Cada mañana

Cada mañana me orientaré en Ti, camino del Reino…

Por Benjamín González Buelta SJ

Cada mañana

me sumergiré en Ti, agua de la vida,

antes de ser vaso,

nutriente en el surco,

juego en la fuente,

sosiego en el lago.

 

Cada mañana me afinaré en Ti,

Palabra del Padre,

antes de ser susurro al oído

discurso en el aula,

anuncio en el viento,

silencio en la escucha.

 

Cada mañana me orientaré en Ti,

camino del Reino,

antes de ser paso en la calle,

ruta en la frontera,

pausa en la espera,

salto en el aire.

 

Cada mañana me reposaré en Ti

sabiduría encarnada,

antes de ser

vigilia en el sueño,

flecha en el arco,

sutura en la herida,

cansancio en tu mano.

 

 

Cada mañana me miraré en Ti,

imagen del Padre,

antes de ser

alegría en el rostro,

fuerza en los brazos,

caricia en los ojos,

luz en el barro.

 

Fuente: Pastoral SJ

No hace falta ser un “Héroe”

Una reflexión sobre el heroísmo y el servicio en el día de San Francisco Javier.

Pues me extraña que me digas eso… Pienso en Javier solo en un Oriente entonces lejano, desconocido y hostil; pienso en Pere Claver al servicio de los esclavos negros; pienso en Ellacuría testigo de la verdad a pesar de todas las amenazas… Me desconcierta que digas eso…

No me extraña tu desconcierto. También Ignacio de Loyola al comienzo de su conversión se planteaba qué heroísmos le pedía Dios, qué “cosas grandes” tenía que hacer: que si ayunos, que si penitencias extremas, que si entrar en la Cartuja… Y se comparaba con los “grandes”: “si San Francisco hizo esto, yo lo he de hacer”, “si Santo Domingo hizo esto, yo lo de hacer”… Luego descubrió que Dios le pedía algo más sencillo: “ayudar a las almas”. ¿Dónde y cómo? Eso se vería, eso importa menos: lo que importa es, de verdad, “ayudar”.

Para vivir y trabajar en compañía de Jesús, basta con que quieras, de verdad, ayudar y servir a otros

El “héroe” está demasiado pendiente de su proyecto. Un “héroe” ha de ser un triunfador, y está pendiente de su triunfo. Y su criterio básico acaba siendo: aceptar lo que y a quien me ayuda a triunfar y excluir lo que y a quien me dificulta triunfar. El “héroe” es el protagonista de su vida, el centro, el punto de referencia: él no se pone al servicio de nadie, sino que todo y todos han de estar al servicio de su protagonismo.

Para la Compañía de Jesús, para vivir y trabajar en compañía de Jesús, basta (y no es poco…) con que quieras, de verdad, ayudar y servir a otros, especialmente a los más necesitados y pobres. Y ayudar y servir piden, siempre, renunciar a mi protagonismo y muchas veces renunciar a mi triunfo.

¿Y Javier, Claver, Ellacuría… y tantos otros? Hicieron cosas “heroicas” en su servicio pero no se vivieron ni buscaron ser “héroes”. Simplemente servir a los pobres en Compañía de Jesús.

Fuente: Ser Jesuita

 

Preparativos de Adviento

Es tiempo de disponernos a un encuentro, algo que no por sabido deja de ser nuevo.

Ya estamos en diciembre. ¡Qué vértigo! La Navidad a la vuelta de la esquina. Ya toca prepararse. Hace semanas que la gente hace reservas para las cenas de empresa o de amigos. Empiezan a subir, cada vez más rápido, los precios de turrones, carnes y pescados de fiesta. Las calles se adornan (con un gusto cada vez peor, todo hay que decirlo), con una mezcla de símbolos florales, luces y algún vestigio religioso –cada vez menos para no herir sensibilidades–. Empieza el baile de fechas: ¿viajaré este día, o este otro? Nos veremos pronto las caras con la familia. Hay que comprar lotería, que este año toca seguro. Y si no, que haya salud. ¿Trapitos de gala para cenas y festejos? Algo caerá.

Fuente: Pastoral SJ

 Imagen: House Beautiful

La Insipidez de lo Genérico

Podemos sentirnos demandados de atender a todos, de abarcar todo, y caemos en la tentación de lo ‘genérico’, de lo impersonal.

Por Hernán Quezada SJ

Me resisto a acoger aquello que no tiene mi nombre. Me niego a apropiarme lo que no me señala como destinatario. No asumo lo que no me alude de manera particular. Un mensaje que pretende lo particular, pero ha sido creado para todos es algo genérico, y una producción sin destinatario es insípida.

Suelo recibir en mis redes sociales varias ‘producciones genéricas’ (posts, vídeos, frases, cadenas, etc.) que vienen cargadas de intención particular: «Buenos días», «Felicidades», «Te quiero», «Dios te bendiga», «¡Feliz año!»… pero han sido construidas para la generalidad y enviados a todos, a listas de contacto. Confieso que estos mensajes me resultan sin sabor, insípidos y, honestamente, no los agradezco.

Pensé mucho en escribir esto, pues temo sonar ofensivo con gente a la que estimo y quiero, pero creo que muchos compartimos este desencanto de ser convertidos en destinatario genérico, en perder el derecho a ser llamados por nuestro nombre y a ser aludidos como sujeto.

Hay mensajes, como este y otros tantos, que son creados visualizando como destinatario a muchos, y este ‘muchos’ es el sujeto. Llevan en su intención la certeza de un impacto en ‘algunos’. En este tipo de producciones pretendemos compartir una idea, una reflexión, algunas veces también un sentimiento. Pretendemos entablar un diálogo, una discusión, un intercambio de ideas, pero finalmente sabemos que son mensajes dentro de botellas tiradas al mar. Cualquier respuesta será una sorpresa que surja de este deseo genérico.

Las nuevas tecnologías de la comunicación nos han colocado ante un universo ampliado de relaciones. Podemos sentirnos demandados de atender a todos, de abarcar todo, y caemos en la tentación de lo ‘genérico’, de lo impersonal. Por otra parte, todos tenemos la necesidad de ser nombrados, de ser atendidos y llamados por nuestro nombre, de ser aludidos de manera personal. Qué sensación placentera da leer nuestro nombre, o encontrar entre líneas códigos únicos de la relación que tenemos con el emisario de la comunicación.

Me surge la idea de decir a mis contactos: amigas, amigos, les libero del imperativo de atenderme con ritmo y prontitud, y con ello ¡Renuncio a ser genérico! Me coloco en la lista de espera de su tiempo. Sabré esperar el mensaje particular, el mensaje cómplice, el mensaje lleno de sabor y de sentido que me quieran enviar cuando puedan, cuando quieran, cuando lo necesiten; o quizás, cuando se den cuenta que yo lo necesito. Bienvenidos los mensajes sin grandes producciones, sin muchos colores, sin despliegues cibernéticos. Basta un «Hola», seguido por mi nombre. Con esto sentiré el deseo de detenerme y saborear lo que me ha sido compartido y que ahora es mío. Surgirá entonces el deseo de comprometerme con ello.

Fuente: Pastoral SJ

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En el Límite de Nuestras Fuerzas

“Cuando lo que creíamos ser se derrumba, se revela quienes somos en verdad”

Por Javier Rojas

¿Por qué encontramos a Dios cuando llegamos al límite de nuestras fuerzas? Porque cuando ya no podemos sostenernos por nuestros propios medios abrimos los brazos, como los niños, buscando sentirnos seguros en su abrazo. Cuando nuestras fuerzas ya no pueden sostener nuestra lucha, cuando nuestro ingenio no es suficiente para encontrar una salida o cuando nuestras capacidades humanas ya no responden, no queda más que dar el salto. Y ahí está Él, esperándonos… siempre ha estado ahí. Tal vez sea por interés, o porque simplemente “no te queda otra”, creo que todos hacemos lo mismo, todos esperamos lo mismo: el abrazo de Dios en el límite de nuestras fuerzas.

Tal vez sea el lugar escogido por Él para hacernos sentir su fuerza y amor. Cuando quedamos despojados de poder y autosuficiencia podemos aceptar y reconocer quienes somos en verdad y quién es Él. Creo que es el mejor momento para encontrarse con la propia verdad, con el Amor de un Padre que espera pacientemente, y que sabemos que no reclamará nada. En ese límite se encuentran nuestro anhelo y el deseo de Dios, nuestro sueño y su proyecto, nuestro amor y el suyo. Ahí, en ese límite al que llegamos la mayoría de las veces cansados y maltrechos, agobiados y derrumbados, se renuevan nuestras fuerzas, se enderezan nuestros pasos y adquirimos una nueva conciencia, gracias a la luz que recibimos de Dios.

Es como si las escamas de los ojos, que tan ciegos nos tenían, se cayeran de una vez por todas y descubrimos que estábamos alejados de nuestros ser más profundo; que andábamos extraviados. Todos llegamos alguna vez a este límite, a ese momento en la que nuestra pseudo-omnipotencia se derrumba por completo. Esa instancia en que nos vemos confrontados por una realidad que nos abofetea con crudeza. En el límite de nuestras fuerzas, ese poder que creíamos tener se esfuma, desaparece por completo, y surge del interior de nuestro ser la verdadera fortaleza. Cuando todo lo que creíamos ser se derrumba, se revela quienes somos en verdad, nuestra naturaleza, nuestro destino y a lo que hemos sido llamados. Ese límite, como ha dicho un autor conocido, es sanador. Nada es más sano que encontrarse con lo que uno es en verdad y dejar atrás la mentira de lo que «nos gustaría ser». Hay más «ser» que descubrir y desplegar dentro de nosotros, que posibilidad de vida plena en la quimera de nuestra fantasía, cuando pensamos en lo que nos gustaría ser.

Desconocer la propia verdad es la ruina de nuestro ser, es como condenar a la luz que hay en nosotros a permanecer en la oscuridad. Lo que somos, los recursos internos y posibilidades con las que contamos son inmensas, pero no podremos llegar a ellas y desarrollarlas, si las desconocemos. No llegaremos a ese centro vital sin una renovación de mente y corazón. Las puertas de nuestro interior no se abren para quien no ha abandonado por completo la fantasía de vivir lo que no es. En el límite de nuestras fuerzas nuestra mente y corazón se armonizan y se conectan. En ese momento de “precariedad” nuestro espíritu encuentra la Fuente de Sabiduría interior que tanto tiempo tuvimos olvidada. Nuestra vida ya no será la misma, ya no será posible volver atrás, porque una vez que atraviesas las puertas de tu interioridad todo se ve distinto, contemplas la realidad por primera vez tal cual es. No temas llegar a Dios en el límite de tus fuerzas porque ahí te espera. Solamente cuando te hayas despojado de toda seguridad externa podrás aferrarte a la verdadera fuerza que anida en ti. ¡Anímate a dar el salto!

 

Sobre el Discernimiento Personal y Comunitario

Compartimos algunos fragmentos del Artículo de Espiritualidad de la Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL) del Mes de Noviembre.

(…) El discernimiento personal, si no se comparte, tiene el riesgo de que se convierta en un proceso totalmente subjetivo. Por eso es importante compartirlo con alguien que nos conozca, que sepa ser imparcial con la persona, que pueda ayudarle a esclarecer la presencia del Espíritu (o del mal Espíritu) en su vida. Como un acompañante espiritual. Sin embargo, en muchos casos es difícil tener un acompañante espiritual. En su lugar, hay un grupo, varias personas, que me pueden ayudar a clarificar/objetivar mi discernimiento. Para un grupo como éste la puesta en común del discernimiento personal puede ser un método para que, entre varias personas, se puedan ayudar en la objetivación de los discernimientos personales.

(…)

El Discernimiento Común

No se trata sólo de poner en común el discernimiento personal. Es cuando un grupo se convierte en el sujeto mismo de discernir. Este sujeto puede ser la comunidad entera o una parte de ella o un grupo que trabaja en un apostolado o misión especial, o un grupo de laicos y religiosos que trabajan juntos…

El discernimiento en común tiene la finalidad de preparar las desiciones, ayuda a tomar la más conveniente, la que sienta como voluntad de Dios.

Es necesario, también, distinguir entre discernimiento común con un procedimiento democrático. El discernimiento en común tiene el peligro de pretender ser una práctica democrática, mientras que en la vida religiosa el obispo, superior, superiora, párroco, etc. tienen la última palabra y son ellos quienes toman las decisiones. Al discernimiento comunitario se llega por consensos espirituales y no por mayoría de facciones y de grupos de influencia.

Reconciliarnos con lo que Somos

“Somos ese amor que buscamos, somos la aceptación que anhelamos, somos la compresión que mendigamos.”

Por Javier Rojas SJ  

Reconciliarnos con lo que verdaderamente somos no es una tarea sencilla, tal vez nos lleve toda la vida, pero es esencial transitar por ese camino. ¿En qué consiste esta reconciliación? Todos imaginamos que somos un poco «más» o un poco «menos» de lo que somos. Para decirlo de una manera más sencilla, pensamos que somos o genios o inútiles, y estamos convencidos que esto que pensamos de nosotros mismos es real; en consecuencia, terminamos «siendo lo que pensamos». La verdad es que podemos pensar muchas cosas de nosotros mismos, pero eso no quiere decir que sea nuestra verdad. Imaginamos que somos buenos, personas abiertas al diálogo, que somos el hombre araña, la mujer maravilla, o algunos de los héroes de las historietas infantiles. O, por el contrario, que somos malas personas y en todo ello, nos equivocamos. En realidad, somos mucho más que eso, simplemente «somos».

El primer paso para iniciar este camino de reconciliación es desmontar las «pretensiones» de parecernos a lo que imaginamos en nuestra fantasía. Debemos vaciarnos interiormente del «todo poderoso» que jamás comete errores y que siempre tiene la razón, o del «inútil» que no puede nada, para descubrir que somos mucho más que esa caricatura de nosotros mismos. Con el tiempo me fui dando cuenta de que los seres humanos jugamos a «ser alguien», disfrazamos nuestro verdadero ser de muchas maneras, con roles, tareas, trabajos, o profesiones, en lugar de reconciliarnos con nosotros mismos y amarnos de verdad. Nuestras mentiras nos hacen más daño a nosotros mismos que a los que pretendemos engañar. Nos alejan de nuestro ser más profundo y nos mantienen a merced del agrado y aprobación de los demás.

El segundo paso es abandonar la ignorancia e iniciar un camino de conocimiento interior. Ir a lo profundo de nuestro ser y descubrir quiénes somos en realidad. Como ignoramos nuestra verdadera identidad, buscamos ser alguien a los ojos de los demás, queremos presentar una imagen para ser aprobados por ellos. Imaginamos que seríamos mucho mejores personas si lográramos satisfacer las pretensiones que los demás tienen sobre nosotros. Ser lo que no somos, desconociéndonos, es una de las mayores pobrezas del ser humano, ya que significa vivir sin apreciar el tesoro escondido en nuestro propio campo.

El tercer paso de esta reconciliación y valoración de nosotros mismos es tomar en serio la pregunta «¿Quién soy?». Hemos sobrevalorado la opinión de los demás sobre nosotros. Puede que no lleguemos a tener otra referencia, pero el problema es que para los demás podemos llegar a ser muchas cosas, y ninguna de ellas se acerca a la verdad. Depositar la propia identidad en el parecer de los otros es errado, es vender la propia identidad al mejor postor. Para responder a la pregunta «¿Quién soy?» hemos de alejarnos de las opiniones ajenas, vaciarnos de las etiquetas con las que nos identificaron, y realizar el gran salto que significa ponerse ante uno mismo en una total desnudez espiritual. Debemos quitarnos los harapos detrás de los que hemos ocultado nuestra belleza interior. La falta de confianza en nuestra propia riqueza impide desarrollar lo más genuino de nosotros mismos y desplegar la dinámica expansiva y plena de nuestro ser. Somos algo maravilloso que aún no terminamos de apreciar los suficiente. La reconciliación con nosotros mismos pasa por dejar de identificarnos con los mandatos que vienen de afuera y comenzar a vivir desde la fuente de Sabiduría que existe en nuestro interior.

Somos ese pedacito de eternidad en el tiempo destinado a crecer y desplegar toda la maravilla que llevamos dentro nuestro. Somos ese amor que buscamos, somos la aceptación que anhelamos, somos la compresión que mendigamos. Cree en esa Voz que viene de lo alto y que anida en tu interior. Somos más, somos de lo alto.

 

El P. Pedro Arrupe SJ ya es considerado Siervo de Dios

“Tengo la Alegría de comunicar a todo el Cuerpo Apostólico de la Compañía de Jesús que ha comenzado oficialmente el proceso hacia una posible beatificación del P. Arrupe, 28° Superior General de la Compañía de Jesús. Desde ahora, por tanto, ya es considerado ‘siervo de Dios’. La marcha se ha puesto en marcha en el Vicariato de Roma, lugar de su muerte. Después de haberlo orado y considerado atentamente, la Compañía ha pedido el inicio de este discernimiento eclesial sobre la heroicidad de sus virtudes”.

El miércoles 14 de noviembre de 2018, al cumplirse 111 años del nacimiento del Padre Arrupe (antiguo superior general de la Compañía), el actual Padre General Arturo Sosa SJ ha enviado a toda la Compañía de Jesús una carta sobre la causa de beatificación de Arrupe.

Fuente: Jesuitas Latinoamérica

 

Dios es Plural

No es imaginable siquiera, porque no tiene sentido, es incompatible hablar de Dios sin hablar de más de uno, de humanidad, de relaciones, de afectividad.

Por Lola Vegas

¿Quién puede imaginar un club de fans o una asociación deportiva compuesta por el cantante en cuestión, o los jugadores del equipo, y yo? ¿Duraría? ¿Con quién compartir la vibración del momento en que, por privilegio especial nos (me) permiten el acceso a camerinos a por un autógrafo en persona? ¿A quién abrazar en el momento del esperado o sorprendido GOL? ¿A quién mirar transmitiendo el brillo en los ojos que expresa todo lo que bulle sin necesidad de palabras? ¡Qué tontería! No es ni imaginable porque no tiene sentido, es incompatible hablar de club de fan sin ellos, el plural lo dice por sí mismo.

No soy fan de Alejandro Sanz, aunque me gusten algunas de sus canciones, ni socia del Cádiz club de fútbol pero… ¿cuánto tiempo duraría apasionada por el Señor acudiendo sola a estar con Él, celebrando sola una Navidad o Pascua de Resurrección sin nadie que entienda las lágrimas que brotan por la emoción, o los bostezos por el sueño en alguna que otra oración…? ¡Qué tontería! No es imaginable siquiera, porque no tiene sentido, es incompatible hablar de Dios sin hablar de más de uno, de humanidad, de relaciones, de afectividad de… pues ¿qué estamos celebrando sino el regalo y la sorpresa de encontrarle, unidos, en la encarnación? Es incompatible hablar de Dios y no hablar al mismo tiempo de Iglesia.

¿Quién soy? Desde la encarnación «el nosotros de Dios»… y el plural vuelve a hablar por sí mismo. ¿A quién pertenezco, cuales son mis raíces? No hay que inventarlas, sólo recordar que bajo tierra están, y desde ahí dándonos vida, manteniendo y sosteniendo nuestro ser, nuestra identidad. Ese es su sitio, y como la cabeza la solemos llevar bastante alta, vemos que hay horizonte sí, pero porque hay tierra, hay esperanza sí, pero porque hay raíz, hay sueños sí, pero porque hay savia. Sólo hay que parar, escuchar y reconocerlo: Iglesia. Sé que soy Iglesia, siempre lo he sabido ¿experiencias de Iglesia? las que me hacen sentir en casa, las que hacen vibrar, templar y sonreír a mi raíz ¿A quién pertenezco? A la Iglesia. Lo sé.

Y es que tiene su lógica. «Cuando dos o más se reúnen…» (deporte, asociación, peña de carnaval o de caza) da gusto pasar cerca y respirar la vibración que desprenden, el olor, el sabor, el ruido, la música… porque comen y beben juntos, ríen y cantan juntos, celebran y sufren juntos, luchan juntos, buscan y encuentran juntos (la lotería la han jugado juntos, la repartirán juntos si les toca y seguramente la gastarán juntos). Y es que tiene su lógica. Ese juntos es el Señor, el que moviliza y hace VIDA desde la raíz. Siempre nos han exhortado a levantar la cabeza, llevarla alta y no como un avestruz (pobre animal… qué nos ha hecho él). Hoy te invito a imitarle de vez en cuando, agacha la cabeza hasta que se hunda en la tierra y ahí encuéntrate con tu raíz, nuestra raíz ¡es el Señor! Y déjate sorprender porque ahí, abajo, hay un núcleo, un centro, sólo uno, y para todos. Descúbrelo, o haz memoria y RECREALO.

Fuente: Pastoral SJ

 

CPAL: Artículo de Espiritualidad de Noviembre

Compartimos un fragmento del Artículo de Espiritualidad de la Conferencia de Provinciales de América Latina (CPAL) para el mes de Noviembre. Para leer el artículo completo haz click aquí 

Por José Luis Serra Martínez SJ

1. Discernimiento: en cuanto a búsqueda de lo que agrada a Dios (Rom 12, 2; Fil 1, 18; 1 Jn 4, 1; etcétera) es una actitud espiritual constitutiva de toda la vida verdaderamente cristiana. “Buscar y hallar la voluntad de Dios”; “Que su majestad, por su infinita y suma bondad nos quiera dar su gracia cumplida, para que su santísima voluntad sintamos y aquella enteramente la cumplamos” (Ignacio de Loyola). El discernimiento toca más a la asunción de actitudes que, posteriormente, favorecerán el afrontar los hechos de la vida cotidiana desde el proyecto de Jesús.

2. Deliberación: toma de decisiones de importancia, sea de una persona, sea de un grupo, en función de su proyecto de vida, su Principio y Fundamento, su misión. Por ejemplo, la deliberación de un estado de vida, la decisión de asumir o dejar algún apostolado o trabajo importante, de cerrar una obra… Toda deliberación supone un proceso de discernimiento.

3. Personal: Es la persona quien busca en su vida, en su oración, en su contexto familiar, laboral, social como sumarse al proyecto de vida de Dios, esto es, ser consciente del influjo del Espíritu Santo en la persona, que desde el propio carisma edifica la comunidad desde el amor y la caridad.

4. Puesta en común del discernimiento personal: es cuando una persona comunica a un grupo, a una comunidad de hermanas o hermanos su discernimiento personal, para que ayude a cada a uno a confirmar la manera de ir haciendo el discernimiento y los frutos que se van consiguiendo.

5. Discernimiento en común: No se trata sólo de poner en común el discernimiento personal. Es cuando un grupo se convierte en el sujeto mismo de discernir. Este sujeto puede ser la comunidad entera, o una parte de ella, o un grupo que trabaja en un apostolado o misión especial o un grupo de laicos y religiosos que trabajan juntos…

El discernimiento en común tiene la finalidad de preparar las decisiones, ayuda a tomar la más conveniente, la que sienta como la voluntad de Dios.

Necesario distinguir entre discernimiento en común con un proceso democrático. El discernimiento en común tiene el peligro de pretender ser a una práctica democrática, mientras que en la vida religiosa, el obispo, el superior, la superiora, el párroco, tienen la última palabra y son ellos quienes deben tomar las decisiones. Al discernimiento comunitario se llega por consensos espirituales y no por mayoría de facciones y de grupos de influencia

Fuente: Jesuitas Latinoamérica