Catequesis del Papa Francisco sobre el discernmiento

En su catequesis sobre el discernimiento, Francisco puso como ejemplo a San Ignacio de Loyola, que hizo su primera experiencia de Dios escuchando a su corazón, percibiendo algo curioso: “Las cosas a primera vista atractivas lo dejan decepcionado y en otras, menos brillantes, siente una paz que dura en el tiempo”.

Dirigiéndose a continuación a los fieles congregados en la plaza de San Pedro, les dijo que, hoy en día, todos “escuchamos la radio, la televisión y el móvil, pero ¿sabes escuchar a tu corazón?” Para tomar “buenas decisiones”, remarcó el Papa, “hay que escuchar al corazón”.

El discernimiento, señaló al final de su alocución, es “la ayuda para reconocer las señales con las cuales el Señor se hace encontrar en las situaciones imprevistas, incluso desagradables, como fue para Ignacio la herida en la pierna. De estas puede nacer un encuentro que cambia la vida, para siempre. El hilo conductor más bello son las cosas inesperadas”.

Fuente: vidanuevadigital.com

Adalberto Martínez Flores, primer cardenal de Paraguay

El Arzobispo Adalberto Martínez Flores, oriundo de Paraguay, se encuentra en el grupo de los 21 nuevos cardenales elegidos por el Papa Francisco. Es el primer Cardenal elegido en la historia de su país.

En la misa que presidió en la Iglesia del Gesù de Roma, destacó: «Como arzobispo de Asunción y Metropolita del Paraguay, celebrar esta eucaristía en la Iglesia del Gesù,  iglesia madre de la Compañía de Jesús, adquiere un gran significado eclesial y misionero, pues estamos ante la presencia y los restos de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, cuya obra evangelizadora y misionera en el Paraguay ha dejado un legado que perdura hasta hoy en la Iglesia y en la cultura de nuestro pueblo.

Ha generado ejemplos de Santidad, cómo el Jesuita nuestro San Roque González de Santa Cruz, paraguayoite hae, cuyo corazón incorrupto, en la Capilla de los mártires en la parroquia Cristo Rey, en Asunción, constituye una imagen elocuente del amor cristiano, capaz de superar todos los límites humanos, hasta los de la muerte, cómo ha dicho San Juan Pablo II el día de su canonización en 1988.

Fue fundador de pueblos y evangelizador, ferviente defensor de los indígenas, avasallados en su dignidad de personas.»

El trabajo pastoral

El nuevo cardenal, además de su actividad pastoral en las cinco diócesis paraguayas, cumplió con distintas funciones dentro del mismo episcopado.

Fue responsable de la pastoral de comunicación (1997) y de juventud entre el año 1997 y 2007. Trabaja, en la actualidad, con las áreas de comunicación, de laicos, ecumenismo y educación, y en el equipo de protección de menores y adultos vulnerables.

Fue secretario general de la Conferencia Episcopal Paraguaya, durante dos períodos, y presidente desde el año 2018. El año pasado fue reelecto para el trienio 2021-2024.

En el CELAM, fue responsable de la sección de Juventud (2003-2007), y presidente del Departamento de Comunicación y Prensa en el periodo 2011-2015.

Un sentido creyente de la existencia

Reflexión

«¡Ah, que agradable es todo esto! –se decía cuando se veía ante una mesa bien puesta, con un buen caldo, o cuando por la noche se acostaba en una cama limpia y blanda, o cuando se acordaba de que estaba libre de su mujer y de los franceses–. ¡Ah, qué cosa tan agradable! –y, obedeciendo a una antigua costumbre, se dirigía esta pregunta–: Bueno, y ahora ¿qué voy a hacer? –y se respondía al punto–: Nada; ya veremos. ¡Ah, qué agradable!

Lo que antes le preocupaba, lo que siempre trató de solucionar, la cuestión del objeto de la vida ya no existía para él. Se había concluido la búsqueda, y no por casualidad y momentáneamente, sino porque comprendía que no existía tal objeto ni podía existir. Precisamente este convencimiento era lo que le producía aquella alegre sensación de libertad, lo que le hacía dichoso.

Ya no quería buscar el objeto de la vida, porque tenía fe, pero no fe en unos principios, palabras o ideas, sino fe en Dios vivo. Antes le buscó en sus propios objetivos, pero, en el fondo, aquella búsqueda era la búsqueda de Dios. Luego, durante su cautiverio, se percató, no verbalmente, no mediante razonamientos, sino por intuición, de lo que su buena fe le venía diciendo desde largo tiempo atrás: que Dios esta aquí y en todas partes. En el cautiverio se dio cuenta de que el Dios de Karataiev era el más grande, más infinito, más comprensible que, por ejemplo, el arquitecto del universo que reconocen los masones. Y experimentaba la sensación del hombre que ha tenido a sus pies lo que buscaba muy lejos. La terrible pregunta ‘¿por qué?’, que en otras ocasiones había destruido todos sus razonamientos, ya no existía. Ahora conocía la respuesta, una respuesta sencilla: porque Dios existe, porque hay un Dios sin la voluntad del cual no cae ni un solo cabello de la cabeza del hombre.»

Leon TolstoiGuerra y Paz

Narciso sediento

Reflexión por Marta Porta, religiosa de la Virgen Niña

Hay un mito de un joven llamado Narciso que descubrió su hermosura al contemplarse en un lago. Pasaba horas y horas mirándose, sin registrar que pasaba el tiempo, sin registrar sus necesidades. Tenía hambre y sed. Podría haberse saciado bebiendo en sus transparentes aguas.

Pero tan enamorado estaba de su imagen que quiso abrazarla y se arrojó a las aguas. Nunca más se supo de él… La leyenda dice que una bella flor lleva su nombre.

Podemos ser Narciso. De selfie en selfie, buscandonos a nosotros mismos. Enamorados de la mismidad. De hecho «self» significa «yo»,  más específicamente: «sí mismo»

Y también podemos acercarnos a la fuente buscando el amor. Aunque el amor verdadero sólo se da con un otro distinto. El otro es el que me revela que estoy allí. Es muy importante reconocer que somos seres necesitados. Necesitamos registrarnos, cuidar de nosotros mismos, saciar nuestra sed natural, de afecto, de vínculos, de Dios.

Narciso no pudo reconocerlo y desfalleciendo se arrojó, en lugar de beber. Muchas veces nosotros nos lanzamos detrás de amores incompletos, sin reconocer lo que necesitamos. Porque un amor que ahoga,  mata. En cambio, el amor verdadero nos da vida. El amor es salir de sí mismo. Está más allá de mí. 

Y además el amor verdadero nos hace bien. El amor verdadero nos salva.

Fuente: pastoralsj.org

José María Rodríguez Olaizola: «Estamos sedientos de discursos cargados de humanidad»

Desde el 10 al 20 de Agosto, el jesuita español José María Rodríguez Olaizola, visitó la Argentina. Su recorrido tuvo como punto de partida la ciudad de Córdoba, siguió por Santa Fe y finalizó en Buenos Aires. Trajo una propuesta con diversidad de temas y dirigido a distintos públicos: diálogo con religiosos, charla con jóvenes, conferencia para adultos, oración guiada, etc.

Durante su gira y en diálogo con aica.org, afirmó: “Espero que lo que planteo sirva para iniciar una reflexión. Yo suelo decir -y lo digo en las conferencias- que no ofrezco una charla cerrada, sino que lo digo en voz alta con la intención de provocar, de suscitar opiniones, en algunos casos que vayan más allá de lo que yo digo, e incluso que en ocasiones puedan ser discusión, pero en el fondo, lo que una charla tiene que provocar es que la persona que se va siga pensando y siga completándola con su propia experiencia”.

Hablando de su trabajo y su propuesta, aclaró: “Yo soy sacerdote, soy jesuita, soy un hombre que cree, y que de alguna manera trata de enlazar la vida que nos toca vivir y las circunstancias de nuestro entorno, y las dinámicas que vemos en la sociedad, en los medios de comunicación y en tantos lugares; con los contenidos y con aquello en lo que creemos, eso es quizá lo que mejor define lo que hago: esa convergencia de la espiritualidad y la sociología, o de la mirada creyente y al mismo tiempo de una mirada un poco ‘aterrizada’ en el mundo en que vivimos”.

Para concluir y a modo de reflexión afirmó: «creo que estamos hambrientos y sedientos de sentido, de discursos que vayan más allá del discurso estridente, mediático, a veces publicitario, a veces propagandista, a veces muy marcado por titulares de diseño, que están pensados para suscitar adhesiones inquebrantables u hostilidad fuerte. Necesitamos un discurso que hable de nuestras vidas, de nuestros anhelos, de la humanidad que compartimos. Eso es lo que intento proponer, y ojalá esto sirva.”

Fuente: aica.org

 

Silencio: presencia y escucha en clave de amor

Compartimos en esta nota extractos de un artículo escrito por Teresa Rofes Llorens, hermana carmelita descalza, y publicado en blog.cristianismeijusticia.net. El texto presenta un abordaje del silencio como experiencia, sus definiciones y posibilidades.

El silencio, en la tradición cristiana, es pues sinónimo de atención al Otro, a su Presencia, a su Palabra. Recordamos el Prólogo de Juan, “Al principio existía quien es la Palabra” (Jn 1,1), que fundamenta la conocida sentencia de Juan de la Cruz: “Una Palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio debe ser oída del alma” (Dichos de luz y amor, 99). Si la Palabra fuera viento huracanado, terremoto estrepitoso o fuego destructor (cf. 1R 19,11-12) no sería necesario el silencio para reconocer el paso, captar la presencia, escuchar nítida la palabra de Yahvé. Pero el Divino Presente se manifiesta y se comunica en el susurro de un suave viento (1R 19,12), es decir, en el silencio del corazón, en el sosiego interior: en “sosiego y paz” que dice Juan de la Cruz (Puntos de amor, 3). El silencio permite contemplar a aquel que se cierne sobre las aguas primigenias del caos: el Espíritu de Dios (Gn 1,2).

(…)

El silencio es la puerta para salir del “propio amor, querer e interés” según Ignacio de Loyola (EE 189): Xavier Melloni afirma que el silencio es la ausencia de Ego.[1] Llegar a escuchar el YO SOY interior muestra quien soy en realidad, en profundidad.

El silencio siempre está presente en la vida: no es una creación humana. Es aquella matriz que menciona a san Pablo: “[en Dios] vivimos, nos movemos y somos” (Hch 17,28). Pero requiere cierta valentía para adentrarse, porque es pesado en muchos momentos, ya que no estamos acostumbrados a vivir conscientemente (hay que decir también que existen silencios destructivos, violentos y deshumanizadores).

(…)

El silencio es el humus del Universo: vas a la playa y hay silencio, vas a la montaña y hay silencio, en la ciudad también hay silencio. No es un silencio aséptico de laboratorio: es un silencio de normalidad, vida, espacio y tiempo. Están los sonidos característicos de la naturaleza, que no lo rompen, le acompañan. Se expresan. Estos sonidos no son ruido, son los sonidos sin ego: no te reclaman.[3]

(…)

El silencio forma parte de la dimensión trascendente de la vida. Esta dimensión espiritual está vehiculada, en nosotros, por la experiencia psicológica, que es una experiencia humana relacional. Por eso podemos hablar del silencio como encuentro. Cuando no se permite ni valida ni valora realizar procesos en silencio (como elaborar duelos), prisioneros en un presente locamente efímero y volátil, se aniquila el poder elaborar el proceso emocional que suscita la misma vida, y esto lleva a las personas a permanecer estérilmente en un punto cero continuo: en las actitudes evitativas que dificultan transitar el camino del dolor (el sentido que se puede percibir no en el dolor, sino al ir elaborándolo). No hay tiempo para digerir la ingente avalancha de información, de elaborar pensamiento propio, de reflexionar. Todo es acuciante y ruidoso, y nuestra naturaleza no es así. Antropológicamente, no somos así.

Leé el artículo completo aquí blog.cristianismeijusticia.net

Elogio a la desolación

Por Santi Torres, miembro del equipo de Cristianisme i Justicia, licenciado en psicología y teología

Estos días, supongo que es ese calor inusual, supongo que el fin de curso (quienes vamos por cursos) hay una frase que se repite cuando te atreves a preguntar a alguien «¿Cómo estás?» y es «Estoy cansado». Hay cansancios y cansancios, y lo que se expresa a menudo en las conversaciones, en las reuniones, tomando algo con amigos, es como una especie de cansancio profundo, existencial. Es como si de repente notáramos el peso de la existencia, esa pesada de la vida cotidiana… No es propiamente una depresión, es una desgana, una falta de ilusión. A veces es personal, otras, como quizás esté pasando ahora, forman parte de un ambiente motivado por mil y una circunstancias (pospandemia, guerras, inflación, cambio climático …)

Sin embargo, en el fondo este estado de ánimo forma parte de la vida de las personas y las sociedades. En la vida espiritual, san Ignacio lo definió como “desolación”, y se trata de un elemento muy importante frente al crecimiento y el conocimiento espiritual, ya que es el lugar donde la persona se siente especialmente tentada por sus propios fantasmas . Y nadie se conoce bien si no conoce sus propios fantasmas.

El problema es que la desolación encaja mal en un mundo donde se nos ha vendido que la alegría perpetua o incluso, la euforia, es el estado normal del ser humano y que, por tanto, no hay lugar por los momentos bajos , por la tristeza o por el sentimiento de pesadez. Repito no hablo de la depresión como tal, hablo de la tristeza y de la desolación.

La desolación puede ser un momento de autoconocimiento muy profundo. De conocimiento de los propios límites y como decía de los propios fantasmas, ya que en un momento bajo a cada uno se le aparecen tentaciones muy distintas: tentación de ponerlo en marcha todo a rodar, tentación de evasiones adictivas, tentación de disimular…. Precisamente el único consejo que san Ignacio da es la necesidad de que la persona que está sufriendo esta situación no se acomode a ella sino que “haga contra la desolación para vencer las tentaciones”. La desolación puede ser un agujero negro narcisista, un lamento continuo sobre nuestra desdicha, un cierre sobre nosotros mismos, o puede ser un entrenamiento efectivo contra todo esto.

En momentos en los que el subjetivismo es tan valorado como el único camino de acceso a la propia realidad, precisamente lo que se nos propone es salir de nosotros mismos para «hacer contra» aquellos elementos que no hacen sino separarnos del mundo y de los demás, de los compromisos y sus preocupaciones.

Por eso, la publicidad y el capitalismo, que tan bien juega en todos los estados de ánimo más que animar a «hacer contra» lo que nos dice es que nos «entregamos a la tentación». Lo que te dice es que tienes toda razón de estar enojado con el mundo y que ellos tienen en forma de producto la solución para superarlo. Y esto no pasa nunca por un trabajo interior, de tragarse los límites, sino para tratar de distraer la desolación en mil y una capas de consumo y diversión.

Por eso, quería hacer hoy un elogio de la desolación, no para arrastrarse en ella y quedarse en ella, sino como un momento privilegiado de conocimiento, de hacer luto, de asumir la realidad tal y como es… En definitiva, la tristeza o la desolación cuando ocurren es para transitar por ellas y hacerse, así, más fuertes en humanidad.

Fuente: blog.cristianismeijusticia.net

Comisión Teológica CPAL: La Sinodalidad desde América Latina

Del lunes 25 al viernes 29 de julio del 2022, los miembros de la Comisión Teológica de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL) realizaron su reunión anual. Esta se llevó a cabo en la casa de las Hermanas Carmelitas Teresas de San José, en Bogotá.

La Comisión Teológica de la CPAL busca favorecer entre sus miembros el debate crítico teológico, desde la realidad histórica y eclesial latinoamericana de los excluidos y las víctimas para contribuir a la misión de la Compañía de Jesús, hoy. Con ello se pretende teologizar sinodalmente, como muy bien señala la Comisión Teológica Internacional, al afirmar que el ministerio de los teólogos es personal, comunitario, colegial y sinodal. En efecto, la “sinodalidad eclesial compromete también a los teólogos a hacer teología en forma sinodal, promoviendo entre ellos la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la multiplicidad y la variedad de las instancias y de los aportes” (SVMI 75)[1].

Ecos o resonancias de la reunión – Por Hugo Gudiel SJ, Coordinador de la Comisión Teológica de la CPAL.

A continuación, presentaré algunos ecos o resonancias de la reunión; ciertamente tienen un tono personal, aunque toman en cuenta afirmaciones de las resonancias de los otros miembros. Ante todo, hay que comenzar destacando que el trasfondo de nuestra reflexión ha sido fundamental: la situación de la realidad colombiana presentada en modo amplio y exhaustivo por Martha Lucía Márquez R., directora del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP). El trasfondo de la realidad nacional colombiana en el contexto mundial ha sido clave para el teologizar juntos. Y es que es importante y necesario “construir colectivamente conocimiento teológico entre pares” (Luis Felipe Navarrete, Ecografía).

El punto de partida en la discusión sobre la sinodalidad es el modo humano de ser siendo, como bien indica Pedro Trigo. Ese punto de partida sobre la sinodalidad básica “ha servido como un excelente comienzo y ‘encuadre’ de toda la reflexión” teológica (J.M. Cantó, Ecografía). Y esto solo se logra caminando juntos, pues el camino sinodal se realiza con otros, sabiendo que Jesús es nuestro camino, que él nos atrae libremente. En definitiva, se trata de “irse haciendo humano, teniendo presente que humano, humano, lo que se dice humano es Jesús de Nazaret” (Trigo, Ecografía). Por eso hemos de “caminar juntos hacia la fraternidad de las hijas e hijos de Dios por el camino que es Jesús de Nazaret” (Trigo). Así es como nos vamos haciendo cristianos.

Ahora bien, caminar juntos y humanamente como pueblo de Dios en la construcción del Reino, solo se puede en una perspectiva escatológica. Pero esta ha de ser entendida desde los últimos, los descartados y las víctimas de la historia. Ellos son los que han de marcar la dinámica de la sinodalidad. Lo escatológico es la relación de hijos en el Hijo desde los últimos. Solo desde ellos se puede ser hermano, pues los pobres son el lugar de la universalidad. Sinodalidad y Escatología tienen una íntima relación, como indicaba Hugo Gudiel.

En este caminar juntos, que es constitutivo del Pueblo de Dios, la acción del Espíritu es central. De hecho, “ponernos en camino ha significado dejarnos llevar por el amor, dejarnos transformar por el Espíritu, hacer posible que en nosotros se revele la acción del Espíritu” (Víctor Martínez, Ecografía). Ciertamente se trata del Espíritu del Hijo y del Padre, pues es fundamental entenderlo en contexto trinitario. Sin vida en el Espíritu la sinodalidad es imposible e irrealizable. El Espíritu es el compañero fiel en el discernimiento del camino.

La Iglesia sinodal, pues, está inspirada por el Espíritu y es aquí donde se alimentan los ministerios. Éstos han de ser entendidos como un “servicio específico” (Trigo), como una vocación determinada en el Pueblo de Dios. Entre ellos José Sánchez destacaba en su ponencia, cuatro ministerios: el ministerio del “despertar espiritual”, el ministerio bíblico, el ministerio del discernimiento y el ministerio del “salto cualitativo”. El autor concluye afirmando que se ofrecen “estos cuatro ministerios como una manera de contribuir a que los creyentes en camino trabajen en esperanza activa, creativa, proactiva”.

La Eucaristía es el alimento para el camino sinodal, por eso hemos de caminar y comer juntos, en camino con Jesús. Comer con es “la esencia del cristianismo”, citaba José María Cantó. Las comidas de Jesús eran comidas de inclusión, misericordia y solidaridad.

En este contexto vale la pena recordar la pregunta de Lucio Gera, citada por José Ma. Cantó en su trabajo, “‘¿es auténtico celebrar la Eucaristía en América Latina?’. Y enumeraba las situaciones de injusticia, de violencia, de desigualdad comunes en nuestras tierras. Hasta llegar a preguntarse: ‘¿no debería este Continente ser puesto en ‘entredicho’ y, cerradas las puertas de las Iglesias, vaciados sus altares, ser él conminado a realizar primero la ‘realidad’ del sacramento, para que, recién luego, sin mentira pudiera ser celebrado el sacramento de esa realidad?”. La pregunta, hecha hace más de 50 años, sigue más vigente que nunca” (p. 15).

Se trata de una pregunta radical a la que el mismo teólogo argentino responde afirmando “que sí, es auténtico, y esto por dos razones”. La primera “porque la Eucaristía es signo en el tiempo de una realidad que está más allá, llamando a la unidad, pero no unidad consumada. ‘Es viático, pan de ruta; la Eucaristía presupone que el hombre desfallece; presupone también que todo un Continente desfallece’”. Y la segunda “porque la Eucaristía también Palabra, que como Palabra de Dios examina y obliga. ‘Ella examina, escruta los corazones’” (p. 16).

Por tanto, ser cristiano es una modulación de ser humano. El punto de partida en la sinodalidad es lo humano: es lo que de hecho aparece en las cuatro Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Sólo en Cristo se revela la verdadera grandeza del hombre. La fraternidad se ha realizado en Jesús. La fe es, ante todo y, sobre todo, humana y sólo después es religiosa y cristiana.

  • Conclusión

Para terminar, recordemos con José Sánchez que, “en este camino sinodal, todos somos actores. Todos damos y recibimos, enseñamos y aprendemos, siendo conscientes del papel de las autoridades, que han de ser primero hermanas antes que dirigentes” (Ecografía).

En definitiva, hay que caminar juntos hacia la fraternidad de los hijos e hijas de Dios, por el camino que es Jesús de Nazaret en la construcción del Reinado de su Padre. Y se camina en perspectiva escatológica desde los últimos de la historia, tomando conciencia que la sinodalidad nace del Espíritu del Padre y del Hijo. En ese caminar la Eucaristía se nos da como alimento y viático para el camino, porque se puede caminar y comer juntos. La Iglesia sinodal, pues, está inspirada por el Espíritu y es aquí donde se alimentan los ministerios.

Fuente: jesuitas.lat

Emmanuel Sicre, S.J: ¿Cómo preparar la tierra nueva para la semilla de la fe?

Un artículo de Emmanuel Sicre SJ, actual rector del Colegio de la Inmaculada Concepción (Santa Fe, Argentina), publicado por el Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana.
La intención del artículo es reflexionar sobre las condiciones de posibilidad de la transmisión de la fe a las nuevas generaciones.

«¿Qué nutrientes necesita la tierra nueva de las infancias y juventudes actuales para cuidar su capacidad de acoger la fe de nuestros antepasados? ¿Qué disposiciones habremos de cultivar en el interior de cada persona en crecimiento para que la encarnación del Dios de Jesús halle un pesebre para nacer? ¿Cómo ir allanando el camino para la manifestación del Cristo interior en la vida de quienes nos continuarán en el tiempo?»

Se proponen 10 retos y claves de la educación en la fe cristiana de las infancias y juventudes como proceso significativo para la formación y vida.

1. Saber demorarse, durar, detenerse, para percibir más allá de las cosas.
2. Reiterar, repetir, volver una y otra vez.
3. Compartir silencios y gestos sin explicación.
4. Descansar de la información.
5. Tratar cosas con delicadeza, atender a los movimientos con lentitud, coser, zurcir, tejer…
6. Poner el cuerpo-ser cuerpo con otros, vincularse.
7. Narrar historias, aprender a heredar una tradición.
8. Descansar el yo en un nosotros, pertenecer.
9. No buscar saberlo todo dejando paso al misterio.
10. Saber cortar, cerrar, concluir…

Descargá el artículo completo aquí: ¿CÓMO PREPARAR LA TIERRA NUEVA PARA LA SEMILLA DE LA FE?.pdf

Ejercicios Espirituales Ignacianos

Para el que quiere tocar bien un instrumento, mejorar su rendimiento físico o dominar un idioma, hacer los ejercicios es la manera adecuada de conseguir lo que se pretende. Solo la repetición, paciente y creativa, hará que el discípulo incorpore, de forma personal, el horizonte de aprendizaje que quiere conseguir; contando, claro está, con la ayuda del maestro, el entrenador, el tutor… Asimismo, el que quiere aprender a tratar a Dios «como un amigo habla a otro» [EE 54], hasta el punto de descubrir el vínculo esencial que lo
vivifica, también deberá ejercitarse.

En san Ignacio, el adjetivo «espiritual» describe lo que unifica todas las dimensiones de la persona —corporal, afectiva, racional…— y le posibilita una respuesta cada vez más plena dirigida a aquel de quien lo ha recibido todo. El ejercicio espiritual dispone mejor a que el Espíritu Santo transforme la sensibilidad, personal y colectiva, hasta generar nuevos hábitos, que acabarán configurando la vida en un diálogo de amor en Dios.

El ejercitante necesitará averiguar qué resonancias son armónicas y cuáles disonantes; unas dan gloria a Dios, las otras glorifican el ego. Con la atención bien despierta, el ejercitante se percata del pecado que lo separa de Dios. Avergonzado por haber participado pero esperanzado por volver al Padre, se prepara a recibir la dignidad de hijo, de la cual Jesucristo le hace partícipe. Porque a lo que disponen los Ejercicios Espirituales es a la admiración por la vida histórica de Jesús.

Ignacio de Loyola nos lleva imaginativamente a los escenarios y los tiempos del Jesús de Nazaret, para descubrir que mi hoy puede ser también el tiempo de Jesús, y que el sitio donde planto mis pies también puede convertirse en Tierra Santa. Habrá que contemplar imaginativamente, por ejemplo, al Jesús adolescente sentado en el templo dialogando con los sacerdotes, imaginándose qué escucharía, qué preguntaría, cómo respondería. Incluso, se podría formar parte de la escena, imaginando miradas, palabras y gestos del propio ejercitante como si estuviera presente. ¿Es esto soñar despierto o un frívolo juego de avatares? La eficacia del ejercicio se demuestra en el amor que el Espíritu Santo desvela en el ejercitante que, fruto de su oración, desea amar y servir a Dios en todo.

Sin embargo, el lugar donde los Ejercicios Espirituales invitan a regresar a menudo es al pie de la cruz de Cristo. Lugar difícil pero necesario para entenderse uno mismo y comprender lo que nos va llegando. Ante el amor ofrecido de Dios, resuenan tres preguntas, que mezclan la interpelación con la admiración: «¿Qué he hecho por el Cristo? ¿Qué hago por el Cristo? ¿Qué debo hacer por el Cristo?»

Es así como se cumple lo que pretenden los Ejercicios Espirituales que, en palabras del propio san Ignacio, son «toda manera de preparar y disponer el alma para quitar de uno todos los afectos desordenados y, habiéndolos quitado, para buscar y encontrar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del alma» [EE 1].

Fuente: blog.cristianismeijusticia.net