Publicación Dignitas Infinita

‘Dignitas infinita’: el Vaticano actualiza los DDHH con los ojos del papa Francisco

 

DOCUMENTO: Declaración ‘Dignitas infinita’ sobre la dignidad humana (íntegro)

 

El Dicasterio para la Doctrina de la Fe publica este documento de puesta a punto la Declaración Universal de los Derechos Humanos –que precisamente cumple este año su 75 aniversario– con los ojos del papa Francisco.

El prefecto del Dicasterio vaticano, Víctor Manuel Fernández, actualiza con esta declaración la defensa de la vida, que va mucho más allá del aborto o la eutanasia. Así, ‘Dignitas infinita’ busca acabar con la dicotomía entre quienes consideran que la dignidad humana lleva solo aparejada la defensa del no nacido y de quienes olvidan esta planteando solo la defensa de los pobres.

Y, para ello, se vale del magisterio de Francisco en estos once años de pontificado, pero acompañándolo de todas las enseñanzas de Benedicto XVI, Juan Pablo II y Pablo VI sobre estas cuestiones, ya que el texto se vale de multitud de citas de los cuatro últimos pontífices. De hecho, la declaración está firmada el 2 de abril, fecha del 19º aniversario de la muerte de Karol Wojtyla.

La lista de violaciones a la dignidad humana que ‘Dignitas infinita’ recoge va desde la violencia contra la mujer, la violencia contra los migrantes, la trata de personas, la guerra, la pobreza, el aborto, la maternidad subrogada, la eutanasia, la teoría de género, la violencia digital a los homicidios, los genocidios, el suicidio voluntario, el trabajo forzado, la prostitución, la esclavitud, la pena de muerte o las encarcelaciones arbitrarias.

VM Fernández

Card. Victor M. Fernández

Tras ‘Fiducia supplicans’

La realidad es que este documento, según se expone en la presentación, lleva cinco años cocinándose. En 2019 se inició la redacción y un primer borrador fue considerado “insatisfactorio”, por lo que se siguió trabajando. A final del pasado año, Jorge Mario Bergoglio recibió un borrador más completo tras el que pidió resaltar “el drama de la pobreza, la situación de los migrantes, las violencias contra las mujeres, la trata de personas o la guerra”.

Este es el primer gran documento de la era de Fernández al frente de Doctrina de la Fe. Desde noviembre de 2023, cuando Fernández comenzó a dirigir el Dicasterio, se han publicado varios documentos en respuesta a preguntas de obispos o cardenales sobre diversas cuestiones, las cuales abarcan desde la posibilidad de que las personas transexuales reciban el Bautismo, hasta la gestación subrogada o la prohibición de que los católicos se inscriban en la masonería.

Pero ninguno tan polémico como ‘Fiducia supplicans’, publicado el 18 de diciembre, con el que Doctrina de la Fe abría la posibilidad de bendecir a las parejas en situación irregular –como divorciados o parejas del mismo sexo–, al margen de cualquier ritualización.

En palabras del cardenal argentino, ‘Dignitas infinita’ “recuerda los principios fundamentales y los supuestos teóricos para ofrecer importantes aclaraciones que puedan evitar las frecuentes confusiones que se producen en el uso del término ‘dignidad’”, al mismo tiempo que “presenta algunas situaciones problemáticas actuales en las que no se reconoce adecuadamente la inmensa e inalienable dignidad que corresponde a todo ser humano”.

En relación a esta segunda parte, el documento llama la atención sobre trece violaciones graves de la dignidad humana hoy.

 

Las trece violaciones graves de la dignidad humana

El drama de la pobreza: “Uno de los fenómenos que más contribuye a negar la dignidad de tantos seres humanos es la pobreza extrema, ligada a la desigual distribución de la riqueza”.

La guerra: “Otra tragedia que niega la dignidad humana es la que provoca la guerra, hoy como en todos los tiempos. Con su estela de destrucción y dolor, la guerra atenta contra la dignidad humana a corto y largo plazo. Esto es aún más grave en nuestra época, en la que se ha convertido en normal que, fuera del campo de batalla, mueran tantos civiles inocentes”.

El trabajo de los migrantes: “Los migrantes están entre las primeras víctimas de las múltiples formas de pobreza”.

La trata de personas: “La Iglesia y la humanidad no deben abandonar la lucha contra fenómenos como el comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado”.

Los abusos sexuales: “La profunda dignidad inherente al ser humano en su totalidad de mente y cuerpo nos permite comprender también por qué todo abuso sexual deja profundas cicatrices en el corazón de quienes lo sufren: estos están, de hecho, heridos en su dignidad humana. De ahí el inquebrantable compromiso de la Iglesia por poner fin a cualquier tipo de abuso, empezando desde dentro”.

Las violencias contra las mujeres: “Las violencias contra las mujeres es un escándalo global, cada vez más reconocido. Aunque de palabra se reconoce la igual dignidad de la mujer, en algunos países las desigualdades entre mujeres y varones son muy graves e incluso en los países más desarrollados y democráticos la realidad social concreta atestigua que a menudo no se reconoce a la mujer la misma dignidad que al varón. Entre las formas de violencia ejercidas contera las mujeres, ¿cómo no mencionar la coacción al aborto, que afecta tanto a la madre como al hijo, tan a menudo para satisfacer el egoísmo de los varones? ¿Y cómo no mencionar también la práctica de la poligamia que – como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica – es contraria a la igual dignidad de mujeres y varones? Es este horizonte de violencia contra las mujeres, no se condenará nunca de forma suficiente el fenómeno del feminicidio. En este frente, el compromiso de toda la comunidad internacional debe ser sólido y concreto”.

El aborto: “Sobre la base del valor intangible de la vida humana, el magisterio eclesial se ha siempre pronunciado contra el aborto. Merece mencionarse aquí el compromiso generoso y valiente de santa Teresa de Calcuta en defensa de todo concebido”.

La maternidad subrogada: “La Iglesia, también, se posiciona en contra de la práctica de la maternidad subrogada, mediante la cual el niño, inmensamente digno, se convierte en un mero objeto. La práctica de la maternidad subrogada viola, ante todo, la dignidad del niño. La práctica de la maternidad subrogada viola, al mismo tiempo, la dignidad de la propia mujer que o se ve obligada a ello o decide libremente someterse. Con esta práctica, la mujer se desvincula del hijo que crece en ella y se convierte en un mero medio al servicio del beneficio o del deseo arbitrario de otros. Esto se contrapone, totalmente, con la dignidad fundamental de todo ser humano y su derecho a ser reconocido siempre por sí mismo y nunca como instrumento para otra cosa”.

La eutanasia y el suicidio asistido: “Hay un caso particular de violación de la dignidad humana, más silencioso pero que está ganando mucho terreno. Tiene la peculiaridad de utilizar un concepto erróneo de la dignidad humana para volverla contra la vida misma. Esta confusión, muy común hoy en día, sale a la luz cuando se habla de eutanasia. Por ejemplo, las leyes que reconocen la posibilidad de la eutanasia o el suicidio asistido se denominan a veces ‘leyes de muerte digna’. Está muy extendida la idea de que la eutanasia o el suicidio asistido son compatibles con el respeto a la dignidad de la persona humana. Frente a este hecho, hay que reafirmar con fuerza que el sufrimiento no hace perder al enfermo esa dignidad que le es intrínseca e inalienablemente propia, sino que puede convertirse en una oportunidad para reforzar los lazos de pertenencia mutua y tomar mayor conciencia de lo preciosa que es cada persona para el conjunto de la humanidad. Ciertamente, la dignidad del enfermo, en condiciones críticas o terminales, exige que todos realicen los esfuerzos adecuados y necesarios para aliviar su sufrimiento mediante unos cuidados paliativos apropiados y evitando cualquier encarnizamiento terapéutico o intervención desproporcionada. Pero tal esfuerzo es totalmente distinto, diferente, incluso contrario a la decisión de eliminar la propia vida o la de los demás bajo el peso del sufrimiento. La vida humana, incluso en su condición dolorosa, es portadora de una dignidad que debe respetarse siempre, que no puede perderse y cuyo respeto permanece incondicional. En efecto, no hay condiciones en ausencia de las cuales la vida humana deje de ser digna y pueda, por tanto, suprimirse. Ayudar al suicida a quitarse la vida es, por tanto, una ofensa objetiva contra la dignidad de la persona que lo pide, aunque con ello se cumpliese su deseo”.

El descarte de las personas con discapacidad: “Un criterio para verificar la atención real a la dignidad de cada individuo es, obviamente, la atención prestada a los más desfavorecidos. Nuestro tiempo, por desgracia, no se distingue mucho por esa atención. Para contrarrestar esta tendencia, merece especial atención y solicitud la condición de quienes se encuentran en situación de déficit físico o psíquico. La cuestión de la imperfección humana tiene también claras implicaciones desde el punto de vista sociocultural, ya que, en algunas culturas, las personas con discapacidad sufren a veces marginación, cuando no opresión, al ser tratadas como auténticos ‘descartados’. En realidad, todo ser humano, sea cual sea su condición de vulnerabilidad, recibe su dignidad por el hecho mismo de ser querido y amado por Dios”.

La teoría de género: “Hay que denunciar como contrario a la dignidad humana que en algunos lugares se encarcele, torture e incluso prive del bien de la vida, a no pocas personas, únicamente por su orientación sexual. Al mismo tiempo, la Iglesia destaca los decisivos elementos críticos presentes en la teoría de género. Con respecto a la teoría de género, sobre cuya consistencia científica se debate mucho en la comunidad de expertos, la Iglesia recuerda que la vida humana, en todos sus componentes, físicos y espirituales, es un don de Dios, que debe ser acogido con gratitud y puesto al servicio del bien. Querer disponer de sí mismo, como prescribe la teoría de género, sin tener en cuenta esta verdad fundamental de la vida humana como don, no significa otra cosa que ceder a la vieja tentación de que el ser humano se convierta en Dios y entre en competencia con el verdadero Dios del amor que nos revela el Evangelio. Un segundo aspecto sobre la teoría de género es que pretende negar la mayor diferencia posible entre los seres vivos: la diferencia sexual. Esta diferencia constitutiva no solo es la mayor imaginable, sino también la más bella y la más poderosa: logra, en la pareja varón-mujer, la reciprocidad más admirable y es, por tanto, la fuente de ese milagro que nunca deja de asombrarnos que es la llegada de nuevos seres humanos al mundo. En este sentido, el respeto del propio cuerpo y de aquel de los otros es esencial ante la proliferación y reivindicación de nuevos derechos que avanza la teoría de género. Por lo tanto, debe rechazarse todo intento de ocultar la referencia a la evidente diferencia sexual entre hombres y mujeres. Solo cuando cada persona humana puede reconocer y aceptar esta diferencia en reciprocidad es capaz de descubrirse plenamente a sí misma, su dignidad y su identidad”.

El cambio de sexo:La dignidad del cuerpo no puede considerarse inferior a la de la persona como tal. De ahí que toda operación de cambio de sexo, por regla general, corra el riesgo de atentar contra la dignidad única que la persona ha recibido desde el momento de la concepción. Esto no significa que se excluya la posibilidad que una persona afectada por anomalías genitales, que ya son evidentes al nacer o que se desarrollan posteriormente, pueda optar por recibir asistencia médica con el objetivo de resolver esas anomalías. En este caso, la operación no constituiría un cambio de sexo en el sentido que aquí se entiende”.

La violencia digital:El avance de las tecnologías digitales, aunque ofrece muchas posibilidades para promover la dignidad humana, tiende cada vez más a crear un mundo en el que crecen la explotación, la exclusión y la violencia, que pueden llegar a atentar contra la dignidad de la persona humana. Basta pensar en lo fácil que es, a través de estos medios, poner en peligro la buena reputación de cualquier persona con noticias falsas y calumnias”.

 

@vidanueva

t.ly/wtKNJ

Mujer con megáfono en la ciudad

Rostros de Resurrección

¿Quién no ha sido Tomás en algún momento de su vida? ¿Quién no ha intentado medir y probar a Dios? Lo cierto es que, este pasaje de la resurrección podría hacernos pensar que quizás Tomás no era el más entregado o el más fiel a su Maestro.

Sin embargo, un poco antes, en el Evangelio se relata la intención de Jesús de ir a Betania a resucitar a Lázaro, poniéndose así en peligro. Todos los apóstoles consideraban que era muy arriesgado, que ponían en riesgo su vida. Por lo tanto valentía y fidelidad no le faltaban a Tomás, que no le importaba morir en el intento de acompañar a Jesús.

Esto me lleva a pensar que lo que quizás sí faltó no estaba sólo en él, sino en los discípulos que pudieron ver a Jesús resucitado. Les faltó esa fuerza al transmitir el mensaje, entusiasmo alegría desbordante en sus caras, esperanza, salvación. ¿Por qué si no Tomás hubiera dudado? Puede que efectivamente tuviera una crisis de fe como nos ocurre a todos, pero quizás sus compañeros no mostraran con suficiente alegría esta buena nueva.

Por tanto, es necesario expresar esta alegría de la resurrección de un modo sencillo y sincero. Que nuestros gestos, actitudes y nuestra manera de vivir expresen de tal manera que Jesús vive y reina, que las personas que tengamos enfrente no duden ni por un segundo que Jesús ha resucitado y está vivo ahora y siempre, esperando a que le abramos las puertas de nuestro corazón.

Ojalá que esta alegría se reflejara de tal modo en nosotros que, si Tomás estuviera entre nosotros y le contásemos que Cristo ha resucitado, nos creyese, no tanto por pruebas empíricas o racionamientos, sino por el brillo en nuestros ojos, y la alegría, la paz y la esperanza de nuestro rostro.

 

Irene Parada
@pastoralsj
@jennortonart

¡Celebramos la Resurrección de Jesús!

Hoy es un día de regocijo y alegría para todos, ya que celebramos el Domingo de Resurrección, el evento central de nuestra fe cristiana. En este día, conmemoramos la victoria de Jesús sobre la muerte y su triunfante resurrección, que nos ofrece la esperanza de una vida nueva y eterna.

 

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.

 

El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles». Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de Él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

 

Jesús, el resucitado, nos ha regalado la fraternidad. ¡Jesús está vivo y camina con nosotros! El don que Jesús nos hizo al morir en la cruz y resucitar al tercer día es el de una nueva humanidad, fundada en la fraternidad.

 

Que el don de la Pascua de Jesús resucitado nos ayude a convertirnos en “hermanos de todos”, hasta el punto de desearnos mutuamente que crezca la unidad, para que quienes nos miren exclamen “qué hermoso y qué alegre es ver a los hermanos viviendo juntos”.

 

Un regalo, un compromiso. A partir de Cristo Jesús, muerto y resucitado, aprendemos a caminar y a crecer en su Amor y a testimoniarlo con un compromiso reflexivo.

 

Oración:

 

¡Has resucitado!

Como prometiste, Señor, ¡estás vivo y estás con nosotros!

La vida ha vencido a la muerte. El amor ha triunfado sobre el pecado.

La fe ha triunfado sobre la duda. La esperanza ha triunfado sobre la desesperación.

La caridad ha ganado al egoísmo. La prudencia ha ganado a la impulsividad.

La justicia ha triunfado sobre la iniquidad. La templanza ha triunfado sobre el instinto.

La fortaleza ha triunfado sobre el miedo.

Jesús, Hijo de Dios, Señor y Hermano nuestro, has triunfado porque confiaste en el Padre, ya que has puesto todo en sus manos.

Jesús, mi amigo y hermano, ayúdame a confiar, a ponerme en manos del Padre tuyo y nuestro.

Ayúdame a ir adelante y más lejos, ¡Ayúdame a vivir como el Resucitado!

 

Que esta Pascua sea para todos nosotros un tiempo de renovación espiritual y un recordatorio constante del amor incondicional que Dios tiene por cada uno de nosotros.

 

¡Feliz Domingo de Resurrección para todos!

Stop war con oso de peluche

¡NO PODEMOS CALLARNOS!

Casi seis meses de guerra en Gaza, y las armas no han callado. Nosotros, los miembros de la Compañía de Jesús (los jesuitas), como tantos otros católicos, cristianos, hombres y mujeres de todos los credos y no creyentes, nos negamos a callar. Nuestras voces siguen alzándose en oración, en lamento, en protesta por la muerte y la destrucción que siguen reinando en Gaza y otros territorios de Israel/Palestina, extendiéndose a los países vecinos de Oriente Medio.

Tras los horrores de los ataques sobre el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, los bombardeos masivos israelíes sobre la Franja de Gaza, la ofensiva terrestre que ha dejado en ruinas la mayor parte de la Franja de Gaza, ahora somos testigos de la hambruna y la propagación de enfermedades en Gaza. Decenas de miles de personas han muerto, casi 1.800 israelíes, más de 32.000 palestinos (sin contar los que aún quedan por desenterrar de entre los escombros). Además de las vidas apagadas, hay cientos de miles de vidas arruinadas, heridos, personas sin hogar y ahora hambrientos y golpeados por la enfermedad.

Nosotros, jesuitas, reiteramos nuestro compromiso de no permanecer en silencio. Es inaceptable que, a pesar de los intentos, casi seis meses después de la actual ronda de conflicto, nadie haya sido capaz de detener la matanza. Es escandaloso que nadie haya sido capaz de garantizar que los residentes de Gaza tengan suficiente para comer. Es vergonzoso que nadie haya sido capaz de pedir cuentas a los belicistas. Tristemente, recordamos que se ha permitido que un conflicto en curso en la tierra llamada a ser santa continúe y supure como una herida abierta en la faz de Oriente Medio.

Comprometidos durante décadas en las comunidades y sociedades de Oriente Medio, nosotros, como jesuitas, queremos decir que no tiene por qué ser así. La elección de la muerte sobre la vida, de la venganza sobre la reconciliación, de la injusticia sobre la justicia, del interés propio sobre la relación, de la violencia sobre el diálogo, es una elección y no un destino predestinado. Se pueden hacer otras opciones. Seguiremos fomentando el sueño de un futuro diferente, un futuro ya previsto por los profetas en las Sagradas Escrituras. “Convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isaías 2,4)

Unimos nuestra voz a la del Santo Padre, el Papa Francisco, que ha advertido en repetidas ocasiones: “¡La guerra es una derrota! Toda guerra es una derrota” (Angelus, 8 de octubre de 2023). Reiteramos nuestro llamamiento a un alto el fuego inmediato, a la liberación de todos los rehenes del 7 de octubre, a las negociaciones y al inicio de un proceso que traiga liberación, libertad y justicia para todos en Oriente Medio, el único camino hacia la verdadera paz.

[Foto de Marina Shatskikh, en Pexels]

Papa Francisco y seminaristas

Mensaje del Papa por la Jornada de las Vocaciones 2024

Nuestra vida encuentra plenitud cuando descubrimos quiénes somos, cuáles son nuestros dones, dónde podemos hacerlos fructificar y qué camino podemos seguir para convertirnos en signos e instrumentos de amor, de acogida generosa, de belleza y de paz, dondequiera que estemos»: el Papa Francisco ofreció ese resumen de nuestra vocación cristiana en su mensaje para la 61ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que la Iglesia conmemorará este año el 21 de abril.

El mensaje del Papa para la 61ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones (JMOV) se centra en el tema: “Llamados a sembrar semillas de esperanza y a construir la paz”, señalando que todos los cristianos estamos llamados a acoger la vocación que Dios nos ha dado para servirle en el mundo, ya sea a través de la vida consagrada, el sacerdocio, el matrimonio o como personas solteras.

La gratitud, dijo, debería caracterizar las celebraciones del Día Mundial de las Vocaciones, al recordar a los innumerables cristianos que sirven a Dios en todos los ámbitos de la vida. Invitó especialmente a los jóvenes a hacer espacio a Dios, para que encuentren la felicidad en su llamada, que respeta siempre nuestra libertad.

Dejen que Jesús los atraiga hacia Él”, dijo el Papa. “Llévale tus preguntas importantes, leyendo los Evangelios; deja que Él los interpele con su presencia, que siempre provoca en nosotros una crisis saludable”.

 

» Texto completo del mensaje del Papa para las Vocaciones: bit.ly/3x4WZro

» Fuente AICA bit.ly/4aG9BE7

Un camino sinodal: 11mo aniversario de Pontificado de Francisco

“El Espíritu Santo es Aquel que nos guía hacia donde Dios quiere”, son palabras del Papa Francisco pronunciadas en este camino sinodal de la Iglesia y signo permanente de su pontificado.

Johan Pacheco

Décimo primer año del Pontificado del Papa Francisco un camino marcado por la sinodalidad desde el inicio de su ministerio petrino, haciendo visible y llevando a la acción a la Iglesia: “hospital de campaña” que los recibe “a todos” pero “en salida” y “caminando juntos”; once años desde la perspectiva sinodal teniendo como protagonista al Espíritu Santo.

El undécimo año del Pontificado de Francisco es sinodal, un tiempo de oración para fortalecer la confianza en el Paráclito que ilumina el caminar de la Iglesia en un mundo aterrorizado por la guerra, que necesita el consuelo de Dios y la tarea de valientes constructores de la paz. Tarea también de una Iglesia sinodal que camina para encontrar al otro, escuchar, discernir y hacer presente la misericordia de Dios.

“Iglesia sinodal significa Iglesia sacramento de esta promesa —es decir que el Espíritu estará con nosotros— que se manifiesta cultivando la intimidad con el Espíritu y con el mundo futuro”, lo decía el Papa a los fieles de la Diócesis de Roma invitando a una “hermenéutica peregrina” que custodie el caminar de la Iglesia en su misión evangelizadora, no como una tarea organizativa sino con la presencia vida del Espíritu que da vida.

También al inicio de este proceso sinodal recordaba el Papa que es un tiempo del Espíritu Santo: “Queridos hermanos y hermanas, que este Sínodo sea un tiempo habitado por el Espíritu. Porque tenemos necesidad del Espíritu, del aliento siempre nuevo de Dios, que libera de toda cerrazón, revive lo que está muerto, desata las cadenas y difunde la alegría. El Espíritu Santo es Aquel que nos guía hacia donde Dios quiere, y no hacia donde nos llevarían nuestras ideas y nuestros gustos personales”.

Fuente: vatican.va

Leer el texto completo: bit.ly/4adxdzC

Encuentro anual de Parroquias y Templos jesuitas

El pasado 4 de noviembre el sector Templos y Parroquias a cargo de la Compañía de Jesús realizó su encuentro anual.

Bajo el lema: “Caminando juntos con esperanza en la belleza de la diversidad” las comunidades de la provincia ARU se reunieron de modo híbrido, es decir de forma presencial en sus zonas y a la vez todas conectadas de forma virtual.

Comenzaron con la presentación y oración inicial realizada por el P. Tomás Bradley y un grupo de laicos, encomendando el encuentro a la intercesión de San Ignacio y San Francisco Javier así llegar a una «Unidad de Ánimo».

La oración y el discernimiento tuvo su fuente, su “ pozo de Jacob” en la exposición de Monseñor Ángel Rossi, quien participó del Sínodo de la sinodalidad y compartió su experiencia. El testimonio del padre Ángel sobre lo vivido en el sínodo, mostró una Iglesia viva que sintió la acción y la presencia del Espíritu Santo. Al igual que al escucharlo.

Los fuertes testimonios vividos en el sínodo, fueron conmovedores. Reconocer que como agentes pastorales, laicos, religiosas y sacerdotes, tenemos responsabilidades sumamente delicada fue un cimbronazo. La toma de conciencia del hecho de cómo recibimos a las personas en nuestras comunidades podemos dar vida o causar Muerte, nos llama a replantearnos los modo de acogida y acompañamiento.

Escucha y oración fueron las protagonistas del Sínodo, así nos supo decir Monseñor Rossi. También deben ser protagonistas en la Misión que tenemos como Iglesia, nuestras pastorales tienen que estar nutridas por la Oración para poder escuchar y acompañar a nuestro prójimo. Esto implica acercamiento, necesidad de encuentro.

Con un gran aplauso agradecimos al Monseñor su testimonio y pasamos a los momentos de trabajo presencial, compartiendo mociones de lo escuchado.

En contraposición, se reflexionó sobre aquello que nos impide caminar juntos. Dolorosa pero constructivamente reconocimos que somos comunidades prejuiciosas, los prejuicios nos frenan, no nos permiten acercarnos, por lo tanto no podemos escuchar y conocer al otro ni dar a conocer a Cristo ¿Cómo desterrar estos prejuicios? Así vivir la sinodalidad y gozar de la belleza de la diversidad, es la tarea que nos urge comenzar.

La mayor debilidad que reconocimos fue la falta de oración y discernimiento comunitario, entre la realidad social y la acción pastoral el tiempo se presenta como el tirano ¿Será? Lo que sí sabemos es que esto limita la creatividad necesaria, frente a la realidad que nos supera y nos impide vivir en verdadera comunión.

Para finalizar la propuesta de volver a la presencialidad en el 2024 fue muy festejada. La sinodalidad y diversidad un tema que recién comienza.

Restauración de la Iglesia Jesús Nazareno en Corrientes

En septiembre del año pasado comenzó la obra de restauración de la Iglesia Jesús Nazareno, monumento histórico de la Provincia de Corrientes. Ubicada en el centro de la ciudad capital, es uno de los edificios con mayor valor histórico y arquitectónico. Actualmente, es atendida pastoralmente por la comunidad jesuita allí presente.

Por un desprendimiento en la mampostería, las intervenciones se realizaron en varias etapas, comenzando por los laterales del edificio, los pisos y el techo. Se realizó, además, la reparación de humedades internas, cambios en la instalación eléctrica, trabajos de pintura y la recuperación de la fachada de la Iglesia. “Todo se dio en una lógica de restauración” afirma Francisco Bettinelli, SJ.

 

Uno de los grandes trabajos realizados fue la renovación integral del campanario, donde incorporaron un marco esquelético de columnas de acero verticales y vigas en L horizontales, construidas en una cuadrícula rectangular para soportar los pisos, el techo y las paredes del mismo.

También se colocó una unidad motora nueva en el reloj histórico, se trata de una máquina tipo G3/4 de gran torque.

Las tareas de restauración las emprendió el Gobierno Provincial, desde el Ministerio de Obras y Servicios Públicos, con la colaboración de la Junta de Historia que intervino en el proyecto para mantener la originalidad de la estructura.

 “Algo importante de mencionar es que, a partir del desprendimiento de la mampostería, una parte de la Iglesia se había cerrado. Con estos arreglos, no sólo está más linda la Iglesia, sino que se recuperó el acceso, hay un cambio de ambiente.”, agrega Francisco Bettinelli, SJ.

  

Historia

El templo fue construido en memoria de Casto Vedoya, padre de Adelaida Vedoya de Ballesteros quien lo donó a la Arquidiócesis de Corrientes en 1932. Tiene una combinación de estilo románico-neogótico y en su interior está ornamentado con detalles en oro y mármoles de Carrara.

La Iglesia Jesús Nazareno se encuentra sobre la calle Carlos Pellegrini 1558, en la ciudad de Corrientes, Argentina. La piedra fundamental se colocó en noviembre de 1928.

Card. Michael Czerny sj: Sinodalidad y el pueblo de Dios. Superar el escollo del clericalismo

En la Constitución pastoral del Vaticano II, los Padres conciliares quisieron indicar como deber permanente de la Iglesia, la actitud de discernir «a fondo, los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4). Es a partir del diálogo y de la confrontación con la historia, que la necesidad de la Iglesia actual de volver a ponerse en camino, como Pueblo de Dios, junto con la familia humana, se declina como conversión en cuatro direcciones diferentes: pastoral, sinodal, social y ecológica. El Concilio delineó también un estilo teológico y eclesial que da «forma» a la semper renovanda conversión integral de la Iglesia, porque la orienta a la conformación a Cristo: a la comunión.

Desde 2007, se ha hecho mucho. Los retos trazados en el Documento Final de Aparecida siguen siendo vigentes. Los problemas planteados por la globalización, las migraciones, el recrudecimiento del racismo, la intensificación de la violencia social, la precariedad de la vivienda, el aumento de la pobreza y el descuidado de la creación, siguen constituyendo a día de hoy el banco de pruebas en el que la Iglesia latinoamericana y caribeña está llamada a confrontarse con el mensaje evangélico.

Además, la pandemia, como una lente de aumento, ha evidenciado estas criticidades con mayor claridad, revelando otros aspectos concomitantes, como la emergencia sanitaria, la educativa, pero también la necesidad de un liderazgo político capaz de orientar las opciones comunes hacia el bien de todos.

Desde el punto de vista intraeclesial, hacer de la misión la expresión directa e intrínseca de nuestra identidad bautismal, significa devolver a todo el Pueblo de Dios la plena dignidad de sujeto activo de la evangelización (EG 114). Desde el texto final de Aparecida hasta la Constitución apostólica Predicate Evangelium, pasando por el Sínodo sobre la sinodalidad, se nos plantea un nuevo desafío: reformar las estructuras eclesiales de modo que se incorpore el testimonio y la acción de los laicos en la vida y en la misión de la Iglesia, a todos los niveles, hasta el punto de no considerar como un hecho anómalo y extraordinario la posibilidad de que éstos ejerzan funciones y responsabilidades de gobierno en las Iglesias locales y en la Curia romana.

La sinodalidad no debe confundirse con una estructura particular, como un sínodo o una asamblea, ni reducirse a un instrumento al servicio de la colegialidad episcopal; es más bien aquello que cualifica el modus essendi et vivendi de la Iglesia, en la expresión de sinergias y carismas diferentes que convergen en la comunión y la unidad.

Sin embargo, para que se instaure un modelo circular de Iglesia, no basta con «abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe» (DAp 365), para así adquirir formas de participación más amplias, estrategias de toma de decisiones más proclives a la escucha y al diálogo. En otras palabras, para «invertir la pirámide», debemos ante todo empezar por la conversión de los corazones y de un cambio de ritmo en la forma en que nos consideramos miembros vivos del Cuerpo eclesial. Para ello, es urgente superar el escollo del clericalismo, es decir, dejar atrás esa mentalidad autorreferencial, que desde siempre impide a la fuerza transformadora del Evangelio expresarse en una actualización concreta de estilos de vida cristiana, inspirados por el Evangelio y animados por el amor fraterno y recíproco.

Me detendré brevemente en el clericalismo, dado que considero útil hacer hincapié en algunos de sus rasgos distintivos, para discernir la dirección a seguir y el trabajo que aún nos queda por hacer, por el bien de la Iglesia. Es ante todo una praxis que genera un estilo relacional. Esto significa que se aprende por imitación, siguiendo modelos que se convierten en ejemplares y que, posteriormente, generan un horizonte en el que situar la propia forma de pensar.

Si el ejemplarismo clerical ejerce tal poder de sugestión sobre las nuevas generaciones de sacerdotes y sobre su imaginario, es porque transmite una sensación de eficiencia alentadora y una apariencia de control y de seguridad. La prioridad no se encuentra en la determinación de iluminar, mediante la Palabra de Dios, los problemas de la sociedad, sino en imponer una disciplina que pueda regular los aspectos prácticos de la experiencia creyente. Debemos reconocer, con dolor y contrición ante Dios y ante las víctimas, que las relaciones verticalizadas y discriminatorias que se crean en ciertos ambientes eclesiales clericalizados, han generado y siguen dando lugar a numerosos casos de abuso de autoridad, de poder, de conciencia y de desorden con connotaciones sexuales.

La resistencia a la hora de acoger los documentos conciliares, como también el magisterio de Francisco, incluso el documento de Aparecida en el contexto latinoamericano, se debe en gran medida a la dificultad de convertir el corazón de obispos, presbíteros y religiosos a la idea de una Iglesia de «puertas abiertas», casa de todos, en la que la afirmación de la diversidad de ministerios y de carismas, no implica la subordinación de un laicado discente a una jerarquía docente. Incluso la reticencia de numerosos exponentes del clero hacia la conversión sinodal, nace a menudo del temor, comprensible y a veces no del todo injustificado, de que abrir la participación en el gobierno eclesial a los laicos pueda causar un debilitamiento de la estructura de la Iglesia, permitiendo la entrada de ideas y la implantación de dinámicas, del todo ajenas a la fe y a los valores de la moral católica. Se escucha a menudo que el clericalismo y el arribismo de los laicos es más nocivo y deletéreo que el de los clérigos.

Aunque esto fuera cierto, la solución no pasa por perpetuar un modelo de gobierno vertical y autoritario, sino por promover y formar a los laicos en un auténtico y genuino espíritu de pertenencia y participación eclesial. Hablo de laicos, que no sólo sean competentes en aquellos ámbitos en los que lo pueden hacer mejor que los sacerdotes, sino que ante todo sean hombres y mujeres de fe, discípulos en camino, enamorados de Cristo y de la Iglesia. No se puede contrarrestar el clericalismo si, al mismo tiempo, no se permite que surja un laicado responsable y fiable. En este sentido, está en juego el futuro del anuncio evangélico: la crisis de autoridad en la Iglesia, de hecho, se refleja en la inmediata y consiguiente desconfianza de las nuevas generaciones hacia una institución que se presenta esclerótica e inflexible, fuertemente clerical y anclada en un formalismo obsoleto.

*Fragmento de Actualizar y renovar la Doctrina Social de la Iglesia bit.ly/3OviOHm

Encuentro de Parroquias y Templos jesuitas de Buenos Aires

Testimonio de Ignacio Rey Nores SJ, sobre el Encuentro de Parroquias y Templos jesuitas de Buenos Aires, realizado el pasado 24 de Marzo.

El pasado viernes 24 de Marzo nos juntamos en el Centro de Espiritualidad Ignaciana de la Argentina un muy buen grupo de representantes de las comunidades de los templos y parroquias jesuitas de Buenos Aires. Fue una jornada armada y llevada adelante por los distintos referentes laicos de las comunidades de las parroquias de San Miguel (Patriarca San José y Perpetuo Socorro), de Quilmes (N.S. de Luján y N.S. de las Lágrimas), y de los templos de Regina Martyrum y del Salvador.

El lugar que nos cobijó la mayor parte del encuentro fue el Salón de Actos del Colegio, y allí tuvimos como primer momento un rato de animación llevado adelante por la gente de Luján, que nos hicieron cantar y bailar. Luego el P. Juan Berli hizo una bienvenida hablando de la importancia de este tipo de encuentros que facilitan la comunión y comunicación entre nuestras distintas comunidades. Sandra Miguele, referente de AMBA, también nos dio la bienvenida y nos contó cómo sería la jornada.

Un momento fuerte de la mañana fue escuchar el testimonio de tres personas de comunidades de la Parroquia N.S. del Perpetuo Socorro, quienes nos compartieron cómo Dios pasó por sus vidas a través de la espiritualidad ignaciana y de la pertenencia a la comunidad. Con esos testimonios como telón de fondo, nos ofrecieron unas puntos para la oración personal en donde se nos invitaba a tomar conciencia de cómo nos viene hablando Dios a cada uno de nosotros y a preguntarnos en qué momento de nuestro camino estamos.

Luego compartimos en pequeños grupos las resonancias de los testimonios y de la oración, y terminado este intercambio, un miembro de cada uno de los grupos compartió en plenario algo de lo conversado en el rato anterior.

Cerramos la mañana cantando todos juntos Alma misionera y tuvimos luego un buen tiempo para el almuerzo, en mesas distribuidas en el patio del CEIA, y todos íbamos y veníamos por las mesas donde se fue sirviendo lo que cada uno trajo, y así fuimos picoteando de manera muy gratuita y fraterna.

El bloque de la tarde lo iniciamos en el salón grande del CEIA. Allí el P. Juan nos hizo una presentación de la misión de las parroquias a la luz del magisterio del Papa Francisco, y luego dos de los jóvenes del templo del Salvador, Florencia y Cristian, nos ayudaron a entender la experiencia de “amigos en el Señor” que vivieron los primeros compañeros, sobre todo Ignacio de Loyola y Francisco Javier. Resonaron aquellas palabras que Ignacio le solía repetir al joven Javier “de qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma…”, y ese trabajo lento y constante que Dios fue haciendo en Javier a través del acompañamiento y del testimonio de vida de Ignacio. Se nos dio una consigna nueva para trabajar en pequeños grupos que consistía sobre todo en compartir los ámbitos de misión en nuestra comunidad donde nos sentíamos más a gusto y en hacer una lista de los distintos servicios que se llevan adelante en nuestras comunidades, para lo cual se nos dieron unos stickers.

Volvimos al salón del CEIA y allí hicimos una presentación en plenario de lo que escribimos en los stickers, y la dinámica era ir pegando luego esos stickers en un papelógrafo donde se había dibujado un gran árbol, con enormes raíces, un gran tronco y muchísimas ramas. Flor y Cristian agregaron luego lo importante que es que todos estos “frutos” surjan de tener en claro cuáles son nuestras “raíces”. Me tocó a mí hacer una síntesis de lo trabajado en la tarde, retomando la frase de Ignacio a Javier, e invitando a tomarnos en serio esto de tomar conciencia de nuestras raíces, tal como habla el Salmo 1, y de estar en contacto con el Amor de Dios, para lo cual hice énfasis en el texto de Juan 15 del sarmiento unido a la vid.

El cierre del encuentro fue con la Misa que se celebró en el salón de Actos del Colegio. Termino destacando la consolación de las personas de nuestras comunidades de Quilmes (y no dudo que también entre las otras comunidades), el sentir que fue un día de gracia, de esos que uno agradece haber estado allí: alegría que brota simplemente del poder encontrarnos y compartir lo que somos y hacemos allí donde vivimos, allí donde estamos, allí donde celebramos el Reino de Dios entre nosotros.