¿Una Iglesia irrelevante?

Si hacemos el ejercicio intuitivo de proyectarnos a cinco o diez años vista, la pregunta que hay que hacerse es si la Iglesia catalana está caminando irremediablemente hacia la irrelevancia. Sin voz ni presencia públicas. Sin que se espere demasiado de ella. Más aún: si eliminamos la fuerza y la energía de las propuestas del Papa Francisco, ¿qué queda como voz y presencia propia de la Iglesia catalana? Cuidado: irrelevante no significa insignificante. Es compatible ser irrelevante con ser significativo. La Iglesia ocupa un espacio significativo en el ámbito educativo. Acoge y cuida a personas y grupos en las más diversas situaciones.

Está presente en muchas periferias sociales donde cubre un vacío retóricamente muy valorado por los poderes políticos y económicos, en la medida en que llena agujeros que a menudo nadie quiere atender, pero, en el fondo, a condición de que realice un servicio paliativo y no cuestione el equilibrio confortable de los mismos poderes políticos y económicos. Si algún día las instituciones de ámbito eclesial y de inspiración u origen cristiano dejaran todas a la vez de hacer la contribución que hacen, el cataclismo social que viviríamos sería de los que hacen época.

Pero esto es compatible con su progresiva desaparición del espacio público. Se diría que la opinión pública funciona desde el supuesto de que de la Iglesia solo se puede esperar fundamentalismo, abusos o irrelevancia. Y como es muy fácil etiquetar de fundamentalismo o de indoctrinación cualquier intento de tener voz propia, a veces parece que por miedo a este tipo de descalificaciones se acepta resignadamente la irrelevancia que permite vivir tranquilo en el propio vallado. Una irrelevancia que quiero ahora resaltar que se juega, entre otros, en dos campos: la voz pública y las identidades institucionales.

En la Iglesia se tiene experiencia directa y algo que decir en muchos ámbitos públicos concretos

En el espacio público parece que nadie espere de la Iglesia nada que decir en los debates que se plantean, ni que ella tenga mucho interés en hacerse presente. Cuando se habla de cultura, la teología no está ni se la espera, y vete tú a saber quién iría si se diera el caso. Incluso si partimos del supuesto —discutible— de que en Cataluña no hay voces eclesiales relevantes, cuando se organizan encuentros internacionales tampoco parece que se encuentre nadie a quien invitar. En la Iglesia se tiene experiencia directa y algo que decir en muchos ámbitos públicos concretos: políticas de vivienda, acogida e integración de migrantes, retos y desigualdades educativas, tratamiento de la pobreza y la exclusión, impacto humano de la IA… Pero bueno: que actúen pero que no digan nada, y más si no encajan en los consensos políticamente correctos (excepto si es necesario dar una pátina de pluralismo en debates supuestamente propios de católicos, como la eutanasia o el aborto).

Y que la cuestión religiosa como tal no aparezca, si no es en el formato de macedonia antropológica estilo «La Noche de las Religiones». El diálogo inter e intra religioso puede servir para cubrir expedientes y prevenir conflictos, pero no se le atribuye un interés intrínseco de presente, y menos de futuro. De hecho, hoy la consigna implícita es espiritualidad sí, religión no. Lo cual, en un contexto multirreligioso y laico podría tener sentido, si tan a menudo no se redujera la espiritualidad a una mezcla de bienestar emocional, autoayuda y coaching a la moda. Pero hablar de Dios, de sentido o propósitos vitales solo lleva a la prevención del fundamentalismo y la indoctrinación o a la promoción activa de la indiferencia.

En algunos ámbitos eclesiales, a veces se confunde proyección hacia el futuro con gestión resignada de la disminución, con una mezcla de melancolía y atrincheramiento.

Volvamos a proyectarnos cinco o diez años en adelante: tenemos instituciones de inspiración o fundación cristiana. Algunas con su identidad vinculada a instituciones religiosas (escolapios, vedrunas, jesuitas, Lestonnac, obispados, etc.). Muchas son educativas, pero las hay de muchos otros tipos. ¿Cómo hacer que su identidad no sea una etiqueta o un recuerdo de los orígenes en los discursos de inicio de curso? ¿Cómo hacer que su identidad sea relevante para los que están ahí y para los que se acercan a ella? (Y más si tenemos en cuenta que identidad no significa protección del pasado, sino proyección de futuro). En los últimos años se han tomado muchas y magníficas iniciativas en esa dirección. Pero, en términos de identidad, es necesario hacer hincapié, de forma integrada, en tres dimensiones: formación de quienes forman parte de la institución, acompañamiento de los responsables y directivos, y gobernanza institucional. Porque la identidad será el resultado de esa triple integración y, si falla una de las patas, cae.

En algunos ámbitos eclesiales, a veces se confunde proyección hacia el futuro con gestión resignada de la disminución, con una mezcla de melancolía y atrincheramiento. Es otra forma de optar por la irrelevancia. Pero afrontar esto comporta entrar en otro ámbito, que ahora no podemos plantear, pero que sin duda forma parte nuclear del riesgo de la irrelevancia: el camino que hay que recorrer para que la Iglesia sea una Iglesia de cristianos, y no solo de los obispos y del clero. Camino que sería un colosal error reducir solo a una cuestión de estructuras y relaciones de poder. Pero, sobre todo, un camino que hay que recorrer reconociendo de entrada que si se esperan cinco o diez años igual ya no se está a tiempo. Entonces habrá sido la propia Iglesia la que habrá optado activamente por la irrelevancia.

Josep M. Lozano

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Card. Rossi SJ: ‘Estamos llamados a ser amigos de los pobres’

La arquidiócesis de Córdoba celebró la VIII Jornada Mundial de los Pobres con distintas actividades llevadas a cabo por la Vicaría de Pobres. En su mensaje, el arzobispo instó a la fraternidad social.

«La Jornada Mundial de los Pobres en este año dedicado a la oración, con vistas al jubileo del 2025, nos recuerda que ‘la oración del pobre sube hasta Dios’ (SI 21,5)», expresó el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Rossi SJ.

En su mensaje con motivo de la jornada, instaurada por el papa Francisco en 2017, el prelado recordó la invitación del pontífice a «hacer nuestra la oración de los pobres y rezar con ellos, lo cual requiere un corazón humilde que tenga la valentía de convertirse en mendigo, un corazón dispuesto a reconocerse pobre y necesitado».

«Los pobres en su oración expresan su necesidad con sencillez, sin vueltas, o como se dice ahora: ‘van al hueso’, lo cual es una ocasión propicia para ayudarlos, para llevar a cabo iniciativas que ayuden concretamente a los pobres, que respondan a sus necesidades reales, y también para reconocer y apoyar a tantos voluntarios que se dedican con pasión a los más necesitados», destacó.

A su vez, citando a la Madre Teresa de Calcuta añadió: «Cuando rezo, Jesús pone su amor en mi corazón y yo salgo a entregarlo a los pobres que encuentro en mi camino». Y planteó: «Estamos llamados a ser amigos de los pobres, lo cual no es fácil, es gracia, se pide, se trabaja, se purifica. Y para ser amigos no hay que esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida», animó.

Por último, recordó que «todos los miembros del conjunto social y eclesial tenemos la obligación humana y cristiana de transformar las cuestiones de fondo que condicionan, hipotecan y muchas veces descartan las vidas de nuestros hermanos más pobres».

«A ustedes hermanos más pobres, heridos y tantas veces maltratados les pedimos perdón y queremos que sepan que la Iglesia es su casa, que ustedes tienen un lugar de predilección en el corazón de Jesús, queremos aprender a caminar juntos, a latir juntos en ese corazón de Jesús para sentir, pensar, organizar la vida y transitar los sueños, proyectos y anhelos que ustedes tienen», concluyó.

Tres ejes para celebrar la Jornada

El viernes 15 de noviembre, desde el eje «asistencia», se realizó un encuentro de bendición, cena y música en vivo en el atrio de la catedral con personas en situación de calle.

El sábado 16, con eje en el «trabajo», se desarrolló una feria de emprendedores y economía popular con radio abierta.

Este domingo 17 de noviembre, desde el eje «fe», el arzobispo compartió un mensaje para la ocasión tanto en la Misa Radial de las 8 por Cadena 3 como en la celebración de la catedral a las 11.+

Enlace a la Homilía dominical @cadena3 t.ly/TnZSV

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Comunicado de la Compañía de Jesús en Valencia tras la devastadora DANA que azota a la Comunidad

El 29 y el 30 de octubre de 2024 serán recordados como días trágicos para la provincia de Valencia. El devastador temporal vivido en las últimas horas en nuestra provincia y en territorios colindantes, ha dejado un reguero de muerte y desgracias que nos afecta profundamente y nos deja tristemente desolados: a la pérdida de seres queridos, se suma la incertidumbre por la situación de tantas personas que se encontraban fuera de casa en los peores momentos del temporal, el daño de muchos bienes materiales de primera necesidad, y un sinfín de situaciones ante las que nos sentimos irremediablemente vulnerables y desbordados en sus consecuencias.

La Compañía de Jesús en Valencia, junto con tantas personas que forman parte de sus obras y comunidades apostólicas, quiere hacer un llamamiento a aunar esfuerzos, estrechar la solidaridad y mostrar nuestra cercanía y ayuda a quienes peor lo están pasando. Es tiempo de comprometernos y colaborar con las instancias oficiales y sociales para paliar las urgencias que están surgiendo.

Es tiempo de movilizar aquellos recursos que podamos tener a mano, para hace más llevadera esta carga a quienes más lo necesitan. En otras palabras, se hace necesario que todos “empeoremos”, en mayor o menor grado, para mejorar la situación de quienes se encuentran más afectados.

Aún estamos valorando las consecuencias de esta dramática situación, pero ya queremos anunciar nuestra intención de abrir algún canal común de ayuda. Asimismo, en fecha y lugar que se indicarán más adelante, celebraremos una Eucaristía para pedir por las víctimas y por tantas personas afectadas por este temporal de muerte y desgracia.

Rogamos al Dios de la vida que nos muestre el mejor modo de vivir como una única comunidad humana; una comunidad que sabe compartir no solo los gozos, sino también las desgracias, para así seguir alentando la esperanza que nos sostiene.

Abel Toraño Fernández, SJ
Delegado de la Compañía de Jesús en Valencia

t.ly/kPO5P

R. Olaizola SJ. Hablar de Dios sin hablar de Dios

Una tensión indudable en la pastoral de hoy es la que tiene que ver con el lenguaje y lo explícito. ¿Qué decir y qué callar? ¿Ser explícitos o implícitos? ¿Hablar de contenidos religiosos o de valores humanistas que sean más comúnmente aceptados? No hay una respuesta única, sino muchos contextos y situaciones diferentes.

Hay algunos lugares donde, por trayectoria, por educación, o por prejuicio, en cuanto mencionas la palabra «Dios» u otros términos claramente religiosos, la gente puede desconectar. Ocurre un poco como con aquellos atenienses que, oyendo a Pablo hablar de la resurrección de los muertos, se pusieron estupendos y le dijeron que ya si eso le escucharían otro día. En esos contextos, puede ayudar empezar a hablar desde vivencias, intuiciones, anhelos o ansias que son universales, para conectar con las personas, antes de llegar a intentar mostrar cómo esas ansias apuntan a Dios.

En cambio, hay contextos donde precisamente lo que se busca y se espera hoy en día es la explicitación religiosa. Porque en esos ámbitos hablar tan solo de valores, psicología o conceptos que lo mismo se utilizan en una tertulia televisiva, en un mitin político, en la rueda de prensa de una ONG o en una charla entre amigos, siendo todo ello muy valioso, no es suficiente. Y es que tal vez hoy de un agente de pastoral se espera algo más.

Aquí no caben los maximalismos. No cabe decir que siempre y en todo momento hay que explicitar la propia fe, como no cabe decir que es que para ser inclusivo no puedes hablar de ella por miedo a que desconecten los que no la comparten. Creo que hay varias preguntas necesarias antes de decidir cómo hablar.

Una, ¿a quién quieres llegar? ¿a gente ya creyente? ¿a gente en una búsqueda religiosa? ¿a gente distante? ¿a los alejados?

Dos, ¿en qué foro estás hablando? Si es un ámbito de pastoral, yo diría que hoy en día se hace necesaria la explicitación, porque cada vez hay más ignorancia. Hay cada vez más gente que sobre la religión ya no tiene ni siquiera prejuicio, sino sólo un desconocimiento total. Es decir, pronto lo nuestro será de verdad (ya lo es bastantes veces) un primer anuncio.

Tres, ¿qué quieres? Tan sencillo como eso. ¿Estás en un contexto evangelizador explícito? ¿Buscas dar formación religiosa? ¿Mostrar la plausibilidad de Dios? ¿Dialogar, desde la fe, con los increyentes? Todo eso hoy requiere explicitación. O tal vez puedes estar en un contexto donde la construcción del Reino de Dios pasa por la cooperación con otros para algo más concreto, y ahí donde se está hablando de justicia tú sabes que se está hablando de bienaventuranza, donde se habla de derechos humanos tú hablas de Amor, y donde se habla de personas vulnerables tú hablas del prójimo y la parábola del buen samaritano, aunque no se explicite así.

De nuevo, y como en otros casos en esta serie de artículos, la tensión no se resuelve yéndose hasta uno de los dos extremos. La nula explicitación diluye la buena noticia. La constante y omnipresente explicitación tal vez dificulta el primer contacto con los alejados. Por eso, siempre será fundamental preguntarse antes a quién, dónde y para qué hablamos.

Dos pistas que quizás pueden ayudar. Quien se empeña en que siempre y solo hay que ser explícito, es posible que ya no sepa escuchar o intuir que el espíritu habla y sopla en muchos lugares, y hay que aprender a escucharlo y a percibirlo. Quien, en cambio, se siente incómodo explicitando su fe y no lo hace ni siquiera cuando sería posible y esperable, quizás ha asumido, sin darse cuenta, una actitud un tanto vergonzante, o presupone y acepta en los no creyentes un nivel de intolerancia que a menudo está más en el complejo del apóstol que en la actitud de quien escucha.

José María Rodríguez Olaizola, sj | @pastoralsj

https://pastoralsj.org/hablar-de-dios-sin-hablar-de-dios/

cruz en gargantilla sobre un cuello femenino

¿Por qué llevas esa cruz?

Si me pidieran una definición sencilla de mí misma, podría decir que tengo 20 años, soy estudiante y me confieso creyente. Sí, soy joven y creyente a la vez, y lo subrayo porque en nuestros días hay quien dice, con total seguridad en su afirmación, que eso es imposible. Que las palabras joven y creyente no casan bien en una misma frase, porque «los jóvenes ya no hacemos eso», porque «ser creyente es ser un carca», porque «la sociedad está cambiando».

Efectivamente, la sociedad está cambiando, pero no por ello la gente deja de apostar por la fe. Y digo apostar porque parece que en nuestros días creer supone arriesgarse a ser tomado en serio o no. Muchas veces, por miedo a perder una reputación, una seguridad o una confianza, preferimos callarnos y guardarnos lo que sentimos para alguien que comparta nuestra fe.

La gente creyente joven (y con joven me refiero a persona en edad universitaria) vive diariamente una serie de situaciones incómodas y sin sentido que hacen reflexionar. Son cosas tan simples como sentir vergüenza al decir que uno va a misa (o directamente ocultarlo) o llevar un signo religioso visible y que la gente le pregunte: «¿Por qué llevas esa cruz?» Pues ahí está la clave del asunto, ¿por qué llevamos esa cruz? ¿Por qué cargamos con el peso de la vergüenza y el incomodo cuando se trata de hablar de nuestra fe? Son muchas las ocasiones en que nos vemos obligados a callarnos o a minimizar nuestras creencias por miedo a lo que puedan pensar. Por miedo a que nos encasillen como ‘antiguos’ o a que, directamente, nos rechacen.

Sin embargo, ¿merece la pena ese miedo frente a la libertad de poder decir en alto lo que uno siente? Yo creo que no. Porque cuando uno ha elegido, o más bien, se ha sentido llamado a seguir este camino, el miedo no es más que un obstáculo que ralentiza la marcha. La duda es inherente a la fe, pero el miedo lo ponemos nosotros. Y toda persona se merece ser feliz siendo una misma. Pero es cada uno quien debe decidir sobre su vida, enfrentarse a sus miedos y pronunciar en alto las palabras que los provocan. Y también debe hacer ver a esa sociedad que no lo entiende que un joven creyente no es una persona antigua o alguien que acuda engañado a seguir las tradiciones de sus padres. Se trata, sencillamente, de alguien que busca respuesta a sus preguntas y que ha descubierto en su vida otra forma de ver el mundo. Alguien que busca más allá.

Elena Lozano Santamaría
@pastoralsj

t.ly/x6au2

XI Asamblea general ordinaria de cvx en españa

XI Asamblea Ordinaria de CVX España 2024 en Málaga

La CVX en España, reunida en asamblea del 2 al 8 de agosto de 2024, se ha puesto a la escucha de la Ruah, Espíritu de Dios, y la realidad. Con la metodología del Sínodo de la sinodalidad, se ha colocado en disposición de salir de su propio amor, querer e interés.

La CVX ha visto la urgencia de poner en el centro de su discernimiento y acción a la Madre Tierra y a las víctimas de la exclusión producida por los actuales modelos social y de Iglesia. Pretende identificar grietas de las estructuras injustas y sembrar vida en ellas, en colaboración con tantas personas, dentro y fuera de la Iglesia, que comparten el sueño de Vida de Dios Padre-Madre.

Se ha reafirmado en su carácter de comunidad laical, ignaciana y apostólica, con hermanos y hermanas en todo el mundo, con quienes compartimos espiritualidad y tareas de transformación social y eclesial. Nuestra llamada es a vivir la misión en las fronteras desde la opción por las personas empobrecidas, buscando siempre el diálogo y la reconciliación.

Seguimos a Jesús, amigo de publicanos, mujeres, personas afligidas y humildes; tierno, compasivo y amante, que camina libremente sirviendo al Reino. CVX quiere crecer en esa libertad y responder con acciones concretas, sin estar pendientes de éxitos o fracasos.

La asamblea de CVX ha aprobado 24 recomendaciones para los próximos 5 años. Destacan:

  1. Priorizar el trabajo de cuidado de la Madre Tierra (Ecología integral), y la incorporación de pleno derecho en la Iglesia de las mujeres y personas de la comunidad LGTBIQ+.
  2. Continuar nuestro trabajo con jóvenes, familias, acogida de personas migrantes, propuestas de diálogo cívico y de espiritualidad ignaciana para la Iglesia y la sociedad.
  3. CVX trabajará en la fundamentación teológica de sus líneas de trabajo.
  4. Colaborar con otras instituciones en la misión, especialmente con la Compañía de Jesús.
  5. Comprometerse a participar en las estructuras eclesiales, en el camino del pleno desarrollo de las dinámicas sinodales, que incluye la incorporación plena de personas tradicionalmente apartadas.
  6. Cuidar los procesos de crecimiento personal de las personas que forman la comunidad.
  7. Revisar las estructuras internas, para una gestión cada vez más participada y sostenible.

La CVX se siente pobre y vulnerable, pero firme en la unión con el Maestro, nutrida por laRuah y deseando configurarse en Cristo. Quiere ser comunidad en salida, en actitud de escucha orante del mundo y abierta a la novedad. Agradecida por la experiencia de discernimiento comunitario, pide a Dios Padre-Madre que le ayude a ser fiel a las decisiones.

Fruto de la Asamblea es la elección de un nuevo Consejo Ejecutivo que será presidido por Itziar Ugarte de la CVX Arrupe Elkartea en Bilbao.

 

@infosj.es

t.ly/7i9Oh

tatuaje mariposa en el brazo

Tatuarse la piel

Cuando llega el calor y empezamos a enseñar más centímetros de piel es cuando una servidora constata que quienes no tenemos tatuajes en alguna parte del cuerpo somos “la resistencia”, una especie en peligro de extinción.

Ya hablé de este tema en otra ocasión, y, en este caso, no me refiero a todos esos casos en los que puedes tener dudas sobre el color original de la piel, como sucede con quienes compiten con algún maorí en el porcentaje de tinta que concentran en su cuerpo.

Más bien me refiero a esos tatuajes, con frecuencia discretos, que descubres en las personas más variopintas cuando menos te lo esperas y que siempre son especialmente significativos para quien decide hacérselo. Se trata de esos pequeños guiños que uno mismo se hace a sí mismo como recuerdo permanente de aquello que no conviene olvidar nunca.

Punto y coma

Todo esto me ha venido a la cabeza porque una amiga se ha hecho un pequeño tatuaje en el que hay una pequeña mariposa. A simple vista es fácil que pase desapercibido que el cuerpo del insecto está formado por un punto y coma. Parece que este signo de puntuación, que implica una pausa y, a la vez, una continuidad, se utilizó en las redes sociales para visibilizar la experiencia de quienes han superado intentos de suicidio, depresiones u otros momentos duros.

Sin necesidad de llegar a esos extremos, me parece una manera elocuente de expresar esa vivencia que, antes o después, todos hemos experimentado: aquello que podía parecer un “punto y final” a una manera de situarse en la existencia y que, además de no frenarnos, sino de convertirse apenas en una pausa que da inicio a otra frase, es capaz de transformarnos en esa mariposa que nos permite alzar el vuelo de un modo nuevo.

Tengo la sensación de que aquello que simboliza esa pequeña mariposa es, en realidad, el núcleo esencial de la experiencia cristiana. Esa vivencia que solo es posible en primera persona y que, después de un proceso y a “toro pasado”, es capaz de reconocer en los acontecimientos más complejos un sentido más profundo en el que todas las piezas del puzle encajan por dentro. Esa experiencia que lleva al asombro de esos dos compañeros que, de camino a Emaús, reconocen que algo ha cambiado en su interior sin que nada cambiara por fuera, pues “¿acaso no ardía nuestro corazón?” (Lc 24,32).

No nos dice nada el evangelista, pero quizá, después de regresar corriendo a Jerusalén, fueron a hacerse un tatuaje que les grabara en la piel aquello que ya se les había grabado en el alma. Al menos, eso hubieran hecho en esta época…

 

@vidanuevadigital

t.ly/Jwoqg

encargados de formación cpal 2024 y estudiantes jesuitas guadalajara

Reunión de Delegados y Asistentes de Formación de la CPAL

Desde el viernes 9 al martes 13 de agosto se realizó el encuentro de Delegados y Asistentes de la Formación de la CPAL. La Provincia de México, fue la anfitriona del mismo que se hizo en la ciudad de Guadalajara (Jalisco).  El P. Luis Gerardo Moro SJ, Provincial de México, presidió la misa inaugural. En la reunión estuvo presente todo el tiempo el P. Mark Ravizza SJ, Consultor del Padre General para la Formación de los NN en Roma.

El encuentro comenzó con una presentación suya, en la que mostró la evolución de los desafíos para la formación en la Compañía Universal. En la presentación que nos hizo, mostró un gráfico, que comparto más abajo,[1] y en el cual se nos muestra el progresivo desplazamiento (en número de jesuitas en formación) desde las conferencias de América y Europa hacia las conferencias de Asia y Africa.

 

Reconocemos que cada día somos más llamados a una formación para y en la interculturalidad, característica propia de nuestra misión de hombres enviados, como un sólo cuerpo, a una misión común.

Unido a este desplazamiento, nos comentaba, viene ocurriendo en las últimas décadas que la formación de los NN ha ido paulatinamente desplazándose del área provincial al ámbito de las Conferencias de Provinciales e incluso se está avanzando hacia una formación cada vez más “interconferencial”. Fruto de este diagnóstico de la Compañía Universal, el P. Ravizza nos planteó el desafío de cómo abordar la re-estructura de la formación en la CPAL, desafío que también fuera encomendado por la Asamblea de Provinciales de mayo del 2024 a este encuentro.

Además de asumir y conversar sobre este desafío, vimos en el encuentro la importancia de formar en profundidad a nuestros novicios y escolares, especialmente atendiendo a un “sentir y gustar” que atraviesa todos los espacios formativos: el académico, el comunitario, el pastoral, etc.

Formar para “Sentir y gustar”, más que para el sólo “saber”, es objetivo de nuestros procesos formativos.

En el marco del encuentro, tuvimos una tarde de visita al Centro Histórico de Guadalajara y, luego, una visita al ITESO donde estudian escolares de varias países: Colombia, Brasil, USA, Haití, etc.  Visitamos también el Filosofado Regional que está en dicha ciudad y que se distribuye en tres comunidades, ubicadas una al lado de la otra, en un barrio popular cercano a la universidad. Terminamos con una eucaristía y convivencia con todos los jesuitas de este centro regional de formación.

La agenda de trabajo del encuentro fue conducida por el P. Hernán Quezada, Delegado CPAL para la formación. Fue una agenda intensa, que no llegamos a agotar completamente, pero que nos ayudó a orientar los futuros encuentros virtuales que tendremos en los próximos meses. Los días pasados juntos nos permitieron conocer mejor los desafíos de cada uno en sus respectivas provincias y nos ayudó también a pensar con más profundidad nuestra tarea cotidiana en cada lugar.

Gracias a la extordinaria hospitalidad de la Provincia Mexicana, especialmente del P. Ricardo Machuca SJ, Asistente de Formación de México, pasamos unos espléndidos días en esa tierra tan vital y acogedora.

Eduardo Casarotti SJ – Delegado ARU para la Formación de los Nuestros (Jesuitas)

 

(1)

canastas de pan multiplicación milagro

Evangelio del Domingo. Nostalgia de eternidad

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,24-35):

En aquel tiempo, al no ver allí a Jesús ni a sus discípulos, la gente subió a las barcas y se dirigió en busca suya a Cafarnaún.
Al llegar a la otra orilla del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que vosotros no me buscáis porque hayáis visto las señales milagrosas, sino porque habéis comido hasta hartaros. No trabajéis por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y os da vida eterna. Ésta es la comida que os dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.»
Le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para que nuestras obras sean las obras de Dios?»
Jesús les contestó: «La obra de Dios es que creáis en aquel que él ha enviado.»
«¿Y qué señal puedes darnos –le preguntaron– para que, al verla, te creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: «Dios les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les contestó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo. ¡Mi Padre es quien os da el verdadero pan del cielo! Porque el pan que Dios da es aquel que ha bajado del cielo y da vida al mundo.»
Ellos le pidieron: «Señor, danos siempre ese pan.»
Y Jesús les dijo: «Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca más tendrá hambre, y el que en mí cree, nunca más tendrá sed.»

 

Cuando observamos que los años van deteriorando nuestra salud y que también nosotros nos vamos acercando al final de nuestros días, algo se rebela en nuestro interior. ¿Por qué hay que morir, si desde lo hondo de nuestro ser algo nos dice que estamos hechos para vivir?

El recuerdo de que nuestra vida se va gastando día a día sin detenerse hace nacer en nosotros un sentimiento de impotencia y pena. La vida debería ser más hermosa para todos, más gozosa, más larga. En el fondo, todos anhelamos una vida feliz y eterna.

Siempre ha sentido el ser humano nostalgia de eternidad. Ahí están los poetas de todos los pueblos cantando la fugacidad de la vida, o los grandes artistas tratando de dejar una obra inmortal para la posteridad, o sencillamente los padres queriendo perpetuarse en sus hijos más queridos.

Aparentemente, hoy las cosas han cambiado. Los artistas afirman no pretender trabajar para la inmortalidad, sino solo para la época. La vida va cambiando de manera tan vertiginosa que a los padres les cuesta reconocerse en sus hijos. Sin embargo, la nostalgia de eternidad sigue viva, aunque tal vez se manifieste de manera más ingenua.

Hoy se intenta por todos los medios detener el tiempo dando culto a lo joven. El hombre moderno no cree en la eternidad, y por eso mismo se esfuerza por eternizar un tiempo privilegiado de su vida actual. No es difícil ver cómo el horror al envejecimiento y el deseo de agarrarse a la juventud llevan a veces a comportamientos cercanos al ridículo.

Se hace a veces burla de los creyentes diciendo que, ante el temor a la muerte, se inventan un cielo donde proyectan inconscientemente sus deseos de eternidad. Y apenas critica nadie ese neorromanticismo moderno de quienes buscan inconscientemente instalarse en una «eterna juventud».

Cuando el ser humano busca eternidad, no está pensando establecerse en la tierra de una manera un poco más confortable para prolongar su vida lo más posible. Lo que anhela no es perpetuar para siempre esa mezcla de gozos y sufrimientos, éxitos y decepciones que ya conoce, sino encontrar una vida de calidad definitiva que responda plenamente a su sed de felicidad.

El evangelio nos invita a «trabajar por un alimento que no perece, sino que perdura dando vida eterna». El creyente se preocupa de alimentar lo que en él hay de eterno, arraigando su vida en un Dios que vive para siempre y en un amor que es «más fuerte que la muerte».

 

José Antonio Pagola

 

“Avancemos esperanzados desde nuestra identidad”, ecos de la Asamblea de CVX en Argentina

El fin de semana del 24 al 26 de mayo celebramos en Buenos Aires la Asamblea Nacional de la CVX en Argentina. Los miembros de las distintas regiones (Buenos Aires, Corrientes, Mendoza y Misiones) nos reunimos para compartir, aprender y fortalecer nuestra identidad y espiritualidad.

La Asamblea se centró en el lema “Avancemos esperanzados desde nuestra identidad”, abordado en la oración personal, conversación espiritual en sub-grupos y, compartiendo las resonancias en plenario. La participación fue diversa, con miembros de todas las edades y regiones, creando un ambiente enriquecedor de intercambio y crecimiento.

En una primera oración, contemplamos la imagen de la Trinidad observando el mundo y las distintas realidades que en él se encuentran. Como miembros de CVX, nos sentimos enviados a contagiar ese fuego del Espíritu que nos habita. Creemos que, desde la simpleza y la sencillez, cada uno, en sus entornos diversos, puede ser signo de Esperanza activa y creativa. “Ser fuego que enciende otros fuegos”

Por la tarde, como comunidad nacional nos preguntamos “¿A dónde vamos?”. pusimos en oración las propuestas de modificación de nuestro estatuto y nuevamente compartimos en conversación espiritual. Surgieron dudas e inquietudes, sin embargo, nos sentimos comprometidos y reconocemos la necesidad de construir bases sólidas para continuar creciendo. Como María, decidimos dar un Sí confiado.

Finalmente, rezamos sobre las diferentes propuestas apostólicas que existen en la CVX a nivel Mundial, lo cual nos anima a seguir pensando en nuevas formas de contribuir, sin perder de vista que cada pequeña obra que actualmente llevamos adelante, va dejando una valiosa huella.

Como parte de la Frontera Joven en nuestro país nos sentimos muy animadas y acompañadas por el resto de las comunidades. A su vez, seguimos dando pasos para poder ser Instrumento y continuar construyendo este “Hogar”, que es la Comunidad de Vida Cristiana para nosotros.

t.ly/LYTVl