Palabra de CPAL – Diciembre 2018: ‘Sabiamente ignorantes, puesto nuestro corazón en Cristo’

Compartimos la palabra que la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe dirige a los jesuitas y colaboradores de la región. 

Por Roberto Jaramillo SJ – Presidente de la CPAL 

Quiero aprovechar este último escrito del año para compartir con ustedes algo de la dinámica que anima todo el Cuerpo Apostólico, manifestada en encuentros, reuniones y actividades de este último tiempo.

Durante los seis primeros día del mes estuvimos reunidos en Sao Leopoldo (RS – Brasil) alrededor de 90 jesuitas de todas las provincias de la CPAL en un encuentro general de los equipos de formación de las 12 provincias: desde el plan vocacional hasta la tercera probación. “Nos reunimos para reflexionar sobre la dimensión afectivo-sexual en nuestra vida y misión y vivimos estos días en un clima de oración, de preguntas profundas, de búsqueda honesta y de asumir con realismo y esperanza los desafíos que conlleva esta dimensión en nuestro modo de vivir como comunidades en formación, y también en las comunidades apostólicas”.

Entre otros asuntos tratados, con la ayuda de los Padres Rufino Meana (ESP) y de Kevin Flaherty (PER), “conversamos sobre los retos que supone para nosotros la formación de comunidades para “consolación y edificación mutua” (Constituciones 673) más allá de diferencias personales, culturales, de orientación sexual o de condición social. Nos sentimos invitados a discernir siempre las condiciones y exigencias de nuestra vocación, poniendo énfasis en la identificación con Jesucristo y el seguimiento del Señor, para mayor servicio a la Iglesia, al estilo de Ignacio de Loyola”, dice el compartir de los formadores con sus comunidades al final de aquel gran encuentro. Fue ciertamente una experiencia densa de corresponsabildiad y de fraternidad en la Compañía Universal (nos acompañó el P. Mark Ravissa, consejero del P. General para la Formación).

En seguida tuvimos la 36ª Asamblea de la CPAL, que tuvo por ‘plato principal’ el ejercicio de discernir las preferencias apostólicas universales que la Conferencia ha de proponer al gobierno del P. General. Fueron tres dias de reflexión pesonal y común, diálogo espiritual, escucha atenta de lo que dice el Espíritu; un proceso que culmina el recorrido hecho por todo el cuerpo apostólico desde las comunidades y las obras, con la participación de jesuitas y otros colaboradores, y que terminó con la propuesta de cinco preferencias para la consideración del gobierno del Padre Sosa.

Sin orden de prioridad fueron propuestas como preferencias: la vida y necesidades de los migrantes forzados, el cuidado de la casa común, el trabajo con las juventudes, el compartir con más generosidad nuestra riqueza espiritual, y la necesidad de mayor profundidad intelectual para contribuir en la construcción de un orden mundial más justo y democrático. Todos ustedes encontrarán los enunciados completos en el comunicado de la 36ª Asamblea. Nos queda ahora la tarea de rezar para que el discernimiento de la Compañía nos conduzca a las preferencias que Dios quiere para nosotros en los 10 próximos años. y disponer el corazón para acogerlas con “indiferencia, grande ánimo y liberalidad”.

El 14 de noviembre, justo el día en que el P. Arrupe estaría completando 111 años de edad, nos anunció el P. General la extraordinaria noticia de la próxima apertura de su proceso de beatificación. Para la Iglesia toda, y particularmente para la Compañía de Jesús, es un motivo profundo de gozo poder reconocer en “su deseo de cumplir en todo la voluntad de Dios Padre, su arraigo en Jesucristo, su confianza en el Espíritu Santo como guía de la Iglesia, su lealtad a toda prueba al Santo Padre –“Vicario de Cristo en la tierra”-, su talante misionero, su fidelidad personal al modo nuestro de proceder, su sensibilidad ante los dramas sociales, su amor y cercanía a los pobres” un verdadero modelo a seguir. Dos días después celebrábamos los 29 años del asesinato de seis compañeros jesuitas y dos colaboradoras en la UCA de El Salvador, mientras que -como en un anuncio profético de la necesidad de continuar siendo fieles al anuncio del evangelio- ese mismo día recibíamos la noticia del asesinato de otro hermano nuestro en Sudán del Sur, el P. Victor-Luke Odhiambo: “un hombre muy valiente, inteligente, bondadoso, administrador creativo y, sobre todo, creía en el valor de la educación. No temía aventurarse en lo desconocido, ni siquiera en los lugares más peligrosos, una vez que estaba convencido de que era la misión del Señor”(de la carta del P. General al Provincial de East Africa).

La figura del Padre Arrupe, de Ignacio Ellacuría y sus compañeros y compañeras, y del Padre Odhiambo y los jesuitas que sirven en Sudán del Sur son para nosotros hoy no sólo motivo de orgullo y consolación, sino voces fuertes y proféticas que nos desafían a vivir más auténticamente nuestra vida consagrada al servicio de Dios y de los pobres, sus preferidos. Desde su santidad y martirio ellos nos preguntan: ¿dónde está nuestro corazón? ¿qué es lo que nos desvela? ¿con quien compartimos nuestras cosas? ¿a qué y a quién le damos tiempo? ¿es Jesús, nuevamente crucificado en los excluidos, marginados y pobres de este mundo quien le da sentido y norte a mi vida?

En la penúltima semana de noviembre se realizaron otros dos importantes encuentros de los directores regionales de la RED DE JESUITAS CON MIGRANTES (RJM), el primero, y del NODO ANDINO DE LA RJM (es decir las obras que trabajan con refugiados y migrantes en Venezuela, Colombia y Ecuador). El drama de Venezuela sigue siendo especialmente sentido por todos y padecido por muchos hermanos y hermanas del cuerpo apostólico en ese querido país; su dolor y su herida se derrama en ríos de migrantes por todo el continente. No hemos estado ausentes de sus luchas, pero aún queda mucho por hacer. El fenómeno de la migración forzada se multiplica de manera escandalosa y profética en un mundo en que los mecanismos de exclusión se refuerzan y multiplican: las caravanas de centroamericanos (principalmente hondureños y salvadoreños) saliendo de sus países son una imagen clara -incierta y desesperada, ¡es verdad!, pero real y profética- del grado de explotación y de deshumanización que estructura nuestras sociedades.

Con un saludo especial para cada uno y cada una de ustedes, los invito a reflexionar sobre los llamados que el Espíritu nos hace a hacernos indiferentes y disponibles para ser verdaderos siervos de la Misión de Cristo -como Arrupe, Ellacuría, Odhiambo y tantos otros- poniendo nuestra vida al servicio de aquellos que son los preferidos de Dios, los preferidos de nuestra era. Y que Dios nos de la gracia de que el ADVIENTO sea Kairos de renacimiento (metanoia) de manera que podamos celebrar en y con Jesús, nuevamente encarnado, días de liberación.

 

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