El Reto de Jesús ante un Mundo Fracturado

La esperanza de que un mundo más justo y humano es posible, como motor para poner toda la energía en trabajar por ello. Así ocurrió en la vida de Jesús y así estamos invitados a que se de en la nuestra.

Por Rafael Luciani

Siempre existe la tentación de idealizar el mensaje de Jesús y leerlo fuera de los contextos sociopolíticos y religiosos donde nació. Sus gestos, acciones y palabras resonaron en los corazones de personas que vivían en medio de una realidad fracturada y desesperanzada, llena de ira e impiedad, agobiada por el peso de un porvenir incierto. Era una realidad cuyas instituciones de gobierno producían cada vez más pobres y víctimas. Y las autoridades religiosas sólo ofrecían una vida de fe que se reducía a las devociones y al culto. Muchos habían olvidado la fuerza transformadora de palabras como «reconciliación» o «justicia»; no recordaban cómo era una vida de «solidaridad fraterna», sin violencia. Era un mundo donde una gran mayoría de personas padecían situaciones inhumanas muy similares a las de nuestros contextos, con una fuerte sensación de no ver más un futuro bueno para los pobres y olvidados, ni la voluntad de construir un mundo mejor por parte de quieres ejercían los poderes político, religioso y económico.

En medio de estas duras condiciones ¿cuál fue la actitud de Jesús? Él aprendió, y así reconoció, de Juan el Bautista que el proyecto de nación en el que él vivía, había fracasado (Mt 3,10.12), así como el sistema religioso bajo el II Templo (Mt 3,7). No obstante, nunca esperó un juicio divino, ni anunció la muerte de nadie. Comenzó a anunciar una buena nueva que acontecería cuando el odio y la violencia no dominaran los pensamientos y los corazones.

Nunca dejó de creer que sí era posible construir un mundo más humano. Esta esperanza lo movía siempre a hacer cosas nuevas, impulsándolo a abrir caminos en medio de la desesperanza que encontraba. Para ello entendió que sólo podía haber Buena Nueva para todos, sirviendo a los «pobres» y defendiendo a las «víctimas» (Is 61,1; Lc 4,18), para que no existiese más la pobreza ni triunfase el victimario. La existencia cada vez mayor de pobres y víctimas es testimonio de una sociedad donde la indolencia comienza a ser normal, y el mal estructural va afectando los modos de pensar, de actuar y de discernir.

Su profunda esperanza y confianza en que todo mejoraría se alimentaba de la oración cotidiana. Por medio de ella pedía fuerzas para hacer de «este mundo, como era el del cielo» (Mt 6,10), es decir, que los hombres pudieran gozar de una calidad de vida como la de Dios (Gn 1,26). Su propuesta ofrecía algo que parecía insignificante: «sanar los corazones rotos» (Is 61,1), y «rechazar a los que humillan» (Is 58,3). Muchos se preguntaban cómo sería eso posible. Pero él, siguiendo el espíritu del profeta Isaías, no cesaba de pensar y meditar: «¿no será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de la maldad, deshacer las coyundas del yugo, dar la libertad a los quebrantados, y quitar las duras cargas? ¿no será partir el pan con el hambriento y recibir a los pobres sin hogar en mi casa? ¿que cuando veas a un desnudo le cubras y no te apartes de tu prójimo? Entonces brotará tu luz como la aurora y tu herida se sanará rápidamente» (Is 58,6-8).

Perdonar supone «sanar la realidad» que ha sido afectada por el mal estructural y «hacer justicia» para que no vuelva a ocurrir. Pero esto pasa por revisar nuestras maneras de relacionarnos, de hablar y tratar a los demás, de discernir lo que vivimos día a día, y preguntarnos las verdaderas opciones que inspiran nuestros proyectos. Es un proyecto de vida basado en el compromiso por transformar la realidad —personal y social— y buscar la «reconciliación» anhelada para toda persona. Como lo recordó Nelson Mandela: «no se trata de pasar la página, sino de volver a leerla, pero esta vez juntos»; sin absolutizar el poder y la riqueza, sin humillar ni violentar al que piensa distinto (Lc 6,20-26); con la compasión de quien perdona (Lc 6,27-49) y rechaza toda forma de violencia (Jn 18,36). Leerla confiando en Dios, pero sin ser ingenuos (Lc 16,13).

Urge discernir juntos la realidad de nuestro mundo, ya globalizado, para que no existan más «pobres, presos, ciegos y oprimidos» (Lc 4,18), y aprender a hacernos cargo de cada uno de ellos como servidores solidarios y luchadores por la justicia (Lc 6,20-23; Mt 5,1-12). ¿Estaremos dispuestos?

Fuente: Teología Hoy 

Imagen: Martinino Cerezo Barredo – Blog Periodista Digital

 

El político

Una pregunta cuya respuesta intrigará a muchos: ¿En qué consiste ser un buen político?

Por Raúl González Fabre

El buen político nunca parece suficientemente radical a los radicales, ni suficientemente pragmático a los pragmáticos.

Su habilidad consiste en navegar entre dos aguas: por una parte, la visión de un futuro colectivo deseable; por otra, un presente de limitaciones pero también de posibilidades. La estructura de fondo de su tarea ya fue trazada por Platón: la política es el arte de hacer camino juntos en la dirección de una justicia que somos capaces de comprender incluso si no la encontramos en nuestra sociedad, o solo la encontramos muy parcialmente.

Cuando el ideal de justicia ha sido bien pensado, incluso si uno es individualista y por tanto poco dado a ideales colectivos, resulta algo muy ambicioso que ninguna sociedad humana alcanza. Pero él nos proporciona señales de orientación para la acción colectiva, como las estrellas orientan al navegante. El político es el líder en el camino colectivo de descubrir esas señales de cada tiempo, las direcciones y las posibilidades de la justicia en él. El político es así un líder en la acción colectiva por la que vamos definiendo y realizando la justicia que queremos para nuestra sociedad.

Por supuesto, cada grupo social, cada persona, incluido el político y su partido, tienen sus propios intereses, frecuentemente a plazos muy cortos. Así debe ser: nadie querría para esposo a un inapetente sexual, ni para empresario a una persona a la que el dinero le fuera indiferente. Como todo lo genuinamente humano, los intereses motivan a la acción de los distintos sujetos sociales; la ética de la justicia estriba en realizar esos intereses legítimos colaborando con los demás, no explotándolos.

La relación entre la justicia y los intereses de cada cual es compleja en la política genuina. Ciertamente no consiste en que el político realiza los intereses de los grupos más poderosos a costa de los demás (la “dictadura de la burguesía” o la “dictadura del proletariado”, de que hablaban los marxistas). Tampoco consiste en que el político se concentra en sus propios intereses o los de su partido, obteniendo ganancia privada del cargo público (la corrupción, de la que hablaremos en otro post). Más bien debe pensarse en dos puntos:

a. Para el político genuino, los intereses de los diferentes grupos son la arcilla; la justicia es la vasija que quiere hacer con esa arcilla. La política es así el “arte de lo posible”, que intenta componer unos con otros los intereses y las convicciones presentes en la sociedad, para generar finalmente relaciones más justas.

b. Para el político genuino, los intereses de los diferentes grupos, incluidos los suyos y los de su partido, no son inmodificables. El político no es solo líder de una acción por la justicia sino, incluso cuando no tiene el poder, es líder en un diálogo social sobre lo justo posible en cada momento. Si ese diálogo es verdadero, es decir, no propaganda, las posiciones de los diversos participantes pueden converger. Lo que parecían contradicciones de intereses (a corto plazo) se demuestran coincidencias en los intereses (a plazo más largo). Lo que era egoísmo puro puede ilustrarse con la comprensión de que finalmente me irá mejor a mí si le va mejor a todos. Los bienes comunes existen, y la justicia es uno de ellos.

Así pues, el político se halla en el terreno movedizo de acercar la realidad colectiva a un ideal de justicia, usando para ello los intereses legítimos de los diversos grupos sociales, pero sin dar esos intereses como inamovibles. Su herramienta es más la palabra que el poder, entre otras cosas porque su poder depende de que suficientes personas crean genuino el diálogo que abre con su palabra. Por eso no gusta al radical que querría llegar al poder para arreglar las cosas a mandobles. Ni gusta al pragmático que ve la discusión sobre la justicia en la sociedad como una pérdida de tiempo, y piensa que los objetivos están de suyo claros y solo hace falta un buen gestor.

Fuente: Entre Paréntesis

 

El Proyecto Espiritual del Bien Común

Dentro de la invitación a la ‘construcción del Reino’ hay una idea de ‘Bien Común’ que implica trabajar por procurar mejores condiciones de vida para todos. Sin embargo, esta relación no ha sido muy difundida por los cristianos, ni dentro de la Iglesia misma durante mucho tiempo.

Por José Manuel Aparicio Malo

En tiempos marcados por las repercusiones de una crisis económica que enmascaraba otras de mayor calado como la política y la institucional, la ética y su visibilización en el criterio del bien común adquieren volumen y resonancias en los discursos actuales.

Incluso se convierte en bandera de la llamada «nueva política» reclamando una regeneración de la vida pública que debería ser exigencia aparejada a la condición de ciudadano y, de forma ejemplar, para quienes ejercen tareas de responsabilidad pública.

El proyecto es de gran calado y exige esfuerzos que superan el aprendizaje cognitivo de una clave ética. El Papa Francisco señala su relevancia y trascendencia señalando que el «antropocentrismo desviado» podría ser título apropiado para la sociología actual. La persona habría sido desplazada como criterio de interpretación para las decisiones políticas, sociales y económicas en favor de otras búsquedas como la del máximo rendimiento económico o la de la tecnología como nuevo «becerro de oro».

El evangelio muestra un horizonte para su consecución cuya profundidad no siempre ha sido mostrada en la espiritualidad cristiana. El evangelio de Mateo sintetiza el proyecto del Reino en un famoso adagio: el mandamiento principal consiste en amar a los demás como a uno mismo y a Dios sobre todas las cosas.

Simbólicamente, podríamos imaginar un trípode, mínima estructura capaz de sostener una plataforma con suficiente estabilidad; cuyos vértices son el sujeto, el otro y la trascendencia. Un programa educativo sugerente ahora que nuestros pequeños retoman sus tareas cotidianas.

La cultura actual ha primado el vértice del amor a uno mismo ofreciéndonos muchos matices que eran necesarios en relación a culturas heredadas. Autoestima, diálogo con las emociones, autodesarrollo, primacía de la persona… son eufemismos de lo que en la filosofía personalista fue descrito como «mismidad». Basta con escuchar el lenguaje de los padres contemporáneos para valorar la relevancia otorgada a este polo.

Sin embargo, requiere un equilibrio en el «trípode» sugerido por Jesús de Nazaret. Aislado, el amor a uno mismo desorienta la perspectiva de la realidad, otorga una excesiva relevancia a cuestiones que se distorsionan sin referencias relacionales y que acaban por desgastar el alma. Nada más cansado que un corazón encerrado en sus propias circunstancias que, es probable, nunca se resuelvan de manera completa.

Pero no desestimemos sus capacidades especialmente en una cultura como la española a la que se acusó, no sin razón, como servil, obediente y condicionada por el cumplimiento de parámetros externos. El amor a los demás, a la ciudadanía, a los valores establecidos, a las directrices sugeridas por la autoridad eran principios inexorables reforzados, muchas veces, por la espiritualidad.

El amor a los demás, sin otras connotaciones, nos hace serviles, nos esclaviza al reconocimiento externo, nos hace dependientes de causas que salvar y expansiona, de manera paternalista, el cuidado sobre los otros bajo excusa de una presunta preocupación que, en el fondo, puede ser reflejo de la falta del complejo equilibrio. Al mismo tiempo, el amor nos otorga un nombre, nos saca del anonimato al ocupar un lugar imborrable en el recuerdo agradecido del otro.

La estabilidad entre el amor a uno mismo y el amor a los otros no debe ser tarea sencilla. Es posible que ni siquiera alcanzable para la persona con sus propias capacidades volitivas. La psicología de las últimas décadas nos ha planteado un sugerente itinerario a través de las inteligencias múltiples y de las emocionales para conducirnos hasta la llamada inteligencia espiritual (Zohar-Marshall 2000).

Con ella se sugiere una discusión acerca del origen, cultural o antropológico, de experiencias tan relevantes como la identificación con grupos sociales, con proyectos políticos y las expresiones religiosas. El amor a Dios, sugerido por el Maestro, escapa, así, de la convicción racional o del esfuerzo de la voluntad para describir el núcleo de un corazón humano que requiere de lo trascendente para su desarrollo.

El amor a Dios sitúa al sujeto en los parámetros de fragilidad y debilidad de los que vamos tomando conciencia con el transcurso vital. Permite la integración de lo experimentado por vía de misericordia y de la gratitud por la convicción de la providencia. El amor a Dios sustenta un amor hacia los otros sembrado de desilusiones, de deseos frustrados y de proyecciones incumplidas; y mantiene en los compromisos adquiridos por encima de las razones para la desesperanza.

En términos filosóficos, la trascendencia otorga razones a las exigencias planteadas por toda ética y del bien común.

Así, el trípode se torna circular. No hay orden jerárquico entre sus vértices sino retroalimentación. Profundizar en el amor a uno mismo, en el amor por el otro y el bien común y en el amor a Dios conducen al reconocimiento de la mutua necesidad entre las tres en una búsqueda siempre inacabada de la verdad, que denominamos religión.

Fuente: Entre Paréntesis

 

¿Obras? de Misericordia

Más allá de las enumeraciones formales: las obras de misericordia que se encarnan en la vida de cada uno, traduciéndose en gestos sencillos y cotidianos.

Por Margarita Saldaña

Como en la catequesis no me enseñaban las obras de misericordia, mi madre, preocupada por mi cultura religiosa, me compró un libro que entonces me parecía muy bonito, con ilustraciones de Ferrándiz. Fue de este modo como aprendí que las obras de misericordia eran catorce: siete “espirituales” y siete “corporales”.

En aquella época, a mis nueve años o así, las “matemáticas de la fe” se me daban bastante bien: había tres virtudes teologales y cuatro cardinales, cinco preceptos de la Iglesia, siete dones del Espíritu Santo (¡y siete pecados capitales, padres de todos los demás!), ocho bienaventuranzas, diez mandamientos de la ley de Dios… y catorce obras de misericordia. Estaba todo claro. Con el paso del tiempo, los números se han disparado y la contabilidad ha dejado de cuadrarme; a fin de cuentas, la vida no es una ciencia exacta.

Nuestra vida cotidiana, en su complejidad, se resiste a cualquier cálculo estrecho, mientras que por otra parte demanda constantemente gestos concretos que testimonien la veracidad del compromiso con el evangelio. Los cristianos no tenemos una colección de preceptos cuyo cumplimiento riguroso nos permita alguna vez un merecido descanso. Más bien, todo lo contrario: vivimos de un amor gratuito y no acumulable, de un amor recibido sin cesar y llamado a dibujarse de mil maneras según la creatividad del Espíritu.

«Sed misericordiosas y misericordiosos como el Padre» supone una provocación que supera cualquier posibilidad nacida de las propias fuerzas. La misericordia no conoce otra vía más que la apertura humilde a la experiencia del amor recibido sin medida y sin lógica, sin causa precedente y sin mérito alguno. Es así «como el Padre» ama a cada una de sus criaturas…

¿Acaso una experiencia tan desbordante puede encontrar su camino de retorno en una especie de “código de obras”? No, si pretendiésemos quedarnos tranquilos después de cumplir nuestra parte del contrato. Sin embargo, a partir la experiencia incalculable de recibir la misericordia brota naturalmente el deseo agradecido de actuar la misericordia porque «el amor se ha de poner más en las obras que en las palabras» [Ejercicios Espirituales, n. 230]. En este sentido, el lenguaje tradicional sobre las “obras de misericodia” no ha pasado de moda, sino que viene a recordarnos, frente al peligro de perdernos en abstracciones estériles, que el amor es siempre concreto. Tan concreto como las palabras de Jesús: «tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…» No nos queda margen de escapatoria: por desgracia, entre nosotros continúa habiendo muchos inmigrantes a quienes recibir, muchos muertos (de miseria, de injusticia) a quienes llorar y muchas causas de muerte que transformar.

Servir a Jesús cada día en la persona de los pequeños no es un acto heroico reservado a las élites del compromiso social, sino una forma de vida al alcance de cualquiera y una expresión auténtica del amor de Dios que transforma el mundo desde abajo. En mí día a día hay lugar para muchas de estas “pequeñas obras de misericordia” que no ganan ningún premio pero que tampoco admiten excusas.

A lo mejor no puedo alojar en mi casa a una familia de refugiados sirios, pero seguro que puedo mirar con cariño al bebé de una mujer inmigrante, transmitiéndole un poco de calor en lugar de hostilidad o indiferencia. No puedo remediar la precariedad de todo el mundo pero sí puedo cerrar mi novela y escuchar con atención a cada persona que recorre el tren pidiendo limosna. No puedo poner fin a la guerra pero sí puedo responder con más humor que agresividad al peatón atolondrado que me da un empujón o un pisotón por la calle. No puedo exterminar la marginación y la exclusión pero puedo elegir sentarme en el metro al lado de un transeúnte que los demás viajeros rehúyen porque huele mal. A cada cual le toca buscar sus ejemplos.

La misericordia en la vida diaria es bien “corporal”: no se traduce en hazañas sino que se encarna en gestos sencillos que recorren nuestro cuerpo y van generando un nuevo estilo de mirar, de escuchar, de tocar, de oler… La misericordia actuada en lo cotidiano nos conduce a una manera de vivir que pone en primer plano el rostro del otro, a quien reconocemos como prójimo y a quien deseamos recibir con todo nuestro ser porque sabemos bien que Dios guarda nuestra miseria en lo más profundo de su corazón. Esta dinámica nos saca de la comodidad, desplaza nuestros centros de interés, compromete. Sin embargo, sus resultados no se pueden cuantificar y a menudo son tan simples que escapan a la mirada poco atenta. A fin de cuentas, la misericordia, como la vida misma, tampoco es una ciencia exacta.

Fuente: Entre Paréntesis

Foto: tn.com.ar

R. Zarazaga SJ: Cuatro Ejes Para Luchar contra la Pobreza

Rodrigo es un jesuita argentino dedicado a la dirección de proyectos sociales y Director del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS). Ha realizado numerosas investigaciones sobre política y desigualdad social. Recientemente ha publicado un artículo en el diario La Nación en el que propone cuatro ejes para luchar contra la pobreza.

El padre Rodrigo Zarazaga SJ, director del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), afirmó que, más allá de la oficialización de las cifras de la pobreza e indigencia en el país, es necesario preguntar qué se hizo y qué se está haciendo para erradicar estos flagelos, y cuestionó la actitud de los políticos que “como no se puede dejar sufrir hambre en nombre del largo plazo y los presupuestos son limitados, optan por remediar la urgencia y asegurar la gobernabilidad”.

“La necesidad de corresponder a la urgencia posterga las respuestas estructurales de largo plazo. Si a esto se le suma que la transferencia de ingresos produce resultados electorales favorables, no cuesta entender que los pobres sigan accediendo a servicios y bienes públicos de baja calidad”, advirtió.

En un artículo con el título “Pobres de horizontes ante los pobres”, publicado este miércoles 5 de octubre en el diario La Nación, el sacerdote jesuita consideró que “el desafío es enorme, porque, sin dejar de contener socialmente, hay que desarrollar los bienes y servicios públicos hoy claramente deficientes”.

“La transferencia de recursos hacia los más pobres no tiene que ser menor, sino mayor, y el resto de la sociedad tiene que afrontar ese costo. Sin una inversión heroica en educación, salud, capacitación laboral e infraestructura básica, la pobreza se continuará reproduciendo”, advirtió, y agregó “Basta como ejemplo el conurbano bonaerense, que concentra en el 0,25% del territorio alrededor del 40% de los pobres del país con una estructura sanitaria claramente insuficiente, un gran déficit de redes de cloacas y agua potable y con más de la mitad de sus jóvenes sin finalizar el secundario en tiempo y forma”.

El padre Zarazaga propuso: “Cuatro ejes de inversión estructural son fundamentales: la atención materno-infantil, la estructura sanitaria, la educación y la capacitación laboral. Aunque no sean suficientes, todos ellos hacen a condiciones necesarias para superar la pobreza”.

“Sin un fuerte desarrollo de estos ejes, aunque llegue la anunciada lluvia de inversiones, un amplio sector seguirá en el desierto. Necesitamos una reactivación económica, pero también preparar a quienes quedaron excluidos para que puedan reinsertarse; de otro modo, arrancará la locomotora con los primeros vagones dejando atrás a los que no estaban enganchados”, sostuvo.

El religioso alertó que “manteniendo excluidos a amplios sectores, la sociedad seguirá avanzando a los tumbos entre conflictos” y aseguró que “la insensibilidad y la ineficiencia nos han llevado a todos, especialmente a los más pobres, a vivir una realidad que no es la que deseamos. Con un tercio de pobres nadie vive en el país que quiere, ni ricos ni pobres”.

“¿O acaso alguien puede pensar que el cartonero que empuja un carro 12 horas al día está en el país que quiere porque cobra 882 pesos mensuales por hijo por AUH? Sólo entendiendo que la Argentina nos ha sido dada a todos, y con mayor sacrificio por parte de quienes más riqueza y poder tienen, podremos realizar las inversiones necesarias y avanzar hacia el país que todos queremos. ¿Estaremos dispuestos a las renuncias que esta empresa requiere?”, concluyó

Además Zarazaga estuvo presente en el 52° Coloquio de IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de Argentina) en el que, junto a María Laura Alzúa (CEDLAS) y la Ministra Carolina Stanley, brindaron una conferencia bajo la temática «Integración social, puente para el desarrollo sustentable de la Argentina».

Fuente: AICA

Primera Biblioteca Especializada en Desarrollo y Paz

En Colombia, un país atravesado por la guerra y la violencia, se ha generado un espacio donde se organizan y capitalizan documentos relacionados a temas como Reconciliación y convivencia; Desarrollo Integral; Territorio y ambiente; Educación y cultura; y Gobernanza.

La Red Nacional de Programas Regionales de Desarrollo y Paz, REDPRODEPAZ, ha creado la primera biblioteca que compendia material bibliográfico, audiovisual y digital con especialización en contenidos de desarrollo y paz en Colombia, con múltiples experiencias territoriales. La inauguración se llevó a cabo en Bogotá el pasado viernes 5 de agosto.

La Biblioteca Alma Rosa Jaramillo L. lleva el nombre de una abogada y líder social que contribuyó a la defensa de los derechos de las organizaciones campesinas del sur del estado Bolívar y que, en ejercicio de su labor, fue asesinada el 29 de junio del año 2001 en el municipio de Morales. La REDPRODEPAZ rinde homenaje a ella y a todos los constructores de desarrollo y paz de Colombia.

Es una iniciativa que surgió cuando se identificó la necesidad de organizar y capitalizar el saber hacer de los Programas de Desarrollo y Paz que, en medio de la guerra, lograron abrirle espacio a la vida de sus comunidades con espacios de diálogo y participación en los territorios.

Se pone a disposición del público los aprendizajes de construcción de paz y reconciliación que han sido posible en medio del conflicto y que hoy son conocimiento para ser compartido aún más ante la posibilidad del fin del conflicto armado.

La biblioteca se enfoca en una compilación de conocimiento en temas de: Reconciliación y convivencia; Desarrollo Integral; Territorio y ambiente; Educación y cultura; y Gobernanza. Es un servicio abierto, democrático y gratuito.

Cabe agregar que este es un logro colectivo de Entidades Facilitadoras, Entidades de Apoyo, Equipo de la Coordinación Nacional y aliados de la REDPRODEPAZ, que han aportado con la donación de todo el contenido que hoy hace parte de esta Biblioteca como un aporte a los procesos de transformación social y la consolidación de la paz territorial.

Fuente y Foto: CPAL SJ

Con el Sueño de Construir un Uruguay más Justo

Nicolás Albertoni es uruguayo, exalumno de la Universidad Católica del Uruguay (UCU) y durante 8 años ha trabajado de modo comprometido con la Misión Joven San Francisco Javier. Ahora se encuentra ampliando sus estudios en los Estados Unidos. A pesar de estar en el país nro. 1, no se olvida del compromiso que ha adquirido a través de sus experiencias previas con la realidad de su lugar natal y sobre todo con los más desfavorecidos.

Nicolás Albertoni Gómez es un becario recientemente graduado de la Escuela de Estudios Extranjeros de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos. El joven es una enamorado de su país natal, Uruguay. Allí, se ha comprometido con la generación de un cambio socioeconómico cuando regrese luego de su graduación.

“Mucha gente me pregunta por qué venirme a los Estados Unidos para estudiar Latinoamérica” – Cuenta Nicolás- “la respuesta es que mirar desde afuera siempre te da otra perspectiva.”

Como estudiante de la Escuela de Estudios Extranjeros, Albertoni está estudiando para obtener un Master en Estudios Latinoamericanos con certificado en Negocios y Diplomacia Internacionales. Él sostiene la esperanza de que estas herramientas le ayudarán en el trabajo que desea hacer en Uruguay para acercar los sectores que hoy se encuentran divididos por una brecha socio-económica.

Nicolás ha venido persiguiendo este fin durante varios años, tanto a través de su educación como de su trabajo voluntario.

Además de graduarse en Comercio Internacional en la Universidad Católica del Uruguay, Nicolás decidió comprometerse con la lucha por la desigualdad teniendo contacto cercano con quiénes resultan más desfavorecidos a causa de la brecha socioeconómica. Para ello, participó como misionero en la Misión San Francisco Javier. Una experiencia que invita a los jóvenes a viajar a distintos pueblitos del país oriental para acercarse a aquellos que los necesitan. Más tarde trabajó como profesor de secundaria en uno de los barrios más pobres de Montevideo.

“Tenía más o menos una hora de viaje desde mi casa hasta el trabajo” explica Albertoni. A medida que se alejaba de los barrios más acomodados y se acercaba a los más desfavorecidos, Nicolás comenzó a entender la verdadera razón para la pobreza en su país: la falta de integración socio-económica. Más allá del aislamiento de estas comunidades, muchas personas no perciben las divisiones sociales que atraviesan a la sociedad, por lo que es casi imposible que las vean como un problema.

“Lo más importante es que la gente trabaje en conjunto para integrarse y acabar con estas diferencias sociales”– afirma Albertoni. “Lo más importante de LASPAU (el programa de becas para latinoamericanos en USA) es que ganás una red de trabajo. Somos un grupo de gente intentando cambiar el mundo” enfatiza Nicolás. Al mismo tiempo, subraya que haber participado de misiones con los jesuitas ha despertado en él la pasión por los otros.

“Hay una idea equivocada de que si uno está en el ámbito académico no está involucrado con el mundo real. No es cierto. Uno necesita de los conceptos teóricos para entender el mundo. Necesitamos las herramientas que nos da la teoría para poder pensar soluciones a los problemas del mundo. Mi estadía en Georgetown ha hecho más sólida esta perspectiva ‘Jesuítica’ sobre la necesidad de trabajar por los demás. De verdad pienso que todo lo que hago es para los demás. Mi educación no es sólo para gastarla en los libros, sino sobre todo, para llevarla a mi vida.”

A pesar de que aún está estudiando, Albertoni ya ha tenido cierto impacto en Uruguay. Hace tres años comenzaron, con un grupo de amigos, “Uruguay Enseña”; una organización que tiene el fin de mejorar el nivel educativo en todo Uruguay. Desde su creación, la ONG ha crecido hasta convertirse en una de las más grandes de Uruguay y parte de la red mundial ‘Teach for All’. “Es algo de lo que me siento muy orgulloso y en lo que trato de estar activamente involucrado” dice Nicolás.

Pero parece que este joven uruguayo no se detendrá ahí. Pronto se mudará a California para obtener un doctorado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad de California del Sur. Luego, ya de regreso en Uruguay, Nicolás espera integrarse como profesor en la UCU; también tiene como meta involucrarse en la política: él cree que la combinación de estos ámbitos posibilitará llevar adelante un verdadero cambio social en su país.

Cuando le preguntamos qué consejo daría a otros estudiantes deseosos de mejorar la situación en sus países, Nicolás responde: “No debemos sólo hablar de los problemas sociales sino, sobre todo, trabajar para resolverlos. Si no tengo las herramientas necesarias, tendré que crearlas. Para ello necesitamos soñar en grande y con mirada internacional, para poder generar nuestras propias herramientas.»

Fuente: LasPau

 

Rompiendo la Desigualdad de Género en el Mundo Digital

El mundo digital con su estructura y lenguaje nuevos reproduce alguna de las desigualdades del lenguaje tradicional. Un texto para reflexionar sobre cómo se construye esta desigualdad, incluso desde los buscadores y herramientas más populares. 

Por Zinnia Quirós

El mundo digital me apasiona, y creo firmemente que la revolución que está suponiendo para nuestras vidas nos va a ayudar a conseguir un cambio social que es cada día más urgente y necesario. Una de las grandes prioridades del cambio que yo ansío estriba en el fin de las desigualdades de género y por ello me preocupa sobremanera que el espacio digital sea uno más de esos ámbitos caracterizados por una marcada brecha de género. Sobre todo teniendo en cuenta el creciente e imparable impacto del nicho tecnológico en el resto de aspectos de nuestra trayectoria vital.

Un reciente estudio de la empresa Accenture defiende que el dominio de las plataformas digitales por parte de las mujeres puede eliminar la brecha de género en el ámbito laboral para el año 2040, reduciendo a la mitad el plazo calculado por el Foro Económico Mundial. Según este informe, aquellos países con mayor ratio de mujeres que dominan el ámbito digital presentan a su vez los niveles más altos de igualdad de género.

Hace ya tiempo que hablé en este blog sobre la brecha de género que existe en Wikipedia provocada, entre otras cosas, porque menos del 13% de las personas que participan en la edición de sus contenidos son mujeres, lo que supone que existan menos artículos y temas ligados a mujeres, además de la presencia de tintes sexistas en miles de artículos. Para hacernos conscientes de esta realidad y trabajar para cambiarla, el próximo sábado 9 de julio, en el Medialab-prado de Madrid, tendrá lugar una ‘Editatona’ sobre compositoras de música electrónica en Wikipedia.

Wikipedia no hace más que traducir una discriminación a la que nos vemos sometidas las mujeres todos los días en una gran variedad de ámbitos. El mundo cultural no es ajeno al patriarcado que nos invisibiliza y nos ignora, aunque poco a poco van surgiendo más y más voces que denuncian esta realidad. El año pasado, por ejemplo, el equipo de datos del periódico The Guardian analizó la presencia de mujeres en los eventos culturales más importantes de Reino Unido. Los números eran indiscutibles, el 86% de los artistas que participaban eran hombres, cifra que podía elevarse a un 97% en festivales como el Creamfields.

Pese a que muchas de las pioneras de la música electrónica fueron mujeres, éstas siguen fuertemente ignoradas en festivales, rankings y sesiones en las discotecas de moda. Cada día aparecen nuevas iniciativas que luchan para poner fin a esta brecha de género, como el magazine online Inquire Project, el proyecto ‘She Makes noise’ o la reciente iniciativa ‘Lower Eastside Girls Club‘ que busca formar a jóvenes sin recursos con el objetivo de convertirse en DJ y productoras de música electrónica.

Por eso es tan interesante, además de innovador, el maratón de edición que organiza el próximo sábado el grupo de trabajo de Wikiesfera del Medialab-prado, el grupo de usuarias Wikimujeres, la Fundación Wikimedia y que cuenta con el apoyo Oxfam Intermón desde su Programa de lucha contra la pobreza y la desigualdad.

El ‘Editatona’ de este sábado nos permitirá disfrutar, movilizarnos y sobre todo aprender, entre otras cosas, a editar contenido en la enciclopedia virtual. A las mujeres que acudamos nos emplazó a empoderarnos lo suficiente para aprovechar lo aprendido y seguir acabando con la brecha de género de Wikipedia. Porque si no estamos en Wikipedia, no existimos.

Entre Paréntesis 

Jesús Ante la Mentira y la Corrupción

A la luz de las palabras de Jesús y de Juan el Bautista… ¿Qué pasa cuando el ejercicio del poder se aleja del espíritu de servicio?

Por Rafael Luciani

La «mentira» y la «corrupción» son signos que revelan el estado de salud de las personas, de las sociedades; afectan a la justicia, al bien común; fomentan la desconfianza, el chantaje, el aprovechamiento de la buena voluntad; no nos dejan ser honrados con la realidad de los pobres. Hemos escuchado: «no roben o engañen, ni mientan» (Lev 19,11-12) porque «la verdad nos hará libres» (Jn 8,32). Sí, pero para ello hay que vivir «desechando la mentira, cada uno hablando con la verdad con su prójimo» (Ef 4,25). La consecuencia es clara: sólo es sujeto y por tanto verdaderamente humano, quien habla con la «verdad».

Juan el Bautista criticó el sistema político de su época con la metáfora «raza de víboras» (Mt 23,33). Esto le costó su vida. Jesús denunció el comercio que existía en torno al Templo, donde confluían actores políticos, económicos y religiosos; los comparó con una «cueva de ladrones» (Mt 21,13), dejando al descubierto cómo vivían de la mentira, de la corrupción, manipulando las conciencias de los pobres, quitándoles sus bienes (Mc 12,41-44). Al final lo matan. Quien roba y miente le quita el pan, el futuro al pobre, y torna al otro en dependiente, porque ha convertido al «dinero» en su ídolo (Lc 16,13).

Jesús captó que su pueblo andaba cual «ovejas sin pastor» (Mt 9,36). Nadie lo representaba dignamente ante esta situación: el poder político lo engañaba con duras «cargas» que apesadumbraban la vida cotidiana, y el religioso había olvidado hablar como «profeta» y «sanar» como pastor. Uno y otro justificaban lo que sucedía. Tenían miedo (Jn 11,48). Jesús los llama hipócritas porque eran «semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de inmundicia» (Mt 23,37). Habían hecho de la mentira un modo de vida para sostenerse en el poder, olvidando la causa del pobre, el servicio fraterno.

La mentira deshumaniza, perturba nuestras palabras, nuestros tratos, divide a las personas (Jn 8,44) y destruye el bien común. Herodes engañó a los sabios para matar a un inocente (Mt 2,1-12), así como algunas autoridades acusaron falsamente a Jesús para poder ejecutarlo (Mt 26,59).

¿Es posible vivir de otro modo? Sí, pero hay que «cambiar». Hablar con la verdad significa dejar de engañarnos, no tratarnos con odio, denunciar la corrupción, ser honrados ante la realidad, no descargar la propia ira sobre otros y «decir sí cuando es sí, y no cuando es no; porque cualquier otra cosa viene del demonio» (Mt 5,37), es decir, acciones y palabras que «dividen», «deshumanizan» y producen «carencias».

El reto está en recuperar la calidad de vida con la que Dios nos creó: que vivamos de la «verdad» y no de la mentira, gozando de «abundancia» y no de escasez, tratándonos «fraternalmente» y sin odio. Estos tres signos devolverán la salud a nuestras vidas.

Teología Hoy 

Discernir Nuestra Humanidad

Un texto que nos invita a redescubrir la humanidad que se esconde en cada persona que nos rodea.

Por Rafael Luciani

¿Cómo entender lo que nos sucede a la luz de Dios cuando hay decisiones políticas y económicas que se toman a sabiendas de que producen más pobres, desempleados y enfermos? ¿Será que nos hemos acostumbrado a ver a las personas como meros objetos, sin comprender que detrás de cada rostro existe una historia de vida compleja y llevada adelante con gran dificultad? ¿Acaso no sabemos que las decisiones y acciones que realizamos tienen una dimensión ética y generan consecuencias que afectan el destino de muchos?

Tal vez hemos llegado a deshumanizarnos hasta el punto de no sorprendernos más ante las muchas formas de inhumanidad e impiedad que nos rodean, y terminamos siendo actores silentes, cómplices anónimos. El problema es grave porque si no nos dejamos afectar por los padecimientos de los otros, si rehusamos tomar posición ante ellos de algún modo, ponemos en riesgo nuestro propio desarrollo y crecimiento (Lc 18,18-23). Y sin darnos cuenta, podemos estar asumiendo una falsa ilusión de lo que significa vivir humanamente.

Para discernir lo humano no basta una lectura psicológica o sociológica de la realidad personal o social. Debemos ir más allá y preguntarnos si estamos siendo verdaderamente humanos, si orientamos nuestra vida hacia un proyecto de humanización integral. Hay que discernir las palabras que usamos, las acciones que realizamos y las decisiones que tomamos.

Jesús tuvo que discernir su época y decidió asumir un estilo profético. Dispuso de su humanidad para «servir» y «sanar», antes que para imponer y odiar; pero para ello tuvo que aprender a vivir con un espíritu fraterno y solidario que le costó «sudor y lágrimas» (Heb 5,7-8). Entendía que la reconciliación fraterna pasaba por la justicia y la verdad. Esto supuso ver más allá de las coyunturas y los sectarismos, para luchar por la justicia, por el bien común. Así, dedicó su vida a construir una calidad de vida tan buena como la divina. La llamó el «reinado de Dios».

Quien reconoce el drama de la realidad y lo hace suyo practicando la solidaridad fraterna, a pesar de la incomodidad que le pueda comportar, podrá comprender la fuerza de la compasión y ser impulsado a luchar en favor de una existencia justa, verdadera. Sólo así el «reinado de Dios» será una realidad y podremos gozar de una calidad de vida como la de Dios, para la cual hemos sido creados a imagen y semejanza suya.

¿Sabemos discernir la realidad acogiendo lo que es verdaderamente humano y apartando lo que no lo es? ¿Acaso creemos que las decisiones que tomamos no tienen consecuencia? Que no nos pase como a las vírgenes necias que tras tocar a la puerta insistentemente, el Señor les respondió: «no os conozco» (Mt 25,12-13) porque «tuve hambre.., sed.., era forastero.., estaba desnudo, enfermo y en la cárcel… cuanto dejásteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejásteis de hacerlo» (Mt 25,42).

Fuente: Teología Hoy