Mesa dela comunidad parroquial en fiesta al aire libre

La parroquia y nuestro Dios Trino

El Domingo de la Santísima Trinidad debería ser el día de las comunidades cristianas. El verdadero sacramento y signo de este misterio trinitario debe serlo la iglesia en su conjunto. La reciente noticia de la comunidad contemplativa de las clarisas en Burgos no deja de ser el mayor anti signo de lo que es realmente la espiritualidad de lo trinitario. Allí donde hay un signo de comunidad y de unidad, allí está el Dios trinitario…donde hay dos o tres reunidos en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos. Donde hay separación y división ahí está el espíritu del mal.

 

Así lo recoge el Evangelio de Mateo (28,16-20): “En aquel tiempo, los Once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo»”.

 

Trinidad y comunidad

Por los concilios de Toledo se decía con acierto y gracia que creemos en un solo Dios, pero no en un Dios Solitario. La realidad económica de la Trinidad revelada a lo largo de la historia de la salvación nos muestra el sentido comunitario de lo divino. La relación del Padre con el Hijo desde el Espíritu nos adentra en el misterio del amor divino, en sus realidades personales con esa comunicación de amor que les hace uno y únicos.

La realidad creada está llamada a ser insertada en ese amor trinitario. El proceso cristológico que sustenta la eclesiología es de ese orden de amor fraterno y trascendente, la Iglesia es y existe para la fraternidad universal como horizonte último en el que todo será en Cristo, unificado y glorificado.

 

Iglesia y Trinidad, comunidades oasis

La Iglesia no tiene otro fundamento y fuente en la que beber que no sea la Trinidad. Ella es fruto de esa relación trinitaria y está llamada a ser y vivir en relación con ella y como ella. Sacramento de la unidad de Dios y de la unidad de Dios con los hombres. Fundada en Cristo, es alimentada por su Espíritu resucitado, para llevar a los hijos de Dios al encuentro con el Padre. Nada puede hacer por su cuenta, todo ha de hacerlo como el Padre en el Hijo por el Espíritu Santo. Estas verdades teológicas se plasman en la construcción de comunidades de vida donde la fraternidad, el perdón, la justicia y la paz estén presentes.

 

La dimensión eclesial de nuestra fe pasa por la vivencia de la comunidad en lo singular y concreto de los espacios propios en los que vamos proyectando nuestras vidas y conociendo a Jesucristo junto a los hermanos. Según nos vamos adentrando en la vivencia de la fe surgen en nosotros los deseos de construir espacios fraternos que sean verdaderos oasis para la sed del mundo y el cansancio de la historia.

 

Las comunidades cristianas, alimentadas por el Padre, han de ser fiel a sus deseos de salvación, lugares donde puedan llegar los sedientos, los cansados del camino, los agobiados, los tristes para encontrar en los hermanos el descanso, la paz, la alegría, el agua de la vida. En ellas se ha de ofrecer el verdadero conocimiento de Jesucristo que lleva a la comunión con él, provocando el deseo de seguirle y tener sus mismos sentimientos de amor y servicio a la comunidad.

 

En la comunidad experimentaremos cómo el Espíritu se derrama en nuestros corazones para liberarnos de los miedos y darnos la fuerza necesaria para liberar, desatar, perdonar, curar, levantar. No se trata de heroicidades conseguidas con nuestra voluntad, sino de apertura a la acción del Espíritu de Jesús que actúa en nuestra debilidad y más allá de nuestros pecados para que otros muchos puedan salvarse. Hoy se nos pide volver a nuestra fuente y nuestra raíz la Trinidad, su comunidad y amor fundante.

 

La parroquia del porche: nuestro lugar y signo trinitario

Recientemente celebramos a bombo y platillo, cuando nos dejó la pandemia, ese número de cumpleaños que invita a pararse y reflexionar, para alabar y dar gloria a Dios. Nuestra parroquia de Guadalupe cumplía sus primeros 25 años. En realidad, nada comparado con lo que es la historia de la Iglesia, sus dos milenios, pero también es verdad que la Iglesia no sería lo que es sin esa multitud tan concreta de comunidades eclesiales parroquiales. Las comunidades cristianas como sacramento de la eclesialidad que ha de ser sacramento de la unidad de los hombres entre sí y de éstos con Dios. Pero al hilo de la Trinidad y su celebración os quiero hablar de una realidad simbólica que ha sido el porche, así lo pensábamos cuando lo inauguramos…

 

En la parroquia estrenamos por aquellos años un porche que acababa de ser construido, junto a unas escaleras nuevas para que no hubiera peligro en el salón de arriba, era algo que nos exigían legalmente. Pero la idea del porche nacía de otros planteamientos. La parroquia está ahí desde hace unos cuantos, de años, se hizo una primera parte de un proyecto más ambicioso y se habilitó el salón de actos como templo, la idea era hacerlo cuando se pudiera; sin embargo, ha sido más urgente hacer el porche que un templo nuevo. La razón fundamental es que queremos que sea una parroquia de acogida y de encuentro, nos faltaba un espacio en el que detenernos, saludarnos tranquilamente, en el que jugaran los niños cuando vienen a catequesis, donde se pudiera estar por estar, y sobre todo donde pudiéramos celebrar cosas de vida y fiesta.

 

De alguna manera, entendiéndolo bien, se imponía pasar del Dios del Templo al Dios del porche, al servicio de la comunidad, así que ahora tenemos un templo digno, pero un porche casi de lujo en su pobreza y en su sencillez, esto parece más casa amplia de la comunidad parroquial, en la que templo, salones y salas, amén de porche, junto al patio se conjuntan en esa armonía de hogar y taller en el calor y en la luz de la comunidad heterogénea, abierta y luminosa.

 

En ese porche hemos vivido momentos de comunión y compartir que quedarán grabados en los corazones de niños, jóvenes, adultos, abuelos, asociaciones, instituciones que rodean a la parroquia de cuidado de personas con dificultades y necesidades especiales.  Cuántas veces hemos bailado, rezado, comido, cantado, convivido…qué gozo la algarabía de los encuentros y de los aperitivos, de las celebraciones pasando de la misa a la mesa. Recuerdo como anécdota como mi madre imposibilitada, cuando le decía que hoy iría a la historia del aperitivo – el día que se inauguraba y bendecía el porche- , me dijo con su voz apagada: “Muy bien hijo… porque no es lo que se come es lo que se vive y se disfruta en ese relacionarse con los otros”. Allí estaba el espíritu de una parroquia que se está haciendo y va avanzando con alegría, con aquellos que la comenzaron desde lo poco, siendo grano de mostaza, junto a todos los que ya se van agregando y vienen a anidar a sus ramas. Un proceso de vida comunitario que es ilusionante.

 

¡’Viva el porche de la parroquia de Guadalupe’! ¡Viva esta forma de bendecirlo Viva el Dios que lo habita en la intemperie!. Alabado sea el Dios trinitario que nos ha hecho a su imagen.

 

Siguen llegando personas que buscan espacio comunitario parroquial, yo me acuerdo de ellos y sus deseos de participar, al celebrar la fiesta de la trinidad como signo de la dimensión comunitaria de lo divino y de la fe. Bienvenidos y ojalá la comunidad sepa acogeros y daros el lugar y la vida que buscáis para vuestros hijos y para vosotros.

 

José Moreno Losada

@vidanuevadigital

Evangelio del Domingo: “RECIBID EL ESPÍRITU SANTO”

Domingo de Pentecostés – Ciclo B (Juan 20, 19-23)

Concluimos este año la celebración de la Pascua del Señor con la solemnidad de Pentecostés, en la que se actualiza para toda la Iglesia y para cada uno de nosotros el gran don del Señor Resucitado, el don del Espíritu Santo. El evangelio de este domingo recoge precisamente ese gesto y ese momento tal como nos lo narra el evangelista Juan: “sopló sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo”. Un soplo que es soplo de vida, de vida nueva, de nueva creación, y que rememora aquel primer soplo de vida que infundió Dios al género humano en el momento de la creación: “Entonces Yahvé Dios modeló al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente” (Génesis 2, 7).

Las tres lecturas que nos propone la liturgia de este domingo inciden en tres dimensiones que la acción del Espíritu hace posible en la historia humana y que, creo, son especialmente significativas en nuestro mundo de hoy. Son, en su conjunto, una “nueva” y necesaria propuesta de vida.

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, hace hincapié en una fraternidad universal más allá de la diversidad de lenguas: “cada uno oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua” (Hechos 2, 11). Así es: Dios es el Dios de todos y para todos, Dios no excluye a nadie de su amor y de su bondad; somos los humanos, o, mejor dicho, nuestro egoísmo y nuestra soberbia los que excluyen y marginan. El Espíritu de Jesús es una propuesta de fraternidad universal más allá de la diversidad de lenguas y culturas.

La segunda lectura, tomada de la primera carta a los Corintios de Pablo, hace hincapié en la comunión eclesial más allá de la diversidad de carismas. Porque hay muchos y diversos carismas, que sólo son tales si confluyen en el bien de todo el cuerpo: “a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (1ª Corintios 12, 7). El problema en la Iglesia no es la diversidad de carismas, de sensibilidades evangélicas; el problema es cuando un carisma se cree el único valioso o superior a los demás y toma posturas excluyentes. El Espíritu de Jesús es un espíritu de comunión; no de uniformidad, pero sí de comunión.

El texto evangélico de Juan que nos propone la Iglesia hoy vincula de modo inmediato y directo el Espíritu de Jesús con la misericordia: “Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados”. La misericordia era evidentemente una característica básica del espíritu, del modo de ser de Jesús. Una misericordia que no eran sólo palabras, sino acogida de los pecadores y de los descartados, que era denuncia de las injusticias especialmente si se hacían en el nombre de Dios y que acabó siendo entrega de la vida.

Darío Mollá, SJ

@centroarrupevalencia

Evangelio del Domingo: “El señor Jesús fue elevado al cielo”

Solemnidad de la Ascensión del Señor – Ciclo B

(Marcos 16, 15-20)

 

La Iglesia nos propone en este domingo en que celebramos la Ascensión del Señor el final actual del evangelio de Marcos. Más allá de las discusiones de los especialistas en exégesis sobre si este es el auténtico final del evangelio de Marcos o es un texto añadido, los versículos que contemplamos nos permiten varias reflexiones que nos pueden ayudar y que os quiero proponer.

 

Comenzando por lo más nuclear del mensaje del evangelio de hoy, que “el Señor Jesús fue elevado al cielo”, nos ayudará caer en la cuenta de quién es ese Jesús, esa persona humana que está junto a Dios, sentado a la diestra de Dios Padre, tal como proclamamos en el Credo de la misa. Es el Jesús que nació pobre en Belén, y “al cabo de tantos trabajos de hambre, de sed, de calor, y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz” (Ejercicios Espirituales de San Ignacio nº 116). Es el Jesús que fue rechazado por muchos de sus contemporáneos y, de un modo particular, por las autoridades religiosas de su tiempo. Es también el Jesús que pasó haciendo el bien, amigo de pobres, pecadores, enfermos, olvidados. Ese Jesús es el que está junto a Dios; conviene no olvidarlo ni pensar que quien está junto a Dios Padre es “otro” Jesús distinto, hecho a nuestro gusto y medida. Los criterios de Dios Padre no son los criterios de “exaltación” humanos, son bastante distintos.

 

El segundo mensaje que quiero resaltar en el evangelio de hoy es la insistente llamada a ser testigos de ese Jesús y su evangelio en todas partes. En unas pocas líneas se habla de “todo el mundo”, “toda la creación”, “todas partes”. Seguramente el sentido primero de esta insistencia de universalidad es el geográfico; pero quizá en nuestro mundo ya tan interconectado y globalizado, esa llamada puede tener otro sentido, otra dimensión. Ser testigos en todos los ámbitos de nuestra vida (en la familia, en el trabajo, en nuestros círculos de amistad o de acción social), ser testigos dentro y fuera, donde sentimos calor y donde se nos acoge con frialdad o incluso con rechazo, en ambientes conocidos y en los desconocidos. Ser testigos de Jesús y de su evangelio siempre.

 

Acaba el evangelio de esta solemnidad citando unos “signos” que acompañarán a los que creen y que confirman que el Jesús que está junto a Dios sigue también estando con nosotros e intercediendo por nosotros (“no se ha ido para desentenderse” dice el prefacio de la misa de hoy), dándonos la capacidad y la fuerza para vivir la vida cotidiana, especialmente en sus dificultades, con otro ánimo y con otra fuerza con la que, además, seremos capaces de ayudar, aliviar sufrimiento y consolar a los que sufren.

 

Darío Mollá, SJ

@centroarrupevalencia

Papa Francisco preside celebración frente a cardenales romanos

Papa Francisco proclama el Jubileo 2025

 ‘¡Que la esperanza llene nuestros días!’

La esperanza es el tema general del próximo Jubileo Ordinario de 2025, tema reflejado en las palabras iniciales de la bula de invocación, titulada Spes non confundit (La esperanza no defrauda).

Largos pasajes de la bula fueron leídos antes de la celebración de las vísperas del jueves de la Ascensión, en la basílica de San Pedro, durante una ceremonia en la que fue entregado solemnemente el documento a los arciprestes de las cuatro basílicas papales, a los proprefectos del Dicasterio para la Evangelización y a los representantes de los obispos del mundo.

 

En Spes non confundit, el Papa Francisco anuncia que el Año Jubilar comenzará con la apertura de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, en la víspera de la Navidad de 2024.

“A lo largo del año”, escribe el pontífice, “se deben hacer todos los esfuerzos posibles para que el Pueblo de Dios participe plenamente en el anuncio de la esperanza en la gracia de Dios y en los signos que atestiguan su eficacia”.

 

Una oportunidad para renovarnos en la esperanza

«Todo el mundo sabe lo que es la esperanza», escribió el Papa en la introducción de la Bula. “En el corazón de cada persona habita la esperanza como deseo y expectativa de lo bueno que vendrá, a pesar de no saber lo que nos deparará el futuro”, sostuvo.

Expresando su deseo de que el Jubileo sea “una oportunidad para renovarnos en la esperanza, el Papa Francisco recordó que la peregrinación es “un acontecimiento fundamental de todo acontecimiento jubilar”, tradicionalmente asociado a la búsqueda humana del sentido de la vida.

En particular, invitó a todas las Iglesias particulares del mundo a preparar a los sacerdotes y a los fieles para la confesión sacramental, que debería estar disponible durante todo el Año Jubilar.

isologotipo jubileo 2025 peregrinos de la esperanza

La Iglesia necesita esperanza

“La Iglesia necesita esperanza”, añadió el Papa, para que nunca olvide que, “como Esposa de Cristo, es amada con amor eterno y fiel, llamada a mantener en alto la luz del Evangelio y enviada a llevar a todos el fuego que Jesús trajo definitivamente al mundo”.

“Cada uno de nosotros, hermanos y hermanas, necesitamos esperanza en nuestras vidas”.

“Hermanos y hermanas”, concluyó, “que el Señor, resucitado de entre los muertos y ascendido al cielo, nos conceda la gracia de redescubrir la esperanza, de proclamar la esperanza y de construir la esperanza.+

 

Fuente: @aica

Presentación del Logo t.ly/NKup0

pulsando

58a Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. “Inteligencia artificial y sabiduría del corazón”

“Inteligencia artificial y sabiduría del corazón: para una comunicación plenamente humana” es el título del mensaje del Papa Francisco para la 58ª Jornada mundial de las comunicaciones sociales pautada para el domingo de la Ascensión.

Es un tema que el Santo Padre ha dedicado mucha atención en este año, sobre todo cuando la humanidad vive una época que “corre el riesgo de ser rica en tecnología y pobre en humanidad, nuestra reflexión sólo puede partir del corazón humano”.

A continuación, cinco claves de lectura del documento 

  1. Descifrar la sabiduría del corazón

El Papa aseguró que sólo recuperando la sabiduría del corazón “podremos leer e interpretar la novedad de nuestro tiempo y redescubrir el camino de una comunicación plenamente humana” en medio de los avances tan vertiginosos.

Describe el corazón no como una unidad abstracta, sino que “bíblicamente” el corazón es “la sede de la libertad y de las decisiones más importantes de la vida” y, especialmente, “el lugar interior del encuentro con Dios”.

La sabiduría del corazón es “esa virtud que nos permite entrelazar el todo y las partes, las decisiones y sus consecuencias, las capacidades y las fragilidades, el pasado y el futuro, el yo y el nosotros”.

Por tanto, “no podemos esperar esta sabiduría de las máquinas” aún cuando “las máquinas poseen una capacidad inconmensurablemente mayor que los humanos para almacenar datos y correlacionarlos entre sí”, pero “corresponde al hombre descifrar su significado”. 

  1. Vencer el delirio de omnipotencia

El avance tecnológico implica desmontar esa narrativa de autosuficiencia humana para “despertar al hombre de la hipnosis en la que ha caído debido a su delirio de omnipotencia, creyéndose un sujeto totalmente autónomo y autorreferencial, separado de todo vínculo social y ajeno a su creaturalidad”.

El Santo Padre advierte sobre “la tentación original de llegar a ser como Dios sin Dios” y “de querer conquistar por las propias fuerzas lo que, en cambio, debería acogerse como un don de Dios y vivirse en la relación con los demás”.

  1. Contrarrestar la desinformación

¿Oportunidad o peligro? Es un dilema siempre latente al hablar de los sistemas de inteligencia artificial. El Sumo Pontífice señala que “pueden contribuir al proceso de liberación de la ignorancia y facilitar el intercambio de información entre pueblos y generaciones diferentes”.

Sin embargo, al mismo tiempo “pueden ser instrumentos de contaminación cognitiva, de alteración de la realidad a través de narrativas parcial o totalmente falsas” que se creen —y se comparten— como si fueran verdaderas.

Él mismo ha mencionado que fue víctima de estas manipulaciones de la IA  cuando circularon fotos (deepfakes) que “parecen perfectamente verosímiles pero que son falsas”.

Por ello, ha invitado a actuar preventivamente y proponer modelos de regulación ética para “frenar las implicaciones nocivas y discriminatorias, socialmente injustas, de los sistemas de inteligencia artificial y contrarrestar su uso en la reducción del pluralismo, la polarización de la opinión pública o la construcción de un pensamiento único”. 

  1. Implicaciones éticas

A pesar de los prometedores avances “estamos llamados a crecer juntos, en humanidad y como humanidad”. El reto consiste en “dar un salto cualitativo para estar a la altura de una sociedad compleja, multiétnica, pluralista, multirreligiosa y multicultural”.

Para Francisco “es inaceptable que el uso de la inteligencia artificial conduzca a un pensamiento anónimo, a un ensamblaje de datos no certificados, a una negligencia colectiva de responsabilidad editorial”.

En este sentido, la información está ligada a la relación existencial: “Implica el cuerpo, el estar en la realidad; exige poner en relación no sólo datos, sino también las experiencias; exige el rostro, la mirada y la compasión más que el intercambio”.

También la inteligencia artificial “podrá contribuir positivamente en el campo de la comunicación si no anula el papel del periodismo sobre el terreno” y, por el contrario, “lo respalda”.

Aquí prima un tema ético: la responsabilidad directa del comunicador sobre los contenidos que genera y devolver a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación. 

  1. Discernir juntos

Son muchas las interrogantes en torno a las secuelas de la inteligencia artificial, “la respuesta no está escrita, depende de nosotros”, dice Francisco. Corresponde a cada quien “si se convierte en alimento de algoritmos o en cambio sí alimenta su corazón con la libertad”.

Agrega que la sabiduría del corazón “madura sacando provecho del tiempo y comprendiendo las debilidades”. Una tarea que crece “en la alianza entre generaciones, entre quienes tienen memoria del pasado y quienes tienen visión de futuro”.

El Papa explica que en un “todos juntos” crecerá “la capacidad de discernir, de vigilar, de ver las cosas a partir de su cumplimiento. Para no perder nuestra humanidad, busquemos la Sabiduría que es anterior a todas las cosas”.

En definitiva, la sabiduría “nos ayudará también a orientar los sistemas de inteligencia artificial a una comunicación plenamente humana”.

Descargue el Mensaje en PDF t.ly/wj_pc

Fuente @adncelam t.ly/JnuSK

amigos conversando frente a puesta de sol

Evangelio del Domingo: ‘No los llamo siervos… los llamo amigos…’

El evangelio de este domingo nos ofrece un precioso y profundo fragmento del discurso de despedida de Jesús a sus apóstoles que el evangelista Juan sitúa entre la Cena y la Pasión. Aunque mi comentario se va a centrar, como de costumbre, en el evangelio y en una frase del evangelio, vale la pena que junto con este texto meditemos y saboreemos la segunda lectura de este domingo que es de la Primera Carta de San Juan, capítulo 4, versículos 7-10. Ambos textos forman una unidad de mensaje.

¿Y cuál es ese mensaje? Que Dios no es amo, sino Amor. ¡Cómo cambian las cosas con una sola letra! Porque si nosotros no somos siervos, Dios no es un amo; y si nosotros somos amigos, Dios es el Amigo que nos ama, cuya relación con nosotros no es el poder sino la amistad y Dios no quiere que seamos personas sometidas o sumisas, sino personas agradecidas. Todo esto, que de entrada pueden parecer consideraciones más o menos abstractas o teóricas, tiene consecuencias muy concretas y prácticas, de las cuales me voy a fijar sólo en algunas.

El amo obliga a que los siervos acaten su voluntad lo más fielmente posible en cumplimiento de unas órdenes para su servicio. El Amor es, por el contrario, el que se pone al servicio de la persona amada para ayudarle en todo lo posible. Por eso Jesús se pone a los pies de los discípulos en gesto y ejemplo de servicio. El amo es el que sojuzga, y en el tiempo de Jesús los amos no sólo sojuzgaban, sino que esclavizaban, mientras que el amor libera y pide una relación basada en la libertad. ¿Cuál es nuestra vivencia de Dios? ¿Quién es Dios para nosotros: el que nos esclaviza o el que nos libera?

La segunda consecuencia tiene que ver con el modo y el espíritu con el que vivimos nuestra religión cristiana y nuestro seguimiento de Jesús. ¿Desde la obligación o desde la libertad? La eucaristía, diaria o dominical, no la podemos vivir como una más o menos penosa obligación sino como una ocasión de encuentro con el Amigo, de escuchar su palabra, de participar de su comunión. Con respecto al amo cabe el temor de fallar, de no estar a la altura de sus exigencias; con respecto al Amigo sólo cabe la confianza en su comprensión y en su generosidad.

Una última reflexión: cundo nos sentimos tratados como siervos, también nosotros nos situamos como amos de nuestros hermanos. Y cuando experimentamos y vivimos de verdad que Jesús nos trata con el cariño y la libertad del Amigo y se pone a nuestros pies, sólo entonces también nosotros somos capaces de ponernos a los pies de nuestros hermanos.

Darío Mollá, SJ

jóvenes varones en aula escuchando exposición

Jesuitas en las fronteras. El compromiso de los jesuitas con la curación y la responsabilidad

En los últimos años han salido a la luz escándalos en muchos círculos – incluida la Iglesia católica – relacionados con diversas formas de abusos cometidos en particular contra menores, pero también contra adultos. La Compañía de Jesús no ha quedado indemne, y algunos de sus miembros han tenido que admitir sus culpas en casos de abuso sexual, abuso de autoridad y acoso.

 

En 2018, en respuesta a esta deplorable situación y para evitar estos desmanes en el futuro, el Padre General aprobó la creación del proyecto Promoción de una Cultura Consistente de Protección (PCCP). Esta estructura de salvaguardia se está implementando ahora en todo el mundo con un programa de formación enraizado en la espiritualidad ignaciana y adaptado a las culturas locales.

 

Se trata de otro tipo de “frontera”, la del respeto a los más vulnerables y del acompañamiento a los que han sido heridos. Es un reto que sigue vigente y que requiere un compromiso colectivo.

 

 

 

https://youtu.be/bz0H-6QMV48

escultura de rocas en equilibrio sobre un rio

Ejercicios Espirituales, ordenar nuestros afectos

San Ignacio de Loyola ideó la experiencia de los Ejercicios Espirituales (EE) para vivirse durante 30 días. El objetivo principal era discernir el estado de vida (religioso/a o matrimonio) para servir al Señor. La aplicación de la experiencia le llevó 21 años reformularla de manera que se adaptara a “tiempos, lugares y personas” para que cada uno sacara mayor provecho. Se conserva las notas al margen del mismo Ignacio en una copia de los Ejercicios Espirituales, llamada “Autógrafa”, y varios “Directorios” donde se recogen las experiencias y recomendaciones para “dar” los Ejercicios de los primeros jesuitas.

En la actualidad, la experiencia de los Ejercicios se vive desde tres hasta 30 días, aunque también está la modalidad de Ejercicios en la vida diaria, la cual pide una oración diaria por varias semanas. ¿Para qué hacer Ejercicios Espirituales hoy?, ¿qué me aporta en mi crecimiento humano-espiritual?, ¿cómo sacar provecho? A continuación, presento algunas ideas que nos pueden ayudar a responder a estas preguntas…

 

  1. Un encuentro con el Dios de gratuidad

La experiencia de Ejercicios Espirituales es un espacio para encontrarse con el Dios que te ama entrañablemente y que busca lo mejor para ti.

Para sacar mayor fruto de esta experiencia, es importante detenerse, hacer silencio, escuchar y ver lo que Dios desea revelarte. Lo hace a través de los acontecimientos de tu vida, de algunas personas, un texto, una frase… algo que te deja consolada, consolado. La oración es un diálogo donde debemos callar y escuchar a Dios. Él siempre toma la iniciativa para revelarse a cada uno de nosotros.

Quizá un punto de partida es darte cuenta si te estás relacionando con el Padre Dios que nos reveló Jesús y no con un “dios” que está enojado, que castiga el mal hecho y que exige la perfección de sus hijos.

 

  1. Todo modo de examinar, meditar, contemplar, orar vocal y mentalmente (EE 1)

La experiencia de los Ejercicios tiene un modo y un orden. El objetivo que pretende san Ignacio es despertar en nosotros la sensibilidad para percibir la presencia de Dios que no es tan evidente como quisiéramos y que, muchas veces, pasa desapercibida porque estamos distraídos en muchas cosas.

Los Ejercicios están conformados de varios ejercicios que facilitan nuestro encuentro y diálogo con el Señor. Es importante que sigas fielmente las indicaciones propuestas por el acompañante y las pausas de la oración.

 

  1. Ordenar los afectos (relación con las personas, las cosas y las situaciones de la vida)

San Ignacio nos dice que la experiencia de los Ejercicios busca “ordenar” nuestro mundo de relaciones con las personas y las cosas. Podría decirse que el desorden es consecuencia de la falta de libertad en nuestra vida ¿Por qué se desordenan nuestros afectos? Porque estamos apegados a personas, cosas y dinámicas que nos dan afecto o seguridad pasajeras, por el miedo a perder esas fuentes, por miedo al rechazo, a la soledad, al vacío y a la condena; porque pensamos que nos da prestigio, poder y buena imagen.

Absolutizamos tanto nuestros objetos de apego que se convierten en “ídolos”, el problema es que, todas nuestras decisiones, están en función de esos ídolos los justificamos y los defendemos con buenos argumentos, incluso diciendo que son “la voluntad de Dios”.

 

  1. Una vez están ordenados nuestros afectos, podemos ‘buscar y hallar’ la Voluntad de Dios

La Voluntad de Dios se concretiza en el modo de ser y proceder de Jesús. Cuando en nuestra vida elegimos el modo de Jesús, hacemos la voluntad de Dios, es lo que llamamos el compromiso por hacer presente el Reinado de Dios.

La Voluntad de Dios tiene que ver con dos cosas:

  1. a) Que el ser humano tenga una vida digna (integridad, felicidad, bienestar, paz)
  2. b) Que hagamos de este mundo una casa común de fraternidad en comunión con la naturaleza.

A nosotros nos toca discernir el “cómo” vamos a realizar eso que Dios desea. Éstos son el criterio de discernimiento para saber si nuestro servicio, nuestra profesión, estilo de vida, decisiones van en la línea de la Voluntad de Dios.

 

  1. Vencerse a sí mismo (EE 21)

Sólo después de hacer un recorrido por los pasos anteriores podemos vencernos a nosotros mismos, es decir, es la experiencia del amor gratuito de Dios, es su gracia la que nos ayudará a ordenar nuestros afectos y cambiar nuestras vidas. Es un camino y una decisión personal.

Finalmente, para que podamos alcanzar todos estos frutos, san Ignacio nos pide que entremos en la experiencia con “mucho ánimo” y “disponibilidad”:

“Al que rescibe los exercicios mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su Criador y Señor, ofreciéndole todo su querer y libertad, para que su divina majestad, así de su persona como de todo lo que tiene se sirva conforme a su sanctísima voluntad”. (EE 5)

 

Por P. Erick Hernández, S.J.

@jesuitascam

Revista MANRESA 379: Diálogo entre la Teología y la Espiritualidad

¿Qué diálogo es posible y necesario establecer entre la Teología que se presenta como una ciencia y por lo tanto, se apoya en fundamentos lógico-racionales, y la Espiritualidad sostenida ampliamente por la afectividad y la experiencia concreta de la fe en una realidad eclesial, cultural e histórica determinada?

Siempre la fe se vive de un modo concreto. En este caso, el elemento de concreción, viene determinado no solamente por la realidad sociocultural y eclesial que vivimos, sino por una manera específica de entender la espiritualidad: nuestra clave hermenéutica es la espiritualidad ignaciana. Una reflexión teológica sin espiritualidad fácilmente se convierte en una ideología religiosa. Y una espiritualidad sin teología, con frecuencia, se ve arrastrada a espiritualismos intimistas y desencarnados. En los grandes maestros de la espiritualidad, teología y espiritualidad aparecen sólida y profundamente unidas, como en nuestro caso es Ignacio de Loyola.

Hace tiempo que la revista MANRESA quería dedicar un número a la relación entre Teología y Espiritualidad Ignaciana en concreto. En el año 2018, dentro de la colección Manresa se publicaba Dogmática ignaciana “Buscar y hallar la voluntad divina” [Ej 1], editado por Gabino Uribarri Bilbao, lo cual, supuso un avance decisivo y cualitativamente importante en esta dirección. Desde ese momento, todos los que trabajamos en Manresa empezamos a pensar en hacer una aportación, quizá más modesta, pero con una clara vocación de ser a la vez práctica y fecunda para todos aquellos que se dedican al ámbito de los Ejercicios Espirituales y de la espiritualidad nacida de Ignacio de Loyola. La praxis, el dar y acompañar Ejercicios ha sido nuestro punto de partida, pero hemos dado un paso más: relacionar propuestas, dinámicas, contemplaciones, “modo y orden”, etc., que encontramos en los Ejercicios Espirituales con cuestiones, conceptos o temas relevantes de la Teología.

Comenzamos con un artículo de Josep Giménez Meliá, miembro del Consejo de Redacción de la revista que desde la consideración de las Tres Maneras de Humildad [164-168], hace una reelaboración del significado de la palabra humildad para el creyente actual. María Dolores López Guzmán, con su artículo, traza el rostro de Jesucristo que se puede descubrir en la espiritualidad ignaciana. Continua María José Schultz, exegeta y profesora de la facultad de Teología de Deusto, que se estrena en nuestra revista, dando pistas para el uso y la contemplación de la Escritura en los Ejercicios espirituales. Eduard López Hortelano desarrolla el tema de la gracia en los Ejercicios desde una comprensión de la gracia y la libertad como una unidad dialéctica.

Continúan dos artículos que relacionan la Teología Moral con propuestas de los Ejercicios: José Ramón Busto se centra en la relación entre la Primera Semana y la concepción del pecado que subyace; y Julio Martínez establece un diálogo entre Moral y espiritualidad ignaciana en torno a los conceptos de libertad y autoridad. Rogelio García Mateo buceará en las “raíces paulinas” en Ignacio de Loyola y Francisco Javier, dos de los fundadores de la Compañía de Jesús.

El número concluye con las tres secciones fijas de la revista: Semblanzas dedicada a un “grande” de la Iglesia y de la Espiritualidad Ignaciana en los últimos tiempos: Carlo María Martini que escribe el jesuita italiano Carlo Casalone. En Ayudas para Ejercicios, David Guendulain escribe sobre el sentido y la relevancia de los sacramentos y la liturgia en los Ejercicios y Javier Cía aborda el tema de las adiciones para la oración. El número no agota el tema, es un humilde primer paso. Probablemente aparezcan, más adelante, otros números que sigan acercándose a esta cuestión desde otros aspectos y perspectivas, que hagan fecundo y rico este necesario diálogo entre Teología y Espiritualidad Ignaciana.+

@infosj

Evangelio del Domingo. YO DOY MI VIDA

En apenas ocho versículos que contiene el evangelio de hoy se repite por tres veces la expresión “dar la vida”.

 

En la primera de ellas Jesús habla de un “buen pastor” que es bueno porque “da su vida” por las ovejas. En la segunda y tercera, Jesús se identifica a sí mismo como ese buen pastor y el sujeto de las afirmaciones es “yo”: “yo doy mi vida”, “yo entrego mi vida”.  El cuidado del buen pastor por las ovejas es un cuidado que nace del amor por ellas, y porque nace del amor es un cuidado que puede llegar a dar la vida. Porque ese dar la vida nace del amor Jesús puede decir con verdad “nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente”. Con la libertad plena que sólo da y que sólo explica el amor.

 

El evangelio de hoy puede ser leído y aplicado, y quizá también argüido, a los que llamamos “pastores” de la Iglesia. No es inadecuada ni incorrecta esa lectura y aplicación y, obviamente, es una primera lectura que podemos hacer de este texto. Parece confirmar esa línea de interpretación el hecho de que este domingo de Pascua sea dedicado a la Jornada por las Vocaciones. Es verdad que los “pastores” de la Iglesia debemos confrontarnos día a día con este Buen Pastor, porque como, por desgracia, nos enseña la historia pasada y reciente no siempre el comportamiento de los pastores ha sido el que pide el amor.

 

Pero el evangelio todo, y éste también, se dirige a toda la comunidad cristiana y no sólo a sus pastores. Quiero en este comentario ampliar esa lectura a todo el pueblo de Dios, a toda la comunidad de los seguidores de Jesús, porque todos somos llamados a seguir al Buen Pastor. Sí: todos estamos llamados a cuidar con amor de nuestros hermanos. El evangelio de hoy es una llamada universal a todo el pueblo de Dios.

 

El cuidado es la delicadeza en el amor, el amor llevado a sus límites más entrañables, más humanos. Un cuidado que debe ser especialmente exquisito con los hermanos más débiles y pobres. Y con aquellos que, por las causas que sean, se encuentran en situación más delicada, más amenazada, menos protegidos. Lo que Jesús dice en el evangelio de hoy es que no hay amor sin entrega, sin donación. No hay amor barato, no hay amor a coste cero. El amor extremo de Jesús por nosotros le llevó a darse por entero. Y si nuestro amor nos compromete en serio con los demás, ese amor nos va a pedir, inevitablemente, renuncias y sacrificios: de nuestro ego, de nuestro modo de pensar y de vivir, de nuestro tiempo y comodidades, de nuestros proyectos personales.

 

La experiencia de sentirnos amados por el Buen Pastor será la que nos dé la fuerza para también nosotros amar y cuidar a nuestros hermanos.

 

Darío Mollá, SJ

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