El Don que Somos

“Solo triunfa quien fue alguna vez vencido”.

Por Javier Rojas SJ

Cuesta entender por qué hay momentos en que para alcanzar algo importante en la vida tenemos que pasar por la experiencia de la derrota, del fracaso y hasta de la humillación. Cuando conocemos la vida de muchos hombres y mujeres que hicieron historia en todos los ámbitos, encontramos que han atravesado situaciones muy, muy difíciles. Personas que tocaron fondo, hasta llegar casi al extremo de enloquecer, pero luego fueron grandes visionarios que dieron a la humanidad entera un legado que dura hasta hoy.

Ninguno de nosotros quiere fracasar. No queremos sentirnos de ese modo. Queremos ser triunfadores. Deseamos lograr lo que queremos y no tener que pasar por el dolor que ocasiona el fracaso o la derrota. Pero ¿Qué tiene esa experiencia de derrota, de fracaso, de tocar fondo y sentirse humillado, que parece estar en la base de quienes verdaderamente han logrado sus sueños? Me pregunto esto cada vez que descubro que detrás de esos individuos que admiramos (porque han contribuido a que la humanidad sea mejor), hay un pasado de luchas, de fracasos, hasta que dan el gran salto.

Como afirmé antes; no nos gusta fracasar y no queremos sentir que hemos perdido. Pero hay algo que no podemos negar, y es el hecho de que existe en esos momentos difíciles de crisis, una fuerza, una energía, un poder, que nos impulsa desde dentro para alcanzar lo que anhelamos. Este es un misterio fascinante y desconcertante a la vez: solo triunfa quien fue alguna vez vencido.

Pero ¿Quién es vencido? En realidad la derrota que experimentamos es la del ego, ya que su deseo es sobresalir buscando la propia gloria, y esto empaña todo el bien que se pueda hacer por los demás. Esta aparente perdida es la victoria del yo profundo llamado a la plenitud. Creo firmemente que Dios anhela una vida plena para nosotros, no plagada solamente de sensaciones agradables, sino fecunda y que tenga experiencias vitales. En ocasiones, los sueños que queremos alcanzar, las metas que queremos lograr, o los lugares en los que queremos estar, no responden precisamente al anhelo profundo que hay en todos nosotros de plenitud, sino más bien a los deseos del ego que busca su “autoglorificación” personal.

Cada uno de nosotros somos un don de Dios porque somos el fruto de su amor, pero también un don para los demás. No somos personas para nosotros mismos y no fuimos creados para enroscarnos en torno a nuestros logros, sino para que todo lo que alcancemos en la vida tenga una repercusión bondadosa hacia lo que nos rodea, en cualquier ámbito y a cualquier nivel. Nuestra vida es plena, nuestra felicidad es auténtica, y nuestra sonrisa es duradera cuando descubrimos el don que somos. Un don para el mundo, llamado a embellecer la historia y la vida de los demás. Pero nada de ello será posible sino derrotamos antes al ego que carece de un amor verdadero y gratuito.

No necesitamos el aplauso de los demás, las ovaciones de las masas, ni el reconocimiento de nadie para ser plenos y felices. Lo que necesitamos es descubrir el regalo que somos y lo que estamos llamados a ser para los demás. Solo el reconocer esta maravilla hará que todo lo que logremos, sea una conquista personal y una riqueza que beneficie nuestro entorno.

Caminos hacia Dios: Quienes Dejaron la Fe

Muchas veces no sabemos las causas profundas de las decisiones de los demás. Sin embargo, nos hacen preguntarnos por las nuestras.

Por Emmanuel Sicre SJ

Las opciones que vemos nos envían mensajes. Muchas veces no sabemos las causas profundas de las decisiones de los demás. Sin embargo, nos hacen preguntarnos por las nuestras. He aquí donde quienes abandonaron la fe en Dios, o en Jesús, o en la Iglesia, pueden estar dándonos una dirección para pensar. Reubicados en nuestra propia experiencia, en lo que vamos creyendo y en lo que los demás nos reflejan, comienza a emerger dentro un contrapunto: ¿y tú? ¿qué?

Estamos entonces ante la posibilidad de indagar sobre nuestra fe. ¿Cómo hacerlo? En soledad pero acompañada, con hondura pero sin obsesiones, responsables pero sin tragedia, anhelantes pero sin desesperación, en el ‘aquí y el ahora’ de nuestra vida pero con memoria y deseo, con ciencia pero con paciencia de sabios ignorantes, volviendo a los orígenes pero sin nostalgias esclavizantes. Es decir, soportando la tensión que toda realidad compleja merece, evitando los portazos que nos cierran o los cachetazos que nos aíslan. Y aquello que osadamente llamamos Dios se encargará de darnos una respuesta generosa y vital.

Fuente: Pastoral SJ

Reflexión del Evangelio – Domingo 11 de Noviembre

Evangelio según San Marcos 12, 41-44

Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

Reflexión del Evangelio – Por Oscar Freites SJ

El evangelio de este domingo nos trae algunas enseñanzas que no podemos dejar pasar.

Jesús se sentó a mirar No se detuvo simplemente a ver cómo la gente pasaba, sino que se detuvo a mirar. En medio del bullicio, del ir y venir de tanta gente, Jesús se detiene a mirar y a dejarse mirar por la realidad. Parece que Jesús quiere invitarnos a tener la capacidad de contemplar en profundidad aquello que cotidianamente ocurre a nuestro alrededor. Sin preguntas, sin especulaciones, sin debates; solamente contemplando y dejando que la realidad nos interpele, nos cuestione, nos transforme.

En la sala del tesoro del Templo... Podemos imaginarnos aquel lugar abarrotado de gente, una multitud de voces, aromas y colores; una sobreabundancia de estímulos para cada uno de nuestros sentidos. Estar en aquella sala, sería algo así como subirse, en alguna de nuestras ciudades, en un transporte público a la hora en que todos van saliendo de sus trabajos. En medio de esta cotidiana y frenética realidad, Jesús es capaz de mirar más allá. Es capaz de contemplar los gestos radicales y sencillos que silenciosa o estruendosamente se van sucediendo.

Una viuda de condición humilde En medio de aquel bullicio, irrumpe el gesto silencioso de aquella mujer que se anima a darlo todo. Una acción contrastante que sólo aquél que se detuvo a mirar puede llegar a contemplar. El evangelio no nos dice que Jesús se acerque o dialogue con aquella mujer. Sencillamente la contempló, miró en profundidad su humanidad y comprendió que ella estaba amando más. Sin aparentar, sin relucir, sin teorizar; aquella viuda había ofrecido confiadamente lo poco que poseía.

Todo lo que tenía para vivir La ofrenda de la viuda devela una actitud muy contraria al modo de proceder de aquellos escribas de los cuales Jesús hace referencia al inicio de este trozo del evangelio. Sin escatimar, sin calcular, la viuda ofrece todo lo que tiene. Con ello, se colocan frente nuestro, dos maneras muy distintas de construir y llevar adelante relaciones. La apariencia que busca recompensas y la gratuidad que se ofrece confiadamente.

Detenerse, mirar, contrastar, para dejarse transformar Sencillos y a la vez complicados pasos que el evangelio nos invita a transitar en nuestra cotidianeidad. Pasos para cuidarnos de los vínculos construidos sobre la apariencia y el egoísmo autorreferencial; pasos para aprender de la gratuita generosidad de aquellos que, teniendo poco lo dan todo.

Pidamos a Jesús que nos enseñe a detenernos a contemplar los silenciosos contrastes de nuestra cotidianeidad, para descubrir allí la voz de Dios nos invita a amar sin calcular.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe

 

La Bondad Herida

“Si perdemos la esperanza, perdemos la voluntad de vivir”

Por Javier Rojas

Hace unos meses atrás tuve la grata sorpresa de recibir un mensaje a través de las redes sociales que decía: «¿Se acuerda de mí, soy Gustavo, nos conocimos donde las paredes son de agua?» Mi sorpresa fue inmensa porque supe inmediatamente de lo que estaba hablando. Y agregó, «Llevo años queriendo encontrarlo y ahora estoy feliz de haberlo logrado». Me inundó una emoción muy profunda. Supe de quién se trataba, lo recordé. Vinieron a mi mente, como si fueran las escenas de una película, lo que compartimos, lo que vivimos, el tiempo que pasamos juntos y hasta las conversaciones que tuvimos. Siempre dije que soy muy desmemoriado, pero gracias a Dios la memoria es selectiva y emocional.

Aquella experiencia fue tan importante para mí, que guardé preciosamente el recuerdo del tiempo que pasé en aquella cárcel federal en México. Sí, estuve un mes viviendo con los presos en las Islas Marías y puedo decir que fue una de las experiencias más impresionante de mi vida, sucedió durante el tiempo de mi formación. ¡Me encantaría volver algún día! ¿Qué fue lo que aprendí estando con aquellos hombres? Desde que somos muy niños nos enseñan que existe el bien y el mal. Que los buenos son personas ejemplares y que los malos, si son criminales, deben estar en la cárcel. Pero sabemos que esa no es la realidad, porque ni “los buenos” son totalmente buenos, ni “los malos”, son totalmente malos. Ser un convicto no significa que se es una mala persona y ser un pecador tampoco. Cuando visitas las cárceles o te sientas largo rato en el confesionario, tarea que realizo ahora con un gusto enorme, te das cuenta de que hay personas que viven o hay pasado por un verdadero infierno. No pretendo justificar ningún delito, ni minimizar algún pecado, solo digo que cuando se conoce el sufrimiento de esas personas, te brotan lágrimas de compasión.

El juicio que hacemos sobre quienes están presos, como los que hacemos sobre quienes han pecado, o cuando nosotros mismos juzgamos nuestras faltas en lugar de dejar a Dios que Él haga su trabajo, nos metemos en un infierno mayor. Todos necesitamos una segunda oportunidad. No sé si el sistema carcelario lo procura, pero yo sí lo hago sentado en el confesionario. Y creo que todos debiéramos hacerlo, seas sacerdote o no, creyente o no, porque ¿Quién es la persona que podría decir “yo no necesitaré jamás volver a comenzar”? Este amigo que me contactó tuvo su segunda oportunidad. Hoy está casado, tiene una hija, tiene un trabajo y vive una nueva vida.

¡Todos cometemos errores! ¡Todos somos malos a veces! Toda persona, aún la más denigrada puede dar un giro a su vida, sólo que con ayuda. Cuando damos a otros la oportunidad de mejorar, les estamos avivando la esperanza, de lo contrario, se la quitamos. Y si se pierde la luz de la esperanza, se pierde la voluntad de vivir. Es muy triste encontrar personas que creen que los criminales no necesitan ayuda o que algún pecado sea “imperdonable”. Alguien se apiadó de mí en el momento de necesidad y no estoy seguro si le di razón suficiente para recibir el perdón, y esto me ayudó a seguir adelante. Jamás hay que quitar a alguien la perspectiva de que su vida puede cambiar. Todos debemos trabajar mucho para ver lo bueno que hay en las personas en lugar de lo malo. Miremos en nosotros lo bueno que hay en nuestro interior, dejando a Dios los errores que cometimos, y busquemos ser cada vez mejores.

 

Santos, Beatos y Tú

Que la Iglesia proponga figuras de referencia es una llamada de atención. Es recordarnos que el evangelio puede ser esa corriente de fondo que da sentido, dinamismo y hondura a la vida.

Por José María Rodríguez Olaizola SJ

Hace unos días se celebraron unas canonizaciones de mucha repercusión, y muy seguidas en todo el mundo por la trascendencia de figuras como Monseñor Romero o Pablo VI. Este 20 de octubre, en Málaga, se ha beatificado al jesuita Tiburcio Arnaiz, que al principio del siglo XX y con María Isabel González del Valle, fundó las Misioneras de las Doctrinas Rurales.

Que la Iglesia proponga figuras de referencia es una llamada de atención. Es recordarnos que el evangelio puede ser esa corriente de fondo que da sentido, dinamismo y hondura a la vida. Es decirnos que no nos conformemos con ser cristianos a medias, cuando tantos hombres y mujeres, en distintos contextos, han encontrado maneras de hacer real la lógica de las bienaventuranzas y transparentar el espíritu de Dios en ellos. Es retarnos a hacer esto real en el hoy de cada uno, porque cada contexto pide una forma diferente de aterrizar el seguimiento. No era lo mismo El Salvador de Monseñor Romero, golpeado por la violencia, o la Roma desde la que Pablo VI tenía que hacer enormes esfuerzos para empujar un Concilio que encontraba al tiempo apoyos y resistencias. O la Málaga en la que Tiburcio y María Isabel fueron conscientes de que las personas trabajadoras y pobres en un contexto rural necesitaban acceso a la educación como forma de conquistar un futuro mejor.

Profetas, maestros, discípulos, amantes, amigos, en vanguardias y en retaguardias, hombres, mujeres, laicos, consagrados… Gente que da la vida. Gente que transparenta, con su camino, el Camino, Verdad y Vida de quien amó más y primero. Gente que se convierte para nosotros en llamada, en pregunta y en provocación: «Y tú, ¿cómo piensas hacer real el evangelio en tu vida?» Porque al final, de esto se trata.

Fuente: Pastoral SJ

Ejercicios Espirituales 2019

MES DE EJERCICIOS

  • 28 diciembre 2018 al 28 enero 2019  en San Miguel, Buenos Aires – para información e inscripciones: administracion@centroloyola.com.ar
  • 2 al 31 de enero en ‘Casa de Retiros San Ignacio’ de Corrientes – para información e inscripciones: araffo@ucu.edu.uy / 3794 099005

 

8 DÍAS

4 DÍAS

  • 7 al 10 de enero en Agrelo, Mendoza – para información e inscripciones: rjicuyo@gmail.com
  • 11 al 14 de enero en Agrelo, Mendoza – para información e inscripciones: rjicuyo@gmail.com
  • 16 al 20 de enero Casa de Retiro San Ignacio, Corrientes – para información e inscripciones: araffo@ucu.edu.uy / 3794 099005
  •   Del 17 al 21 de abril en Villa San Ignacio, Provincia de Buenos Aires. Para informes e inscripciones secretaria@ceia.org.ar
  •   Del 16 al 19 de agosto en Villa San Ignacio, Provincia de Buenos Aires. Para informes e inscripciones secretaria@ceia.org.ar

No puede ser un lujo

Para millones de personas en África y Asia lo necesario, lo imprescindible, lo cotidiano se está convirtiendo en una riqueza inaccesible, en algo al alcance de unos pocos, que ni se da por supuesto que se pueda acceder a ella, ni se consigue fácilmente.

Por Alvaro Zapata, SJ

Vivimos en el planeta azul, rodeados de agua. Y no solo rodeados, también estamos hechos mayoritariamente de agua. El agua es símbolo de vida, quizás porque es parte de nuestras necesidades más básicas, sin la que no podríamos existir. Por eso se nos hace difícil pensar que el agua sea un producto de lujo, siendo algo tan cotidiano, tan accesible para nosotros. Tenemos un grifo a unos pocos de metros de distancia casi siempre. De hecho, cuando pedimos un vaso de agua en algún bar nos escandaliza que nos lo cobren. O nos parece que algunas de esas aguas de lujo que nos venden a precio de oro son poco más que tonterías para esnobs. Porque el agua no es un producto de lujo.

Pero eso es mentira para una buena parte de la población de nuestro mundo. Para una no pequeña parte de nuestro planeta el agua sí es un lujo. Para millones de personas en África y Asia lo necesario, lo imprescindible, lo cotidiano se está convirtiendo en una riqueza inaccesible, en algo al alcance de unos pocos, que ni se da por supuesto que se pueda acceder a ella, ni se consigue fácilmente. Ya no se trata de un difícil acceso, con largas caminatas a pie para llegar a una fuente potable. Se trata de la imposibilidad de usar el agua como recurso, para consumir, cultivar, tener una higiene mínima, cocinar… Por sus precios desorbitados o el simple agotamiento y por tanto inexistencia de las reservas. Sobre esta realidad de muchas personas de nuestro planeta nos quiere alertar la Semana Mundial del Agua, que acabó el pasado viernes.

Puedes pensar que es un ‘día internacional de…’ con los que nos llenan el calendario y que ya cansan o que directamente no tienen sentido, porque una vez que pasa el evento volveremos a nuestra despreocupación habitual, hasta la próxima vez que toque. Y quizás tengas razón. De hecho, en parte, la tienes. Pero también depende de ti, reconócelo. Al menos una vez al año tienes la oportunidad de reflexionar sobre el modo de vida que estamos construyendo y promocionando. Y aunque no puedas cambiarlo tú solo de arriba abajo, piensa que por lo menos podrás tener una opinión bien formada sobre si estamos en el camino correcto o no. Al menos no te dejarás arrastrar por la corriente. Porque sabrás que para mucha gente el gesto tan cotidiano de beber un vaso de agua limpia es un lujo tan inalcanzable como lo es para ti tener un Ferrari aparcado en la puerta. Y eso no te puede dejar indiferente.

Pastoral SJ

 

Reflexión del Evangelio – Domingo 04 de Noviembre

Evangelio según San Marcos 12, 28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Jesús respondió: “El primero es: ‘Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay otro mandamiento más grande que estos”. El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Reflexión del Evangelio – Por Fabio Solti SJ 

El Evangelio que nos reúne hoy dice respecto a la praxis cristiana.

En la época de Jesus se procuraba mucho reunir las 613 “leyes” que el judaísmo profesaba en una única instrucción que ayudase a hacer síntesis de tantos preceptos que atrapaban en “legalismos” la vida del pueblo.

Jesús responde diligente e inteligentemente a la demanda del escriba, hombre especializado en la interpretación de la ley. Jesus hace una conexión entre el mandamiento del amor de Dios y el del amor al prójimo. Y esta unión podemos expresarla diciendo que el amor de Dios se refleja en el amor al prójimo.

Esta unidad es destacada por la respuesta del escriba, que no se limita solo a reafirmar lo que responde Jesús, mas agrega que esta unidad es mucho más que todos los holocaustos y sacrificios.

Por fin, Jesús agrega una ultima novedad: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”.

En este sentido podemos afirmar que la proximidad con Dios y su Reino se realiza amando. Esa es la posibilidad ofrecida al hombre, aquí y ahora.

Es amando donde se suscita el encuentro con aquél que torna visible y accesible el amor de Dios.

Es amando como me encuentro con Jesus, el Cristo y hago visible el Reino de Dios. Reino a ser construido en comunidad, en Iglesia, hoy. Reino que es don, pero también tarea.

Que juntos podamos amar al “próximo” pidiendo siempre que aparezca en ese encuentro Aquél que nos amó primero.

Fuente: Red Juvenil Ignaciana Santa Fe

No es Tuyo

Dios se da escondidamente entre las cosas, las personas, todo lo que existe.

Por Iñigo Alcaraz, sj

Dicen que nacer es uno de los momentos más estresantes de la vida humana. Que el bebé naciente no tenga el cerebro totalmente desarrollado hace que lo pueda sobrevivir. Probablemente, un adulto no podría asumir tal experiencia extrema de salir a la luz y respirar aire fresco.

Lo mismo ocurre con Dios. Sabe que no podemos con todo. Dios es discreto, nos da poco a poco para que podamos asumir tanto regalo. La misma vida es donada, nadie puede decidir nacer y existir con un determinado y único cuerpo. Para que Dios infinito no asuste a una criatura tan pequeña como nosotros, Dios se da escondidamente entre las cosas, las personas, todo lo que existe.

Por eso una tentación habitual es pensar que algo es nuestro. La vida, aunque cada uno la vive singularmente, no es de quien la vive. Las capacidades tampoco son del todo nuestras porque no hicimos nada para tenerlas. Ni la forma física, ni la inteligencia ni la belleza. Lo que tenemos, lo que vino dado, no podemos atribuírnoslo. Sin embargo, apropiarnos de cosas es muy humano. Pensamos que esos árboles que vemos son de uno y lo llamamos propiedad. Pero, en realidad, esos árboles y sus frutos están allí creados para que los disfrutemos cuantos más mejor.

Hay un término jurídico que se aproxima más a lo que es real: el usufructo. Es decir, el uso y disfrute de las personas, las cosas, todo lo creado. Pero la propiedad es de Dios. De Él salió todo y al volverá, en eso creemos los cristianos. Incluidos tiempo y espacio. Todo. Absolutamente todo. Y, entre sus propiedades, navega nuestra libertad para hacer que lo creado merezca la pena. Para aprovechar el regalo. La vida no es tuya. Lo que ves y tocas no es tuyo. Disfruta y aprovecha el regalo de tener más tiempo. Seguro que en eso consiste vivir una vida buena.

Fuente: Pastoral SJ

 

Caminos hacia Dios: la Seducción

Las seducciones de Dios son aquellas que se dan en los desiertos de nuestra vida.

Por Emmanuel Sicre, SJ

Las seducciones de Dios son aquellas que se dan en los desiertos de nuestra vida. En los momentos donde nuestro espíritu se halla solitario y preguntón. En la soledad de nuestro monasterio interior, muchas veces, somos atraídos al recogimiento, al amor gratuito, al silencio cadencioso, a la ternura contemplativa. Allí acunamos nuestros dialoguitos con Dios y depositamos nuestros esfuerzos y debilidades. Allí recibimos la fortaleza.

Pero también, lejos del embrujo y el hechizo, el Dios de Jesús cautiva al inquietarnos con lo real. Como buen amante, nos inspira en el alma las preguntas que sirven de motor para vivir abiertos al misterio de su presencia en donde menos lo imaginamos. Por eso, somos paradójicamente seducidos tanto a gozar la vida como a entregarla, a vivir como a morir por los demás, a enriquecernos siendo pobres y a esperar detrás de cada cruz una resurrección.

Fuente: Pastoral SJ