Adviento: una definición

Adviento es ponerse en camino con quien un día vio salir esa misma estrella en el Oriente.
Es compartir, intuir, desesperar y avanzar, desafiando a esa niebla espesa y a esas nubes negras que se ciernen sobre todo.
Es seguir caminando, adentrado en la oscuridad, siendo a veces farol de quien duda y otras dejando que sea él quien ilumine tu camino.
Es avanzar entre las ruinas de un pasado tan glorioso y anhelado como mitificado, hacia un futuro tan verdadero como dudado.
Es detenerse a abrevar en aquellos lugares que son fuentes para el alma cansada, y sentir allí el apoyo de quienes bebieron y se regeneraron antes en esas aguas.
Es seguir avanzando, soltando el lastre que anida en el alma y roba la fuerza a la esperanza.
Es asumir que el camino no acaba y que el anhelado destino no llega, pero también constatar que, en la negrura, la estrella sigue brillando porque la tiniebla no puede apagarla.
Adviento es en definitiva un camino en el que, al desempolvar una palabra y dejarla latir, se vuelve a escuchar un nombre que es promesa: Emmanuel.

 

Dani Cuesta, sj

Triduo para recibir al nuevo Arzobispo de Córdoba

1° DÍA: 14 DE DICIEMBRE 2021

Nos ponemos en presencia del Señor para escuchar su Palabra, meditar y orar:

Texto bíblico
“Porque el que preside la comunidad (el obispo), en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas, sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí. También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y desmentir a los que la contradicen” (Tito 1,7-9)

Texto de los santos

“El obispo es el buen jardinero capaz de canalizar el agua de la paz y de llevar a la plenitud de la belleza a la iglesia. El debe, sobre todo, cuidar la unidad de forma que quienes se han apartado o adormecido vuelvan a la armonía del único cuerpo y florezca la paz de la Iglesia (…) El que sea designado por el Espíritu Santo para presidir la comunidad mantendrá su ojo completamente fijo en las cosas de Dios y no permitirá que su mirada se distraiga de un lado a otro por cualquiera de las cosas preciadas en esta vida”. (San Gregorio de Nisa, Epístola 17: A los sacerdotes de Nicomedia)

Pequeña Reflexión

La Palabra de Dios, a través de la Carta de San Pablo a Tito nos lleva a reflexionar sobre las virtudes necesarias que deben acompañar a aquel que le toca por función apacentar, enseñar y santificar a una porción del Pueblo de Dios (la diócesis), y que el Papa (sucesor de Pedro) confía a su cuidado. El obispo que es un sucesor de los Apóstoles, y a través de la cadena ininterrumpida de la Tradición apostólica, por la imposición de las manos, nos pone en contacto con la vida de Jesús de Nazaret y la Iglesia naciente.

La hermosa metáfora del jardinero, que nos regala San Gregorio de Nisa, nos habla de la gran misión del obispo que siendo fiel a Dios y no dejándose tentar por ninguna mirada mundana y partidaria debe mantener la armonía entre todos los miembros que forman el cuerpo eclesial.

Eso forma parte de la tarea sinodal, juntamente a todos los que forman parte de la comunidad eclesial. De esa manera, el obispo contribuye para que resplandezca la belleza de la Iglesia que como un espejo refleja la belleza de la santidad de Dios en medio del mundo.

Rezamos la siguiente oración
Señor del Suquía y de las laderas que baña,
de los cerros y sus valles,
de la tierra fecunda de nuestras pampas,
de nuestros pueblos y ciudades…
Gracias por el pastor que nos diste, el P. Carlos Ñáñez,
que sin abandonar ni huir
entrega ya el cayado;
sin querer perpetuarse ni poseer,
buscando acompañar desde otro lado.

¡Gracias por la infinidad de pastores
que nos has regalado…!
Hoy te pedimos por el P. Ángel Rossi
a quien has elegido para guiar este rebaño.

Concédele Padre,
el amor discernido en la prueba, de Madre Catalina,
la dedicación a los pobres de María del Tránsito,
la pasión por la Patria y sus leyes de Fray Mamerto;
y esa voz profética de Enrique Angelleli,
que la muerte volvió urgencia y grito.
Que tenga, Espíritu Divino, sueños tan altos como los Gigantes,
ardor por caminos, puentes y escuelas,
pasión por las almas, como el Cura Brochero.

Gracias Señor Jesús,
por este esposo que nos regalas a la Iglesia de Córdoba,
que pueda en todo amar y servir.
Santísima Virgen del Rosario, te pedimos que el nuevo obispo
esté dispuesto a vivir en su carne
los misterios de la vida de tu Hijo,
y que como vos en el Callao,
elija surcar con nosotros todos los mares,
y siempre ponga de lo suyo, para llegar juntos a buen puerto.
Amén.

*Terminamos rezando un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Descargá el triduo completo en pdf aquí: Triduo nuevo Arzobispo

Fuente: arzobispadocba.org.ar

Reflexión: Buenas noticias virales

Primero fue la lotería. Luego una conocida marca de embutidos. Algunas campañas publicitarias navideñas basadas en buenos sentimientos han conseguido dar en la tecla de los valores que andamos necesitando. Valores humanos. Amabilidad. Dejarse, por un rato, de odios, tribalismos y ataques, para reconocer lo que nos une: la amistad, la confianza, el deseo de estar en paz unos con otros, la pertenencia a una comunidad. Es tanta la necesidad que tenemos de esos mensajes, en esta sociedad crispada, que ya casi se esperan con ansia estos mensaje publicitarios pre-navideños.

No me sorprende que estos anuncios se hagan virales. Después de todo, estamos en un mundo que funciona así, a base de estallidos de emoción. Y mejor que sea por motivos como estos que esa otra viralidad que nace de la tragedia, el morbo o el odio. Lo que sí me sorprende es ver cómo también muchos creyentes vibramos tanto cuando nos tocan esta tecla. Y ¿por qué digo que me sorprende? ¿Acaso no somos humanos? ¿Acaso no compartimos los mismos anhelos, valores, esperanzas? ¿Tal vez se me cuela un cierto elitismo esnob en el comentario, o una mirada despectiva a las búsquedas tan humanas de sentido y encuentro? Espero que no sea eso. Lo que quiero decir es que la buena noticia que contienen todos estos anuncios –que lo es– palidece en comparación con la buena noticia que anticipamos en Adviento y que celebraremos en la Navidad. Un Dios que no abandona. Un amor universal, eterno, que a cada uno alza de sus simas. Una fraternidad enraizada en la entraña de la historia. Una esperanza que vencerá a la muerte.

Y, acto seguido, viene una pregunta. ¿Cómo es que no conseguimos expresarnos o comunicar esa buena noticia con tanta intensidad, con tanta claridad, con tanta inmediatez o contundencia? Tal vez es que se nos ha dormido dentro el evangelio, lo tenemos un poco domesticado, y no termina de desatar los nudos de dentro… Sea lo que sea, cuando me doy cuenta de la necesidad desesperada de nuestra sociedad por buenas noticias y un mensaje de paz, lo que pienso es que es tiempo de profetas de la esperanza y la concordia, de la justicia y la humanidad. Tiempo de compartir, como por vez primera, una buena noticia que tanto necesitamos todos. El amor, incondicional. La belleza, posible. El encuentro, real. La justicia, inmortal. Dios, con nosotros.

José María Rodríguez Olaizola, sj

Fuente: pastoralsj.org

Adviento 2021: Solidaridad Jesuita

La Oficina de Desarrollo de la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús (ODCAM) ha elaborado un calendario de Adviento para caminar juntos en Solidaridad.

Compartimos con ustedes la imagen del calendario en el cual podrán encontrar una reflexión o acción que día a día pueden realizar hasta llegar al viernes 24 de diciembre.

Esperamos que en este tiempo litúrgico crezcan en sus corazones los lazos de solidaridad para ayudar a los más necesitados.

Fuente: jesuitascam.org

Reflexión del Evangelio – III Domingo de Adviento

Evangelio según San Lucas 3,10-18.

La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer entonces?».
El les respondía: «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga qué comer, haga otro tanto».
Algunos publicanos vinieron también a hacerse bautizar y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?». El les respondió: «No exijan más de lo estipulado».
A su vez, unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su sueldo».
Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías,
él tomó la palabra y les dijo: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla para limpiar su era y recoger el trigo en su granero. Pero consumirá la paja en el fuego inextinguible». Y por medio de muchas otras exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

Reflexión por Emanuel Vega SJ

El Evangelio de hoy —casi como llevándonos de la mano— nos acerca al corazón de Juan el Bautista: un hombre apasionado, abocado por completo a la misión que Dios le encomendó; un hombre honesto, un hombre justo.

A cada persona que se le acercaba le ayudaba a trascenderse a sí misma y a ver la realidad desde la perspectiva de Dios: al que tiene dos túnicas le sugiere que regale una; al que tiene para comer lo invita a compartir su pan; al que cobra impuestos le recomienda no exigir más de lo estipulado; y a unos soldados que lo estimaban mucho les conmina a no hacer falsas denuncias ni extorsionar a nadie.

Juan ayuda a estas personas a pensar y obrar teniendo presente al hermano y así trascender los propios intereses mezquinos —intereses que son como polillas que corroen el tejido relacional de la comunidad—. Sacándolos de su propio amor abre a quienes le escuchan a un horizonte más amplio desde el cual asumirse: el del Reino de Dios, el de aquella fraternidad humana fundada en el amor a un único Padre.

Hay un dato no menor en el Evangelio de hoy que corresponde no dejar pasar: el relato no termina con Juan. El bautista anuncia que «vendrá uno» que es mucho más que él, uno que realizará en su propia carne el ideal de fraternidad amorosa: Jesús. Él bautizará con Espíritu y fuego, Él transformará por medio del amor a todo aquél que se deje seducir por su persona y por su mensaje. Esa sucesiva atracción y seducción moldeará a tal punto el corazón creyente y amante, que lo introducirá en la intimidad misma de su Padre, en quien se realizan todas las cosas, en quien se realiza la comunidad, en quien se realiza el Reino que —aunque sin nombrarlo— predicaba Juan.

«Ven y lo verás»: retiro ignaciano para comunicadores

«Ven y lo verás”, será el lema del retiro ignaciano para comunicadores a realizarse el sábado 11 de diciembre, de 9 a 11, y que por segundo año consecutivo volverá a desarrollarse a través de la plataforma Zoom.

«Esperamos que bien y andando con esperanza este tiempo en el que de a poco vamos recuperando espacios, retomando diálogos y encuentros», expresó el padre Guillermo Ortiz SJ junto al Equipo Kolbe de Comunicación.

«El año pasado decíamos que ‘estamos precisando más comprensión, más compasión, más misericordia’. Y reforzamos este año: precisamos también desborde de amor a nuestros hermanos en nuestras comunidades, viviendo sinodalmente nuestro carisma en comunicación», afirmó el sacerdote jesuita que estará a cargo de la predicación.

«Para discernir con compromiso cómo ser cada día más fieles a una verdad desbordante, es que los invitamos a compartir este retiro, que estará repartido entre la propuesta del tema de reflexión, momentos de oración personal y brevísimos diálogos en comunidad».

El padre Ortiz indicó que los datos puntuales de acceso a la “reunión Zoom” se los daremos media hora antes de la realización del retiro. Esta mecánica, explicó, requiere que cada uno confirme su voluntad de participar con una inscripción previa.

Con esta finalidad, precisó, en necesario que completen la ficha de inscripción (nombre y apellido, provincia o país, mail y número de celular con prefijo) y la envíen por correo electrónico a retiroignacianocomunicacion@gmail.com.

Inscripción previa y contacto: retiroignacianocomunicacion@gmail.com o por Whatsapp (únicamente textos) al 54 9 11 3180 9600.

Papa Francisco: nuevo humanismo para el mundo de hoy

Ante la revolución que afecta a «los nudos esenciales de la existencia humana», es necesario hacer un «esfuerzo creativo» y «repensar la presencia del ser humano en el mundo», expresó el papa Francisco en el videomensaje enviado a la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura, dedicado al tema «Hacia un humanismo necesario».

En su mensaje el pontífice indicó la necesidad de responder a las múltiples preguntas que plantea la pandemia, en primer lugar las «fundamentales de la existencia: la pregunta sobre Dios y el ser humano».

En efecto, en esta coyuntura histórica, no sólo necesitamos nuevos programas económicos o nuevas recetas contra el virus, sino sobre todo una nueva perspectiva humanista, basada en la Revelación bíblica, enriquecida por la herencia de la tradición clásica, así como por las reflexiones sobre la persona humana presentes en las diferentes culturas.

Sin ceder a la crítica y a la negación, Francisco indica además que es el momento de pensar: “Más bien se nos pide que repensemos la presencia del ser humano en el mundo a la luz de la tradición humanista: como servidor de la vida y no como dueño suyo, como constructor del bien común con los valores de la solidaridad y la compasión”. Mientras junto a la pregunta sobre Dios, hoy surge otra que se refiere al ser humano y su identidad.

“La Sagrada Escritura –expresó Francisco- nos brinda las coordenadas esenciales para perfilar una antropología del ser humano en su relación con Dios, en la complejidad de las relaciones entre el hombre y la mujer, y en la conexión con el tiempo y el espacio en que vive”.

Tal como dice el Santo Padre, “esta fusión entre la sabiduría antigua y la bíblica sigue siendo un paradigma fecundo”. Sin embargo, “el humanismo bíblico y clásico hoy debe abrirse sabiamente para acoger, en una nueva síntesis creativa, también los aportes de la tradición humanista contemporánea y de otras culturas”.

Todo esto, concluye el Papa, se convierte en «la mejor herramienta para abordar las inquietantes cuestiones sobre el futuro de la humanidad», ya que el mundo, hoy más que nunca, «necesita redescubrir el significado y el valor de lo humano en relación con los desafíos que hay que afrontar.

Fuente: aica.org

Reflexión del Evangelio – II Domingo de Adviento

Evangelio según San Lucas 3,1-6.

El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto.
Este comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías: Una voz grita en desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
Los valles serán rellenados, las montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos.
Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios.

Reflexión por Oscar Freites SJ

El Evangelio de este segundo domingo de Adviento nos llama a: rellenar, aplanar, enderezar, allanar, nivelar… Parecería que, en este Adviento se nos invita a una audaz “obra de ingeniería” sobre nuestras vidas. O más bien, a una artesanal tarea de albañilería para “preparar el camino” de nuestro corazón al Dios hecho niño que ya llega. Preparar el camino para que Dios llegue sin tropiezos ni pérdidas.

La narración del evangelio según san Lucas vuelve a comenzar. Se nos presentan años, lugares y nombres de quienes gobernaban la tierra. Surge un espacio y un tiempo nuevo, en los cuales la novedad de Dios puede emerger sin miramientos.

Sin embargo, Dios no hablará a los poderosos de aquella lista sino a un hombre sencillo que se reconoce pequeño. En el desierto, Juan el Bautista recibe y se hace eco de la Palabra de Dios; él es la voz que nos señala la obra de albañilería que necesita nuestro corazón.

En el peregrinar de la vida, nuestros internos caminos se van tornando sinuosos y desparejos, aparecen baches, levantamos barreras, cavamos zanjas y surgen lugares pantanosos imposibles de atravesar. Los problemas, las dificultades, los enojos, el agotamiento, las crisis y las heridas, muchas veces no nos dejan avanzar o impiden que el Amor crezca cada vez más en nosotros.

Ante esta realidad, el Adviento llega como un tiempo para “discernir que es lo mejor” para cada uno de nuestros. Mirar con atención nuestro hoy para nivelar aquello que está un poco desequilibrado, enderezar lo que se encuentra torcido, allanar y aplanar lo desparejo. La Buena Noticia es que no estamos solos en esta tarea, nuestro Padre Dios nos acompaña. Tal como nos dice Baruc: Dios se acuerda y camina con nosotros, nos acompaña y nos sostiene con su misericordia y su justicia.

Es tiempo de preparar el corazón para y con nuestro Dios que siempre viene, encaminando nuestros pasos bajo aquella voz que grita en nuestros desiertos.

San Francisco Javier y la fuerza de los deseos

Reflexión

San Ignacio de Loyola decía que San Francisco Javier fue la pasta más dura por él jamás manejada, difícil de moldear y más difícil aún de llegarle al corazón. Ignacio sabía bien lo que decía pues, siendo ya un hombre maduro, en 1529, le tocó compartir habitación en el Colegio de Santa Bárbara de la Universidad de París, con el joven Francisco Javier, quien contaba tan sólo con 23 años; en esa misma habitación también residía Pedro Fabro, estos tres hombres posteriormente serían de los padres fundadores de la Compañía de Jesús.

Francisco Javier era un joven líder, talentoso, deportista, aventurero, atractivo, conquistador y con mucho arrojo; también, hay que decirlo, era un joven arrogante, vanidoso y un tanto orgulloso. Se cuenta que, antes de su conversión, no soportaba la presencia de Ignacio y muy a menudo se burlaba de él, de su edad y de su cojera. No obstante, Ignacio como buen maestro, supo ser paciente, trabajar, esperar y confiar hasta que, en 1534, finalmente, el joven del Castillo de Javier se decidió a hacer sus Ejercicios Espirituales de mes bajo la orientación del mismo Ignacio de Loyola. Esta experiencia sería fundamental para nuestro joven navarro pues, en estos Ejercicios vería caer una a una las costras de su ego herido que le impedían ser quien realmente estaba llamado a ser y vivir con mayor plenitud su propia vida. En estos Ejercicios Espirituales, Francisco Javier pudo palpar con certeza “la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo que excede todo conocimiento” (Ef 3, 18-19).

Como todos los jóvenes solemos ser, Francisco Javier tenía un corazón deseoso y anhelante de mucha vida: quería experimentarlo todo, ganarlo todo y saberlo todo; pero sin renunciar a nada, sin apostar nada, y sin arriesgar nada. Un día, cuando escuchó una frase nacida de la viva voz del buen Ignacio, todo su pequeño mundo se le desajustó: “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?” (Mc 8,36). ¿De qué sirven la fama y los aplausos si al final nos quedamos solos? ¿De qué sirven nuestras compras compulsivas si al final nos dejan más vacíos? ¿De qué nos sirven todos nuestros viajes, experiencias y conocimientos si no nos hacen más humanos y cercanos? ¿De qué nos sirven todos nuestros dones y talentos si no los ponemos al servicio de los demás? ¿De qué nos sirve el dinero cuando nos aleja del amor? Seguramente, preguntas muy semejantes a éstas surgieron en el inquieto corazón de nuestro santo y, muy probablemente, le dejaron enmudecido y sin respuesta alguna… ¿quién podrá colmar todos sus ambiciosos deseos?

Francisco Javier nunca renunció a sus deseos de grandeza, sino que los hizo aún más grandes, aprendió a desear más y mejor. Por gracia comprendió que sus deseos serían más fecundos si lograba enfocarlos y ubicarlos en las entrañas del único que los podía acoger con inmenso amor y aceptación: el corazón de Jesucristo. Como buen compañero de Jesús, intuyó que en Él podía encontrar la fuente inagotable de compasión que lo movía en consolación. En Jesús descubrió su Principio y Fundamento y al tierno modelador de su carácter y sensibilidad. En Jesús abrazó la inspiración de su modo de proceder: de en todo amar y de servir. Nuestro joven jesuita jamás abandonó la fuerza dinámica de sus deseos, sino que aprendió a desear más intensamente hasta irse, a pesar de sus miedos, a inflamar el mundo con el fuego de su ardiente corazón.

Mensaje final de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe

La Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe se realizó del 21 al 28 de noviembre en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano conocida como “Casa Lago” en Cuautitlán Izcalli, a unos 30 kilómetros al norte de Ciudad de México. Después de una semana de trabajo, se dio a conocer su Mensaje Final con una lista de doce puntos con los principales desafíos que enfrenta la Iglesia del continente.

El documento fue elaborado por dos grupos, el primero sintetizó y redactó las propuestas de los participantes y el segundo enfocó su análisis con mayor discernimiento.

La Asamblea ha sido vivida, recoge el escrito, como “una verdadera experiencia de sinodalidad, en la escucha mutua y en el discernimiento comunitario de lo que el Espíritu quiere decir a su Iglesia”. Desde la “poliédrica diversidad”, los participantes de la Asamblea se han “vuelto hacia las realidades que vive el continente, en sus dolores y esperanzas”.

El texto destaca la urgencia de “la promoción de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural” y constata y denuncia dolores “de los más pobres y vulnerables que sufren el flagelo de la miseria y las injusticias”; también “el grito de la destrucción de la casa común” y la “’cultura del descarte’ que afecta sobre todo a las mujeres, los migrantes y refugiados, los ancianos, los pueblos originarios y afrodescendientes”.

La sinodalidad es el camino, algo que pertenece a la esencia de la Iglesia, por lo que se insiste en que “no es una moda pasajera o un lema vacío”. Es algo que ha hecho aprender a caminar juntos, involucrando a todos.

Ahora se trata de llevarlo a las comunidades, a las bases, por lo que se muestra el compromiso a seguir el camino, aprendiendo y creando, en un itinerario pastoral que busca la conversión misionera y sinodal. Podemos decir que la ruta está marcada, ahora queda la valentía para enfrentarla, sin olvidar algo que es innegociable: tiene que ser juntos.

Fuente: aica.org