¿Cómo Realizar un Proceso de Discernimiento Espiritual Comunitario?

¿Cómo realizar un proceso de discernimiento espiritual comunitario?, en el marco de la campaña informativa que ha diseñado la Oficina de Comunicación Institucional de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) para dar a conocer y entender de forma más profunda “el discernimiento”, considerando que es un proceso en el que todos, jesuitas y laicos, debemos estar profundamente comprometidos, para llevar adelante la Misión en Común.

Por Hermann Rodríguez S.J.

Introducción

El Discernimiento Espiritual Comunitario (DEC) es una propuesta metodológica que está inspirada en la experiencia que San Ignacio de Loyola vivió con sus primeros compañeros a la hora de decidir la fundación de la Compañía de Jesús. Se trata de un proceso espiritual para buscar lo que más nos conduce al fin para el cual hemos sido creados, o dicho de manera más conocida, para buscar y hallar, la voluntad de Dios con respecto a la misión que Dios nos está invitando a cumplir, tanto a nivel personal, como a nivel comunitario.

Vivimos un momento particular a nivel eclesial que hace necesaria la participación del mayor número de personas en la búsqueda de la voluntad de Dios respecto a nuestras presencias apostólicas, las opciones comunes tanto a nivel interno de la vida de las comunidades, como en su proyección de servicio, para ser obedientes a los ‘signos de los tiempos’ a través de los cuales el Señor nos va comunicando su proyecto de salvación.

Jesús, desde su propia experiencia espiritual, supo leer los signos de su tiempo y hacer las opciones correspondientes, para estar en sintonía permanente con la voluntad de su Padre. Nosotros debemos hacer una lectura orante de estos signos y aprender a ponernos en sintonía con Dios, al estilo de Jesús: “(…) el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace” (Juan 5, 19-20). Para conocer lo que Dios quiere, tenemos que comenzar por desarrollar una mirada contemplativa de la realidad personal, comunitaria, institucional y social, de modo que seamos capaces de descubrir lo que Dios está haciendo y, por tanto llegar a saber cuál es la mejor forma de colaborar con esta acción creadora y salvífica de Dios en medio de nuestra realidad.

Presupuestos

Antes de comenzar un proceso de DEC, es necesario que todas las personas convocadas, tengan en cuenta unos ‘presupuestos’ que hacen posible este tipo de ejercicio espiritual.

Ambiente explícito de fe

El DEC no es una metodología para llegar a decisiones más acertadas según nuestros criterios o según los criterios del mundo. Lo que se buscar es la voluntad de Dios. Esto tiene que estar suficientemente claro y explícito desde el principio para todos los involucrados en el proceso. En este sentido, hace falta que exista un ambiente explícito de fe en la acción de Dios y en la manera como Dios nos ha ido revelando su proyecto a través de los acontecimientos de la historia y a través de su Palabra. Esto significa que el grupo que decide discernir comunitariamente, entiende que debe contemplar su camino con ojos de fe y que está dispuesto a reconocer en las mociones y palabras de los demás miembros del grupo, una palabra de Dios que pide ser escuchada y tenida en cuenta.

Unidad en el fin, diversidad en los medios

Para hacer posible una búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios sobre un grupo en una circunstancia determinada, es fundamental partir de un acuerdo inicial en torno al fin para el cual ha sido creado el grupo o la comunidad. Así como los Ejercicios Espirituales comienzan por el Principio y Fundamento, que define el fin para el cual ha sido creado el ser humano, así una comunidad debe tener claro su fin común, antes del inicio de un proceso de DEC. La definición del fin en los Ejercicios Espirituales es la que permite determinar lo que está ordenado y lo que está desordenado en la vida del ejercitante. En el caso del DEC, esta definición también hace posible establecer la diferencia entre lo que conduce hacia el fin, de lo que desvía el camino de un grupo. Incluso, siguiendo la recomendación ignaciana, no solo lo que conduce, sino lo que más conduce al fin para el que hemos sido creados.

Oración: antes, durante y después

El DEC es un proceso que no sustituye la búsqueda personal y el esfuerzo que cada uno de los miembros de una comunidad debe hacer para buscar la voluntad de Dios. Por ello, la oración personal, condición inequívoca de cualquier discernimiento, es también condición fundamental de un discernimiento en común. Incluso, en algunos momentos puede ayudar al proceso de búsqueda de la voluntad de Dios, otra clase de ejercicios o prácticas espirituales, celebraciones compartidas, algún tipo de penitencia, peregrinaciones, momentos de desierto y silencio… En este sentido, el DEC aparece más bien como un complemento necesario de la labor personal y no una sustitución de una práctica por otra, como puede haberse entendido en algunos momentos, en los que el acento comunitario hizo desaparecer toda exigencia espiritual personal.

Libertad interior

Cada una de las personas que participa de proceso de DEC, debe haber alcanzado un nivel suficiente de libertad interior para buscar lo que Dios le pide, para poder expresarlo en comunidad y para acoger los pareceres, mociones y expresiones de los demás. Este presupuesto corresponde a la indiferencia que Ignacio pide a la persona que quiere hacer una elección en el contexto de los EE. Aunque es legítimo que haya inclinaciones o preferencias más o menos explícitas y definidas desde el inicio del proceso, es muy importante que todos los que participan de un proceso como este, sientan una gran libertad frente a las distintas opciones y frente a las mociones propias y de los demás. Lo que se busca no es sacar adelante un parecer particular, sino buscar la voluntad de Dios.

Suficiente información

El DEC no está basado en una comunicación mágica de Dios al grupo que busca, sino que supone la mediación de la búsqueda personal y colectiva, valiéndose de todos los medios al alcance del grupo. Por esto, es importante que quienes participan de un proceso como este, cuenten con la información suficiente que está disponible. En algunos casos habrá que invitar a algún especialista en una determinada materia, o pedir asesoría con respecto a puntos específicos. El superior de la comunidad o el asesor externo, tienen la responsabilidad de buscar y ofrecer la mayor cantidad y calidad de información posible.

La decisión final corresponde al superior competente

Todos los que participan de un DEC deben tener claro, desde el comienzo, quién es la persona o la comunidad competente para tomar la decisión final y cómo se va a tomar esta decisión; de manera consensual, de manera deliberativa, de manera consultiva, etc. Esto varía de acuerdo con la materia de la decisión y con el tipo de comunidad que está haciendo el discernimiento. De esta manera se evitan los ‘desengaños’ o las conclusiones sorpresivas. Saber esto desde el comienzo, ayuda a ganar libertad interior. Confiamos que el superior competente, no está movido por intereses distintos a los del grupo y que también está buscando la voluntad de Dios. La comunidad entera participa de la búsqueda de esta voluntad, pero tiene claro que el superior competente será el que asuma el servicio de la autoridad en el momento en que se requiera. Hay que tener en cuenta cuál es el superior capaz de asumir responsablemente una determinada decisión; no se puede comenzar un discernimiento sobre un asunto que corresponde a una autoridad determinada, sin que se cuente con su aprobación y participación.

¿Cómo proceder?

Una vez aclarados y tenidos en cuenta estos presupuestos, la comunidad que va a realizar un DEC, puede seguir varios caminos. No existe un solo método para hacer un discernimiento espiritual comunitario. Lo fundamental está en el espíritu que anima al grupo y que orienta la búsqueda de la voluntad de Dios. Hay que estar abiertos a las formas concretas que pueda adquirir esta búsqueda y dejar que sea el Espíritu el que ofrezca su luz para encontrar no sólo la Verdad que buscamos, sino también el Camino a través del cual queremos llegar a la Vida. Vamos a proponer dos metodologías distintas, dependiendo de si se trata de un discernimiento “de situación” o de un discernimiento “de decisión”.

Discernimiento “de situación”

Hay algunos casos en los que una comunidad quiere buscar la voluntad de Dios frente a una situación particular, y no está interesada en tomar decisiones respecto de coyunturas concretas que estén viviendo. Es posible que un discernimiento de situación lleve más adelante a un discernimiento de decisión, pero son momentos distintos, que es necesario reconocer, y que exigen metodologías diferentes.

Ejemplos de discernimientos de situación pueden ser:

  • Una comunidad se pregunta sobre lo que Dios está pidiendo en un momento o en una circunstancia determinada de su vida.
  • Una comunidad quiere aclarar los motivos por los que está viviendo una tensión.
  • Una comunidad quiere saber los motivos por los que no hay nuevas vocaciones.
  • Una comunidad quiere establecer unos criterios para evaluar su acción apostólica.
  • Una comunidad quiere entender mejor cuáles son las urgencias en un plan apostólico.

Fuente: Jesuitas Latinoamérica

De Proyectos y Logros que Pasan, y Rostros y Nombres que Quedan

El jesuita chileno Cristóbal Fones SJ nos cuenta 3 cosas que le diría a su yo de hace 10 años.

Por Cristobal Fones SJ

Soy Cristóbal, jesuita chileno. Tengo 43 años y llevo en la vida religiosa un cuarto de siglo. Hace diez años me acababa de ordenar sacerdote (10 de marzo de 2007). Estaba feliz y vulnerable, abierto a la vida y nervioso a la vez. Realmente, no tenía idea en lo que me estaba metiendo…

Si tuviera que darle algunos consejos a mi yo de entonces, partiría invitándome a amar de un modo más decidido lo imperfecto. Creo que en varios sentidos seguía mirando por encima la realidad, esperando poder ‘resolver’ las cosas pendientes, los trazos curvos y los surcos abiertos. Los de otros y –sobre todo– los míos. Mi vocación había sido fundada en mi debilidad y, sin darme cuenta, a ratos intentaba sustituir ese cimiento por algo más ‘digno’ de la tremenda encomienda que recibía en mis manos… Hoy claramente me doy cuenta que Dios ha hecho verdad esta misión regalada, pero desde mi frágil humanidad. Eso es, ahí está. Es justamente eso lo que me ha hecho más empático, más sencillo para entusiasmarme y enojarme a la vez, más misericordioso y más esperanzado.

Lo segundo que me diría es que el camino es lo fundamental y que da muchas vueltas. Los proyectos sociales, los logros apostólicos, los títulos académicos, los artículos sobre temas graves y cruciales, los discos llenos de canciones y sueños, los campamentos y rutas, las celebraciones bien planeadas y cuidadas pasan. Se quedan los rostros, los nombres. Nada más. No me juego la vida en una opinión publicada en redes sociales. Que la vida avanza y vamos siempre aprendiendo. Que me equivoco y me equivocaré. Que siempre hay espacio para nuevas miradas. Que Dios permanece y no se agota jamás.

Y otra cosa que me gustaría decir(me) es que los grandes deseos no se apagan. La juventud no es el culmen de la vida, para nada, en verdad. Aunque así lo aprendamos. Que el tiempo va dejando heridas, pero también hermosos aprendizajes que no vale la pena tratar de borrar. Esto me da vueltas por estos días… Charlando con mi yo de hace diez años podríamos llegar a un trato: parte enseñando menos y escuchando más, espera mucho de los otros (aunque te decepciones), camina más lento si puedes, que yo estaré igualmente aguardando aquí nuestro encuentro animado por el mismo fuego, sostenido por el mismo abrazo.

Fuente: Pastoral SJ

Campaña sobre el Discernimiento (0)

Desde la Conferencia de Provinciales de América Latina (CPAL), se propone un material sobre el discernimiento, en consonancia con un tiempo de discernimiento profundo para toda la Compañía de Jesús.

A finales del año pasado, el Padre General Arturo Sosa, S.J., anunció un proceso de discernimiento en toda la Compañía de Jesús para definir las Preferencias Apostólicas Universales, para los próximos diez años.

Con este anuncio, todas las conferencias, provincias, comunidades, obras y redes, entraron en este proceso de discernimiento para encontrar la voluntad de Dios en torno al modo de servir mejor a la Iglesia y al mundo, desde la propia vocación de la Compañía.

Pero, ¿qué es el discernimiento? El discernimiento es don del Espíritu Santo, que ha estado presente en la Compañía de Jesús desde su fundación y que tuvo un particular desarrollo en la espiritualidad ignaciana, a partir de los Ejercicios Espirituales. La propuesta ignaciana del discernimiento, ha tenido un gran impacto en la vida de la Iglesia. Para San Ignacio de Loyola, el discernimiento es una búsqueda de la voluntad de Dios, desde la unción del Espíritu en el corazón humano, para elegir lo que más nos conduce al fin para el que hemos sido creados, siguiendo la expresión del Principio y Fundamento, punto de partida de cualquier discernimiento espiritual.

Por su parte, el Papa Francisco, en sus intenciones del mes de marzo de este año, pidió en oración por la formación en el discernimiento espiritual de todos los cristianos en la Iglesia. “El tiempo en el que vivimos nos exige desarrollar una profunda capacidad para discernir. Discernir, entre todas las voces, cuál es la voz del Señor… Necesitamos leer desde dentro lo que el Señor nos pide”.

Asimismo, el Padre General Arturo Sosa, creó recientemente la Oficina para el Discernimiento y la Planificación Apostólica (DPA), como una manera de hacer efectivo el mandato de la Congregación General 36a, que señala el discernimiento como uno de los «Modos de proceder apropiados para nuestro tiempo», junto con el trabajo en red y la ‘colaboración’ (CG 36a, d. 2). El objetivo de esta Oficina es promover el discernimiento y la planificación apostólica en la Compañía de Jesús. Y no solo el discernimiento personal, sino también el discernimiento comunitario y participativo. Por ello, en una carta a toda la Compañía, el Padre Sosa nos decía:

“El discernimiento en común es la condición previa a una planificación apostólica en todos los niveles de la estructura organizativa de la Compañía de Jesús.” Arturo Sosa, SJ, Carta del 27 de septiembre, 2017.

Es por esto, que desde la Oficina de Comunicación de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL), hemos elaborado una campaña informativa para dar a conocer y entender de forma más profunda “el discernimiento”, considerando que es un proceso en el que todos, jesuitas y laicos, debemos estar profundamente comprometidos, para llevar adelante la Misión en Común.

Desde hoy, y durante el próximo mes y medio, la Oficina de Comunicación de la CPAL publicará en su página web, redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram) y canal de Youtube, videos y publicaciones enfocadas a la divulgación, el conocimiento y la práctica del discernimiento personal y comunitario. Todo esto, contando con el aporte de diversas voces, conocedoras del tema, en América Latina y el Caribe.

Fuente: Jesuitas Latinoamérica.

 

MAGIS Brasil lanza un Material de Oración Socioambiental

MAGIS Brasil ha puesto a disposición un material para profundizar en la invitación al cuidado de la casa común, que viene resonando con fuerza desde la publicación de Encíclica Laudato Si’, desde la Espiritualidad Ignaciana.

En consonancia con el Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado el 5 de junio, y con la campaña Ser más consciente, el Programa MAGIS Brasil lanzó un Material de Oración y Vivencias Biocomunión. El material tiene como objetivo ayudar a los jóvenes a recorrer la conversión ecológica y a volverse más conscientes en sus vidas y actividades cotidianas a través de una de propuesta de Espiritualidad Ignaciana.

En el subsidio, la reflexión traída por la realidad de los biomas brasileños, de sus medios físico, químico y biológico, así como de las personas y de sus rasgos culturales singulares, posibilita la búsqueda y el encuentro de caminos hacia una espiritualidad integradora, que no se disocia de los aspectos teológico, antropológico y cosmológico (naturaleza), estrictamente relacionados.

El material fue producido por el Centro MAGIS Amazonia que coordina el Eje Socioambiental del MAGIS Brasil.

¿Está interesado en el Subsidio de Oración y Vivencias Biocomunión? Leélo en línea. 

Fuente: Jesuitas Lationamérica

 

Al Dios del Agotamiento

Sobre el entregar la vida y la vida en abundancia al modo de Jesús.

Por Santi María Obiglio

¡Hay tantos jóvenes comprometidos de corazón con la civilización del amor! Yo los admiro… Cuando veo su modo de trabajar, me asombra su entrega y su celo pastoral, y quiero un poco de todo su entusiasmo, inteligencia y esfuerzo. Pero junto a la admiración también, admito, siento como hermano un poco de temor y preocupación.

Ellos viven apasionados por Jesús y por su Reino. Generosos en tiempo y esfuerzos, se dedican al trabajo pastoral casi 24/7. Horas de servicio en encuentros, reuniones, en la soledad de sus computadoras planificando o activos en el WhatsApp y otros medios para organizar y comunicar eventos, procesiones, misiones, vigilias, retiros….

Lo que me que me preocupa es ¿dónde se encienden estos fuegos?, ¿cómo se cuidan estos fuegos?, ¿dónde acaban estos fuegos? A veces veo, con vértigo, cómo crecen las ojeras en muchos de estos jóvenes admirables. Cómo se borronean sus vistas, se entumecen sus pasos, se agrietan sus sonrisas, se inquietan sus noches, se aceleran sus volantes. ¡Basta ver cómo explotan sus agendas! Y me pregunto si a veces estos fuegos que encienden otros fuegos no terminan destruidos por las llamas. No puedo creer que sea este el fuego de Jesús. Quiero decir: el fuego de Jesús no destruye. Sí consume, pero, misteriosamente, dando más vida.

¿Supuestamente, este consumirse por el Reino es lo que todo cristiano estaría llamado a hacer? Entregar la vida, perder la vida para recobrarla, caer en tierra y morir para dar fruto… Sí, claro que estamos llamados a entregarnos, pero al modo de Jesús. Y el modo de Jesús es ir a la Cruz sólo al final. Durante sus años de misión lo vemos entregarse dedicando tiempo a la oración, a formar comunidad con sus apóstoles, lo vemos predicar y sanar, pero al modo de la levadura en la masa: uno por acá, otro por allá… ¿Por qué Señor no curaste a todos los enfermos? ¿Por qué Señor, un puñado de varones y mujeres, en vez de una masa multitudinaria y organizada? No sé, Señor, pero no puedo negar que mirar tu modo aquieta mis ansiedades y desvanece mis frustraciones. La necesidad -siempre urgente e inagotable– sumada al exitismo y al activismo, a veces cambian al Dios de la vida por el dios del agotamiento.

Tu Reino nos urge, la civilización del amor nos urge, pero creo que Dios no la quiere a costa nuestra, sino con nosotros, entre nosotros, como levadura en la masa, que sí, desaparece –la levadura se disuelve– pero para más vida.

No creo en un Maestro explotador de sus discípulos, creo en un Maestro que vino a que tengamos vida, todos, en abundancia; no sólo que el resto tenga vida, también nosotros, que ‘trabajamos’ en sus cosas. Y esa vida no es sólo ‘eterna’; es vida acá y ahora, es todo lo que nos haga sentir ‘vivos’, y que interiormente sentimos como plenitud, paz, serenidad, sentido, fortaleza, alegría, incluso salud.

Creo que Jesús, cuando llama a trabajar para Él, no sólo no nos quita la propia vida –’desgastándola’ en la entrega– sino que la lleva a una plenitud totalmente nueva y mayor. Me gusta pensar que también vale para el Evangelio ese dicho que dice «el que parte y reparte se queda con la mejor parte»; creo que el Reino que llega a la sociedad a través nuestro no pasa arrasándonos sino dándonos esa misma vida de la que somos servidores. «La gloria de Dios es el hombre viviente», ¡no sólo lo que hagas, sino que todos –y vos incluido– vivan! Esa es la buena noticia.

¿Estamos pudiendo encontrar el amor de Jesús en la oración, para descansar en él nuestras tareas y preocupaciones? ¿Tenemos con quien acompañarnos, quien nos consuele en nuestras luchas, quien nos escuche? ¿Celebramos la vida, los logros, la fraternidad? ¿Dormimos bien? ¿Comemos bien? ¿Tenemos tiempo para vivir ‘humanamente’? ¿Y nuestros procesos personales? ¿Aceptamos que todavía estamos creciendo, madurando, buscando, y que es bueno e importante también dedicarnos a eso…? Por la compleja realidad económica, a los jóvenes hoy nos cuesta creer en la inversión, pero ¿estamos valorando estos años de juventud para crecer y formarnos, para estudiar y prepararnos bien para la propia profesión? Todo lo que invirtamos en este tiempo va a ser regalo –y es ya regalo– para Dios y para los demás.

Tal vez sólo cada uno pueda discernir dónde está su límite entre el don de sí, que es regalo, y la sobre-explotación, que es muerte. Cuidemos la vida de todos, también la de los discípulos-misioneros, la de los agentes de pastoral, la nuestra. La Iglesia, el Reino, la sociedad, nos necesitan bien, para servir más y mejor.

«El corazón de Jesús es el corazón de uno que ama. Cuando llama a unos hombres para que le sigan, no es porque tenga trabajo para ellos, sino porque les ama. Cuando llama a unos hombres a hacerse discípulos suyos, no es sólo para una misión que les reserva, sino para algo mucho más profundo. Es la llamada de alguien que ama y dice: ‘Caminá conmigo, porque te amo, tenés un gran valor a mis ojos, no tengas miedo”’. (Jean Vanier)

Fuente: Pastoral SJ

 

Reverencia al Espíritu Santo

Una poesía sobre el Espíritu por el jesuita Ignacio Puiggari SJ

Por Ignacio Puiggari SJ

Espíritu amable y verdadero,

que trabajas con el calor del afecto

-humilde instrumento de servicio-

las cosas necesitadas de amor.

Como una brasa encendida que perdura,

quemas las entrañas de este mundo.

Nada controlas, ni dominas;

no quieres mi vana perfección, sino el Fuego.

Tus pensamientos son una paciente caricia

que nos acompaña para el riesgo del camino.

Mientras el eco de tu fragancia nos empuja y arroba

hacia el lugar de una ofrenda acorde y fecunda.

 

Fuente: Territorio Abierto

 

Caminos hacia Dios: las Heridas

Otra puerta a la presencia de Dios: las heridas.

Emmanuel Sicre SJ

Las heridas son puertas entreabiertas al misterio de la vida. Allí donde el dolor abre la carne hay gritos de parto que advierten el deseo de vivir. Cada herida se torna, entonces, el anuncio de una reparación, el deseo de un alivio, la esperanza de una cicatriz. Las heridas de una cruz que Dios no da, sino que ayuda silencioso a cargar, nos revelan el ardiente anhelo de una pascua que nos murmure al oído que las lágrimas limpian los ojos para ver mejor el sentido de nuestra historia magullada.

Cuando las heridas son de muerte, cuando lo que es deja de ser, comienza la nueva vida, esa que verdea en los bordes de la herida y nos regala la esperanza de que posible siempre reescribir la propia historia con el lápiz de Dios.

Fuente: Pastoral SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 24 de Junio

Evangelio según San Lucas 1, 57-66 80

 Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: “No, debe llamarse Juan”. Ellos le decían: “No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre”. Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: “Su nombre es Juan”. Todos quedaron admirados, y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: “¿Qué llegará a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

 Reflexión del Evangelio – Por Oscar Freites

En este domingo la Iglesia nos invita poner la mirada sobre un nacimiento: “Isabel dió a luz a un hijo…” Quizás estás palabras nos parezcan muy naturales, cotidianas, parte del silencio ciclo de la vida. Pero si escuchamos bien, si prestamos la adecuada atención, podemos advertir que nos remiten a una historia y a una misión. Detrás de todo nacimiento parece esconderse el misterio de todo hombre: somos historia y somos misión.

Somos una historia que no comienza con el nacimiento, ni termina con la muerte. Al recordar hoy la natividad de Juan Bautista podemos caer en la cuenta de una historia que comenzó a tejerse con una buena noticia pronunciada nueve meses atrás. Zacarías e Isabel, ya ancianos, traerán al mundo a un hijo. El milagro de la fecundidad se abrirá paso en medio de una realidad que parecía estéril. Un suceso tan increíble que dejaría sin habla a Zacarías tras la duda y la falta de fe. Un pequeño pueblo entre las montañas de Judá se alegraría ante aquellos sucesos y sería el fiel testigo de los acontecimientos de aquellos nueve meses. En ese tiempo llegaría hasta allí, otra mujer con un niño en su vientre: María. Isabel y la joven nazarena compartirán la gracia de ser portadoras de vida, y serán capaces de cantar y contagiar su alegría con todos aquellos con quienes se encuentren. Vemos aquí la fecunda dinámica de engendrar la vida: silencios, alegrías, novedad, agradecimiento, compañia. Nuestra historia, como la historia de Juan Bautista, también se inscribe en esta dinámica desde el instante mismo en que somos concebidos. Desde aquel momento las alegrías y tristezas, los aciertos y los errores, los esfuerzos y las luchas de los nuestros ya comienzan a ser nuestras.

Y cierto día llega la hora de dar a luz, nos llega la hora de ser luz, de asumir una misión. Pues nuestra vida es misión y la misión es nuestra vida. Irrumpimos en el mundo, nacemos, y como Juan somos causa de alegría para muchos. Somos una nueva vida, una nueva misión, que es capaz de devolver el habla. Misión que es voz que no quiere (o no debe) ser silenciada. Celebrar el nacimiento de Juan Bautista también nos lleva a mirar la misión de este fiel hombre que fue la voz que preparó el camino a Jesús. Él fue la voz que abrió caminos, que movió corazones, que asumió con humildad y firmeza su misión. Nosotros también somos misión, el Señor también nos ha llamado desde el vientre de nuestra madre, ha pronunciado nuestro nombre, nos ha hecho escuchar su Palabra.

Somos historia y somos misión, y somos pregunta abierta en medio del mundo, ignorancia de lo que vendrá: ¿Qué llegará a ser este niño? Esto se preguntaban los parientes y vecinos de Juan tras su nacimiento, y es que, somos una fecunda potencialidad. Historia que vamos escribiendo, pronunciando y diciendo. Misión que vamos construyendo y reconociendo en el encuentro con los demás; en medio de aquellos lugares en donde nos arde el corazón y en los cuales somos capaces de gastar nuestra vida. Pregunta abierta que nadie puede responder por nosotros; sino que, desde nuestra libertad, vamos conjugando y arriesgando respuestas.

En este domingo al celebrar el nacimiento de Juan Bautista, podemos pedirle al Padre que nos ayude a cuidar, proteger y defender cada historia que comienza a narrarse desde el seno materno y a abrazar aquella misión que comenzamos a pronunciar desde nuestro nacimiento.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe

Dios entre el Ruido y el Trajín Cotidiano

Encontrar a Dios y con Él su paz en medio del ruido cotidiano.

Nuestra vida hoy está llena de sonidos, de bullicio, de estruendo. Parece como si fuese la banda sonora de nuestra cotidianidad. Las calles, el metro, los parques, los centros de ocio, las ciudades enteras derraman un bullicio estremecedor que no pocas veces parece jugar en nuestra contra, sobre todo interfiriendo en el deseo de buscar y encontrar un Dios que habita en medio del silencio, de la quietud y del sosiego.

No obstante, también el ruido tiene capacidad para comunicarnos con un Dios que camina a través de las vidas de las personas, con su ritmo frenético, veloz y trepidante. Contemplar el ruido quizá nos pueda ayudar a conocer mejor los diferentes espacios que nos rodean y de los que formamos parte, con una paz dinámica que nos instruya en el reconocimiento de un Dios que se mueve, que trabaja tanto en la cadencia enérgica de las personas como en la serenidad del reposo o de la oración.

Fuente: Espiritualidad Ignaciana

 

Sueños e Insomnios sobre la Vida Religiosa

Los sueños están presentes a lo largo de toda la Biblia. En los diferentes relatos, Dios habla a las personas en sueños ¿Qué podemos aprender de estos ‘soñadores’?

Dolores Aleixandre

Buscar otros caminos diversos de los ya recorridos, aunque supongan cambios, riesgos y desconciertos

«Ahí viene el soñador», dijeron los hermanos de José al verle venir hacia ellos. No es el único personaje al que la Biblia relaciona con los sueños: soñó Abrán que Dios lo bendecía aunque aún no había recibido su nombre definitivo (Gen 15,12); soñó Jacob y vio una escalera que comunicaba el cielo con la tierra (Gen 28,12); soñó el Faraón y vio vacas gordas y vacas flacas pastando junto al Nilo (Gen 41,2-3); soñó Nabucodonosor y se agobió tanto, que buscó a Daniel para que le explicara su pesadilla (Dn 2,1); habló Joel (y con lenguaje inclusivo, qué detalle) de un pueblo en el que iban a profetizar jóvenes y muchachas (Jl 3,1).

En el Nuevo Testamento sueña José y se despierta decidido a llevarse a María a su casa (Mt 2,12); sueñan los Magos y, al cambiar de camino en su retorno, se libran de los desvaríos de Herodes (Mt 2,12); vuelve a soñar José y descubre que ha llegado el tiempo de volver a Nazaret (Mt 2,19); sueña la mujer de Pilatos y su sueño la alarma porque están condenando al Inocente (Mt 27,19).

Y aquí andamos hoy los que vivimos esta vida un poco rara que calificamos, con más o menos acierto, como de seguimiento, empeñados unas veces en seguir soñando y sin pegar ojo otras, porque el futuro que entrevemos nos provoca insomnio y el presente en ocasiones también.

«Cuenta las estrellas si puedes», le había dicho el Señor a Abrán, pero nosotros refunfuñamos por lo bajo: – Pues sí que estamos para ponernos a contar, si nos sobran dedos de la mano para contar a la gente en formación. Y encima, instalados hace años en el punto B del sueño del faraón: solo vacas flacas y con poca pinta de engordar y aumentar, por más planes de pastoral vocacional en los que nos atareamos.

Afortunadamente, si no son nuestras fantasías sino Otro quien los inspira, los sueños siguen ahí, tenaces y persistentes, sosteniendo nuestros desánimos y sin darnos tregua hasta que los hagamos realidad. Esto hemos aprendido de los soñadores bíblicos:

  • a plantar nuestra escalera bien abajo pero en comunicación con lo de arriba; con las raíces en lo humano, en medio de la gente, respirando sus mismas búsquedas, participando de sus esperanzas y de sus problemas. Porque eso es ya innegociable y no hay retroceso posible hacia un espiritualismo etéreo, ni hacia un secularismo reseco y despalabrado.
  • a repetir con la terquedad de Habacuc: «- Aunque los campos no dan cosechas y no quedan vacas en el establo, yo festejaré al Señor gozando con mi Dios salvador» (Ha 3,18).
  • a buscar otros caminos diversos de los ya recorridos, aunque supongan cambios, riesgos y desconciertos.
  • a dar libertad a los jóvenes para que profeticen y a ellas para que tengan visiones, sin chafarles los sueños con lo de que «eso ya lo soñamos los de nuestra generación, y salió fatal».
  • a acoger con una alegría nueva en nuestra casa a esos huéspedes, Jesús y su Madre, que son sus únicos dueños (y los otros okupas, que salgan zumbando).
  • a volver al Nazaret de nuestros orígenes, con el mismo brillo en los ojos de quienes iniciaron la aventura, pidiéndoles que se encarguen de re-encantar al novicio/a que fuimos, pero con la madurez que nos han dado muchos años de relación y de amor
  • a entregar la vida en el servicio a los inocentes de hoy, condenados injustamente por el pecado del mundo.
  • a reconocer como tiempo de gracia el que ahora nos toca vivir.

Para terminar, una conjetura: quizá Jesús, mientras cruzaba el lago con sus amigos, rezaba el salmo 126: «Si el Señor no construye la casa ni guarda la ciudad, son inútiles nuestros agobios: sus dones vienen a nosotros durante el sueño…» Y por eso dormía tan tranquilamente en la barca, en medio de la tempestad.

Fuente: Periodista Digital