REUNIÓN DE SUPERIORES MAYORES DE OCTUBRE: ¿QUÉ HAY EN LA AGENDA?

La tercera reunión de los Superiores Mayores de la Compañía se celebrará en octubre. Las dos primeras reuniones se celebraron en 2000 y 2005, de acuerdo con la decisión tomada por la 34ª Congregación General (CG 34) de celebrar una Reunión de Superiores Mayores aproximadamente cada seis años desde la última Congregación General para “tratar del estado, problemas e iniciativas de la Compañía universal, así como la cooperación internacional y supraprovincial”.

Del 17 al 26 de octubre, la Curia General estará llena de Superiores Mayores, reunidos para reflexionar y compartir sobre cómo vivir mejor y más plenamente la misión que da sentido a nuestra vocación jesuita y a los apostolados en los que colaboramos con otras personas.

Al estilo típico de los jesuitas, la reunión comienza con un retiro, una elección que marca la pauta, antes de profundizar en los temas centrales. El trabajo que sigue al retiro fluirá de esa base de oración, silencio y escucha.

Un tema central será la identidad misionera de la Compañía, explorando dónde está ya actuando el Espíritu para entrar en esos espacios con creatividad y humildad. En un mundo en constante cambio, cuestiones como la migración, la cultura digital y el cambio climático plantean interrogantes sobre lo que significa ser misionero.

Otro hilo conductor de la reunión son las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía. Las cuatro prioridades – mostrar el camino hacia Dios, caminar con los excluidos, cuidar de nuestra casa común y acompañar a los jóvenes en camino – han dado forma a la misión de la Compañía desde 2019. La reunión no solo hará balance de los progresos realizados hasta ahora, sino que también explorará lo que es necesario cambiar.

La colaboración también será objeto de atención. Las obras jesuitas dependen de colaboradores laicos, religiosos y compañeros de todas las tradiciones. La reunión considerará la colaboración como una dimensión de la identidad misionera de la Compañía.

También se reflexionará sobre el papel del liderazgo: la misión del Superior Mayor en el cuidado apostólico y personal. Otra cuestión especialmente urgente será la protección y cómo contribuir a una cultura de protección de las personas vulnerables. La Compañía, al igual que la Iglesia en general, se ha enfrentado a algunas situaciones dolorosas que requieren una reflexión más amplia.

De cara al futuro, los Superiores Mayores también debatirán sobre las vocaciones. Aunque las cifras no son la única medida de la vitalidad, la Compañía necesita nuevos miembros para continuar su misión.

A lo largo de estos temas se plantea la cuestión del gobierno de la Compañía. La reunión va reimaginar las estructuras de gobierno, las Congregaciones de Superiores Mayores, los proyectos supraprovinciales y la formación de los jesuitas y sus colaboradores en la misión, con el fin de configurar estructuras que sirvan a la misión de la Compañía.

Todos estamos invitados a rezar por una Compañía renovada, con un impulso más fuerte para responder con fe y creatividad a las necesidades del mundo.

Todos somos migrantes

La Fundación SJM Bolivia transforma la experiencia de emigración internacional del país en acogida de migrantes forzados venezolanos, eligiendo la promoción e integración de los migrantes y buscando cómo fortalecer la capacidad humana de la resiliencia.


José, ciudadano venezolano, llegó en 2019 a la ciudad de El Alto, Bolivia. Como muchos de sus paisanos, para sobrevivir el día vendía caramelos en una de las avenidas de mayor circulación, donde también estaba un policía que intentaba ordenar el caos vehicular. Ambos hacían su trabajo día a día. Una de aquellas tardes el policía advirtió que José no había ido a vender sus caramelos, hasta que volvió a aparecer. Entonces, preguntó a José el motivo de su ausencia. José sorprendido le respondió y se atrevió a preguntar por qué no se comportaba como otros policías ni controlaba su estatus migratorio. La respuesta del policía fue una invitación a comer donde le contó que él también había sido migrante en España y en todo el tiempo que estuvo no pudo regularizar su permanencia. Ese día José y el policía se reconocieron migrantes.

El anterior relato resume lo que la Fundación SJM Bolivia articula en sus acciones dirigidas a promover una convivencia intercultural, en un país de migrantes, para responder a la migración forzada que es uno de los dramas humanos sin precedentes en Latinoamérica.

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Así como José, desde el 2018 muchos venezolanos migrantes forzados, en situación de mendicidad, comenzaron a llenar las principales calles de las ciudades grandes de Bolivia, con la esperanza de conseguir algo de dinero para mal comer y dormir, con la esperanza de llegar a Chile para trabajar y enviar remesas a su familia.

A mediados de 2022 la población migrante venezolana en territorio boliviano llegó a 13.678 personas, según un estudio de nuestra Fundación SJM Bolivia. A finales del mismo año residían 15.000 migrantes, principalmente en Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. En 2023, Naciones Unidas ‒ Bolivia estimaba que a finales de año este número superaría los 18.200.

Bolivia, un país que tradicionalmente tiene una historia de procesos de emigración internacional, actualmente es parte del estacionamiento temporal y país destino de la migración forzada. Este cambio planteó a la Fundación SJM y la Compañía de Jesús el reto apostólico de acompañar una realidad nunca vista en su historia migratoria: acoger a los migrantes reconociendo la propia experiencia de migración. Esto significa determinar como prioridad la acogida, acompañamiento, promoción e integración de los migrantes y fortalecer la capacidad humana de la resiliencia para promover una fraternidad intercultural desde una “amistad social”, como propone el Papa Francisco.

Según todas las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan con personas migrantes y refugiadas, las cifras irán en ascenso, lo que concuerda con las bases de datos de la Fundación SJM. Entre enero y agosto del 2020, durante la pandemia, la Fundación registró a 183 migrantes venezolanos. El año 2021 el número se incrementó a 1.153 y en 2022, fueron 1.937 los registrados. Desde entonces se han añadido muchas más, aunque en el momento de redactar este artículo aún no se han verificado las cifras oficiales.

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Otro dato para tomar en cuenta es que entre 2015 y 2022, de todos los migrantes que ingresaron a Bolivia, el 10% decidió quedarse en este territorio; los otros salieron, en su mayoría con destino a Chile. Concretamente, la Fundación, hasta finales del 2022, registró a 43 familias que residían en La Paz y El Alto.

Cuando el Éxodo, en la Biblia, nos recuerda de que “fuimos extranjeros en Egipto”, nos percatamos de que la construcción de la fraternidad y la justicia pasa por el reconocimiento de que todos somos migrantes y que algunos cruzan las fronteras.

Bolivia sigue siendo un país de tránsito y origen de migrantes, pero este “pequeño resto de Israel” que busca asentarse en territorios como el nuestro nos lleva a cuestionar las razones de esta decisión. Esto nos obliga no solo a buscar fortalecer la economía, sino también a crear espacios más solidarios, más empáticos y menos xenófobos, es decir, territorios que nos permitan respirar más humanidad.

Por Heydi Galarza y Freddy Quilo, SJ | Provincia de Bolivia
[De la publicación “Jesuitas 2025 – La Compañía de Jesús en el mundo”]

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SJ | ¿CÓMO SE ELIGEN LOS SUPERIORES MAYORES?

Los Superiores Mayores elegidos para hacerse cargo de partes importantes de la Compañía de Jesús, como una Provincia, una Región o una Conferencia, forman parte fundamental del gobierno de la Compañía. Todo jesuita cuenta con un Superior Mayor que asigna recursos, lo envía en misión y toma decisiones importantes sobre su trabajo y sobre cómo se expresa el carisma de Ignacio a través de su vida. Por eso mismo, la selección de un Superior Mayor no es tarea fácil. Es un proceso muy pensado y con un fundamento espiritual en el que participan todos, desde los jesuitas de las diversas comunidades hasta el Padre General en Roma.

La selección de un Superior Mayor pone mucho énfasis en el discernimiento y la consulta, y se atiene al “modo de proceder” de la Compañía. El proceso suele comenzar con un período de consulta entre los jesuitas de esa concreta Provincia o Región. Se pide a los miembros una reflexión orante sobre las necesidades de sus comunidades y que sugieran las cualidades imprescindibles para satisfacerlas. Esta consulta es confidencial y pretende recabar opiniones sinceras y meditadas. Refleja el principio ignaciano del discernimiento, que anima a aportar la propia opinión guiada por el Espíritu Santo, y no por consideraciones políticas o preferencias personales.

A partir de esta consulta, una lista de tres candidatos, conocida como “terna”, es elaborada por el Provincial (o el Superior Regional) y sus consejeros. La terna está formada por personas consideradas espiritualmente maduras, capaces de ejercer el liderazgo, hondamente comprometidas con la misión de la Compañía y que posean las cualidades oportunas para dar solución a las necesidades de las comunidades de la Provincia, Región o Conferencia.

La terna se envía a la Curia de Roma, donde es analizada por el Superior General – actualmente el P. Arturo Sosa – y sus consejeros. El Padre General puede elegir un nombre de la terna, solicitar una nueva terna con nombres diferentes o elegir otro nombre que no figure en la terna. Finalmente, tras someterlo al discernimiento y consejo de sus Asistentes Regionales, el Superior General toma la decisión definitiva tras haberlo meditado y orado en profundidad.

Una vez nombrado, el nuevo Superior Mayor, éste suele ejercer su cargo durante un mandato de seis años. Durante este tiempo se le confía el cuidado de las comunidades, y los ministerios y obras de la Compañía en su territorio. Todo este proceso pretende reflejar el énfasis que pone la Compañía en la obediencia, el discernimiento espiritual y el liderazgo centrado en la misión, siguiendo los principios de subsidiariedad. Con este proceso de selección, basado en la consulta y la oración, la Compañía pretende garantizar que sus líderes sean capaces de estar en sintonía con las necesidades espirituales más profundas de aquellos a quienes sirven.

Encuentro de Superiores Mayores 2025

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CVX en Uruguay, una comunidad renovada

La Comunidad Nacional de CVX en Uruguay acompañó, en el día de Pentecostés, a 9 integrantes que proclamaron su Compromiso Permanente con el estilo de vida, comunitario y apostólico de la CVX. Junto con ellos, otros 4 también profesaron su Compromiso Temporal, como signo de gratitud y de respuesta a la llamada del Señor a seguirle y colaborar en Su misión.

Expresan así, una manera de ser cristianos que ha hecho carne en ellos, a lo largo de un camino iniciado en la comunidad local y que se reconoce llamada a la respuesta fiel, comprometida y generosa. Pronuncian sus compromisos en esta comunidad que conocen y aman: pecadora y sin embargo llamada por el Señor. Y lo hacen para seguir creciendo en esta vocación común de ‘peregrinos en esperanza’, colaboradores en el trabajo por la reconciliación y justicia.

Quieren, de este modo, poner por obra la vocación apostólica y concreta, integrándose como un cuerpo para la misión, enviados al estilo de los apóstoles, con un estilo de vida austero y profético. Lo hacen para explicitar el deseo de buscar y hallar la voluntad de Dios en sus vidas, según el carisma ignaciano, para seguir respondiendo a una humanidad sufriente que clama por justicia, paz, bien y verdad.

En la celebración, junto a más de un centenar de integrantes de nuestra comunidad nacional, reafirmaron su identidad y pertenencia a una iglesia local en la que confían y están dispuestos a servir. Como compañeros de camino, al estilo de Emaús, sienten arder su corazón haciendo memoria agradecida de la presencia del resucitado en sus vidas.

El proceso, (el detalle se puede ver AQUÍ) iniciado en sus respectivos grupos de vida, contó con una preparación paciente y delicada. Acompañados por la propia comunidad, compartieron un proceso profundización en la identidad y vocación CVX a lo largo de todo el tiempo pascual. En los respectivos encuentros se nutrieron de contenidos formativos y el compartir en conversación espiritual fue alimentando ese fuego interior del Espíritu en cada persona.

En este tiempo, fueron compartiendo con sus respectivos grupos de vida y pudieron dejarse acompañar por testigos espirituales que también los confrontaron, enriqueciendo el discernimiento con una mirada fraterna y cercana. La comunidad toda se enriquece en este camino y el Espíritu también va tocando otros corazones para responder a Su llamada.

¡Gracias! Gracias por su sí generoso. Gracias por su apertura y compromiso. Gracias por su testimonio iluminador. Gracias Carolina, Rossina, Agustina, Caro I., María José, Lorena, Virginia, Diego, Carolina, Verónica, Vero, Mariela y Valentina.


Agustina Langwagen (CVX Comunidad Illapel)

Hace tiempo que deseaba profundamente hacer signo mi certeza de proyecto como cevequiana. Animada por el Espíritu en Pentecostés y tras un proceso de profundización que me permitió repasar experiencias, aprendizajes y tantos rostros que han sido testigos y pilares en el camino, confirmé con emoción y alegría, frente a la comunidad nacional, mi deseo de seguir a Jesús desde este estilo de vida sencillo, comprometido y con una misión apostólica encarnada.

Para mí, el compromiso es deseo, es responsabilidad y disponibilidad, y es también gozo profundo por saberme abrazada por el Señor y sostenida por una espiritualidad que me da identidad. Es confiar plenamente en que su amor y gracia bastan, y desde ahí disponerme a ser luz para otros, como tantos lo son para mí.

Valentina Consonni (CVX Comunidad Manere)

Tomar los compromisos temporales en CVX es una experiencia profundamente significativa.  La alegría de reafirmar este compromiso es indescriptible. Sentir a  la comunidad nacional, con su cariño y cercanía, acompaña en cada paso, dándome apoyo en oración y gestos concretos que nos refuerzan y me dan la certeza de estar en el camino correcto.

Mariela Addiego (CVX Comunidad Namaste)

El pasado domingo 8, tuve el regalo de poder renovar mi compromiso con la CVX. Digo regalo, porque sin dudas, es Dios quién me dio la gracia de formar parte de este Movimiento, con la convicción en mente y espíritu, de que quería volver a elegirlo.

La ceremonia de Pentecostés en la que tuvieron lugar los compromisos estuvo hermosa, el espacio y quienes participaron, hicieron que se viviera realmente una conexión con Dios, con quienes allí estuvieron y con la CVX. Quienes hicimos compromisos, en sus distintas modalidades, coincidimos en lo emocionante que fue leer el texto y hacer nuestras cada una de sus frases.

El compromiso fue el corolario de un proceso de varias semanas, en las que las pautas de oración y reflexión, los intercambios en la comunidad chica y las vivencias de los encuentros de las mañanas de domingo, nos hicieron sintonizar más y mejor, el “canal” de Dios y de la CVX.

Quisiera resaltar especialmente los encuentros con otros miembros de la Comunidad Nacional. Agradecer a quienes los pensaron y prepararon. Fueron experiencias muy enriquecedoras y reveladoras. Se hizo presente el milagro, cuando en el encuentro con otros, de vidas y situaciones, en apariencia muy distintas, nos dimos cuenta que es solo en apariencia, porque al compartir, descubrimos que los dolores del alma, la confianza depositada en Jesús y la manera de vivir las situaciones difíciles y las más felices, son las mismas. Esto nos une, nos identifica; compartimos la fe, compartimos el carisma, las enseñanzas de Ignacio nos guían…

Sin dudas el “quiero hacer mi compromiso con la Espiritualidad Ignaciana desde la opción CVX…” se ha reeditado en mí. La comunidad y la vida apostólica, se han resignificado. Feliz de vivirlo así. Desde mi corazón, puedo decir con Ignacio, “Dadme tu amor y gracia, que ésta me basta”.

REFORZAR LA MISIÓN: EL PAPA LEÓN XIV SE REÚNE CON EL PADRE GENERAL

El 20 de junio, el Papa León XIV recibió en audiencia al P. Arturo Sosa en el Vaticano. El encuentro entre el Santo Padre y el Padre General subraya la profunda y significativa relación histórica entre la Santa Sede y la Compañía de Jesús.
Aunque los detalles precisos de su conversación no se han revelado, este tipo de encuentros son habituales y sirven de oportunidad para dialogar directamente sobre la vida y la misión de la Iglesia, en particular en lo que se refiere a las Preferencias Apostólicas Universales y la labor de los jesuitas en la Iglesia.

Tras la muerte del Papa Francisco, el P. Sosa envió una carta a toda la Compañía en la que reiteraba la disponibilidad de la Compañía para recibir del Vicario de Cristo en la tierra “la misión con la cual podamos ofrecer el mejor servicio a la Iglesia universal”. El Padre General subrayó que ésta es “una de las dimensiones características del carisma recibido a través de San Ignacio y los primeros padres, fundadores de la Compañía de Jesús”.

La relación entre el Papa y la Compañía de Jesús es única, sobre todo porque está estrechamente vinculada al cuarto voto de obediencia al Sumo Pontífice en lo que se refiere a las misiones. Este voto garantiza que la Compañía esté estrechamente alineada con las prioridades del Santo Padre, mientras buscamos responder con valentía a los signos de los tiempos y servir a las necesidades del mundo con fidelidad al Evangelio.

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Reflexiones del Padre Francisco José Gismondi sobre el Papa Francisco

Conocí al Padre Jorge Bergoglio, SJ, cuando estaba haciendo mi camino vocacional. A principios del año 1981, el que fuera mi Maestro de Novicios, el Padre Ernesto López Rosas, SJ, me envió a hablar con Bergoglio para una entrevista. En ese momento, él estaba como Rector del Colegio Máximo de San Miguel, donde lo volvería a encontrar dos años después.

Después de mi noviciado, el 12 de marzo de 1983, hice mis Primeros Votos. Después de la ceremonia y la celebración, nos mudamos al Colegio Máximo, donde comenzaríamos nuestra etapa como estudiantes. Allí nos recibió el Padre Bergoglio como Superior. Sentíamos un gran temor, pues tenía fama de exigente, y había muchas actitudes que debíamos ajustar respecto a lo vivido en el noviciado: dejar de fumar, cumplir con un estricto horario de estudio – incluso los domingos –, y asumir trabajos en la casa bien exigentes, como cuidar chanchos, limpiar, mantener el jardín, hacer guardias de seguridad, entre otros. Pero a los tres meses, cuando tenía 20 años, tuve “la fortuna” de que me llamara a su despacho y me encargara la administración.

Yo había asistido a una escuela secundaria especializada en administración, por lo que desde ese momento pasé a desempeñar un trabajo más cómodo, que implicaba una relación diaria y estrecha con el Superior, ya que mantenía un control riguroso de nuestros ingresos y egresos. Esta relación duró tres años. Luego, hubo un cambio de Superior y ya no hubo una relación estrecha, aunque continúe trabajando en la administración hasta el día de hoy.

Mientras cursaba mis últimos años de formación, el Padre Bergoglio fue ordenado obispo, con lo que ya no volvimos a tener posibilidades de compartir comunidad o actividad en la Compañía. En el año 1998, asumió como arzobispo de Buenos Aires. Durante su primera misa crismal, como yo vivía en la Arquidiócesis, participé. Tuvimos un breve y frío saludo, y respondió con su ya acuñado “reza por mí”. No nos vimos más.

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Quince años después, en el año 2013, la fortuna me encontró viviendo desde 2007 en Roma. Desde la ventana de mi habitación, en la Curia General de la Compañía, podía ver el frente del Vaticano, y llegaba a ver la chimenea de la Capilla Sixtina. Aquel 13 de marzo regresé de mi trabajo, y como era la hora de la fumata, me asomé por la ventana esperando. En cuanto vi el humo blanco, agarré una campera y me dirigí raudamente a la plaza. No podía perderme un evento tan importante estando en Roma. Me encontré con algún compañero que empezó a vaticinar: “¿y si es Bergoglio?”. Yo lo callaba, no me hacía ninguna gracia ver en ese lugar a alguien que de alguna manera conozco. Llegamos a mitad de la plaza, ya repleta de gente. Esperamos más de 40 minutos cuando comienzan a verse luces y movimientos de cortina detrás de las ventanas del frente de San Pedro.

En cuanto escuché al Cardenal decir “Georgium Marium”, quise irme, no lo podía creer. Mi compañero me animó a quedarme, y comencé a escuchar en el silencio de la plaza junto a varios “chi è?” (¿quién es?). A mi memoria venían recuerdos, pensamientos, encuentros y cosas que nos habían sucedido durante muchos años, y todas entraban en conflicto con lo que veía. Así estuve durante un mes, tratando de reconciliarme con el pasado y con este presente. Al ir escuchando sus catequesis cada miércoles, y viendo el cambio de imagen que iba presentando, me fui acercando al espíritu de Francisco y olvidando a Bergoglio.

El 25 de mayo, Fiesta Patria, pude enviarle una carta de saludo por medio de su secretario, y a los pocos días recibí un llamado de reencuentro. “Seguís contando plata” fue lo primero que me dijo, no olvidó nuestros años de estrecho trabajo. El 31 de julio Francisco celebró la fiesta de San Ignacio en el Gesù. Ese día, aunque no saludó a todos los jesuitas participantes, me escurrí por los pasillos y llegué a donde estaban. Estuve a punto de ser expulsado por su seguridad, pero justo fui salvado por la intervención de mis hermanos jesuitas, y pudimos saludarnos y compartir algunos recuerdos.

Un año después vino a almorzar a la Curia General y estuve sentado en la mesa junto a nuestro Superior General, el Superior de la Comunidad y el Asistente de América Latina. Compartimos un almuerzo muy entretenido, lleno de cuentos y recuerdos. Hasta que regresé a la Argentina, a principios de 2016, tuvimos varios encuentros: un par en Santa Marta acompañando familiares; algunos durante las audiencias de los miércoles; y otros, cuando vino a comer a la Comunidad.

Tal vez el más curioso: un domingo estaba en la Via della Conciliazione, esperando que saliera en el papamóvil, como era habitual después de una misa en la Plaza. Justo hizo el giro de regreso donde yo estaba y, al reconocerme, estiró su mano para saludarme.

Por Francisco José Gismondi, SJ

 

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El Consiglio Allargato: dando forma, con la esperanza, a la misión de la Compañía

El Consejo Ampliado (Consiglio Allargato en italiano) del Padre General se ha reunido en Roma desde el 9 al 13 de junio para reflexionar sobre la contribución que deben hacer los miembros de la Compañía en cuanto “agentes de esperanza en el mundo actual”.

El Consiglio Allargato ha reflexionado sobre las situaciones tan variadas que viven los jesuitas, y por dónde guía hoy la esperanza de Cristo resucitado a nuestra vida religiosa. Ha ido recorriendo las experiencias que vivimos hoy los jesuitas, examinando en sus matices los problemas que afrontamos y los caminos espirituales que definen nuestro compromiso misionero. Ante la inspiración del Año Jubilar 2025, que nos convoca a los católicos a ser peregrinos de esperanza, los debates del Consejo han puesto de relieve que la esperanza en Cristo resucitado nos guía de múltiples formas, y que ofrece nuevas perspectivas a nuestra vocación y a la misión en constante evolución de la Compañía en el mundo actual.

El Consejo, que ha durado cinco días, se inició recorriendo la bula del Papa Francisco Spes non Confundit, que hace una relectura de nuestra esperanza cristiana desde una perspectiva bíblica y teológica. La bula dio inicio al Año Jubilar que estamos viviendo, e invita a reflexionar sobre las fuentes de donde mana una esperanza perseverante. Subraya la misión, que cada uno de nosotros ha recibido, de ser ministros de la esperanza en su comunidad, en nuestra sociedad y en el mundo entero. Ha dado ocasión para explorar las diversas implicaciones del mensaje del Papa Francisco y para reflexionar sobre cómo podemos encarnar la esperanza en nuestra vida cotidiana.

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El resto de los días del Consejo Ampliado se han dedicado a imaginar cuál debe ser el papel de la Iglesia, como testimonio de esperanza, ante los cambios geopolíticos, religiosos y culturales. Alguna de las sesiones se centró en el tema de la memoria – del pasado y del futuro – y en cómo la Iglesia desempeña un papel clave como elemento de sanación en los lugares de conflicto que hay en el mundo. Al debatir el papel de la Iglesia en la promoción de la esperanza y en la sanación, el Consejo sugirió algunas ideas valiosas sobre cómo también sus miembros pueden hacer importantes contribuciones al mundo que les rodea.

En las discusiones generales se habló también de en qué situaciones se manifiesta hoy la esperanza de modo más concreto y se profundizó en las formas e imágenes que esa esperanza adopta, qué la genera y cuáles deben ser los rasgos de un verdadero “transmisor de esperanza”.

El último día proporcionó al Consejo la oportunidad para escuchar qué piensan sobre la esperanza personas que pertenecen a generaciones diferentes dentro la Compañía. Los miembros del Consejo escucharon con atención los testimonios de algunos jesuitas que viven su etapa de estudios, de otros que hacen su Magisterio, de un instructor de Tercera Probación e incluso del superior de una comunidad de gran tamaño, que alberga una enfermería.

Puntos de vista diferentes que ponían de relieve el carácter universal de la esperanza y la capacidad transformadora que tiene en las distintas etapas de la vida y en el ministerio de todo jesuita. Hablando en general, el Consejo ha insistido en la importancia de impulsar la esperanza en la Iglesia como factor de sanación y de reconciliación en un mundo herido e inquieto.

 

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Hno. Alois de Taizé: Francisco, el coraje de la fe

“Todos, todos, todos”. Estas palabras, entonadas en Lisboa ante una multitud de jóvenes de todo el mundo, salieron espontáneamente del corazón de un papa, Francisco, ya frágil físicamente, pero animado aún por una fuerza interior excepcional. ¡Que todos encuentren acogida en la Iglesia! La Iglesia está al servicio de toda la humanidad, especialmente de los más pobres y vulnerables.


El cambio de época que ha diagnosticado Jorge Mario Bergoglio exige nuevas respuestas a la pregunta: ¿cómo anunciar hoy el Evangelio? Él comprometió decididamente a la Iglesia católica a responder a este desafío. Fiel a su santo patrón de Asís, comenzó destacando la “alegría del Evangelio”, ‘Evangelii gaudium’.

Profunda serenidad

Inevitablemente, vivió momentos de profunda tristeza, pero uno de los aspectos más asombrosos de su persona fue su capacidad para permanecer sereno. Durante una de las primeras audiencias que me concedió, le pregunté cómo conseguía mantenerse siempre así. Me respondió que no lo sabía, pero que así había sido desde que fue elegido. Y añadió que rezaba mucho al Espíritu Santo.

Estoy seguro de que fue su familiaridad con el Espíritu Santo lo que le inspiró a convocar el Sínodo sobre la Sinodalidad. Necesitó el coraje de la fe y una gran libertad interior para convocarlo. Habiendo sido invitado a participar en las dos asambleas generales, puedo dar testimonio del inmenso cambio que ha introducido este Sínodo.

En línea con el Vaticano II, ha hecho pasar a la Iglesia católica de una concepción piramidal a la imagen de una comunidad de todos los bautizados. En fidelidad a la tradición viva, este Sínodo ha abierto las puertas a reformas que harán a la Iglesia más fiel al Evangelio. Puede ser el acontecimiento más importante para la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano II.

Dimensión ecuménica

El Sínodo sobre la Sinodalidad tuvo una fuerte dimensión ecuménica. Una imagen permanece grabada en nuestros corazones: la víspera del Sínodo, en la Plaza de San Pedro, el Papa estaba rodeado de otros 19 líderes eclesiásticos de diferentes confesiones, invocando la bendición de Dios sobre el Pueblo de Dios reunido en oración. Y, para los trabajos del Sínodo propiamente dicho, Francisco se atrevió a invitar a delegados de otras Iglesias, no como simples observadores, sino para que participaran en los debates en torno a las mesas redondas y en las sesiones plenarias.

La valentía de la fe es el sello distintivo del pontificado de Francisco. ¿Hemos prestado suficiente atención a su profunda fe? ¿Comprendemos auténticamente las raíces de su pasión por la renovación de la Iglesia y su compromiso por el bien de la humanidad y de nuestro planeta? Donde más abiertamente habla de las fuentes de su fe y su esperanza es en su última encíclica, Dilexit nos (Nos ha amado), que aún no ha encontrado el eco que merece.

Francisco era discreto, casi reservado, en su oración personal. Pero podemos intuir que llegó tan lejos como era humanamente posible hasta las profundidades de la fe en el amor de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Sin duda, luchó siempre por volver a confiar en el amor personal de Dios por él, “pecador perdonado”, como se definió al responder a la pregunta de cómo se veía a sí mismo.

Respeto por cada persona

Permanecer cerca de Dios le empujaba literalmente hacia los demás, con total respeto por cada persona. El otro, sea quien sea, es amado con el mismo amor de Dios. Sus acciones y sus palabras brotan de esta fuente. Comenzó la carta que dedicó a santa Teresa de Lisieux con esta cita: “Es la confianza y nada más que la confianza lo que debe conducirnos al Amor”.

En su ministerio de pastor universal, el amor de Francisco se ensanchó a las dimensiones de la humanidad, encarnándose al mismo tiempo en gestos muy concretos, a veces muy humildes, especialmente hacia las personas afectadas por el sufrimiento.

Tenía una capacidad de escucha y de atención extraordinarias. Su capacidad de estar plenamente presente ante las personas y las situaciones era sin duda una expresión visible de su vida interior, constantemente alimentada en la fuente del Espíritu Santo.

Nuestra primera audiencia

Antes de la primera audiencia privada que me concedió, en 2013, estaba un poco preocupado, preguntándome qué podría saber de nuestra Comunidad de Taizé… De hecho, hay que tener en cuenta que era el primer papa desde Pío XI que no había conocido en persona al hermano Roger, nuestro fundador. Qué maravillosa sorpresa fue descubrir que era muy consciente de lo que estábamos viviendo. Y, en otra audiencia, me sorprendió de nuevo haciéndome directamente una pregunta sobre un tema del que habíamos hablado el año anterior, como si retomara una conversación que apenas había sido interrumpida.

La tarea principal de todo papa es fortalecer la fe de sus hermanos y hermanas, y sostener el coraje de la esperanza en la humanidad. Con Cristo, Dios ha puesto los cimientos de una nueva creación. Como una semilla sembrada en tierra buena, esta buena nueva del Evangelio germinó y creció en la vida de nuestro amado Francisco, y luego floreció para el bien de la Iglesia y mucho más allá.

Sus palabras y sus obras, pero también su modo de llevar la enfermedad en la vejez, han sido un testimonio vivo y luminoso del Evangelio. Su ejemplo nos inspira a dejar que el amor de Dios ofrecido a todos fructifique en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean. ¡Gracias, Francisco!

REVISTA MANRESA. Cien años de memoria agradecida

En 2025 se cumplen 100 años de la revista de espiritualidad ignaciana Manresa, publicada por el Grupo de Comunicación Loyola. Su nombre anuncia sus orígenes en la ciudad cerca de Barcelona en la que Ignacio de Loyola, tras su conversión, vivió la profunda experiencia espiritual que dio lugar al nacimiento del libro de los Ejercicios Espirituales. En este siglo de existencia 383 números han visto la luz, y solo la guerra interrumpió su publicación: primero, la Guerra Civil española (1936-1939), y después, la Segunda Guerra Mundial con la escasez de papel que conllevó (1941).

El acto central de este año centenario ha sido la celebración de un Simposio en el centro de espiritualidad san Ignacio de Salamanca del 16 al 18 de mayo, con el apoyo de la Provincia de España, de la Universidad de Deusto y del Instituto de Espiritualidad de la Universidad Pontificia Comillas en Madrid. Las palabras de saludo y felicitación del P. Arturo Sosa, Superior General de la Compañía de Jesús, en su carta al director de la revista, abrieron el encuentro que congregó a unas 70 personas venidas de diversos lugares de España (Barcelona, Bilbao, Córdoba, Madrid, Manresa, Salamanca, Sevilla, Valencia y Valladolid), y también de Panamá y Costa Rica.

Expertos en la espiritualidad ignaciana ayudaron a recordar la historia de la revista (José García de Castro SJ), explorar los elementos irrenunciables de los Ejercicios (Darío Mollá SJ), reflexionar sobre el sujeto de los Ejercicios (Josep M. Rambla SJ) y revisar la conexión entre la espiritualidad ignaciana y la conversación espiritual, el discernimiento y la sinodalidad (Juan Antonio Guerrero SJ). Además, en dos mesas redondas, se presentaron diversas modalidades de actualización del arte de dar los Ejercicios, como ejercicios de iniciación y para jóvenes, ejercicios con el arte, ejercicios y discernimiento en común, ejercicios en clave ecológica o social, talleres de interioridad y ejercicios de contemplación. Todas las contribuciones serán publicadas el próximo otoño en un número doble de la revista que concluirá este año centenario.

En su relación final, Francisco José Ruiz SJ subrayaba el don recibido de la historia y el discernimiento que ha permitido que Manresa responda a las necesidades cambiantes de los tiempos, y los dos retos que en este momento histórico afronta la revista: el reto permanente de la contextualización de los Ejercicios y el reto más reciente de la comunitariedad, a saber, seguir explorando la interrelación entre individuos y organizaciones. En sus palabras de agradecimiento y cierre el director de la revista, Manuel García Bonasa SJ, valoraba la presencia mayoritaria en el simposio de personas laicas y de religiosas de diversas congregaciones que nos hablan del rostro vivo de la espiritualidad ignaciana, comprometida en la

Iglesia en la tarea que soñó Ignacio de Loyola de poner a la persona en contacto con su creador.


Enlaces relacionados

Revista de Espiritualidad Ignaciana Manresa manresarev.com

Centro de Espiritualidad S. Ignacio – Salamanca cessalamanca.es

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Primera Audiencia General de León XIV: El amor no calcula

En su primera audiencia general como pontífice, el papa León XIV continuó con la serie de catequesis del Jubileo, iniciadas por el papa Francisco sobre el tema «Jesucristo, nuestra esperanza».

El Santo Padre continuó la reflexión de su predecesor sobre las parábolas de Jesús, que, según el papa León, «nos ayudan a redescubrir la esperanza, porque nos muestran cómo actúa Dios en la historia».

 

Una parábola única

León XVI se centró en la parábola del sembrador, «una parábola bastante singular, ya que sirve como introducción a todas las demás», explicó y observó cómo esta historia revela la forma de comunicarse de Jesús y puede orientarnos sobre cómo proclamar el Evangelio hoy.

Aunque las parábolas provienen de la vida cotidiana, su objetivo es transmitir algo más profundo. Nos animan a todos a cuestionarnos; nos invitan a no quedarnos en las apariencias.

Reflexionando sobre la historia, el Papa instó a todos a plantearse dos preguntas: ¿Dónde me encuentro en esta historia? ¿Qué dice esta imagen a mi vida?

 

Un sembrador sale a sembrar

En esta parábola del sembrador, señaló el Papa, podemos ver el poder de Dios y el impacto que tiene sobre nosotros.

«Cada palabra del Evangelio es como una semilla sembrada en la tierra de nuestras vidas», compartió, destacando que la tierra no es solo nuestro corazón, «sino también el mundo, la comunidad, la Iglesia». No hay ningún aspecto de la vida que no esté impregnado del Evangelio.

Personas de todos los ámbitos y orígenes acudieron a escuchar a Jesús contar esta parábola. Esto nos muestra que «la palabra de Jesús es para todos, pero obra de manera diferente en cada persona», lo cual, explicó el Papa León, nos ayuda a comprender mejor la parábola. Cada uno de nosotros puede extraer algo de ella, independientemente de su situación vital.

 

Jesús es la semilla

En la historia, el lugar donde caen las semillas parece importarle poco al sembrador, lo cual, como señaló el Papa, simboliza el amor de Dios por cada uno de nosotros. «Estamos acostumbrados a calcular y planificar, pero el amor no funciona así», dijo.

El pontífice enfatizó que Dios «esparce la semilla de su palabra en todo tipo de terreno, es decir, en cada una de nuestras situaciones». Ya sea que la recibamos con entusiasmo, superficialidad o miedo, Dios confía en que en algún momento la semilla dará fruto.

Dios «no espera que nos convirtamos en la mejor tierra». Más bien, nos da su palabra una y otra vez, y su palabra es Jesús.

 

Van Gogh y su puesta de sol

Al cerrar su reflexión, León XIV reflexionó sobre el cuadro de Vincent van Gogh, El sembrador al atardecer .

«Lo que me impacta», compartió, «es que, detrás del sembrador, Van Gogh pintó el grano ya maduro». El Papa llamó a esto una imagen de esperanza de que, de alguna manera, la semilla haya dado fruto.

En el centro del cuadro está el sol, no el sembrador, lo que nos recuerda que «Dios impulsa la historia, aunque a veces parezca distante u oculto».

 

Recordando al Papa Francisco

Antes de rezar el Padrenuestro en latín, el Papa León XIV recordó a su predecesor, el papa Francisco, en el primer mes de su fallecimiento.

«Y no podemos concluir nuestro encuentro sin recordar con tanta gratitud a nuestro amado Papa Francisco, que hace exactamente un mes regresó a la casa de Nuestro Padre».+

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