Jornada del Migrante 2020: “Como Jesucristo, obligados a huir”

El pasado 6 de Marzo se hizo público el tema de la 106° Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de setiembre de 2020. “Como Jesucristo, obligados a huir”, es el título del Mensaje del Papa, que este año se centrará en el cuidado pastoral de los desplazados internos, que hoy en día suman más de 41 millones en todo el mundo.
El punto de partida para la reflexión, será la de la experiencia de Jesús desplazado y refugiado junto a sus padres, para reafirmar la importancia de la razón cristológica de la acogida cristiana.
El Mensaje se desarrollará  en seis subtemas:
  • Conocer para comprender
  • Acercarse para servir
  • Escuchar para reconciliarse
  • Compartir para crecer
  • Involucrar para promover
  • Colaborar para construir.

Para favorecer una preparación adecuada para la celebración de esta jornada, también este año la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del  Desarrollo Humano Integral quiere lanzar una campaña de comunicación. Cada mes se propondrán reflexiones y material informativo y multimedia, útiles para profundizar en el tema elegido por el Santo Padre.

 

Comentarios del P. Fabio Baggio¹

El Santo Padre eligió este título para el mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado de este año para expresar su preocupación personal por una categoría de personas en movimiento que a menudo son olvidadas. Se trata de personas desplazadas internamente. Estamos hablando de más de 40 millones de personas, 41 según las últimas cifras. Representan una gran porción de esas personas que hoy en día están moviéndose, sólo que no cruzan fronteras y permanecen dentro de su territorio nacional. Por eso son obviamente responsabilidad de los distintos gobiernos y a menudo permanecen en el anonimato. Dedicarles el Mensaje significa poner de relieve esta situación particular y también dedicar palabras que sean indicaciones y reflexiones para los agentes pastorales para poder trabajar también con estas personas. El icono del que el Santo Padre quiso partir es el del Niño Jesús que, con su familia exiliada, tuvo la experiencia de verse obligado a abandonar su propia tierra a causa de la persecución en ese caso, o por conflictos, o por desastres naturales. Estas son las principales razones, junto con otras, que siempre son reconocidas en todo el mundo y que empujan a estos millones de personas a abandonar su tierra. Y siempre existe el deseo, por supuesto, de volver. A veces esto no es posible. Estos son desafíos que también se lanzan a nuestras comunidades cristianas que se encuentran, por un lado para acoger, por otro para reconstruir una historia juntos. Como también, muchas veces, para acompañar procesos de retorno, cuando sea posible, a los territorios que han sido abandonados a causa de los fenómenos que he mencionado anteriormente.

Con respecto a los seis subtemas, recordemos, que cada uno de estos temas han sido bien explorados por el Santo Padre desde Laudato Si’, reconociendo siempre que sólo con una nueva perspectiva humanista bien fundada en lo que es el proyecto divino de la creación – es decir, lo que es nuestro dicasterio, el desarrollo humano integral que debe ser promovido en un contexto de fe basado en el plan de Dios – de hecho podemos trabajar. Así que, empezando por conocer llegamos a promover, empezando por servir, llegamos a construir juntos. Todos estos pares de verbos se leerán en el Mensaje del Santo Padre que se publicará dentro de unas semanas, en un desarrollo progresivo de actividades muy concretas que nos hacen, por un lado, ser más «persona» según el plan de Dios, y hacer de los demás una «persona» según el plan de Dios.

 

¹ Co-secretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio de Desarrollo Humano Integral.

 

Fuente: vaticannews.va

Servicio Jesuita a Migrantes en Córdoba

El Servicio Jesuita a Migrantes  está en nuestro país desde hace 16 años y busca acompañar a personas que vienen de otros países con una situación de vulnerabilidad. Dadas las diferentes circunstancias de la migración, esta obra de la Compañía de Jesús se amplió a toda la Provincia Jesuítica Argentino-Uruguaya y hoy cuenta con una sede en Córdoba, Buenos Aires y actividades en Uruguay. En conversación con Julio Villavicencio (vive Ciudad de Buenos Aires y es el delegado del sector apostólico), Cecilia Duarte (San Miguel, Buenos Aires) y Javier Hernández (Córdoba); sus tres referentes en Argentina.

¿Cuándo y cómo nace este servicio?

Julio: Hace 16 años que, por una presencia notable de migrantes de países limítrofes, comenzó el espacio físicamente en San Miguel de Buenos Aires, capilla nuestra Señora de Luján. Esa experiencia nos introdujo en el acompañamiento de las personas migrantes, se mantuvo durante muchos años en ese lugar. Esta experiencia se amplió a toda la Provincia Jesuítica Argentino-Uruguaya. Esa es la novedad de este año.

¿Cuál es su objetivo?

Julio: Básicamente lo que busca es acompañar personas que vienen de otros países con una situación de vulnerabilidad. Hoy hay una migración que se visibiliza mucho como la de los venezolanos trabajando en comercios, pero hay otra migración más silenciosa donde hay situaciones de mucha fragilidad, sin techo ni trabajo. Ahí es donde nuestro servicio trata de acompañarlos.

¿Cómo lo hacen?

Julio: En este momento estamos trabajando en distintas áreas: social, asistencia, orientación legal, acompañamiento psicológico, educación, pastoral e incidencia. En esta última área nos gustaría trabajar con la Universidad, porque apunta a la experiencia de trabajar con personas vulnerables, por causa de la migración. Se trata de buscar qué reflexión podemos hacer al respecto desde el punto de vista de la investigación para poder proponer a la sociedad hacer un aporte. Hay muchos mitos sobre las personas migrantes, como el que te sacan el trabajo, que usan nuestro servicio de salud, que están vinculados a la delincuencia, etcétera. La idea es que la sociedad desarme esos mitos. El Papa dice que no se trata solo de migrantes, sino de personas. Construimos humanidad.

¿Buscan expandirse?

Julio: Además de estar en Buenos Aires, se abrió un nuevo espacio en Córdoba que empezó este año, el miércoles santo más precisamente. En Uruguay, si bien no tenemos una oficina, empezamos a abrir espacios para empezar a trabajar temas sobre la migración. 

¿Cómo es la situación en Argentina respecto a la migración?

Javier: Actualmente se puede decir que la tendencia actual de migrantes en Argentina es de un 5%. Capital Federal concentra el más alto porcentaje, un 80%, luego la provincia de Buenos Aires y después Córdoba. El 4 o 5% de la población de Córdoba es extranjera o nativa de otro país. El porcentaje más alto sigue siendo, hasta el momento, Bolivia y Perú. Sin embargo, hay un aumento de radicaciones en Córdoba de la población venezolana de un 150%.

¿Trabajan de manera coordinada en cada sede?

Cecilia: Aplicamos lo mismo en las tres sedes, pero ponemos distintos énfasis. En San Miguel, por ejemplo, tenemos una comunidad grande de paraguayos, y allí acompañamos sus devociones. Tenemos un proyecto con los colegios parroquiales e incluso con laicos. Esa es la forma de llegarle a los jóvenes. Allí aplicamos un proyecto que se llama Historias reales de vida, que consiste en que los estudiantes de los colegios conozcan la vida de un migrante. Sirve para sensibilizar. Lo que tenemos en común los tres servicios es que todos hemos nacido desde la experiencia de fe de la persona migrante.

¿Tienen un registro de migrantes?

Julio: Una de nuestras bases es la necesidad de ayudar a obtener la regularización migratoria, es decir el DNI. Cuando el caso se complejiza, los patrocinamos, no como abogados, pero sí colaboramos para que puedan insertarse en la sociedad argentina, y el primer paso es obtener el reconocimiento jurídico.  

Javier: En Córdoba estamos atendiendo los sábados. Llevamos una base de datos que nos permita conocer la información de las tres sedes al mismo tiempo.

¿Cuál es el mayor impedimento para insertarse?

Javier: La sociedad argentina tiene particularidades. En general, la política migratoria es favorable para la población sudamericana, lo cual facilita mucho el acceso al DNI. El trámite no es tanto un problema. Lo que se observa en Córdoba es la segregación habitacional, normalmente en sectores marginales, que los lleva a la estigmatización.

Julio: Básicamente la inserción se da por los servicios. Pero hay matices. Hay grupos minoritarios pero que tienen muchos más impedimentos que el resto. Hay gente con educación distinta. Además, el caso de los trámites extra Mercosur son más caros y complejos. Los refugiados sirios, senegaleses, son otros ejemplos de problemáticas distintas para la inserción.

Ahora el DNU que sacó el actual gobierno condiciona un poco, porque determina la expulsión del país para aquellos migrantes que tienen algún problema con la ley, pero ahí surgen muchas desproporciones, porque ingresan en la misma bolsa aquel que tuvo una situación grave, como el migrante que estaba vendiendo café sin un permiso.

¿Hay muchos refugiados?

Javier: Representan un porcentaje ínfimo. El grueso de la población migratoria es de países sudamericanos, no necesariamente de refugio.

¿Se pueden insertar fácilmente en la escuela?

Javier: Depende los casos. Para los venezolanos es más rápida y sencilla. Ahí nuestro desafío es formar a los docentes en una enseñanza cultural. Hay iniciativas, por lo menos en Córdoba, de dar acompañamiento psicopedagógico.

¿Se pueden sumar voluntarios?

Javier: Bienvenidos todos los que se quieran sumar. Sirve para empaparse de cómo viven otros. Ya de por sí es importante que sepan que existimos. La ayuda económica también nos sirve.

¿Qué es lo que más sensibiliza de estos casos?

Julio: A mí una situación que me sensibiliza mucho es la de la persona que migra con su familia. Realmente a veces nosotros vemos estadísticas, pero no tomamos en cuenta eso. Se están jugando la vida de ellos y de su familia. Es la expresión más cercana al amor, salir de uno mismo para entregarse su vida por los otros.  Un ejemplo es el caso de un matrimonio venezolano que llegó hace poco. Ella embarazada de ocho meses. Hacía dos días estaban en una carpa comiendo lo que la gente les acercaba. Él le pide a Dios, le pide una señal. Ese día regresa a donde estaba su señora en la carpa, que le cuenta que le escribió a un reconocido médico de su país por Instagram y éste le respondió con todas las indicaciones médicas necesarias para seguir el viaje. Son historias que te demuestran de la riqueza humana que los migrantes traen a un país.

Fuente: Universidad Católica de Córdoba

SJM – Alojamiento temporario para Migrantes

En dependencias de la comunidad jesuita Regina Martyrum, en la ciudad de Buenos Aires, avanzan las obras de tres unidades de alojamiento temporario para migrantes. 

El P. Julio Villavicencio S.J., director del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) en Argentina y Uruguay, señala que de este modo se atiende a una de las necesidades más urgentes de quienes sufren la migración forzada. 

La oficina del SJM atiende lunes, martes y miércoles, gracias a la labor de voluntarios que asisten y acompañan a las más de 50 familias que semanalmente concurren por diversos motivos. Asesoramiento migratorio, consultas legales o de alojamiento por estar en situación de calle, solicitud de vestido, abrigo o elementos de necesidad básica, son una constante en las dependencias de la calle H. Yrigoyen 2025, a escasos metros de la sede del Congreso Nacional.

En la antigua cocina de la comunidad, luego de la re funcionalización del edificio, quedó espacio para ubicar 3 unidades de alojamiento con capacidad total para más de 20 personas, cada una cuenta con sanitarios, cocina, habitación, integrados con un espacio de uso común y servicios compartidos. Actualmente se encuentra en etapa de terminación y se prevé finalizar la obra en los últimos días de octubre.

El SJM –relata el P. Julio- se ha estructurado en tres ejes de misión: el acompañamiento de familias migrantes en su vulnerabilidad, la promoción de espacios de integración social y la incidencia pública en defensa de sus derechos. “Nos organizamos por áreas de trabajo: social, a cargo de asistencia básico y asesoramiento migratorio; la pastoral, en el cuidado de las devociones populares propias; el área educación, aportando la dimensión intercultural a los colegios de la Compañía, no solo la sensibilización de los alumnos sino de toda la institución; y, la incidencia, que aún está en germen.”

 Para seguir atendiendo la demanda creciente, además de vincularse con organismos oficiales y otras ONG’s, estrechan lazos con obras jesuitas cercanas: la comunidad del templo de Regina Martyrum que comparte celebraciones y encuentros festivos; familias voluntarias del Colegio del Salvador para acompañamiento; la Obra de San José que articula la asistencia de situaciones puntuales… y la lista sigue. Un contacto se encuentra disponible para quienes quieran sumarse a través de la página web www.sjmargentina.org.ar o al teléfono (11) 4951-8028

“No se trata sólo de migrantes” – Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de Migrantes y Refugiados

El 29 de septiembre se celebra la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados. Compartimos aquí el mensaje que el Papa Francisco ha emitido con motivo de esta celebración. 

Queridos hermanos y hermanas:

La fe nos asegura que el Reino de Dios está ya misteriosamente presente en nuestra tierra (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 39); sin embargo, debemos constatar con dolor que también hoy encuentra obstáculos y fuerzas contrarias. Conflictos violentos y auténticas guerras no cesan de lacerar la humanidad; injusticias y discriminaciones se suceden; es difícil superar los desequilibrios económicos y sociales, tanto a nivel local como global. Y son los pobres y los desfavorecidos quienes más sufren las consecuencias de esta situación.

Las sociedades económicamente más avanzadas desarrollan en su seno la tendencia a un marcado individualismo que, combinado con la mentalidad utilitarista y multiplicado por la red mediática, produce la “globalización de la indiferencia”. En este escenario, las personas migrantes, refugiadas, desplazadas y las víctimas de la trata, se han convertido en emblema de la exclusión porque, además de soportar dificultades por su misma condición, con frecuencia son objeto de juicios negativos, puesto que se las considera responsables de los males sociales. La actitud hacia ellas constituye una señal de alarma, que nos advierte de la decadencia moral a la que nos enfrentamos si seguimos dando espacio a la cultura del descarte. De hecho, por esta senda, cada sujeto que no responde a los cánones del bienestar físico, mental y social, corre el riesgo de ser marginado y excluido.

Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo de migrantes” significa que al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que cuidando de ellos, todos crecemos; que escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista.

«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (Mt 14,27). No se trata sólo de migrantes, también se trata de nuestros miedos. La maldad y la fealdad de nuestro tiempo acrecienta «nuestro miedo a los “otros”, a los desconocidos, a los marginados, a los forasteros […]. Y esto se nota particularmente hoy en día, frente a la llegada de migrantes y refugiados que llaman a nuestra puerta en busca de protección, seguridad y un futuro mejor. Es verdad, el temor es legítimo, también porque falta preparación para este encuentro» (Homilía, Sacrofano, 15 febrero 2019). El problema no es el hecho de tener dudas y sentir miedo. El problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizás, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro, con aquel que es diferente; nos priva de una oportunidad de encuentro con el Señor (cf. Homilía en la Concelebración Eucarística de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, 14 enero 2018).

«Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?» (Mt 5,46). No se trata sólo de migrantes: se trata de la caridad. A través de las obras de caridad mostramos nuestra fe (cf. St 2,18). Y la mayor caridad es la que se ejerce con quienes no pueden corresponder y tal vez ni siquiera dar gracias. «Lo que está en juego es el rostro que queremos darnos como sociedad y el valor de cada vida […]. El progreso de nuestros pueblos […] depende sobre todo de la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta y con su mirada estigmatiza y depone a todos los falsos ídolos que hipotecan y esclavizan la vida; ídolos que prometen una aparente y fugaz felicidad, construida al margen de la realidad y del sufrimiento de los demás» (Discurso en la Cáritas Diocesana de Rabat, 30 marzo 2019).

«Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció» (Lc 10,33). No se trata sólo de migrantes: se trata de nuestra humanidad. Lo que mueve a ese samaritano, un extranjero para los judíos, a detenerse, es la compasión, un sentimiento que no se puede explicar únicamente a nivel racional. La compasión toca la fibra más sensible de nuestra humanidad, provocando un apremiante impulso a “estar cerca” de quienes vemos en situación de dificultad. Como Jesús mismo nos enseña (cf. Mt 9,35-36; 14,13-14; 15,32-37), sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar. Sentir compasión significa dar espacio a la ternura que a menudo la sociedad actual nos pide reprimir. «Abrirse a los demás no empobrece, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humano: a reconocerse parte activa de un todo más grande y a interpretar la vida como un regalo para los otros, a ver como objetivo, no los propios intereses, sino el bien de la humanidad» (Discurso en la Mezquita “Heydar Aliyev” de Bakú, Azerbaiyán, 2 octubre 2016)

«Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial» (Mt 18,10). No se trata sólo de migrantes: se trata de no excluir a nadie. El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos. Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan. Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las “migajas” del banquete (cf. Lc 16,19-21). La Iglesia «en salida […] sabe tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24). El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres. El auténtico desarrollo es aquel que pretende incluir a todos los hombres y mujeres del mundo, promoviendo su crecimiento integral, y preocupándose también por las generaciones futuras.

«El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos» (Mc 10,43-44). No se trata sólo de migrantes: se trata de poner a los últimos en primer lugar. Jesucristo nos pide que no cedamos a la lógica del mundo, que justifica el abusar de los demás para lograr nuestro beneficio personal o el de nuestro grupo: ¡primero yo y luego los demás! En cambio, el verdadero lema del cristiano es “¡primero los últimos!”. «Un espíritu individualista es terreno fértil para que madure el sentido de indiferencia hacia el prójimo, que lleva a tratarlo como puro objeto de compraventa, que induce a desinteresarse de la humanidad de los demás y termina por hacer que las personas sean pusilánimes y cínicas. ¿Acaso no son estas las actitudes que frecuentemente asumimos frente a los pobres, los marginados o los últimos de la sociedad? ¡Y cuántos últimos hay en nuestras sociedades! Entre estos, pienso sobre todo en los emigrantes, con la carga de dificultades y sufrimientos que deben soportar cada día en la búsqueda, a veces desesperada, de un lugar donde poder vivir en paz y con dignidad» (Discurso ante el Cuerpo Diplomático, 11 enero 2016). En la lógica del Evangelio, los últimos son los primeros, y nosotros tenemos que ponernos a su servicio.

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10). No se trata sólo de migrantes: se trata de la persona en su totalidad, de todas las personas. En esta afirmación de Jesús encontramos el corazón de su misión: hacer que todos reciban el don de la vida en plenitud, según la voluntad del Padre. En cada actividad política, en cada programa, en cada acción pastoral, debemos poner siempre en el centro a la persona, en sus múltiples dimensiones, incluida la espiritual. Y esto se aplica a todas las personas, a quienes debemos reconocer la igualdad fundamental. Por lo tanto, «el desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre» (S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio, 14).

«Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios» (Ef 2,19). No se trata sólo de migrantes: se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre. En nuestra época, también llamada la era de las migraciones, son muchas las personas inocentes víctimas del “gran engaño” del desarrollo tecnológico y consumista sin límites (cf. Carta enc. Laudato si’, 34). Y así, emprenden un viaje hacia un “paraíso” que inexorablemente traiciona sus expectativas. Su presencia, a veces incómoda, contribuye a disipar los mitos de un progreso reservado a unos pocos, pero construido sobre la explotación de muchos. «Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio» (Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2014).

Queridos hermanos y hermanas: la respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican sólo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados. Si ponemos en práctica estos verbos, contribuimos a edificar la ciudad de Dios y del hombre, promovemos el desarrollo humano integral de todas las personas y también ayudamos a la comunidad mundial a acercarse a los objetivos de desarrollo sostenible que ha establecido y que, de lo contrario, serán difíciles de alcanzar.

Por lo tanto, no solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata sólo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana. Los migrantes, y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los “signos de los tiempos”. A través de ellos, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte. A través de ellos, el Señor nos invita a reapropiarnos de nuestra vida cristiana en su totalidad y a contribuir, cada uno según su propia vocación, a la construcción de un mundo que responda cada vez más al plan de Dios.

Este es el deseo que acompaño con mi oración, invocando, por intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora del Camino, abundantes bendiciones sobre todos los migrantes y los refugiados del mundo, y sobre quienes se hacen sus compañeros de viaje.

Fuente: Vatican.va

Crisis en la frontera Arica-Tacna

¿Se cierran las fronteras para los migrantes venezolanos?

Julio Villavicencio SJ – Director del Servicio Jesuita a Migrantes Argentina-Uruguay (SJM ARU)

El pasado 25 de julio pude visitar la frontera entre Arica (Chile) y Tacna (Perú) donde cientos de migrantes venezolanos se encuentra retenidos. Para ellos, los requisitos de ingreso que Chile está estableciendo, se han convertido en un obstáculo prácticamente insalvable.

En Tacna, junto a dos miembros de la oficina del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) de Chile, la directora del SJM local nos puso al corriente de la situación las personas migrantes.

Nos dirigimos a su encuentro sorteando un mar de policías y escudos, uniformados detrás de retenes militares y restricciones de todo tipo. Ya en el lugar, decenas de carpas cobijaban las aspiraciones de millares que aguardan, desde hace días, una respuesta positiva a su solicitud de ingreso a Chile, frente a dependencias del consulado. 

Quienes habíamos ido pudimos hacer llegar la ayuda humanitaria que llevamos desde Chile en forma de víveres y frazadas, así como información sobre las nuevas exigencias migratorias vigentes. Los requerimientos, aprobados recientemente en Perú y Chile, imposibilitan a muchos migrantes venezolanos el que puedan ser recibidos: al inicio de su trayecto, estos simplemente no existían por lo que difícilmente podrían cumplimentarlos. Les cambiaron las reglas de juego a mitad de camino y, concretamente, no cuentan con lo necesario para acceder la así denominada visa de ‘compromiso democrático’.

Lo más crítico de esta situación es que no se han contemplado las condiciones mínimas para garantizar la defensa de sus derechos humanos básicos. Esto ha significado que familias enteras, niños, niñas, mujeres embarazadas y otras condiciones de vulnerabilidad, no acceden a las mínimas atenciones sanitarias, de alimentación y habitación. Ni el país que les niega el ingreso, ni el que los tiene retenidos se hacen cargo de estas personas.

A medida que las puertas se van cerrando, y la preocupación por la seguridad de estas personas va en aumento, solo las organizaciones humanitarias están presentes para colaborar en la atención de sus necesidades más básicas. Mientras tanto, las políticas hacen más foco en la perspectiva de la ‘invasión migrante’ que en la atención a las personas y sus derechos.

Los discursos en contra del gobierno venezolano de algunos países de la región y las críticas a la situación que están viviendo sus hombres, mujeres y niños, no van de la mano de políticas que ayuden a estos hermanos y hermanas latinoamericanos a superar esta crisis humanitaria, buscando un futuro mejor en otro país.

Servicio Jesuita Migrante ARU en ORBE21 TV

El P. Julio Villavicencio SJ, delegado del Provincial para el Servicio Jesuita Migrante, participó recientemente de un programa del ciclo ‘Especiales Orbe21’ que se dedicó a la temática “Refugiados y Migrantes.”

A lo largo de los 56 minutos que dura el programa, se introducen, en primer lugar, las declaraciones del Papa Francisco en torno a la Jornada Mundial de Migrantes y Refugiados, tras lo cual, varias personas especializadas en el trabajo con la migración (forzada o no) ofrecen definiciones, informaciones y diferentes visiones sobre este fenómeno que crece exponencialmente a nivel internacional.

En sus intervenciones, Julio se encarga de narrar la historia del Servicio Jesuita a Migrantes y Refugiados (SJM y SJR) en el mundo, en América Latina y en Argentina; al tiempo que describe su misión y desafíos actuales.

Puedes mirar el programa completo haciendo click aquí.

Jornada del SJM en Córdoba

El sábado 13 de julio en Servicio Jesuita al Migrante (SJM) en Córdoba llevó adelante una nueva edición del ‘Operativo Radex’. El principal objetivo de esta instancia es ayudar a las personas con los trámites para la obtención del Documento Nacional de Identidad (DNI). 

Para ello, la semana previa, varios integrantes del SJM se capacitaron para poder ayudar a realizar el trámite. Por esto, había en total 9 personas disponibles para atender a quienes fueron llegando a lo largo de toda la tarde. La mayoría de ellos ayudaban con trámites de Radex  mientras que otros se encargaban de atender casos más complejos. 

Esto significó una diferencia positiva respecto de la instancia anterior, donde sólo había una persona capacitada (Javier Hernández SJ, encargado de la oficina de Córdoba)  para realizar el trámite.

Además, estuvo presente la Cruz Roja, colaborando con la realización de los trámites y ofreciendo la posibilidad de realizar llamadas telefónicas a los países de origen. 

Al mismo tiempo, estuvo presente el encargado de migraciones de Córdoba, Javier Puente Rosas, quien colaboró en la atención de los casos más complejos. 

En adición a este servició, se armó un ropero comunitario en el patio del Colegio Sagrada Familia. Por lo que, una vez terminados los trámites, varios pasaron a buscar alguna prenda, en especial de abrigo, ya que, para quienes vienen de Venezuela, adaptarse al frío está siendo todo un desafío. 

Durante toda la tarde se ofrecieron, además, facturas y café para merendar. El clima, en general, fue muy ameno. 

El Servicio Jesuita al Migrante sigue creciendo en Argentina y Uruguay, en parte gracias a la dedicación y el cariño de tantos que se ponen al servicio; y en parte porque la necesidad de prestar un servicio de este tipo es muy grande.

Historias Reales de vida

Cecilia Duarte, integrante del Servicio Jesuita al Migrante (SJM), nos cuenta de este proyecto que se inició en San Miguel, Provincia de Buenos Aires, hace seis años, a modo de prueba. Como los resultados y la recepción del mismo fueron muy positivas, se fueron multiplicando a más instituciones Educativas.

Por Cecilia Duarte

El Proyecto Historias Reales de Vida surgió hace 6 años. La idea básica es que los chicos conozcan la historia de vida de un migrante: que salgan a entrevistar y ahí se acerquen a conocer cuáles son las causas por las que salieron de sus países y vinieron a Argentina; qué cosas extrañan de sus lugares… sus historias, con todo lo que ellas traigan.

La primera instancia del proyecto es una charla, en la que se intenta introducir a los alumnos a la siguiente idea: una persona es una construcción, que sea va haciendo a través de lo que vive; y que, por esto, es imposible conocer a alguien sin conocer su historia. Sin embargo, estamos muy acostumbrado a señalar, hacer suposiciones y dejarnos llevar por ‘prejuicios’ asumiendo, sin conocerla, que una persona es de determinada manera.

Esta primera instancia comienza con una dinámica, tras la cual definimos qué significa el término ‘migrante’, los problemas a los que se enfrentan cuando se van a vivir a otro país o provincia y cómo entra en juego ahí, el SJM. Al finalizar esta presentación, los invitamos a participar del proyecto.

El proyecto está dirigido a alumnos del penúltimo año del secundario y se enmarca en una asignatura llamada ‘Cultura, Comunicación y Sociedad’. Después de la charla introductoria, los chicos trabajan durante dos meses en el marco teórico de la migración, la movilidad humana, etc. con los profesores de la asignatura. Ahora, en algunos colegios, van trabajando el proyecto en más de una materia, por lo que lo abordan de manera transversal e integrada.

Una vez realizadas las entrevistas a través de las que los alumnos conocen la vida de una persona que ha tenido que migrar, puedan contarla de manera creativa. Algunos hacen videos, poemas, se han escrito canciones, pintado murales, esculturas, maquetas. Esta producción se realiza en grupos de 5 personas y la van acompañando los profesores durante 2 meses. Una vez finalizado ese tiempo, los cursos de los colegios que participan eligen a un o una representante por curso, a quienes el Servicio Jesuita con Migrantes convoca a un Coloquio en el Colegio Máximo de San José (en San Miguel). Allí, los chicos comparten la experiencia de haber trabajado en el proyecto y sus producciones grupales. Para la ocasión, se convocan a especialistas en el tema de migraciones que les hacen una devolución.

El intercambio que se genera ese día es muy rico. Porque la mirada de los alumnos va cambiando a medida que transcurre el proyecto. Y al poder compartir esta visión con personas de otros cursos, otros colegios y gente que ni siquiera conocen, se genera un ambiente en el que esa riqueza se multiplica.

Este proyecto es el resultado del trabajo de varias personas, que se sentaron en un inicio y que posteriormente fueron participando y sumando un enfoque distinto que llevó a que hoy la propuesta sea la que es. Tanto miembros del Servicio Jesuita con Migrantes, personas externas al SJM, y profesores que se han comprometido con el mismo y que animan a los estudiantes a realizarlo.

En San Miguel no lo hicimos inicialmente con todos los colegios, sino que fuimos probando cómo era la receptividad de la propuesta. Hoy, lo realizamos en los 5 Colegios Parroquiales de San Miguel y otros 3 que no son Parroquiales, pero en los que trabajan profesores de los colegios parroquiales y nos pidieron que acercáramos la propuesta. Además, este año se sumaron, fuera de San Miguel el Colegio del Salvador, de Buenos Aires; y el Instituto Sagrada Familia, de Córdoba.

La Misión de Ser Puentes

Para Cecilia Duarte, quien forma parte del Servicio Jesuita al Migrante desde hace años, el proyecto es parte de la función que le atribuye a esta obra de la Compañía de Jesús: “creemos que tenemos la misión de ser puentes entre la gente que llega y la gente de acá. Queremos promover en los jóvenes una cultura de la hospitalidad, del encuentro, de acogida del que viene”.

Colecta Boquerón 2019

Te contamos un poco sobre la Colecta Boquerón 2019, para que conozcas su historia y sepas cómo podes colaborar. Hasta el 26 de junio tenés tiempo de acercar tus donaciones.

Un poco de Historia

Esta campaña la organizaba ‘Amigos de Boquerón’, un grupo de gente de Buenos Aires, cercana a los jesuitas Agustín López y Juan Carlos Constable, cuando ellos se hicieron cargo de la Parroquia, hace 45 años.

En ese momento, además, había un grupo de novios (devenidos, con el tiempo, en matrimonios) que colaboraban con Becas; el grupo Compartir, un grupo de la Virgen Niña, un grupo Scout… todas estas personas y grupos fueron formando una suerte de ‘red’ que multiplicaba el alcance y el fruto de la campaña.

Antes de que estuvieran hechos los caminos, las donaciones llegaban hasta Añatuya, con un camión que pagaba el obispado, y ahí había que irlas a buscar. También algunas empresas se ofrecían a traer las cosas gratuitamente.

La Parroquia San José de las Petacas se encargaba de ir a buscar las cosas,  que luego se repartían entre las 26 poblaciones, que contaban con capilla y escuela; y algunas otras poblaciones pequeñas.  

Cuando Marcos Alemán SJ llegó a Boquerón, consiguió que un amigo suyo se hiciera cargo del costo del transporte, pagando un camión que iba hasta allá. Esto posibilitó multiplicar el volumen de las donaciones, y se sumaron a la campaña los colegios jesuitas y Parroquias de San Miguel, donde, además, hay mucha población originaria de Santiago del Estero.

Así, de a poco, se va involucrando más y más gente, y se va ampliando la red de personas que colaboran con Boquerón a través de la Campaña. Las misiones de los colegios jesuitas al lugar son otro factor multiplicador. La fidelidad del Colegio Goethe, de Buenos Aires, que participa desde 1997.  Además del denominado ‘grupo de la Costa’, quienes, desde colegios San Bernardo y Santa Teresita (poblaciones ubicadas sobre la cosa Argentina) se enviaron durante 15 años a gente a realizar trabajos en Boquerón. Cuando se les hizo dificultoso continuar yendo, comenzaron a participar de la campaña, llevando sus donaciones hasta San Miguel.

Todo esto, va ampliando las oportunidades y posibilidades que se ofrecen a la gente del monte; no sólo de acceder a cuestiones materiales, sino también a capacitaciones, formación, mejoramiento de las viviendas e inicio de pequeños emprendimientos que permiten mejorar su calidad de vida.

Este efecto multiplicador hizo que el año pasado se necesitaran dos camiones para llevar todas las donaciones que se reunieron entre todos los grupos, personas e instituciones que colaboraron.

Nombres y Rostros.

Mary Quadri nació en la Ciudad de Buenos Aires, pero vive hace más de 40 años en Boquerón. Ella es la que nos comparte la información sobre la historia de la colecta. En su relato, nombra con especial cariño a Patricia Morís, que falleció en diciembre del año pasado (2018). Era ella quien hacía todos los contactos con los distintos grupos que mandan las donaciones a la Parroquia y coordinaba el envío a Boquerón tanto desde San Miguel, Buenos Aires y San Isidro. Además de acompañar al chofer en ese recorrido.

Agustín López y Juan Carlos Constable, son los jesuitas que arrancaron con la parroquia, hace 45 años. Juan Carlos todavía vive aún, con un par de ACV encima, en Boquerón.

El P. Marcos Alemán estuvo hasta este año como Párroco de San José de las Petacas, cuando fue misionado a Mendoza, a la Parroquia Virgen de los Pobres. En su función fue relevado por el P. Víctor Pacharoni SJ.

Al mismo tiempo, el Hermano Rodrigo Castells SJ, quien vive en Boquerón continúa impulsando la campaña y buscando multiplicar colaboraciones y oportunidades para con la gente de Boquerón, y es uno de los grandes difusores de esta campaña.

¿Qué cosas se juntan?

  • Ropa, sábanas, frazadas, zapatos.
  • alimentos no perecederos
  • mobiliario, bicicletas.
  • Útiles escolares
  • instrumentos musicales
  • artículos nuevos para rifas, bingos.
  • No se necesitan libros, artículos tecnológicos, salvo radios fm a pila y celulares.

Para aquellos que quieran hacer llegar sus donaciones antes del 26 de junio, pueden comunicarse con Ernesto Miguens  y/ o Nicolás Fernández.

Roberto Jaramillo: «Cuba siempre ha merecido y gozado de una atención especial de nosotros”

Compartimos una entrevista realizada por Julio Pernús al P. Roberto Jaramillo S.J., Presidente de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina y el Caribe (CPAL), durante su visita Cuba para participar en la 37ª Asamblea de la CPAL.

¿Quién es Roberto Jaramillo, SJ?

Yo soy un jesuita de origen colombiano que funge como presidente de la CPAL desde hace dos años, específicamente desde marzo de 2017. En la oficina de Lima cuento con un equipo de tres compañeros que me acompañan: un brasilero que es secretario, encargado de las Redes de Educación: FLACSI (educación primaria y secundaria), Fe y Alegría y AUSJAL (educación universitaria); también cuento con un jesuita, Mario Serrano, dominicano, que funge como responsable de todas las Redes Sociales: centros indígenas, centros sociales y de comunicación, radios, migrantes etc… El otro compañero es un colombiano, Hermann Rodríguez, responsable de formación, juventudes y la economía de la conferencia. Somos cuatro, vivimos en Lima y ese es mi ambiente actualmente.

¿Cómo se decide hacer la Asamblea de la CPAL en un país tan “sui géneris” como Cuba?

Siempre tenemos las asambleas bianuales y hay como una especie de ruleta, de forma que cada provincia recibe la asamblea cada seis años. Y cuando le tocó el turno a las Antillas, vimos la oportunidad de volver a Cuba. Hace mucho tiempo que no se hacía en tu país; creo yo que desde un largo tiempo atrás, porque siempre se escogía la República Dominicana, pero ya nos ves, aquí estamos. Cuba es uno de los territorios prioritarios dentro del Proyecto Apostólico Común (PAC) de la CPAL. Nosotros hemos sido muy bien recibidos y la gente está admirada de la gentileza, el cariño ofrecido por los jesuitas y ustedes, los miembros del pueblo cubano.

¿Cuáles son los temas que se han debatido en la Asamblea y esto qué impacto tendrá de cara al trabajo de la Compañía en América Latina y el Caribe?

En las asambleas usualmente debatimos muchas cosas, ya que en ellas participan doce provinciales que son parte de la CPAL; ellos tienen voz y voto, más el presidente de la institución, o sea yo. También son convocados los asistentes del Padre General de la Compañía de Jesús, que vienen de Roma; usualmente son dos asistentes, pero en esta oportunidad hay tres, porque hay uno que va a terminar su período. También participan cuatro superiores de la región: el de Cuba, que es el superior de la sección, el representante de la preferencia apostólica de la Amazonía en  Brasil, el superior de la región de Haití y el de la región de Guyana–Jamaica, que es una misma .

Además, en esta ocasión invitamos al padre Alfredo Ferro, que es el coordinador del Proyecto Panamazónico, Servicio Jesuita en la Panamazonía, quien nos ha mostrado todo el panorama de lo que se hace con respecto a la REPAM, que es la red de trabajo ignaciana en la cuenca del Amazonas, quien participará del Sínodo de la región amazónica en octubre.

Hemos estado también compartiendo las situaciones de las diferentes provincias como parte de nuestro servicio apostólico. El plato grueso de esta reunión, además de todas las decisiones que debemos tomar a nivel de las 14 redes apostólicas de la CPAL, ha sido el de pensar cómo vamos a realizar el cuarto año de teología que todos los jesuitas deben cursar. El cuarto año, en este momento, es una etapa que no está muy bien definida; unas provincias lo hacen de una manera y otros en forma distinta. Entonces, dedicaremos dos días a realizar un discernimiento sobre este tema, para preguntar a Dios las mejores maneras para vivir este proceso y de ahí podremos sacar propuestas para proponer a los jóvenes de la Compañía para realizar ese cuarto año.

También hemos tenido alguna tarde para conocer la ciudad, visitar algunos lugares importantes. Visitamos la iglesia de Reina y el Centro Loyola y pudimos encontrarnos con los jesuitas de La Habana en el Centro de Espiritualidad Pedro Arrupe (CEPA), en el Vedado, además de toda una serie de actividades, que son parte del acontecer habitual de un grupo como este a quien toca evaluar y realizar acciones comunes sobre el acontecer cotidiano en temas como formación, la etapa de tercera probación y las preferencias apostólicas universales, que acaba de señalar el Padre General.

Al estar en Cuba, creo que hay una pregunta obligatoria: ¿cómo se visualiza desde la CPAL nuestra isla?

Cuba, de conjunto con Haití y la Amazonía, son los tres territorios prioritarios del Proyecto Apostólico Común (PAC) de la CPAL; siempre ha merecido y gozado de una atención especial de parte de nosotros; venir aquí es un desafío porque muestra a los provinciales, que son los responsables de los recursos humanos, las urgencias y las necesidades de la Compañía, no sólo la historia, sino el hoy de Cuba. Yo creo que se hace un esfuerzo muy loable y valioso para acompañar la “densificación del sujeto” -como diría Pedro Trigo, un famoso jesuita venezolano-, la formación humana y espiritual de los sujetos, además de los pueblos, que son la base de cualquier cambio posible. Se hace un trabajo profético en ese sentido en esta isla.

Otro aspecto importante de la vida pastoral de Cuba tiene que ver con la tercera probación. A Cuba, durante nueve años, vinieron “tercerones”, estudiantes jesuitas de todo el mundo, ya al final de su formación. Así que esperamos y rezamos porque, después de un tiempo de descanso tomado por Benjamín González-Buelta, SJ, pueda retomarse esa experiencia en Cuba, tal vez con otro instructor. Por eso considero que Cuba está también muy presente en la vida de toda la CPAL; de ahí que no deje de tener un valor agregado el estar aquí y conocer las historias de lucha de tu pueblo. Hablo desde la pobreza de nuestras provincias, porque tampoco es que contemos con provincias absolutamente holgadas en cuanto a número y recursos.

Si tú comparas las dimensiones de Cuba con las de Brasil, tal vez haya una densidad poblacional jesuítica más fuerte en tu país que en aquel gigante sudamericano. Pero, yo comprendo que son situaciones diferentes; por eso, en medio de nuestra precariedad por todas partes, queremos ser solidarios también con la Amazonía, Haití y esta bella isla, de modo que podamos dibujar una experiencia de fraternidad y solidaridad. Yo espero que en estas reuniones, el superior de Cuba y el provincial de las Antillas puedan encontrar espacios para motivar a que cada vez vengan más jesuitas a colaborar, conocer y servir a este pueblo, que tanto lo necesita.

¿Alguno de sus sueños como presidente de la CPAL…?

Yo tengo dos años al frente de la CPAL y usualmente son tres o seis años en los cargos de responsabilidad en la Compañía; si a los tres años uno no lo ha hecho muy mal, lo dejan seis. Por lo tanto me puede quedar de uno a cuatro años en esta labor. Yo digo que tengo como la función de animar el trabajo que los otros hacen, algo un poco atípico. En ocasiones, mi servicio es similar al de un director de orquesta, que no es especialista en ningún instrumento, pero vigila porque la gente toque bien lo que sabe y lo haga de forma armónica junto con otros.  Y esa armonía tiene que ver con los planes y desafíos de las otras Conferencias de Provinciales. Somos seis en todo el mundo. Tenemos especiales relaciones con la Conferencia de Estados Unidos y Canadá; de hecho, el Caribe como Cuenca-Caribe, representa un lugar común donde nos encontramos; por ejemplo, Haití pertenece a la Conferencia del Norte, pero participa en nuestras reuniones; aquí está el superior de esa sección.

Te puedo decir que las seis conferencias soñamos y tratamos de realizar un trabajo colaborativo. Hay jesuitas de Asia en Guyana, hay jesuitas de Europa trabajando en Cuba, Perú o Venezuela. Quizás, una de mis funciones principales, como presidente, es intentar desde nuestro contexto, tejer esas redes con el mundo; yo creo que lo intentamos con fuerza, pero no lo conseguimos siempre.

Como despedida de nuestra charla, el Padre Roberto Jaramillo quiso enviar un mensaje especial a los laicos cubanos.

Mira, yo visité las obras de la Isla hace unos cuatro años cuando era delegado del apostolado social; estuve en Santiago, Camagüey, conocí los Centros Loyola y te puedo decir que llevo a la gente que conocí en ese momento en el corazón; admiré mucho su capacidad de resiliencia, esperanza y lucha. Creo que con ustedes, los laicos cubanos, vemos de forma más sencilla el evangelio y se nos hace más sencillo comprender que el mundo hay que vivirlo como un don de Dios.

Yo reconozco todos los desafíos que experimentan en tu país y acompaño con mi oración su búsqueda para crear una sociedad más justa, participativa, democrática, abierta y plural. Por supuesto, comprendo que esa es una labor que se debe realizar día a día. Como son tan poquitos los jesuitas en la Isla, siento que ustedes los laicos amplían el cuerpo apostólico de la Compañía, las preferencias y las invitaciones de la Congregación; el mensaje del Evangelio es para el cuerpo todo del pueblo de Dios.

A mí me alegra mucho poder saludarles por este medio también y animarles porque somos cuerpo. Y quiero que sepas que cada uno de nosotros tiene un papel. Así como dice San Pablo, el ojo no le puede decir al dedo pequeño del pie que no lo necesita porque no ve; todos somos importantes, algunos visibles, otros menos visibles, pero todos somos parte del cuerpo de Cristo y de la Compañía.  

Además de saludarles y agradecerles por lo que hacen, deseo animarles a que sigan participando de este cuerpo que es mayor que el reducido grupo de jesuitas. Yo creo que la Iglesia cubana es una Iglesia de resistencia y fermento; siento que es una comunidad que ha comenzado a manifestar, desde hace algunos años, su fuerza con densidad. Ustedes deben ser los que propongan a la Iglesia latinoamericana caminos menos clericales, más ministeriales, dado que son mayores sus dificultades a nivel de vocaciones y de prácticas sociales, religiosas o litúrgicas. Cuba tiene una potencialidad de servicios diversos, de apostolados diversos y carismas, que deben ser ofrecidos a América Latina en su totalidad y en particular a la Compañía de Jesús. Nosotros se lo agradeceremos siempre.

Fuente: CPAL SJ