que descubrir vos en la oración ante el Santísimo. Vos tenés que asumir tu misión en la Iglesia diocesana. Cada uno viviendo esta pertenencia que significa vivir un camino de reconciliación».

«Aceptar que nos equivocamos, que no siempre queremos hacer el bien, no siempre lo hacemos», planteó, y condenó a quienes rompen la comunión: «Todo signo que rompa la comunión no es de Dios. En la división está el maligno».

Finalmente, alentó a «ser fieles porque Dios nos ha dado la gracia, un don para el servicio, no para tener más poder o ponerse por encima de los demás». Y concluyó animando a pedir la gracia de la reconciliación, del perdón; «El camino de la reconciliación es el camino que esta Iglesia diocesana necesita vivir para poder caminar juntos».

La peregrinación se completó el domingo 27, con la celebración de una misa en honor a los Beatos Mártires del Zenta y la consagración virginal de Silvina Aparicio.+

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Evangelio del Domingo. “¡ÁNIMO, LEVÁNTATE! TE LLAMA”

El protagonista del evangelio de este domingo es “un mendigo ciego, sentado junto al camino”. La pobreza del mendigo que vive de lo que le dan; la enfermedad que le impide ver y que le limita extraordinariamente todas sus posibilidades; la exclusión de la ciudad: está fuera de ella, en el camino. Pobreza, enfermedad, exclusión: todo en la misma persona. No dice el evangelio, como sí hace en otras ocasiones, la edad del ciego o los años que llevaba postrado en la misma situación.

Muchas personas pasaban por el camino. Algunas le dejarían alguna moneda; la mayoría pasaría indiferente. Algunos incluso le juzgaban: “algo habrá hecho”, “por algo está así”: habrá pecado él o sus padres. Ese era el juicio social sobre los ciegos, incluso los discípulos de Jesús pensaban así, como nos cuenta el evangelista Juan hablando de otro ciego: “Sus discípulos le preguntaron: Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9, 2). Así día tras día: sin esperanza, al borde del camino, dependiendo de la limosna que ni le saca de pobre, ni le cura, ni le da oportunidad de integrarse en la ciudad.

Pero ese día pasa algo distinto: no ve, pero se entera que pasa Jesús de Nazaret. Quizá el alboroto de la “gran muchedumbre” que acompañaba a Jesús. Los ciegos tienen muchas veces, como compensación natural, un oído fino. Algo habría oído antes de Jesús. Y se le abre un rayo de esperanza: pasa Alguien que le puede cambiar la vida. Y le pide “ten compasión de mí”. Le increpan para que se calle, pero él grita más fuerte. Es el grito de la necesidad y es el grito de la esperanza. Tan fuertes una como otra.

Y toma la opción decisiva: podía haberse rendido pensando “no me oirá”, “no me hará caso”, “pasará de largo”, “no le importo”. Podría haber caído en la tentación de la resignación o en la tentación del victimismo. Pero la esperanza en Jesús es más fuerte. Jesús le llama y hace entonces el gesto decisivo: “arrojando su manto, dio un brinco y vino ante Jesús”. Esperanza que se pone en movimiento: imagino que, a tientas, dando algún tumbo que otro, dejándose ayudar… pero en movimiento.

Ese personaje somos, de alguna manera, todos y cada uno de nosotros. Con nuestras miserias que tantas veces nos pesan y abruman y con nuestras cegueras que nos oscurecen el camino. Pensamos que no tienen solución, que no tenemos solución. Y nos equivocamos. Hay solución porque Jesús pasa por el camino de la vida todos los días. Y nos llama a la esperanza, a no dejarnos vencer ni por la resignación, ni por el conformismo, ni por el victimismo. Hay solución, pero, como el ciego, nos hemos de levantar, quitarnos el manto de nuestras resistencias y pesimismos, no hacer caso de los que nos dicen que no hay nada que hacer y gritar con todas nuestras fuerzas “Ten compasión de mí”.

Darío Mollá, SJ | @centroarrupevalencia | t.ly/_a1Qg 

#DilexitNos, inspirada en los escritos del sacerdote argentino Diego Fares SJ

La cuarta encíclica del Papa Francisco contiene reflexiones y aportes sobre el Sagrado Corazón formuladas por el religioso jesuita, hijo espiritual de Jorge Bergoglio.


La nueva encíclica Dilexit nos, del Papa Francisco, está inspirada en parte en los escritos del sacerdote argentino Diego Fares SJ y contiene reflexiones y aportes sobre el Sagrado Corazón que hizo el religioso jesuita, hijo espiritual de Jorge Bergoglio.

«En su Encíclica #DilexitNos, #PapaFrancesco se inspiró en los últimos escritos inéditos del P. Diego Fares, jesuita argentino, fallecido prematuramente en 2022, a quien había admitido en la orden», destacó en su cuenta de X el padre Antonio Spadaro SJ, secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación.

«En los últimos tiempos, el Sagrado Corazón fue objeto de su oración y reflexión. ¿Por qué el corazón? Porque -escribió- sólo el corazón hace vivir humanamente la vida. Sólo a través del corazón, el espíritu se hace alma y la materia cuerpo, y sólo a través de él existe la vida del hombre como tal, con sus alegrías y sus penas, sus trabajos y sus luchas, tanto miserables como grandes», subrayó.

El padre Spadaro profundizó: «Y aquí, finalmente, hay una intuición del padre Diego que parece resumir su vida, su amor a las personas y a Dios: no hay dos corazones iguales -escribió-, y cada corazón es un ‘co-corazón’; es decir, un corazón que existe ‘con los demás’, con la memoria de los demás, en diálogo con otros que lo aman. No existen ‘corazones solitarios’; por eso, para conocer el propio corazón es necesario conocer el de quienes te aman, y quién mejor que Jesús para esta tarea».

Vida y obra de un predicador jesuita

Diego Fares, teólogo y predicador de retiros espirituales, nació en Mendoza el 9 de agosto de 1955 y falleció el martes 19 de julio de 2022, a los 66 años, en Roma (Italia), a raíz de una larga y dolorosa enfermedad.

Fares ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en 1976, admitido por el entonces superior provincial Jorge Bergoglio. Realizó sus estudios en el Colegio Máximo de San Miguel y fue ordenado sacerdote el 12 de diciembre de 1986. Bergoglio fue también su padrino de ordenación sacerdotal y su director espiritual.

Estudió licenciatura en Filosofía y en Teología, y se doctoró en Filosofía por la Universidad del Salvador (USAL), en 1994, con una tesis sobre «La fenomenología de la Verdad en Hans Urs von Balthasar».

Fue profesor de Metafísica en la USAL y también enseñó en la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). Trabajó durante veinte años en el Hogar de San José, -hoy Obras de San José- un centro de acogida para adultos en situación de exclusión o extrema pobreza, ubicado en Buenos Aires; y, junto con el actual arzobispo de Córdoba -el cardenal Ángel Rossi SJ, fundador del movimiento Manos Abiertas-, ayudó en la Casa de la Bondad, para personas con enfermedades terminales.

Formó parte del equipo del Colegio de Escritores de La Civiltà Cattolica, escribió frecuentemente en revistas de Filosofía y Espiritualidad, tenía un blog donde escribía sus «Contemplaciones del Evangelio» y publicó numerosos libros.+

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escultura ignacio escribiendo cartas

IGNACIO GESTOR, A TRAVÉS DE SUS CARTAS. El arte ignaciano de gestionar negocios

Entre las casi siete mil cartas que san Ignacio de Loyola escribió, directamente o por comisión, hay 237 cartas de dirección y amistad, 152 escritos sobre aceptación o rechazo de ministerios, 142 cartas de finanzas, 100 cartas teóricas (de ellas, 27 abordan problemas pedagógicos y universitarios, 13 cuestiones relativas a la autoridad civil y 11 asuntos de contratos y financiamiento). En cuanto a los destinatarios, más de 1.500 cartas están dirigidas a no jesuitas, incluyendo 301 a nobles, 142 a oficiales civiles o militares, 140 a altos funcionarios o sus familias y 51 a financieros o mercaderes.

No se trata en estas páginas de adentrarse en todo este ingente material sino, de manera mucho más humilde, de poner el foco en una parte del epistolario ignaciano que suele pasar más desapercibido. La tesis del artículo es bastante sencilla: a través de las cartas de Ignacio podemos aprender algo acerca del arte ignaciano de gestionar negocios (o, en cierto sentido, su arte de ayudar en lo material) y podemos acceder a la figura de Ignacio como gestor y líder en medio de asuntos concretos y ordinarios. Un Ignacio que muestra capacidad para afrontar grandes retos y para hacerlo de modo convincente. En lo más práctico, el texto busca ampliar la mirada y facilitar el acceso a cartas, temas y destinatarios que no siempre aparecen en los escritos más «espirituales». Dividimos el artículo en ocho apartados, presentando en cada uno de ellos una polaridad entre aspectos que conviene integrar convenientemente para buscar y hallar a Dios en todas las cosas, también en la gestión de los diversos negocios de la esfera secular.

1. Gracia y naturaleza

En el año 1555, Ignacio tuvo que afrontar una seria crisis económica en el Colegio Romano: su rápido crecimiento, la falta de una fundación estable y la elevada inflación habían generado una deuda de siete mil escudos. En ese contexto, Ignacio convoca una consulta especial, ad hoc para la ocasión, y después escribe a Francisco de Borja, para llegar a través de él al emperador, y al padre Juan Pelletier, con el objeto de acceder por su medio a Hércules de Este, duque de Ferrara y Módena. En la carta a Borja, escrita el 17 de septiembre de 1555, encontramos «la expresión más auténticamente ignaciana de la llamada prima agendorum regula» que formula la adecuada cooperación humano-divina.

Dice así: «Mirando a Dios nuestro Señor en todas las cosas, como le place que yo haga, y teniendo por error confiar y esperar en medios algunos o industrias en sí solas; y también no teniendo por vía segura confiar el todo en Dios nuestro Señor, sin quererme ayudar de lo que me ha dado, por parecerme en el Señor nuestro que debo usar de todas dos partes, deseando en todas cosas su mayor alabanza y gloria, y ninguna otra cosa, ordené que los principales de la casa se juntasen en uno para que más en el Señor se viese lo que se debería hacer cerca el Colegio y escolares de él, según que veréis lo que allá escriben».

Encontramos en este párrafo un criterio ignaciano —nítido y complejo a la vez— para articular la acción combinada de naturaleza humana y gracia divina. Para Ignacio, es un error confiar en los medios humanos por sí solos, pero también es inadecuado dejar todo a Dios sin ayudarnos de lo que Él mismo nos ha dado. Más bien, debemos «usar de todas dos partes» buscando siempre, y en todo, la mayor gloria divina. Y es que Dios «quiere ser glorificado con lo que Él da como Criador, que es lo natural, y con lo que da como Autor de la gracia, que es lo sobrenatural» (Constituciones 814). Esta convicción la veremos aplicada en la práctica, en numerosos casos y situaciones diversas.

[…]

1. Gracia y naturaleza… 2. Lo temporal y lo divino… 3. Lo grande y lo pequeño… 4. Lo técnico y las relaciones humanas… 5. Lo espiritual y las finanzas… 6. La providencia y los medios materiales… 7. El qué y los cómo… 8. Aceptar y rechazar…

[…]

Conclusión

Sabemos, por la Autobiografía, que Íñigo «era muy buen escribano» y que, por otro lado, el duque de Nájera le «deseaba dar una buena tenencia, si la quisiese aceptar, por el crédito que había ganado en lo pasado». Sirvan estas breves alusiones como recordatorio del bagaje personal y cultural que tenía Ignacio, formado en la sede del Contador Mayor de Castilla, en Arévalo, donde empieza la gestión sistemática de la Hacienda Pública. También sabemos que, estando el peregrino Íñigo de Loyola en Tierra Santa, cedió «un cuchillo de las escribanías que llevaba» (A 47) para poder entrar en el Monte de los Olivos. ¿Significa esto que abandonó su vida pasada, con sus escribanías y sus créditos, para adentrarse en la vida del Espíritu? No parece que sea del todo así.

En la «eximia ilustración» del Cardoner, en Manresa, se le abrieron los ojos del entendimiento «tanto de cosas espirituales como de cosas de la fe y de letras; y esto con una ilustración tan grande, que le parecían nuevas todas las cosas» (A 30). La mística ignaciana abarca todas las cosas, incluyendo las letras.

Este artículo ha mostrado, a través de sus cartas, cómo Ignacio empleó las letras escritas para «buscar en todas cosas a Dios nuestro Señor, apartando, cuanto es posible, de sí el amor de todas las criaturas, por ponerle en el Criador de ellas, a Él en todas amando y a todas en Él, conforme a su santísima y divina voluntad» (C 288). También en la gestión y dirección de negocios variados, entre escribanías, créditos y tenencias.

Daniel Izuzquiza

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Enlace al artículo completo t.ly/s431v

La comunicación de la Iglesia viene marchando

El Sínodo ha puesto sobre la mesa el tema de la comunicación digital con mucha fuerza; el Papa lo ha remarcado al expresar que hay que evangelizar comunicando.


La Hna. Xiskya Valladares, Madre Sinodal por su misión en la evangelización digital afirmó que está surgiendo en la Iglesia el carisma de Evangelizador digital. Yo diría que ya surgió, ahora se está reconociendo, está marchando hace años, pero ahora se escucha su marcha.

Un periodista acreditado en el Sínodo planteaba que la respuesta a la gran pregunta de la Asamblea ¿Cómo ser Iglesia Sinodal en Misión? debía ser la misma, pero sin los signos de interrogación. Yo agrego que de la comunicación eficiente de esas respuestas depende la apropiación y vivencia de las conclusiones de este proceso.

«Mientras la Iglesia siga pescando en la pecera contando agendas o eventos de obispos no será misionera, no será sinodal»

Llegar a todos, todos, todos

Hoy cerca del 70% de la población mundial está conectada a Internet, allí hay una amplia periferia para misionar en donde aparece la comunicación digital como el gran instrumento para llegar a todos, todos, todos, como dice Francisco.

¿De qué modo llegar? Reels, videos, mensajes de WhatsApp, posteos en IG, Facebook u otras redes sociales abstenerse si no cumplen con la condición de ser sinodales, es decir, desde un camino en donde incluya a otros acompasando el paso al de Jesús. Las autorreferencias, así sea de un obispo, la falta de sencillez aunque sea de un teólogo, las palabras exageradas (en calidad y cantidad) y en definitiva, publicar solo porque está la red sin hacerlo desde mi vocación de bautizado logrará seguidores en mis cuentas, pero no discípulos de Jesús.

La comunicación atraviesa todos los contextos y situaciones y ahí está la gran oportunidad para evangelizar; ya no hay que hacerlo para fieles sino que, desde esas realidades y para esas realidades, se puede iluminar, opinar, dialogar ofreciendo los valores del Evangelio para construir y humanizar.

Hacia la pastoral de procesos

Mientras la Iglesia siga pescando en la pecera contando agendas o eventos de obispos no será misionera, no será sinodal. Tampoco comunicará la Buena Noticia y buenas noticias.

Creo que se trata de cambiar una palabra, una preposición. La palabra a por la palabra de.

  • Comunicación DE la Iglesia es ser un puente, una plataforma, un lugar de consulta y consejo para todos y de todos los temas. Comunicación DE Historias vivas que inspiran y aún sin hablar de Jesús me acercan a Él. Con mucha oración y discernimiento detrás.
  • Comunicar A la Iglesia es lo que encontramos en el 80% de los portales de Diócesis y agencias de noticias católicas. Eventos, efemérides de santos, homilías de obispos (empezando por los del centro y por ahí alguno de la periferia), una pastoral estática. En definitiva una Pastoral de la Pecera y del Evento (léase fuego artificial).

Y la respuesta a la pregunta ¿Por qué los jóvenes se alejan(o ya no vienen) a la Iglesia? La dan ellos mismos. No queremos una pastoral del Evento queremos una pastoral de procesos, de discípulos misioneros.

Comunicación y Jóvenes…una buena dupla que viene marchando. Carismas nuevos y antiguos a la vez. Para constatarlo lean Marcos 16,15.

 

Hna. Silvia Somaré ecj | @vidanuevadigital

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Guía de autoayuda del card. Radcliffe para futuros desilusionados con el documento final del Sínodo

El predicador de la XVI Asamblea General Ordinaria ha recalcado que “si solo tenemos la libertad de defender nuestras posiciones terminaremos tocando los tambores de la ideología, ya sea de izquierdas o de derechas”

Timothy Radcliffe

El cardenal Timothy Radcliffe, predicador de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo, ha compartido esta mañana con los padres y madres sinodales su meditación en el primer día de esta última semana de trabajos. Y lo ha hecho ofreciendo una guía para todos aquellos que puedan sentirse desilusionados con el documento final.

“Estamos a punto de emprender nuestra última tarea: examinar el documento final, enmendarlo y votarlo. Hoy nos preparamos para ejercer esta importante responsabilidad. ¿Cómo lo haremos?”, se ha preguntado, para luego contestar: “¡Con libertad! Nuestra misión es predicar y encarnar esta libertad”.

Para el religioso, “la libertad es la doble hélice del ADN cristiano”. En primer lugar, “es la libertad de decir lo que creemos y de escuchar sin miedo lo que dicen los demás, en el respeto mutuo. Esta es la libertad de los hijos de Dios de hablar con valentía, con parresia. Gracias a esta libertad, cada uno de nosotros puede decir ‘yo’. No tenemos derecho a callar”, ha remarcado.

Pero, esta libertad tiene su raíz en una libertad más profunda, “la libertad interior de nuestros corazones a medida que descubrimos las decisiones que se toman”.

Según sus palabras, “podemos estar decepcionados con las decisiones del Sínodo. Algunos de nosotros las consideraremos desaconsejables o incluso equivocadas. Pero tenemos la libertad de quienes creen. Podemos estar en paz. Gracias a esta libertad, podemos atrevernos a pertenecer a la Iglesia”.

Sin miedo a los desacuerdos

El dominico inglés ha señalado que “el corazón de nuestra toma de decisiones es esta doble hélice de libertad por gracia. Porque la libertad de Dios opera en las profundidades mismas de nuestro libre pensamiento y decisión”. Por eso, “no debemos tener miedo a los desacuerdos, pues el Espíritu Santo está obrando en ellos”.

“Así que esta es nuestra libertad: pensar, hablar y escuchar sin miedo. Así podemos estar en paz con cualquier resultado”, ha remarcado. Y ha añadido: “La providencia de Dios está trabajando suave y silenciosamente incluso cuando las cosas parecen ir mal. La providencia de Dios está entretejida en la historia de nuestra salvación desde el principio”.

Como ha indicado, “aunque el resultado del Sínodo os desilusione, la providencia de Dios está obrando en esta Asamblea, llevándonos al Reino por caminos que solo Dios conoce. Su voluntad para nuestro bien no puede ser frustrada”.

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Para Radcliffe, “a menudo no tenemos idea de cómo la providencia de Dios está obrando en nuestras vidas. Hacemos lo que creemos que es correcto y el resto está en manos del Señor”. “Este es solo un sínodo. Habrá otros. No tenemos que hacerlo todo, solo tratar de dar el siguiente paso”, ha aseverado.

Al final de su meditación, Radcliffe ha recordado que “si solo tenemos la libertad de defender nuestras posiciones terminaremos tocando los tambores de la ideología, ya sea de izquierdas o de derechas”.

En el mismo sentido, ha subrayado: “Si solo tenemos la libertad de quienes confían en la providencia de Dios pero no nos atrevemos a entrar en el debate con nuestras propias convicciones, seremos irresponsables y nunca creceremos. La libertad de Dios actúa en el núcleo de nuestra libertad, brotando dentro de nosotros. Cuanto más verdaderamente sea de Dios, más verdaderamente es nuestra”.

@vidanuevadigital