Ensanchando la Comunidad

Una reflexión sobre los últimos acuerdos entre la Santa Sede y China.

Por Alvaro Zapata SJ

Una vez le preguntaron al dibujante Forges si quería una vida larga y respondió diciendo que más importante era que la vida fuese ancha, por intensa y provechosa. Quizás porque en un camino ancho caben más personas, más compañeros con los que poder compartir y ayudarnos para celebrar los momentos buenos y los momentos duros que todo caminar conlleva.

Pienso que de esto trata el nuevo acuerdo que ha firmado la Santa Sede con China. Más allá de tecnicismos jurídicos y relaciones internacionales, más allá de hacer una lectura política del acuerdo –que quizás son las que más estamos leyendo– creo que también nos toca hacer una lectura en clave de comunidad que crece, que ensancha sus límites y acoge a quienes quieren sumarse a la vivencia creyente que compartimos. Una lectura que nos permita hacernos conscientes del encuentro entre dos comunidades de creyentes, que más que defender su identidad quieren terminar con algunos de sus límites. Porque, en el fondo, de eso trata este nuevo paso adelante. Lo que se ha negociado técnicamente es el procedimiento para el nombramiento de obispos, pero la consecuencia es que ahora nos sentimos más cercanos a otras personas que creen como nosotros y que nos invitan a crecer, a que nuestro camino sea más ancho.

Y esto nos complica la vida, evidentemente. Porque nos exige un esfuerzo de acogida, de comprensión, de acercarnos a quienes han estado lejos. Lo fácil es pensar que esto no nos toca, que es alta política, una maniobra de relaciones internacionales. Pero si lo piensas con tranquilidad no ganamos nada, ni siquiera la Santa Sede ha salido reforzada, pues muchos sectores han criticado lo que leen como concesiones al gobierno chino.

Por eso mismo me parece un gran paso adelante. Porque nos sitúa ante otros hermanos, otros creyentes como nosotros que desean también ensanchar su camino. Sin ganadores o perdedores. No para llegar lejos, sin importar cómo de largo sea el camino. No para maniobrar con intercambios, concesiones y diplomacia. Sino para sentirse, como nosotros nos sentimos ahora, más universales, más unidos a la vivencia comunitaria a la que nos invita Jesús. Haciendo realidad esa última invitación que recibimos para ir al mundo entero, para que en un mundo de barreras políticas, culturales, eclesiales, podamos demostrar que ninguna es lo suficientemente insalvable como para detener a los hermanos que quieren encontrarse, que quieren compartir un camino que cada vez sea el de más personas.

Fuente: Pastoral SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 28 de octubre

Evangelio según San Marcos 10, 46-52

 Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo –Bartimeo, un mendigo ciego– estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: “¡Hijo de David, ten piedad de mí!”. Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Entonces llamaron al ciego y le dijeron: “¡Ánimo, levántate! Él te llama”. Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Él le respondió: “Maestro, que yo pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete, tu fe te ha salvado”. En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

Reflexión del Evangelio – Por Ignacio Puiggari SJ

Bartimeo nos recuerda a ese joven griego sumergido en medio de su laberinto con una mano sosteniendo el hilo de su amada Ariadna y con la otra la espada que daría muerte al Minotauro. Pero, digámoslo así, se trata este de otro laberinto, de otro hilo y otro amor. En el centro del laberinto se esconde una pregunta y la cara de una persona. Inmerso en su ceguera, Bartimeo va desarrollando el ovillo que lo guía mientras escucha en medio de su entorno los pasos de su amor. Alguien está pasando y causa revuelo y seguimiento a su alrededor. Lo llaman Mesías, Hijo de David, y otros tantos títulos que apuntan a su carácter excepcional y salvador: ¿cómo perder esa chance? Es entonces cuando el hilo deja la forma de la “escucha” y toma la fisonomía de un “grito”. Lo que más nos orienta es conectarnos con nuestra más urgente y reprimida necesidad de amor. Eso que brota del costado-fuente del hombre venciendo resistencias y abriéndonos camino. El ovillo sigue desplegándose y ahora se manifiesta como una respuesta a la llamada y un “salto” de fe hacia lo desconocido. Lo más hermoso de ese salto es que, por primera vez, desasidos de toda seguridad, tenemos la chance de entregarnos a la bondad radical del Otro. Ese salto, junto con algunas ayudas eclesiales, nos conduce a Jesús.

Desplegado el hilo de la escucha, el grito, el salto y las ayudas nos enfrentamos desnudos y frágiles ante el Minotauro de nuestra pregunta esencial. Y es esencial porque no la producimos nosotros, sino porque nos alcanza y nos viene de otra parte, de Dios mismo, como una flecha certera hacia el fondo del alma. Una pregunta que nos libera, cuida y respeta nuestra libertad. Comparar a Jesús con el Minotauro es un poco grotesco; Jesús no nos devora, sino que nos recrea mirándonos, pidiéndonos permiso para entregarnos su don: “¿qué quieres que haga por ti?”. Por eso este laberinto tiene otro riesgo y otro triunfo: no el de matar a Minotauro y salirnos en fuga con la princesa, sino el de recibir en la pregunta a la persona salvadora y con ello el “don” que nos vuelve abiertos hermanos y discípulos seguidores de Jesús.

Pidámosle entonces al Señor encontrar esa guía de escuchas, gritos, saltos y ayudas que nos conducen al Minotauro bueno de nuestras preguntas esenciales; pidámosle al Señor, una vez en su camino, ser instancias de ayuda, escucha y seguimiento en la empresa de su Reino.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana

 

 

¿De qué sirven las Respuestas para las que no hay Preguntas?

Una reflexión para no tenerle miedo a las preguntas sin respuesta

Por Tomáš Halík – Paciencia con Dios

«Vi una vez en las paredes de una estación del metro de Praga la pintada: ‘¡Jesús es la respuesta!’, que posiblemente había escrito allí alguien que volvía desbordante de entusiasmo de alguna concentración evangélica. Solo que algún otro añadió acertadamente bajo su proclamación: ‘Pero, ¿cuál es la pregunta?’. Esto me recordó el comentario del filósofo Eric Voegelin de que el mayor problema de los cristianos actuales no es que no sepan las respuestas correctas, sino más bien que han olvidado las preguntas que habían sido planteadas y a las que se dirigían estas respuestas.

Las respuestas sin preguntas –sin esas que en su origen las provocaron, pero también sin aquellas otras que despiertan subsiguientemente a cada respuesta– son como árboles sin raíces. ¡Y cuántas veces, sin embargo, son propuestas nuestras ‘verdades cristianas’ como árboles talados, ya sin vida, en los que no puede anidar ave alguna!»

Fuente: Pastoral SJ

El mundo está Dividido en Dos

Las personas que están abiertas a recibir y aceptar a los demás me sorprenden profundamente.

Por Javier Rojas, SJ

Tengo la sensación, no sé qué opinarán ustedes, de que el mundo se divide entre las personas a las que les resulta ‘difícil’ aceptar al otro y las que han encontrado un ‘tesoro’ oculto en el corazón de los demás. Los primeros parecen haber convenido y acordado construir muros en lugar de tender puentes. ¿Qué les atemoriza? ¿Qué les da miedo?

Cuando converso con algunas personas me doy cuenta de que no están preparadas, mental ni espiritualmente, para aceptar a los demás, sencillamente porque no se conocen ni aman a sí mismas. Nadie las ha hecho sentir que son amadas por lo que son y no por lo que pueden lograr. No tienen experiencia de amor gratuito sino financiado. ¡Compran amor a cambio de títulos, logros y éxitos!

La cercanía del otro los asusta, los tensiona y los pone en máxima alerta. Sin embargo, las personas que están abiertas a recibir y aceptar a los demás me sorprenden profundamente. Ellas mismas han descubierto su propio valor en la mirada, la palabra y el gesto amable del otro. Alguien, lleno de bondad, se acercó para guiarlas hasta el fondo de ellas mismas y apreciar la maravilla que son. Me encantan las personas que no se dejan sobornar por sus miserias, debilidades y pecados que los acusan y entristecen robándoles la paz, sino que luchan cada día para dar más cabida al tesoro que hay en ellas.

Hasta que no hayamos descubierto el ser maravilloso que somos cada uno de nosotros, no estaremos dispuestos a tender puentes. La apertura y aceptación de los demás comienza primero en nuestro interior. Quienes mantengan su corazón encerrado o acorazado, sospechando siempre de todos y buscando siempre razones para levantar muros, difícilmente puedan hallar el maravilloso tesoro que hay en ellos. ¡Qué triste morir sin haber descubierto lo maravilloso que soy!

Fuente: Pastoral SJ

 

Hoy se presenta el Manual de Oración Ignaciana

“Hoy representa un desafío inmenso proponer a los estudiantes de nuestros colegios practicar los EE, pues son niños y jóvenes entrenados en pantallas digitales, rápidas y estimulantes. La interioridad, el silencio, la contemplación reposada, el encuentro personal con Dios y consigo mismo en profundidad, quedan totalmente relegados del hábitat natural de nuestra sociedad.

Sin embargo, una de las características de los EE es la adaptabilidad. Así, si bien San Ignacio planea originalmente que el itinerario de los EE dure un mes entero, da la posibilidad de acomodarlos a cada persona según su condición, de tal modo que pueden darse en menos días, retirándose la persona a un lugar aparte o en su vida corriente.”

Esta es parte de la respuesta que da el Manual de Oración Ignaciana a la pregunta: ¿Por qué formalizar en el colegio un espacio sistemático para la contemplación?

Hoy, 22 de Octubre, se realizará la presentación del Manual de Oración Ignaciana. Un material producido por el P. Leonardo Nardín y colaboradores y destinado a quienes trabajan con niños y niñas en ámbitos educativos y/o pastorales.

El libro será presentado en el Centro de Espiritualidad Ignaciana de Argentina (CEIA), que se encuentra en la ciudad de Buenos Aires.

Reflexión del Evangelio – Domingo 21 de octubre

Evangelio según San Marcos 10, 35-45

 Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. Él les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”. Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?”. “Podemos”, le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”. Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

Reflexión del Evangelio – Por Marcos Stach SJ 

El que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. (Mc. 10, 44) 

El Evangelio de este domingo (Mc. 10, 35-45), contiene una profunda enseñanza del Señor, que viene a contrariar nuestro modo habitual de pensar y hacer las cosas. Tiene que ver con el tema de buscar el primer lugar. Es lo que le pasa a los Apóstoles: Han dejado todo, siguen a Jesús y llegados a un punto de no retorno, se les planta la debilidad: “Dejame a mí a tu derecha y a éste a tu izquierda.” Lo que asombra no es tanto el pedido, que bordea en la ingenuidad: Viven con Jesús y uno quisiera pensar que los discípulos ya sabrían de sobra que al Señor estas cosas no le van. Asombra portentosamente que el mal afecta al conjunto: Lo vemos en el dato de que los discípulos se enojan con los dos que hacen el pintoresco petitorio: “Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.” (Mc. 10, 41). Imagino al Señor suspirar, tomando fuerza, primero para no responderles enojosamente, sino para extraer una enseñanza profunda, que es la que nos llega hoy: La paciencia del Señor impresiona. Y ahí viene la lección que aplica a nosotros y que siempre es vigente: “Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud».” (Mc. 10, 42-45). Jesús está dando una fuerte indicación que toca a lo que podemos llamar “rectitud de intención”, dato que siempre exigirá, de nuestra parte, un esfuerzo constante en la vida para purificar. Sabemos que tendemos inevitablemente a buscar la mejor posición, a nadie le gusta ser el último en nada: Ni en la cola del supermercado y mucho menos en un concurso académico o en un puesto laboral, a veces incluso nos ocurre dentro de la misma vida Eclesial. No nos gusta que nuestra opinión no trascienda y no se haga sentir en la realidad… A veces nos creemos, (como Juan y Santiago) demasiado importantes como para que pasemos desapercibidos, nos enoja interiormente si somos postergados (lo que le pasa a los otros diez discípulos), y luego viene el reclamo de justicia, que con frecuencia de justa tiene poco. Con todo, el problema no es, digamos, una cuestión de gustos, sino de la manera en la que nos vinculamos ante lo fundamental de la vida. Desde la rectitud de intención es desde donde entra el servicio, que es la temática propia del Evangelio de la Misa de este domingo.

 Deberíamos preguntarnos, incluso con fundadas sospechas, qué es lo que entendemos por servicio, y quizá más si nos animamos a contrastarlo con el modelo que encontramos en el Evangelio, porque nuestra medida suele ser mezquina y, por regla general, (porque somos débiles) viene entremezclada con otros intereses. Lo que sí debe quedarnos muy en claro es que la propuesta de Jesús de Nazaret en todo, pero concretamente en el tema del servicio, es totalmente contracultural; no vende, no “garpa”, no tiene buena prensa; y siempre exige una transformación continua, constante en nuestros esquemas y maneras de vivir. Dicho en cristiano, es lo que conocemos como conversión.

El servicio de Dios es la gran invitación del Señor, hacerlo a su manera, a su estilo, es el indicador de que nuestra vida va tras sus pasos. Así lo vivieron los santos y es el camino que tenemos que transitar, porque el servicio de Jesucristo conlleva el reino del revés: A la grandeza que se tiende, la invitación es a ser el último y el más pequeño. Pienso en la vida de los santos. Podríamos citar montones de ejemplos: San Alonso Rodríguez (cuya fiesta celebraremos en unos días), Jesuita hermano, portero del Colegio de Palma en Mallorca: Cuarenta años haciendo todos los días lo mismo, bancándose el tedio de la rutina, atendiendo a todos los que llegarían al Colegio, con quien quizá ni siquiera se contaría para hechos más brillantes, sin embargo el portero allí estuvo y fue santo por su servicio. San Francisco Javier podría ser otro campeón del servicio: Asumió que el servicio de Jesucristo implica entregar la vida entera y allá fue, al Oriente en misión, a servir al anuncio de Cristo. El Santo Cura Brochero, a lomo de mula en las sierras cordobesas, sirviendo a sus paisanos y ocupándose de la grey que el Señor le confió hasta el último minuto. O el mismo San Pablo, que dice en alguna de sus cartas: “Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.” (1 Cor. 4, 1), sabiendo que eso le ganó enemigos y problemas por todas partes…

Para San Ignacio el tema del servicio es un dato capital, que está en el centro de los Ejercicios Espirituales. Tomo esta mención que quizá nos ayude, y que está en una nota que pone Ignacio en la cúspide de los Ejercicios, que es la elección. Y dice así: “En toda buena elección, en cuanto es de nuestra parte, el ojo de nuestra intención debe ser simple, solamente mirando para lo que soy creado, es a saber, para alabanza de Dios nuestro Señor y salvación de mi alma; y así cualquier cosa que yo eligiere, debe ser a que me ayude para el fin para que soy creado, no ordenando ni trayendo el fin al medio, más el medio al fin.” (San Ignacio. Ejercicios Espirituales. n. 169). Ignacio habla del ojo de la intención, que ha de ser simple. Se está refiriendo a la rectitud de intención: ¿Qué busco si es que en verdad me interesa servir al Señor? Ignacio no concibe una elección que escape al servicio de Dios. Toda la vida del hombre mira exclusivamente al servicio divino. Y eso impone que, ante toda elección me detenga a revisar mi intención, qué es lo que me mueve internamente y qué estoy buscando con mis deseos. Puedo servir a Jesús en el gran abanico de la vida diaria con sus muchísimos detalles, siendo plenamente conscientes de que el servicio nos configura con Jesús, que se hizo servidor de sus hermanos. Y ello se transforma, por definición, en impulso misionero que atraerá a otros al seguimiento del Señor.

 Esta es la opción de Cristo, Él mismo se pone como punto central de referencia, y no es un dato menor: “Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.” (Mc. 10, 45). Cristo en la Cruz es, en primera y última instancia, el testigo fiel que sirve al Padre, que nos sirve a nosotros como el más pequeño, y que aparece como el más grande. Nunca fue tan servidor como cuando va a la Cruz, sirve a la causa de nuestra salvación y su ofrenda al Padre es por nosotros. ¡Ojalá que nunca nos cansemos de mirar al crucificado que está resucitado, que al entregarse al suplicio de la Cruz lo hizo en verdad por amor total a cada uno de nosotros!

 En este domingo, me gustaría que pidamos a la Virgen Santísima, que va con la urgencia alegre y silenciosa del servicio para atender a Isabel. Y a quien, invitados por el Papa, invocamos este mes con la preciosa plegaria del Rosario, que ruegue, en primer lugar por la Iglesia, para que su condición de servidora de la humanidad, aprendida del Maestro, crezca cada día más. Y en segundo lugar, que ruegue por cada uno de nosotros, y nos regale la gracia de “estimar el mucho servir a Dios nuestro Señor por puro amor.” (San Ignacio. Ejercicios Espirituales. n. 370).

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe

No le Reces a Dios

Cuanto más nos empeñamos en encerrar a Dios en nuestros pareceres más nos alejamos de Él.

Por Javier Rojas

No le reces al dios que tienes en tu mente. La mayoría de nosotros tenemos tendencia a construir en nuestra mente un dios conforme a nuestras necesidades y carencias. Adoramos a ese dios mental y le asignamos unos “poderes” increíbles conforme al grado de dificultad que tenemos. Pareciera que nos interesa más tener un dios controlado, y sujeto a nuestras necesidades antes que rezar de verdad «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo». Cuanto más nos empeñamos en encerrar a Dios en nuestros pareceres más nos alejamos de Él. No sé si conoces esta oración, pero es simplemente maravillosa. Si te gusta ¡compártela! Tal vez sean muchos los que desean encontrarse de verdad con el Dios verdadero.

No le reces a Dios mirando al cielo

¡mira hacia adentro!

No busques a Dios lejos de ti,

sino en ti mismo…

No le pidas a Dios lo que te falta:

¡busca tú mismo!

Y Dios lo buscará contigo,

porque ya te lo dio como promesa

y como meta

para que tú lo alcances.

No reproches a Dios por tu desgracia:

¡súfrela con él! Y sufrirá contigo

y, si hay dos para un dolor,

se sufre menos…

No le exijas a Dios que te gobierne

a golpe de milagros, desde afuera:

¡Gobiérnate tú mismo!

con responsable libertad, amando,

y Dios te estará guiando

¡desde dentro y sin que sepas cómo!

No le pidas a Dios que te responda

cuando le hablas:

¡respóndele tú

porque él te habló primero!

Y si quieres seguir oyendo lo que te falta,

escucha lo que ya te dijo.

No le pidas a Dios que te libere

desconociendo la libertad

que ya te dio.

¡Anímate a vivir tu libertad

y sabrás que sólo fue posible

porque tu Dios te quiere libre!

No le pidas a Dios que te ame

mientras tengas miedo de amar

y de saberte amado.

¡Ámalo tú y sabrás

que si hay calor es porque hubo fuego,

y que si tú puedes amar es porque él te amó primero.

San Agustín

 

La Batalla por la Libertad

La verdadera libertad está aún adelante. Se va conquistando a lo largo de la vida.

Por José María Rodriguez Olaizola, sj

Hay quien piensa que eres más libre de joven, cuando tienes menos preocupaciones, menos responsabilidades. Cuando aún disfrutas del equilibrio entre el niño que ya no lo es, y va ganando autonomía, y el adulto que aún no ha llegado, por lo que te puedes refugiar en que aún estás decidiendo, eligiendo, creciendo y formándote.

Después empiezan a llegar las decisiones concretas. Los compromisos, que a veces tocará vivir como alianza y otras veces como atadura. El tiempo empieza a estrecharse, y los años, que antes te parecían eternos, vuelan. Quizás en ese momento pasas por un tiempo en el que añoras, y hasta envidias, cuando la ves en otros, esa otra libertad liviana y despreocupada.

Pero la verdadera libertad está aún adelante. Se va conquistando a lo largo de la vida. Es ir aceptando y venciendo en las luchas que toca afrontar: con Dios, contigo mismo, con los otros. Es aprender a bailar con las limitaciones (propias y ajenas), sin drama ni indiferencia. Es ir despojando de capas innecesarias la vida. Aprendiendo a ver la belleza sin quedar cegado por brillos efímeros. Es valorar lo que tienes, con la perspectiva de un mundo donde tantas necesidades hay. Y aprender a compartirlo. Es encontrar tu misión. Y volcarte en ella. Quizás, hasta la última hora, nunca seremos enteramente libres. Pero estamos en camino.

Fuente: Pastoral SJ

 

¿Es Posible Liberarse del Sufrimiento?

«Sufrimos cuando sentimos que perdemos el control de algo”

Por Javier Rojas SJ

No sabría decir en qué porcentaje, -si se puede expresar así-, pero los sufrimientos que padecemos están más localizados en nuestra mente, más precisamente, en nuestros pensamientos, que en cualquier otro lugar del cuerpo. Antes que nada, es preciso mencionar la diferencia que existe entre el dolor y el sufrimiento porque no son lo mismo. Sentir dolor en alguna medida es saludable porque forma parte de la vida, del crecer, del madurar, está integrado al proceso vital y es uno de los maestros de la vida. El dolor, aunque nos cueste reconocerlo, nos hace descubrir dimensiones de la vida que de otra manera permanecerían ocultas.

Cuando integramos el dolor, estamos afirmando la vida en nosotros, y esta es una experiencia que nos hace crecer y madurar, más allá de lo desagradable que nos pueda resultar. En el sufrimiento, por el contrario, el que padece no es nuestro físico sino nuestro ego. Es fácil darnos cuenta cuando sufre el ego. Por ejemplo, si alguna persona nos da un pisotón o un empujón no nos duele tanto en el cuerpo como nos duele en el ego. Nos enoja el hecho de que no hayan sido cuidadosos, atentos ni respetuosos con nosotros. “¡Cómo no va a tener cuidado! ¿No sabe que estoy pasando yo por aquí?” Cuando el ego nos duele, sufrimos.

El sufrimiento tiene más un carácter mental que físico. Anida en los pensamientos, en la mente, más que en cualquier otro lugar. Sufrimos cuando sentimos que perdemos el control de algo, por ejemplo. Cuando nos dejamos llevar por las cavilaciones sin darnos cuenta de que nos hemos sumergido en una montaña rusa. Cuando no aceptamos lo sucedido, buscamos justificar el error o encontrar una persona a quién responsabilizar. Nos apegamos a los pensamientos creyendo que nos darán algún tipo de solución sin darnos cuenta de que en la mayoría de las veces complican mucho más la situación. ¿Por qué ocurre esto? Porque hemos otorgado a nuestros pensamientos un criterio de verdad incuestionable. Creemos que es verdad todo lo que pensamos. Estamos convencidos de que si «yo lo pensé» es así, y si es así como «yo lo pienso» entonces es verdad, y como es verdad entonces es «real». ¿Cómo es posible salir de esta situación? La meditación es un camino maravilloso para quitar a nuestros pensamientos la autoridad que le hemos otorgado.

En el silencio de la meditación aprendemos a tomar distancia de ellos, a observarlos sin implicarnos en ellos, a despegarnos del ego y a desdramatizar las situaciones que vivimos. El monólogo del ego está lleno de reclamos, reproches, rencores, que son perjudiciales para uno mismo y para los demás. Necesitamos recuperar el gobierno de nuestra vida, dejando que sea la sabiduría que anida en nuestro interior, y no los pensamientos egocéntricos, la fuente que nos nutra en el proceso de crecimiento y madurez. El sufrimiento del ego nos estanca y no nos deja fluir con la vida, con lo que sucede; nos boicotea el proceso de aceptación de lo “es”, por lo que “debería ser”, y esto nos hace sufrir.

 

Tengo sed del Dios vivo

¿Para qué tanta exigencia? Tampoco es para ponerse tan radical ¿no?

 

Podría seguir así, ir tirando más o menos..

¿Por qué complicarme la vida?

Tampoco es para tomárselo tan en serio ¿no?

Pero tengo sed del Dios vivo.

Quisiera no tener que elegir

No tener que tomar una decisión,

Preferiría no hacer una opción.

¿Para qué tanta exigencia?

Tampoco es para ponerse tan radical ¿no?

Pero tengo sed del Dios vivo.

Hasta aquí he llegado, y aquí me paro

A mí que no me despierten, estoy cansado.

Ya está bien ¿no? Total… ¿para qué?

Pero tengo sed del Dios vivo.

No quisiera renunciar a nada.

¿No sería mejor apuntarse a todo?

Sin decidirse por nada,

Sin arriesgar nada.

Pero tengo sed del Dios vivo.

Pienso que Jesús fue un buen hombre

 

Que dijo cosas buenas y las hizo,

Lo mataron cruel e injustamente.

Soy un admirador de su figura histórica.

Pero tengo sed del Dios vivo.

Creo en Cristo y en su mensaje,

La suya sí que es verdadera religión.

Creo que tengo fe,

A pesar de tanta duda y confusión

Creo que aún me queda esperanza

A pesar de lo que veo.

Pero tengo sed del Dios vivo.

Soy bastante religioso a mi manera.

Ni soy un santo de altar

Ni una mala persona, creo yo.

Un cristiano de siempre, de toda la vida

Vamos, como todos

Un tanto rutinario

Y no muy cumplidor, es verdad.

Pero tengo sed del Dios vivo.

Fuente: Pastoral SJ