Revivir el Adviento

Cada año, el mes de diciembre nos envuelve en una vorágine de luces, compras y celebraciones. Sin embargo, detrás del bullicio comercial y social, el calendario litúrgico nos ofrece un tiempo de profunda introspección: el Adviento. Es un período que invita a redescubrir el verdadero sentido de la Navidad, un tiempo para detenernos, respirar y prepararnos espiritualmente. Pero ¿por qué parece que este tiempo pasa desapercibido para tantos?

 

El Adviento, que significa “venida”, no es solo una tradición antigua de la Iglesia; es una oportunidad renovada de esperanza, una pausa para mirar hacia lo esencial. Durante estas cuatro semanas, la fe cristiana nos recuerda algo que solemos olvidar: estamos esperando. Sí, esperando algo más grande, algo que trasciende la inmediatez de los regalos y las decoraciones.

 

Esperar no es fácil. Vivimos en una cultura que celebra la gratificación inmediata, donde todo lo queremos “aquí y ahora”. Sin embargo, el Adviento nos desafía a redescubrir el valor de la espera activa, aquella que se llena de propósito y significado. No se trata de cruzarse de brazos, sino de prepararnos internamente para recibir algo que realmente transforme nuestras vidas.

 

Abiertos a algo nuevo

Los creyentes esperamos el nacimiento de Jesús, el Dios hecho hombre. Pero incluso para quienes no profesan una fe cristiana, el Adviento puede ser un momento de reflexión sobre lo que significa abrir espacio en el corazón para algo nuevo: reconciliarnos con un amigo, dedicar tiempo a la familia o replantear lo que realmente importa en la vida.

Es irónico que, mientras el Adviento invita a la quietud, el mundo nos arrastra a las agendas llenas y las interminables listas de pendientes. Recuperar el espíritu de este tiempo es, en cierto sentido, un acto de rebeldía y contracorriente. El Adviento nos llama a valorar lo sencillo: una cena con seres queridos, una oración silenciosa, un gesto de solidaridad hacia los más necesitados.

 

Sostenidos por Dios

¿Y qué hay de nuevo en este tiempo? Revivir el Adviento no es cuestión de añadir más rituales a nuestras ya ocupadas vidas, sino de recuperar su esencia. Es un tiempo para mirar hacia atrás y reconocer cómo Dios nos ha sostenido; y para mirar hacia adelante con esperanza, confiando en que Él siempre guía nuestro camino.

En un mundo tan dividido y cansado, el mensaje del Adviento es más relevante que nunca. Nos dice que la luz vence a las tinieblas, que la esperanza no es un lujo, sino una necesidad, y que cada pequeño acto de amor puede cambiar la historia.

Este diciembre, antes de dejarnos arrastrar por la prisa, tomemos un momento para detenernos y revivir la espera. Quizás, en esa pausa, encontremos lo que realmente estamos buscando.

 

@vidanuevadigital | t.ly/Uk_ua

El Sínodo 2021-2024: del intercambio de dones al horizonte de la misión

Dos imágenes sintetizan la experiencia de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, cuya segunda sesión concluyó el 27 de octubre de 2024, dando término al proceso completo del Sínodo 2021-2024, titulado «Por una Iglesia sinodal. Comunión, participación, misión». La Asamblea sinodal representó un momento culminante.

La primera imagen, ampliamente difundida desde el año pasado, muestra a la Asamblea reunida en el Aula Pablo VI, con los participantes dispuestos en pequeños grupos alrededor de mesas redondas. Según afirmó el Informe de Síntesis aprobado al término de la primera sesión (octubre de 2023), esta disposición refleja el espíritu de una Iglesia sinodal y es una imagen de la Eucaristía, que es fuente y culmen de la sinodalidad, con la Palabra de Dios en el centro. En este contexto, diversas culturas, lenguas, ritos y formas de pensamiento convergieron para una búsqueda sincera bajo la guía del Espíritu Santo.

Este diseño no fue casual, sino elegido para fomentar la conversación en el Espíritu, que estructuró la metodología de ambas sesiones. En torno a las mesas redondas, los participantes compartieron palabras capaces de crear vínculos y de construir puentes en medio de una diversidad de culturas, espiritualidades, edades, género y visiones presentes en la Asamblea. Para hacerlo, debieron dejarse tocar en profundidad por las palabras y estar atentos a los ecos que estas suscitaron. Esto fue posible porque antes se dejaron impregnar por la Palabra de Dios, como subrayó la Madre Ignazia Angelini, una de las asistentes espirituales junto al padre Radcliffe.

La experiencia concreta vivida por la Asamblea ha demostrado una vez más que la práctica de la conversación en el Espíritu es mucho más que una técnica de trabajo en grupo: es una auténtica forma de oración que abre el corazón para escuchar al Espíritu Santo. Por esto se ha mostrado tan fecunda en el moldear el estilo de los trabajos de la Asamblea, como podría serlo para el camino de la Iglesia con el fin de promover una «cultura del encuentro», o mejor aún, «una cultura del encuentro entre culturas». En esta línea, la sinodalidad refleja tanto el caminar conjunto del pueblo de Dios como el acompañamiento de la historia hacia la plenitud del Reino.

La segunda imagen es mucho más reciente, capta la finalización de la segunda sesión. Ha circulado mucho menos que la anterior, pero quienes deseen verla pueden encontrarla en la página web donde está disponible el discurso final del Papa Francisco (es la última de las fotos). La Asamblea acababa de aprobar el Documento Final (DF), con sus 155 párrafos, que presentaremos en las páginas siguientes. Luego escuchó el histórico discurso en el que el Papa Francisco declaró: «No tengo intención de publicar una “exhortación apostólica”, lo que hemos aprobado es suficiente. En el Documento hay ya indicaciones muy concretas que pueden ser una guía para la misión de las Iglesias […]. Quiero, de este modo, reconocer el valor del camino sinodal realizado», cuyo fruto «participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro». Visiblemente emocionada, la Asamblea cantó el Te Deum y recibió la bendición del Papa.

En ese momento, en un ambiente de alegría, los participantes fueron abandonando las mesas y se reunieron en torno al Papa Francisco para la foto final. Eran los representantes de todas las Iglesias, procedentes «de toda tribu, lengua, pueblo y nación» (Ap 5,9), con toda la diversidad de la que eran portadores, se apiñaban alrededor del Sucesor de Pedro, haciendo simbólicamente visible -en la medida en que una foto puede lograrlo – su papel de «principio y fundamento de la unidad, tanto de los obispos como de la multitud de los fieles». Al realizar este movimiento, todos se encontraron bajo la imponente escultura de bronce del Resucitado que domina el Aula Pablo VI: sus manos levantadas transmiten vida y parecen convocar a toda la creación a dejarse elevar por el viento del Espíritu. Recuerdan el gesto de un director de orquesta que dirige una sinfonía, asignando a cada instrumento su propia tarea y amalgamando la multitud de sonidos en la unidad. Esto es lo que el Señor sigue haciendo en el pueblo de Dios, en la Iglesia, su cuerpo, realizando una unidad que es armonía de las diferencias.

Juntas, estas dos imágenes expresan también el dinamismo que anima a una Iglesia sinodal: el encuentro cordial entre los bautizados, la acogida y la escucha recíprocas, iluminadas por la escucha común de la Palabra, abren la posibilidad de reconocer la voz del Espíritu y dan forma al «nosotros» de la Iglesia, al pueblo de Dios «que vive en contextos y culturas diferentes […], sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión».

La fuerza sintética de las dos imágenes no hace inútil, sin embargo, profundizar en los frutos del proceso sinodal, en particular a través de la consideración de algunos pasajes destacados del DF. Para comprender su valor y alcance, es necesario en primer lugar situarlo dentro del camino recorrido hasta ahora.

 

Giacomo Costa

@laciviltacattolica | t.ly/InKMb

ACOGER LA SALVACIÓN CON GESTOS CONCRETOS DE JUSTICIA *

El Evangelio del Tercer Domingo de Adviento nos presenta el cambio de vida que Juan proponía a todos los que lo buscaban a orillas del río Jordán. Este cambio debía traducirse en modificar efectivamente las actitudes. No bastan declaraciones de buenas intenciones; la conversión debe manifestarse con gestos. Sin embargo, las personas pedían orientaciones más concretas. El Evangelista cuenta que ellos preguntaban: «¿Qué debemos hacer?» Esto significa la disposición para repensar la propia vida y para acoger la propuesta de salvación que viene de Dios.

En su respuesta, Juan no pide gestos piadosos o prácticas religiosas especiales; sino que propone acciones muy concretas, que van en dirección a una vida más humana, más justa y más fraterna. Podemos observar en este Evangelio que los «frutos de conversión» que Juan pide se refieren a comportamientos y actitudes hacia el prójimo. La mejor manera de preparar el camino al Señor que viene es, simplemente, cuidar nuestras actitudes hacia los hermanos y hermanas; la mejor forma de preparar el mundo para acoger la Salvación que viene de Dios es construir una sociedad más justa, más solidaria y más fraterna.

Aplicando este Evangelio desde la perspectiva del migrante y el refugiado, podemos decir que 281 millones de migrantes en todo el mundo han dejado su lugar de origen y, sin duda, muchos de ellos están entre los que pasan hambre porque algunos monopolizan los bienes que pertenecen a todos. Estamos llamados a responder con misericordia a nuestros hermanos y hermanas migrantes y refugiados.

El Papa Francisco nos dice que la realidad de la migración hoy es «una herida que grita al cielo; no queremos que la indiferencia y el silencio sean nuestra respuesta.» Que en este tiempo de Adviento, preparándonos para acoger al Señor que viene, nos dispongamos a un cambio que se traduzca en una nueva forma de mirar a las personas migrantes y refugiadas y a acoger a cada hermano y hermana que Dios pone en nuestro camino. ¡Que la alegría del Dios migrante que viene hasta nosotros sea nuestra esperanza!

Hna. Janete Ferreira, mscs. | @uisg.org

* Adviento y Migrantes: 3ª semana. «Adviento y Migrantes» quiere ser un espacio de reflexión sobre temas de gran relevancia social y humana, con una atención particular a la condición de los migrantes. t.ly/Z7s2a

Evangelio del Domingo. “¿QUÉ DEBEMOS HACER?”

La liturgia de este domingo anuncia ya la venida inminente del Señor. Por eso hay una sonora llamada a la alegría tanto en la lectura primera del profeta Sofonías: “Alégrate, hija de Sión, grita de gozo Israel”, como en la carta de San Pablo a los Filipenses: “Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos”. En el evangelio se nos presenta a la persona de Juan Bautista anunciando también, aunque en otro tono, más dramático, la llegada inminente del Mesías: “Viene el que es más fuerte que yo… Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.

Ante este anuncio que hace Juan se le hace una misma pregunta, repetida por tres veces, pero por sujetos distintos. La pregunta es “¿qué debemos hacer?”. ¿Qué debemos hacer para prepararnos a esa venida, para acoger al que viene, para anunciar esa buena noticia que es fuente de tanta alegría? Los sujetos que preguntan son diversos: la primera vez es “la gente” en general, cualquiera de los que acuden a bautizarse; la segunda y la tercera vez ya son grupos específicos y significativos: los publicanos y los soldados. Ambos tienen en común que, en distinto modo, son grupos poderosos que pueden utilizar su estatus para abusar de la gente.

La respuesta de Juan a esa pregunta tiene, obviamente, matices distintos. A la gente Juan les invita a compartir aquello que tienen: “el que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene”. A publicanos y soldados les invita a evitar todo abuso y a comportarse con justicia: “no exijáis más de lo establecido”, “no hagáis extorsión”. Se anuncia ya así el modo nuevo de entender la vida que va a venir: la fraternidad y la justicia.

Como siempre que leemos el evangelio, y claramente a partir del texto de hoy, la pregunta es qué significa todo esto para nosotros, a que nos llama y también, literalmente “¿qué debemos hacer?”. Sí: ¿qué debemos hacer para que nuestra sociedad entienda qué es lo que aporta la venida de Jesús a la historia humana? ¿qué debemos hacer para suscitar la esperanza en una sociedad tan desencantada como la nuestra? ¿qué debemos hacer para que tantos que sufren encuentren algo de esa alegría que Dios trae al mundo?

La respuesta no es distinta en el fondo a la que dio Juan a sus contemporáneos: fraternidad y justicia. Las formas de ahora no son las mismas, pero el fondo lo sigue siendo. Pero no viviremos desde la fraternidad y la justicia hacia fuera si antes no pedimos y dejamos que el Espíritu que hemos recibido en el bautismo nos cambie el corazón de piedra en un corazón de carne, nuestro egoísmo en abnegación y nuestro individualismo en actitud de servicio.

(Lucas 3, 10 -18) Domingo 3º Adviento – Ciclo C

DARÍO MOLLÁ, SJ

Bendición de la ‘Capilla del Encuentro’ en sede de la Universidad Católica del Uruguay

El martes 10 de diciembre, el Card. Daniel Sturla sdb, Arzobispo de Montevideo y Gran Canciller de la Universidad, bendijo la renovada ‘Capilla del Encuentro’ en el edificio central de la Universidad Católica del Uruguay.

Reacondicionada con 13 obras del artista Leandro Gómez Guerrero, busca ser un espacio para despertar la espiritualidad a través del arte, la contemplación, la oración y favorecer el encuentro con Dios.

La Capilla del Encuentro, en palabras del propio artista

A finales de 2022, el P. Dr. Julio Fernández Techera, S.I. Rector de la Universidad Católica del Uruguay, le encargó al artista Leandro Gómez Guerrero el re-diseño de la Capilla Universitaria, con el tema la Capilla del Encuentro, ubicada en el Campus Universitario de Montevideo.

 El proyecto consta de 13 óleos de gran tamaño (3,5 metros por 2 metros) que representan diferentes encuentros de Dios con los hombres, diseñados para ser ubicados en paredes y techo.

 De esta manera, se ofrece un espacio renovado especialmente para despertar la espiritualidad a través del arte, la contemplación, la oración y favorecer el encuentro con Dios. Es así que la Capilla del Encuentro está abierta durante toda la jornada para que la comunidad universitaria pueda visitarla en los momentos que sean más propicios para cada uno de sus integrantes.

 La paleta cromática de toda la Capilla y sus obras está marcada por el color púrpura como protagonista, simbolizando la transformación espiritual y el renacimiento. Como es el color de la renovación, de la purificación del alma, representa el misterio, la profundidad de la fe, y simboliza el conocimiento y la comprensión de los secretos divinos.

 La propuesta del artista transita la Vía Pulchritudinis, traducida como El Camino de la Belleza.

 Es un concepto que destaca la importancia de la belleza en la búsqueda de la verdad y la comprensión de Dios. Esta vía propone que la belleza, en sus diversas formas, puede conducir a una experiencia espiritual profunda y ayudar en el camino hacia lo divino, siendo una expresión tangible de la armonía, la bondad y la verdad en el mundo. Este enfoque se ha desarrollado dentro de la teología y la filosofía cristiana, destacando la conexión entre lo estético y lo espiritual como un medio para alcanzar la trascendencia. [ t.ly/az7tf ]

Presentación de las obras t.ly/hE-Qc

Acerca del artista Leandro Gómez Guerrero t.ly/nsd2A

El P. Cristóbal Fones SJ nombrado por el Santo Padre como nuevo Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa

 

 

A partir del 1 de enero de 2025, el P. Cristóbal Fones SJ asumirá el cargo de Director Internacional de la Red Mundial de Oración del Papa (que incluye los grupos del Apostolado de la Oración y el Movimiento Eucarístico Juvenil). Junto con dos vicedirectores, liderará la nueva estructura organizativa adoptada por esta Obra Pontificia bajo sus nuevos Estatutos, aprobados por el Papa Francisco en julio de 2024.

 

El P. Fones, quien sucederá al P. Frédéric Fornos SJ en esta misión, fue nombrado por el Papa Francisco a sugerencia del Superior General de la Compañía de Jesús, el P. Arturo Sosa SJ, ya que esta obra de la Santa Sede está confiada a la Compañía de Jesús. Su mandato tendrá una duración de cinco años.

 

Jesuita chileno de 49 años, el P. Fones Claro ingresó a la Compañía de Jesús en marzo de 1994. Después de sus primeros años de formación, vivió durante dos años en una comunidad indígena en el sur de Chile. Completó su primer ciclo de estudios teológicos en la Pontificia Universidad Católica de Chile, en Santiago, y obtuvo una licenciatura canónica en Teología Sacramental y Litúrgica en The Catholic University of America, en Washington, DC, EE.UU. Además, realizó estudios musicales en Berklee College of Music, en Boston, MA, EE.UU. Ordenado sacerdote en agosto de 2007, profesó sus últimos votos religiosos en noviembre de 2014 en el Santuario de San Alberto Hurtado, en Santiago de Chile.

 

El P. Fones ha trabajado extensamente en el acompañamiento espiritual de jóvenes adultos, tanto laicos como religiosos. Su primera misión sacerdotal fue en la dirección pastoral del Colegio San Ignacio El Bosque, seguida de su participación como miembro del equipo vocacional en colaboración con diversas diócesis en una misión itinerante. Durante todo este tiempo, ha enriquecido su ministerio con creatividad artística y musical.

 

Siendo Delegado para la Formación de los jesuitas de la Provincia de Chile, fue llamado en enero de 2024 para incorporarse al equipo directivo internacional de la Red Mundial de Oración del Papa, con sede en Roma.

 

Damos gracias al Señor por este nombramiento y lo encomendamos en su próxima misión al servicio de toda la Iglesia

 

@popesprayer.va | t.ly/0kRZ2

DOLOR, INDIGNACIÓN, SOLIDARIDAD

 

 

Me piden mis compañeros de Cristianisme i Justícia unas palabras sobre lo que estamos viviendo en la provincia de Valencia en estos días, desde el trágico martes 29 de octubre.

 

No es fácil. Además, yo soy de los privilegiados que por vivir en Valencia capital apenas hemos sentido los efectos de la DANA. Sí muchos conocidos, amigos, compañeros de trabajo… Me salen fundamentalmente tres palabras y una reflexión final.

Darío Mollá sj |

 

La primera palabra es ‒no puede ser otra– DOLOR. Un dolor inmenso de proporciones gigantescas en calidad y en cantidad. El dolor de pérdidas humanas, de personas desaparecidas, arrebatadas en segundos por la fuerza del agua desbocada; el dolor de una angustia sostenida durante horas. El dolor de perder el hogar, los bienes indispensables, los medios de subsistencia… Las promesas de ayuda quedan lejos y la verdad, vistos los antecedentes, no tienen mucha credibilidad. Ahora son palabras; después vienen los papeles interminables y complicados, la burocracia, las respuestas que no llegan… Dolor por el presente y angustia por el futuro.

 

La segunda palabra, que suena tan fuerte como la primera, es INDIGNACIÓN. Quiero hacer un esfuerzo ‒que no me resulta nada fácil‒ de no entrar en consideraciones políticas de parte y de partido. Pero la sensación de abandono por parte del Estado ‒en todos sus niveles‒ es máxima. Los sucesos del domingo pasado durante la visita de los Reyes a Paiporta son suficientemente explícitos. Hoy mismo, ocho días después, el aspecto de muchas calles de las ciudades afectadas sigue siendo dantesco. ¡Ocho días después, en el siglo XXI, en la superdesarrollada Europa!

 

La tercera palabra, la palabra que abre todo este dolor e indignación a la esperanza, es SOLIDARIDAD. Las muestras de solidaridad, particularmente de la población joven, han sido y siguen siendo impresionantes. Confieso que me emocioné al ver el día 1 de noviembre a las seis y media de la madrugada miles de jóvenes en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia dispuestos a pasar un puente festivo quitando barro y ayudando a la gente. En los puntos de recogida la acumulación de alimentos, objetos de higiene, etc. es impresionante… aunque después haya dificultades para su distribución. Seguramente todo lo que estamos viendo nos va a replantear muchos tópicos sobre la juventud actual.

 

Y quiero acabar con una mención que me parece de justicia. Tiene que ver con el papel de la Iglesia en todo este movimiento solidario. Obviamente, sin protagonismos, pero con una fuerza enorme. Cáritas, parroquias, movimientos juveniles, sacerdotes… Silenciados, no ignorados. Porque vivimos en unos tiempos donde parece que no se puede hablar bien de la Iglesia cuanto toca. Pero los damnificados sí que saben que pueden contar con ella desde el primer momento.

 

Darío Mollá sj | t.ly/UCONu

[Imagen de Bgasco, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons]

CPAL 25 AÑOS ‘Un solo corazón’

ESTE MIÉRCOLES 27 de noviembre estamos de aniversario, 25 años de crecer en articulación y colaboración, buscando más y mejor seguir y servir a Cristo. Este ha sido un tiempo en que como CPAL hemos ayudado a fortalecer y formar redes en múltiples campos apostólicos, reconociéndonos ricamente diversos, pero en Cristo, unidos con #UnSoloCorazón.

Celebremos con alegría nuestro Jubileo de Plata y unámonos en acción de gracias por este aniversario, pidiendo para que podamos crecer en conocimiento interno de nuestro Señor, para seguir renovando nuestra respuesta como Compañía de Jesús, a los grandes desafíos y clamores de nuestra región.

Para acompañar esta celebración hemos preparado una canción de aniversario que lleva por título «UN SOLO CORAZÓN». Idea que surgió con la intención de resaltar nuestra diversidad y nuestra unidad en Cristo, al modo propuesto por San Ignacio de Loyola.

En su proceso de elaboración participaron diversas personas de toda América Latina y el Caribe, entre ellos, el equipo de Comunicación de la CPAL; el productor musical colombiano Pacho Casas; Natalia Salazar y Luis Fernando Gómez de la Red Jesuitas Migrantes; María Fernanda García de Radio Progreso de la Provincia de Centroamérica; Valentina Morales de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá; y niñas y niños del Colegio San Luis Gonzaga en Manizales, con la dirección de la maestra Dolly Muñoz Enríquez.

Pasaron nueve meses de trabajo continuo desde el proceso creativo hasta la culminación de las piezas finales; los versos se fueron construyendo a través de diversas interacciones con jesuitas, laicos y laicas que conforman nuestro cuerpo apostólico, en donde se les consultó sobre el significado de la Compañía de Jesús para cada uno de ellos. Asimismo, se pudo traducir la frase central en distintas lenguas originarias de nuestro territorio latino y caribeño, para mantener viva nuestra riqueza cultural y espiritual.

Hoy nos unimos al son de esta cumbia para celebrar estos 25 años y pedirle al Señor que nos conceda en todo amar y servir por muchos años más. Sigamos siendo #ViajerosDeEstaHistoria.

Los invitamos a apropiarse de la canción, a bailar y recrear su propia versión a través de los diversos instrumentos musicales y voces que conviven en nuestra Conferencia. Dejamos disponible la letra completa y la partitura de la canción en este enlace. Esperamos ansiosos conocer cómo sonará “Un Solo Corazón” en los distintos territorio

Reflexiones alrededor de Dilexit nos (II)

Quisiera completar las reflexiones anteriores  sobre la encíclica Dilexit nos con un aporte teológico. Considero que hay varios aspectos a tener en cuenta y que merecen un comentario más concreto.

Enlace al artículo precedente: Reflexiones alrededor de Dilexit nos (I) t.ly/DQUve

 El corazón, sustento para la teología

En el n.º 15 de la encíclica, el Papa recuerda que la palabra «corazón» es importante para la teología e indica que esta pretende alcanzar una síntesis integradora. En este sentido, el corazón permite reconocer nuestra interioridad, recordando que «lo más íntimo de la realidad es amor» (n.º 16) —idea que recoge una cita de Karl Ranher de Escritos de Teología III—. No vamos a descubrir ahora la figura de Rahner, pero es interesante que casi al comienzo del texto sea citado y se aluda a su pensamiento, a su obra. En el artículo que el papa Francisco cita, Rahner comienza hablando de nuestra vida religiosa personal. La teología se ha de situar desde una vivencia interior sustentada en la figura de Cristo.

A partir de aquí, el Papa se adentra en el significado de la palabra «corazón» con el fin de presentar el sentido del «corazón de Cristo» y, así, entender la expresión «He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres». Para ello, es necesario conocer al Cristo y su amor. Ya desde el inicio se sitúa el «corazón-amor» en el centro de la teología. No es una casualidad ni un acto devocional. Hay una intención y una indicación muy clara, como veremos en el punto final de estas reflexiones.

La labor de la teología viene marcada por ese deseo de alcanzar una síntesis integradora que pueda ayudarnos a entender y situar a Dios en el mundo y al ser humano frente a Dios. Pero para el Papa, que ya ha repetido en diversas ocasiones que el tiempo actual nos pide hacer una nueva teología, todo ello viene transitado por ese Dios-ágape (Ad theologiam promovendam, 8), que vincula la teología con la vida y nos ayuda a discernir los signos de los tiempos.

Una teología unida a la vida

En el n.º 63 se recoge la reflexión de Olegario González de Cardedal, teólogo, y se nos habla de cómo la espiritualidad y la religiosidad popular han suplido los posibles vacíos de la teología.

Probablemente en los últimos tiempos hemos tenido dos grandes teólogos en el territorio español. Uno, el ya citado Olegario González de Cardedal; otro, nuestro querido José Ignacio González Faus. A este no lo cita, pero sí que hay una referencia cristológica a la humanidad nueva (n.º 219) en la que se indica que solo el amor de Cristo la hará posible. La humanidad nueva precisamente es el título de uno de los libros más importantes y conocidos de González Faus y donde presenta su cristología. Probablemente solo sea una casualidad.

Volvamos a la cita de González de Cardedal. Se reconoce que en ocasiones la teología ha tenido vacíos. Según el Papa, estos vacíos vienen marcados por su distancia con la vida, con la pastoral —lo dirá en varios documentos, como Veritatis gaudium o Ad theologiam promovendam—. Es una preocupación real de Francisco: que se desarrolle una teología ajena a la realidad. La teología se ha de nutrir de la vida y ha de servir a la vida. Pastoral y teología tienen que complementarse y alimentarse. Esta preocupación, que comparto con el Papa, no es otra que la ruptura entre la teología y la pastoral o la vida de nuestras parroquias. Parece como si fueran dos mundos separados que no pudieran ayudarse.

En continuidad con lo expresado, en el punto número 154 hay una referencia directa al sensus fidelium. Le acompaña una referencia a santo Tomás de Aquino que nos recuerda que, cuando se ejercita la fe en Cristo, el alma accede a la realidad de su vida divina (Summa Theologiae, II-II, q.1, a.2, ad; q.4,a.1). El Catecismo de la Iglesia define el sensus fidelium como «la apreciación sobrenatural de la fe por parte de todo el pueblo, cuando, desde los obispos hasta el último de los fieles, manifiestan un consentimiento universal en materia de fe y de moral» (92), descripción que se sustenta en la Lumen gentium. Aquí el Papa lo retoma pensando en el pueblo de Dios, en los fieles, y lo vincula con lo ya formulado por González de Cardedal, es decir, con la idea de la importancia de la espiritualidad en la teología —tema ya propuesto en el documento Ad theologiam promovendam, n.º 7.

Configurar una nueva teología

Es desde la vivencia plena del Espíritu en el situarnos ante el «corazón-amor» de Cristo desde donde podemos poner las bases para una nueva teología.

Vinculado a este aspecto, destaca, en el número 87 —del que ya hablamos en el artículo anterior—, la referencia al jansenismo. Simplificando mucho, el jansenismo es una doctrina que exageraba las ideas de San Agustín acerca de la influencia de la gracia divina para obrar el bien, menguando así la libertad humana. El Papa tiene miedo a que dentro de la Iglesia haya renacido el dualismo jansenista, que se vincula con el gnosticismo y la negación de la salvación de la carne.

Por todo esto, la encíclica defiende la necesidad de una nueva teología para el momento actual. Esta teología debe superar los errores de interpretación de nuestro tiempo y las desviaciones generadas: ausencia de encarnación en el mundo y en la realidad, negación de la libertad, exceso de autorreferencialidad y falta de sinodalidad. Así como ha insistido anteriormente —y volverá a hacerlo en el punto siguiente— en el peligro de la falta de vida espiritual, recalca también el riesgo de ausencia de vida real, de vida libre y situada en el mundo, de vida abierta a la realidad y a las necesidades que nos envuelven.

Intellectus amoris

Muy al comienzo del documento, nos encontramos con la referencia a la teología de Ignacio de Loyola, que tiene por principio el affectus (24). La mención a esta teología nos lleva a pensar que esa nueva teología no puede ser fruto de la razón, sino del amor. Es lo que Jon Sobrino definía, tomando como base la misericordia, como intellectus amoris:

Definí la teología como intellectus amoris (iustitiae, misericordiae), más allá del intellectus fidei, proveniente de san Agustín, y del intellectus spei, como lo reformulaba Jürgen Moltmann, en 1978, en su Teología de la esperanza.

[Esta teología implica] Hacer de la misericordia el principio motriz y directriz.[1]

Esto supera tanto cualquier espiritualismo como cualquier activismo y vuelve a situarnos en la encarnación desde el amor, para pasar de la ortodoxia a la ortopraxis por el camino de la ortopatía.

Para concluir, la encíclica nos conduce a una nueva manera de pensar, de vivir, de amar y de hacer teología. Tarea a la que ya el Papa nos ha invitado en otros documentos —aquí citados— y que habrá que acoger de una vez por todas.

[1] Fuera de los pobres no hay salvación, Trotta (2007) 18-19; 49.

[Imagen de Steen Møller Lauersn en Pixabay]

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La Vida Religiosa latinoamericana se renueva para ser ‘centinela de esperanza’

El tema de las jornadas fue «Vida religiosa. Centinela de Esperanza», y el lema, «La esperanza despunta ya».

En el gimnasio del Colegio Corazón de María de los Misioneros Claretianos, se recibió a más de 400 participantes venidos de las Américas, Europa y África y, de manera virtual, se conectaron más de 600 religiosas y religiosos

En las palabras de apertura, el padre José Luis Loyola MSpS, vicepresidente de la CLAR, invitó a una reflexión profunda sobre la situación actual del mundo y a ser respuesta ante la incertidumbre y las crisis que afectan a la Vida Religiosa.

Por si parte, hermana Inés Greslebin ACI, presidenta de la CONFAR y vicepresidenta de la CLAR, contextualizó el Congreso en el marco de la culminación de la segunda Sesión del Sínodo de la Sinodalidad y a las puertas del Año Jubilar de la Esperanza.

Algunos de los temas sobre los que se reflexionó fueron «Desafíos y oportunidades en un contexto de reducción», «Iluminación teológica desde el Crucificado-Resucitado», «Encuentro con la Madre Tierra», «La iluminación teológica desde el Espíritu que acompaña y sostiene», «Iluminación teológica desde las esperanzas y desesperanzas en la Iglesia» y «Esperanzas y desesperanzas sinodales».

Al finalizar la tarde del domingo, se invitó a los participantes a hacer la experiencia de la Conversación en el Espíritu, reflexionando a partir de la pregunta: «¿Qué propuestas esperanzadoras nos llevamos de este Congreso?».

Durante la jornada del tercer día, también se escuchó el saludo, a través de un video, de Mons. Lizardo Estrada OSA, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); además, se presentaron algunas propuestas formativas del Instituto Teológico de Vida Consagrada de América (ITVCA); del Proyecto Cruces, de los Misioneros del Espíritu Santo; de la Vicaría de los Pobres, de la arquidiócesis de Córdoba; y de la Revista Testimonio, de la Conferencia de Religiosas/os de Chile (Conferre).

El Congreso finalizó con unas palabras de la Hna. Liliana Franco ODN, presidenta de la CLAR,  y con la reproducción de un video que recogió varias imágenes de lo vivido durante el Congreso.

Luego de las palabras de clausura, los participantes celebraron la Eucaristía correspondientes a la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, presidida por el cardenal Ángel Rossi SJ, arzobispo de Córdoba.

Más información, en www.clar.org y en redes sociales.+

@aica | t.ly/962gM